Informe ante el activo de la organización de Moscú del P.C.(b) de Rusia 9 de mayo de 1925. Camaradas: Me parece que no tiene sentido examinar aquí detalladamente las resoluciones adoptadas en la XIV Conferencia de nuestro Partido. Eso llevaría mucho tiempo, y, además, no hay necesidad de hacerlo. Creo que podríamos limitarnos a señalar las líneas fundamentales que se destacan a lo largo de estas resoluciones. Ello nos permitiría subrayar las conclusiones principales de las resoluciones adoptadas. Y esto, a su vez, facilitaría el estudio posterior de dichas resoluciones. Si tomamos las resoluciones, los diversos problemas tocados en ellas se podrían dividir en seis grupos fundamentales. El primero lo forman las cuestiones relativas a la situación internacional. El segundo comprende las cuestiones referentes a las tareas inmediatas de los Partidos Comunistas de los países capitalistas. El tercero, las cuestiones ligadas con las tareas inmediatas de los elementos comunistas de las colonias y los países dependientes. El cuarto, las cuestiones que atañen a la suerte del socialismo en nuestro país con relación a la presente situación internacional. El quinto, las cuestiones relativas a la política de nuestro Partido en el campo y a las tareas de la dirección del Partido en las nuevas condiciones. Y, por último, el sexto, las cuestiones que se refieren al nervio central de toda nuestra industria, es decir, a la metalurgia.

I. La situación internacional. ¿Qué hay en la situación internacional de nuevo y específico, que determina en lo fundamental el carácter del momento que vivimos? Lo nuevo, aparecido en el último período y cuyo sello lleva la situación internacional, es que en Europa ha empezado un reflujo de la revolución, ha empezado cierta calma, lo que nosotros llamamos estabilización temporal del capitalismo, junto al simultáneo ascenso del desarrollo económico y del poderío político de la Unión Soviética. ¿Qué es el reflujo de la revolución, la calma? ¿No será el comienzo del fin de la revolución mundial, el comienzo de la liquidación de la revolución proletaria mundial? Lenin decía que con la victoria del proletariado en nuestro país había comenzado una nueva época, la época de la revolución mundial, una época llena de conflictos y guerras, de ofensivas y repliegues, de victorias y derrotas, una época que conduce a la victoria del proletariado en los principales países del capitalismo. Si ha empezado el reflujo de la revolución en Europa, ¿no significará esto que caduca la tesis de Lenin acerca de la nueva época, de la época de la revolución mundial? ¿No significará esto que, con ello, queda descartada la revolución proletaria en el Occidente? No, no lo significa. La época de la revolución mundial es una nueva etapa de la revolución, todo un período estratégico que abarca bastantes años, quizás varios decenios. En el transcurso de este período pueden y deben darse reflujos y flujos de la revolución.

Nuestra revolución pasó en su desarrollo por dos etapas, por dos períodos estratégicos, y después de Octubre entró en la tercera etapa, en el tercer período estratégico. La primera etapa (1900-1917) duró más de 15 años. Su objetivo era el derrocamiento del zarismo, la victoria de la revolución democrático- burguesa. Durante este período, tuvimos varios reflujos y flujos de la revolución. Tuvimos el flujo de 1905, que terminó con la derrota temporal de la revolución. Tuvimos después un reflujo, que duró bastantes años (de 1907 a 1912). Tuvimos, a continuación, un nuevo flujo, inaugurado con los acontecimientos del Lena (1912), al que, durante la guerra, sucedió un nuevo reflujo. El año 1917 (febrero) inició un nuevo flujo, que terminó con la victoria del pueblo sobre el zarismo, con la victoria de la revolución democrático-burguesa. Después de cada reflujo, los liquidadores afirmaban que se había acabado para siempre con la revolución. Pero la revolución, después de pasar por varios reflujos y flujos, condujo a la victoria de febrero de 1917. La segunda etapa de la revolución empezó en febrero de 1917. Su objetivo era la salida de la guerra imperialista, el derrocamiento de la burguesía y la victoria de la dictadura del proletariado. Esta etapa, o este período estratégico, no duro más que ocho meses. Pero fueron ocho meses de profundísima crisis revolucionaria, en la que la guerra y la ruina económica aguijaban a la revolución, acelerando al máximo su carrera. Precisamente por ello, esos ocho meses de crisis revolucionaria pueden y deben equipararse, cuando menos, a ocho años de

desarrollo constitucional ordinario. Éste período estratégico, lo mismo que el anterior, no se caracteriza por un ascenso constante de la revolución en línea recta, como por lo general, se imaginan los filisteos de la revolución, sino por momentos de reflujo y de flujo. Tuvimos en este período un grandioso flujo del movimiento revolucionario en los días de la manifestación de julio. Tuvimos luego un reflujo de la revolución, después de la derrota de los bolcheviques en julio. A ese reflujo siguió otro flujo, inmediatamente después de la korniloviada, flujo que terminó con la victoria de la Revolución de Octubre. Cuando se produjo la derrota de julio, los liquidadores de entonces hablaban de que la revolución había sido aniquilada por completo. Pero la revolución, tras de pasar por varias pruebas y reflujos, se vio coronada, como es sabido, por la victoria de la dictadura del proletariado. Luego de la victoria de Octubre entramos en el tercer período estratégico, en la tercera etapa de la revolución, cuyo objetivo es vencer a la burguesía en escala mundial. Es difícil decir cuánto va a durar este período. En todo caso, es indudable que será largo, como también es indudable que tendrá sus flujos y reflujos.

El movimiento revolucionario mundial ha entrado en este momento en una fase de reflujo de la revolución, al cual, por diversas causas de las que hablaré más adelante, debe suceder un flujo que puede culminar en la victoria del proletariado, pero que también puede no terminar con la victoria y dejar paso a otro reflujo, al cual, a su vez, seguirá un nuevo flujo de la revolución. Los actuales liquidadores dicen que la calma presente es el fin de la revolución mundial. Pero se equivocan, como se equivocaron antes, en los períodos de la primera y de la segunda etapas de nuestra revolución, cuando en cada reflujo del movimiento revolucionario veían la derrota definitiva de la revolución. Tales son los vaivenes que se producen dentro de cada etapa de la revolución, dentro de cada período estratégico. ¿Qué evidencian estos vaivenes? ¿Evidencian que la tesis de Lenin acerca de la nueva época de la revolución mundial ha perdido o puede perder su significación? ¡Naturalmente que no! Únicamente evidencian que la revolución no suele desarrollarse en línea recta ascendente, en auge progresivo ininterrumpido, sino en zigzag, en una sucesión de avances y retrocesos, en una sucesión de flujos y reflujos, que en el curso del desarrollo templan las fuerzas de la revolución y preparan su victoria definitiva. Tal es el sentido histórico del actual período de reflujo de la revolución, el sentido histórico de la calma que atravesamos. Pero el reflujo no es más que un lado del problema.

El otro lado es que, junto al reflujo de la revolución en Europa, asistimos a un impetuoso crecimiento del desarrollo económico de la Unión Soviética y a un ascenso de su poderío político. Con otras palabras, no tenemos sólo la estabilización del capitalismo. Tenemos también la estabilización del régimen soviético. Tenemos, pues, dos estabilizaciones: la estabilización temporal del capitalismo y la estabilización del régimen soviético. El rasgo característico del período de la situación internacional que ahora atravesamos es que sé ha llegado a cierto equilibrio temporal entre las dos estabilizaciones. Pero ¿qué es la estabilización? ¿No será estancamiento? Y si es estancamiento, ¿se la puede aplicar al régimen soviético? No. La estabilización no es estancamiento. La estabilización es consolidación de la situación dada y desarrollo sucesivo. El capitalismo mundial no se ha limitado a consolidarse sobre la base de la situación dada. Sigue adelante y se desarrolla, ampliando su esfera de influencia y multiplicando sus riquezas. No es cierto que el capitalismo no pueda desarrollarse, que la teoría de la descomposición del capitalismo, expuesta por Lenin en su “Imperialismo”, excluya el desarrollo del capitalismo. Lenin demostró plenamente en su folleto sobre el “Imperialismo” que el desarrollo del capitalismo no elimina, sino que presupone y prepara la descomposición progresiva del capitalismo.

Tenemos, pues, dos estabilizaciones. En un polo se estabiliza el capitalismo, consolidando la situación alcanzada y siguiendo adelante en su desarrollo. En el otro polo se estabiliza el régimen soviético, consolidando las posiciones conquistadas y avanzando por la ruta de la victoria. Toda la cuestión radica en quién vencerá a quién. ¿Por qué una estabilización se produce paralelamente a la otra?, ¿de dónde provienen esos dos polos? Porque en el mundo no hay ya un capitalismo omnímodo y universal. Porque el mundo se ha escindido en dos campos: el campo del capitalismo, con el capital anglo-norteamericano a la cabeza, y el campo del socialismo, con la Unión Soviética a la cabeza. Porque la situación internacional se verá determinada más y más por la correlación de fuerzas entre estos dos campos. Así, pues, no es sólo característico del momento presenté que el capitalismo y el régimen soviético se hayan estabilizado; también lo es que las fuerzas de estos dos campos hayan alcanzado cierto equilibrio temporal, con cierta ventaja para el capital y, por consiguiente, con cierta desventaja para el movimiento revolucionario, pues la calma advenida, si la comparamos con el ascenso revolucionario, es indudablemente, aunque temporal, una desventaja para el socialismo. ¿Qué diferencia hay entre estas dos estabilizaciones? ¿A dónde conduce una y a dónde lleva la otra?

La estabilización en las condiciones del capitalismo, aunque fortalece temporalmente al capital, origina de modo necesario, al mismo tiempo, una agudización de las contradicciones del capitalismo: a) entre los grupos imperialistas de los distintos países; b) entre los obreros y los capitalistas de cada país; c) entre el imperialismo y todos los pueblos coloniales. En cambio, la estabilización en las condiciones del régimen soviético, que fortalece al socialismo, origina de modo necesario, al mismo tiempo, una atenuación de las contradicciones y un mejoramiento de las relaciones: a) entre el proletariado y el campesinado de nuestro país; b) entre el proletariado y los pueblos coloniales de los países oprimidos; c) entre la dictadura del proletariado y los obreros de todos los países. Ello obedece a que el capitalismo no puede desarrollarse sin incrementar la explotación de la clase obrera, sin someter a una existencia de hambre a la mayoría de los trabajadores, sin recrudecer la opresión de las colonias y los países dependientes, sin conflictos y choques entre los distintos grupos imperialistas de la burguesía mundial. En cambio, el régimen soviético y la dictadura del proletariado no pueden desarrollarse sin mejorar constantemente la situación material y cultural de la clase obrera, sin mejorar constantemente la situación de todos los trabajadores del País Soviético, sin aproximar y unir progresivamente a los obreros de todos los países, sin agrupar estrechamente a los pueblos oprimidos de las colonias y los países dependientes en torno al movimiento revolucionario del proletariado.

La vía de desarrollo del capitalismo es una vía de pauperización y hambre para la inmensa mayoría de los trabajadores, al tiempo que es sobornada y echada una elite insignificante de estos trabajadores. La vía de desarrollo de la dictadura del proletariado es, por el contrario, una vía de ascenso constante del bienestar de la inmensa mayoría de los trabajadores. Precisamente por ello, el desarrollo del capitalismo no puede por menos de originar condiciones que acentúan las contradicciones del capitalismo. Precisamente por ello, el capitalismo es incapaz de resolver esas contradicciones. Naturalmente, si no existiese la ley de la desigualdad del desarrollo del capitalismo, ley que conduce a conflictos y guerras entre los países capitalistas a causa de las colonias; si el capitalismo pudiese desarrollarse sin exportación de capitales a los países atrasados, a los países donde son baratas las materias primas y la mano de obra; si los excedentes de la acumulación capitalista de las “metrópolis” no se destinasen a la exportación de capitales, sino a un serio desarrollo de la agricultura y al mejoramiento de la situación material de los campesinos; si esos excedentes, en fin, se empleasen para elevar el nivel de vida de toda la clase obrera, entonces no podría ni hablarse de incremento de la explotación de la clase obrera, de pauperización del campesinado dentro del capitalismo, de reforzamiento de la opresión en las colonias y los países dependientes, de conflictos y guerras entre los capitalistas.

Pero entonces el capitalismo no sería capitalismo. Todo se reduce al que el capitalismo no puede desarrollarse sin agudizar todas estas contradicciones y sin acumular de otro modo condiciones que, en fin de cuentas, propician la caída del capitalismo. Todo se reduce a que la dictadura del proletariado, por el contrario, no puede desarrollarse sin crear condiciones que eleven a un grado superior el movimiento revolucionario de todos los países y preparen la victoria definitiva del proletariado. Tal es la diferencia entre las dos estabilizaciones. Por eso, la estabilización del capitalismo no puede ser ni duradera ni sólida. Examinemos concretamente el problema de la estabilización del capitalismo. ¿En qué se expresa concretamente la estabilización del capitalismo? En primer lugar, en que Norteamérica, Inglaterra y Francia han conseguido ponerse temporalmente de acuerdo en los procedimientos por que van a desvalijar a Alemania y en las proporciones del saqueo. Con otras palabras, han conseguido cerrar el trato que ellos denominan dawesización de Alemania. ¿Puede decirse que ese trato tiene alguna consistencia? No, no puede decirse.

En primer término, porque ha sido concertado sin tener en cuenta al amo, es decir, al pueblo alemán; en segundo término, porque ese trato significa un doble yugo para el pueblo alemán: el yugo de la burguesía nacional y el yugo de la burguesía extranjero. Suponer que una nación tan culta como Alemania y un proletariado tan culto como el alemán vayan a tolerar ese doble yugo sin serios intentos de explosión revolucionaria, significa creer en milagros. Incluso un hecho, reaccionario en el fondo, como es la elección de Hindenburg para la presidencia, no deja lugar a dudas de que el trato temporal de la Entente contra Alemania es precario, ridículamente precario. En segundo lugar, la estabilización del capitalismo se expresa en el hecho de que el capital inglés, norteamericano y japonés han conseguido llegar a un acuerdo temporal acerca del establecimiento de esferas de influencia en China - amplísimo mercado del capital internacional-, acerca de los procedimientos para desvalijarla. ¿Puede decirse que ese trato tiene alguna consistencia? Tampoco puede decirse. En primer término, porque los confabulados se pelean y seguirán peleándose a muerte por una mayor tajada de lo robado; en segundo término, porque ese trato ha sido cerrado a

espaldas del pueblo chino, que no quiere someterse ni se someterá a las leyes de los extranjeros que vienen a desvalijarle. ¿Acaso el auge del movimiento revolucionario en China no nos dice que las maquinaciones de los imperialistas extranjeros están condenadas al fracaso? En tercer lugar, la estabilización del capitalismo se expresa en el hecho de que los grupos imperialistas de los países avanzados han conseguido llegar temporalmente a un acuerdo acerca de la no intervención mutua en el desvalijamiento y la opresión de “sus” colonias. ¿Puede decirse que este trato o intento de trato tiene alguna consistencia? No, no puede decirse. En primer término, porque cada uno de los grupos imperialistas se esfuerza y se esforzará por apoderarse de un trozo de las colonias ajenas; en segundo término, porque la presión y la política opresora de los grupos imperialistas en las colonias no hacen más que templarlas y revolucionarizarlas, agudizando así la crisis revolucionaria. Los imperialistas tratan de “apaciguar” a la India, de domar a Egipto, de domesticar a Marruecos, de atar de pies y manos a Indochina e Indonesia, y recurren a toda clase de ardides y maquinaciones.

Es posible que en este sentido logren ciertos “resultados”. Pero apenas si puede dudarse de que esas maquinaciones no son ni pueden ser suficientes para largo tiempo. En cuarto lugar, la estabilización del capitalismo puede expresarla el hecho de que los grupos imperialistas de los países avanzados traten de confabularse para formar un frente único contra la Unión Soviética. Admitamos que consigan amañar esa confabulación. Admitamos que consigan formar algo semejante a un frente único, utilizando toda clase de maquinaciones, sin pararse ante falsificaciones fraudulentas, como las hechas con motivo de la explosión en Sofía, etc. ¿Hay motivos para suponer que la confabulación contra nuestro país o la estabilización en este terreno pueda tener alguna consistencia, algún hito? Me parece que no los hay. ¿Porqué? porque, en primer término la amenaza de un frente único y de una ofensiva conjunta de los capitalistas crearía un anillo gigantesco, que agruparía como nunca el país entero alrededor del Poder Soviético y lo convertiría en una fortaleza más inexpugnable aún que, por ejemplo, durante la invasión de “los 14 Estados”.

Recordad la amenaza del famoso Churchill acerca de la invasión de los 14 Estados. Fue suficiente, como vosotros sabéis, que se pronunciara esa amenaza para que el país entero se agrupase en torno al Poder Soviético, contra los rapaces imperialistas. Porque, en segundo término, la campaña contra el País Soviético desataría forzosamente numerosos nudos revolucionarios en la retaguardia enemiga, descomponiendo y desmoralizando las filas del imperialismo. Y apenas puede dudarse de que últimamente se han acumulado infinidad de esos nudos, los cuales no prometen nada bueno al imperialismo. Porque, en tercer término, nuestro país no está ya solo, pues cuenta con aliados: los obreros del Occidente y los pueblos oprimidos del Oriente. Apenas si puede dudarse de que la guerra contra la Unión Soviética significaría la guerra del imperialismo contra sus propios obreros y contra las colonias. No tengo necesidad de decir que, si atacan a nuestro país, nosotros no permaneceremos con los brazos cruzados, que tomaremos todas las medidas para soltar al león revolucionario en todos los países del mundo. Los dirigentes de los países capitalistas no pueden por menos de saber que en este sentido tenemos cierta experiencia. Tales son las consideraciones y los hechos demostrativos de que la estabilización del capitalismo no puede ser duradera; de que esa estabilización supone el surgimiento de condiciones que llevan a la derrota del capitalismo; de que la estabilización del régimen soviético supone, en cambio, la acumulación incesante de condiciones que llevan al fortalecimiento de la dictadura del proletariado, al ascenso del movimiento revolucionario de todas los países y a la victoria del socialismo. Esta antítesis básica de las dos estabilizaciones, la capitalista y la soviética, expresa la antítesis entre los dos sistemas de economía y de gobernación, entre el sistema capitalista y el sistema socialista. Quien no haya comprendido esta antítesis, no comprenderá nunca la esencia misma de la presente situación internacional. Tal es, a grandes rasgos, la situación internacional en este momento.

II. Tareas inmediatas de los partidos comunistas de los países capitalistas. Paso al segundo grupo de cuestiones. Lo nuevo y específico en la situación presente de los Partidos Comunistas de los países capitalistas es que al período de flujo de la revolución ha sucedido un período de reflujo, un período de calma. La tarea estriba en utilizar el período de calma que atravesamos para fortalecer los Partidos Comunistas, para bolchevizarlos, para convertirlos en verdaderos partidos de masas apoyados en los sindicatos, para agrupar a los elementos trabajadores de las clases no proletarias, y en primer lugar a los campesinos, en torno al proletariado y, finalmente, para educar a los proletarios en el espíritu de la revolución y de la dictadura del proletariado. No voy a enumerar todas las tareas inmediatas de los Partidos Comunistas del Occidente. Si leéis las resoluciones correspondientes, y en particular la resolución del Pleno ampliado de la Internacional Comunista acerca de la bolchevización, no os será difícil comprender cuáles son, concretamente, esas

tareas. Yo desearía detenerme en la tarea principal de los Partidos Comunistas del Occidente, en la tarea cuya comprensión facilita el cumplimiento de todas las demás tareas inmediatas. ¿Cuál es esa tarea? Esa tarea consiste en ligar los Partidos Comunistas del Occidente con los sindicatos. Esta tarea consiste en desplegar y llevar hasta el fin la campaña de unidad del movimiento sindical, en conseguir que todos los comunistas ingresen sin falta en los sindicatos, en realizar en ellos un trabajo sistemático para agrupar a los obreros en un frente único contra el capital y en crear así condiciones que permitan a los Partidos Comunistas apoyarse en los sindicatos. Sin el cumplimiento de esta tarea, no es posible hacer de los Partidos Comunistas verdaderos partidos de masas ni preparar las condiciones necesarias para la victoria del proletariado. Los sindicatos y los Partidos no son en el Occidente lo mismo que los sindicatos y el Partido aquí, en Rusia. Las relaciones entre los sindicatos y los Partidos del Occidente están muy lejos de coincidir con las relaciones establecidas en Rusia. Los sindicatos aparecieron en nuestro país después del Partido y en torno al Partido de la clase obrera. En Rusia no existían aún los sindicatos cuando el Partido y sus organizaciones dirigían ya, no sólo la lucha política, sino también la lucha económica de la clase obrera, incluso las huelgas más insignificantes.

A ello, principalmente, se debe el extraordinario prestigio de que nuestro Partido gozaba entre los obreros antes de la revolución de febrero, en comparación con los embriones de sindicato que entonces teníamos diseminados aquí y allá. En nuestro país no aparecieron verdaderos sindicatos hasta después de febrero de 1917. En vísperas de Octubre teníamos ya formadas organizaciones sindicales que gozaban de extraordinario prestigio entre los obreros. Lenin dijo ya entonces que sin un apoyo como los sindicatos no era posible ni conquistar ni mantener la dictadura del proletariado. Cuando más se desarrollaron los sindicatos de nuestro país fue después de la toma del Poder, particularmente en el tiempo de la Nep. Es indudable que nuestros poderosos sindicatos constituyen ahora uno de los soportes principales de la dictadura del proletariado. El rasgo más característico de la historia de nuestros sindicatos es que nacieron, se desarrollaron y se robustecieron después del Partido, en torno al Partido y en amistad con el Partido. En el Occidente de Europa, los sindicatos se desarrollaron en una situación completamente distinta. En primer lugar, aparecieron y se fortalecieron mucho antes de que surgiese el Partido de la clase obrera. En segundo lugar, no fueron los sindicatos los que se desarrollaron en torno al Partido de la clase obrera, sino al contrario: los propios Partidos de la clase obrera salieron de los sindicatos.

En tercer Lugar, como los sindicatos habían conquistado ya, por así decirlo, la esfera económica de la lucha, la más afín a la clase obrera, los Partidos hubieron de ocuparse principalmente de la lucha política parlamentaria, lo cual no pudo por menos de reflejarse en el carácter de su labor y en la importancia que les atribuía la clase obrera. Y precisamente, porque los Partidos surgieron allí después que los sindicatos, precisamente porque los sindicatos nacieron mucho antes que los Partidos y eran, en realidad, las principales fortalezas del proletariado en su lucha contra el capital, precisamente por ello, los Partidos, como fuerzas independientes, no apoyadas en los sindicatos, se vieron desplazados a un segundo plano. Pero de ahí se deduce que si los Partidos Comunistas quieren ser una verdadera fuerza de masas, capaz de impulsar la revolución, deben ligarse con los sindicatos y apoyarse en ellos. No tener en cuenta esta particularidad de la situación del Occidente, significa hundir irremisiblemente el movimiento comunista. Allí, en el Occidente, hay aún “comunistas” que no quieren comprender esta particularidad y que siguen dando vueltas a la consigna antiproletaria y antirrevolucionaria de “fuera de los sindicatos”. Hay que decir que nadie puede causar tanto perjuicio al movimiento comunista del Occidente corno esos “comunistas” y otros semejantes.

Esa gente piensa en “atacar” los sindicatos desde fuera, considerándolos un campamento enemigo. No comprenden que, con esa política, los obreros verán en ellos a enemigos, y nada más. No comprenden que el obrero de filas considera los sindicatos, sean malos o buenos, fortalezas suyas, que le ayudan a salvaguardar el salario, la jornada de trabajo, etc. No comprenden que esa política no favorece, sino que mina la penetración de los comunistas en el seno de las masas de millones de obreros. “Atacáis mi fortaleza -puede decir a esos “comunistas” el obrero de filas-, queréis destruir una obra que he venido levantando durante decenas de años, y para ello intentáis probarme que el comunismo es mejor que el tradeunionismo. No lo sé; puede que tengáis razón en vuestros cálculos teóricos acerca del comunismo -cómo voy yo, simple obrero, a entender vuestras teorías-; pero lo que sí sé es que tengo mis fortalezas sindicales, que me han llevado a la lucha y me han defendido -bien o mal- de los ataques de los capitalistas; y quienquiera que piense en destruir estas fortalezas, destruirá mi propia causa obrera. Dejad de atacar mis fortalezas, ingresad en los sindicatos, trabajad en ellos unos cinco años, o más, ayudad a mejorarlos y fortalecerlos y veré qué clase de gente sois; y si sois de veras buena gente, no os negaré, claro está, mi apoyo”, etc.

Así, o en términos parecidos, acoge ahora el obrero de filas en el Occidente a los adversarios de los sindicatos. Quien no haya comprendido esta particularidad de la psicología del obrero medio de Europa, no comprenderá nada de la situación de nuestros Partidos Comunistas en estos momentos. ¿A qué se debe la fuerza de la socialdemocracia del Occidente? A que se apoya en los sindicatos. ¿A qué se debe la debilidad de nuestros Partidos Comunistas del Occidente? A que no se han ligado aún con los sindicatos y a que algunos elementos de estos Partidos Comunistas no quieren hacerlo. Por eso, la tarea fundamental de los Partidos Comunistas del Occidente en el momento actual consiste en desplegar y llevar hasta el fin la campaña de unidad del movimiento sindical, en hacer ingresar a todos los comunistas, hasta el último, en los sindicatos, en realizar en ellos un trabajo sistemático y paciente para agrupar a la clase obrera contra el capital y conseguir así que los Partidos Comunistas puedan apoyarse en los sindicatos. Tal es el sentido de las resoluciones del Pleno ampliado de la Internacional Comunista acerca de las tareas inmediatas de los Partidos Comunistas del Occidente en estos momentos.

III. Tareas inmediatas de los elementos comunistas de las colonias y los países dependientes. Paso al tercer grupo de cuestiones. Lo nuevo en esta esfera es lo siguiente: a) teniendo en cuenta la intensa exportación de capitales de los países avanzados a los atrasados, estimulada por la estabilización del capitalismo, éste se desarrolla y se desarrollará en las colonias con rapidez, rompiendo las viejas formas de las condiciones político-sociales e implantando formas nuevas; b) el proletariado de estos países crece y crecerá a marchas forzadas; c) crecen y crecerán en las colonias el movimiento revolucionario obrero y la crisis revolucionaria; d) en relación con ello, crecen y crecerán ciertas capas de la burguesía nacional, las más ricas y las más poderosas, que, temiendo más a la revolución en su país que al imperialismo, preferirán a la liberación de su país del imperialismo entenderse con éste, traicionando así a su patria (la India, Egipto, etc.); e) en vista de todo ello, únicamente podrá liberarse del imperialismo a estos países luchando contra la burguesía nacional conciliadora; f) y de esto se deduce que la cuestión de la alianza de los obreros y los campesinos y de la hegemonía del proletariado en las colonias de industria desarrollada o en desarrollo debe cobrar actualidad, de la misma manera que se hizo actual en vísperas de la primera revolución en Rusia, de la revolución de 1905. Hasta ahora, del Oriente solía hablarse como de un todo homogéneo. Ahora está claro para todos que el Oriente único y homogéneo ha dejado de existir, que ahora hay colonias desarrolladas o en desarrollo desde el punto de vista capitalista y colonias atrasadas o que van a la zaga, con respecto a las cuales no puede aplicarse una misma medida. Hasta ahora, el movimiento de liberación nacional era considerado como un frente compacto de todas las fuerzas nacionales de las colonias y los países dependientes, desde los burgueses más reaccionarios hasta los proletarios más revolucionarios.

Ahora, después de que la burguesía nacional se ha escindido en ala revolucionaria y ala antirrevolucionaria, el cuadro del movimiento nocional adquiere un aspecto algo distinto. Junto a los elementos revolucionarias del movimiento nacional, salen de la burguesía elementos conciliadores, reaccionarios, que prefieren entenderse con el imperialismo a la liberación de su país. De ahí la tarea de los elementos comunistas de las colonias: ligarse con los elementos revolucionarios de la burguesía, y ante todo con los campesinos, contra el bloque del imperialismo y los elementos conciliadores de la burguesía “propia”, para, con el proletariado a la cabeza, desplegar una lucha verdaderamente revolucionaria por liberarse del imperialismo. La conclusión es una: numerosos países coloniales se acercan actualmente a su 1905. La tarea estriba en agrupar a los elementos obreros avanzados de las colonias en un solo Partido Comunista, capaz de dirigir la revolución que se avecina. He aquí lo que Lenin decía ya en 1922, refiriéndose al creciente movimiento revolucionario en las colonias: “Los actuales “vencedores” en la primera matanza imperialista no tienen fuerzas para vencer siquiera a la pequeña Irlanda, pequeña hasta la insignificancia; no tienen fuerzas para vencer siquiera la confusión creada entre ellos mismos en las cuestiones financieras y de las divisas. Y la India y China hierven. Se trata de más de 700.000.000 de personas. Con los países asiáticos limítrofes, en todo semejantes a ellas, forman más de la mitad de la población de la tierra. Allí se aproxima incontenible y con creciente rapidez un 1905, con la diferencia esencial y enorme de que en 1905 la revolución en Rusia pudo transcurrir aún (por lo menos, al principio) aislada, es decir, sin arrastrar inmediatamente a la revolución a otros países. Pero las revoluciones que crecen en la India y en China se suman, se han sumado ya, a la lucha

revolucionaria, al movimiento revolucionario, a la revolución internacional” (v. t. XXVII, pág. 293*). Las colonias se encuentran ante su 1905: tal es la conclusión. Ese es el sentido de las resoluciones relativas a la cuestión colonial aprobadas por el Pleno ampliada de la Internacional Comunista.

IV. La suerte del socialismo en la Unión Soviética. Paso al cuarto grupo de cuestiones. Hasta ahora he hablado de las resoluciones de la Conferencia de nuestro Partido que se refieren directamente a la I.C. Ahora pasamos a las cuestiones que tienen al misma tiempo relación directa tanta con la I.C. como con el P.C.(b) de Rusia y que son, por tanto, el eslabón que une las cuestiones exteriores e interiores. ¿Qué repercusión debe tener la estabilización temporal del capitalismo en la suerte del socialismo en nuestro país? ¿No será esa estabilización el fin o el principio del fin de la edificación socialista en nuestro país? ¿Se puede, en general, edificar con nuestras propias fuerzas el socialismo en nuestro país, atrasado en el sentido técnico y económico, si subsiste el capitalismo en los otros países durante un período más o menos prolongado? ¿Se puede crear una garantía absoluta contra el peligro de intervención y, por consiguiente, de restauración del viejo régimen en nuestro país, si existe el cerco capitalista, estabilizado, por añadidura, en estos momentos? Todas éstas son cuestiones que se nos plantean inevitablemente con motivo de la nueva situación en las relaciones internacionales y que no podemos eludir, pues hay que darles una respuesta precisa y concreta. Nuestro país nos muestra dos grupos de contradicciones. Uno de ellos lo forman las contradicciones interiores, entre el proletariado y el campesinado. El otro, las contradicciones exteriores, entre nuestro país, como país del socialismo, y todos los demás países, como países del capitalismo. Examinemos por separado estos dos grupos de contradicciones. No se puede negar, naturalmente, que hay ciertas contradicciones entre el proletariado y el campesinado. Bastará recordar cuanto ha ocurrido y ocurre en nuestro país en relación con la política de precios de los productos agrícolas, en relación con los precios tope, en relación con la campaña de rebaja de precios de los artículos industriales, etc.,

* Aquí y en las siguientes referencias a los trabajos de V. I. Lenin, los números romanos corresponden a los tomos de la 3a edición en ruso de las Obras de V. I. Lenin. (I. del T.) para comprender toda la realidad de estas contradicciones. Ante nosotros aparecen dos clases fundamentales: la clase de los proletarios y la 'clase de los propietarios privados, es decir, de los campesinos. De ahí que las contradicciones entre ellos sean inevitables. Todo reside en si nosotros, con nuestras propias fuerzas, podemos vencer esas contradicciones entre el proletariado y los campesinos. Cuando se pregunta si podemos edificar el socialismo con nuestras propias fuerzas, se viene a preguntar si se puede vencer o no las contradicciones que existen en nuestro país entre el proletariado y el campesinado. El leninismo responde a esta pregunta afirmativamente: sí, podemos llevar a cabo la edificación del socialismo, y lo iremos edificando juntamente con el campesinado y bajo la dirección de la clase obrera. ¿Cuáles son los fundamentos, las razones para esa respuesta? Las razones para esa respuesta estriban en que, además de las contradicciones que existen entre ellos, el proletariado y el campesinado tienen intereses comunes en los problemas fundamentales del desarrollo, intereses que compensan con creces, o en todo caso pueden compensar con creces, estas contradicciones y son la base, el fundamento de la alianza de los obreros y los campesinos.

¿En qué consisten esos intereses comunes? Existen dos vías de desarrollo de la agricultura: la vía capitalista y la vía socialista. La vía capitalista es el desarrollo a través de la pauperización de la mayoría de los campesinos en aras del enriquecimiento de las capas superiores de la burguesía urbana y rural. La vía socialista, al contrario, es el desarrollo a través del ascenso constante del bienestar de la mayoría del campesinado. Tanto el proletariado como, en particular, el campesinado están interesados en que el desarrollo siga la segunda vía, la vía socialista, pues es la única que puede salvar a los campesinos de la pauperización y del hambre. Ni que decir tiene que la dictadura del proletariado, en cuyas manos se encuentran los principales hilos de la economía, tomará todas las medidas para que venza la segunda vía, la vía socialista. Se comprende, por otra parte, que el campesinado esté vitalmente interesado en que el desarrollo transcurra por esta segunda vía. De ahí la comunidad de intereses del proletariado y los campesinos, que compensa con creces las contradicciones existentes entre ellos. Por eso dice el leninismo que podemos y debemos edificar la sociedad socialista completa junto con los campesinos, sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos. Por eso dice el leninismo, basándose en la comunidad de intereses de los proletarios y los campesinos, que podemos y debemos vencer con

nuestras propias fuerzas las contradicciones existentes entre unos y otros. Así ve las cosas el leninismo. Pero, al parecer, no todos los camaradas están de acuerdo con el leninismo. He aquí, por ejemplo, lo que Trotski dice de las contradicciones entre el proletariado y los campesinos: “Las contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos, podrán ser solucionadas sólo* en el plano internacional, en la palestra de la revolución mundial del proletariado” (v, el prefacio al libro de Trotski “1905”). Con otras palabras: resulta que no podemos, que no estamos en condiciones de vencer y de eliminar en nuestro país con nuestras propias fuerzas las contradicciones interiores, las contradicciones entre el proletariado y los campesinos, ya que sólo después de la revolución mundial y sólo sobre la base de la revolución mundial podremos eliminar esas contradicciones y edificar, por fin, el socialismo. Huelga decir que ese planteamiento no tiene nada que ver con el leninismo. El mismo Trotski sigue: “Sin un apoyo estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera de Rusia no podrá mantenerse en el Poder y transformar su dominación temporal en una dictadura socialista duradera.

De ello no cabe dudar ni un instante” (v, “Nuestra revolución”, de Trotski, pág. 278). Con otras palabras: mientras el proletariado occidental no tome el Poder y no nos preste un apoyo estatal, no podemos ni soñar con retener el Poder durante un período más o menos largo. Y más adelante: “No hay ningún fundamento para suponer... que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, podría sostenerse frente a la Europa conservadora” (v. las obras de Trotski, t. III, parte I, pág. 90). Con otras palabras: resulta que nosotros, además de ser impotentes para llevar a cabo la edificación del socialismo, ni siquiera podemos sostenernos, aunque no sea más que durante un breve período, “frente a la Europa conservadora”, si bien todo el mundo sabe que no sólo nos hemos mantenido, sino que hemos rechazado varios ataques furiosos de la Europa conservadora contra nuestro país. Y finalmente: “El verdadero auge de la economía socialista en Rusia -dice Trotski- no será posible más que después de la victoria* del proletariado en los países más importantes de Europa” (v. lugar citado, pág. 93). Parece que está claro. He leído esas citas, camaradas, para que, al contraponerlas yo a citas de las obras de Lenin,

* Subrayado por mí. J. St. podáis vosotros captar la esencia del problema de la posibilidad de edificar la sociedad socialista completa en un país de dictadura proletaria cercado de Estados capitalistas. Pasemos ahora a las citas de las obras de Lenin. He aquí lo que Lenin escribió ya en 1915, durante la guerra imperialista: “La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país capitalista. El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrentaría con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados”... Pues “la libre unión de las naciones en el socialismo es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolongada, de las repúblicas socialistas contra los Estados atrasados” (v. t. XVIII, págs. 232-233).

Con otras palabras: un país de dictadura del proletariado, cercado por los capitalistas, puede, según se ve, no sólo eliminar con sus propias fuerzas las contradicciones interiores, las contradicciones entre el proletariado y el campesinado; puede y debe, además, llevar a cabo la edificación del socialismo, organizar dentro de sus fronteras la economía socialista y destinar fuerzas armadas para acudir en auxilio de los proletarios de los países vecinos en su lucha por el derrocamiento del capital. Tal es la tesis fundamental del leninismo acerca de la victoria del socialismo en un solo país. Lo mismo dijo Lenin, aunque en forma algo distinta, en 1920, ante el VIII Congreso de los Soviets, al tratar el problema de la electrificación de nuestro país: “El comunismo es el Poder Soviético más la electrificación de todo el país. De lo contrario, el país seguiría siendo un país de pequeños campesinos, y es necesario que nos demos cuenta de ello con toda claridad. Somos más débiles que el capitalismo no sólo en escala mundial, sino también dentro del país. Eso es bien notorio. Nosotros lo hemos comprendido y haremos de manera que la base económica, constituida hoy por la pequeña producción campesina, pase a ser la gran industria. Y sólo cuando el país esté electrificado, cuando hayamos dado a la industria, a la agricultura y al transporte la base técnica de la gran industria moderna, sólo entonces venceremos definitivamente” (v. XXVI, págs. 46-47). Con otras palabras: Lenin se da perfecta cuenta de

las dificultades técnicas que supone llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país, pero de ello no saca, ni mucho menos, la absurda conclusión de que “el verdadero auge de la economía socialista en Rusia no será posible más que después de la victoria del proletariado en los países más importantes de Europa”, sino que considera que con nuestras propias fuerzas podemos vencer las dificultades para conseguir “la victoria definitiva”, es decir, para la edificación del socialismo completo. Y un año después de esto, en 1921, Lenin dijo: “10 ó 20 años de relaciones acertadas con los campesinos, y estará asegurada la victoria en escala mundial* (aunque se retrasen las revoluciones proletarias, que maduran)” (“Plan y apuntes para el folleto “Sobre el impuesto en especie””, 1921; v. t. XXVI, Pág. 313). Con otras palabras: Lenin comprende perfectamente las dificultades políticas que supone llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país, pero de ello no saca, ni mucho menos, la equivocada conclusión de que “sin un a poyo estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera de Rusia no podrá mantenerse en el Poder”, considerando, por el contrario, que, con una política acertada respecto del campesinado, podemos conseguir perfectamente “la victoria en escala mundial”, en el sentido de la edificación del socialismo completó.

¿Y qué es una política acertada respecto del campesinado? Una política acertada respecto del campesinado es algo que depende íntegramente de nosotros y sólo de nosotros, como partido que dirige la edificación del socialismo en nuestro país. Lo mismo, pero con mayor precisión todavía, dijo Lenin en 1923, en sus notas acerca de la cooperación: “En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado y el poder del Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar la dirección de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es esto todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa partiendo de la cooperación, y nada más que de la cooperación, a la que antes tratábamos de mercantilista y que ahora, bajo la Nep, merece también, en cierto modo, el mismo trato; acaso no es esto todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa?* Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindible y lo suficiente* para esta edificación” (v. t. XXVII, pág. 392). Con otras palabras: bajo la dictadura del proletariado se dan en nuestro país, como vemos, todas las premisas necesarias para edificar la sociedad socialista completa, venciendo todas y cada

* Subrayado por mí. J. St. una de las dificultades internas, pues podemos y debemos vencerlas con nuestras propias fuerzas. Parece que está claro. A la objeción de que el relativo atraso económico de nuestro país no permite llevar a cabo la edificación del socialismo, responde Lenin con un ataque que echa por tierra esa objeción como algo incompatible con el socialismo: “No puede ser más vulgar -dice Lenin- la argumentación empleada por ellos, aprendida de memoria en la época del desarrollo de la socialdemocracia de la Europa Occidental, de que nosotros no hemos madurado para el socialismo, de que no hay en nuestro país, según la expresión de distintos “eruditos” señores que militan en sus filas, las premisas económicas objetivas para el socialismo” (v, t. XXVII, pág. 399) En el caso contrario, ¿qué sentido hubiera tenido tomar el Poder en octubre y hacer la Revolución de Octubre? Si tales o cuales consideraciones excluyen la posibilidad y la necesidad de edificar la sociedad socialista completa, pierde sentido la propia Revolución de Octubre. Quien niega la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en un solo país, debe negar forzosamente la razón de ser de la Revolución de Octubre. Y viceversa: quien no cree en Octubre, no cabe admitir la posibilidad de la victoria del socialismo en las condiciones de cerco capitalista.

Hay una relación completa y directa entre la falta de fe en Octubre y la negación de las posibilidades socialistas en nuestro país. “Sé -dice Lenin- que hay, naturalmente, sabios que considerándose muy inteligentes y dándose, incluso el nombre de socialistas, afirman qué no se hubiera debido tomar el Poder sin esperar el estallido de la revolución en todos los países. No sospechan que, al hablar así se apartan de la revolución y se pasan al lado de la burguesía. Aguardar a que las clases trabajadoras hagan la revolución en escala internacional, significa que todo el mundo debe esperar, sin moverse para nada. Eso es un absurdo” (v. t. XXIII, pág. 9). Eso es lo que hay que decir de las contradicciones del primer orden, de las contradicciones de carácter interior, del problema de la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en las condiciones de cerco capitalista. Pasemos ahora a las contradicciones del segundo orden a las contradicciones exteriores, entre nuestro país, como país del socialismo, y todos los demás países, como países del capitalismo. ¿En qué consisten esas contradicciones? En que, mientras haya cerco capitalista, habrá el peligro de intervención de los países capitalistas; y mientras exista ese peligro, existirá el peligro de la restauración, el peligro del restablecimiento del régimen capitalista en nuestro país. ¿Cabe suponer que un solo país pueda superar

plenamente esas contradicciones? No, no cabe suponerlo, pues los esfuerzos de un solo país, incluso si es un país con la dictadura del proletariado, son insuficientes para ponerlo por completo a salvo del peligro de intervención. Por ello, la garantía completa contra la intervención y, por consiguiente, el triunfo definitivo del socialismo, únicamente son posibles en escala internacional, como resultado de los esfuerzos conjuntos de los proletarios de varios países o -todavía mejor- únicamente como resultado de la victoria de los proletarios de unos cuantos países. ¿Qué es el triunfo definitivo del socialismo? El triunfo definitivo del socialismo es la garantía completa contra las tentativas de intervención y, por tanto, también de restauración, pues una tentativa de restauración de alguna importancia sólo puede producirse con un considerable apoyo del exterior, con el apoyo del capital internacional. Por eso, el apoyo de los obreros de todos los países a nuestra revolución, y con mayor razón el triunfo de estos obreros, aunque sólo sea en unos cuantos países, es condición indispensable para garantizar plenamente al primer país victorioso contra las tentativas de intervención y de restauración, es condición indispensable para el triunfo definitivo del socialismo. “Mientras nuestra República Soviética -dice Lenin- siga siendo una solitaria región periférica de todo el mundo capitalista, pensar... en la desaparición de unos u otros peligros sería una fantasía completamente ridícula y una utopía.

Naturalmente, mientras existan tan profundos contrarios, continuarán los peligros, y no habrá forma de evitarlos” (v. t. XXVI, pág. 29). Y sigue: “No vivimos solamente dentro de un Estado, sino dentro de un sistema de Estados, y no se concibe que la República Soviética pueda existir mucho tiempo al lado de los Estados imperialistas. En fin de cuentas, acabará triunfando lo uno o lo otro” (v. t. XXIV, pág. 122). Por eso dice Lenin: “La victoria definitiva sólo es posible en escala mundial y únicamente con los esfuerzos mancomunados de los obreros de todos los países” (v. t. XXIII, pág. 9). Eso es lo que hay que decir de las contradicciones del segundo orden. Quien confunde el primer grupo de contradicciones, que es perfectamente posible vencer con los esfuerzos de un solo país, con el segundo grupo de contradicciones, para vencer las cuales hacen falta los esfuerzos de los proletarios de unos cuantos países, comete un gravísimo error contra el leninismo, y es un confusionista o un oportunista impenitente.

Una muestra de esa confusión podría ser la carta que un camarada me envió en enero de este año tratando la cuestión de la victoria del socialismo en un sólo país. Este camarada escribía perplejo: “Dice usted que la teoría leninista... estriba en que el socialismo puede vencer en un sólo país. Desgraciadamente, no he encontrado en los lugares correspondientes de los trabajos de Lenin indicaciones relativas a la victoria del socialismo en un solo país”. Lo malo no es, naturalmente, que este camarada, a quien considero uno de los mejores de nuestros jóvenes estudiantes, “no haya encontrado en los lugares correspondientes de los trabajos de Lenin indicaciones relativas a la victoria del socialismo en un solo país”. Vendrá un tiempo en que leerá y encontrará al fin esas indicaciones. Lo malo es que ha confundido las contradicciones interiores con las contradicciones exteriores, acabando por extraviarse definitivamente en esta confusión. Quizá no sea superfluo daros a conocer mi respuesta a la carta de ese camarada. Hela aquí: “No se trata de la victoria completa, sino de la victoria del socialismo en general, es decir, de echar a los terratenientes y a los capitalistas, de tomar el Poder, de rechazar los ataques del imperialismo y de empezar a edificar la economía socialista.

Todo eso puede lograrlo perfectamente el proletariado de un solo país, pero la garantía completa de que no habrá restauración puede ser asegurada solamente por los esfuerzos conjuntos de los proletarios de unos cuantos países”. Hubiera sido estúpido comenzar la Revolución de Octubre con la convicción de que el proletariado victorioso de Rusia, aun contando con la simpatía manifiesta de los proletarios de los otros países, “no podría sostenerse frente a la Europa conservadora” si no se daba la victoria en varios países. Esto no es marxismo, sino oportunismo del más vulgar, trotskismo y todo lo que se quiera. Si la teoría de Trotski fuese acertada, no tendría razón Ilich, quien afirmaba que convertiríamos la Rusia de la Nep en la Rusia socialista y que teníamos “todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa”* (v. “Sobre la cooperación”)... Lo más peligroso en nuestra, actividad política práctica es el intento de ver en el país proletario triunfante algo pasivo, incapaz de moverse del sitio mientras no aparezca la ayuda de los proletarios vencedores en otros países. Supongamos que durante cinco o diez años de existencia del régimen soviético en Rusia no se produce todavía la revolución en el Occidente; supongamos que durante este período nuestra República sigue subsistiendo como República Soviética que edifica la economía socialista en las condiciones de la Nep.

* Subrayado en todas partes por mí. J. St.

¿Cree usted que estos cinco o diez años los va a pasar nuestro país dando palos al agua, y no organizando la economía socialista? Basta hacerse esta pregunta para comprender todo el peligro de la teoría que niega la victoria del socialismo en un solo país. ¿Significa esto, sin embargo, que esa victoria será completa, definitiva? No, no lo significa..., pues, mientras haya cerco capitalista, siempre existirá el peligro de la intervención armada”. (Enero de 1925.) Eso es lo que hay que decir respecto a la suerte del socialismo en nuestro país desde el punto de vista de la conocida resolución adoptada por la XIV Conferencia de nuestro Partido.

V. La política del partido en el campo. Paso al quinto grupo de cuestiones. Antes de referirme a las resoluciones de la XIV Conferencia concernientes a la política del Partido en el campo, querría decir unas palabras acerca del alboroto que la prensa burguesa ha levantado alrededor de la crítica que nuestro Partido ha hecho de nuestros propios defectos en el campo. La prensa burguesa danza y salta, afirmando a diestro y siniestro que la crítica pública de nuestros propios defectos es indicio de debilidad del Poder Soviético, indicio de su descomposición y disgregación. Huelga decir que todo ese alboroto está montado sobre falsedades y mentiras de arriba abajo. La autocrítica es indicio de fuerza, y no de debilidad de nuestro Partido. Sólo un partido fuerte, arraigado en la vida y que marcha hacia la victoria, se puede permitir la crítica implacable de sus propios defectos que nuestro Partido ha hecho y hará siempre ante los ojos de todo el pueblo. El partido que oculta la verdad al pueblo, que teme la luz y la crítica, no es un partido, sino un hatajo de embusteros condenados a hundirse. Los señores burgueses nos miden con su propio rasero.

Temen la luz y ocultan celosamente la verdad al pueblo, encubriendo sus defectos con un rótulo de aparente bonanza. Y piensan que nosotros, los comunistas, también debemos de ocultar la verdad al pueblo. Ellos temen la luz, porque sería suficiente que admitiesen una autocrítica más o menos seria, una crítica de sus propios defectos, más o menos libre, para que del régimen burgués no quedase piedra sobre piedra. Y piensan que si nosotros, los comunistas, toleramos la autocrítica, eso es indicio de que estamos cercados y debatiéndonos en el aire. Los honorables burgueses y socialdemócratas nos miden con su propio rasero. Sólo los partidos que van siendo cosa del pasado y están condenados a hundirse, pueden temer la luz y la crítica. Nosotros no tememos ni lo uno ni lo otro, y no lo tememos porque somos un partido ascendente, que marcha hacia la victoria. Por eso, la autocrítica que se viene practicando desde hace ya unos meses es indicio de la fuerza ingente de nuestro Partido, y no de debilidad, un medio para su fortalecimiento, y no para su descomposición. Y ahora pasemos a la política del Partido en el campo.

¿Qué nuevos hechos podrían señalarse en el campo con motivo de la nueva situación en el dominio interior e internacional? Creo que podrían señalarse cuatro hechos esenciales: 1) el cambio en la situación internacional y el aminoramiento del ritmo de la revolución, que dictan la necesidad de elegir los caminos menos dolorosos, aunque sean más largos, para la incorporación del campesinado a la edificación socialista, para la edificación del socialismo juntamente con el campesinado; 2) el ascenso económico del campo y el proceso de diferenciación del campesinado, que requieren la eliminación de las supervivencias del comunismo de guerra en el campo; 3) la actividad política del campesinado, que requiere el cambio de los viejos métodos de dirección y de administración en el campo; 4) las nuevas elecciones a los Soviets, que han puesto de relieve el hecho indudable de que en bastantes zonas de nuestro país el campesino medio se ha puesto al lado del Kulak contra el campesino pobre. ¿En qué consiste, en relación con estos nuevos hechos, la tarea fundamental del Partido en el campo?

Algunos camaradas, partiendo del hecho de la diferenciación en el campo, llegan a la conclusión de que la tarea fundamental del Partido es atizar la lucha de clases en el campo. Eso no es cierto. Es pura charlatanería. Ahora no es ésa nuestra tarea principal. Eso es una repetición de las viejas cantinelas mencheviques de la vieja enciclopedia menchevique. Ahora, lo principal no es, ni mucho menos, atizar la lucha de clases en el campo. Ahora, lo principal es agrupar a los campesinos medios en torno al proletariado, reconquistarlos. Ahora, lo principal es compenetrarse con la masa fundamental del campesinado, elevar su nivel material y cultural y lanzarse adelante, juntamente con esta masa fundamental, por la vía que conduce al socialismo. Lo principal es edificar el socialismo juntamente con el campesinado, obligatoriamente con el campesinado y obligatoriamente bajo la dirección de la clase obrera, pues en la dirección de la clase obrera reside la garantía fundamental de que la edificación vaya por la vía que conduce al socialismo. Esa es ahora la tarea fundamental del Partido. Quizá no sea superfluo recordar unas palabras de Ilich a este propósito, dichas en el momento de implantarse la Nep y que aun hoy conservan toda su fuerza:

“El quid de la cuestión está en marchar ahora adelante en masa incomparablemente más vasta y poderosa, y necesariamente unidos con los campesinos” (v. t. XXVII, pág., 272). Y en otro lugar: “Compenetrarnos con la masa campesina, con los simples campesinos trabajadores, y comenzar a avanzar inmensa, infinitamente más despacio de lo que nosotros soñábamos, pero, en cambio, de forma que toda la masa avance efectivamente con nosotros. Si obramos así, llegará un momento en que la aceleración de este movimiento alcanzará un ritmo con el que ahora no podemos ni soñar” (v. t. XXVII, págs. 231-232). En vista de ello, se nos plantean dos tareas fundamentales en el campo. 1) Primeramente, hay que lograr que la economía campesina entre en el sistema general del desarrollo económico soviético. Antes, las cosas ocurrían de forma que se operaban dos procesos paralelos: la ciudad seguía su camino y el campo el suyo. El capitalista trataba de hacer entrar la economía campesina en el sistema de desarrollo capitalista. Pero ese proceso se realizaba mediante la pauperización de las masas campesinas y el enriquecimiento de la capa superior del campesinado. Ese camino, como se sabe, resultó estar preñado de revolución.

Después de la victoria del proletariado, la inclusión de la economía campesina en el sistema general del desarrollo económico soviético consiste en crear condiciones capaces de impulsar adelante la economía nacional sobre la base del ascenso paulatino, pero incesante, del bienestar de la mayoría de los campesinos, es decir, por la ruta opuesta a la que los capitalistas conducían e invitaban a ir al campesinado antes de la revolución. Pero ¿cómo se puede hacer que la economía campesina entre en el sistema de la edificación económica? A través de la cooperación. A través de las cooperativas de crédito, de las cooperativas agrícolas, de las cooperativas de consumo, de las cooperativas de industria. Tales son los caminos y los senderos por los que lentamente, pero a fondo, debe hacerse entrar la economía campesina en el sistema general de la edificación socialista. 2) La segunda tarea consiste en aplicar gradual, pero constantemente, la política de eliminación de los viejos métodos de administración y de dirección en el campo, la política de vivificación de los Soviets, la política de conversión de los Soviets en verdaderos organismos electivos, la política de implantación de los principios de la democracia soviética en el campo. Ilich decía que la dictadura proletaria es el tipo superior de democracia para la mayoría de los trabajadores. Ilich decía que ese tipo superior de democracia sólo podría implantarse una vez que el proletariado hubiese tomado el Poder y cuando hubiéramos obtenido la posibilidad de fortalecer este Poder.

Pues bien, esa fase de fortalecimiento del Poder Soviético y de implantación de la democracia soviética ha empezado ya. Debemos seguir este camino con cautela y sin prisas, creando en torno del Partido, en el curso del trabajo, un numeroso activo de campesinos sin-partido. Si la tarea primera, la tarea de hacer que la economía campesina entre en el sistema general de la edificación económica, nos permite unir el campesinado con el proletariado en el esfuerzo común de la edificación del socialismo, la segunda tarea, la tarea de implantar la democracia soviética y de vivificar los Soviets en el campo, debe permitirnos reestructurar nuestro aparato estatal, ligarlo a las masas populares, hacer que sea un aparato sano y honrado, sencillo y barato, para crear las condiciones que faciliten el paso gradual de la sociedad con dictadura del proletariado a la sociedad comunista. Tales son las líneas fundamentales de las resoluciones adoptadas por la XIV Conferencia de nuestro Partido acerca de la política del Partido en el campo. En consonancia con ello, el Partido debe cambiar su método de dirección en el campo. Hay en nuestro Partido quienes afirman que, por cuanto existe la Nep y el capitalismo empieza a estabilizarse temporalmente, nuestra tarea consiste en aplicar la política de apretar al máximo las clavijas, lo mismo en el Partido que en el aparato del Estado, de tal manera que todo cruja alrededor.

Debo decir que esa política es desacertada y funesta. Lo que ahora necesitamos no es apretar al máximo las clavijas, sino la máxima flexibilidad, tanto en política como en organización, la máxima flexibilidad, tanto en la dirección política como en la dirección organizativa. De otra manera, dadas las difíciles condiciones actuales, no podremos seguir empuñando el timón. Necesitamos la máxima flexibilidad para que el Partido siga empuñando el timón y para asegurarle la dirección absoluta. Prosigamos. Es necesario que los comunistas del campo abandonen las formas monstruosas de ordenancismo. No se puede dirigir basándose únicamente en disposiciones relativas al campesinado. Hay que aprender a explicar pacientemente a los campesinos las cuestiones que no comprenden, hay que aprender a convencer a los campesinos sin escatimar para ello ni tiempo ni esfuerzos. Naturalmente, sería mucho más fácil y sencillo dictar disposiciones y poner punto final, como a menudo hacen ciertos presidentes de Comité Ejecutivo de Soviet de subdistrito. Pero no todo lo sencillo y fácil es bueno. Hace poco, el secretario de una célula de subdistrito respondió así a un representante del comité provincial, que le preguntaba por qué no tenían periódicos en el

subdistrito: “¿Para qué necesitamos los periódicos? Sin periódicos estamos más tranquilos y mejor; si no, los leerán los mujiks, vendrán con toda clase de preguntas, y no te escaparás de tener un sinfín de líos con ellos”. ¡Y ese secretario se llama comunista! No creo que sea preciso demostrar que no se trata de un comunista, sino de una calamidad. Pues, dirigir ahora sin “líos” es imposible, y sin periódicos todavía más. Hay que comprender y penetrarse de esta sencilla verdad si queremos que el Partido y el Poder Soviético conserven la dirección en el campo. Prosigamos. Para dirigir ahora, es necesario saber gobernar la economía, es necesario conocer y comprender la economía. Sólo charlando de la “política mundial”, de Chamberlain y de MacDonald, ahora no se puede ir muy lejos. Ha empezado en nuestro país el período de la edificación económica. Por eso, es capaz de dirigir quien conoce bien la economía, quien sabe dar al mujik consejos útiles acerca del desarrollo económico, quien sabe acudir en ayuda del mujik en el terreno de la edificación económica. Estudiar la economía, compenetrarse con la economía, entrar en todos los detalles de la edificación económica: ésa es hoy la tarea de los comunistas en el campo. De otra manera, no es posible ni soñar con dirigir. Ahora no se puede dirigir al estilo de antes, pues se ha elevado la actividad política del campesinado, y es necesario que esa actividad adquiera formas soviéticas, que se desarrolle a través de los Soviets, y no al margen de ellos. Dirige quien reanima a los Soviets y crea en el campo un activo campesino en torno del Partido. Ahora no se puede dirigir al estilo de antes, pues se ha elevado la actividad económica del campo, y es necesario que esa actividad adquiera la forma de cooperación, que se desarrolle a través de la cooperación, y no al margen de ella. Dirige quien fomenta la cooperación en el campo. Tales son, en líneas generales, las tareas concretas del Partido en cuanto a la dirección en el campo.

VI. La industria metalúrgica. Paso al último grupo de cuestiones tratadas en la XIV Conferencia de nuestro Partido. ¿En qué consiste lo nuevo y lo específico de nuestra dirección de la economía? Consiste en que nuestros planes económicos han empezado a quedar a la zaga del desarrollo efectivo de nuestra economía, son insuficientes y, muy a menudo, se rezagan del crecimiento efectivo de la economía. Una expresión elocuente de ello es el presupuesto de nuestro Estado. Ya sabéis que en el transcurso de medio año hemos tenido que modificarlo tres veces, a consecuencia del rápido aumento de su capítulo de ingresos, aumento no previsto en nuestros cálculos iniciales. Con otras palabras: nuestros proyectos y nuestros planes presupuestarios se han rezagado del crecimiento de los ingresos del Estado, a consecuencia de lo cual en el erario público han aparecido excedentes. Eso significa que la savia de la vida económica de nuestro país empuja con fuerza irresistible, echando por tierra todos y cada uno de los planes científicos confeccionados por nuestros especialistas financieros. Eso significa que experimentamos un vigoroso ascenso económico y del trabajo, tan grande -si no es mayor- como, por ejemplo, el de Norteamérica después de la guerra civil. Podemos considerar que la expresión más elocuente de ese nuevo fenómeno de nuestra vida económica es el ascenso de la industria metalúrgica. El pasado año, la producción de metal fue de 191.000.000 de rublos de anteguerra. En noviembre del año pasado, el plan anual de 1924-1925 se fijó en la suma de 273.000.000 de rublos de anteguerra. Este enero, en vista de su desproporción con el ritmo de incremento real de la industria metalúrgica, el plan fue modificado, elevándose a 317.000.000.

En abril, este plan ampliado resultó de nuevo inconsistente, por lo que hubo de ser elevado hasta 350.000.000. Ahora se nos dice que también este último plan resulta insuficiente y que habrá que ampliarlo de nuevo, estableciéndolo entre 360.000.000 y 370.000.000 de rublos. Con otras palabras: este año se ha duplicado casi la producción de la industria metalúrgica con respecto al año pasado. No hablo ya del auge gigantesco de nuestra industria ligera, del ascenso del transporte, de la industria del combustible, etc. ¿Qué nos dice todo esto? Nos dice que, en cuanto a la organización de la industria, base fundamental del socialismo, hemos entrado ya en la vía magna del desarrollo. Por lo que hace a la metalurgia, que constituye el resorte principal de toda la industria, la zona muerta ha quedado atrás y nuestra industria metalúrgica posee toda la base necesaria para alcanzar un florecimiento completo. El camarada Dzerzhinski tiene razón al decir que nuestro país puede y debe ser un país metalúrgico. No creo que sea necesario demostrar la enorme importancia de este hecho, tanto para el desarrollo interior de nuestro país como para la revolución internacional. Es indudable que, desde el punto de vista del desarrollo interior, los progresos de nuestra industria metalúrgica, su ascenso, tienen una importancia gigantesca, pues significan el crecimiento de toda nuestra industria y de toda nuestra economía; pues la metalurgia es la base fundamental de la industria toda; pues sin un potente desarrollo de la metalurgia no pueden ser puestas en pie ni la industria ligera, ni el transporte, ni la industria del combustible, ni la electrificación, ni la agricultura. El desarrollo de la metalurgia es la base del ascenso de toda la industria

y de toda la economía nacional. He aquí lo que Lenin dice acerca de la “industria pesada”, comprendiendo por industria pesada la metalurgia principalmente: “Para Rusia, la salvación no está sólo en una buena cosecha en la economía campesina -esto es insuficiente-, ni, tampoco, sólo en el buen estado de la industria ligera, que proporciona al campesinado artículos de consumo -esto también es insuficiente-; necesitamos, además, industria pesada. Y para ponerla en buen estado, se requerirán muchos años de trabajo”. Y sigue: “Sin salvar la industria pesada, sin restaurarla, no podremos construir ninguna industria, y sin industria pereceremos como país independiente” (v. t. XXVII, pág. 349). Por lo que hace a la significación internacional del desarrollo de nuestra metalurgia, puede decirse que es inconmensurable. Pues ¿qué es, si no, el impetuoso crecimiento de la metalurgia bajo la dictadura del proletariado, más que la prueba directa de que el proletariado no sólo es capaz de destruir lo viejo, sino también de construir lo nuevo, de que es capaz de construir con sus propias fuerzas una industria nueva y una nueva sociedad, libre de la explotación del hombre por el hombre? Demostrar esto con hechos, y no con frases sacadas de libros, significa impulsar de modo seguro y definitivo la revolución internacional. La peregrinación de los obreros del occidente de Europa a nuestro país no es una casualidad. Tiene una inmensa importancia, desde el punto de vista de la agitación y de sus consecuencias prácticas, para el desarrollo del movimiento revolucionario en todo el mundo. El hecho de que vengan a nuestro país obreros, de que se metan por todos los rincones de nuestras fábricas, evidencia que no creen en los libros y quieren convencerse por experiencia propia de la capacidad del proletariado para construir una industria nueva, para crear la nueva sociedad.

Y cuando se convenzan de ello, la causa de la revolución internacional - podéis estar seguros- avanzará con botas de siete leguas. Ahora -dice Lenin-, como más influimos en la revolución internacional es con nuestra política económica. Puede decirse sin exagerar lo más mínimo que todos miran a la República Soviética de Rusia, todos los trabajadores del mundo, sin excepción alguna... En este terreno, la lucha se lleva ya en escala mundial. Si cumplimos esta tarea, ganaremos en escala internacional de seguro y definitivamente. Por eso, los problemas de la edificación económica adquieren para nosotros una importancia verdaderamente extraordinaria. En este frente debemos lograr la victoria con un ascenso y un avance lentos, graduales -no pueden ser rápidos-, pero firmes”* (v. t. XXVI, págs. 410-411). Tal es la significación internacional del ascenso de nuestra industria en general, y de la metalurgia en particular. Ahora tenemos unos cuatro millones de proletarios industriales. Eso, claro está, es poco, pero algo significa para ir edificando el socialismo y organizar la defensa de nuestro país de manera que infunda temor a los enemigos del proletariado. Sin embargo, no podemos ni debemos detenernos aquí. Necesitamos unos 15 ó 20 millones de proletarios industriales, la electrificación de las zonas principales de nuestro país, una agricultura basada en la cooperación y una industria metalúrgica muy desarrollada. Entonces, no será de temer ningún peligro. Entonces, venceremos en escala internacional. La significación histórica de la XIV Conferencia reside precisamente en que ha trazado con claridad el camino hacia este gran objetivo. Y ese camino es acertado, pues es el camino de Lenin, el camino que nos lleva a la victoria definitiva. Tales son, en líneas generales, los resultados de la XIV Conferencia de nuestro Partido.

Publicado el 12 y el 13 de mayo de 1925 en los núms. 106 y 107 de “Pravda”.

* Subrayado en todas partes por mí. J. St.