Discurso en la reunión del Buró de Organización del C.C. del P.C.(b) de Rusia 6 de abril de 1925. Camaradas: La primera tarea estriba en asegurar a la Unión de la Juventud su núcleo proletario fundamental como núcleo dirigente de toda la Unión. El informante no ha hablado en absoluto de eso. No tiene nada de extraño, pues se trata de la labor del Komsomol en el campo, y no del núcleo proletario. Pero eso no es óbice para que la tarea principal del Komsomol siga siendo la de asegurarse un núcleo proletario. Me parece que el Komsomol trabaja en este sentido con bastante éxito. Puede decirse sin exagerar que la atracción de la juventud obrera al Komsomol marcha bien, y no está lejos el día en que la Unión encuadre, por lo menos, a las nueve décimas partes de la juventud obrera. La segunda tarea estriba en la acertada distribución de los funcionarios del núcleo proletario en los sitios más importantes y en las zonas fundamentales del país, con objeto de asegurar la dirección efectiva de la parte campesina de la juventud por dicho núcleo. Parto de que el número de jóvenes campesinos es superior al de jóvenes proletarios.

Parto de que las fuerzas proletarias de la juventud son insuficientes para distribuirlas de manera uniforme por todos los distritos y subdistritos de la Unión Soviética. Es necesario, por ello, distribuir esas fuerzas en los puntos y de la manera que permitan asegurar mejor su dirección de la juventud campesina. No creo que el Komsomol esté cumpliendo esta tarea tan bien como la primera. Sin embargo, hay motivos para suponer que trabaja con toda energía para cumplirla y que esta labor no tardará en dar sus frutos. La tercera tarea estriba en proporcionar al Komsomol en el campo un activo numeroso de jóvenes campesinos, en educar políticamente ese activo, en hacerlo vehículo de la política proletaria en el campo y convertirlo en el cemento que ligue al proletariado con las masas trabajadoras del campesinado. El asunto es difícil y en extremo complicado. Realizar esta tarea en un corto plazo es totalmente imposible. Para cumplirla, se requieren esfuerzos enormes y una gigantesca tensión de fuerzas por parte del núcleo proletario del Komsomol.

Pero es necesario cumplirla, cueste lo que cueste, pues de otra manera no es posible ni fortalecer el Komsomol ni asegurar la ligazón entre los obreros y los campesinos. Pero ¿cómo asegurarle al Komsomol el activo campesino, cómo educar a este activo y cómo conseguir que pueda ser el vehículo de la política proletaria en el campo? Se dice que el Komsomol tiene como mínimo 27.000 secretarios de células rurales. Se dice que, además de los secretarios de célula, hay activistas del Komsomol en las cooperativas, en los Soviets, en los comités campesinos, en las instituciones culturales, etc. Se dice que todo eso, junto, debe representar, por lo menos, un activo de 100.000 militantes del Komsomol en el campo. Es difícil saber si todo eso es cierto. Pero, si lo es, debo decir que este activo, inteligentemente utilizado, puede constituir una fuerza gigantesca, capaz de hacer milagros. Esta circunstancia tiene tanta mayor importancia por cuanto el activo del Partido en el campo es hoy día mucho menor. Y de ahí el problema: ¿cómo educar a este numeroso activo?, ¿cómo hacerlo, no de palabra, sino de hecho, vehículo de la política proletaria en el campo?

No pienso dar aquí una respuesta exhaustiva. No hay la menor posibilidad de hacerla en un breve discurso. Pero señalar algunas condiciones fundamentales, necesarias para abordar con acierto esta tarea, es cosa perfectamente hacedera incluso en un breve discurso. ¿Cuáles son esas condiciones? Son, por lo menos, ocho. Primera. Es necesario que el activo rural de la juventud reciba folletos de divulgación y otros materiales explicativos de los decretos del Poder Soviético en favor de los campesinos pobres. Es necesario que dicho activo conozca al dedillo esos decretos, sepa explicarlos a los campesinos pobres y sepa defender los intereses de éstos, sobre la base de dichos decretos, contra la preponderancia de los kulaks. Creo que el desconocimiento de esos decretos y su trasgresión sistemática por los “investidos de Poder” del campo constituye uno de los primeros males del actual estado de cosas en el campo. El activo del Komsomol en el campo debe velar por el cumplimiento de las leyes revolucionarias. Debe defender con todas sus fuerzas a los campesinos pobres. La tarea es, indudablemente, sencilla y

prosaica. No cabe duda de que resulta mucho más fácil charlar de la revolución mundial que realizar esta sencilla tarea cotidiana ligada con los decretos soviéticos. Pero también es indudable que, de otro modo, será imposible toda ligazón. Segunda. Es necesario que el activo rural de la juventud reciba folletos de divulgación de los rudimentos de la agronomía. Es necesario que ese activo estudie la agricultura, conozca las medidas para mejorarla y sepa dar al campesino las explicaciones precisas sobre el particular. El campesino no toma a menudo al joven comunista en serio, se burla de él. Y eso ocurre porque lo considera apartado de la hacienda, ignorante, vago. De ahí la tarea: aproximar al joven comunista a la hacienda y ligarlo a ella. El activista del Komsomol sólo podrá ganarse el respeto y la confianza del campesino si se compenetra con la agricultura, si aprende a dar consejos útiles para elevar la hacienda campesina, para mejorarla y fortalecerla. La tarea es, naturalmente, difícil y, quizás, aburrida. Pero no por ello deja de ser necesaria para ganarse la confianza del campesinado. Tercera. Es necesario que el activo del Komsomol en el campo reciba folletos de divulgación sobre el impuesto agrícola, el presupuesto local y la situación financiera del país. Los impuestos y el presupuesto local son ahora lo primero en la aldea. En este terreno se cometen infinidad de abusos.

Cómo distribuir los impuestos de manera que el campesino pobre no salga perjudicado y el kulak no se vea libre de la carga fiscal; cómo invertir el dinero del presupuesto local y en qué necesidades precisamente; cómo conseguir que los abusos en esta esfera sean descubiertos y eliminados: todas éstas son cuestiones que el activista del Komsomol no puede pasar por alto. La tarea es intervenir en todo ello y acudir en ayuda del campesino trabajador. Tampoco esto es fácil, y dista mucho de ser atrayente. Pero, de otro modo, no hay ni puede haber la menor edificación soviética en el campo. Cuarta. Es necesario que el activo del Komsomol en el campo reciba material de divulgación sobre cuestiones de la edificación soviética, la vivificación de los Soviets y la incorporación de los campesinos a la administración de la aldea, del subdistrito, del distrito, etc. Es necesario que el activista del Komsomol conozca al dedillo los reglamentos de los derechos y deberes de los Soviets locales, de los derechos y deberes de los campesinos respecto a los Soviets, del sistema electoral, de las elecciones mismas, etc. La tarea consiste en explicar a los campesinos la política del Partido y del Poder Soviético en el campo, en conseguir que esa política se aplique con honradez, concienzudamente. De otra manera, no se puede ni pensar en ganarse la confianza de los campesinos; en ampliar el activo campesino, en implantar la democracia proletaria en el campo.

Quinta. Es necesario proporcionar al activo rural del Komsomol folletos de divulgación sobre las cooperativas agrícolas, de crédito y de consumo, sobre los arteles y las haciendas colectivas en general. Es necesario que el activista del Komsomol sepa hacer participar a los campesinos en la formación de organizaciones cooperativas en el campo. Esto es difícil y complicado en extremo, pero es absolutamente necesario para incorporar el campo a la edificación socialista. Las cooperativas agrícolas y de crédito tienen ahora una importancia primordial para el campesino. La tarea consiste en lograr que la cooperativa llegue a ser cosa propia y entrañable para el campesinado. A este respecto, se debe prestar atención a la siguiente circunstancia: la carencia de aperos y de ganado de labor entre las capas pobres de los campesinos crea en la aldea una situación particular, favorable para la formación de arteles y haciendas colectivas si las instituciones de crédito del Estado prestan cierta ayuda. La tarea consiste en lograr que las capas pobres del campesinado puedan recibir los correspondientes créditos en condiciones ventajosas. El activista del Komsomol no puede pasar por alto estas cuestiones de vital importancia. Sexta. Es necesario que el activo del Komsomol en el campo reciba las indicaciones y los materiales necesarios para la labor cultural entre los campesinos, para el fomento de las salas rurales de lectura, para la liquidación del analfabetismo, etc.

La tarea consiste en hacer del activista del Komsomol un auxiliar natural de los Soviets y, en general, de las fuerzas culturales del campo en la obra de implantar la cultura soviética. Séptima. Es necesario que el activo del Komsomol en el campo tenga indicaciones exactas acerca de los derechos y deberes de los jóvenes comunistas, de las relaciones entre el Komsomol y el Partido, entre los Soviets y el Komsomol. Es necesario que el activista del Komsomol se considere auxiliar del Partido y del Poder Soviético en el campo. El ordeno y mando en el campo, los abusos durante las elecciones a los Soviets, los intentos de suplantar a las organizaciones del Partido, cooperativas y soviéticas, las golferías en la llamada propaganda antirreligiosa: todo esto debe ser desechado y suprimido inmediatamente como algo que denigra la bandera del Komsomol y es completamente indigno del título de joven comunista. La tarea consiste en luchar de manera implacable contra esos escándalos y en establecer las relaciones debidas entre el Komsomol y los organismos del Partido y de los Soviets. Octava. Es necesario que el activo del Komsomol en el campo reciba folletos de divulgación acerca de la alianza de los obreros y los campesinos, del sentido y la importancia de esta alianza, de la dictadura del proletariado, de los fundamentos del

comunismo, de la historia de la Revolución de Octubre, en fin, y de la vida de los campesinos bajo el zar y los terratenientes, de su vida actual y de cómo vivirán cuando se haya reforzado la ligazón con los obreros y se haya realizado el socialismo. El activista del Komsomol no debe, de ningún modo, amoldarse a los prejuicios del campesino. Una cosa es tener en cuenta esos prejuicios y otra amoldarse a ellos. El activista del Komsomol debe saber hablar al campesino con el lenguaje del comunista. Basándose en hechos concretos, debe saber convencer al campesino de que fuera del socialismo no tiene salvación. Tales son las condiciones cuyo cumplimiento es necesario para educar políticamente al activo rural del Komsomol y hacerlo vehículo de la política proletaria en el campo. La tarea del C.C. del Komsomol consiste en facilitar y controlar el cumplimiento de estas condiciones. Se habla del peligro que entraña el gigantesco crecimiento del Komsomol en el campo. Se habla de afluencia de la juventud campesina al Komsomol. No hay duda de que cierto peligro existe.

Pero también es indudable que el Komsomol puede no temer ese peligro si sabe cumplir airosamente las tareas planteadas más arriba. 100.000 activistas del Komsomol en el campo son una fuerza para la cual no puede ser peligrosa ninguna afluencia de jóvenes campesinos. Lo que hace falta es desplegar una enérgica labor de educación política de este activo. Lo que hace falta es orientar acertadamente la labor de este activo al fortalecimiento de la alianza de los obreros y los campesinos. Lo que hace falta es utilizar este activo para incorporar al campesinado a la edificación soviética, a la edificación de lo nuevo. Resumiendo: a) asegurar en el Komsomol el núcleo proletario como fuerza dirigente principal; b) distribuir las fuerzas activas de este núcleo por las zonas principales de la Unión Soviética, desde el punto de vista de esa dirección; c) educar al activo rural de la juventud de modo que asegure la aplicación de la política proletaria en el campo: tales son las tareas inmediatas del Komsomol en general y del C.C. del Komsomol en particular. Teniendo a la vista estas tareas y dándoles cumplimiento en el curso del trabajo cotidiano, no hay por qué temer los peligros que acechan al Komsomol en el campo.

Publicado el 15 de abril de 1925 en el núm. 86 de “Pravda”.