Camarada Ermakovski: Le ruego encarecidamente que me perdone la tardanza. He estado dos meses de descanso, volví ayer a Moscú y hasta hoy no he podido leer su nota. Por cierto, más vale tarde que nunca. La respuesta negativa de Engels a la pregunta: “¿Puede esta revolución producirse en un solo país?”, refleja por completo la época del capitalismo premonopolista, la época preimperialista, en la que no existían aún condiciones para el desarrollo desigual, a saltos, de los países capitalistas, en que, por consiguiente, no había premisas para la victoria de la revolución proletaria en un solo país (la posibilidad de la victoria de esa revolución en un solo país se desprende, como es sabido, de la ley de la desigualdad del desarrollo de los países capitalistas en el imperialismo). La ley de la desigualdad del desarrollo de los países capitalistas y la tesis, ligada a ella, de la posibilidad de la victoria de la revolución proletaria en un solo país, fueron planteadas y pudieron ser planteadas por Lenin únicamente en el período del imperialismo. Ello explica, entre otras cosas, que el leninismo sea el marxismo de la época del imperialismo, que sea el desarrollo del marxismo, formado en la época preimperialista. Engels, con toda su genialidad, no podía advertir lo que aun no existía en el período del capitalismo premonopolista, en el quinto decenio del pasado siglo, cuando escribió sus “Principios de comunismo”, y que no nació hasta más tarde, en el período del capitalismo monopolista.

Por otra parte, Lenin, como marxista genial, no pudo por menos de advertir lo que había nacido después de la muerte de Engels, en el período del imperialismo. La diferencia entre Lenin y Engels es la diferencia de los dos períodos históricos en que vivieron. No puede ni hablarse de que “la teoría de Trotski sea idéntica a la doctrina de Engels”. Engels tenía motivos para contestar negativamente a la pregunta Nº 19 (v. sus “Principios de comunismo”) en el período del capitalismo premonopolista, en el quinto decenio del siglo pasado, cuando no podía ni hablarse de la ley de la desigualdad del desarrollo de los países capitalistas. Trotski, al contrario, no tiene ningún motivo para repetir en el siglo XX la vieja respuesta de Engels, que toma de una época ya pasada, y aplicarla mecánicamente a la época nueva, a la época imperialista, en la que la ley de la desigualdad del desarrollo es un hecho universalmente conocido. Engels construye su respuesta apoyándose en el análisis del capitalismo premonopolista, contemporáneo suyo. Trotski, en cambio, no analiza la época contemporánea, sino que se abstrae de ella, olvida que no vive en el quinto decenio del siglo pasado, sino en el siglo XX, en la época del imperialismo, y aplica artificiosamente la nariz del Iván Ivánovich del quinto decenio del siglo XIX al mentón del Iván Nikíforovich de comienzos del siglo XX, suponiendo, por lo visto, que se puede engañar de ese modo a la historia. No creo que esos dos métodos diametralmente opuestos puedan dar pie para hablar de “la identidad de la teoría de Trotski con la doctrina de Engels”. Con saludos comunistas, J. Stalin. 15. IX. 1925.

Se publica por primera vez.