3 de noviembre de 1925. Camaradas: No me encuentro en condiciones de pronunciar un largo discurso; mi estado de ánimo no me lo permite. Diré únicamente que en el camarada Frunze hemos perdido a uno de los revolucionarios más puros, más honrados y más intrépidos de nuestro tiempo. En el camarada Frunze el Partido ha perdido a uno de sus dirigentes más fieles y más disciplinados. En el camarada Frunze el Poder Soviético ha perdido a uno de los constructores más audaces y más inteligentes de nuestro país y de nuestro Estado. En el camarada Frunze el ejército ha perdido a uno de sus jefes y organizadores más queridos y respetados. Por eso es tan grande el dolor que el Partido siente por la muerte del camarada Frunze. Camaradas: Este año es para nosotros una maldición. Se había llevado ya de entre nosotros a muchos camaradas dirigentes. Pero eso no era bastante y ha hecho falta otra víctima. Tal vez sea realmente necesario que los viejos camaradas desciendan al sepulcro tan fácil y sencillamente. Por desgracia, nuestros camaradas jóvenes no se destacan tan fácil ni, menos aún, tan sencillamente para sustituir a los viejos. Debemos creer, sin embargo, debemos confiar en que el Partido y la clase obrera tomarán todas las medidas necesarias para facilitar la formación de nuevos cuadros que sustituyan a los viejos. El Comité Central del Partido Comunista de Rusia me ha encomendado que exprese el dolor de todo el Partido por la muerte del camarada Frunze. Qué este corto discurso mío sea la expresión de ese dolor, que es infinito y no necesita de muchas palabras.

Publicado el 5 de noviembre de 1925 en el núm. 253 de “Pravda”.