Hay hombres, jefes del proletariado, acerca de los cuales no alborota la prensa, quizá porque ellos mismos no gustan de alborotar acerca de su persona, pero que son, no obstante, savia viva y verdaderos dirigentes del movimiento revolucionario. Y. M. Sverdlov era uno de esos jefes. Organizador de pies a cabeza, organizador por naturaleza, por sus hábitos, por su educación revolucionaria, por su instinto, organizador por toda su desbordante actividad; tal es la figura de Y. M. Sverdlov. ¿Qué significa ser jefe y organizador en nuestra situación, cuando en el Poder se encuentra el proletariado? No significa elegir ayudantes, montar una oficina y dar disposiciones a través de ella. En nuestras condiciones, ser jefe y organizador significa, en primer lugar, conocer a los funcionarios, saber percibir sus virtudes y sus defectos, saber tratar con ellos y, en segundo lugar, saber distribuirlos de forma: 1. que cada funcionario sienta que está en su sitio; 2. que cada funcionario pueda dar a la revolución el máximo de lo que le permiten sus cualidades personales; 3. que esa distribución de los funcionarios no sea causa de tropiezos en el trabajo y tenga por fruto una labor acorde, unidad y la elevación general del trabajo en su conjunto; 4. que la orientación general del trabajo organizado de este modo sea expresión y cumplimiento de la idea política para la que se realiza la distribución de los funcionarios. Y. M. Sverdlov era precisamente ese tipo de jefe y organizador de nuestro Partido y de nuestro Estado. El período de 1917-1918 fue un período crucial para el Partido y para el Estado. En aquel período, el Partido llegó a ser, por vez primera, fuerza gobernante.

Por vez primera en la historia de la humanidad surgió un Poder de nuevo tipo, el Poder de los obreros y de los campesinos, el Poder de los Soviets. Pasar el Partido, hasta entonces clandestino, a nuevos cauces, crear las bases de organización del nuevo Estado proletario y encontrar las formas de organización para las relaciones entre el Partido y los Soviets, asegurando al Partido la dirección y a los Soviets su desarrollo normal: tal era la compleja tarea de organización planteada entonces ante el Partido. En el Partido no habrá quien se atreva a negar que Y. M. Sverdlov fue uno de los primeros, si no el primero, que solucionó con acierto y sin trastornos esta tarea organizativa de edificación de una nueva Rusia. Los ideólogos y los agentes de la burguesía gustan de repetir frases trilladas diciendo que los bolcheviques no saben construir, que únicamente son capaces de demoler. Y. M. Sverdlov y todo su trabajo son una refutación viva de esos infundíos. Y. M. Sverdlov y su trabajo en nuestro Partido no son una casualidad. El partido que ha engendrado a un constructor tan eminente como Y. M. Sverdlov puede decir con toda seguridad que sabe construir lo nuevo tan bien como destruir lo viejo. Estoy muy lejos de pretender que conozco a todos los organizadores y edificadores de nuestro Partido, pero debo decir que, de todos los organizadores destacados que conozco -después de Lenin-, sólo hay dos de los que el Partido puede y debe enorgullecerse; son I. F. Dubróvinski, que murió deportado, en Turujansk, e Y. M. Sverdlov, que se consumió en el trabajo de edificación del Partido y del Estado.

Publicado con la firma de J. Stalin en noviembre de 1924, en el núm. 11 (34) de “Proletárskaia Revolutsia”.