Prefacio al libro “Camino de Octubre” I. Las condiciones exteriores e interiores de la revolución de octubre. Tres circunstancias de orden exterior determinaron la relativa facilidad con que la revolución proletaria en Rusia logró romper las cadenas del imperialismo y derrocar, de este modo, el Poder de la burguesía. En primer lugar, la circunstancia de que la Revolución de Octubre comenzó durante un periodo de pugna encarnizada entre los dos principales grupos imperialistas, el anglo-francés y el austro- alemán, cuando estos grupos, enzarzados en mortal combate, no tenían ni tiempo ni medios para dedicar una atención seria a la lucha contra la Revolución de Octubre. Esta circunstancia tuvo una importancia enorme para la Revolución de Octubre, pues le permitió aprovechar los cruentos choques en el seno del imperialismo para consolidar y organizar sus fuerzas. En segundo lugar, la circunstancia de que la Revolución de Octubre empezó en el curso de la guerra imperialista, cuando las masas trabajadoras, extenuadas por la guerra y ansiosas de paz, se vieron llevadas, por la lógica misma de las cosas, a la revolución proletaria, como único medio de salir de la guerra.

Esta circunstancia tuvo una importancia, inmensa para la Revolución de Octubre, pues puso en sus manos el poderoso instrumento de la paz, ofreciéndole la posibilidad de conjugar la revolución soviética con la terminación de la odiosa guerra y, de este modo, granjearse la simpatía de las masas, tanto en el Occidente, entre los obreros, como en el Oriente, entre los pueblos oprimidos. En tercer lugar, el poderoso movimiento obrero en Europa y la crisis revolucionaria que, engendrada por la prolongada guerra imperialista, maduraba en el Occidente y en el Oriente. Esta circunstancia tuvo para la revolución en Rusia una importancia inapreciable, pues le aseguró fuera de Rusia aliados fieles en su lucha contra el imperialismo mundial. Pero, aparte de las circunstancias de orden exterior, la Revolución de Octubre tuvo a su favor muchas condiciones interiores que coadyuvaron a su triunfo. Entre esas condiciones, las principales son las siguientes. Primera: la Revolución de Octubre contaba con el apoyo más enérgico de la inmensa mayoría de la clase obrera de Rusia. Segunda: contaba con el apoyo indudable de los campesinos pobres y de la mayoría de los soldados, ansiosos de paz y de tierra.

Tercera: tenía a la cabeza, como fuerza dirigente, un partido tan probado como el Partido Bolchevique, fuerte no sólo por su experiencia, no sólo por su disciplina, forjada durante años, sino también por su gran ligazón con las masas trabajadoras. Cuarta: la Revolución de Octubre se enfrentaba con enemigos relativamente fáciles de vencer, como eran la burguesía rusa, más o menos débil, la clase de los terratenientes, totalmente desmoralizada por los “motines” campesinos, y los partidos conciliadores (menchevique y eserista), que en el transcurso de la guerra quedaron en plena bancarrota. Quinta: disponía de los inmensos espacios del joven Estado, donde podía maniobrar libremente, retroceder cuando las circunstancias lo exigiesen, tomar aliento, reponer sus fuerzas, etc. Sexta: la Revolución de Octubre podía contar, en su lucha contra la contrarrevolución, con suficientes reservas de víveres, combustible y materias primas en el interior del país. Estas circunstancias exteriores e interiores, sumadas, crearon la peculiar situación que hizo relativamente fácil el triunfo de la Revolución de Octubre. Eso no quiere decir, naturalmente, que a la Revolución de Octubre no se opusieran condiciones exteriores e interiores desfavorables.

¿No fue, por ejemplo, muy desfavorable la soledad de la Revolución de Octubre, el hecho de que no tuviera al lado, junto a sus fronteras, un país soviético en el que pudiera apoyarse? Es indudable que una futura revolución, en Alemania, por ejemplo, se encontraría, en este sentido, en situación más ventajosa, pues tendría al lado a un país soviético tan fuerte como nuestra Unión Soviética. Y no hablo ya de la desventaja que para la Revolución de Octubre suponía el que los proletarios no fuesen mayoría en el país. Pero estas circunstancias desfavorables no hacen más que subrayar la enorme importancia de la peculiaridad de las condiciones interiores y exteriores de la Revolución de Octubre de que hemos hablado anteriormente. No se debe olvidar ni por un instante ésa peculiaridad. Conviene sobre todo recordarla al analizar los acontecimientos de otoño de 1923 en Alemania. La debe recordar, en primer término, Trotski, que establece muy a la ligera una analogía entre la Revolución de Octubre y la revolución de Alemania y vapulea sin piedad al Partido Comunista de Alemania por sus errores reales e imaginarios.

“En la situación concreta de 1917, situación extraordinariamente original desde el punto de vista histórico -dice Lenin-, a Rusia le fue fácil empezar la revolución socialista, pero continuarla y llevarla a término le será más difícil que a los países europeos. A comienzos de 1918 hube ya de indicar esta circunstancia, y la experiencia de los dos años transcurridos desde entonces ha venido a confirmar enteramente la justeza de tal consideración. Condiciones específicas como fueron: 1) la posibilidad de conjugar la revolución soviética con la terminación, gracias a ella, de la guerra imperialista, que había extenuado hasta lo indecible a los obreros y a los campesinos; 2) la posibilidad de sacar provecho, durante cierto tiempo, de la lucha a muerte en que estaban enzarzados los dos grupos más poderosos de tos tiburones imperialistas del mundo, grupos que no podían coligarse contra el enemigo soviético; 3) la posibilidad de soportar una guerra civil relativamente larga, en parte por la extensión gigantesca del país y por sus malas comunicaciones; 4) la existencia, entre los campesinos, de un movimiento revolucionario democrático-burgués tan profundo, que el partido del proletariado hizo suyas las reivindicaciones revolucionarias del partido de los campesinos (del partido eserista, profundamente hostil, en su mayoría, al bolchevismo) y las realizó inmediatamente gracias a la conquista del Poder político por el proletariado; tales condiciones especificas no existen hoy en la Europa Occidental, y la repetición de estas condiciones o de condiciones análogas no es nada fácil. Por ello, entre otras razones, a la Europa Occidental le es más difícil que a nosotros comenzar la revolución socialista” (v. t. XXV, pág. 205). Estas palabras de Lenin no deben olvidarse.

II. Dos particularidades de la revolución de octubre, u octubre y la teoría de la revolución “permanente” de Trotski. Hay dos particularidades de la Revolución de Octubre que es indispensable esclarecer, sobre todo para comprender el sentido interno y la importancia histórica de esta revolución. ¿Qué particularidades son ésas? En primer lugar, el que la dictadura del proletariado haya nacido en nuestro país como un Poder surgido sobre la base de la alianza entre el proletariado y las masas trabajadoras del campesinado, dirigidas por el proletariado. En segundo lugar, el que la dictadura del proletariado se haya afianzado en Rusia a consecuencia de la victoria del socialismo en un solo país, poco desarrollado en el sentido capitalista, mientras que el capitalismo subsiste en los otros países, con un mayor desarrollo capitalista esto no quiere decir, naturalmente, que la Revolución de Octubre no tenga otras particularidades Pero las que nos importan en este momento son precisamente estas dos, y no sólo porque expresan con nitidez la esencia de la Revolución de Octubre, sino también porque revelan a las mil maravillas la naturaleza oportunista de la teoría de la “revolución permanente”. Examinemos con brevedad esas particularidades El problema de las masas trabajadoras de la pequeña burguesía urbana y rural, el problema de atraer a estas masas al lado del proletariado, es un problema importantísimo de la revolución proletaria. ¿A quién apoyará, en la lucha por el Poder, la gente trabajadora de la ciudad y del campo: a la burguesía o al proletariado? ¿De quién será reserva: de la burguesía o del proletariado? La suerte de la revolución y la solidez de la dictadura del proletariado dependen de ello. Las revoluciones de 1848 y 1871 en Francia fracasaron, principalmente, porque las reservas campesinas estuvieron al lado de la burguesía.

La Revolución de Octubre triunfó porque supo conquistas estas reservas para la causa del proletariado y el proletariado fue en esta revolución la única fuerza dirigente de las vastas masas de gente trabajadora de la ciudad y del campo. Quien no haya comprendido esto no comprenderá jamás ni el carácter de la Revolución de Octubre, ni la naturaleza de la dictadura del proletariado, ni las peculiaridades de la política interior de nuestro Poder proletario. La dictadura del proletariado no es una simple elite gubernamental, “inteligentemente” “seleccionada” por la mano solícita de un “estratega experimentado” y que “se apoya sabiamente” en tales o cuales capas de la población. La dictadura del proletariado es la alianza de clase del proletariado y de las masas trabajadoras del campo para derribar al capital, para el triunfo definitivo del socialismo, a condición de que la fuerza dirigente de esa alianza sea el proletariado. No se trata, por tanto, de menospreciar “un poquito” o de sobre estimar “un poquito” las posibilidades revolucionarias del movimiento campesino, como gustan de expresarse ahora algunos diplomáticos defensores de la “revolución permanente”. Se trata de la naturaleza del nuevo Estado proletario, nacido como resultado de la Revolución de Octubre. Se trata del carácter del Poder proletario, de las bases de la dictadura misma del proletariado. “La dictadura del proletariado -dice Lenin- es una forma especial de alianza de clase entre el proletariado, vanguardia de los trabajadores, y las numerosas capas trabajadoras no proletarias (pequeña burguesía, pequeños patronos, campesinos, intelectuales, etc.) o la mayoría de ellas, alianza dirigida contra el capital, alianza cuyo objetivo es el derrocamiento completo del capital, el aplastamiento completo de la resistencia de la burguesía y de sus tentativas de

restauración, alianza cuyo objetivo es la instauración y la consolidación definitiva del socialismo” (v. t. XXIV, pág. 311). Y más adelante: “La dictadura del proletariado, si traducimos esta expresión latina, científica, histórico- filosófica, a un lenguaje más sencillo, quiere decir lo siguiente: sólo una clase determinada -a saber: los obreros de la ciudad y, en general, los obreros de las fábricas, los obreros industriales- está en condiciones de dirigir a toda la masa de los trabajadores y los explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital, en el proceso mismo de su derrocamiento, en la lucha por mantener y consolidar la victoria, en la creación de un nuevo orden social, socialista, en toda la lucha por la supresión total de las clases” (v. t. XXIV, pág. 336). Tal es la teoría de la dictadura del proletariado formulada por Lenin. Una de las particularidades de la Revolución de Octubre consiste en que esta revolución es una aplicación clásica de la teoría leninista de la dictadura del proletariado. Algunos camaradas opinan que esta teoría es puramente “rusa”, que sólo guarda relación con la realidad rusa. Eso es falso, completamente falso. Cuando habla de las masas laboriosas de las clases no proletarias dirigidas por el proletariado, Lenin no se refiere solamente a los campesinos rusos, sino también a los elementos trabajadores de las regiones periféricas de la Unión Soviética, que hace bien poco aún eran colonias de Rusia.

Lenin no se cansaba de repetir que, sin una alianza con estas masas de otras nacionalidades, el proletariado de Rusia no podría triunfar. En sus artículos sobre la cuestión nacional y en los discursos pronunciados en los Congresos de la Internacional Comunista, Lenin dijo reiteradas veces que la victoria de la revolución mundial es imposible sin una alianza revolucionaria, sin un bloque revolucionario del proletariado de los países avanzados con los pueblos oprimidos de las colonias esclavizadas. ¿Y qué son las colonias sino esas mismas masas laboriosas oprimidas y, ante todo, las masas trabajadoras del campesinado? ¿Quién ignora que el problema de liberar a las colonias es, en el fondo, el problema de liberar del yugo y de la explotación del capital financiero a las masas trabajadoras de las clases no proletarias? Pues de esto se desprende que la teoría leninista de la dictadura del proletariado no es una teoría puramente “rusa”, sino una teoría obligatoria para todos los países. El bolchevismo no es un fenómeno exclusivamente ruso. “El bolchevismo” -dice Lenin- es un “modelo de táctica para todos” (v. t. XXIII, pág. 386). Tales son los rasgos que caracterizan la primera particularidad de la Revolución de Octubre.

¿Qué se puede decir de la teoría de la “revolución permanente” de Trotski, desde el punto de vista de esta particularidad de la Revolución de Octubre? No vamos a extendernos sobre la posición de Trotski en 1905, cuando se olvidó, “simplemente”, del campesinado como fuerza revolucionaria, lanzando la consigna de “sin zar, por un gobierno obrero”, es decir, la consigna de una revolución sin los campesinos. Incluso Rádek, este diplomático defensor de la “revolución permanente”, se ve obligado a reconocer ahora que en 1905 la “revolución permanente” significaba un “salto en el vacío”, fuera de la realidad. Hoy todo el mundo, por lo visto, está conforme en que no merece la pena ocuparse de eso “salto en el vacío”. Tampoco vamos a extendernos sobre la posición de Trotski durante la guerra, en 1915, por ejemplo, cuando en su artículo “La lucha por el Poder”, partiendo de que “vivimos en la época del imperialismo”, de que el imperialismo “no contrapone la nación burguesa al viejo régimen, sino el proletariado a la nación burguesa”, llegada a la conclusión de que el papel revolucionario de los campesinos debía decrecer, de que la consigna de la confiscación de la tierra no tenía ya la importancia de antes.

Es sabido que Lenin, analizando este articulo de Trotski, le acusaba entonces de “negar” “el papel del campesinado” y decía que “Trotski ayuda de hecho a los políticos obreros liberales de Rusia, quienes por “negación” de papel de los campesinos entienden el no querer levantarlos a la revolución” (v. t. XVIII, pág. 318). Pasemos mejor a trabajos posteriores de Trotski acerca de esta cuestión, a las obras escritas en el período en que la dictadura del proletariado estaba ya afianzada y cuando Trotski había podido comprobar en la práctica su teoría de la “revolución permanente” y corregir sus errores. Tomemos el “Prefacio” de Trotski escrito en 1922 para su libro “1905". He aquí lo que Trotski dice en este “Prefacio” sobre la “revolución permanente”: “Precisamente en el intervalo entre el 9 de enero y la huelga de octubre de 1905 fue cuando llegó el autor a las concepciones acerca del carácter del desarrollo revolucionario de Rusia que han recibido el nombre de teoría de la “revolución permanente”. Esta denominación abstrusa expresaba la idea de que la revolución rusa, ante la cual se alzan de manera inmediata objetivos burgueses, no podrá, sin embargo, detenerse en ellos. La revolución no podrá resolver sus tareas burguesas más inmediatas sino colocando en el Poder al proletariado. Y este último, al tomar el Poder en sus manos, no podrá por menos que rebasar el marco burgués en la revolución. Al contrario: precisamente para asegurar su victoria, la vanguardia proletaria

tendrá que hacer, desde los primeros pasos de su dominación, la más profundas incursiones, no sólo en la propiedad feudal, sino también en la propiedad burguesa. Este modo de proceder le llevará a choques hostiles, no sólo con todos los grupos burgueses que le apoyaron en los primeros momentos de su lucha revolucionaria, sino también con las vastas masas campesinas, con ayuda de las cuales ha llegado al Poder. Las contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en el que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos, podrán ser solucionadas sólo en el plano internacional, en la palestra de la revolución mundial del proletariado”*. Así habla Trotski de su “revolución permanente”. Basta comparar esta cita con los pasajes de las obras de Lenin acerca de la dictadura del proletariado reproducidos anteriormente, para comprender qué abismo media entre la teoría leninista de la dictadura del proletariado y la teoría de la “revolución permanente” de Trotski. Lenin habla de la alianza entre el proletariado y las capas trabajadoras del campo como de la base de la dictadura del proletariado. En Trotski, por el contrario, nos encontramos con “choques hostiles” entre la “vanguardia proletaria” y las “vastas masas campesinas”.

Lenin habla de la dirección, por el proletariado, de las masas trabajadoras y explotadas. En Trotski, por el contrario, nos encontramos con “contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en el que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos”. Según Lenin, la revolución saca sus fuerzas, ante todo, de los obreros y los campesinos de Rusia misma. En Trotski, por lo contrario, resulta que las fuerzas indispensables pueden sacarse únicamente de “la palestra de la revolución mundial del proletariado”. ¿Y qué hacer si la revolución internacional ha de demorarse? ¿Le queda a nuestra revolución algún rayo de esperanza? Trotski no nos deja ningún rayo de esperanza, pues “las contradicciones en la situación del gobierno obrero... podrán ser solucionadas sólo... en la palestra de la revolución mundial del proletariado”. Con arreglo a este plan, a nuestra revolución no le queda más que una perspectiva: vegetar en sus propias contradicciones y pudrirse en vida, esperando la revolución mundial. ¿Qué es, según Lenin, la dictadura del proletariado? La dictadura del proletariado es un Poder que descansa en la alianza del proletariado con las masas trabajadoras del campo para “el derrocamiento completo del capital”, para “la instauración y la consolidación definitiva del socialismo”.

* Subrayado por mí. J. St. ¿Qué es, según Trotski, la dictadura del proletariado? La dictadura del proletariado es un Poder que llega “a choques hostiles” con “las vastas masas campesinas” y que busca la solución de las “contradicciones” únicamente “en la palestra de la revolución mundial del proletariado”. ¿En qué se diferencia esta “teoría de la revolución permanente” de la conocida teoría del menchevismo que niega la idea de la dictadura del proletariado? En el fondo, no se diferencia en nada. No cabe duda: la “revolución permanente” no se limita a menospreciar las posibilidades revolucionarias del movimiento campesino. La “revolución permanente” menosprecia el movimiento campesino hasta tal extremo, que es la negación de la teoría leninista de la dictadura del proletariado. La “revolución permanente” de Trotski es una variedad del menchevismo. Esto es lo que puede decirse en cuanto a la primera particularidad de la Revolución de Octubre. ¿Cuáles son los rasgos característicos de la segunda particularidad de la Revolución de Octubre? Estudiando el imperialismo, sobre todo en el período de la guerra, Lenin descubrió la ley del desarrollo económico y político desigual y a saltos de los países capitalistas.

Según esta ley, el desarrollo de las empresas, de los trusts, de las ramas de la industria y de los diversos países no se produce en forma igual, con arreglo a un orden de sucesión establecido, de modo que un trust, una rama de la industria o un país marchen constantemente a la cabeza y otros trusts u otros países vayan a la zaga, sujetándose a ese orden de sucesión, sino que se desarrollan a saltos, con interrupciones en el desarrollo de unos países y saltos adelante en el desarrollo de otros. Además, la tendencia, “completamente legítima”, de los países que se quedan atrás a conservar sus antiguas posiciones y la no menos “legítima” tendencia de los países que saltan adelante a apoderarse de nuevas posiciones, hacen que las colisiones bélicas entre los países imperialistas sean una necesidad ineluctable. Así ha ocurrido, por ejemplo, con Alemania, que hace medio siglo era, en comparación con Francia e Inglaterra, un país atrasado. Lo mismo puede decirse del Japón, en comparación con Rusia. Sin embargo, es notorio que, ya a principios del siglo XX, Alemania y el Japón habían dado un salto tan grande, que la primera había sobrepasado a Francia y comenzaba a desplazar a Inglaterra en el mercado mundial, y el segundo a Rusia. De estas contradicciones, como es sabido, surgió la reciente guerra imperialista. Esta ley parte de que: 1) “El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de sojuzgamiento colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países

adelantados” (v. el prólogo a la edición francesa de “El imperialismo”, de Lenin, t. XIX, pág. 74). 2) “El reparto de este “botín” se efectúa entre dos o tres potencias rapaces, y armadas hasta los dientes, que dominan en el mundo (Estados Unidos, Inglaterra, el Japón) y arrastran a su guerra, por el reparto de su botín, a todo el planeta” (v. lugar citado). 3) Al agravarse las contradicciones dentro del sistema mundial de opresión financiera, al hacerse inevitables los conflictos bélicos, el frente mundial del imperialismo se hace fácilmente vulnerable para la revolución, y es factible su ruptura por ciertos países. 4) Lo más probable es que esta ruptura se produzca en los lugares y países donde la cadena del frente imperialista sea más débil, es decir, donde el imperialismo esté menos fortificado y la revolución pueda desarrollarse con mayor facilidad. 5) Por ello, la victoria del socialismo en un solo país -aún en el caso de que ese país esté menos desarrollado en el sentido capitalista y el capitalismo subsista en otros países, aunque estos países estén más desarrollados en el sentido capitalista- es perfectamente posible y probable. Tales son, en pocas palabras, los fundamentos de la teoría leninista de la revolución proletaria. ¿En qué consiste la segunda particularidad de la Revolución de Octubre?

La segunda particularidad de la Revolución de Octubre consiste en que esta revolución es un modelo de aplicación práctica de la teoría leninista de la revolución proletaria. Quien no haya comprendido esta particularidad de la Revolución de Octubre, jamás comprenderá ni el carácter internacional de esta revolución, ni su formidable potencia internacional, ni su peculiar política exterior. “La desigualdad del desarrollo económico y político -dice Lenin- es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país capitalista. El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrentaría con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados”. Pues “la libre unión de las naciones en el socialismo es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolongada, de las repúblicas socialistas contra los Estados atrasados” (v. t. XVIII, págs. 232-233).

Los oportunistas de todos los países afirman que la revolución proletaria sólo puede comenzar -si es que ha de comenzar, en general, en alguna parte, según su teoría- en los países industrialmente desarrollados; que cuanto más desarrollados industrialmente estén esos países, tanto mayores serán las probabilidades de triunfo del socialismo. Ellos descartan, como algo totalmente inverosímil, la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país, y por añadidura, poco desarrollado en el sentido capitalista. Ya durante la guerra, Lenin, apoyándose en la ley del desarrollo desigual de los Estados imperialistas, opone a los oportunistas su teoría de la revolución proletaria, que afirma la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país, aun cuando este país esté menos desarrollado en el sentido capitalista. Sabido es que la Revolución de Octubre confirmó plenamente la justeza de la teoría leninista de la revolución proletaria. ¿Qué podemos decir de la “revolución permanente” de Trotski, desde el punto de vista de la teoría leninista sobre la victoria de la revolución proletaria en un solo país? Tomemos el folleto de Trotski “Nuestra revolución” (1906). Trotski dice: “Sin un apoyo estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera de Rusia no podrá mantenerse en el Poder y transformar su dominación temporal en una dictadura socialista duradera.

De ello no cabe dudar ni un instante”. ¿Qué dice esta cita? Que la victoria del socialismo en un solo país, en este caso en Rusia, es imposible “sin un apoyo estatal directo del proletariado europeo”, es decir, mientras el proletariado europeo no conquiste el Poder. ¿Qué hay de común entre esta “teoría” y la tesis de Lenin sobre la posibilidad de la victoria del socialismo “en un solo país capitalista”? Evidentemente, nada. Pero admitamos que este folleto de Trotski, publicado en 1906, cuando era difícil definir el carácter de nuestra revolución, contiene errores involuntarios y no responde por entero a las concepciones sustentadas por Trotski posteriormente. Examinemos otro folleto de Trotski, “El programa de la paz”, publicado en vísperas de la Revolución de Octubre, en 1917, y reeditado ahora (1924) en el libro “1917". En este folleto, Trotski critica lo que dice la teoría leninista de la revolución proletaria sobre la victoria del socialismo en un solo país, oponiéndole la consigna de los Estados Unidos de Europa. Trotski afirma que el socialismo no puede triunfar en un solo país, que la victoria del socialismo sólo es posible a condición de que triunfe en algunos de los principales países de Europa (Inglaterra, Rusia, Alemania), agrupados en los Estados Unidos de Europa, siendo en otro caso totalmente imposible.

Dice con toda claridad que “una revolución victoriosa en Rusia o en Inglaterra es inconcebible sin la revolución en Alemania, y viceversa”. “La única consideración histórica más o menos concreta -dice Trotski- contra la consigna de los Estados Unidos ha sido formulada en el “Sotsial- Demokrat” de Suiza (entonces órgano central de los bolcheviques. J. St.), en la frase siguiente: “La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo”. De aquí deducía “Sotsial-Demokrat” que la victoria del socialismo en un sólo país es posible y, por tanto, no hay por qué supeditar la dictadura del proletariado en cada país a la formación de los Estados Unidos de Europa. Que el desarrollo capitalista de los distintos países es desigual, es una afirmación absolutamente indiscutible. Pero esta desigualdad es ella misma sumamente desigual. El nivel capitalista de Inglaterra, de Austria, de Alemania o de Francia no es el mismo. Pero, en comparación con África y Asia, todos estos países representan la “Europa capitalista, madura ya para la revolución social. Que ningún país debe “aguardar” a los otros en su lucha, es una idea elemental que es útil y necesario repetir, para que la idea de una acción internacional paralela no sea sustituida por la idea de una inactividad internacional expectante.

Sin aguardar a los demás, comenzamos y continuamos la lucha en el terreno nacional, con la plena seguridad de que nuestra iniciativa impulsará la lucha en otros países; y, si esto no sucediese, no hay ningún fundamento para suponer -así lo atestiguan la experiencia histórica y las consideraciones teóricas- que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, podría sostenerse frente a la Europa conservadora o que la Alemania socialista podría subsistir aislada en un mundo capitalista”. Como veis, estamos ante la misma teoría del triunfo simultáneo del socialismo en los principales países de Europa, que descarta, como regla general, la teoría leninista de la revolución sobre la victoria del socialismo en un solo país. Cierto es que, para la victoria completa del socialismo, para la garantía completa contra la restauración del antiguo orden de cosas, son indispensables los esfuerzos conjuntos de los proletarios de unos cuantos países. Cierto es que, sin el apoyo del proletariado de Europa a nuestra revolución, el proletariado de Rusia no habría podido resistir la presión general, del mismo modo que el movimiento revolucionario del Occidente, si no lo hubiera apoyado la revolución de Rusia, no habría podido desarrollarse con el ritmo que adquirió después de la instauración de la dictadura proletaria en Rusia. Cierto es que necesitamos apoyo. Pero ¿qué es el apoyo del proletariado de la Europa Occidental a nuestra revolución?

La simpatía de los obreros europeos por nuestra revolución, su disposición a desbaratar los planes de intervención de los imperialistas, ¿constituye todo esto un apoyo, una ayuda sería? Indudablemente. Sin ese apoyo, sin esa ayuda, no sólo de los obreros europeos, sino también de las colonias y de los países dependientes, la dictadura proletaria de Rusia se vería en un trance muy difícil. ¿Ha bastado hasta ahora con esa simpatía y con esa ayuda, unidas al poderío de nuestro Ejército Rojo y a la disposición de los obreros y campesinos de Rusia a defender con su pecho la patria socialista? ¿Ha bastado todo eso para repeler los ataques de los imperialistas y conquistar las condiciones necesarias para una seria labor de edificación? Sí, ha bastado. Y esa simpatía, ¿crece o disminuye? Indudablemente, crece. ¿Tenemos, pues, condiciones favorables, no sólo para llevar adelante la organización de la economía socialista, sino también para prestar, a nuestra vez, apoyo a los obreros de la Europa Occidental y a los pueblos oprimidos del Oriente? Sí, tenemos esas condiciones. Los siete años de historia de la dictadura proletaria en Rusia lo atestiguan elocuentemente. ¿Puede, acaso, negarse que en nuestro país a comenzado ya un poderoso auge del trabajo? No, no se puede negar. ¿Qué puede significar, después de todo eso, la declaración de Trotski de que la Rusia revolucionaria no podría resistir ante una Europa conservadora?

No puede significar más que una cosa: en primer lugar, que Trotski no percibe la potencia interior de nuestra revolución; en segundo lugar, que Trotski no comprende la importancia inapreciable del apoyo moral que los obreros del Occidente y los campesinos del Oriente prestan a nuestra revolución; en tercer lugar, que Trotski no percibe el mal interior que corroe actualmente al imperialismo. Llevado por el apasionamiento en su crítica de la teoría leninista de la revolución proletaria, Trotski, sin darse cuenta, se ha derrotado a sí mismo en su folleto “El programa de la paz”, publicado en 1917 y reeditado en 1924. Pero ¿quizás este folleto de Trotski haya también envejecido y no corresponda por una u otra razón a sus puntos de vista actuales? Tomemos trabajos más recientes de Trotski, escritos después del triunfo de la revolución proletaria en un solo país, en Rusia. Tomemos, por ejemplo, el “Epílogo” que escribió en 1922 para la nueva edición de su folleto “El programa de la paz”. He aquí lo que dice en ese “Epílogo”: “La afirmación, varias veces repetida en “El programa de la paz”, de que la revolución proletaria no puede terminar victoriosamente dentro de un marco nacional, parecerá quizá a algunos lectores desmentida por la experiencia de casi cinco años de vida de nuestra República Soviética. Pero semejante conclusión sería infundada. El hecho de que el Estado obrero haya resistido contra el mundo entero en un solo país, y

además en un país atrasado, atestigua la potencia colosal del proletariado, que en otros países más adelantados y más civilizados será capaz de hacer verdaderos milagros. Pero, habiendo logrado mantenernos como Estado en el sentido político y militar, no hemos llegado todavía, ni siquiera nos hemos acercado a la creación de la sociedad socialista... Mientras en los demás Estados europeos se mantenga en el Poder la burguesía, nos veremos obligados, en la lucha contra el aislamiento económico, a buscar acuerdos con el mundo capitalista; al mismo tiempo, puede afirmarse con toda certidumbre que estos acuerdos pueden, en el mejor de los casos, ayudarnos a cicatrizar una u otra herida económica, a dar uno u otro paso adelante, pero el verdadero auge de la economía socialista en Rusia no será posible más que después de la victoria* del proletariado en los países más importantes de Europa”. Esto es lo que dice Trotski, pecando manifiestamente contra la realidad y esforzándose a toda costa por salvar del naufragio definitivo la “revolución permanente”. Resulta que, por más vueltas que se le dé, no sólo “no hemos llegado”, sino que “ni siquiera nos hemos acercado” a la creación de la sociedad socialista.

Resulta que alguien abrigaba la esperanza de llegar a “acuerdos con el mundo capitalista”, pero resulta también que de estos acuerdos tampoco sale nada, pues, por más vueltas que se le dé, “el verdadero auge de la economía socialista” no se alcanzará mientras el proletariado no haya vencido “en los países más importantes de Europa” Y como aun no se ha obtenido la victoria en el Occidente, a la revolución de Rusia no le queda más que un “dilema”: o pudrirse en vida o degenerar en un Estado burgués. Por algo hace ya dos años que Trotski viene hablando de la “degeneración” de nuestro Partido. Por algo Trotski profetizaba el año pasado el “hundimiento” de nuestro país. ¿Cómo se puede conciliar esta extraña “teoría” con la teoría de Lenin sobre la “victoria del socialismo en un solo país”? ¿Cómo se puede conciliar esta extraña “perspectiva” con la perspectiva de Lenin, según la cual la nueva política económica nos permitirá “echar los cimientos de la economía socialista”? ¿Cómo se puede conciliar esta desesperanza “permanente” con las siguientes palabras de Lenin, por ejemplo? “Hoy, el socialismo no es ya un problema de un futuro remoto, ni una visión abstracta o un icono. De los iconos seguimos teniendo la opinión de antes, una opinión muy mala. Hemos hecho penetrar el socialismo en la vida diaria, y de eso

* Subrayado por mí. J. St. es de lo que debemos ocuparnos. Esa es la tarea de nuestros días, ésa es la tarea de nuestra época. Permitidme que termine expresando la seguridad de que, por más difícil que sea esa tarea, por más nueva que sea, en comparación con nuestra tarea anterior, y por más dificultades que nos origine, todos nosotros, juntos, y no mañana, sino en el transcurso de unos cuantos años, todos nosotros, juntos, la resolveremos a toda costa de modo que de la Rusia de la Nep salga la Rusia socialista” (v. t. XXVII, pág. 366). ¿Cómo se puede conciliar la falta “permanente” de perspectivas de Trotski con las siguientes palabras de Lenin, por ejemplo? “En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado y el Poder del Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar la dirección de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es esto todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa partiendo de la cooperación, y nada más que de la cooperación, a la que antes tratábamos de mercantilista y que ahora, bajo la Nep, merece también, en cierto modo, el mismo trato; acaso no es esto todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa?

Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero si todo lo imprescindible y lo suficiente para esta edificación” (v. t. XXVII, pág. 392). Es evidente que todo eso no se concilia ni puede conciliarse. La “revolución permanente” de Trotski es la negación de la teoría leninista de la revolución proletaria, y viceversa: la teoría leninista de la revolución proletaria es la negación de la teoría de la “revolución permanente”. La falta de fe en la fuerza y en la capacidad de nuestra revolución, la falta de fe en las fuerzas y en la capacidad del proletariado de Rusia: tal es el fondo de la teoría de la “revolución permanente”. Hasta ahora solía señalarse un solo lado de la teoría de la “revolución permanente”: la falta de fe en las posibilidades revolucionarias del movimiento campesino. Ahora, para ser justos, hay que completar ese lado con otro: la falta de fe en las fuerzas y en la capacidad del proletariado de Rusia. ¿En qué se diferencia la teoría de Trotski de la teoría corriente del menchevismo, según la cual la victoria del socialismo en un solo país, por añadidura atrasado, es imposible sin la victoria previa de la revolución proletaria “en los principales países de la Europa Occidental”? En el fondo, no se diferencia en nada. No cabe duda: la teoría de la “revolución permanente” de Trotski es una variedad del menchevismo. Últimamente han aparecido en nuestra prensa

diplomáticos podridos, que se esfuerzan por hacer pasar la teoría de la “revolución permanente” como algo compatible con el leninismo. Naturalmente - dicen-, esta teoría resultó inservible en 1905. Pero el error de Trotski consiste en haberse adelantado entonces, intentando aplicar a la situación de 1905 lo que en aquel tiempo no se podía aplicar. Pero más tarde -dicen-, por ejemplo, en octubre de 1917, cuando la revolución había alcanzado plena madurez, la teoría de Trotski estaba completamente en su lugar. No cuesta trabajo adivinar que el principal de estos diplomáticos es Rádek. Escuchad lo que dice: “La guerra ha abierto un abismo entre los campesinos, que aspiran a conquistar la tierra y la paz, y los partidos pequeñoburgueses; la guerra ha puesto a los campesinos bajo la dirección de la clase obrera y de su vanguardia, el Partido Bolchevique. Lo que se ha hecho posible no es la dictadura de la clase obrera y de los campesinos sino la dictadura de la clase obrera, apoyada en los campesinos. Lo que Rosa Luxemburgo y Trotski propugnaban en 1905 contra Lenin (es decir, la “revolución permanente”. J. St.) ha resultado ser, de hecho, la segunda etapa del desarrollo histórico”. Cada una de estas palabras es una falsedad.

Es falso que durante la guerra “lo que se ha hecho posible no es la dictadura de la clase obrera y de los campesinos, sino la dictadura de la clase obrera, apoyada en los campesinos”. En realidad, la revolución de febrero de 1917 fue la realización de la dictadura del proletariado y de los campesinos, entrelazada de modo peculiar con la dictadura de la burguesía. Es falso que la teoría de la “revolución permanente”, que Rádek silencia púdicamente, fuese formulada en 1905 por Rosa Luxemburgo y Trotski. En realidad, esa teoría la expusieron Parvus y Trotski. Ahora, a los diez meses, Rádek se rectifica y estima necesario reprochar a Parvus la “revolución permanente”. Pero la justicia exige de Rádek que los reproches alcancen también a Trotski, el socio de Parvus. No es cierto que la “revolución permanente”, refutada por la revolución de 1905, haya resultado acortada en la “segunda etapa del desarrollo histórico”, es decir, durante la Revolución de Octubre. Todo el curso de la Revolución de Octubre, todo su desarrollo han revelado y demostrado la inconsistencia absoluta de la teoría de la “revolución permanente”, su absoluta incompatibilidad con los fundamentos del leninismo. Con discursos melifluos y diplomacia podrida no se puede cubrir la profunda sima que separa la teoría de la “revolución permanente” y el leninismo.

III. Algunas particularidades de la táctica de los bolcheviques en el periodo de la preparación de octubre. Para comprender la táctica de los bolcheviques en el período de la preparación de Octubre, hay que conocer, por lo menos, algunas particularidades sumamente importantes de esta táctica. Ello es tanto más necesario, por cuanto en los numerosos folletos acerca de la táctica de los bolcheviques se pasa por alto precisamente esas particularidades. ¿Qué particularidades son ésas? Primera particularidad. Oyendo a Trotski, podría creerse que en la historia de la preparación de Octubre existen tan sólo dos períodos: el período de reconocimiento y el período de la insurrección, y que lo que es más de esto, de mal procede. ¿Qué fue la manifestación de abril de 1917? “La manifestación de abril, que tomó más a la “izquierda” de lo necesario, fue una operación de reconocimiento para pulsar el estado de ánimo de las masas y sus relaciones con la mayoría de los Soviets” ¿Y qué fue la manifestación de julio de 1917? Según Trotski, “también esta vez la cosa se redujo, en el fondo, a un nuevo reconocimiento, más profundo, en una etapa nueva y más elevada del movimiento”. Ni que decir tiene que la manifestación de junio de 1917, organizada a instancias de nuestro Partido, con mayor razón debe ser calificada, según Trotski, de “reconocimiento”.

Resulta pues que en marzo de 1917 los bolcheviques tenían ya preparado un ejército político de obreros y campesinos y que, si no lo emplearon para la insurrección ni en abril, ni en junio, ni en julio y sólo se dedicaron a hacer “reconocimientos”, ello fue, única y exclusivamente, porque “los datos de los reconocimientos no proporcionaban entonces “indicios” favorables. Ni que decir tiene que esta concepción simplista de la táctica política de nuestro Partido no es sino una confusión de la táctica militar corriente con la táctica revolucionaria de los bolcheviques. En realidad, todas aquellas manifestaciones fueron, ante todo, resultado de la acometividad espontánea de las masas, resultado de su indignación contra la guerra, indignación que pugnaba por manifestarse en la calle. En realidad, el papel del Partido consistía entonces en dar a las acciones espontáneas de las masas una forma y una dirección que respondiesen a las consignas revolucionarias de los bolcheviques. En realidad, los bolcheviques no tenían ni podían tener en marzo de 1917 un ejército político preparado. Lo fueron formando (y lo formaron, por fin, hacia octubre de 1917) sólo en el transcurso de la lucha y de los choques de clases de abril a octubre de 1917; lo formaron pasando por la manifestación de abril, y por las manifestaciones de junio y julio, y por las elecciones a las Dumas de distrito y urbanas, y por la lucha contra la korniloviada, y por la conquista

de los Soviets. Un ejército político no es lo mismo que un ejército militar. Mientras que el mando militar comienza la guerra disponiendo ya de un ejército formado, el Partido debe crear su ejército en el curso de la lucha misma, en el curso de los choques entre las clases, a medida que las masas mismas se van convenciendo, por propia experiencia, de que las consignas del Partido son acertadas, de que su política es justa. Naturalmente, cada una de esas manifestaciones arrojaba, al mismo tiempo, cierta luz sobre correlaciones de fuerzas imperceptibles a simple vista; constituía, en cierto modo, un reconocimiento, pero éste no era el motivo de la manifestación, sino un resultado natural de ella. Analizamos los acontecimientos de vísperas de la insurrección de octubre y comparándolos con los acontecimientos de abril-julio, Lenin dice: “La situación se presenta, precisamente, de modo distinto a como se presentaba en vísperas del 20 y del 21 de abril, del 9 de junio y del 3 de julio, pues entonces nos hallábamos ante una efervescencia espontánea, que nosotros, como partido, no percibíamos (20 de abril), o conteníamos, dándole la forma de una manifestación pacífica (9 de junio y 3 de julio).

Porque entonces sabíamos bien que los Soviets no eran todavía nuestros, que los campesinos creían todavía en el camino liberdanista-chernovista* y no en el camino bolchevique (el de la insurrección); que, por consiguiente, no podíamos contar con la mayoría del pueblo y, por ello, la insurrección sería prematura” (v. t. XXI, pág. 345). Es evidente que sólo con “reconocimientos” no se puede ir muy lejos. Por lo visto, no se trata de “reconocimientos”, sino de que: 1) durante todo el período de la preparación de Octubre, el Partido no dejó un momento de apoyarse, para su lucha, en el auge espontáneo del movimiento revolucionario de las masas; 2) al apoyarse en este auge espontáneo, el Partido conservaba en sus manos la dirección indivisa del movimiento; 3) tal dirección del movimiento le facilitaba la formación del ejército político de masas para la insurrección de Octubre; 4) tal política debía necesariamente llevar a que toda la preparación de Octubre se hiciese bajo la dirección de un solo partido, el Partido Bolchevique; 5) tal preparación de Octubre llevó, a su vez, a que, como resultado de la insurrección de Octubre, el Poder quedase en manos de un solo partido, el Partido Bolchevique. Por tanto, la dirección indivisa de un solo partido, del Partido Comunista, como factor esencial de la

* Véase el tomo 3, nota 83. (5. del T.) preparación de Octubre: tal es el rasgo característico de la Revolución de Octubre, tal es la primera particularidad de la táctica de los bolcheviques en el período de la preparación de Octubre. No creo que sea necesario demostrar que, sin esta particularidad de la táctica de los bolcheviques, la victoria de la dictadura del proletariado, bajo el imperialismo, hubiera sido imposible. Por esto, la Revolución de Octubre se distingue ventajosamente de la revolución de 1871 en Francia, donde compartían la dirección de la revolución dos partidos, de los cuales ninguno puede ser calificado de partido comunista. Segunda particularidad. La preparación de Octubre se llevó a cabo, pues, bajo la dirección de un solo partido, del Partido Bolchevique. Pero ¿cómo ejercía el Partido esa dirección, hacia dónde la orientaba? Esa dirección se orientaba al aislamiento de los partidos conciliadores, por ser los grupos más peligrosos en el período de desencadenamiento de la revolución, al aislamiento de los eseristas y los mencheviques. ¿En qué consiste la regla estratégica fundamental del leninismo?

Consiste en reconocer que: 1) el más peligroso apoyo social de los enemigos de la revolución, en el período en que se avecina un desenlace revolucionario, lo constituyen los partidos conciliadores; 2) es imposible derrocar al enemigo (al zarismo o a la burguesía) sin haber aislado a estos partidos; 3) en el período preparatorio de la revolución, los principales tiros deben, por ello, dirigirse a aislar a estos partidos, a desgajar de ellos a las amplias masas trabajadoras. En el período de la lucha contra el zarismo, en el período preparatorio de la revolución democrático- burguesa (1905-1916), el apoyo social más peligroso del zarismo era el partido liberal-monárquico, el partido de los demócratas constitucionalistas. ¿Por qué? Por ser un partido conciliador, el partido de la conciliación entre el zarismo y la mayoría del pueblo, es decir, el campesinado en su conjunto. Es natural que el Partido dirigiese entonces sus principales golpes contra los demócratas constitucionalistas, pues sin aislarlos no podía contarse con la ruptura de los campesinos con el zarismo, y sin asegurar esta ruptura no podía contarse con la victoria de la revolución. Muchos no comprendían entonces esta particularidad de la estrategia bolchevique acusaban a los bolcheviques de “inquina excesiva” a los demócratas constitucionalistas, afirmando que la lucha contra los demócratas constitucionalistas hacía que los bolcheviques “perdieran de vista” la lucha contra el enemigo principal: el zarismo. Pero estas acusaciones, infundadas, revelaban una incomprensión evidente de la estrategia bolchevique,

que exigía el aislamiento del partido conciliador para facilitar y acercar la victoria sobre el enemigo principal. No creo que sea necesario demostrar que, sin esta estrategia, la hegemonía del proletariado en la revolución democrático-burguesa hubiera sido imposible. En el período de la preparación de Octubre, el centro de gravedad de las fuerzas en lucha se desplazó a un nuevo plano. Ya no había zar. El partido demócrata constitucionalista se había transformado, de fuerza conciliadora, en fuerza gobernante, en la fuerza dominante del imperialismo. La lucha ya no se libraba entre el zarismo y el pueblo, sino entre la burguesía y el proletariado. En este período, el apoyo social más peligroso del imperialismo lo constituían los partidos democráticos pequeñoburgueses, los partidos eserista y menchevique. ¿Por qué? Porque estos partidos eran entonces partidos conciliadores, partidos de la conciliación entre el imperialismo y las masas trabajadoras. Es natural que los principales golpes de los bolcheviques fueran dirigidos entonces contra estos partidos, pues sin el aislamiento de estos partidos no se podía contar con la ruptura de las masas trabajadoras y el imperialismo, y sin conseguir esta ruptura no se podía contar con la victoria de la revolución soviética.

Muchos no comprendían entonces esta particularidad de la táctica bolchevique, acusando a los bolcheviques de "excesivo odio” a los eseristas y a los mencheviques y de “olvido” del objetivo fundamental. Pero todo el período de la preparación de Octubre evidencia elocuentemente que sólo gracias a esta táctica pudieron los bolcheviques asegurar la victoria de la Revolución de Octubre. El rasgo característico de este período consiste en una revolucionarización más profunda de las masas trabajadoras del campo, en su decepción respecto a los eseristas y los mencheviques, en su alejamiento de estos partidos, en su viraje para agruparse directamente en torno al proletariado, única fuerza consecuentemente revolucionaria, capaz de llevar el país a la paz. La historia de este período es la historia de la lucha entre los eseristas y los mencheviques, de una parte, y los bolcheviques, de otra, por atraerse a las masas trabajadoras del campo, por conquistar a estas masas. Decidieron la suerte de esta lucha el período de la coalición, el período de la kerenskiada, la negativa de los eseristas y los mencheviques a confiscar las tierras de los terratenientes, la lucha de los eseristas y los mencheviques por la continuación de la guerra, la ofensiva de junio en el frente, la pena de muerte para los soldados y la sublevación de Kornílov. Y estos factores decidieron la suerte de esa lucha exclusivamente en favor de la estrategia bolchevique.

Pues, sin aislar a los eseristas y a los mencheviques era imposible derrocar al gobierno de los imperialistas, y sin derrocar a este gobierno era imposible salir de la guerra. La política de aislamiento de los eseristas y los mencheviques resultó ser la única política acertada. Así, pues, aislamiento de los partidos menchevique y eserista, como línea principal de la dirección de la preparación de Octubre: tal es la segunda particularidad de la táctica de los bolcheviques. No creo que sea necesario demostrar que, sin esta particularidad de la táctica de los bolcheviques, la alianza entre la clase obrera y las masas trabajadoras del campo hubiera quedado suspendida en el vacío. Es significativo que, en sus “Enseñanzas de Octubre”, Trotski no diga nada, o casi nada, de esta particularidad de la táctica bolchevique. Tercera particularidad. La dirección del Partido en la preparación de Octubre se orientaba, pues, a aislar a los partidos eserista y menchevique, a desgajar de estos partidos a las amplias masas obreras y campesinas. Pero ¿cómo conseguía, concretamente, el Partido llevar a cabo este aislamiento?, ¿en qué forma y bajo qué consigna? Lo llevaba a cabo en la forma de un movimiento revolucionario de las masas por el Poder de los Soviets, bajo la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, luchando por transformar a los Soviets, de organismos de movilización de las masas, en organismos de la insurrección, en organismos de Poder, en el aparato de un nuevo Estado, del Estado proletario.

¿Por qué se aferraron los bolcheviques precisamente a los Soviets como a la palanca fundamental de organización, que podía contribuir al aislamiento de los mencheviques y de los eseristas, que podía impulsar la revolución proletaria y estaba llamada a llevar a las masas de millones y millones de trabajadores a la victoria de la dictadura del proletariado? ¿Qué son los Soviets? “Los Soviets -decía Lenin ya en septiembre de 1917- son un nuevo aparato de Estado que, en primer lugar, proporciona la fuerza armada de los obreros y de los campesinos, fuerza que no está, como lo estaba la del viejo ejército permanente, apartada del pueblo, sino ligada a él del modo más estrecho; en el sentido militar, esta fuerza es incomparablemente más poderosa que las anteriores; en el sentido revolucionario, no puede ser reemplazada por ninguna otra. En segundo lugar, este aparato proporciona una ligazón tan estrecha e indisoluble con las masas con la mayoría del pueblo, una ligazón tan fácil de controlar y renovar, que en vano buscaremos nada análogo en el viejo aparato de Estado. En tercer lugar, este aparato, por ser elegibles y revocables a voluntad del pueblo, sin formalidades burocráticas, los hombres que lo integran, es mucho más democrático que los aparatos anteriores. En cuarto lugar, este aparato

proporciona una sólida ligazón con las profesiones más diversas, facilitando de este modo, sin burocracia, las más distintas y más profundas reformas. En quinto lugar, proporciona una forma de organización de la vanguardia, es decir, de la parte más consciente, más enérgica y más avanzada de las clases oprimidas, de los obreros y de los campesinos, constituyendo, de este modo, un aparato por medio del cual la vanguardia de las clases oprimidas puede elevar, educar, instruir y guiar a toda la gigantesca masa de estas clases, que hasta hoy permanecía completamente al margen de la vida política, al margen de la historia. En sexto lugar, proporciona la posibilidad de conjugar las ventajas del parlamentarismo con las ventajas de la democracia inmediata y directa, es decir, reúne en la persona de los representantes elegidos por el pueblo la función legislativa y la ejecución de las leyes. Comparado con el parlamentarismo burgués, es un avance de trascendencia histórica mundial en el desarrollo de la democracia... Si la iniciativa creadora popular de las clases revolucionarias no hubiera organizado los Soviets, la revolución proletaria en Rusia se vería condenada al fracaso, pues, con el viejo aparato, el proletariado no habría podido, indudablemente, mantenerse en el Poder. En cuanto al nuevo aparato, es imposible crearlo de golpe” (v. t. XXI, págs. 258-259).

Por eso, los bolcheviques se aferraron a los Soviets como al eslabón orgánico fundamental, que podía facilitar la organización de la Revolución de Octubre y la creación del nuevo y poderoso aparato del Estado proletario. Desde el punto de vista de su desarrollo interno, la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!” pasó por dos etapas: la primera, hasta la derrota de los bolcheviques en julio, durante la dualidad de poderes, y la segunda, después de la derrota de la sublevación de Kornílov. En la primera etapa, esta consigna significaba la ruptura del bloque de los mencheviques y los eseristas con los demócratas constitucionalistas, la formación de un gobierno soviético, integrado por mencheviques y eseristas (pues los Soviets estaban entonces en sus manos), la libertad de agitación para la oposición (es decir, para los bolcheviques) y libertad de lucha entre los partidos en el seno de los Soviets, con la esperanza de que esta lucha permitiría a los bolcheviques conquistar los Soviets y modificar la composición del gobierno soviético mediante un desarrollo pacífico de la revolución. Este plan no era, naturalmente, la dictadura del proletariado. Pero, sin duda alguna, facilitaba la preparación de las condiciones necesarias para asegurar la dictadura, pues al colocar en el Poder a los mencheviques y los eseristas y al obligarles a poner en práctica su plataforma antirrevolucionaria, aceleraba el desenmascaramiento de la verdadera naturaleza de esos partidos, aceleraba su aislamiento, su separación de las masas.

Sin embargo, la derrota de los bolcheviques en el mes de julio interrumpió este proceso, dando ventaja a la contrarrevolución de los generales y los demócratas constitucionalistas y arrojando a los eseristas y a los mencheviques en sus brazos. Esta circunstancia obligó al Partido a retirar por el momento la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, para volver a lanzarla cuando se produjera un nuevo auge de la revolución. La derrota de la sublevación de Kornílov inauguró la segunda etapa. La consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!” se puso de nuevo a la orden del día. Pero ahora esta consigna no significaba ya lo mismo que en la primera etapa. Su contenido había cambiado radicalmente. Ahora, esta consigna significaba la ruptura completa con el imperialismo y el paso del Poder a los bolcheviques, pues los Soviets eran ya, en su mayoría, bolcheviques. Ahora, esta consigna significaba que la revolución abordaba el establecimiento de la dictadura del proletariado mediante la insurrección. Es más: esta consigna significaba ahora la organización de la dictadura del proletariado y su constitución en Estado. La táctica de transformación de los Soviets en organismos de Poder del Estado tenía una importancia inapreciable, porque apartaba del imperialismo a las masas de millones y millones de trabajadores, desenmascaraba a los partidos menchevique y eserista como instrumentos del imperialismo y llevaba a las masas por vía directa, digámoslo así, a la dictadura del proletariado.

Por tanto, la política de transformación de los Soviets en organismos de Poder del Estado, como la condición primordial para el aislamiento de los partidos conciliadores y para la victoria de la dictadura del proletariado: tal es la tercera particularidad de la táctica de los bolcheviques en el período de la preparación de Octubre. Cuarta particularidad. El cuadro quedaría incompleto si no examináramos cómo y por qué consiguieron los bolcheviques transformar las consignas de su Partido en consignas para las masas de millones y millones de trabajadores, en consignas que impulsaban la revolución; cómo y por qué lograron convencer de que su política era acertada, no sólo a la vanguardia y no sólo a la mayoría de la clase obrera, sino también a la mayoría del pueblo. La realidad es que, para el triunfo de una revolución, si esta revolución es auténticamente popular y engloba a millones de hombres, no basta que las consignas del Partido sean acertadas. Para que la revolución triunfe, es necesario, además, otra condición indispensable, a saber: que las masas se convenzan ellas mismas, por propia experiencia, de que esas consignas son acertadas. Sólo en tal caso las

consignas del Partido se convierten en consignas de las masas mismas, Solo en tal caso la revolución se convierte en una auténtica revolución popular. Una de las particularidades de la táctica de los bolcheviques durante el período de la preparación de Octubre es que supo trazar certeramente las rutas y los virajes que llevan de un modo natural a las masas a identificarse con las consignas del Partido, al umbral mismo, por decirlo así, de la revolución, y de este modo hacen más fácil para ellas el percibir, comprobar y reconocer, por propia experiencia, que esas consignas son acertadas. En otros términos: una de las particularidades de la táctica de los bolcheviques es que no confunde la dirección del Partido con la dirección de las masas; que ve claramente la diferencia entre esa primera dirección y la segunda; que no sólo es, por tanto, la ciencia de dirigir al Partido, sino también la de dirigir a las masas de millones y millones de trabajadores. La experiencia de la convocatoria y disolución de la Asamblea Constituyente es una manifestación patente de esa particularidad de la táctica bolchevique. Sabido es que los bolcheviques habían lanzado la consigna de República de los Soviets ya en abril de 1917. Sabido es que la Asamblea Constituyente era un parlamento burgués, en contradicción flagrante con los principios de la República de los Soviets. ¿Cómo pudo ocurrir que los bolcheviques, marchando hacia la República de los Soviets, exigieran al mismo tiempo del Gobierno Provisional la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente?

¿Cómo pudo ocurrir que los bolcheviques no sólo participaran en las elecciones, sino que convocaran ellos mismos la Asamblea Constituyente? ¿Cómo pudo ocurrir que un mes antes de la insurrección cuando se estaba pasando de lo viejo a lo nuevo, los bolcheviques admitieran la posibilidad de una combinación temporal de la República de los Soviets y de la Asamblea Constituyente? “Ocurrió” esto porque: 1) la idea de la Asamblea Constituyente era una de las ideas mas extendidas, entre las amplias masas de la población; 2) la consigna de convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente permitía desenmascarar con más facilidad la naturaleza contrarrevolucionaria del Gobierno Provisional; 3) para desprestigiar ante las masas populares la idea de la Asamblea Constituyente, era indispensable llevar a estas masas, con sus reivindicaciones sobre la tierra, la paz y el Poder de los Soviets, hasta los muros de la Asamblea Constituyente, haciéndolas chocar, de esta manera, con la Asamblea Constituyente real y viva; 4) ésta era la única forma de hacer que las masas se convencieran fácilmente, por experiencia propia, del carácter contrarrevolucionario de la Asamblea Constituyente y de la necesidad de su disolución; 5) todo esto implicaba, naturalmente, la posibilidad de una combinación temporal de la República de los Soviets y de la Asamblea Constituyente, como uno de los medios de eliminar a esta última; 6) semejante combinación, llevada a cabo siempre y cuando que todo el Poder pasase a los Soviets, sólo podía significar la supeditación de la Asamblea Constituyente a los Soviets, su transformación en un apéndice de los Soviets, su extinción sin dolor.

No creo que sea necesario demostrar que, sin semejante política de los bolcheviques, la disolución de la Asamblea Constituyente no habría sido tan fácil, y que las acciones posteriores de los eseristas y los mencheviques bajo la consigna de “¡Todo el Poder a la Asamblea Constituyente!” no habrían fracasado con tal estrépito. “Participamos -dice Lenin- en las elecciones al parlamento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente, en septiembre-noviembre de 1917. ¿Era acertada nuestra táctica o no?... ¿Acaso nosotros, los bolcheviques rusos, no teníamos en septiembre-noviembre de 1917 más derecho que todos los comunistas del Occidente a considerar que el parlamentarismo había sido superado políticamente en Rusia? Lo teníamos, naturalmente, pues la cuestión no estriba en si los parlamentos burgueses existen desde hace mucho o poco tiempo, sino en si las grandes masas trabajadoras están preparadas (ideológica, política y prácticamente) para adoptar el régimen soviético y disolver (o permitir la disolución) del parlamento democrático-burgués. Que la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos de Rusia estaban, en septiembre- noviembre de 1917, en virtud de una serie de condiciones particulares, excepcionalmente preparados para adoptar el régimen soviético y disolver el parlamento burgués más democrático, es un hecho histórico absolutamente indiscutible y plenamente establecido. Y, no obstante, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en la elecciones, tanto antes como después de la conquista del Poder político por el proletariado” (v. t. XXV, págs. 201-202). ¿Y por qué no boicotearon los bolcheviques la Asamblea Constituyente? Porque, dice Lenin: “Incluso unas semanas antes de la victoria de la República Soviética, incluso después de esta victoria, la participación en un parlamento democrático-burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar más fácilmente a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita la “superación política” del parlamentarismo burgués” (v. Lugar citado).

Es significativo que Trotski no comprenda esta particularidad de la táctica de los bolcheviques y gruña contra la “teoría” de la combinación de la Asamblea Constituyente y de los Soviets, tildándola de hilferdingada. No comprende que, una vez lanzada la consigna de insurrección y cuando el triunfo de los Soviets es probable, admitir esa combinación, admitir la convocatoria de la Asamblea Constituyente constituye la única táctica revolucionaria, que no tiene nada de común con la táctica a lo Hilferding de transformar los Soviets en un apéndice de la Asamblea Constituyente; no comprende que el error de algunos camaradas en este problema no autoriza a vituperar la posición absolutamente acertada de Lenin y del Partido en cuanto a la posibilidad de un “Poder estatal combinado” en ciertas condiciones (cfr. t. XXI, pág. 338) No comprende que, sin su política peculiar en relación con la Asamblea Constituyente, los bolcheviques no habrían logrado ganarse a millones y millones de hombres del pueblo y que, sin ganarse a estas masas, no habrían podido transformar la insurrección de Octubre en una profunda revolución popular. Es interesante ver cómo Trotski gruñe hasta contra las palabras “pueblo”, “democracia revolucionaria”, etc., etc., que suelen encontrase en los artículos de los bolcheviques y que él considera indecorosas para un marxista. Por lo visto, Trotski olvida que incluso en septiembre de 1917, un mes antes de la victoria de la dictadura del proletariado, Lenin, marxista indudable, escribía sobre la “necesidad del paso inmediato de todo el Poder a manos de la democracia revolucionaria, con el proletariado revolucionario a la cabeza” (v t. XXI, pág. 198). Por lo visto, Trotski olvida que Lenin, marxista indudable, citando la conocida carta de Marx a kugelmann (abril de 1871) donde se dice que la demolición del aparato burocrático-militar del Estado es condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente, escribe, con claridad meridiana, las siguientes líneas: “Merece especial atención la observación extraordinariamente profunda de Marx de que la demolición de la máquina burocrático-militar del Estado es “condición previa de toda verdadera revolución popular”.

Este concepto de revolución “popular” parece extraño en boca de Marx, y los adeptos de Plejánov y los mencheviques rusos, esos discípulos de Struve que quieren hacerse pasar por marxistas, podrían tal vez calificar de “lapsus” esta expresión de Marx. Esa gente ha hecho una tergiversación tan liberal e indigente del marxismo, que para ellos no existe nada sino la antítesis entre revolución burguesa y revolución proletaria, y hasta esta antítesis la conciben de un modo a más no poder escolástico. En la Europa de 1871 el proletariado no formaba en ningún país del continente la mayoría del pueblo. La revolución no podía ser “popular” ni arrastrar verdaderamente a la mayoría al movimiento, si no englobaba tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases formaban entonces el “pueblo”. Une a estas clases el hecho de que la “máquina burocrático-militar del Estado” las oprime, las esclaviza, las explota. Destruir, demoler esta máquina, eso es lo que aconsejan los verdaderos intereses del “pueblo” de su mayoría, de los obreros y de la mayoría de los campesinos, y tal es la “condición previa” para una alianza libre de los campesinos pobres con los proletarios; y sin esa alianza, la democracia es precaria y la transformación socialista imposible (v. t. XXI, págs. 395-396). Estas palabras de Lenin no deben olvidarse. Así, pues, lograr que las masas se convenzan por experiencia propia de que las consignas del Partido son acertadas, llevando a estas masas a posiciones revolucionarias, como la condición primordial para la conquista de millones de trabajadores en favor del Partido: tal es la cuarta particularidad de la táctica de los bolcheviques durante el período de la preparación de Octubre. Creo que lo dicho es suficiente para comprender bien los rasgos característicos de esta táctica.

IV. La revolución de Octubre, comienzo y premisa de la revolución mundial. Es indudable que la teoría universal del triunfo simultáneo de la revolución en los principales países de Europa, la teoría de la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país, ha resultado ser una teoría artificial, una teoría no viable. La historia de siete años de revolución proletaria en Rusia no habla en favor, sino en contra de esa teoría. Esa teoría no sólo es inaceptable como esquema del desarrollo de la revolución mundial, ya que está en contradicción con hechos evidentes. Es todavía más inaceptable como consigna, porque no libera, sino que encadena la iniciativa de los distintos países que, en virtud de ciertas condiciones históricas, adquieren la posibilidad de romper ellos solos el frente del capital; porque no estimula a los distintos países a emprender una arremetida enérgica contra el capital, sino a mantenerse pasivamente a la expectativa, en espera del “desenlace general”; porque no fomenta en los proletarios de los distintos países la decisión revolucionaria, sino las dudas a lo Hamlet: A)y si los demás no nos apoyan?”. Lenin tiene completa razón al decir que la victoria del proletariado en un solo país es un “caso típico”, que “la revolución simultanea en varios países” sólo puede darse como una “excepción rara” (v t. XXIII, pág. 354). Pero la teoría leninista de la revolución no se

circunscribe, como es sabido, a este solo aspecto del problema. Es, al mismo tiempo, la teoría del desarrollo de la revolución mundial*. La victoria del socialismo en un solo país no constituye un fin en sí. La revolución del país victorioso no debe considerarse como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en todos los países. Porque la victoria de la revolución en un solo país, en este caso en Rusia, no es solamente un producto del desarrollo desigual y de la disgregación progresiva del imperialismo. Es, al mismo tiempo, el comienzo y la premisa de la revolución mundial. Es indudable que las vías del desarrollo de la revolución mundial no son tan sencillas como podían parecer antes de la victoria de la revolución en un solo país, antes de la aparición del imperialismo desarrollado, “antesala de la revolución socialista”. Porque ha surgido un factor nuevo tan importante como la ley del desarrollo desigual de los países capitalistas, que rige bajo las condiciones del imperialismo desarrollado y evidencia la inevitabilidad de los conflictos armados el debilitamiento general del frente mundial del capital y la posibilidad de la victoria del socialismo en algunos países por separado.

Porque ha surgido un factor nuevo tan importante como el inmenso País Soviético, situado entre el Occidente y el Oriente, entre el centro de la explotación financiera del mundo y el teatro de la opresión colonial, un país cuya sola existencia revoluciona el mundo entero. Todos estos factores (por no citar otros de menor importancia) no pueden ser pasados por alto al estudiar las vías de la revolución mundial. Antes solía suponerse que la revolución iría desarrollándose por “maduración” gradual de los elementos de socialismo, ante todo en los países más desarrollados, en los países “adelantados”. Ahora, esta idea debe ser modificada de modo substancial. “El sistema de las relaciones internacionales - dice Lenin- es actualmente tal, que uno de los Estados de Europa, Alemania, se ve avasallado por los Estados vendedores. Por otra parte, diversos Estados, por cierto los más antiguos del Occidente, se hallan, gracias a la victoria, en condiciones de poder aprovechar esa misma victoria para hacer a sus clases oprimidas una serie de concesiones, que, si bien son insignificantes, retardan el movimiento revolucionario en estos países, creando una apariencia de “paz social”. “Al mismo tiempo, otros muchos países -el Oriente, la India, China, etc.- se han visto definitivamente sacados de su carril, precisamente por causa de la última guerra imperialista. Su desarrollo se ha orientado definitivamente por la vía general del capitalismo europeo. En esos

* Véase antes: “Los fundamentos del leninismo”, J. St. países ha comenzado la misma efervescencia que se observa en toda Europa. Y para todo el mundo es ahora claro que ellos han entrado en un proceso de desarrollo que no puede por menos de conducir a la crisis de todo el capitalismo mundial”. En vista de esto y en relación con ello, “los países capitalistas de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo hacia el socialismo... de un modo distinto a como esperábamos anteriormente. No lo llevan a término por un proceso gradual de “maduración” del socialismo en ellos, sino mediante la explotación de unos Estados por otros, mediante la explotación del primer Estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario, gracias precisamente a esta primera guerra imperialista, viéndose arrastrado definitivamente a la órbita general del movimiento revolucionario mundial” (v. t. XXVII, págs. 415-416).

Si a esto se añade que no sólo los países vencidos y las colonias son explotados por los países vencedores, sino que, además, una parte de los países vencedores cae en la órbita de la explotación financiera de los países vencedores más poderosos, de los Estados Unidos e Inglaterra; que las contradicciones entre todos estos países constituyen el factor más importante de la disgregación del imperialismo mundial; que, además de estas contradicciones, existen y se están desarrollando otras contradicciones, profundísimas, dentro de cada uno de estos países; que todas estas contradicciones se ahondan y se agudizan por el hecho de existir al lado de esos países la gran República de los Soviets; si tomamos todo eso en consideración, tendremos una idea, más o menos completa, de la peculiaridad de la presente situación internacional. Lo más probable es que la revolución mundial se desarrolle del siguiente modo: nuevos países se desgajarán del sistema de los países imperialistas por vía revolucionaria, siendo apoyados sus proletarios por los proletarios de los países imperialistas. Vemos que el primer país que se ha desgajado, el primer país que ha vencido, es apoyado ya por los obreros y las masas trabajadoras de los otros países. Sin este apoyo no podría mantenerse. Es indudable que este apoyo irá cobrando mayor intensidad y fuerza. Pero también es indudable que el mismo desarrollo de la revolución mundial, el mismo proceso por el que se desgajen del imperialismo nuevos países se operará con tanta mayor rapidez y profundidad cuanto más firmemente se vaya consolidando el socialismo en el primer país victorioso, cuanto más rápidamente se transforme este país en una base para el desarrollo sucesivo de la revolución mundial, en una palanca de la disgregación sucesiva del imperialismo. Si es cierta la tesis de que el triunfo definitivo del

socialismo en el primer país liberado no es posible sin los esfuerzos comunes de los proletarios de varios países, no menos lo es que la revolución mundial se desarrollará con tanta mayor rapidez y profundidad, cuanto más eficaz sea la ayuda prestada por el primer país socialista a los obreros y a las masas trabajadoras de todos los otros países. ¿En qué debe consistir esta ayuda? En primer lugar, en que el país que ha triunfado “lleve a cabo el máximo de lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países” (v. Lenin, t. XXIII, pág. 385). En segundo lugar, en que “el proletariado triunfante” de un país, “después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrente con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados” (v. Lenin, t. XVIII, págs. 232-233). La particularidad característica de esta ayuda del país victorioso no sólo consiste en que acelera la victoria del proletariado de los otros países, sino también en que, al facilitar esta victoria, asegura el triunfo definitivo del socialismo en el primer país victorioso.

Lo más probable es que, en el curso del desarrollo de la revolución mundial, se formen, al lado de los focos de imperialismo en distintos países capitalistas y al lado del sistema de estos países en todo el mundo, focos de socialismo en distintos países soviéticos y un sistema de estos focos en el mundo entero, y que la lucha entre estos dos sistemas llene la historia del desarrollo de la revolución mundial. Pues, “la libre unión de las naciones en el socialismo -dice Lenin- es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolongada, de las repúblicas socialistas contra los Estados atrasados” (v. lugar citado). La importancia mundial de la Revolución de Octubre no sólo reside en que es la gran iniciativa de un país que ha abierto una brecha en el sistema del imperialismo y constituye el primer foco de socialismo en medio del océano de los países imperialistas, sino también en que es la primera etapa de la revolución mundial y una base potente para su desenvolvimiento sucesivo. Por eso no sólo yerran quienes olvidando el carácter internacional de la Revolución de Octubre, afirman que la victoria de la revolución en un solo país es un fenómeno pura y exclusivamente nacional; yerran también quienes, sin olvidar el carácter internacional de la Revolución de Octubre, propenden a considerarla como algo pasivo, sujeto únicamente al apoyo que pueda recibir del exterior. La realidad es que no sólo la Revolución de Octubre necesita del apoyo de la revolución de los otros países, sino que también la revolución de estos países necesita del apoyo de la Revolución de Octubre para acelerar e impulsar el derrocamiento del imperialismo mundial. 17 de diciembre de 1924.

J. Stalin, “Camino de Octubre”, Editorial del Estado, 1925.

-OTAS

La XIII Conferencia del P.C.(b) de Rusia se celebró en Moscú del 16 al 18 de enero de 1924. Asistieron a ella 128 delegados con voz y voto y 222 con derecho a voz. La Conferencia discutió cuestiones de la edificación del Partido, de la situación internacional y las tareas inmediatas de la política económica. En relación con el informe de J. V. Stalin “Sobre las tareas inmediatas de la edificación del Partido”, la Conferencia adoptó dos resoluciones: “Sobre la edificación del Partido” y “Sobre los resultados de la discusión y la desviación pequeñoburguesa en el Partido”. La Conferencia condenó a la oposición trotskista, declarando que representaba en el Partido una desviación pequeñoburguesa respecto del marxismo, y propuso al Comité Central que diese publicidad al séptimo punto de la resolución “Sobre la unidad del Partido”, adoptada por el X Congreso del P.C.(b) de Rusia a propuesta de V. I. Lenin. Estos acuerdos de la Conferencia fueron aprobados por el XIII Congreso del Partido y por el V Congreso de la Internacional Comunista. (V. las resoluciones de la Conferencia en “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 535-556, ed. en ruso, 1941.).

Se alude a la resolución sobre la edificación del Partido adoptada en la reunión conjunta del Buró Político del C.C. y el Presídium de la C.C.C. del P.C.(b) de Rusia del 5 de diciembre de 1923 y que fue publicada el 7 de diciembre de 1923 en el núm. 278 de “Pravda”. El Pleno del C.C. del P.C.(b) de Rusia, celebrado el 14 y el 15 de enero de 1924, hizo el balance de la discusión en el Partido y aprobó la resolución del Buró Político del C.C. y del Presídium de la C.C.C. sobre la edificación del Partido, para presentarla a la XIII Conferencia del Partido (v. “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 533-540, ed. en ruso, 1941). Acerca del documento de los 46 oposicionistas v. “Historia del P.C.(b) de la U.R.S.S.”, págs. 339- 340, ed. en español, Moscú, 1947. Curzon, el ministro inglés de Relaciones Exteriores, envió el 8 de mayo de 1923 al Gobierno Soviético un ultimátum con acusaciones calumniosas. El ultimátum proponía que se retirara a los representantes plenipotenciarios soviéticos de Persia y del Afganistán, que se pusiera en libertad a los pesqueros ingleses detenidos por pescar sin licencia en las aguas territoriales del Norte de la U.R.S.S., etc., etc. En caso de que las condiciones del ultimátum no fuesen aceptadas en el transcurso de 10 días, Curzon amenazaba con la ruptura de las relaciones comerciales.

El ultimátum de Curzon creaba el peligro de una nueva intervención. El Gobierno Soviético rechazó las ilegítimas pretensiones del gobierno inglés, manifestando al mismo tiempo su plena disposición a regular las relaciones entre los dos países por vía pacífica, y tomó medidas para reforzar la defensa del país. Se alude a la ofensiva de las tropas alemanas del general Hoffmann sobre el territorio soviético en febrero de 1918 (sobre la ofensiva de Hoffmann, véase: J. V. Stalin, Obras, t. 4, ed. en español). Se alude al motín contrarrevolucionario de Cronstadt en 1921 y al alzamiento organizado por los kulaks en la provincia de Tambov en 1919- 1921. “Dñi” (“Días”): diario de los eseristas emigrados blancos; se publicó en Berlín a partir de octubre de 1922. “Zariá” (“La Aurora”): revista de los mencheviques de derecha emigrados blancos; se publicó en Berlín desde abril de 1922 hasta enero de 1924. El II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S. se celebró en Moscú del 26 de enero al 2 de febrero de 1924. En la primera sesión del Congreso, consagrada a la memoria de V. I. Lenin, J. V. Stalin pronunció un discurso en el cual prestó, en nombre del Partido Bolchevique, el gran juramento de velar por el cumplimiento de los mandamientos de Lenin. Con motivo de la muerte de Lenin, el Congreso aprobó el mensaje “A la humanidad trabajadora”.

Para perpetuar la memoria de Lenin, el Congreso acordó editar las Obras de Lenin, dar el nombre de Leningrado a Petrogrado, establecer un día de luto y levantar el Mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú y monumentos en las capitales de las repúblicas federadas, así como en Leningrado y en Tashkent. El Congreso discutió el informe acerca de la gestión del Gobierno Soviético y cuestiones relacionadas con el presupuesto de la U.R.S.S. y la institución del Banco Agrícola Central. El 31 de enero, el Congreso aprobó la primera Constitución (Ley Fundamental) de la U.R.S.S., redactada bajo la dirección de J. V. Stalin. El Congreso eligió el C.E.C., el Soviet de la Unión y el Soviet de las Nacionalidades. J. V. Stalin fue elegido al Soviet de la Unión. Se alude a la crisis económica y política de 1923 en Alemania. En el país se desarrolló un movimiento revolucionario de masas, como resultado del cual fueron formados gobiernos obreros en Sajonia y en Turingia y tuvo lugar en Hamburgo una insurrección armada. Después de aplastado el movimiento revolucionario en Alemania, se acentuó la reacción burguesa en toda Europa, así como el peligro de una nueva intervención contra la República Soviética. “Iskra” (“La Chispa”): primer periódico marxista

clandestino para toda Rusia; fue fundado por V. I. Lenin en diciembre de 1900 en el extranjero, de donde se introducía clandestinamente en Rusia (sobre la importancia y el papel desempeñado por la “Iskra”, v. “Historia del P.C.(b) de la U.R.S.S.”, págs. 38, 49, ed. en español, Moscú, 1947). El Congreso de Estocolmo o IV Congreso del P.O.S.D.R. (llamado también “Congreso de Unificación”) se celebró del 10 al 25 de abril (del 23 de abril al 8 de mayo) de 1906 (sobre el Congreso de Estocolmo, v. “historia del P.C.(b) de la U.R.S.S.”, págs. 107-109, ed. en español, Moscú, 1947). El V Congreso. (Congreso de Londres) del P.O.S.D.R. se celebró del 30 de abril al 19 de mayo (del 13 de mayo al 1 de Junio) de 1907 (sobre el V Congreso del P.O.S.D.R., véase: J. V. Stalin, Obras, t. 2, ed. en español, e “Historia del P.C.(b) de la U.R.S.S.”, págs. 112-115, ed. en español, 1947). El 3 de abril de 1924, en el C.C. del P.C.(b) de Rusia se celebró una reunión consagrada al trabajo entre la juventud, en la que participaron miembros del C.C. del Partido y los miembros y los suplentes del C.C. de la U.J.C.R. y representantes de las 10 organizaciones provinciales más importantes de la U.J.C.R. La reunión hizo el balance de la discusión sobre las tareas inmediatas del Komsomol desarrollada a comienzos de 1924.

Después de estudiar los resultados de la reunión, el C.C. del P.C.(b) de Rusia propuso a las organizaciones del Partido y de la Unión de la Juventud que lucharan por lograr la unidad y acuerdo en el trabajo en la U.J.C.R. y llamó a los dirigentes de la Unión de la Juventud a trabajar de modo unánime para cumplir las tareas planteadas por el Partido. Las conferencias de J. V. Stalin “Los fundamentos del leninismo” fueron publicadas en “Pravda” en abril y mayo de 1924. En mayo de 1924 apareció el folleto de J. V. Stalin “Acerca de Lenin y el leninismo”, en el que figuraban su discurso titulado “Lenin” y las conferencias “Los fundamentos del leninismo”. El trabajo de J. V. Stalin “Los fundamentos del leninismo” figura en todas las ediciones de su libro “Cuestiones del leninismo”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 51-52, ed. en español, Moscú, 1951. Se alude a las palabras de C. Marx en su carta a F. Engels del 16 de abril de 1856 (véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 426, ed. en español, Moscú, 1952). Se alude al artículo de F. Engels “Los bakuninistas en acción” (véase: F. Engels, “Die Bakunisten an der Arbeit”. “Der Volksslaat», núms. 105, 106 y 107 de 1873). V. I. Lenin, “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo” (v. Obras, t. 31, pág. 9, 4a ed. en ruso). V. J. Lenin, “¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas?” (v. Obras, t. 1, págs. 278-279, 4a ed. en ruso). El Congreso de Basilea de la II Internacional se celebró del 24 al 25 de noviembre de 1912.

Fue convocado con motivo de la guerra de los Balcanes y el peligro inminente de guerra mundial. El Congreso discutió una sola cuestión: la situación internacional y las acciones conjuntas contra la guerra. El manifiesto aprobado por el Congreso llamaba a los obreros a utilizar la organización y la fuerza del proletariado para la lucha revolucionaria contra el peligro de guerra e invitaba a declarar la “guerra a la guerra”. Véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. I. pág. 424, ed. en español, Moscú, 1951. Véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 347, ed. en español, Moscú, 1952. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 14, 4a ed. en ruso. C. Marx, “Tesis sobre Feuerbach” (véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 378, ed. en español, Moscú, 1952). V. I. Lenin, “El imperialismo, fase superior del capitalismo” (v. Obras, t. 22, págs. 173-290, 4a ed. en ruso). J. V. Stalin se refiere a los artículos de V. I. Lenin, escritos en 1905, “La socialdemocracia y el gobierno provisional revolucionario” -del que cita un extracto-, “La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado” y “Sobre el gobierno provisional revolucionario” (véase: V. I. Lenin, Obras, t. 8, págs. 247-263, 264- 274 y 427-447, 4a ed. en ruso). C. Marx y F. Engels, “Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas” (véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. I, pág. 96, ed. en español, 1951).

Véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. I, pág. 16, y t. II, pág. 434, ed. en español, Moscú, 1951-1952. Véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 395, ed. en español, Moscú, 1952. La Unión de Cooperativas Agrícolas de toda Rusia existió desde agosto de 1921 hasta junio de 1929. Véase el trabajo de V. I. Lenin “Acerca de la significación del oro en la actualidad y después de la victoria completa del socialismo” (Obras, t. 33, págs. 85-92, 4a ed. en ruso). La resolución “Sobre la unidad del Partido” fue escrita por V. I. Lenin y aprobada por el X Congreso del P.C.(b) de Rusia, celebrado del 8 al 16 de marzo de 1921 (véase: V. I. Lenin, Obras, t. 32, págs. 217-221, 4a ed. en ruso, y también “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 364-366, ed. en ruso, 1941). El XIII Congreso del P.C.(b) de Rusia fue el primer Congreso del Partido Bolchevique después de la muerte de V. I. Lenin y se celebró del 23 al 31 de mayo de 1924. J. V. Stalin dirigió las labores del Congreso, al que asistieron 748 delegados con voz y voto en representación de 735.881 militantes del Partido, de los que 241.591 pertenecían a la promoción leninista y 127.741 eran candidatos del período anterior a la promoción leninista. Los delegados con derecho a voz eran 416. El Congreso discutió los informes político y de organización del

Notas

C.C., los informes de la Comisión Revisora Central y de la Comisión Central de Control, el informe de la delegación del P.C.(b) de Rusia en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, cuestiones de organización del Partido, cuestiones relacionadas con el comercio interior y las cooperativas, sobre el trabajo en el campo, sobre el trabajo entre la juventud y otras. El Congreso condenó unánimemente la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa respecto del marxismo, como una revisión del leninismo, y confirmó las resoluciones de la XIII Conferencia del Partido “Sobre la edificación del Partido” y “Sobre los resultados de la discusión y la desviación pequeñoburguesa en el Partido”. El Congreso señaló la gran importancia de la promoción leninista y centró la atención del Partido en la necesidad de reforzar el trabajo para instruir en los fundamentos del leninismo a los jóvenes militantes del Partido. El Congreso encomendó al Instituto V. I. Lenin que preparase con el mayor cuidado una edición verdaderamente científica de las Obras completas de V. I. Lenin y una edición de sus obras escogidas, para las amplias masas obreras, en los idiomas de todas las nacionalidades de la U.R.S.S. Los comités campesinos de ayuda mutua social se organizaban en los Soviets rurales y en los comités ejecutivos de los Soviets de subdistrito de acuerdo con el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo de 14 de mayo de 1921, firmado por V. I.

Lenin; estos comités funcionaron hasta 1933. Los comités campesinos de ayuda mutua social fueron creados para mejorar la ayuda social a los campesinos y a las familias de los combatientes del Ejército Rojo, para desarrollar la actividad y la iniciativa de las amplias masas campesinas. El Reglamento de las sociedades campesinas de ayuda mutua, aprobado por el C.E.C. y el Consejo de Comisarios del Pueblo de la R.S.F.S.R. en septiembre de 1924, señalaba también a los comités campesinos de ayuda mutua social la tarea de contribuir al desarrollo y a la consolidación, entre la población rural, de las distintas formas de cooperación y de atraer a ésta a las masas de campesinos pobres y medios. El 23 de mayo de 1924 tuvo lugar en la Plaza Roja de Moscú un desfile de los pioneros en honor del XIII Congreso del P.C.(b) de Rusia y por haberse dado a su organización el nombre de “Organización Comunista Infantil V. I. Lenin”. El desfile, en el que participaron cerca de 10.000 pioneros, fue presenciado por la presidencia del XIII Congreso del P.C.(b) de Rusia. Las sociedades anónimas (estatales, mixtas y cooperativas) eran organizadas en la U.R.S.S. por el Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior, el Comisariado del Pueblo del Comercio Interior, el Comisariado del Pueblo de finanzas previa autorización del Consejo de Trabajo y Defensa. Con ello se perseguía el fin de atraer recursos, incluso de industriales privados, para la más rápida restauración de la economía nacional y para el desarrollo del intercambio de mercancías.

Las sociedades mixtas, una de las formas de las sociedades anónimas, atraían capitales extranjeros para el acopio de mercancías de exportación en el interior del país, su venta en el extranjero y la importación de los artículos necesarios para la restauración de la economía nacional. Las sociedades mixtas eran controladas por el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Las sociedades anónimas funcionaron en el primer período de la Nep. “Krestiánskaia Gazieta” (“La Gaceta Campesina”): órgano del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. Era un periódico de masas para el campo y se publicó desde noviembre de 1923 hasta febrero de 1939. Los comités de aldeanos pobres de Ucrania agrupaban a los campesinos sin tierra o con poca tierra; se organizaron para defender los intereses de los campesinos pobres y medios. Existieron desde 1920 y fueron suprimidos después de la colectivización total, en 1933. En el primer período de su existencia (1920-1921), estos comités eran organizaciones políticas, que, contribuían a la consolidación del Poder de los Soviets en el campo. Al implantarse la nueva política económica, los comités de aldeanos pobres fueron reorganizados, convirtiéndose en organizaciones sociales de producción, cuya tarea principal era incorporar a los campesinos a las cooperativas agrícolas de todo tipo. Los comités de aldeanos pobres fueron enérgicos portavoces de la política del Partido y del Estado en el campo.

Las unidades militares territoriales fueron creadas, en virtud del decreto del C.C.C., y del Consejo de Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S. de 8 de agosto de 1923, al lado de las unidades regulares del Ejército Rojo. Las unidades territoriales fueron organizadas, según el principio de la milicia, para la instrucción militar de los trabajadores mediante breve estancia en campamentos militares. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 33, págs. 231-291, 4ª ed. en ruso. Se alude al trabajo de V. I. Lenin “Sobre el impuesto en especie” (v. Obras, t. 32, págs. 308- 343, 4a ed. en ruso). Se alude, a la resolución “Sobre los resultados de la discusión y la desviación pequeñoburguesa en el Partido”, aprobada en la XIII Conferencia del P.C.(b) de Rusia el 18 de enero de 1924 en relación con el informe de J. V. Stalin “Sobre las tareas inmediatas de la edificación del Partido” (v. “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 540-545, ed. en ruso, 1941). La política de reconocimiento de la U.R.S.S. por los países capitalistas se expresó en el establecimiento de relaciones diplomáticas con la U.R.S.S., en febrero de 1924, por parte de Inglaterra, Italia, Noruega y Austria; en marzo, por parte de Grecia y Suecia; en junio, por parte de Dinamarca; en octubre, por parte de Francia; en enero de 1925, por parte del Japón y otros Estados. Véase: V. L Lenin, Obras, t. 33, págs. 231-291, 4a

ed. en ruso. Véase: “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 566-568, ed. en ruso, 1941. Véase: “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 589-598, ed. en ruso, 1941. Véase: “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 582-588, ed. en ruso, 1941. La reforma monetaria: cambio de la moneda soviética depreciada por el chervonets, con una sólida cobertura oro. La reforma fue efectuada por el Gobierno Soviético en el transcurso de 1924. Véase: “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 578-582, ed. en ruso, 1941. Véase: “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte I, págs. 307-311, ed. en ruso, 1941. Se alude al Pleno del C.C. del P.C.(b) de Rusia celebrado el 2 de junio de 1924, después del XIII Congreso del Partido. J. V. Stalin fue elegido miembro del Buró Político, del Buró de Organización, del Secretariado del C.C. del P.C.(b) de Rusia y reelegido Secretario General del C.C. del P.C.(b) de Rusia. El Pleno discutió cuestiones relacionadas con la representación del P.C.(b) de Rusia en el Comité Ejecutivo de la I.C. y en el V Congreso de la I.C., con los salarios, la industria metalúrgica, la sequía, etc.

Para estudiar detalladamente las cuestiones del trabajo en el campo, se acordó organizar una Comisión permanente del Pleno del C.C. del P.C.(b) de Rusia para el trabajo en el campo. Por encargo del Pleno, el Buró Político del C.C. organizó la Comisión, de la que formaron parte, entre otros, V. M. Mólotov (presidente), J. V. Stalin, M. L Kalinin, L. M. Kaganóvich y N. K. Krúpskaia. Por acuerdo del Pleno del C.C. del P.C.(b) de Rusia, en septiembre de 1924 la Comisión fue transformada en Conferencia de trabajo en el campo, aneja al C.C. del P.C.(b) de Rusia. Véase: “El P.C.(b) de la U.R.S.S. en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del C.C.”, parte 1, págs. 610-617, ed. en ruso, 1941. “Rabochi Korrespondent” (“El Corresponsal Obrero”): revista mensual que se publicó de enero de 1924 a junio de 1941. Desde enero de 1925 se publicó bajo el título de “Raboche-Krestianski Korrespondent” (“El Corresponsal Obrero y Campesino”). La Comisión Polaca fue formada en el V Congreso de la I.C., celebrado en Moscú del 17 de junio al 8 de julio de 1924. J. V. Stalin era miembro de las comisiones más importantes del Congreso y presidente de la Comisión Polaca. La resolución sobre la cuestión polaca, propuesta por la Comisión, fue aprobada unánimemente en la primera reunión del Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la I.C., el 12 de julio de 1924.

El grupo de Brandler: grupo oportunista de derecha del Partido Comunista Alemán. Los partidarios de Brandler, que habían entablado una colaboración carente de todo principio con los dirigentes de la socialdemocracia alemana; contribuyeron a la derrota de la clase obrera de Alemania durante los acontecimientos revolucionarios de 1923. El V Congreso de la I.C. (1924) condenó la línea capituladora del grupo de Brandler. Por acuerdo del V Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la I.C., celebrado el 4 de abril de 1925, al grupo de Brandler se le prohibió inmiscuirse en los asuntos del Partido Comunista de Alemania y participar en el trabajo de la I.C. En 1929, Brandler fue expulsado del Partido Comunista por su actividad fraccional. Se alude a la poesía de D. Biedni “Tracción” (véase: D. Biedni, Obras completas, t. IX, págs. 86- 93, ed. en ruso, 1928). El “bloque de izquierdas” en Francia: bloque de los radicales y los radicales socialistas, encabezado por Eduardo Herriot. El bloque subió al Poder en mayo de 1924. Encubriéndose con frases “de izquierda”, el gobierno del “bloque de izquierdas” apoyaba enérgicamente, en la práctica, al imperialismo francés en su política exterior e interior. El gobierno de Herriot se mantuvo en el Poder hasta abril de 1925. La Conferencia de Londres de la Entente se celebró del 16 de julio al 16 de agosto de 1924. En ella participaron Inglaterra, Francia, los Estados Unidos de América y otros países.

La Conferencia fue convocada para discutir y resolver el problema de las reparaciones a pagar por Alemania. El gobierno obrero de Sajonia fue formado el 11 de octubre de 1923 como resultado del movimiento revolucionario de masas que se desarrolló en toda Alemania. Formaron parte de él cinco socialdemócratas y dos comunistas. Encabezaba el gobierno el socialdemócrata “de izquierda” Zeigner. Los comunistas que formaban parte del gobierno de Sajonia aplicaban la política capituladora de la dirección brandlerista del P.C. de Alemania y, junto con los socialdemócratas “de izquierda”, impidieron que el proletariado se armase y que la revolución en Alemania se desarrollara. El 30 de octubre de 1923, las tropas imperiales disolvieron el gobierno obrero de Sajonia. El grupo de Souvarine: grupo oportunista en el Partido Comunista Francés. Lo encabezaba Souvarine, ferviente partidario de Trotski. Apoyando a la oposición trotskista en el P.C.(b) de Rusia, el grupo de Souvarine calumniaba al Partido Comunista de Francia y a la I.C. e infringía descaradamente la disciplina del Partido. En 1924, el IV Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la I.C. dio satisfacción a la exigencia del Partido Comunista Francés de que se expulsase a Souvarine de sus filas, y el VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la I.C., celebrado en 1926, lo expulsó de la Internacional Comunista por realizar propaganda contrarrevolucionaria.

Notas

El V Congreso Mundial de la I.C. se celebró en Moscú del 17 de junio al 8 de julio de 1924. Asistieron al Congreso 510 delegados, que representaban a 60 organizaciones de 49 países. El Congreso discutió cuestiones relacionadas con la actividad del Comité Ejecutivo de la I.C., la situación económica mundial, la situación económica en la U.R.S.S. y la discusión en el P.C.(b) de Rusia, el fascismo, la táctica en el movimiento sindical, las células de empresa, cuestiones de los Partidos de distintos países, cuestiones programáticas, la cuestión nacional, la agraria y otras. J. V. Stalin era miembro de la presidencia del Congreso y de sus comisiones más importantes: la política, la de redacción del programa y la encargada de elaborar la resolución sobre el leninismo. Además, presidía la Comisión Polaca. El V Congreso de la I.C. apoyó unánimemente al Partido Bolchevique en su lucha contra el trotskismo. El Congreso ratificó la resolución de la XIII Conferencia y del XIII Congreso del P.C.(b) de Rusia “Sobre los resultados de la discusión y la desviación pequeñoburguesa en el Partido” y acordó publicarla como resolución del Congreso. El Congreso tomó el acuerdo de fortalecer los Partidos Comunistas de los países capitalistas, el acuerdo de bolchevizarlos y hacer de ellos verdaderos partidos de masas que se apoyasen en los sindicatos. La Internacional Sindical Roja fue fundada en 1921 y funcionó hasta fines de 1937.

Agrupaba a los sindicatos revolucionarios y se atenía a los principios de la Internacional Comunista. La organización de Ámsterdam (la Internacional de Ámsterdam): Organización Internacional de los Sindicatos; se fundó en julio de 1919 en el Congreso Internacional de Ámsterdam. Agrupaba a los sindicatos reformistas de varios países de Europa Occidental y de los Estados Unidos, y su programa y su táctica eran antirrevolucionarios, hostiles al comunismo. La organización de Ámsterdam dejó de existir al ser creada la Federación Sindical Mundial en el I Congreso Mundial de los Sindicatos (en septiembre-octubre de 1945). El grupo de izquierda de Levi: grupo del Partido Socialdemócrata de Alemania. En octubre de 1923, cuando se formó el gobierno obrero de Sajonia, el grupo de Levi por temor a perder su influencia en las masas obreras, declaró que estaba dispuesto a colaborar con los comunistas, pero, de hecho, encubrió la política contrarrevolucionaria de la socialdemocracia y ayudó a la burguesía a aplastar el movimiento revolucionario del proletariado. La reunión de secretarios de células rurales en el C.C. del P.C.(b) de Rusia se celebró del 21 al 24 de octubre de 1924. Asistieron a la reunión 62 funcionarios de organizaciones del Partido. De ellos, 4 representaban a comités de las regiones y provincias centrales, 15 a comités de comarca y de distrito, 17 a comités de subdistrito, 11 a células rurales, 11 a células del Komsomol y 4 a las organizadoras de subdistrito de las campesinas.

La reunión escuchó y discutió el informe de V. M. Mólotov “Sobre las tareas inmediatas de las células rurales”, el de M. I. Kalinin “El nuevo reglamento de los comités campesinos de ayuda mutua”, el de L. M. Kaganóvich “El aparato soviético de base”, el de N. K. Krúpskaia “El trabajo político y educativo en el campo”, informes de las organizaciones y otras cuestiones. J. V. Stalin participó en las labores de la reunión y el 22 de octubre pronunció el discurso “Las tareas inmediatas del Partido en el campo”. Se alude a la insurrección contrarrevolucionaria que tuvo lugar en Georgia a fines de agosto de 1924, organizada por los mencheviques y los nacionalistas burgueses georgianos con la ayuda de los líderes de la II Internacional y agentes de países extranjeros. La insurrección fue sofocada rápidamente con la enérgica participación de los obreros y de las masas campesinas trabajadoras de Georgia. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 33, pág. 273, 4a ed. en ruso. El Pleno del C.C. del P.C.(b) de Rusia se celebró del 25 al 27 de octubre de 1924. El Pleno discutió cuestiones de la economía y el informe de V. M. Mólotov “Tareas inmediatas del trabajo en el campo”. El Pleno aprobó la resolución “Sobre las tareas inmediatas del trabajo en el campo”, en la que se daba a las organizaciones del Partido indicaciones, complementando y ampliando los acuerdos del XIII Congreso del Partido acerca del trabajo en el campo. J. V.

Stalin dirigió las labores del Pleno y, en la reunión del 26 de octubre, pronunció el discurso “Las tareas del Partido en el campo”. La “comisión de enlace”, compuesta por Chjeídze, Steklov, Sujánov, Filíppovski y Skóbelev, (posteriormente se sumaron a ella Chernov y Tsereteli), fue nombrada por el Comité Ejecutivo Central menchevique-eserista del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado el 7 de marzo de 1917 para establecer contacto con el Gobierno Provisional, “influir” en él y “controlar” su actuación. De hecho, la “comisión de enlace” ayudaba a aplicar la política burguesa del Gobierno Provisional e impedía a las masas obreras emprender una lucha revolucionaria activa por el paso de todo el Poder a los Soviets. La “comisión de enlace” existió hasta mayo de 1917, cuando los representantes de los mencheviques y los eseristas pasaron a formar parte del Gobierno Provisional. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 24, págs. 1-7, 4a ed. en ruso. La Conferencia local de Petrogrado del P.O.S.D.R.(b) se celebró del 27 de abril al 5 de mayo (del 14 al 22 de abril) de 1917. Asistieron a la Conferencia 57 delegados. En las labores de la Conferencia participaron V. I. Lenin, y J. V. Stalin. V. I. Lenin hizo el informe sobre el momento, tomando como base sus Tesis de Abril. J. V. Stalin fue miembro de la Comisión para redactar la resolución sobre el informe de V. I. Lenin. Acerca de la VII Conferencia de los bolcheviques de toda Rusia (la Conferencia de Abril) v. “Historia del P.C.(b) de la U. R .S.S.”, págs. 240-244, ed. en

español, Moscú, 1947. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 23, págs. 289-333, 4a ed. en ruso. Véase: “Discurso de V. I. Lenin en la reunión del Comité de Petrogrado del P.O.S.D.R.(b) el 24 (11) de junio de 1917 con motivo de la suspensión de la manifestación” (Obras, t. 25, págs. 62-63, 4a ed. en ruso). El Congreso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados de la Región del Norte se celebró del 24 al 26 (del 11 al 13) de octubre de 1917 en Petrogrado, bajo la dirección de los bolcheviques. En el Congreso había representantes de Petrogrado, Moscú, Cronstadt, Nóvgorod, Rével, Helsingfors, Víborg y otras ciudades. En total asistieron 94 delegados; 51 de ellos eran bolcheviques. El Congreso aprobó una resolución sobre la necesidad del paso inmediato del Poder a los Soviets en el centro y en provincias, llamó a los campesinos a apoyar la lucha por el Poder de los Soviets y a los Soviets mismos a acciones enérgicas y a la creación de Comités Militares Revolucionarios para organizar la defensa armada de la revolución.

El Congreso formó el Comité Regional del Norte, encomendándole preparar la convocatoria del II Congreso de los Soviets de toda Rusia y unificar la actividad de todos los Soviets regionales. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 26, pág. 162, 4a ed. en ruso. Véase: V. I. Lenin, Obras, t. 26, pág. 165, 4a ed. en ruso. El libro de J. V. Stalin “Camino de Octubre” apareció en dos ediciones, en enero y mayo de 1925. Los artículos y discursos que figuran en este libro entran en el tomo 3 de las Obras de J. V. Stalin. El prefacio fue terminado por el autor en diciembre de 1924, y únicamente fue publicado completo en el libro “Camino de Octubre”. La mayor parte del prefacio, bajo el título “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos”, vio la luz en diferentes colecciones de artículos y en folletos y, además, en todas las ediciones del libro de J. V. Stalin “Cuestiones del leninismo”. Parte del prefacio se ha publicado en el torno 3 de las Obras de J. V. Stalin, como nota del autor al artículo “Contra el federalismo”. Véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 434-435. ed. en español, Moscú, 1952.