Discurso en la asamblea de estudiantes de la Universidad Comunista de los Trabajadores del Oriente 18 de mayo de 1925. Camaradas: Permitidme, ante todo, felicitaros con motivo del 4° aniversario de la fundación de la Universidad Comunista de los Trabajadores del Oriente. Huelga decir que deseo a vuestra Universidad éxitos mil en su difícil tarea de forjar cuadros comunistas para el Oriente. Y ahora, al grano. Si se analiza la composición de la Universidad de los Trabajadores del Oriente, no puede menos de advertirse en ella cierta dualidad. Esta Universidad agrupa a representantes de, por lo menos, 50 naciones y grupos nacionales del Oriente. Los estudiantes de la Universidad son, todos ellos, hijos del Oriente. Pero esta definición no da todavía algo claro y completo. La cuestión es que entre los estudiantes de la Universidad existen dos grupos fundamentales, que representan dos categorías de condiciones de desarrollo completamente distintas. El primer grupo está constituido por hombres procedentes del Oriente soviético, de países en los que ya no existe el Poder de la burguesía, en los que ha sido derrotada la opresión imperialista y en el Poder están los obreros.

El segundo grupo de estudiantes está constituido por hombres procedentes de las colonias y los países dependientes, de países en los que sigue imperando el capitalismo, en los que la opresión del imperialismo ha conservado toda su fuerza y en los que la independencia aun tiene que ser conquistada, expulsando a los imperialistas. Por lo tanto, tenemos ante nosotros dos Orientes, que viven vidas distintas y se desarrollan en distintas condiciones. Huelga decir que esta dualidad en la composición no puede por menos de imprimir su sello a la labor de la Universidad de los Trabajadores del Oriente. A ello, precisamente, se debe que esta Universidad tenga un pie en el terreno soviético y el otro en el terreno de las colonias y los países dependientes. De aquí dos líneas en el trabajo de la Universidad: una tiene por objeto forjar cuadros capaces de satisfacer las necesidades de las repúblicas soviéticas del Oriente, y la otra, forjar cuadros capaces de satisfacer las necesidades revolucionarias de las masas trabajadoras de las colonias y los países dependientes del Oriente. De aquí los dos tipos de tareas que se plantean ante la Universidad de los Trabajadores del Oriente. Examinemos estas tareas de la U.C.T.O., cada una de ellas por separado.

I. Las tareas de la U.C.T.O. en relación con las repúblicas soviéticas del oriente. ¿En qué consisten las particularidades características de la existencia y del desarrollo de estos países, de estas repúblicas, a diferencia de las colonias y los países dependientes? En primer lugar, en que estas repúblicas se han liberado de la opresión imperialista. En segundo lugar, en que se desarrollan y se consolidan como naciones, no bajo la égida del régimen burgués, sino bajo la égida del Poder Soviético. Es éste un hecho sin par en la historia, pero, sin embargo, es un hecho. En tercer lugar, en que, por cuanto son países poco desarrollados en el sentido industrial, pueden apoyarse plena e íntegramente, para su desarrollo, en la ayuda del proletariado industrial de la Unión Soviética. En cuarto lugar, en que, por estar libres de la opresión colonial, hallarse bajo la protección de la dictadura del proletariado y formar parte de la Unión Soviética, estas repúblicas pueden y deben participar en la edificación socialista de nuestro país. La tarea fundamental consiste en facilitar la incorporación de los obreros y los campesinos de estas repúblicas a la edificación del socialismo en nuestro país, en crear y desarrollar, teniendo en cuenta las condiciones particulares de existencia de estas repúblicas, las premisas capaces de impulsar y acelerar esta incorporación. De aquí las tareas inmediatas que se plantean ante los activistas del Oriente soviético: 1) Crear en las repúblicas soviéticas del Oriente centros industriales, que sirvan de base para la agrupación de los campesinos en torno a la clase obrera. Sabéis que esta labor ya ha sido iniciada y continuará avanzando a medida que la Unión Soviética se vaya desarrollando económicamente. La existencia de materias primas de diferentes clases en dichas repúblicas es garantía de que, con el tiempo, esta obra será llevada a su término.

2) Levantar la agricultura y, ante todo, el riego. Como sabéis, esta obra también se ha hecho avanzar, por lo menos en la Transcaucasia y en el Turkestán. 3) Levantar e impulsar la cooperación de las grandes masas de campesinos y artesanos, lo que constituye el camino más seguro para incorporar las repúblicas soviéticas del Oriente al sistema general de la edificación de la economía soviética. 4) Acercar los Soviets a las masas, darles una composición nacional, con objeto de que se implanten Estados soviéticos nacionales, cercanos a las masas trabajadoras y comprensibles para ellas. 5) Desarrollar la cultura nacional, crear una amplia red de cursos y escuelas en la lengua materna, tanto de cultura general como de carácter profesional y técnico, con objeto de preparar, de los hombres del país, cuadros para los Soviets y el Partido, cuadros técnicos y para la dirección de la economía. Realizar estas tareas significa, precisamente, facilitar la edificación socialista en las repúblicas soviéticas del Oriente. Se habla de repúblicas ejemplares del Oriente soviético. Pero ¿qué es una república ejemplar? Una república ejemplar es la república que cumple todas estas tareas honrada y concienzudamente, atrayendo de este modo al movimiento de liberación a los obreros y campesinos de las colonias y los países dependientes vecinos. He hablado más arriba del acercamiento de los Soviets a las masas trabajadoras de las nacionalidades, es decir, de dar a los Soviets un carácter nacional.

Pero ¿qué quiere decir esto y cómo se manifiesta en la práctica? Creo que la delimitación nacional que acaba de realizarse en el Turkestán podría ser considerada como un modelo de esta aproximación a las masas. La prensa burguesa ve en esta delimitación un “ardid bolchevique”. Sin embargo, es evidente que lo que aquí se ha manifestado no es un “ardid”, sino el profundísimo afán de las masas populares del Turkmenistán y del Uzbekistán de tener sus propios órganos de Poder, cercanos y comprensibles para ellas. En la época anterior a la revolución, estos dos países estaban divididos en pedazos que formaban parte de distintos kanatos y Estados, y eran campo abonado para las maquinaciones explotadoras de los “investidos de Poder”. Ahora ha llegado el momento en que pueden reunirse en Estados independientes estos pedazos dispersos, con objeto de aproximar y ligar estrechamente las masas trabajadoras del Uzbekistán y del Turkmenistán a los órganos de Poder. La delimitación realizada en el Turkestán es, ante todo, la reunión de los dispersos pedazos de estos países para formar con ellos Estados independientes. Si estos Estados han manifestado más tarde su deseo de ingresar en la Unión Soviética como miembros iguales de la misma, esto no hace más que evidenciar que los bolcheviques han encontrado la clave de las más profundas aspiraciones de las masas populares del Oriente y que la Unión Soviética es en el mundo la única unión voluntaria de las masas trabajadoras de diferentes nacionalidades.

La burguesía necesitó toda una serie de guerras para unir de nuevo a Polonia, mientras que los comunistas sólo han precisado de unos cuantos meses de propaganda esclarecedora para unir de nuevo al Turkmenistán y al Uzbekistán. Así es como deben acercarse los órganos de gobierno -en el caso presente los Soviets- a las grandes masas trabajadoras y las diferentes nacionalidades. Ahí está la demostración de que la política nacional bolchevique es la única acertada. Me he referido luego a la elevación de la cultura nacional en las repúblicas soviéticas del Oriente. Pero ¿qué es la cultura nacional? ¿Cómo compaginar esta cultura con la cultura proletaria? ¿Acaso no decía Lenin, ya antes de la guerra, que tenemos dos culturas, una cultura burguesa y una cultura socialista, que la consigna de la cultura nacional es una consigna reaccionaria de la burguesía, que procura envenenar la conciencia de los trabajadores con el tóxico del nacionalismo?31 ¿Cómo compaginar la creación de una cultura nacional, el desarrollo de escuelas y cursos en la lengua materna y la formación de cuadros integrados por hombres del país, con la edificación del socialismo, con la creación de una cultura proletaria? ¿No hay aquí una contradicción insuperable? ¡Naturalmente que no! Nosotros creamos una cultura proletaria.

Esto es completamente cierto. Pero también lo es que la cultura proletaria, socialista por su contenido, adopta diversas formas y diferentes modos de expresión en los distintos pueblos incorporados a la edificación socialista, en consonancia con las diferencias de idioma, del modo de vida, etc. Proletaria por su contenido, nacional por su forma: tal es la cultura universal hacia la que marcha el socialismo. La cultura proletaria no suprime la cultura nacional, sino que le da contenido. Y, por el contrario, la cultura nacional no suprime la cultura proletaria, sino que le da forma. La consigna de la cultura nacional era una consigna burguesa mientras el Poder se hallaba en manos de la burguesía y la consolidación de las naciones tenía lugar bajo la égida del régimen burgués. La consigna de la cultura nacional se convirtió en una consigna proletaria en el momento en que el Poder pasó a manos del proletariado y la consolidación de las naciones empezó a tener lugar bajo la égida del Poder Soviético. Quien no haya comprendido la diferencia de principio que hay entre esas dos situaciones distintas, no comprenderá nunca el leninismo ni la esencia del problema nacional. Algunos hablan (Kautsky, por ejemplo) de la creación de un idioma universal único, con la extinción de todos, los demás idiomas en el período

del socialismo. Yo no creo mucho en esta teoría del idioma universal único. En todo caso, la experiencia no habla en pro, sino en contra de dicha teoría. Hasta ahora las cosas han ocurrido de tal modo, que la revolución socialista no ha reducido, sino que ha aumentado el número de idiomas, ya que la revolución, sacudiendo las capas bajas más profundas de la humanidad y haciéndolas salir a la escena política, despierta una nueva vida a toda una serie de nacionalidades nuevas, antes desconocidas o poco conocidas. ¿Quién podía pensar que en la vieja Rusia zarista existían, por lo menos, 50 naciones y grupos nacionales? Sin embargo, al romper las viejas cadenas y al sacar a escena a toda una serie de pueblos y nacionalidades olvidados, la Revolución de Octubre les dio una vida nueva y un nuevo desarrollo. Ahora se habla de la India como de un todo único. Pero apenas cabe duda de que, en el caso de una sacudida revolucionaria, en la India saldrán a escena decenas de nacionalidades antes desconocidas, con su idioma particular, con su cultura particular. Y si se trata de la incorporación de las distintas nacionalidades a la cultura proletaria, difícilmente puede dudarse de que esta incorporación se producirá bajo formas que estén en correspondencia con el idioma y el modo de vida de estas nacionalidades.

Hace poco he recibido una carta de los camaradas buriatos, en la que me piden que les esclarezca serias y difíciles cuestiones concernientes a las relaciones entre la cultura universal y la cultura nacional. He aquí la carta: “Le rogamos encarecidamente que nos esclarezca las siguientes cuestiones, de gran importancia y dificultad para nosotros. El objetivo final del Partido Comunista es una cultura universal única. ¿Cómo se concibe el paso a través de las culturas nacionales, que se desarrollan dentro del marco de nuestras distintas repúblicas autónomas, a una cultura universal única? ¿Cómo ha de tener lugar la asimilación de las peculiaridades de las distintas culturas nacionales (idioma, etc.)?”. Creo que lo dicho más arriba podría servir de contestación a esta inquieta pregunta de los camaradas buriatos. Estos camaradas plantean el problema de la asimilación de las diferentes nacionalidades en el curso de la creación de la cultura proletaria universal. Es indudable que algunas nacionalidades pueden verse sometidas -y cabe suponer que seguramente se verán sometidas- a un proceso de asimilación. Estos procesos también se daban anteriormente. Pero lo que ocurre es que el proceso de asimilación de unas nacionalidades no excluye, sino presupone el procesó opuesto, el de fortalecimiento y desarrollo de toda una serie de naciones llenas de vida y en ascenso, ya que el proceso parcial de asimilación de algunas nacionalidades es resultado del proceso general del desarrollo de las naciones.

Precisamente por ello, la posible asimilación de algunas nacionalidades, lejos de debilitar, confirma la tesis, plenamente acertada, de que la cultura proletaria universal no excluye, sino presupone y nutre la cultura nacional de los pueblos, así como la cultura nacional de los pueblos no suprime, sino complementa y enriquece la cultura proletaria universal. Tales son, en términos generales, las tareas inmediatas que se plantean ante los activistas de las repúblicas soviéticas del Oriente. Tales son el carácter y el contenido de estas tareas. Es preciso aprovechar el presente período de edificación económica intensiva y de nuevas concesiones a los campesinos para impulsar la realización de estas tareas y facilitar, con ello, la incorporación de las repúblicas soviéticas del Oriente, que son fundamentalmente países campesinos, a la edificación del socialismo en la Unión Soviética. Se dice que la nueva política del Partido respecto a los campesinos, al hacer una serie de nuevas concesiones (los arriendos a corto plazo, la permisión del trabajo asalariado), encierra ciertos elementos de retroceso. ¿Es esto cierto? Sí, lo es. Pero éstos son elementos de retroceso que nos permitimos manteniendo una superioridad enorme de fuerzas del lado del Partido y del Poder Soviético.

Una moneda estable, una industria y un transporte en desarrollo, un sistema de crédito en proceso de consolidación, con ayuda del cual, mediante créditos en condiciones ventajosas, se puede arruinar o encumbrar al más alto grado a cualquier capa de la población sin ocasionar el más mínimo trastorno: todas estas reservas en manos de la dictadura del proletariado son de tal naturaleza, que, basándose en ellas, ciertos elementos de retroceso en un sector del frente sólo pueden facilitar la preparación de la ofensiva en todo el frente. Precisamente por ello, algunas nuevas concesiones hechas por el Partido a los campesinos no han de dificultar, sino facilitar en el momento presente la incorporación del campesinado a la edificación socialista. ¿Qué importancia puede tener este hecho para las repúblicas soviéticas del Oriente? Únicamente la de que pone en manos de los activistas de dichas repúblicas un arma nueva, que facilita y acelera la ligazón de estos países con el sistema general del desarrollo económico soviético. Tales son los lazos entre la política del Partido en el campo y las tareas inmediatas que se plantean ante los activistas del Oriente soviético en el terreno nacional. En relación con esto, la misión de la U.C.T.O. respecto a las repúblicas soviéticas del Oriente consiste en educar a los cuadros destinados a estas

repúblicas de forma que se asegure la realización de las tareas inmediatas arriba enumeradas. La Universidad de los Pueblos del Oriente no puede apartarse de la realidad. No es ni puede ser una institución colocada por encima de la realidad. Tiene que estar ligada a la vida real por todas las raíces de su propia existencia. Por lo tanto, no puede abstraerse de las tareas inmediatas que se plantean ante las repúblicas soviéticas del Oriente. De ahí que la misión de la Universidad de los Pueblos del Oriente consista en tener presentes las tareas inmediatas de estas repúblicas al educar los cuadros necesarios para ellas. Al mismo tiempo, es preciso tener presente la existencia de dos desviaciones en el trabajo práctico de los activistas del Oriente soviético, contra las cuales es preciso luchar en el recinto de esta Universidad, con objeto de educar a verdaderos cuadros y a verdaderos revolucionarios para el Oriente soviético. La primera desviación reside en la tendencia simplista, en la simplificación de las tareas de que he hablado más arriba, en el intento de trasplantar mecánicamente modelos de edificación económica bien comprensibles y aplicables en el centro de la Unión Soviética, pero completamente inapropiados en las condiciones del desarrollo de las llamadas regiones periféricas. Los camaradas que caen en esta desviación, no comprendían dos cosas. No comprenden que las condiciones en el centro y en las “regiones periféricas” no son iguales, que distan mucho de ser idénticas. No comprenden, además, que las propias repúblicas soviéticas del Oriente no son homogéneas, que, entre ellas unas -por ejemplo, Georgia y Armenia- se encuentran en un grado superior de formación nacional, otras -por ejemplo, Chechniá y Kabardá.- se hallan en mí grado inferior de formación nacional y, por último, otras -por ejemplo, Kirguizia,- ocupan una posición intermedia entre ambos extremos.

Esos camaradas no comprenden que, sin adaptarse a las condiciones locales, sin tener minuciosamente en cuenta todas y cada una de esas particularidades de cada país, no es posible construir nada serio. Esta desviación lleva a apartarse de las masas y a degenerar en charlatanes izquierdistas. La misión de la Universidad de los Pueblos del Oriente consiste en educar a los cuadros en un espíritu de lucha intransigente contra ese simplismo. La segunda desviación consiste, por el contrario, en exagerar las particularidades locales; en olvidar lo que hay de común y de esencial, que une las repúblicas soviéticas del Oriente con las regiones industriales de la Unión Soviética; en silenciar las tareas socialistas; en adaptarse a las tareas de un nacionalismo estrecho y limitado. Los camaradas que caen en esta desviación, se preocupan poco de la edificación interior de su país, prefieren abandonar este desarrollo al curso natural de los acontecimientos. Para ellos, lo fundamental no es la edificación interior, sino la política “exterior”, la extensión de las fronteras de su república, los litigios con las repúblicas circundantes, el deseo de arrancar a los vecinos un trozo más y complacer, de este modo, a los nacionalistas burgueses de su país. Esta desviación lleva a apartarse del socialismo y a degenerar en nacionalistas burgueses corrientes. La misión de la Universidad de los Pueblos del Oriente consiste en educar a los cuadros en el espíritu de lucha intransigente contra este nacionalismo solapado. Estas son las tareas de la Universidad de los Pueblos del Oriente respecto a las repúblicas soviéticas del Oriente.

II. Las tareas de la U.C.T.O. en relación con las colonias y los países dependientes del oriente. Pasemos a la segunda cuestión, a la de las tareas de la U.C.T.O. en relación con las colonias y los países dependientes del Oriente. ¿En qué consisten las particularidades características de la existencia y del desarrollo de estos países, a diferencia de las repúblicas soviéticas del Oriente? En primer lugar, en que estos países viven y se desarrollan bajo la opresión del imperialismo. En segundo lugar, en que la existencia de una doble opresión, la opresión interior (de su burguesía) y la opresión exterior (de la burguesía imperialista extranjera), agudiza y ahonda en estos países la crisis revolucionaria. En tercer lugar, en que, en algunos de estos países -por ejemplo, en la India-, el capitalismo se desarrolla a ritmo acelerado, engendrando y formando una clase, más o menos numerosa, de proletarios indígenas. En cuarto lugar, en que, conforme crece el movimiento revolucionario, la burguesía nacional de estos países se escinde en dos partes: una parte revolucionaria (la pequeña burguesía) y otra conciliadora (la gran burguesía), de las cuales la primera continúa la lucha revolucionaria, mientras que la segunda forma un bloque con el imperialismo. En quinto lugar, en que al lado del bloque imperialista se va formando en estos países otro bloque, el bloque de los obreros y la pequeña burguesía revolucionaria, bloque antiimperialista, que persigue el fin de emanciparse totalmente del imperialismo. En sexto lugar, en que el problema de la hegemonía del proletariado en estos países y la liberación de las masas populares de la influencia de la burguesía nacional conciliadora adquieren cada vez más palpitante actualidad. En séptimo lugar, en que esta circunstancia facilita considerablemente la ligazón del movimiento

de liberación nacional de estos países con el movimiento proletario de los países avanzados del Occidente. De esto se sacan, por lo menos, tres conclusiones: 1) es imposible emancipar del imperialismo las colonias y los países dependientes sin una revolución victoriosa: la emancipación no se logra sin esfuerzo. 2) Es imposible impulsar la revolución y conquistar la independencia total de las colonias y de los países dependientes desarrollados en el sentido capitalista sin aislar a la burguesía nacional conciliadora, sin liberar a las masas revolucionarias pequeñoburguesas de la influencia de esta burguesía, sin aplicar la política de hegemonía del proletariado, sin organizar a los elementos avanzados de la clase obrera en un Partido Comunista independiente. 3) Es imposible lograr una victoria firme en las colonias y los países dependientes sin una ligazón efectiva del movimiento de liberación de estos países y el movimiento proletario de los países avanzados del Occidente. La tarea fundamental de los comunistas de las colonias y los países dependientes consiste en basar su trabajo revolucionario en estas conclusiones. ¿Cuáles son las tareas inmediatas del movimiento revolucionario de las colonias y los países dependientes, dadas estas circunstancias?

El rasgo característico de las colonias y los países dependientes en el momento actual es que ya no existe bajo la capa del cielo el Oriente colonial como un todo único. Antes se concebía el Oriente colonial como un todo único y homogéneo. Actualmente, esta concepción ya no corresponde a la realidad. Actualmente tenemos, por lo menos, tres categorías de colonias y países dependientes. En primer lugar, países como Marruecos, que carecen o casi carecen de un proletariado propio y nada desarrollados en el sentido industrial. En segundo lugar, países como la China y Egipto, poco desarrollados en el sentido industrial y con un proletariado relativamente poco numeroso. En tercer lugar, países como la India, más o menos desarrollados en el sentido capitalista y que cuentan con un proletariado nacional más o menos numeroso. Es evidente que no se puede, de ningún modo, situar a todos estos países en un mismo plano. En los países como Marruecos, donde la burguesía nacional aun no tiene motivos para escindirse en un partido revolucionario y en un partido conciliador, la tarea de los elementos comunistas consiste en adoptar todas las medidas precisas para crear un frente nacional único contra el imperialismo. Los elementos comunistas de estos países únicamente podrán organizarse en un solo partido en el curso de la lucha contra el imperialismo, particularmente después de una lucha revolucionaria victoriosa contra el imperialismo.

En los países como Egipto o la China, donde la burguesía nacional ya se ha escindido en partido revolucionario y partido conciliador, pero donde la parte conciliadora de la burguesía aun no puede unirse estrechamente al imperialismo, los comunistas ya no pueden plantearse el objetivo de crear un frente nacional único contra el imperialismo. En estos países, los comunistas deben pasar de la política de frente nacional único a la política de bloque revolucionario de los obreros y la pequeña burguesía. Este bloque puede adoptar en estos países la forma de un partido único, de un partido obrero y campesino, pero a condición de que ese partido especial sea de hecho un bloque de dos fuerzas: el Partido Comunista y el partido de la pequeña burguesía revolucionaria. Desenmascarar el carácter vacilante y la inconsecuencia de la burguesía nacional y luchar resueltamente contra el imperialismo: tales son las tareas de este bloque. Este partido de doble composición es necesario y conveniente, siempre que no ate de pies y manos al Partido Comunista; siempre que no restrinja la libertad de agitación y propaganda del Partido Comunista; siempre que no obstaculice la agrupación de los proletarios en torno al Partido Comunista; siempre que facilite al Partido Comunista ejercer la dirección efectiva del movimiento revolucionario. Este partido de doble composición no es necesario ni conveniente si no reúne todas estas condiciones, pues únicamente puede llevar a la disolución de los comunistas en las filas de la burguesía y a que el Partido Comunista pierda el ejército proletario.

La situación es en cierto modo diferente en países como la India. Lo fundamental y lo nuevo en las condiciones de existencia de colonias como la India, no sólo consiste en que la burguesía nacional se ha escindido en partido revolucionario y partido conciliador, sino, ante todo, en que la parte conciliadora de esta burguesía ha conseguido ya ponerse de acuerdo, en lo fundamental, con el imperialismo. Temiendo más a la revolución que al imperialismo, preocupándose más por los intereses de su bolsillo que por los intereses de su propia patria, esta parte de la burguesía, la más rica e influyente, se pasa con armas y bagajes al campo de los enemigos acérrimos de la revolución, formando un bloque con el imperialismo contra los obreros y los campesinos de su propio país. No se puede conseguir la victoria de la revolución sin deshacer ese bloque. Mas, para deshacerlo, hay que concentrar el fuego contra la burguesía nacional conciliadora, denunciando su traición, liberando a las masas trabajadoras de su influencia y preparando sistemáticamente las condiciones precisas para la hegemonía del proletariado. En otras palabras, se trata de preparar al proletariado, en colonias como la India, para desempeñar el papel de dirigente del movimiento de liberación, desplazando paso a paso de este puesto de honor a la burguesía y a sus

heraldos. La tarea consiste en crear un bloque revolucionario antiimperialista y en asegurar la hegemonía del proletariado en él. Este bloque puede adoptar, aunque no siempre deba adoptada obligatoriamente, la forma de un partido obrero y campesino único, formalmente ligado por una plataforma única. La independencia del Partido Comunista en estos países debe ser la consigna fundamental de los avanzados elementos comunistas, ya que la hegemonía del proletariado sólo puede ser preparada y realizada por el Partido Comunista. Pero el Partido Comunista puede y debe formar un bloque abierto con el ala revolucionaria de la burguesía, a fin de llevar tras de sí, en la lucha contra el imperialismo, una vez que haya aislado a la burguesía nacional conciliadora, a los millones de pequeños burgueses del campo y de la ciudad. De aquí las siguientes tareas inmediatas del movimiento revolucionario en las colonias y países dependientes desarrollados en el sentido capitalista: 1) Conquistar para el comunismo a los mejores elementos de la clase obrera y formar Partidos Comunistas independientes. 2) Crear un bloque nacional-revolucionario de los obreros, los campesinos y los intelectuales revolucionarios, contra el bloque de la burguesía nacional conciliadora y el imperialismo. 3) Asegurar la hegemonía del proletariado en ese bloque. 4) Luchar por liberar a la pequeña burguesía rural y urbana de la influencia de la burguesía nacional conciliadora. 5) Asegurar la ligazón del movimiento de liberación con el movimiento proletario de los países avanzados.

Estos son los tres grupos de tareas inmediatas que se plantean ante los activistas de las colonias y los países dependientes del Oriente. Estas tareas adquieren particular importancia y especial significación si las examinamos a la luz de la presente situación internacional. Esta se caracteriza en la actualidad por la llegada de un período de calma temporal del movimiento revolucionario. Pero ¿qué es la calma?, ¿qué significación puede tener en el momento presente? Sólo puede significar una mayor presión sobre los obreros del Occidente, sobre las colonias del Oriente y, ante todo, sobre la Unión Soviética, portaestandarte del movimiento revolucionario de todos los países. Difícilmente puede dudarse de que en las filas de los imperialistas se ha comenzado ya a preparar esta presión sobre la Unión Soviética. La campaña de calumnias desencadenada con motivo de la insurrección de Estonia, las falaces incitaciones contra la Unión Soviética con motivo de la explosión de Sofía, la campaña general de la prensa burguesa contra nuestro país: todos estos hechos constituyen la etapa preparatoria de la ofensiva.

Es la preparación artillera de la opinión pública, hecha con objeto de acostumbrar al hombre de la calle a los ataques contra la Unión Soviética y de crear las premisas morales para la intervención. Aun nos queda por ver cuál va a ser el resultado de toda esta campaña de mentiras y calumnias y si los imperialistas se arriesgan a emprender una ofensiva seria. Pero apenas hay motivos para dudar de que estos ataques no pronostican nada bueno para las colonias. Por eso, la preparación del contragolpe de las fuerzas unidas de la revolución al probable golpe del imperialismo es un problema ineludible del momento. Por eso, el estricto cumplimiento de las tareas inmediatas del movimiento revolucionario en las colonias y en los países dependientes adquiere en estos momentos una importancia excepcional. ¿En qué consiste la misión de la Universidad de los Pueblos del Oriente respecto a las colonias y los países dependientes, atendidas todas estas circunstancias? Su misión consiste en tener presentes todas las particularidades del desarrollo revolucionario de estos países y en educar a los cuadros procedentes de ellos para que puedan asegurar el cumplimiento de las diversas tareas inmediatas expuestas más arriba. En la Universidad de los Pueblos del Oriente hay unos diez grupos de estudiantes llegados de colonias y países dependientes. Todos sabemos que estos camaradas vienen ansiosos de luz y de saber.

La tarea de la Universidad de los Pueblos del Oriente consiste en forjar de ellos verdaderos revolucionarios, pertrechados de la teoría leninista, dotados de la experiencia práctica del leninismo y capaces de cumplir a conciencia las tareas inmediatas del movimiento de liberación en las colonias y los países dependientes. A este propósito, es preciso tener en cuenta la existencia de dos desviaciones en el trabajo práctico de los activistas del Oriente colonial, contra las cuales se debe luchar, a fin de educar cuadros auténticamente revolucionarios. La primera desviación consiste en menospreciar las posibilidades revolucionarias del movimiento de liberación y en la sobrestimación de la idea de un frente nacional único, que lo abarque todo, en las colonias y países dependientes, sea cual fuere la situación y el grado de desarrollo de dichos países. Es ésta una desviación de derecha, que amenaza con rebajar el nivel del movimiento revolucionario y disolver a los elementos comunistas en el coro general de los nacionalistas burgueses. La lucha resuelta contra esta desviación es un deber que incumbe de manera directa a la Universidad de los Pueblos del Oriente. La segunda desviación consiste en sobrestimar las posibilidades revolucionarias del movimiento de liberación y en menospreciar la alianza de la clase obrera con la burguesía revolucionaria contra el

imperialismo. Parece que en esta desviación han caído los comunistas de Java, que hace poco han lanzado la errónea consigna de Poder Soviético para su país. Es ésta una desviación de izquierda, que amenaza con aislar al Partido Comunista de las masas y convertirlo en una secta. La lucha resuelta contra esta desviación es condición indispensable de la educación de cuadros auténticamente revolucionarios para las colonias y los países dependientes del Oriente. Tales son, a grandes rasgos, las tareas políticas de la U.C.T.O. respecto a los pueblos del Oriente soviético y del Oriente colonial. Esperemos que la Universidad de los Pueblo del Oriente sepa cumplir con honor estas tareas.

Publicado el 22 de mayo de 1925 en el núm. 115 de “Pravda”.