Discurso en la reunión del Buró de Organización del C.C. del P.C.(b.) de Rusia 26 de enero de 1925. Ante todo, la cuestión de Sosnovski, aunque no es la principal. Se le acusa de haber afirmado en la prensa que todo el aparato soviético y que incluso el sistema soviético están podridos. Yo no he leído nada de eso, y nadie ha podido decir dónde lo escribió Sosnovski. Si hubiera declarado en algún sitio que el sistema de los Soviets estaba podrido, sería un contrarrevolucionario. Aquí está su libro. En él dice: “No conozco lo suficiente el campo ucraniano y por ello no me atrevo a juzgar del grado en que Dímovka es típica para todo él. Que lo decidan quienes conocen más a fondo la Ucrania Soviética. No obstante, me permito afirmar que Dímovka no es, ni mucho menos, una excepción. La prensa local, conversaciones con funcionarios, entrevistas con campesinos y algunos documentos que vinieron a parar a mis manos me han permitido advertir elementos de “dimovkismo” en otros pueblos”. Eso está expresado muy suavemente, y aquí no se habla para nada de descomposición del sistema soviético o del aparato soviético en su conjunto.

Por ello, las acusaciones lanzadas contra Sosnovski por la comisión o por algún que otro camarada no son justas. Igual da que hayan hecho esas acusaciones el comité provincial, que el comité comarcal, la comisión o determinadas personas: no hay nada que lo confirme, no hay documentos. Al contrario, yo querría señalar que esto es un mérito de Sosnovski. De ello nadie ha dicho una palabra. El mérito de “Pravda”, el mérito de Sosnovski y el mérito de Demián Biedni es que han tenido el valor de tomar un trozo de vida palpitante y de mostrarlo a todo el país: este mérito hay que destacarlo sin falta. De eso hay que hablar, y no de que han cargado las tintas. Se dice que Sosnovski ha cargado las tintas. Pero en tales casos, cuando existe una desviación general a enfocar los problemas oficialmente, mientras hay lacras ocultas en uno u otro sitio y que echan a perder todo el trabajo, se debe cargar las tintas. Es obligatorio hacerlo. Esto es inevitable. Esto sólo puede reportar provecho. Naturalmente, algunos se sentirán heridos, pero la causa saldrá ganando. Sin herir un tanto a ciertas personas, no arreglaremos las cosas.

Lo fundamental de este asunto no es, a mi entender, que mataran a un corresponsal rural; no lo es, incluso, la existencia de casos como el de Dímovka: todo eso es muy malo, pero lo fundamental no consiste en ello. Lo fundamental consiste en que algunos de nuestros funcionarios en el campo, en el subdistrito, en el distrito, en la comarca, no miran sino a Moscú, sin deseos de volverse hacia los campesinos, sin comprender que no basta estar a bien con Moscú, que también es preciso llevarse bien con los campesinos. Ese es el error principal, el principal peligro para nuestro trabajo en el campo. Muchos funcionarios dicen que aquí, en la capital, se ha puesto de moda hablar del campo de manera nueva, que eso es diplomacia para el mundo exterior y que nosotros no tenemos el deseo verdadero e inquebrantable de mejorar nuestra política en el campo. Eso es lo que yo estimo lo más peligroso. Si nuestros camaradas de las organizaciones no quieren creer que nos hemos propuesto seriamente inculcar a nuestros funcionarios una nueva actitud hacia el campo, hacia los campesinos, si no lo perciben y no quieren creer en ello, el peligro es gravísimo.

Lo que hace falta ahora es lograr que cambie de raíz esa mentalidad de los funcionarios locales, imprimir a su trabajo un brusco viraje, para que nuestra política con relación al campo se mire como algo serio y absolutamente necesario. Tenemos tres aliados: el proletariado internacional, que no se da prisa en hacer la revolución; las colonias, que se ponen en movimiento con gran lentitud, y el campesinado. No me refiero ahora al cuarto aliado, es decir, a los conflictos en el campo de nuestros enemigos. Resulta difícil decir cuándo se pondrá en movimiento la revolución internacional, pero el día que esto ocurra, ello será el factor decisivo. También resulta difícil decir cuándo se pondrán en movimiento las colonias; es ésta una cuestión muy seria y difícil, y no se puede afirmar nada concreto. Pero con el campesinado estamos trabajando ahora, es nuestro tercer aliado, y un aliado que nos proporciona una ayuda directa ya hoy, que nos da el ejército, el pan, etc. Con este aliado, es decir, con el campesinado, estamos trabajando, juntos con él estamos edificando el socialismo, bien

o mal, pero lo estamos edificando, y debemos saber justipreciar a este aliado precisamente ahora, particularmente ahora. Por eso ponemos hoy en el primer plano de nuestro trabajo la cuestión del campesinado. Debe decirse que la orientación actual de nuestra política es una orientación nueva, que marca una línea nueva de nuestra política con relación al campo en cuanto a la edificación del socialismo. Los camaradas no lo quieren comprender. Y si no comprenden esto, que es lo fundamental, ningún trabajo marchará adelante, no habrá en el país ninguna edificación socialista. Nuestros camaradas, olvidando esto, que es lo fundamental, se dejan llevar por lo que pudiéramos llamar consideraciones de campanario, y piensan que es necesario mostrar a Moscú todo “de color de rosa”, haciendo ver que las cosas marchan bien; piensan que hay que ocultar las lacras y que la crítica es innecesaria porque desacredita a las autoridades locales, a los funcionarios locales. Todo eso ocurre, y yo veo en ello el germen del más grave peligro. Hay que terminar con eso y hay que decir a los camaradas que no deben tener miedo a sacar a la luz del día trozos de vida, por desagradables que sean. Debemos hacer cambiar de posición a nuestros camaradas, para que no sólo miren hacia Moscú y aprendan a mirar también hacia los campesinos, a quienes sirven; para que no oculten las lacras y, por el contrario, nos ayuden a descubrir nuestros errores, a subsanarlos y a desplegar el trabajo en la dirección marcada ahora por el Partido. Una de dos (y de esto he hablado repetidas veces): o nos criticamos nosotros mismos, con los campesinos sin-partido y con los funcionarios de las organizaciones de los Soviets y del Partido, para mejorar nuestro trabajo; o el descontento de los campesinos se irá acumulando hasta estallar en sublevaciones. Tened en cuenta que, en razón de las nuevas condiciones, con la Nep, no está excluido, ni mucho menos, un nuevo Tambov o un nuevo Cronstadt. El levantamiento de Transcaucasia, de Georgia, ha sido una seria advertencia.

Tales levantamientos serán posibles en el futuro, si no aprendemos a descubrir y a curar nuestras llagas, si creamos una apariencia de bonanza. Por eso creo que aquí hay que hablar, no de los defectos ni de las exageraciones de ciertos escritores que ponen de manifiesto las fallas de nuestro trabajo, sino de que eso es un mérito. Ahora debo pasar a nuestros escritores, a los corresponsales. Creo que hemos llegado a un período en el que uno de los principales resortes para corregir nuestro trabajo de edificación en el campo, para poner de manifiesto nuestros defectos y, por consiguiente, para corregir y mejorar la labor de los organismos soviéticos, pueden ser los corresponsales obreros y rurales. Es posible que no todos lo comprendamos, mas para mí está claro que por ahí precisamente debe empezar el mejoramiento de nuestro trabajo. Esos hombres son, por lo general, gente de una gran sensibilidad, en los que arde la llama de la verdad, que desean denunciar y corregir, cueste lo que cueste, nuestras deficiencias, gente que no tiene miedo a las balas: ellos, a mi entender, deben ser uno de los resortes principales para sacar a la luz nuestros defectos y para corregir las deficiencias en el trabajo de edificación que realizan las organizaciones del Partido y los Soviets.

Por eso hay que prestar oído a la voz de esos camaradas, en vez de denostar contra los trabajadores de nuestra prensa. Por ellos, como con un barómetro que reflejase de manera inmediata los defectos de nuestra labor de edificación, podríamos poner al descubierto muchas cosas y corregirlas. En cuanto a la C.C.C., creo que ha aprobado una resolución acertada en líneas generales; puede que conviniera introducir alguna enmienda, retocar algunos puntos. Lo de Dímovka hay que exponerlo en la prensa de tal modo que nuestros camaradas comprendan por qué ocurre todo eso. El asunto no reside en que hayan matado a un corresponsal rural, ni mucho menos en no meterse con el secretario del comité comarcal o provincial, sino en encauzar el mejoramiento de nuestro trabajo socialista de edificación en el campo. Eso es lo fundamental. De eso es de lo que se trata.

J. Stalin, “La cuestión campesina”, Moscú- Leningrado. 1925.