Estimado camarada Mert: He recibido su carta del 20 de febrero. En primer lugar, le envío un saludo. Y ahora al grano. 1) Ha exagerado demasiado usted (y no sólo usted) el asunto de la interviú con Herzog*. No podía ponerlo de patitas en la calle -ni lo haré-, no sólo porque es miembro del Partido, sino, además, porque vino a mí con una carta del camarada Geschke en la que éste me rogaba encarecidamente que concediese a Herzog una interviú. Le envío copia de esa carta. El original en alemán lo he remitido ya al C.C. del P.C. de Alemania. Sacar del solo hecho de la concesión de una interviú a Herzog, cuando existía el ruego por escrito del camarada Geschke, la conclusión de que el C.C. del P.C.(b) de Rusia está dando o tiene la intención de dar un viraje hacia Brandler, significa hacer un elefante, no de una mosca, sino de un cero y tomar el rábano por las hojas. Si el C.C. del P.C.(b) de Rusia supiera que usted u otros miembros del C.C. del P.C. de Alemania abrigaban la sospecha de que simpatizaba con Brandler-Thalheimer y abandonaba a la izquierda para apoyar a la derecha, se reiría a más no poder. 2) Tiene usted plena razón al afirmar que el Partido Comunista de Alemania ha conseguido éxitos enormes.

No cabe duda de que Brandler y Thalheimer pertenecen a la categoría de dirigentes de viejo tipo, que van caducando y siendo desplazados a segundo plano por dirigentes de nuevo tipo. Aquí, en Rusia, se dio también ese proceso de desaparición de muchos dirigentes viejos, que procedían del campo de los literatos y de los viejos “jefes”. Dicho proceso se acentuaba en los períodos de crisis revolucionaria e iba más despacio en los períodos de acumulación de fuerzas, pero no dejaba nunca de operarse. Los Lunacharski, los Pokrovski, los Rozhkov, los Goldenberg, los Bogdánov, los Krasin, etc.: tales son los primeros ejemplares que me vienen a la memoria de antiguos jefes bolcheviques que han pasada más tarde a desempeñar papeles secundarios. Es éste un proceso necesario de renovación de los cuadros dirigentes de un partido vivo y en desarrollo. La diferencia entre las Brandler-Thalheimer y estos últimos camaradas reside, dicho sea de paso, en que los Brandler y los Thalheimer llevan a cuestas, sin hablar de todo lo demás, el viejo fardo

* Véase el presente tomo. (N. de la Red.) socialdemócrata, que no pesaba sobre los camaradas rusos antes mencionados. Y esa diferencia no habla, como podrá usted ver, en favor de Brandler- Thalheimer, sino en contra de ellos. El solo hecho de que el P.C. de Alemania haya conseguido desplazar y echar de la escena a los Brandle y a los Thalheimer, nos dice que el P.C. de Alemania crece, que avanza, que prospera. No hablo ya de los éxitos indudables del P.C. de Alemania a que usted alude con toda razón en su carta. Pensar ahora que en el C.C. del P.C.(b) de Rusia hay gente que proyecta volver atrás la rueda del desarrollo del Partido Comunista de Alemania, significa tener muy mal concepto de él. Más ponderación, camarada Mert... 3) Habla usted de la línea del P.C. de Alemania. Indudablemente -me refiero a su línea política-, es acertada. Ello, propiamente, explica las relaciones íntimas, amistosas (y no sólo de camaradas) entre el P.C.(b) de Rusia, y el P.C. de Alemania, esas relaciones de las que usted mismo habla en su carta. Pero ¿significa esto que debamos ocultar ciertos errores en la labor política del P.C. de Alemania o del P.C.(b) de Rusia? Naturalmente que no.

¿Puede afirmarse que el C.C. del P.C. de Alemania o el C.C. del P.C.(b) de Rusia no cometen algún que otro error? ¿Puede afirmarse que la crítica de una parte de la actividad del C.C. del P.C. de Alemania (utilización insuficiente del asunto Barmat, la conocida votación de la minoría comunista en el parlamento de Prusia en el problema de la elección del presidente del parlamento, el problema de los impuestos relacionados con el plan Dawes, etc.) excluye la plena solidaridad con la línea general del C.C. del P.C. de Alemania? Claro que no. ¿Qué sería de nuestros Partidos si al encontramos nosotros en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, supongamos, cerrásemos los ojos a los errores de nuestros Partidos, nos entusiasmásemos ensalzando nuestro “acuerdo completo” y nuestra “bonanza” y nos pusiéramos a decir amén en todas las cuestiones? Creo que semejantes partidos nunca llegarían a ser revolucionarios. Serían momias, pero no partidos revolucionarios. Me parece que algunos camaradas alemanes se sienten a veces inclinados a pedimos que demos nuestro asentimiento a todo lo que hace el Comité Central del P.C. de Alemania, estando por su parte siempre dispuestos a asentir a cuanto haga el

Comité Central del C.C.(b) de Rusia. Yo me opongo enérgicamente a ese asentimiento mutuo. A juzgar por su carta, usted es de la misma opinión. Tanto mejor para el P.C. de Alemania. 4) Me opongo enérgicamente a la política de expulsión de todos los camaradas disidentes. Y no porque tenga lástima de ellos, sino porque esa política engendra en el Partido un régimen de intimidación, un régimen de atemorizamiento, un régimen que mata el espíritu de autocrítica y de iniciativa. Mala cosa es que se tema a los jefes del Partido, pero que no se les estime. Los jefes del Partido únicamente pueden serlo de veras cuando, no sólo se les teme, sino que se les estima en el seno del Partido, cuando se reconoce su autoridad. Formar esos jefes cuesta trabajo, requiere largo tiempo y no tiene nada de fácil, pero es absolutamente necesario, pues sin esa condición el Partido no puede calificarse de verdadero partido bolchevique, y su disciplina no puede ser una disciplina consciente. Creo que los camaradas alemanes pecan contra esta verdad evidente.

Para desautorizar a Trotski y a sus partidarios, los bolcheviques rusos desplegamos una intensísima campaña de esclarecimiento de principios, en pro de los fundamentos del bolchevismo y contra los fundamentos del trotskismo, aunque, a juzgar por la fuerza y por el peso del C.C. del P.C.(b) de Rusia hubiéramos podido prescindir de ella. ¿Era necesaria esa campaña? Era imprescindible, pues con ella educamos a cientos de miles de nuevos afiliados al Partido (y de no afiliados) en el espíritu del bolchevismo. Es en extremo lamentable que nuestros camaradas alemanes no sientan la necesidad de desplegar antes de las represiones contra la oposición, o como complemento a ellas, una vasta campaña de esclarecimiento de principios, pues con ese proceder dificulta a la educación de los miembros y de los cuadros del Partido en el espíritu del bolchevismo. Expulsar a Drandler y Thalheimer no es difícil, es bien sencillo. Pero superar el brandlerismo es cosa complicada y seria; con represiones a secas únicamente se puede estropearlo todo: es necesario remover bien hondo el terreno e iluminar a conciencia las cabezas. El P.C.(b) de Rusia se ha desarrollado siempre a través de contradicciones, es decir, en una lucha con las tendencias no comunistas y sólo en esa lucha se ha fortalecido, ha forjado verdaderos cuadros.

Ante el P.C. de Alemania se abre el mismo camino de desarrollo a través de contradicciones, a través de una lucha verdadera, empeñada y larga contra las tendencias no comunistas, particularmente contra las tradiciones socialdemócratas, contra el brandlerismo, etc. Mas, para esa lucha, no bastan las represiones. Por eso opino que el C.C. del P.C. de Alemania debe tener más flexibilidad en su política interna. No dudo de que el P.C. de Alemania sabrá corregir los defectos en este terreno. 5) Tiene usted completa razón al hablar del trabajo en los sindicatos. El papel de los sindicatos en Alemania no es el mismo que en Rusia. En Rusia aparecieron después del Partido, y en el fondo eran organismos auxiliares del Partido. No ocurre lo mismo en Alemania ni en el resto de Europa. El Partido nació allí de los sindicatos, que le hacían con éxito la competencia, en el sentido de influir en las masas, y que a menudo, eran para él un pesado lastre. Si se pregunta a las amplias masas de Alemania o del resto de Europa qué organización es para ellas más afín, el Partido o los sindicatos, responderán sin duda que los sindicatos les son más afines que el Partido.

Bueno o malo, esto es un hecho: los trabajadores sin- partido de Europa ven en los sindicatos sus principales fortalezas, que les ayudan a luchar contra los capitalistas (salario, jornada, seguros, etc.), mientras que el Partido es para ellos algo auxiliar y secundario, si bien preciso. Eso explica que las amplias masas obreras vean en la lucha directa que los “ultraizquierdistas” mantienen desde fuera contra los sindicatos actuales una lucha contra sus principales fortalezas, que ellos construyeron durante decenas de años y que ahora “los comunistas” quieren destruir. No tener en cuenta esta particularidad, significa hundir el movimiento comunista del Occidente. Pero de ahí se desprenden dos conclusiones: en primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. J. Stalin. 28.11.1925.

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