19 de enero de 1925. He pedido la palabra para apoyar en todo la propuesta del camarada Frunze. Opino que debemos acordar aquí tres cosas. En primer término, hay que aceptar la propuesta del camarada Frunze respecto a las nuevas asignaciones: 5.000.000 de rublos, lo que dará un total de 405.000.000. En segundo término, hay que adoptar una disposición confirmando al camarada Frunze presidente del Consejo Militar Revolucionario. En tercer término, hay que imponer al Partido la obligación de prestar, por lo que se refiere a personal, todo apoyo al nuevo Consejo Militar Revolucionario. He de decir que, últimamente, a consecuencia de haber aumentado algunas necesidades de nuestros organismos económicos y de que las exigencias económicas y culturales rebasan nuestras posibilidades, ha surgido entre nosotros cierta tendencia liquidacionista respecto al ejército. Hay entre nosotros camaradas que dicen que se debe ir reduciendo el ejército poco a poco hasta convertirlo en una milicia. No se refieren al sistema de milicias, sino a un ejército de paz, a la transformación del ejército en simple fuerza pública, falta de toda preparación para afrontar complicaciones bélicas. Debo declarar de la manera más categórica que es necesario liquidar enérgicamente esa tendencia liquidacionista. ¿Por qué? Porque, últimamente, la situación internacional empieza a cambiar de raíz. Se están creando nuevas premisas, que nos auguran nuevas complicaciones, y nosotros debemos estar dispuestos a hacerles frente. La posibilidad de intervención vuelve a ser un problema actual. ¿A qué hechos me refiero? En primer lugar, al ascenso del movimiento colonial y de todo el movimiento de liberación en el Oriente. La India, China, Egipto y el Sudán son bases importantes para el imperialismo. Allí, el movimiento colonial crece y seguirá en aumento. Eso no puede por menos de volver contra nosotros, contra los Soviets, a las capas dirigentes de las grandes potencias, pues saben que las semillas que caigan en ese fértil campo del Oriente germinarán y darán brotes. Darán brotes necesariamente. Segundo hecho: maduran las complicaciones en el Norte de África, en la zona de Marruecos y de Túnez.

Con ese motivo se opera una nueva reagrupación de fuerzas, se hacen nuevos preparativos para nuevas complicaciones bélicas entre los imperialistas. España ha sido derrotada en Marruecos; Francia alarga sus garras hacia Marruecos; Inglaterra no tolerará que Francia se fortalezca en Marruecos; Italia quiere aprovechar la nueva situación para echar la zarpa a Túnez, cosa que no permitirán otros Estados; Inglaterra y Francia tratan de adelantarse una a otra y de asegurarse, por todos los medios, la influencia en los Balcanes, en los nuevos Estados surgidos de la disgregación de Austria-Hungría. Todo eso nos recuerda hechos conocidos de la historia de la pasada guerra, hechos que la precedieron. Albania no es una casualidad, es la lucha de las grandes potencias por afirmar su influencia en este pequeño pedazo de tierra. Todo eso evidencia que se está operando una preparación y un reagrupamiento de fuerzas en Europa entera, con motivo de las complicaciones surgidas ya en el Extremo Oriente y de las nuevas perspectivas que apuntan en el Norte de África. Todo eso son premisas de una nueva guerra.

Y una nueva guerra no podía por menos de afectar a nuestro país. Tercer hecho: aumentan las tendencias revolucionarias entre los obreros de Inglaterra. Este es un hecho cardinal. Inglaterra es el país dominante en Europa. La escisión iniciada entre el Consejo General de las Tradeuniones y el Partido Laborista, las grietas que se abren y ensanchan dentro del Partido Laborista de Inglaterra, nos indican que allí se desarrollan elementos revolucionarios, elementos nuevos. Eso alarma a las capas dirigentes de Inglaterra. Eso no puede por menos de incitarlas contra la Rusia Soviética, pues la reanimación del movimiento transcurre bajo la bandera de la amistad con Rusia. Cuarto hecho: considerando las premisas de que acabo de hablar; considerando que las premisas de guerra maduran y que la guerra puede llegar a ser inevitable, no mañana ni pasado mañana, naturalmente, sino dentro de unos años; considerando que la guerra agudizaría por fuerza la crisis interna, revolucionaria, tanto en el Oriente como en el Occidente, no puede por menos de plantearse ante nosotros la necesidad de estar preparados para todo.

Creo que las fuerzas del movimiento revolucionario del Occidente son grandes, crecen, seguirán creciendo y bien puede ocurrir que en algún sitio den al traste con la burguesía. De eso no cabe duda. Pero les será muy difícil mantenerse en el Poder. Así lo evidencian los ejemplos de los países limítrofes del nuestro, como Estonia y Letonia. El problema de nuestro ejército, de su potencia, de su preparación, se nos planteará necesariamente como un problema de actualidad cuando se produzcan complicaciones en los países que nos rodean. Ello no significa que, si se da esa situación, debamos sin falta intervenir activamente contra nadie. Eso no es cierto. Si a alguien se le escapa esa nota, no tiene razón. Nuestra bandera sigue siendo, como siempre, la bandera de la paz. Pero si la guerra empieza, no podremos permanecer con los brazos cruzados, habremos de entrar en ella, si bien entraremos los últimos. Y lo haremos para echar en la balanza la pesa decisiva, la pesa capaz de inclinarla. De ahí una conclusión: hay que estar preparados para todo, hay que preparar nuestro ejército, calzarlo y vestirlo, instruirlo, mejorar su material, mejorar sus recursos químicos, su aviación y, en términos generales, elevar nuestro Ejército Rojo a la altura debida. Así nos lo exige la situación internacional. Por eso opino que debemos satisfacer con irrevocable decisión las peticiones del departamento de guerra.

Se publica por primera vez.