Camaradas. Durante las últimas dos semanas han tenido la oportunidad de escuchar informes sobre la actividad del CC desde el XIII hasta el XIV congreso por parte de toda una serie de miembros del CC y miembros del Buró Político, extensos informes, en lo fundamental indudablemente correctos. Considero que repetir esos informes apenas tiene sentido. Pienso que esta circunstancia facilita mi trabajo en este momento, y estimaría conveniente, en vista de ello, limitarme a plantear una serie de cuestiones sobre la actividad del CC de nuestro partido desde el XIII congreso hasta el XIV congreso.

Habitualmente, el informe del CC comienza con la situación exterior. No voy a infringir esa costumbre. También yo empezaré por la situación exterior.

## I. La situación internacional

Lo principal y nuevo, lo decisivo y que penetra todos los acontecimientos de este período en el ámbito de las relaciones exteriores, es que entre nuestro país, que construye el socialismo, y los países del mundo capitalista se ha establecido un cierto equilibrio temporal de fuerzas, equilibrio que ha determinado la actual etapa de “coexistencia pacífica” entre el País de los Soviets y los países del capitalismo. Lo que en un momento consideramos como una breve tregua después de la guerra, se ha convertido en todo un período de tregua. De ahí un cierto equilibrio de fuerzas y un cierto período de “coexistencia pacífica” entre el mundo de la burguesía y el mundo del proletariado.

En la base de todo esto se encuentra la debilidad interna, la debilidad y la impotencia del capitalismo mundial, por un lado, y el crecimiento del movimiento revolucionario de los obreros en general, especialmente el crecimiento de las fuerzas en nuestro país, en el País de los Soviets, por el otro.

¿Qué subyace en la base de esta debilidad del mundo capitalista?

La base de esta debilidad la constituyen las contradicciones, insuperables para el capitalismo, en cuyo marco se configura toda la situación internacional: contradicciones que son insuperables para los países capitalistas y que solo pueden ser superadas en el curso del desarrollo de la revolución proletaria en Occidente.

¿Cuáles son esas contradicciones? Se pueden reducir a cinco grupos.

El primer grupo de contradicciones son las contradicciones entre el proletariado y la burguesía en los países capitalistas.

El segundo grupo de contradicciones son las contradicciones entre el imperialismo y el movimiento de liberación de las colonias y los países dependientes.

El tercer grupo de contradicciones son aquellas contradicciones que se desarrollan y no pueden dejar de desarrollarse entre los Estados vencedores en la guerra imperialista y los Estados vencidos.

El cuarto grupo de contradicciones son aquellas contradicciones que se desarrollan y no pueden dejar de desarrollarse entre los propios Estados vencedores.

Y el quinto grupo de contradicciones son aquellas contradicciones que se desarrollan entre el País de los Soviets y los países del capitalismo en su conjunto.

He aquí los cinco grupos principales de contradicciones en cuyo marco transcurre el desarrollo de nuestra situación internacional.

Camaradas, sin examinar brevemente la naturaleza y el crecimiento de estas contradicciones, no podremos comprender la actual situación internacional de nuestro país. Por ello, un breve repaso de estas contradicciones debe constituir inevitablemente una parte de mi informe.

### 1. La estabilización del capitalismo

Así pues, comencemos con las contradicciones de la primera serie, las contradicciones entre el proletariado y la burguesía en los países capitalistas. En este terreno, los hechos fundamentales pueden reducirse a los siguientes.

Primero. El capitalismo está saliendo o ya ha salido del caos en la producción, el comercio y las finanzas que sobrevino después de la guerra y en el cual se encontró. Esto fue denominado por el partido como estabilización parcial o temporal del capitalismo. ¿Qué significa esto? Significa que la producción y el comercio de los países capitalistas, que en un momento cayeron terriblemente durante el período de la crisis de posguerra (me refiero a los años 1919-1920), comenzaron a avanzar, y el poder político de la burguesía empezó a fortalecerse en mayor o menor medida. Significa que el capitalismo ha salido temporalmente del caos en el que se encontró después de la guerra.

He aquí las cifras, si tomamos Europa.

La producción en todos los países avanzados de Europa o bien avanza en comparación con 1919, crece, alcanzando en algunos lugares el 80-90% de la norma de preguerra, o bien se mantiene en una misma norma. Solo en Inglaterra algunas ramas de la producción aún no se han enderezado. En lo fundamental, si se toma Europa en su conjunto, la producción y el comercio avanzan, aunque sin alcanzar todavía la norma de preguerra. Si se toma la producción de trigo, en Inglaterra tenemos un 80-85% de la norma de preguerra, en Francia un 83%, en Alemania un 68%. La producción de trigo en Alemania aumenta muy lentamente. En Francia no aumenta, en Inglaterra desciende. Todo esto se compensa mediante la exportación de trigo desde América. La extracción de carbón en 1925 en Inglaterra constituye el 90% de la norma de preguerra, en Francia el 107% de la norma de preguerra, en Alemania el 93%. La producción de acero en Inglaterra constituye el 98% de la norma de preguerra, en Francia el 102%, en Alemania el 78%. El consumo de algodón en Inglaterra equivale al 82% de la norma de preguerra, en Francia al 83%, en Alemania al 81%. El comercio exterior en Inglaterra tiene un saldo pasivo y alcanza el 94% respecto a la preguerra, en Alemania aumenta ligeramente en comparación con 1919 y tiene también un saldo pasivo, en Francia ahora está por encima de la norma de preguerra: 102%. El nivel del comercio europeo en su conjunto, si se toma el año 1921, constituía el 63% de la norma de preguerra, y ahora, en 1925, el comercio ha alcanzado el 82% de esa misma norma. Los presupuestos en estos Estados de una u otra manera se equilibran, pero se equilibran a costa de una terrible sobrecarga impositiva sobre la población. Existen fluctuaciones de la moneda en algunos países, pero en general no se observa el caos anterior.

En general, el panorama es tal que la crisis económica de posguerra de Europa se está superando, la producción y el comercio se encaminan hacia la norma de preguerra. Uno de los países europeos, Francia, en la esfera del comercio y la producción ya ha superado la norma de preguerra, y otro país de Europa —hablo de Inglaterra— se encuentra aún en el mismo o casi el mismo nivel, sin alcanzar la norma de preguerra.

En segundo lugar. En lugar del período de ascenso de las olas revolucionarias que observamos en los años de la crisis de posguerra, ahora observamos un período de reflujo en Europa. Esto significa que la cuestión de la toma del poder, de la conquista del poder por el proletariado de hoy para mañana, no figura actualmente en el orden del día en Europa. El período de ascenso de las olas revolucionarias, cuando el movimiento avanza, se eleva, y el partido no logra alcanzar con sus consignas al movimiento, como ocurrió, por ejemplo, en nuestro país en 1905 o en 1917, este período de ascenso aún está por delante. Pero ahora no existe, sino que existe un período de reflujo temporal, un período de acumulación de fuerzas por parte del proletariado, que da grandes resultados en el sentido de perfilar nuevas formas de movimiento, en el sentido de la existencia y el crecimiento del movimiento de masas bajo la bandera de la lucha por la unidad del movimiento sindical, en el sentido de tender y fortalecer los vínculos del movimiento obrero de Occidente con el movimiento obrero de la Unión Soviética, en el sentido del viraje a la izquierda, por ejemplo, del movimiento obrero inglés, en el sentido de la descomposición de Ámsterdam, de su profunda fisura, etc., etc. Repito, estamos viviendo un período de acumulación de fuerzas que tiene gran importancia para las futuras acciones revolucionarias. Este es aquel período en que la consigna del movimiento comunista pasa a ser la conquista de las organizaciones de masas del proletariado (sindicatos, etc.) y "la remoción de sus puestos" de los líderes socialdemócratas, como ocurrió en nuestro país en 1911-1912.

En tercer lugar. El centro del poderío financiero en el mundo capitalista, el centro de la explotación financiera del mundo entero, se ha desplazado de Europa a América. Antes, habitualmente, el centro de la explotación financiera del mundo eran Francia, Alemania e Inglaterra. Ahora ya no puede decirse esto sin hacer especiales reservas. Ahora, el centro de la explotación financiera del mundo son, principalmente, los Estados Unidos de Norteamérica. Este Estado crece en todos los aspectos: tanto en el sentido de la producción, como en el sentido comercial, como en el sentido de la acumulación. Citaré algunas cifras. La producción de trigo en Norteamérica ha rebasado el nivel de preguerra: equivale ahora al 104% con respecto a este nivel. La extracción de carbón ha llegado al 90% de la norma de preguerra, pero la insuficiencia se compensa con el enorme aumento de la extracción de petróleo. Y hay que decir que la extracción de petróleo en América equivale al 70% de la extracción mundial. La producción de acero ha aumentado hasta el 147%: un 47% por encima de la norma de preguerra. La renta nacional equivale al 130% de la de preguerra: supera en un 30% el nivel de preguerra. El comercio exterior ha alcanzado el 143% de la norma de preguerra, con un enorme saldo activo a costa de los países de Europa. De los 9 mil millones del total de las reservas mundiales de oro, cerca de 5 mil millones se encuentran en América. La moneda de los Estados Unidos de Norteamérica es la más sólida de todas las monedas. En lo que se refiere a la exportación de capitales, América es en la actualidad casi el único país que exporta capital en una proporción cada vez mayor. Francia y Alemania exportan terriblemente poco, Inglaterra también ha reducido considerablemente la exportación de sus capitales.

En cuarto lugar. La estabilización temporal del capitalismo europeo, de la que he hablado antes, se ha logrado principalmente con ayuda del capital norteamericano y a costa del sometimiento financiero de Europa Occidental a América. Para demostrarlo, basta con citar la cifra de la deuda estatal de Europa con América. Esta cifra asciende a no menos de 26 mil millones de rublos. Ya no hablo de la deuda privada con América, es decir, de las inversiones de América en las empresas de Europa, que suponen para Europa una suma de varios miles de millones. ¿Qué indica esto? Indica que Europa ha empezado, en mayor o menor medida, a ponerse en pie gracias a la afluencia de capitales de América (y, en parte, de Inglaterra). ¿A costa de qué? A costa del sometimiento financiero de Europa a América.

En quinto lugar. En vista de esto, Europa, para poder pagar los intereses y las deudas, se ve obligada a aumentar la carga fiscal sobre la población, a empeorar la situación de los obreros. Esto es precisamente lo que está ocurriendo ahora en los países de Europa. Ya ahora, cuando el pago de las deudas y los intereses aún no ha comenzado como es debido, ya ahora en Inglaterra, por ejemplo, el crecimiento de la carga fiscal en porcentaje respecto a toda la renta nacional ha alcanzado del 11% (en 1913) al 23% en 1924, en Francia, del 13% de la renta nacional al 21%, en Italia, del 13% al 19%. Ni que decir tiene que en el futuro más inmediato la carga fiscal aumentará aún más. En vista de esto, la situación material de los trabajadores de Europa y, ante todo, de la clase obrera, empeorará obligatoriamente, y la clase obrera se revolucionizará inevitablemente. Los síntomas de esta revolucionización ya existen tanto en Inglaterra como en otros países de Europa. Me refiero al claro viraje a la izquierda de la clase obrera de Europa.

Tales son los hechos fundamentales que indican que la estabilización temporal del capitalismo alcanzada por Europa es una estabilización podrida, surgida sobre un suelo podrido.

Es muy posible —no lo considero excluido— que la producción y el comercio en Europa puedan alcanzar incluso el nivel de preguerra. Pero esto aún no significa que el capitalismo logre con ello la estabilidad que tenía antes de la guerra. Una estabilidad así jamás la alcanzará de nuevo en absoluto. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, Europa compró su estabilización temporal al precio de la subordinación financiera a América, que conduce a un crecimiento colosal de la carga impositiva, al inevitable empeoramiento de la situación de los obreros y a la revolucionarización de los países europeos; en segundo lugar, porque existe toda una serie de otras causas, de las que hablaré más abajo, que hacen que la estabilización actual sea precaria, inestable.

La conclusión general, si se resume todo lo que he dicho ahora en relación con el análisis del primer orden de contradicciones, la conclusión general consiste en que el círculo de los principales Estados explotadores del mundo, en comparación con el período de preguerra, se ha reducido al mínimo. Antes los principales explotadores eran Inglaterra, Francia, Alemania y, en parte, América; ahora este círculo se ha reducido al mínimo. Ahora los principales explotadores financieros del mundo y, en consecuencia, sus principales acreedores son América del Norte y, en parte, su ayudante, Inglaterra.

Esto aún no significa que Europa haya pasado a la situación de colonia. Los países europeos, continuando explotando sus colonias, han caído ahora ellos mismos en la subordinación financiera a América, en vista de lo cual, a su vez, son explotados y serán explotados por América. En este sentido, el círculo de los principales Estados que explotan el mundo en el aspecto financiero se ha reducido al mínimo, mientras que el círculo de los países explotados se ha ampliado.

Esta es una de las razones de la inestabilidad y la debilidad interna de la actual estabilización del capitalismo.

### 2. El imperialismo, las colonias y las semicolonias

Pasemos a la segunda serie de contradicciones: las contradicciones entre los países imperialistas y los países coloniales.

Los hechos fundamentales en este ámbito consisten: en el desarrollo y crecimiento de la industria y del proletariado en las colonias, especialmente durante y después de la guerra; en el aumento de la cultura en general y de la intelectualidad nacional en particular en estos países; en el ascenso del movimiento nacional-revolucionario en las colonias y en la crisis de la dominación mundial del imperialismo en general; en la lucha liberadora de la India y Egipto contra el imperialismo inglés; en la guerra liberadora de Siria y Marruecos contra el imperialismo francés; en la lucha liberadora de China contra el imperialismo anglo-japonés-americano, etc.; en el crecimiento del movimiento obrero en la India, en China y en el papel creciente de la clase obrera de estos países en el movimiento nacional-revolucionario.

De esto se deduce que las grandes potencias se hallan ante el peligro de perder su retaguardia fundamental, es decir, las colonias. La estabilización del capitalismo cojea aquí de ambos pies, pues el movimiento revolucionario de los países oprimidos, creciendo paso a paso, comienza en algunos lugares a adoptar la forma de guerra directa contra el imperialismo (Marruecos, Siria, China), y el imperialismo claramente no logra dominar la tarea de someter a "sus" colonias.

Dicen – sobre todo los escritores burgueses – que los culpables del crecimiento de la crisis en las colonias son los bolcheviques. Debo decir que nos hacen demasiado honor al acusarnos de esto. Por desgracia, aún no somos tan fuertes como para ayudar directamente a todos los países coloniales en su liberación. La causa hay que buscarla más a fondo. La causa reside, entre otras cosas, en que los Estados de Europa, al estar obligados a pagar intereses a América, se ven forzados a intensificar la opresión y la explotación en las colonias y países dependientes, lo que no puede dejar de conducir a la intensificación de la crisis y del movimiento revolucionario en esos países.

Todo esto indica que, en este ámbito, los asuntos del imperialismo mundial están más que mal. Si allí, en el ámbito de la primera serie de contradicciones, el capitalismo de Europa se ha estabilizado parcialmente y la cuestión de la toma del poder por el proletariado no se plantea por ahora de un día para otro, en las colonias la crisis ha alcanzado su punto culminante y la cuestión de la expulsión de los imperialistas de toda una serie de colonias está a la orden del día.

### 3. Vencedores y vencidos

Paso a la tercera serie de contradicciones, las que tienen lugar entre los países vencedores y los países vencidos.

Los hechos principales en esta esfera son los siguientes. En primer lugar, después de la Paz de Versalles, Europa resultó dividida en dos campos: el campo de los vencidos (Alemania, Austria y otros países) y el campo de los vencedores (la Entente más América). En segundo lugar, hay que señalar la circunstancia de que los vencedores, que antes intentaban ahogar a los países vencidos mediante la ocupación (les recuerdo lo del Ruhr), renunciaron a este camino y pasaron a otro método, al método de la explotación financiera de Alemania en primer lugar y de Austria en segundo lugar. La expresión de este nuevo método es el Plan Dawes, cuyos resultados negativos sólo ahora se están manifestando. En tercer lugar, la Conferencia de Locarno [52], que supuestamente eliminó todas las contradicciones existentes entre vencedores y vencidos, en realidad, a pesar del ruido en torno a este asunto, de hecho no eliminó nada, ninguna contradicción, sino que sólo las agudizó.

El sentido del plan Dawes consiste en que Alemania debe pagar a la Entente ni más ni menos que alrededor de 130 mil millones de marcos oro en distintos plazos. Los resultados del plan Dawes ya se manifiestan en el sentido del empeoramiento de la situación económica de Alemania, en el sentido de una serie de quiebras de todo un grupo de empresas, en el sentido del aumento del desempleo, etc. El plan Dawes, elaborado en América, es el siguiente: Europa paga las deudas a América a cuenta de Alemania, la cual está obligada a pagar reparaciones a Europa, pero como Alemania no puede extraer toda esa suma de la nada, Alemania debe recibir una serie de mercados libres, aún no ocupados por otros países capitalistas, de donde pudiera obtener nuevas fuerzas y nueva sangre para el pago de las cuotas de reparación. Además de una serie de mercados insignificantes, aquí América tiene en mente nuestros mercados rusos. Estos deben ser, según el plan Dawes, cedidos a Alemania para que ella pueda exprimir algo y tener de dónde pagar las cuotas de reparación a Europa, la cual, a su vez, debe pagar a América por la línea de la deuda estatal. Todo este plan está bien construido, pero está construido sin el dueño, porque significa para el pueblo alemán una doble presión: la presión de la burguesía alemana sobre el proletariado de Alemania y la presión del capital extranjero sobre todo el pueblo alemán. Decir que esta doble presión pasará gratuitamente para el pueblo alemán significa cometer un error. Por eso considero que en esta parte el plan Dawes está preñado de una inevitable revolución en Alemania. Fue creado para la pacificación de Alemania, pero él, el plan Dawes, inevitablemente debe conducir a la revolución en Alemania. La segunda parte de este plan, que habla de que Alemania debe extraer kopeikas para Europa a cuenta de los mercados rusos, también es una decisión sin el dueño. ¿Por qué? Porque nosotros no queremos en absoluto convertirnos en un país agrario para ningún otro país, incluida Alemania. Nosotros mismos produciremos máquinas y demás medios de producción. Por lo tanto, contar con que nosotros aceptemos convertir nuestra Patria en un país agrario para Alemania significa contar sin el dueño. En esta parte el plan Dawes se sostiene sobre pies de barro.

En lo que respecta a Locarno, éste no es sino la continuación de Versalles, y su único objetivo puede ser la preservación del “statu quo”, como se dice en el lenguaje diplomático, es decir, la preservación del orden de cosas existente, en virtud del cual Alemania es un país vencido y la Entente, la vencedora. Mediante la Conferencia de Locarno, este orden se consolida jurídicamente en el sentido de que las nuevas fronteras de Alemania se mantienen en beneficio de Polonia, se mantienen en beneficio de Francia, de que Alemania pierde sus colonias y de que, al mismo tiempo, retorcida y colocada en un lecho de Procusto, debe tomar todas las medidas para extraer 130 mil millones de marcos oro. Pensar que Alemania, que crece y avanza, se resignará a esta situación significa contar con un milagro. Si antes, tras la guerra franco-prusiana, la cuestión de Alsacia-Lorena, uno de los nudos de las contradicciones entonces existentes, fue una de las causas más graves de la guerra imperialista, ¿qué garantía hay de que la Paz de Versalles y su continuación, Locarno, que legalizan y consagran jurídicamente la pérdida por parte de Alemania de Silesia, del corredor de Danzig y de Danzig, la pérdida por parte de Ucrania de Galitzia y Volinia Occidental, la pérdida por parte de Bielorrusia de su parte occidental, la pérdida por parte de Lituania de Vilna, etc., qué garantía hay de que este tratado, que ha despedazado a toda una serie de Estados y ha creado toda una serie de nudos de contradicciones, no compartirá la suerte del viejo tratado franco-prusiano, que tras la guerra franco-prusiana arrebató Alsacia-Lorena a Francia?

No existe ni puede existir tal garantía.

Si el Plan Dawes está preñado de revolución en Alemania, Locarno está preñado de una nueva guerra en Europa.

Los conservadores ingleses piensan tanto en preservar el "statu quo" frente a Alemania como en utilizar a Alemania contra la Unión Soviética. ¿No habrán querido demasiado?

Hablan de pacifismo, hablan de paz entre los estados europeos. Briand y Chamberlain se besuquean, Stresemann se deshace en cumplidos ante Inglaterra. Todo esto son tonterías. Por la historia de Europa sabemos que cada vez que se concertaban tratados sobre la disposición de fuerzas para una nueva guerra, esos tratados se llamaban de paz. Se concertaban tratados que determinaban los elementos de la guerra futura, y la conclusión de tales tratados siempre iba acompañada de ruido y gritos acerca de la paz. En tales casos siempre aparecían falsos cantores de la paz. Recuerdo hechos de la historia posteriores a la guerra franco-prusiana, cuando Alemania resultó vencedora, cuando Francia resultó vencida, cuando Bismarck se esforzaba por todos los medios en conservar el “statu quo”, es decir, el orden que se había creado tras la guerra victoriosa de Alemania contra Francia. Entonces Bismarck estaba por la paz, porque esa paz le otorgaba toda una serie de privilegios frente a Francia. Francia también estaba por la paz, al menos en el primer tiempo, mientras aún no se había repuesto de la guerra desafortunada. He aquí que en ese período, cuando todos hablaban de paz y los falsos cantores ensalzaban las intenciones pacíficas de Bismarck, Alemania y Austria concertaron un acuerdo, un acuerdo completamente pacífico y completamente pacifista, que sirvió después como una de las bases de la futura guerra imperialista. Hablo del acuerdo entre Austria y Alemania en 1879. ¿Contra quién estaba dirigido este acuerdo? Contra Rusia y Francia. ¿De qué hablaba este acuerdo? Escuchen:

"Dado que la estrecha cooperación entre Alemania y Austria no amenaza a nadie y está orientada al fortalecimiento de la paz en Europa sobre las bases establecidas por el Tratado de Berlín, sus majestades, es decir, los dos soberanos, han decidido concertar una paz de alianza y un acuerdo mutuo".

Ustedes oyen: estrecha colaboración de Alemania y Austria en aras de la paz en Europa. Este acuerdo fue interpretado como una "alianza de paz", y sin embargo todos los historiadores coinciden en que este acuerdo sirvió de preparación directa para la guerra imperialista de 1914. Como consecuencia de este acuerdo sobre la paz en Europa, y en realidad sobre la guerra en Europa, surgió otro acuerdo, el acuerdo de Rusia y Francia en 1891–1893, también sobre la paz, ¡no de otra manera! ¿De qué se habla allí? De que

Francia y Rusia, animadas por un mismo afán de mantener la paz, han llegado al siguiente acuerdo.

A cuál — esto no se dijo abiertamente entonces. Pero en el texto secreto del acuerdo se dice: en caso de guerra, Rusia debe desplegar contra Alemania 700 mil soldados, y Francia (según parece) 1.300 mil.

Ambos acuerdos se denominaban oficialmente acuerdos de paz, amistad y tranquilidad en toda Europa.

Como culminación de todo esto, 6 años después, en 1899, se reúne la Conferencia de Paz de La Haya, donde se plantea la cuestión de la reducción de armamentos. Esto ocurre en el momento en que, sobre la base del acuerdo entre Francia y Rusia, los oficiales del Estado Mayor francés viajan a Rusia para elaborar planes de despliegue de tropas en caso de guerra, y los oficiales del Estado Mayor ruso viajan a Francia para, junto con los generales franceses, trazar los planes de futuras operaciones militares contra Alemania. Esto sucede en el momento en que los Estados Mayores de Alemania y Austria elaboran un plan y establecen las condiciones bajo las cuales Austria y Alemania deben atacar mutuamente a sus vecinos en el Oeste y en el Este. En este preciso instante (todo esto se gesta, por supuesto, a escondidas, a espaldas de todos) se reúne la Conferencia de La Haya en 1899, donde se proclama la paz, donde se levanta un falso clamor sobre la reducción de armamentos.

He aquí un ejemplo de hipocresía sin precedentes de la diplomacia burguesa, cuando con ruido y canciones sobre la paz intentan encubrir la preparación para una nueva guerra.

¿Tenemos motivos después de esto para creer en las canciones sobre la Sociedad de Naciones y Locarno? Por supuesto, no los tenemos. He aquí por qué no podemos creer ni a Chamberlain y Briand cuando se besuquean, ni a Stresemann cuando se deshace en cumplidos. He aquí por qué pensamos que Locarno es un plan de disposición de fuerzas para una nueva guerra, y no para la paz.

Es interesante el papel de la II Internacional en esta cuestión. Pues los líderes de la II Internacional son los que más brincan y actúan, asegurando a los obreros que Locarno es un instrumento de paz, y la Liga de las Naciones, el arca de la paz, que los bolcheviques no quieren ingresar en la Liga de las Naciones porque están en contra de la paz, etc. ¿A qué se reduce todo este ruido por parte de la II Internacional, si se toma en cuenta lo dicho anteriormente y, en particular, la referencia histórica que he presentado acerca de toda una serie de acuerdos posteriores a la guerra franco-prusiana, que se llamaban acuerdos de paz, pero que en realidad resultaron ser acuerdos sobre la guerra? ¿De qué habla la posición actual de la II Internacional respecto a Locarno? De que la II Internacional es una organización no solo de corrupción burguesa de la clase obrera, sino también una organización de justificación moral de todas las injusticias de la paz de Versalles. De que la II Internacional es una organización auxiliar de la Entente, una organización que debe, con su trabajo y su ruido a favor de Locarno y de la Liga de las Naciones, justificar moralmente todas las injusticias y toda la opresión creadas por el régimen de Versalles-Locarno.

### 4. Contradicciones entre los países vencedores

Paso a las contradicciones de la cuarta serie, a las contradicciones entre los países vencedores. Los hechos fundamentales aquí se reducen a que, a pesar de cierto bloque entre América e Inglaterra, bloque cuya base la constituye el acuerdo de América e Inglaterra contra la anulación de las deudas aliadas, a pesar, digo, de este bloque, la lucha de intereses entre Inglaterra y América no se debilita, sino que, al contrario, se intensifica. Una de las cuestiones fundamentales para las potencias mundiales es ahora la cuestión del petróleo. Si tomamos, por ejemplo, a América, ella produce alrededor del 70% de toda la extracción mundial y consume más del 60% de todo el consumo mundial. Pues bien, en esta esfera, que representa el nervio fundamental de toda la actividad económica y militar de las potencias mundiales, América tropieza en todas partes y siempre con la oposición de Inglaterra. Si tomamos dos compañías petroleras mundiales –la "Standard Oil" y la "Koninklijke Shell", de las cuales la primera representa a América y la segunda a Inglaterra–, la lucha entre estas compañías se desarrolla en todas las partes del mundo donde quiera que haya petróleo. Esta es la lucha de América e Inglaterra. Porque la cuestión del petróleo es una cuestión vital, porque de quién tenga más petróleo depende quién mandará en la guerra futura. De quién tenga más petróleo depende quién mandará en la industria y el comercio mundiales. El petróleo, después de que la flota de los países avanzados pasa a los motores de explosión, es el nervio vital de la lucha de los Estados mundiales por el predominio tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. Y precisamente en esta esfera, la lucha entre las compañías petroleras de Inglaterra y las compañías petroleras de América es a muerte, aunque no siempre, ciertamente, tenga un carácter manifiesto, pero siempre existe y está latente, como se ve por la historia de las negociaciones y por la historia de los choques entre Inglaterra y América sobre este terreno. Basta recordar toda una serie de notas de Hughes, cuando era ministro de Asuntos Exteriores en América, contra Inglaterra sobre la cuestión del petróleo. La lucha se desarrolla en América del Sur, en Persia, en Europa, en aquellas regiones de Rumanía y Galitzia donde hay petróleo, en todas las partes del mundo, ya en forma encubierta, ya en forma abierta. Ya no hablo de un hecho de no poca importancia como es la lucha de intereses de Inglaterra y América en China. Ustedes saben, probablemente, que aquí la lucha se desarrolla de manera encubierta, y con harta frecuencia a América, que actúa de modo más flexible, libre de aquellos métodos toscamente coloniales de los que todavía no se han liberado los lores ingleses, le sale bien jugar una mala pasada a Inglaterra en China, para desplazar a Inglaterra y abrirse camino hacia China. Comprendo que Inglaterra no puede contemplar esto con indiferencia.

No hablaré ni me extenderé sobre la contradicción de intereses entre Francia e Inglaterra en relación con la lucha por la hegemonía en el continente europeo. Es un hecho de todos conocido. También está claro que la lucha de intereses entre Inglaterra y Francia no solo se desarrolla en torno a la cuestión de la hegemonía en el continente, sino también en las colonias. Han llegado a la prensa informaciones de que la guerra en Siria y Marruecos contra el imperialismo de Francia está organizada no sin la participación de Inglaterra. No tengo documentos, pero considero que esas informaciones no carecen de fundamento.

No seguiré hablando de la contradicción de intereses entre América y Japón; esto también es conocido. Basta con recordar las recientes maniobras de la flota americana en el Gran Océano y las maniobras de la flota japonesa para comprender con qué fin se hacen.

Por último, debo señalar un hecho que ha de sorprender a todos, el hecho del colosal crecimiento de los armamentos en los países vencedores. Hablo de los vencedores, de las contradicciones entre los Estados vencedores. Estos vencedores se llaman aliados. Es cierto que América no forma parte de la Entente, pero luchó en alianza con ella contra Alemania. Y he aquí que estos aliados se arman ahora con todas sus fuerzas. ¿Contra quién se arman? Antes, cuando los países de la Entente se armaban, solían aludir a Alemania, diciendo que estaba armada hasta los dientes y representaba un peligro para la paz en el mundo entero, por lo cual era necesario armarse para la defensa. Bueno, ¿y ahora? Ahora Alemania, como fuerza armada, no existe: está desarmada. Sin embargo, el crecimiento de los armamentos avanza hoy en los países vencedores como nunca. ¿Cómo explicar, por ejemplo, el monstruoso crecimiento de la aviación en Francia? ¿Cómo explicar el monstruoso crecimiento de los armamentos y, en especial, de la flota de guerra en Inglaterra? ¿Cómo explicar el monstruoso crecimiento de la flota de guerra en América y el Japón? ¿De qué y de quién tienen miedo los señores “aliados”, que juntos vencieron a Alemania y la desarmaron? ¿De qué tienen miedo y para qué se arman? ¿Y dónde está el pacifismo de la II Internacional, que grita por la paz y no ve –como si no viera– que los “aliados”, que oficialmente se han llamado amigos, se arman furiosamente contra un enemigo “inexistente”? ¿Qué han hecho la Liga de las Naciones y la II Internacional para detener el furioso crecimiento de los armamentos? ¿Acaso no saben que, cuando crecen los armamentos, “los cañones empiezan a disparar por sí mismos”? No esperéis respuesta de la Liga de las Naciones ni de la II Internacional. El hecho es que la lucha de intereses entre los países vencedores crece y se intensifica, el choque entre ellos se hace inevitable, y ellos, previendo una nueva guerra, se arman con todas las fuerzas, con todos los medios. No exageraré si digo que, en este sentido, no estamos ante una paz amistosa entre los países vencedores, sino ante un mundo armado, ante un estado de paz armada, preñado de guerra. Lo que está ocurriendo ahora en los países vencedores recuerda mucho aquella situación que se daba antes de la guerra de 1914: el estado de paz armada.

Los gobernantes de Europa intentan ahora encubrir este hecho con el ruido del pacifismo. Pero ya he dicho lo que vale ese pacifismo y qué precio se le debe poner. Los bolcheviques, ya desde tiempos de Génova, exigen el desarme [53]. ¿Por qué la II Internacional y los demás charlatanes del pacifismo no apoyan nuestra propuesta?

Esta circunstancia habla una vez más de que esa estabilización, la estabilización temporal, parcial, que Europa ha alcanzado a costa de su esclavización, no es sólida, pues crecen y se intensifican las contradicciones dentro de los países vencedores, por no hablar de las contradicciones entre los países vencedores y los países vencidos.

Capitalist World and the Soviet Union

Paso a la quinta serie de contradicciones: a las contradicciones entre la Unión Soviética y el mundo capitalista.

Lo fundamental en esta esfera consiste en que ya no existe un capitalismo omnímodo en todo el mundo. Después de que apareció en el mundo el País Soviético, después de que la vieja Rusia se transformó en la Unión Soviética, después de eso, dejó de existir un capitalismo omnímodo en todo el mundo. El mundo se escindió en dos campos: el campo del imperialismo y el campo de la lucha contra el imperialismo. Esto es lo primero que hay que señalar.

Lo segundo que hay que señalar en este ámbito se reduce al hecho de que a la cabeza de los países capitalistas se sitúan dos países principales: Inglaterra y América, como alianza angloamericana. A la cabeza de los descontentos y de quienes luchan a muerte contra el imperialismo se sitúa nuestro país: la Unión Soviética.

Tercero, es que se están creando dos centros de atracción principales, pero opuestos, y, en consonancia con ello, dos direcciones de gravitación hacia estos centros en todo el mundo: la Angloamérica, para los gobiernos burgueses, y la Unión Soviética, para los obreros de Occidente y los revolucionarios de Oriente. La Angloamérica atrae con su riqueza, allí se pueden obtener créditos. La Unión Soviética atrae con su experiencia revolucionaria, con su experiencia en la lucha por la liberación de los obreros del capitalismo y de los pueblos oprimidos del imperialismo. Hablo de la gravitación de los obreros de Europa y de los revolucionarios de Oriente hacia nuestro país. Ustedes saben lo que significa para un obrero europeo o para un revolucionario de los países oprimidos visitarnos, cómo peregrinan hacia nosotros, y qué gravitación existe de todo lo honesto y revolucionario en el mundo entero hacia nuestro país.

Dos campos, dos centros de atracción.

Cuarto, es que en este campo, en el campo del capitalismo, no hay unidad de intereses ni cohesión, que allí reina la lucha de intereses, la descomposición, la lucha entre vencedores y vencidos, la lucha entre los propios vencedores, la lucha entre todos los países imperialistas por las colonias, por las ganancias, que, en vista de todo esto, la estabilización en este campo no puede ser sólida. Mientras que en nuestro país se desarrolla una estabilización sana y cada vez más fuerte, el crecimiento de nuestra economía, el crecimiento de nuestra construcción socialista, y en todo nuestro campo tiene lugar la cohesión gradual e incesante, en torno al proletariado de nuestro país, de todos los elementos y capas descontentos tanto de Occidente como de Oriente, su cohesión en torno a la Unión Soviética.

Allí, en el campo del capitalismo, hay discordia y descomposición. Aquí, en el campo del socialismo, hay cohesión y una unidad de intereses cada vez mayor contra el enemigo común: contra el imperialismo.

He aquí los principales hechos que he querido señalar en el ámbito de las contradicciones de la quinta serie: las contradicciones entre el mundo del capitalismo y el mundo de los Soviets.

Quiero detenerme especialmente en el hecho que he denominado la atracción de los elementos revolucionarios y socialistas de todo el mundo hacia el proletariado de nuestro país. Me refiero a las delegaciones obreras que llegan a nuestro país, delegaciones que examinan minuciosamente cada rincón de nuestra construcción para convencerse de que somos capaces no solo de destruir, sino también de construir lo nuevo. ¿Cuál es el sentido de las delegaciones obreras –de esta peregrinación de obreros a nuestro país–, delegaciones que reflejan ahora toda una etapa en el desarrollo del movimiento obrero en Occidente? Ustedes han oído cómo los dirigentes del Estado soviético recibieron a la delegación obrera inglesa, a la delegación obrera alemana. ¿Han prestado atención a que nuestros camaradas, dirigentes de diversas esferas de la administración, no solo informaban a los representantes de las delegaciones obreras, sino que directamente rendían cuentas ante ellos? Yo no estaba entonces aquí, en Moscú, estaba de viaje, pero leía los periódicos, y leí cómo el camarada Dzerzhinski, presidente del Consejo Superior de Economía Nacional, no se limitaba a informar a la delegación obrera alemana, sino que rendía cuentas ante ella. Esto es nuevo y peculiar en nuestra vida, a lo que hay que prestar especial atención. Leí cómo los dirigentes de nuestra industria petrolera –Kosior en Grozni y Serebrovski en Bakú– no se limitaban a informar a los delegados obreros, como se informa a los excursionistas, sino que rendían cuentas ante las delegaciones obreras como ante una instancia superior de control. Leí cómo todas nuestras instituciones superiores, el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Comité Ejecutivo Central, hasta los comités ejecutivos locales, estaban dispuestos a rendir cuentas ante las delegaciones obreras, en cuya persona veían el control amistoso y fraternal de la clase obrera de Occidente sobre nuestra construcción, sobre nuestro Estado obrero.

¿De qué hablan todos estos hechos? Hablan de dos cosas. En primer lugar, de que la clase obrera de Europa, al menos la parte revolucionaria de la clase obrera de Europa, considera a nuestro Estado como su criatura, de que la clase obrera envía sus delegaciones a nuestro país no por curiosidad, sino para ver cómo y qué se hace aquí, pues, por lo visto, se consideran moralmente responsables de todo lo que aquí construimos. En segundo lugar, de que la parte revolucionaria del proletariado de Europa, al adoptar nuestro Estado y considerarlo como su criatura, se compromete a defenderlo y a luchar por él en caso necesario. ¡Nómbrenme otro Estado, el más democrático que sea, que se haya decidido a someterse al control fraternal de las delegaciones obreras de otros países! No podrán nombrar tal Estado, porque en el mundo no existe tal Estado. Solo nuestro Estado, el Estado de los obreros y campesinos, es capaz de dar semejante paso. Pero, al otorgar el máximo de confianza a las delegaciones obreras, nuestro país conquista con ello el máximo de confianza por parte de la clase obrera de Europa. Y esta confianza hacia nosotros es para nosotros más valiosa que todos y cada uno de los empréstitos, pues ella, esta confianza de los obreros hacia nuestro Estado, es el principal antídoto contra el imperialismo y sus maquinaciones intervencionistas.

He ahí la base del cambio en las relaciones entre nuestro Estado y el proletariado de Occidente, cambio que se ha producido o se está produciendo sobre la base del peregrinaje de los obreros a nuestro país. He ahí lo nuevo que muchos no han captado, pero que ahora es decisivo. Pues si se nos considera como una parte, como una criatura de la clase obrera de Europa, si, partiendo de esto, la clase obrera de Europa asume la responsabilidad moral, asume la tarea de defender nuestro Estado, digamos, en caso de intervención del capitalismo, la tarea de defender nuestros intereses contra el imperialismo, ¿qué significa esto? Significa que nuestras fuerzas crecen y crecerán no por días, sino por horas. Significa que la debilidad del capitalismo crecerá no por días, sino por horas. Porque ahora no se puede guerrear sin los obreros. Si los obreros no quieren guerrear contra nuestra República, si consideran nuestra República como su criatura, cuyo destino les es cercano, entonces la guerra contra nuestro país se vuelve imposible. He ahí el secreto, he ahí la raíz, he ahí el sentido de ese peregrinaje a nuestro país que hemos tenido y que aún tendremos, y que estamos obligados a fomentar por todos los medios, como prenda de solidaridad y como prenda para afianzar los lazos de amistad entre los obreros de nuestro país y los obreros de los países de Occidente.

Quizá no esté de más decir en dos palabras acerca de la cantidad de aquellas delegaciones que visitaron nuestro país. Hace poco oí que en la Conferencia de Moscú un camarada le hizo una pregunta a Rýkov: "¿Y no nos salen demasiado caras estas delegaciones?". Camaradas, no se pueden decir tales cosas. Nunca se puede hablar en ese tono sobre las delegaciones obreras que vienen a nosotros. Es vergonzoso hablar así. Ante ningún gasto, ante ningún sacrificio podemos ni debemos detenernos para ayudar a la clase obrera de Occidente a enviarnos a sus delegados, para ayudarlos a convencerse de que la clase obrera, al tomar el poder, es capaz no sólo de destruir el capitalismo, sino también de construir el socialismo. Ellos, los obreros de Occidente, al menos muchos de ellos, todavía están seguros de que la clase obrera no puede arreglárselas sin la burguesía. Este prejuicio es la enfermedad principal de la clase obrera en Occidente, que le es inoculada por los socialdemócratas. Ante ningún sacrificio nos detendremos para dar a la clase obrera de Occidente la posibilidad de convencerse, a través de sus delegados, de que la clase obrera, al tomar el poder, es capaz no sólo de destruir lo viejo, sino también de construir el socialismo. Ante ningún sacrificio nos detendremos para dar a la clase obrera de Occidente la posibilidad de convencerse de que nuestro país es el único Estado obrero en el mundo, por el cual a ellos en Occidente vale la pena luchar y el cual vale la pena defender contra su propio capitalismo. (Aplausos.)

Teníamos delegaciones de tres tipos: delegaciones de intelectuales, maestros, etc., delegaciones de obreros adultos, de estas hubo, parece, contando aproximadamente, alrededor de 10, y delegaciones de jóvenes obreros. En total llegaron 550 delegados y excursionistas a nuestro país. Se esperan aún 16 delegaciones, registradas en el Consejo Central de Sindicatos de toda la Unión. Seguiremos impulsando este asunto también en el futuro para fortalecer el vínculo de la clase obrera de nuestro país con la clase obrera de Occidente y, con ello, crear una barrera contra todas y cada una de las posibilidades de intervención.

Tales son los rasgos característicos de las contradicciones fundamentales que corroen el capitalismo.

¿Qué se desprende, pues, de todas estas contradicciones? ¿De qué hablan? Hablan de que el mundo capitalista está siendo corroído por toda una serie de contradicciones internas que vuelven impotente al capitalismo; de que, por otra parte, nuestro mundo, el mundo del socialismo, se consolida y se une cada vez más; de que, en vista de ello, precisamente sobre este terreno nació aquel equilibrio temporal de fuerzas que puso fin a la guerra contra nosotros y que dio comienzo a la etapa de la “coexistencia pacífica” entre el Estado soviético y los Estados capitalistas.

Debo mencionar también dos hechos que igualmente influyen en que, en lugar de un período de guerra, se haya instaurado entre nosotros una etapa de "coexistencia pacífica".

El primer hecho consiste en que, en este momento, América no desea una guerra en Europa. Viene a decirle a Europa: te he prestado miles de millones, no te muevas, si quieres seguir recibiendo dinerito, si no quieres que tu moneda salga volando patas arriba, siéntate y trabaja, gana dinerito y paga los intereses de las deudas. Apenas hace falta demostrar que este consejo de América, aunque no sea decisivo para Europa, en todo caso no puede quedar sin influencia.

El segundo hecho consiste en que, desde el triunfo de la revolución proletaria en nuestro país, del sistema mundial del capitalismo se ha desprendido todo un enorme país, con enormes mercados de venta y con enormes fuentes de materias primas, lo cual, naturalmente, no podía por menos de influir en la situación económica de Europa. Perder una sexta parte del mundo, perder los mercados y las fuentes de materias primas de nuestro país, significa para la Europa capitalista reducir su producción y conmoverla en sus cimientos. Y he aquí que, para poner fin a este divorcio del capital europeo respecto a nuestro país, a nuestros mercados y fuentes de materias primas, ha resultado necesario pasar a una cierta fase de «coexistencia pacífica» con nosotros, para abrirse camino hacia nuestros mercados y hacia nuestras fuentes de materias primas; de otro modo, resulta que no hay posibilidad de alcanzar una estabilidad económica cualquiera en Europa.

### 6. La situación exterior de la URSS

He aquí todos aquellos factores que determinaron cierto equilibrio de fuerzas entre el campo del socialismo y el campo del capitalismo en todo el mundo, que sustituyeron el período de guerra por un período de tregua, que transformaron una breve tregua en todo un período de tregua y que nos dieron la posibilidad de llevar a cabo cierta, como decía Ilich, “colaboración” con el mundo capitalista.

De ahí esa serie de "reconocimientos" de la Unión Soviética que comenzó y debe continuar.

No enumeraré qué países nos han “reconocido”. Parece que, de los grandes países que no nos han reconocido, queda solo uno: América. Tampoco me extenderé sobre el hecho de que, tras los “reconocimientos”, hemos concertado tratados comerciales, por ejemplo, con Alemania e Italia. No me extenderé largamente sobre el hecho de que nuestro comercio exterior ha crecido considerablemente, que en ese comercio están especialmente interesados América, como país que nos exporta algodón, e Inglaterra y Alemania, como países que importan nuestro trigo y nuestros productos agrícolas. Una cosa hay que decir: el año en curso es el primer año en que, en una escala más o menos amplia, tras el período consolidado de “convivencia conjunta” con los Estados capitalistas, entablamos ricos y extensos vínculos comerciales con el mundo capitalista.

Esto no significa, naturalmente, que hayamos liquidado ya todos los, por así decirlo, sobreentendidos y todas las, cómo decirlo, reclamaciones y contrarreclamaciones que existían y aún existen entre nuestro Estado y los Estados de Occidente. Sabemos que se nos exige el pago de las deudas. Esto Europa no lo ha olvidado aún y, probablemente, no lo olvidará, en todo caso no lo olvidará tan pronto. Se nos dice que nuestra deuda de preguerra con Europa asciende a 6 mil millones, la deuda de guerra se calcula en más de 7 mil millones de rublos, en total, por lo tanto, 13 mil millones. Si se tiene en cuenta la caída de la moneda y se descuenta de esta suma la parte de los limítrofes, resulta que debemos a los Estados de Europa occidental no menos de 7 mil millones. Es sabido que nuestras contrarreclamaciones, relacionadas con la intervención de Inglaterra, Francia, América durante la guerra civil, se reducen a la cifra (si se aceptan los cálculos de Larin) de, al parecer, 50 mil millones de rublos. De modo que nos deben cinco veces más de lo que debemos nosotros. (Larin desde su lugar: "Los recibiremos".) El camarada Larin dice que a su debido tiempo recibiremos todo eso. (Risas.) Pero si se cuenta de manera más modesta, como lo hace el Narkomfín, resultan no menos de 20 mil millones. De todos modos salimos ganando. (Risas.) Sin embargo, los países capitalistas no quieren resignarse a esto, y nosotros seguimos figurando en sus listas como deudores.

Precisamente sobre esta base surgen entre nosotros las dificultades y los escollos en el curso de las negociaciones con los capitalistas. Así fue con Inglaterra, así será, probablemente, también con Francia.

¿Cuál es la posición del CC de nuestro partido en esta cuestión?

Permaneció siendo la misma que era cuando se concluyó el tratado con MacDonald [54].

No podemos derogar la conocida ley de nuestro país, promulgada en 1918, sobre la anulación de las deudas zaristas [55]. Nos mantenemos sobre la base de esta ley. No podemos anular aquellos decretos que fueron proclamados y que legalizaron en nuestro país la expropiación de los expropiadores. Sobre la base de estas leyes estamos y estaremos en el futuro. Pero no nos oponemos a hacer algunas excepciones, en el marco de negociaciones prácticas, también para Inglaterra y para Francia en lo que respecta a las antiguas deudas zaristas, con el fin de pagar una pequeña parte y recibir algo a cambio. No nos oponemos a satisfacer a los antiguos propietarios privados otorgándoles concesiones, pero, de nuevo, con la condición de que las condiciones de las concesiones no sean esclavizantes. Sobre esta base logramos ponernos de acuerdo con MacDonald. El trasfondo de estas negociaciones era la idea de la anulación de hecho de las deudas de guerra. Precisamente por eso este acuerdo fue frustrado. ¿Por quién? Indudablemente, por América. Aunque América no participó en las negociaciones de Rakovski con MacDonald, aunque MacDonald y Rakovski llegaron a un conocido proyecto de acuerdo, aunque este proyecto de acuerdo ofrecía una salida tanto a una como a la otra parte, y los intereses de ambas partes quedaban más o menos satisfechos con este proyecto, sin embargo, como este proyecto partía de la idea de la anulación de las deudas de guerra, y América no quería crear tal precedente, pues perdería entonces los miles de millones que tiene pendientes de Europa, ella, es decir, América, “aconsejó”, y el acuerdo no se concretó.

No obstante, nos mantenemos también ahora en el terreno del mencionado proyecto.

De los problemas de nuestra política exterior, de los problemas surgidos durante el período que abarca el informe, problemas particularmente delicados y combativos que atañen a las relaciones de nuestro Gobierno con los Gobiernos de los países de Europa occidental, quisiera señalar dos problemas: en primer lugar, un problema que ha sido planteado más de una vez y lo será todavía por los conservadores ingleses, a saber, el problema de la propaganda; y, en segundo lugar, el problema de la Internacional Comunista.

Se nos acusa de llevar a cabo una propaganda especial tanto en Europa como en las colonias y en los países dependientes contra el imperialismo. Los conservadores ingleses afirman que los comunistas rusos son esas personas llamadas a destruir el poderío del Imperio Británico. Quisiera declarar aquí que todo esto son puras tonterías. No necesitamos ninguna propaganda especial ni en Occidente ni en Oriente después de que las propias delegaciones obreras vienen a nosotros, conocen nuestro régimen y difunden la noticia de nuestro régimen por todos los países de Occidente. No necesitamos ninguna otra propaganda. Esta es la mejor, la más fuerte y la más eficaz propaganda a favor del régimen de los Soviets contra el régimen capitalista. (Aplausos.)

Nos dicen que nosotros hacemos propaganda en Oriente. Yo afirmo que también esto son puras bagatelas. No necesitamos ninguna propaganda especial en Oriente, puesto que sabemos que todo nuestro régimen estatal se basa en la convivencia y la colaboración fraternal de los pueblos de las más diversas nacionalidades de nuestro país. Cualquier chino, cualquier egipcio, cualquier indio que llegue a nuestro país y permanezca en él medio año, tiene la posibilidad de convencerse de que nuestro país es el único país que comprende el alma de los pueblos oprimidos y que sabe organizar la colaboración de los proletarios de la antigua nacionalidad dominante con los proletarios de las antiguas nacionalidades oprimidas. No necesitamos en Oriente ninguna otra propaganda, ninguna otra agitación, salvo que las delegaciones que vienen de China, de la India, de Egipto, después de trabajar entre nosotros y de observar, difundan por todo el mundo la noticia de nuestro orden de cosas. Esta es la mejor propaganda y la más efectiva de todas las formas, de todos los tipos de propaganda.

Pero hay una fuerza que puede destruir y destruirá sin falta el Imperio Británico. Son los conservadores ingleses. Esa es la fuerza que, sin falta, inevitablemente conducirá el Imperio Británico a la ruina. Basta recordar la política de los conservadores cuando llegaron al poder [56]. ¿Con qué empezaron? Empezaron por someter a Egipto, intensificaron la presión sobre la India, intervinieron en China, etc. Esa es la política de los conservadores. ¿Quién tiene aquí la culpa, y a quién culpar, si los lores ingleses son incapaces de otra política? ¿Acaso es difícil comprender que, marchando por ese camino, los conservadores deben, como dos y dos son cuatro, llevar el Imperio Británico a la ruina inevitable?

Unas palabras sobre la Comintern. En Occidente, los lacayos de los imperialistas y los autores de cartas falsificadas difunden rumores de que la Comintern es una organización de conspiradores y terroristas, de que los comunistas viajan por los países occidentales para organizar conspiraciones contra los gobernantes europeos. A propósito, el atentado de Sofía en Bulgaria se relaciona con el nombre de los comunistas. Debo declarar lo que toda persona culta debería saber, si no es un completo ignorante y si no está sobornado: debo declarar que los comunistas nada han tenido, nada tienen y nada pueden tener que ver con la teoría y la práctica del terror individual; los comunistas nada han tenido, nada tienen y nada pueden tener que ver con la teoría de las conspiraciones contra individuos. La teoría y la práctica de la Comintern consisten en organizar el movimiento revolucionario de masas contra el capitalismo. Esto es cierto. Esta es la tarea de los comunistas. Solo los ignorantes y los idiotas pueden confundir las conspiraciones y el terror individual con la política de la Comintern en el movimiento revolucionario de masas.

Dos palabras sobre el Japón. En Occidente, algunos de nuestros enemigos se frotan las manos: he aquí, dicen, que en China ha comenzado un movimiento revolucionario – claro, son los bolcheviques quienes han sobornado al pueblo chino – ¿quién más podría sobornar a un pueblo de 400 millones? – y esto, dicen, llevará a que los "rusos" se peleen con los japoneses. Todo esto son tonterías, camaradas. Las fuerzas del movimiento revolucionario en China son inmensas. Aún no se han manifestado como es debido. Aún se manifestarán en el futuro. Los gobernantes de Oriente y Occidente que no vean estas fuerzas y no las tomen en cuenta en la debida medida, sufrirán por ello. Nosotros, como Estado, no podemos dejar de contar con esta fuerza. Consideramos que China se enfrenta a la misma cuestión a la que se enfrentó Norteamérica cuando se unificaba en un solo Estado, a la que se enfrentó Alemania cuando se constituía en Estado y se unificaba, a la que se enfrentó Italia cuando se unificaba y se liberaba de los enemigos exteriores. Aquí, la verdad y la justicia están enteramente del lado de la revolución china. He aquí por qué simpatizamos y seguiremos simpatizando con la revolución china en su lucha por la liberación del pueblo chino del yugo de los imperialistas y por la unificación de China en un solo Estado. Quien no cuente y no vaya a contar con esta fuerza, sin duda perderá. Yo creo que el Japón comprenderá que con esta fuerza creciente del movimiento nacional en China, que avanza y barre todo a su paso, él, el Japón, debe también contar. Precisamente por no haber comprendido esto es por lo que perece Zhang Zuolin. Pero perece también porque construía toda su política sobre las discordias, sobre el empeoramiento de las relaciones entre la URSS y el Japón. Todo general, todo gobernante de Manchuria que construya su política sobre las discordias entre nosotros y el Japón, sobre el empeoramiento de las relaciones entre nosotros y el Japón, perecerá indefectiblemente. Solo se mantendrá en pie aquel de ellos que construya su política sobre la mejora de nuestras relaciones con el Japón y sobre nuestro acercamiento al Japón; solo tal general y tal gobernante podrá mantenerse firmemente en Manchuria, pues nosotros no tenemos intereses que conduzcan a la agudización de nuestras relaciones con el Japón. Nuestros intereses van en la línea del acercamiento de nuestro país al Japón.

### 7. Tareas del partido

Paso a la cuestión de las tareas de nuestro partido en relación con la situación exterior.

Creo que las tareas del partido aquí deben ser delineadas, en el sentido de su trabajo, en dos esferas: en la esfera del movimiento revolucionario internacional y luego en la esfera de la política exterior de la Unión Soviética.

¿Cuáles son las tareas en el ámbito del movimiento revolucionario internacional?

Las tareas consisten en que, en primer lugar, hay que trabajar en la línea del fortalecimiento de los partidos comunistas en Occidente, en la línea de la conquista por ellos de la mayoría entre las masas obreras. En segundo lugar, trabajar en la línea de la intensificación de la lucha de los obreros de Occidente por la unidad sindical, por el fortalecimiento de la amistad entre el proletariado de nuestra Unión y el proletariado de los países capitalistas. Aquí entra también esa oleada de peregrinaciones de la que hablé y cuyo significado esbocé más arriba. En tercer lugar, trabajar en la línea del fortalecimiento del vínculo entre el proletariado de nuestro país y el movimiento de liberación de los países oprimidos, pues ellos son nuestros aliados en la lucha contra el imperialismo. Y en cuarto lugar, trabajar en la línea del fortalecimiento de los elementos socialistas de nuestro país, en la línea de la victoria de estos elementos sobre los elementos capitalistas, victoria que tiene una importancia decisiva para la revolucionarización de los obreros de todos los países. Generalmente, camaradas, al hablar de las tareas de nuestro partido en la esfera del movimiento revolucionario internacional, se limitan a las tres primeras tareas y olvidan la cuarta tarea: que nuestra lucha en nuestro país, la lucha por la victoria de los elementos socialistas en nuestro país sobre los elementos capitalistas, nuestra lucha constructiva es también internacional, internacional por su significado, pues nuestro país es la base de la revolución internacional, pues nuestro país es la palanca fundamental para el despliegue del movimiento revolucionario internacional, y si aquí la edificación avanza al ritmo debido, eso significa que nosotros realizamos nuestro trabajo en el movimiento revolucionario internacional por todos los demás cauces precisamente como lo exige de nosotros el partido.

Tales son las tareas del partido en el ámbito del movimiento revolucionario internacional.

Ahora, las tareas del partido en el ámbito de la política exterior de nuestra Unión.

Primero, trabajar en la lucha contra nuevas guerras, luego en la preservación de la paz y en garantizar las llamadas relaciones normales con los países capitalistas. La base de la política de nuestro gobierno, de la política exterior, es la idea de la paz. La lucha por la paz, la lucha contra nuevas guerras, la denuncia de todos los pasos que se dan con miras a preparar una nueva guerra, la denuncia de aquellos pasos que encubren con la bandera del pacifismo la preparación de la guerra en los hechos: esa es nuestra tarea. Precisamente por eso no queremos ingresar en la Sociedad de Naciones, porque la Sociedad de Naciones es una organización que encubre los trabajos preparatorios para la guerra, porque para ingresar en la Sociedad de Naciones hay que elegir, como acertadamente expresó el camarada Litvínov, entre el martillo y el yunque. Pues bien, nosotros no queremos ser ni el martillo para los pueblos débiles, ni el yunque para los fuertes. No deseamos ni lo uno ni lo otro, estamos por la paz, estamos por la denuncia de todos los pasos que conducen a la guerra, por muy cubiertos que estén con banderitas pacifistas. Ya sea la Sociedad de Naciones o Locarno, da igual, con banderas no nos engañan, con ruido no nos asustan.

En segundo lugar, llevar a cabo la labor de ampliar nuestro intercambio comercial con el mundo exterior sobre la base del monopolio del comercio exterior.

En tercer lugar, llevar a cabo la labor en la línea del acercamiento con los países vencidos en la guerra imperialista, con aquellos países que son los más ofendidos y perjudicados de entre todos los países capitalistas, que debido a ello se encuentran en oposición a la alianza dominante de las grandes potencias.

En cuarto lugar, llevar a cabo el trabajo en la línea de la alianza con los países dependientes y coloniales.

Tales son las tareas que afronta el partido en el momento actual en la esfera de las relaciones internacionales y del movimiento obrero internacional.

## II. La situación interna de la Unión Soviética

Paso a la segunda parte del informe sobre la rendición de cuentas del CC. Esta parte se refiere a la situación interna de nuestro Estado y a la política del CC en las cuestiones relacionadas con la situación interna. Quisiera citar algunas cifras. Aunque en la prensa se han publicado no pocas cifras últimamente, sin embargo, sin una cierta cantidad de cifras, por desgracia, no podemos pasar.

### 1. La economía nacional en su conjunto

Pero antes de pasar a las cifras, permítanme exponer varias tesis generales que determinan nuestra labor de construcción de la economía socialista (pienso comenzar por la economía).

Primera tesis. Trabajamos y construimos en condiciones de cerco capitalista. Esto significa que nuestra economía y nuestra construcción se desarrollarán en contradicción, en choques entre el sistema de nuestra economía y el sistema de la economía capitalista. Esta contradicción no podemos evitarla de ninguna manera. Este es el marco dentro del cual debe transcurrir la lucha de dos sistemas, el sistema socialista y el sistema capitalista. Esto significa, además, que nuestra economía debe construirse no solo en su contraposición externa a la economía capitalista, sino también en la contraposición de diversos elementos dentro de nuestro país, en la contraposición de los elementos socialistas a los elementos capitalistas.

De aquí la conclusión: debemos construir nuestra economía de tal modo que nuestro país no se convierta en un apéndice del sistema capitalista mundial, que no sea incluido en el sistema general del desarrollo capitalista como su empresa auxiliar, que nuestra economía se desarrolle no como una empresa auxiliar del capitalismo mundial, sino como una unidad económica independiente, que se apoya, principalmente, en el mercado interior, que se apoya en la unión de nuestra industria con la economía campesina de nuestro país.

Hay dos líneas generales: una parte del hecho de que nuestro país debe seguir siendo por mucho tiempo un país agrario, debe exportar productos agrícolas e importar equipos, que en esto hay que basarse y por este camino desarrollarse en adelante. Esta línea exige, en esencia, la reducción de nuestra industria. Encontró su expresión recientemente en las tesis de Shanin (tal vez alguien las haya leído en “La Vida Económica” [57]). Esta línea conduce a que nuestro país nunca, o casi nunca, podría industrializarse de verdad, nuestro país, de unidad económicamente independiente que se apoya en el mercado interior, debería objetivamente convertirse en un apéndice del sistema capitalista general. Esta línea significa un alejamiento de las tareas de nuestra construcción.

Esa no es nuestra línea.

Existe otra línea general que parte de que debemos aplicar todas nuestras fuerzas para hacer de nuestro país un país económicamente independiente, autónomo, basado en el mercado interior, un país que sirva de foco de atracción para todos los demás países que paulatinamente se apartan del capitalismo y se incorporan al cauce de la economía socialista. Esta línea exige el máximo despliegue de nuestra industria, pero en la medida y en correspondencia con los recursos de que disponemos. Rechaza resueltamente la política de convertir nuestro país en un apéndice del sistema capitalista mundial. Esta es nuestra línea de construcción, a la que se atiene el partido y a la que se atendrá también en adelante. Esta línea es obligatoria mientras exista el cerco capitalista.

Otra cosa será cuando triunfe la revolución en Alemania o en Francia, o en ambos países a la vez, cuando allí comience la construcción socialista sobre una base técnica más elevada. Entonces pasaremos de la política de transformar nuestro país en una unidad económica independiente a la política de incorporar nuestro país a la corriente general del desarrollo socialista. Pero mientras esto no haya ocurrido aún, nos es absolutamente necesario ese mínimo de independencia para nuestra economía nacional, sin el cual será imposible proteger a nuestro país del sometimiento económico al sistema del capitalismo mundial.

Tal es la primera tesis.

La segunda posición por la que debemos guiarnos en nuestra construcción, al igual que por la primera, consiste en tener en cuenta cada vez las particularidades de nuestra dirección de la economía nacional en contraposición a la dirección en los países capitalistas. Allí, en los países capitalistas, domina el capital privado, allí los errores de los distintos trusts capitalistas, sindicatos, de unos u otros grupos de capitalistas son corregidos por la espontaneidad del mercado. Se ha producido demasiado: habrá una crisis, pero después, tras la crisis, la economía volverá a la normalidad. Se han dejado llevar demasiado por las importaciones y han obtenido una balanza comercial pasiva: el tipo de cambio oscilará, se producirá inflación, se reducirá la importación, aumentará la exportación. Todo esto en el orden de las crisis. Ningún error más o menos grande y ninguna sobreproducción más o menos considerable o una ruptura grave de la producción con respecto a la suma total de la demanda ocurre en los países capitalistas sin que los desaciertos, errores y rupturas no se corrijan en el orden de una u otra crisis. Así viven en los países capitalistas. Pero nosotros no podemos vivir así. Allí vemos crisis económicas, comerciales, financieras, que afectan a grupos aislados de capitalistas. En nuestro país, la cosa es diferente. Cada atasco serio en el comercio, en la producción, cada error de cálculo grave en nuestra economía no termina en una u otra crisis aislada, sino que golpea a toda la economía nacional. Cada crisis, ya sea comercial, financiera, industrial, puede convertirse en nuestro país en una crisis general que golpee a todo el Estado. Por eso se exige de nosotros especial circunspección y perspicacia en la construcción. Por eso debemos aquí dirigir la economía de manera planificada para que haya menos errores de cálculo, para que nuestra dirección de la economía sea archiperspicaz, archiprevisora, archiinfalible. Pero como, camaradas, nosotros, por desgracia, no nos distinguimos ni por una perspicacia especial, ni por una previsión especial, ni por capacidades especiales para una dirección infalible de la economía, como apenas estamos aprendiendo a construir, entre nosotros los errores ocurren y ocurrirán en el futuro. Por eso debemos construir con reservas, necesitamos reservas que puedan cubrir nuestras brechas. Todo nuestro trabajo de los últimos dos años muestra que no estamos garantizados ni contra las contingencias, ni contra los errores. En la esfera de la agricultura, muchísimo depende entre nosotros no solo de nuestra gestión económica, sino también de las fuerzas naturales (malas cosechas, etc.). En la esfera de la industria, muchísimo depende no solo de nuestra gestión económica, sino también del mercado interior, que aún no dominamos. En el ámbito del comercio exterior, muchísimo depende no solo de nosotros, sino también del comportamiento de los capitalistas de Europa occidental, y cuanto más crecen nuestras exportaciones e importaciones, más dependientes nos volvemos del Occidente capitalista, más vulnerables nos hacemos a los golpes por parte de los enemigos. Para protegernos de todas estas contingencias y de los errores inevitables, necesitamos asimilar la idea de la necesidad de acumular reservas.

No estamos garantizados contra las malas cosechas en la agricultura. Por eso se necesita una reserva. No estamos garantizados contra las contingencias del mercado interno en el desarrollo de nuestra industria. Ya no hablo de que, viviendo de nuestros propios recursos acumulados, debemos ser especialmente tacaños y comedidos en el gasto de los recursos acumulados, procurando invertir cada kopek de manera razonable, es decir, en un asunto cuyo desarrollo en cada momento dado sea absolutamente necesario. De ahí la necesidad de reservas para la industria. No estamos garantizados contra las contingencias en el comercio exterior (boicot encubierto, bloqueo encubierto, etc.). De ahí la necesidad de reservas.

Se podría duplicar el monto de las sumas destinadas al crédito agrícola, pero entonces no quedaría la reserva necesaria para financiar la industria, la industria se retrasaría considerablemente en su desarrollo respecto a la agricultura, la producción de artículos manufacturados se reduciría, y se produciría un alza inflada de los precios de los artículos manufacturados con todas las consecuencias que de ello se derivan.

Se podría haber asignado el doble de fondos al desarrollo de la industria, pero habría sido un ritmo tan rápido de desarrollo industrial que no lo habríamos soportado debido a la gran escasez de capitales libres, y sobre esa base seguramente nos habríamos ido a pique, sin hablar ya de que no habría bastado la reserva para el crédito a la agricultura.

Se habría podido impulsar el desarrollo de nuestra importación, principalmente de equipos, al doble de lo que tiene lugar ahora, para impulsar a un ritmo rápido el desarrollo de la industria, pero esto podría haber provocado un exceso de las importaciones sobre las exportaciones, se habría formado una balanza comercial pasiva y se habría socavado nuestra moneda, es decir, se habría socavado aquella base sobre la cual únicamente es posible la planificación y el desarrollo de la industria.

Se podría, sin mirar nada, impulsar a fondo la exportación, sin prestar atención al estado del mercado interno, pero ello provocaría inevitablemente grandes complicaciones en las ciudades en el sentido de una rápida subida de los precios de los productos agrícolas, en el sentido de socavar, por consiguiente, el salario y en el sentido de un cierto hambre organizada artificialmente con todos los resultados que de ello se derivan.

Se podría haber elevado completamente el salario de los obreros no solo hasta el nivel de antes de la guerra, sino incluso por encima, pero esta circunstancia habría provocado una disminución del ritmo de desarrollo de nuestra industria, pues el despliegue de la industria en nuestras condiciones, en ausencia de empréstitos del exterior, en ausencia de créditos, etc., es posible únicamente sobre la base de la acumulación de cierta ganancia necesaria para financiar y alimentar la industria, lo que, sin embargo, habría quedado excluido, es decir, habría quedado excluida cualquier acumulación medianamente seria, si hubiéramos adoptado un ritmo de elevación del salario excesivamente acelerado.

Etc., etc.

Tales son las dos principales tesis directrices que deberán servir de antorcha, de faro en nuestra labor de construcción de nuestro país.

Ahora permítanme pasar a las cifras.

Sin embargo, una digresión más. En el sistema de nuestra economía existe cierta heterogeneidad: nada menos que cinco estructuras económicas. Existe una estructura económica casi natural: son aquellas explotaciones campesinas cuyo grado de mercantilización de la producción es muy pequeño. Existe una segunda estructura económica, la estructura de producción mercantil, donde la mercantilización desempeña un papel decisivo en la explotación campesina. Existe una tercera estructura económica: el capitalismo privado, que no ha sido aniquilado, que ha revivido y que revivirá hasta ciertos límites mientras tengamos la NEP. La cuarta estructura económica es el capitalismo de Estado, es decir, aquel capitalismo que hemos permitido y que tenemos la posibilidad de controlar y limitar tal como lo desea el Estado proletario. Finalmente, la quinta estructura es la industria socialista, es decir, nuestra industria estatal, donde en la producción no están representadas dos clases hostiles —el proletariado y la burguesía—, sino una sola clase: el proletariado.

Sobre estos cinco sectores económicos quería decir dos palabras, porque sin estas dos palabras será difícil comprender el conjunto de cifras que voy a anunciar y la tendencia que se observa en el desarrollo de nuestra industria, tanto más cuanto que sobre estos cinco sectores económicos en el sistema de nuestro régimen habló Lenin en su momento con suficiente detalle, enseñándonos a saber tomar en cuenta la lucha entre estos sectores en nuestra labor de construcción.

Quisiera decir dos palabras sobre el capitalismo de Estado y sobre la industria estatal, que es de tipo socialista, para disipar los malentendidos y la confusión que se han creado en torno a esta cuestión en el partido.

¿Se puede calificar a nuestra industria estatal de capitalista de Estado? No se puede. ¿Por qué? Porque el capitalismo de Estado, en las condiciones de la dictadura del proletariado, es una organización de la producción en la que están representadas dos clases: la clase explotadora, que posee los medios de producción, y la clase explotada, que no posee los medios de producción. Cualquiera que sea la forma particular que revista el capitalismo de Estado, debe ser, por su esencia, capitalista. Ilich, cuando analizaba el capitalismo de Estado, se refería ante todo a las concesiones. Tomemos las concesiones y veamos si en ellas están representadas dos clases. Sí, lo están. La clase de los capitalistas, es decir, los concesionarios, que explotan y poseen temporalmente los medios de producción, y la clase de los proletarios, que es explotada por el concesionario. Que aquí no tenemos elementos de socialismo, está claro aunque solo sea por el hecho de que nadie osaría entrometerse en una empresa concesionaria con una campaña para elevar la productividad del trabajo, pues todos saben que la empresa concesionaria no es una empresa socialista, sino una empresa ajena al socialismo.

Tomemos otro tipo de empresas: las empresas estatales. ¿Son estas empresas capitalistas de Estado? No, no lo son. ¿Por qué? Porque en ellas no están representadas dos clases, sino una sola clase, la clase obrera, que, en la persona de su Estado, posee los instrumentos y medios de producción y que no es explotada, pues el máximo de lo que se obtiene en la empresa por encima del salario se destina al desarrollo ulterior de la industria, es decir, a mejorar la situación de toda la clase obrera en su conjunto.

Se puede decir que esto, de todos modos, no es socialismo completo, si se tienen en cuenta las supervivencias de burocratismo que se han conservado en los órganos dirigentes de nuestras empresas. Esto es correcto. Pero esto no contradice el hecho de que la industria estatal es, por su tipo, una producción socialista. Hay dos tipos de producción: el tipo capitalista, incluido el capitalismo de Estado, donde existen dos clases, donde la producción trabaja para obtener ganancias para el capitalista, y hay otro tipo de producción, el socialista, donde no hay explotación, donde los medios de producción pertenecen a la clase obrera y donde las empresas no trabajan para obtener ganancias para una clase ajena, sino para ampliar la industria para los obreros en su conjunto. Lenin decía precisamente que nuestras empresas estatales son empresas consecuentemente socialistas por su tipo.

Aquí se podría trazar una analogía con nuestro Estado. Nuestro Estado tampoco se denomina burgués, pues, según Lenin, es un nuevo tipo de Estado, un tipo de Estado proletario. ¿Por qué? Porque nuestro aparato estatal no trabaja para oprimir a la clase obrera, como ocurre con todos los Estados burgueses sin excepción, sino para liberar a la clase obrera de la opresión de la burguesía. He aquí por qué, por su tipo, nuestro Estado es un Estado proletario, aunque en el aparato de este Estado se pueda encontrar cuanta porquería y supervivencias del pasado se quiera. Nadie como Lenin, que proclamó nuestro régimen soviético como tipo proletario de Estado, lo fustigó tan duramente por sus supervivencias burocráticas. Sin embargo, él repitió todo el tiempo que nuestro Estado es un nuevo tipo de Estado proletario. Hay que distinguir el tipo de Estado de aquella herencia y aquellas supervivencias que aún se conservan en el sistema y en el aparato del Estado. Exactamente igual, hay que distinguir obligatoriamente las supervivencias burocráticas en las empresas estatales de aquel tipo de construcción de la industria que entre nosotros se denomina tipo socialista. No se puede decir que, puesto que en los órganos económicos o en los trusts hay todavía errores, burocratismo, etc., nuestra industria estatal no es socialista. No se puede hablar así. Entonces, nuestro Estado, que por su tipo es proletario, tampoco sería proletario. Puedo nombrar toda una serie de aparatos burgueses que trabajan mejor y de modo más económico que nuestro aparato estatal proletario. Pero esto aún no significa que nuestro aparato estatal no sea proletario, que nuestro aparato estatal no sea superior por su tipo al burgués. ¿Por qué? Porque ese aparato burgués, aunque trabaje mejor, trabaja para el capitalista, mientras que nuestro aparato estatal proletario, incluso si a veces se tambalea, trabaja, de todos modos, para el proletariado, contra la burguesía.

Esta diferencia de principio no se puede olvidar. Lo mismo hay que decir de la industria estatal. No se puede, basándose en las desavenencias y en los residuos de burocratismo que existen en los órganos administrativos de nuestras empresas estatales y que aún existirán, no se puede, basándose en esos residuos y en esas deficiencias, olvidar que nuestras empresas, por su esencia, son empresas socialistas. En las empresas, por ejemplo, de Ford, que funcionan correctamente, quizá haya menos robos, pero, a pesar de todo, trabajan para Ford, para el capitalista, mientras que vuestras empresas, donde a veces hay robos y donde las cosas no siempre marchan bien, trabajan a pesar de todo para el proletariado.

Esa diferencia de principio no debe olvidarse.

Pasemos ahora a las cifras sobre nuestra economía nacional en su conjunto.

La agricultura. Su producción bruta en el año 1924/25, si se compara su nivel con el nivel de preguerra, con el nivel de 1913, se elevó hasta el 71%. Dicho de otro modo, en 1913 se produjo por más de 12 mil millones de rublos a precios de preguerra, y en 1924/25 se produjo por más de 9 mil millones de rublos. Para el próximo año 1925/26 se prevé, sobre la base de los datos disponibles en nuestros órganos de planificación, llevar el ulterior aumento de la producción hasta 11 mil millones de rublos, es decir, hasta el 91% del nivel de preguerra. La agricultura crece: esta conclusión se impone de manera natural.

Industria. Si tomamos toda la industria, tanto la estatal, como la concesionaria y la privada, en 1913 toda la industria daba 7 mil millones de rublos de producción bruta, y en 1924/25 dio 5 mil millones. Esto es el 71% de la norma de preguerra. Nuestros órganos de planificación suponen que para el próximo año la producción alcanzará los 6 mil millones y medio, es decir, esto constituirá alrededor del 93% de la norma de preguerra. La industria se levanta. Este año se ha levantado más rápido que la agricultura.

Es necesario señalar particularmente la cuestión de la electrificación. El plan GOELRÓ en 1921 proyectaba la construcción en el curso de 10 a 15 años de 30 centrales eléctricas con una potencia de 1.500.000 kilovatios y un costo de 800 millones de rublos oro. Antes de la Revolución de Octubre, la potencia de las centrales eléctricas era de 402.000 kilovatios. Nosotros hemos construido hasta el momento actual centrales con una potencia de 152.350 kilovatios y está proyectada la puesta en marcha en 1926 de 326.000 kilovatios. Si el desarrollo avanza a este ritmo, en 10 años, es decir, aproximadamente hacia 1932 (plazo mínimo proyectado), el plan de electrificación de la URSS será realizado. Paralelamente al crecimiento de la construcción de centrales eléctricas, avanza el crecimiento de la industria electrotécnica, cuyo programa para el año 1925/26 está calculado en un 165-170% del nivel de preguerra. Es necesario, sin embargo, señalar que la construcción de grandes centrales hidroeléctricas conduce a un gran gasto excesivo de medios en comparación con los planes proyectados. Por ejemplo, el presupuesto inicial de la Voljovstrói fue elaborado en 24.300.000 rublos "orientativos", y para septiembre de 1925 había aumentado a 95.200.000 rublos chervonets, lo que constituye el 59% de los medios gastados en la construcción de las centrales de primera prioridad, siendo la potencia de la Voljovstrói el 30% de la potencia de estas centrales. El presupuesto inicial de la central de Zemó-Avchalskaya fue proyectado en 2.600.000 rublos oro, y las últimas demandas ascienden a cerca de 16 millones de rublos chervonets, de los cuales ya se han gastado alrededor de 12 millones.

Si tomamos y comparamos la producción de la industria estatal y cooperativa, unificada de una u otra forma, con la producción de la industria privada, obtendremos lo siguiente: en el año 1923/24, la industria estatal y cooperativa representaba, del total de la producción industrial anual, el 76,3%, y la privada, el 23,7%; mientras que en el año 1924/25, la participación de la industria estatal y cooperativa fue del 79,3%, y la de la industria privada ya no era del 23,7%, sino del 20,7%.

La proporción de la industria privada ha disminuido durante este período. El año próximo se prevé que la participación de la industria estatal y cooperativa represente alrededor del 80%, mientras que la participación de la industria privada se reducirá al 20%. En términos absolutos, la industria privada crece, pero como la industria estatal y cooperativa crecen más rápido, la proporción de la industria privada disminuye progresivamente.

He aquí un hecho que no se puede ignorar y que indica que la superioridad de la industria socialista sobre la industria privada constituye un hecho indiscutible.

Si tomamos los bienes concentrados en manos del Estado y los bienes en manos de personas económicas privadas, resulta que también en esta esfera –me refiero a las cifras de control del Gosplán– la ventaja está del lado del Estado proletario, pues el Estado posee fondos de capital por un monto no inferior a 11,7 mil millones (en rublos chervonets), mientras que a los propietarios privados, principalmente las haciendas campesinas, pertenecen fondos por un monto no superior a 7 mil millones y medio.

Es un hecho que indica que la proporción de los fondos socializados es muy alta, y esta proporción crece en comparación con la proporción de la propiedad del sector no socializado.

Y, sin embargo, a nuestro régimen en su conjunto no se le puede llamar aún ni capitalista ni socialista. Nuestro régimen en su conjunto es de transición del capitalismo al socialismo, donde todavía predomina, en cuanto al volumen de la producción, la producción campesina de propiedad privada, pero donde la parte de la industria socialista crece de manera continua. La parte de la industria socialista crece de tal modo que esta industria, aprovechando su concentración, aprovechando su organización, aprovechando el hecho de que tenemos la dictadura del proletariado, aprovechando que el transporte está en manos del Estado, aprovechando que el sistema crediticio es nuestro y los bancos son nuestros, aprovechando todo esto, nuestra industria socialista, cuya participación en todo el volumen de la producción nacional crece paso a paso, esta industria, avanzando, empieza a subordinar a la industria privada, a adaptarla a sí misma y a conducir tras de sí a todos los demás sectores de la economía. Tal es ya el destino del campo: debe ir tras la ciudad, tras la gran industria.

He aquí la conclusión principal que se obtiene si se plantea la cuestión del carácter de nuestro régimen, de la parte de la industria socialista en este régimen, de la parte de la industria capitalista privada, de la parte, en fin, de la pequeña producción mercantil, principalmente campesina, en el conjunto de la economía nacional.

Dos palabras sobre el presupuesto estatal. Deben saber que este ha crecido en nuestro país hasta los 4 mil millones de rublos. Si se toma en rublos de preguerra, nuestro presupuesto estatal, en comparación con el presupuesto estatal del período de preguerra, constituirá no menos del 71%. Luego, si a la suma del presupuesto estatal general se añade la suma de los presupuestos locales, en la medida en que se pueden calcular, entonces nuestro presupuesto estatal constituirá no menos del 74,6% en comparación con 1913. Es característico que en el sistema de nuestro presupuesto estatal el peso específico de los ingresos no tributarios es mucho mayor que el peso específico de los ingresos tributarios. Todo esto también indica que nuestra economía crece y avanza.

La cuestión de las ganancias que obtuvimos el año pasado de nuestras empresas estatales y cooperativas tiene una importancia cardinal, ya que somos un país pobre en capitales, un país que no cuenta con grandes empréstitos del exterior. Debemos examinar con atención nuestras empresas industriales, comerciales, los bancos y la cooperación para saber con qué podemos contar con vistas al desarrollo ulterior de nuestra industria. En el año 1923/24, la industria estatal de importancia federal y Glavmetal dieron, al parecer, alrededor de 142 millones de rublos-chervónets de ganancia. De ellos, 71 millones fueron deducidos a favor del fisco. En el año 1924/25 tenemos ya 315 millones. De ellos, según el plan, se prevé deducir 173 millones a favor del fisco.

El comercio estatal de importancia federal en el año 1923/24 proporcionó alrededor de 37 millones, de los cuales 14 millones ingresaron como renta del tesoro. En 1925 tenemos menos: 22 millones, debido a la política de reducción de precios. De esta suma ingresarán como renta del tesoro alrededor de 10 millones.

En cuanto al comercio exterior, en 1923/24 obtuvimos más de 26 millones de rublos de ganancia, de los cuales alrededor de 17 millones ingresaron en las arcas del Estado. En 1925, el comercio exterior da o, más exactamente, ya ha dado 44 millones. De ellos, 29 millones ingresan en las arcas del Estado.

Según los cálculos del Narkomfín, en 1923/24 los bancos dieron 46 millones de ganancias, de los cuales 18 millones fueron a ingresos del erario; en 1924/25 – 97 millones y pico, de los cuales 51 millones fueron a ingresos del erario.

La cooperación de consumo obtuvo en el año 1923/24 57 millones de beneficio, la agrícola, 4 millones.

Las cifras que acabo de citar están más o menos subestimadas. Usted sabe por qué. Usted sabe cómo calculan nuestros órganos económicos con el fin de dejar más para sí, para ampliar el negocio. Si estas cifras le parecen pequeñas, y realmente son pequeñas, tenga en cuenta que están un poco subestimadas.

Unas palabras sobre el volumen de nuestro comercio exterior.

Si tomamos todo nuestro volumen de negocios comerciales del año 1913 como 100, resulta que en 1923/24 alcanzamos en nuestro comercio exterior el 21% del nivel de preguerra, y en 1924/25, el 26% del nivel de preguerra. La exportación en 1923/24 fue igual a 522 millones de rublos; la importación, a 439 millones; el volumen total de negocios, a 961 millones; el saldo activo, a 83 millones. En 1923/24 tuvimos una balanza comercial activa. En 1924/25 la exportación fue igual a 564 millones; la importación, a 708 millones; el volumen total de negocios, a 1.272 millones; el saldo, a menos 144 millones. Este año lo terminamos en el ámbito del comercio exterior con una balanza pasiva de 144 millones.

Permítame detenerme un poco en esto.

Este saldo pasivo en el ejercicio económico transcurrido se suele explicar a menudo entre nosotros por el hecho de que este año, debido a la mala cosecha, hemos importado mucho grano. Pero de grano hemos importado por valor de 83 millones, mientras que aquí resulta un saldo negativo de 144 millones. ¿A qué conduce este saldo negativo? A que, comprando más de lo que vendemos, importando más de lo que exportamos, ponemos con ello en entredicho nuestra balanza de pagos y, por consiguiente, nuestra moneda. Teníamos una directiva del XIII Congreso del Partido sobre la necesidad de que el Partido lograra a toda costa una balanza comercial activa[59]. Debo confesar que todos nosotros, tanto los órganos soviéticos como el Comité Central, hemos cometido aquí un gravísimo error, al no cumplir la directiva que se nos había dado. Era difícil cumplirla, pero, de todos modos, se habría podido, al menos, obtener cierto saldo activo ejerciendo una presión determinada. Hemos cometido este grave error, y el Congreso debe corregirlo. Por lo demás, el propio Comité Central se esforzó por corregirlo en noviembre de este año en una reunión especial, en la que, tras examinar las cifras de nuestra importación y exportación, tomó la decisión de que para el año próximo –y allí esbozábamos los elementos fundamentales de nuestro intercambio comercial exterior para el año próximo–, de que para el año próximo el comercio exterior se cerrara con un saldo activo de, al menos, 100 millones. Esto es necesario. Es absolutamente necesario para un país como el nuestro, donde hay poco capital, donde no se produce importación de capitales del extranjero o se produce en una medida mínima, y donde la balanza de pagos, su equilibrio, debe mantenerse a costa de la balanza comercial para que nuestra moneda chervonets no se tambalee, y para que, conservando la moneda, podamos con ello conservar la posibilidad de seguir desarrollando nuestra industria y nuestra agricultura. Todos vosotros habéis experimentado lo que significa una moneda que se tambalea. A este punto funesto no debemos retornar, y es preciso tomar todas las medidas para cortar de raíz todos los factores que en el futuro puedan llevarnos a condiciones capaces de hacer tambalear nuestra moneda.

Tales son las cifras y consideraciones acerca de nuestra economía nacional en su conjunto, acerca de la industria y la agricultura por separado, acerca del peso específico de la industria socialista en relación con otros tipos de economía y acerca de aquellas ideas rectoras en la construcción del socialismo de las que he hablado y sobre cuya base se sostiene el Comité Central de nuestro partido.

### 2. La industria y la agricultura

Si tomamos más adelante las cuestiones relativas directamente a la industria y la agricultura en su interrelación en el presente y en el futuro próximo, estas cuestiones podrían reducirse a los siguientes puntos.

Primero. Seguimos siendo un país agrario: la producción agrícola predomina sobre la producción industrial. Lo fundamental en la industria consiste en que ya se ha aproximado al límite de las normas de preguerra, en que los pasos siguientes en la industria significan su desarrollo sobre una nueva base técnica, con la utilización de nuevos equipos y con el despliegue de la nueva construcción de fábricas. Es una tarea muy difícil. Pasar por encima de este umbral, pasar de la política de máximo aprovechamiento de todo lo que teníamos en la industria a la política de construir una nueva industria sobre una nueva base técnica, sobre la base de la nueva construcción de fábricas, el paso a través de este umbral requiere grandes capitales. Pero como la escasez de capitales es considerable entre nosotros, en lo sucesivo el desarrollo de nuestra industria avanzará, con toda probabilidad, no al ritmo tan rápido al que ha avanzado hasta ahora.

No ocurre así con la agricultura. No se puede decir que todas las posibilidades que encierra la agricultura, con su actual base técnica, estén ya agotadas. La agricultura, a diferencia de la industria, puede avanzar durante cierto tiempo a un ritmo rápido incluso con la actual base técnica. Incluso la simple elevación del nivel cultural del campesino, de la alfabetización, incluso una tarea tan sencilla como la limpieza de las semillas, podrían aumentar la producción bruta de la agricultura en un 10-15%. Calculen ustedes lo que esto significa para todo el país. He aquí las posibilidades que aún encierra la agricultura. He aquí por qué el desarrollo ulterior de la agricultura no tropieza por ahora con las dificultades técnicas que encuentra nuestra industria. Por eso, la desproporción entre el balance de la industria y el balance de la agricultura seguirá creciendo en el futuro, en los próximos años, debido a que en la agricultura se encierra toda una serie de posibilidades potenciales internas, lejos aún de estar aprovechadas y que deben ser aprovechadas en los años venideros.

¿En qué consisten nuestras tareas en relación con esta circunstancia?

Ante todo, en levantar nuestra gran industria estatal a cualquier precio, superando las dificultades que tenemos por delante. Y después, en levantar la industria soviética de tipo local. Camaradas, no podemos concentrarnos únicamente en el desarrollo de la industria de la Unión, porque la industria de la Unión, nuestros trusts y sindicatos centralizados no pueden satisfacer toda la diversidad de gustos y necesidades de una población de 140 millones. Para que se puedan satisfacer estas necesidades, es necesario conseguir que hierva la vida, la vida industrial en cada distrito, en cada circunscripción, en cada provincia, región, en la república nacional. Sin desatar las fuerzas latentes en las localidades, en la línea de la construcción económica, sin prestar todo el apoyo a la industria local, empezando por los distritos y circunscripciones, sin desatar todas estas fuerzas, no podremos lograr ese auge general de la construcción económica en nuestro país del que habló Lenin. Sin esto, sin la unión de los intereses y ventajas del centro con los intereses y ventajas de las localidades, no resolveremos el problema de desatar la iniciativa constructiva, el problema del auge económico general en el país, el problema de la rapidísima industrialización del país.

En segundo lugar. Anteriormente, en lo que respecta al combustible, se planteaba la cuestión de su sobreproducción. Ahora nos acercamos a la cuestión de la crisis del combustible, porque nuestra industria crece con más fuerza que el combustible. Nos aproximamos al nivel en que se encontraba nuestro país bajo el régimen burgués, cuando el combustible no alcanzaba y nos veíamos obligados a importarlo. Dicho de otro modo, resulta que el balance del combustible no corresponde al balance de la industria, a sus necesidades. De ahí la tarea del desarrollo intensificado de nuestra economía del combustible, del mejoramiento de su técnica, para que el combustible alcance, pueda alcanzar en su desarrollo el desarrollo de la industria.

En tercer lugar. Existe cierta falta de correspondencia entre el balance del metal y el balance de toda la economía nacional. Si calculamos las necesidades mínimas de metal y calculamos la posibilidad máxima de producción de metal, nos faltan decenas de millones de toneladas de metal. Nuestra economía, y especialmente nuestra industria, no puede seguir avanzando así. Por eso, a esta circunstancia hay que prestarle una atención especial. El metal es la base de las bases de nuestra industria, y su balance debe ser puesto en correspondencia con el balance de la industria y el transporte.

En cuarto lugar. La desproporción entre el balance de nuestra mano de obra calificada y el balance de nuestra industria. Se ha publicado una serie de cifras en la prensa, y no las voy a enunciar, solo diré que la necesidad de mano de obra calificada adicional en toda la industria para el año 1925/26 asciende a la cifra de 433 mil personas, mientras que nosotros solo podemos proporcionar una cuarta parte de esa necesidad.

Quinto. Quise señalar una deficiencia e incongruencia más, consistente en que la norma de utilización del material rodante en los ferrocarriles rebasa todos los límites. La demanda de trabajo del material rodante es tan grande que el año próximo nos veremos obligados a utilizar locomotoras y vagones no al 100% de su capacidad, sino al 120–130%. De este modo, el capital fijo del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación se desgastará en exceso, y podemos encontrarnos en un futuro próximo ante una catástrofe si no tomamos medidas enérgicas.

He aquí todas las deficiencias y desajustes que existen dentro de nuestra economía nacional en general, y dentro de la industria en particular, y que deben ser superados.

### 3. Cuestiones de comercio

Permítanme pasar ahora a las cuestiones del comercio. Las cifras indican que también en esta esfera, al igual que en la industrial, el crecimiento del peso específico del principio estatal en relación con el principio capitalista privado avanza. Si consideramos que el volumen total del comercio interior en rublos-mercancía antes de la guerra equivalía a 20 mil millones, resulta que en el año 1923/24 este volumen equivalía a 10 mil millones, es decir, el 50% del nivel de preguerra, y en el año 1924/25 equivale a 14 mil millones, es decir, el 70%. El crecimiento general del volumen interior es indudable. Si hablamos de la participación del Estado en este volumen, resulta que en el año 1923/24 la participación del Estado equivale al 45% de todo el volumen comercial interior, la participación de la cooperación, al 19%, y la participación del capital privado, al 35%. En el año siguiente, es decir, en 1924/25, la participación del Estado equivalía al 50%, la participación de la cooperación, en lugar del 19%, al 24,7%, mientras que la participación del capital privado, en lugar del 35%, al 24,9%. La participación del capital privado disminuye en el volumen total, las participaciones del Estado y la cooperación aumentan. Si dividimos el volumen en dos partes, mayorista y minorista, se observa la misma tendencia. En el comercio mayorista, en 1923/24 la participación del comercio estatal equivalía a más del 62% de todo el volumen, y en 1924/25, al 68,9%. Un aumento evidente. En cuanto a la cooperación, tenemos un aumento del 15 al 19%. El comercio privado tenía el 21%, ahora tiene el 11%. En el comercio minorista, en 1923/24 la participación del Estado equivalía al 16%, y en 1924/25, a casi el 23%. La participación de la cooperación en el comercio minorista el año pasado equivalía al 25,9%, y en 1924/25 equivale al 32,9%. Un crecimiento indudable. En cuanto a la participación del capital privado en el comercio minorista, en 1923/24 equivalía al 57%, y ahora, al 44,3%. Hemos traspasado claramente el umbral en la esfera del comercio minorista. El año pasado, en el comercio minorista predominaba el capital privado; este año predominan el Estado y la cooperación.

El crecimiento de la importancia del Estado y de la cooperación en las adquisiciones de materias primas y cereales era: en semillas oleaginosas en el año 1924/25, del 65%; en lino, del 94%; en algodón, de casi el 100%; en cereales en el año 1923/24, del 75%; en el año 1924/25, del 70%. Aquí tenemos un cierto descenso. En general, el crecimiento del principio estatal y cooperativo en el ámbito del comercio interior es indudable, tanto en la línea del comercio al por mayor como en la del comercio al por menor.

Si en el terreno de las adquisiciones de cereales el porcentaje de la participación estatal predomina, pero aun así crece menos que el año pasado, esto indica los errores que se cometieron en las adquisiciones de cereales. El hecho es que el error de cálculo en las adquisiciones es un error de cálculo no solo de los órganos soviéticos, sino también del CC, pues este último debe supervisar a los órganos soviéticos, y él responde por todo lo que se hace en los órganos soviéticos. Este error de cálculo se reduce a que, al planificar, no tuvimos en cuenta que el estado del mercado, las condiciones de las adquisiciones en este año representan algo nuevo, especial en comparación con lo que tuvo lugar el año pasado y el antepasado. Este año es el primero en que hemos salido al mercado de cereales sin medidas administrativas en materia de presión, en que hemos reducido al mínimo la carga del impuesto, la presión fiscal, y en que el campesino y los agentes del gobierno se han enfrentado cara a cara en el mercado como iguales. Estas circunstancias no fueron tenidas en cuenta por nuestros órganos planificadores, que se propusieron acopiar para el 1 de enero de 1926 el 70% de todas las adquisiciones de cereales del año. No tuvimos en cuenta que el mujik también sabe maniobrar, que guarda su producto divisa –el trigo– para el futuro, a la espera de una nueva subida de los precios, y prefiere por ahora salir al mercado con otros cereales menos valiosos. Esto no lo tuvimos en cuenta. En relación con esto, se ha reestructurado el plan de adquisiciones y se ha reducido el plan de exportación de cereales, del mismo modo que se reduce correspondientemente el plan de importación. Se está revisando el plan de exportación e importación, que debe cerrarse con un saldo activo de cien millones de rublos como mínimo, pero que aún no se ha elaborado definitivamente.

### 4. Las clases, su actividad, su correlación

El desarrollo de la economía nacional en el país condujo a la mejora de la situación material, ante todo, de la clase obrera. La desclasación de la clase obrera quedó muy atrás. La restauración y el crecimiento de la clase obrera avanzan a ritmo rápido. He aquí las cifras: al 1 de abril de 1924, si se cuentan todos los obreros, en todos los tipos de industria, incluida la pequeña, incluidos los obreros estacionales, incluidos los obreros agrícolas, según los datos del Narkomtrud, teníamos 5.500 mil obreros, de ellos 1 millón de braceros y 760 mil desempleados. Al 1 de octubre de 1925, los obreros eran ya más de 7 millones, de ellos 1.200 mil braceros y 715 mil desempleados. El crecimiento de la clase obrera es indudable.

El salario mensual medio de los obreros en chervonets¹ por toda la industria por obrero era en abril de 1925 de 35 rublos, o el 62% del nivel de preguerra. En septiembre de 1925, de 50 rublos, o el 88,5% del nivel de preguerra. Hay ramas aisladas que han rebasado el nivel de preguerra. El salario medio diario real en rublos-mercancía por obrero era en abril de 1925 de 0,88 rublos, en septiembre de 1925 de 1 rublo 21 kópeks. El rendimiento medio por jornada-hombre trabajada en rublos de preguerra era en toda la industria en abril de 1924 de 4,18, y en 1925 de 6,14, es decir, el 85% del nivel de preguerra. Si se toma la correlación entre el salario y la productividad del trabajo por meses, resulta que ambas marchan en dos series: crece el salario, crece también la productividad del trabajo. Pero en junio y julio el salario sube, mientras que la productividad del trabajo sube en menor grado que el salario. Esto se explica por las vacaciones y por el hecho de que a las fábricas y plantas llegaron nuevas capas de obreros, semicampesinos.

¹ Moneda soviética respaldada en oro, equivalente a 10 rublos oro.

Ahora, en lo referente a los fondos salariales. Los fondos salariales, según los datos del Comisariado del Pueblo de Trabajo (me refiero a la industria, sin tocar otras ramas), en el año 1923/24 constituían 808 millones, en el año 1924/25, 1.200 millones con exceso, en el año 1925/26 se prevén 1.700 millones de rublos.

No hablaré, camaradas, de a qué necesidades se destinan los fondos del seguro social, eso es conocido por todos. Permítanme mencionar una cifra general para dar la posibilidad de orientarse en la cuestión de cuánto gasta el Estado proletario en la causa del seguro de los obreros. El número total de asegurados en 1924/25 fue de 6.700 mil, en 1925/26 se prevé 7 millones. La deducción media del salario en 1924/25 fue del 14,6%, en 1925/26 se prevé el 13,84% del salario. Si se expresa en suma bruta, en 1924/25 se destinó a esta causa 422 millones, y en 1925/26 se prevé 588 millones. Quizá no esté de más comunicar que del fondo que fue determinado el año pasado, se conservó en las cajas del seguro social cierta suma, equivalente a 71 millones de rublos.

En el ámbito campesino, el aumento de la producción agrícola, naturalmente, no podía dejar de reflejarse en la mejora de la situación material de la población campesina. Según los datos de nuestros órganos de planificación, resulta que el consumo personal de la población campesina, el porcentaje de crecimiento de este consumo, es superior al porcentaje de crecimiento del consumo de la población urbana. El mujik ha empezado a comer mejor, y deja en su propia producción, para su consumo personal, una parte mucho mayor que la que dejaba el año pasado.

¿En qué se expresó la ayuda a las haciendas pobres, la ayuda a los damnificados por la mala cosecha por parte del Estado proletario? El Comisariado del Pueblo de Finanzas determina que la ayuda financiera a los pobres para el año 1924/25, en una cifra orientativa, no del todo exacta, asciende a 100-105 millones de rublos, de los cuales las exenciones fiscales y de seguros suman alrededor de 60 millones de rublos, luego del fondo de lucha contra las consecuencias de la mala cosecha, 24 millones de rublos, y por la vía del crédito, 12 millones de rublos. La ayuda a los damnificados por la mala cosecha en 1924 abarca una región con una población de más de 7 millones. En total se gastaron por esta vía 108-110 millones de rublos, de los cuales con cargo al presupuesto estatal, 71 millones, y 38 millones de recursos de organizaciones sociales e instituciones bancarias. Además, se constituyó un fondo de 77 millones para la lucha contra la sequía. En esto se expresó la ayuda del Estado proletario a las capas de escasos recursos del campesinado, ayuda, por supuesto, insuficiente, pero que, con todo, merece que se digan un par de palabras al respecto.

El mejoramiento de la situación material de la clase obrera y del campesinado son las premisas fundamentales sin las cuales no se puede avanzar en el terreno de nuestra construcción. Vemos que estas premisas ya las tenemos ante nosotros.

Unas palabras sobre el ascenso de la actividad de las masas. Lo fundamental en nuestra situación interna, lo que salta a la vista y de lo que no hay manera de zafarse, consiste en que, en relación con la mejora de la situación material de los obreros y campesinos, se ha elevado su actividad política, han comenzado a adoptar una actitud más crítica hacia nuestras deficiencias, a hablar más alto sobre las fallas en nuestra práctica. Hemos entrado en un período de animación de todas las clases y de todos los agrupamientos sociales. Se ha animado la clase obrera, se ha animado el campesinado con todos sus agrupamientos, se ha animado también la nueva burguesía, sus agentes en el campo (los kulaks), sus representantes en la intelectualidad. Este hecho ha servido de base a aquel viraje en nuestra política, cuya expresión son las resoluciones de la XIV Conferencia del Partido. La política de animación de los Soviets, la política de animación de la cooperación, de los sindicatos, las concesiones al campesinado en el sentido de precisar las cuestiones sobre el arriendo y el trabajo asalariado, la ayuda material a los campesinos pobres, la política de alianza firme con el campesino medio, la liquidación de los residuos del comunismo de guerra: he aquí en qué se ha expresado, principalmente, el nuevo rumbo del partido en el campo. Lo que teníamos en el campo a fines del año pasado y a comienzos de éste, lo conocen ustedes bien. El descontento general entre los campesinos iba en aumento, y en algunos lugares hubo incluso intentos de sublevaciones. He aquí las circunstancias que determinaron el nuevo rumbo del partido en el campo.

Tales son los fundamentos de la política del partido respecto al campesinado en el período de auge de la actividad de las masas y de animación de su organización, una política calculada para regular las relaciones en el campo, elevar allí la autoridad del proletariado y de su partido y asegurar una sólida alianza del proletariado y los campesinos pobres con los campesinos medios.

Usted sabe que esta política se justificó plenamente.

### 5. Tres consignas de Lenin sobre la cuestión campesina

¿Hemos actuado correctamente al tomar el rumbo hacia el campesino medio? ¿Cuál es la situación con respecto al aspecto de principio del nuevo rumbo? ¿Acaso no tenemos algunas indicaciones de Lenin al respecto?

Dicen que en el II Congreso de la Comintern se adoptó una resolución sobre la cuestión campesina, donde se dice que el aliado del proletariado en la época de la lucha por el poder solo puede ser el campesinado pobre, que al campesino medio solo se le puede neutralizar. ¿Es esto correcto? Es correcto. Lenin escribió esta resolución [60] teniendo en cuenta a los partidos que van hacia el poder. Pero nosotros somos un partido que ya ha llegado al poder. He ahí la diferencia. En cuanto a la cuestión campesina, en cuanto a la cuestión de la alianza de los obreros con el campesinado o con capas aisladas del campesinado, el leninismo tiene tres consignas fundamentales, correspondientes a los tres períodos de la revolución. Toda la cuestión consiste en captar correctamente el paso de una consigna a otra, de la segunda a la tercera.

Antes, cuando marchábamos hacia la revolución burguesa, cuando nosotros, los bolcheviques, esbozamos por primera vez nuestra táctica respecto al campesinado, Lenin decía: alianza con todo el campesinado contra el zar y los terratenientes, con la neutralización de la burguesía kadete. Con esta consigna marchábamos entonces hacia la revolución burguesa, y vencimos. Esta fue la primera etapa de nuestra revolución. Después, cuando nos aproximamos a la segunda etapa, a Octubre, Lenin dio una nueva consigna, correspondiente a la nueva situación: alianza del proletariado con los campesinos pobres contra todos los burgueses, con la neutralización del campesinado medio. Esta es la consigna necesaria para los partidos comunistas que marchan hacia el poder. E incluso cuando ya han conquistado el poder, pero aún no lo han consolidado, no pueden contar con la alianza con el campesino medio. El campesino medio es un hombre que observa. Mira a ver quién vence, espera, y solo cuando tú has triunfado, expulsando a los terratenientes y a los burgueses, viene a aliarse contigo. Para eso es campesino medio. Por consiguiente, en la segunda etapa de nuestra revolución marchábamos ya no con la consigna de la alianza de los obreros con todo el campesinado, sino con la consigna de la alianza del proletariado con el campesinado más pobre.

¿Y en el futuro? En el futuro, cuando hayamos fortalecido suficientemente el poder, rechazando los ataques de los imperialistas, y entremos en la fase de la amplia construcción socialista, Lenin planteó la tercera consigna: la alianza firme del proletariado y los campesinos pobres con los campesinos medios. Esta consigna es la única correcta, correspondiente al nuevo período de nuestra revolución, el período de la amplia construcción. Es correcta no solo porque ahora se puede contar con la alianza, sino también porque, al construir el socialismo, debemos operar no solo con millones, sino con decenas de millones de personas del campo. De otro modo no se puede construir el socialismo. El socialismo no abarca solo la ciudad. El socialismo es una organización de la economía que une la industria y la agricultura sobre la base de la socialización de los medios e instrumentos de producción. Sin la unión de estas dos ramas de la economía, el socialismo es imposible.

Así están las cosas con las consignas del leninismo sobre la alianza con el campesinado.

Lo que dijo Lenin en el II Congreso de la Comintern es absolutamente correcto, porque cuando se marcha hacia el poder o aún no se ha tenido tiempo de consolidar el poder tomado, se puede contar únicamente con la alianza con los campesinos pobres, neutralizando a los campesinos medios. Pero cuando te has consolidado, has tomado el poder, has comenzado a construir y cuando ya tienes que operar con decenas de millones de personas, la alianza del proletariado y los campesinos pobres con los campesinos medios es la única consigna correcta.

Esta transición de la vieja consigna de "alianza del proletariado con los campesinos pobres", de la vieja consigna de neutralización del campesinado medio, a la consigna de una alianza sólida con el campesino medio tuvo lugar ya en el VIII Congreso de nuestro partido. Permítanme citar un pasaje del discurso de Ilich en la apertura de este congreso. Helo aquí:

"Los mejores representantes del socialismo de la vieja época –cuando aún creían en la revolución y la servían teórica e ideológicamente– hablaban de la neutralización del campesinado, es decir, de convertir al campesinado medio, si no en una capa social que ayudara activamente a la revolución del proletariado, al menos en una capa social que no la estorbara, neutral, que no se pasara al lado de nuestros enemigos. Este planteamiento abstracto, teórico de la tarea es para nosotros totalmente claro. Pero es insuficiente. Hemos entrado en una etapa de la edificación socialista en la que es necesario elaborar, de manera concreta y detallada, comprobadas por la experiencia del trabajo en el campo, las reglas y directrices fundamentales por las que debemos guiarnos para adoptar, con respecto al campesinado medio, la posición de una sólida alianza"[61] (las cursivas son mías en todas partes. – J. St.).

Tal es la base teórica de la política del partido, orientada en el presente período histórico hacia una sólida alianza con el campesino medio. Quien piense refutar estas palabras de Lenin con la resolución del II Congreso de la Comintern, escrita por Lenin, que lo diga directamente.

Así se plantea la cuestión teóricamente. La doctrina de Lenin no la tomamos en una parte aislada, sino en su conjunto.

Lenin tenía tres consignas en relación con el campesinado: una, durante la revolución burguesa; otra, durante la Revolución de Octubre; y la tercera, después del afianzamiento del poder soviético. Quien piense sustituir estas tres consignas por una sola consigna general comete un crasísimo error.

Así se plantea la cuestión teóricamente. Y en la práctica se plantea de tal manera que, después de que realizamos la Revolución de Octubre, expulsamos a los terratenientes y repartimos la tierra a los campesinos, está claro que a Rusia la hemos hecho más o menos de campesinos medios, como dice Lenin, y ahora el campesino medio constituye la mayoría en el campo, a pesar del proceso de diferenciación.

La diferenciación, por supuesto, avanza. Bajo la NEP, en la etapa actual, no puede ser de otra manera. Pero avanza a paso lento. Leí hace poco un manual, publicado nada menos que por el Agitprop del Comité Central, y otro manual, publicado, si no me equivoco, por el Agitprop de la organización de Leningrado. Si damos crédito a estos manuales, resulta que bajo el zar teníamos alrededor del 60% de campesinos pobres, y ahora tenemos el 75%; bajo el zar había alrededor del 5% de kuláks, y ahora tenemos el 8 o el 12%; bajo el zar había tal cantidad de campesinos medios, y ahora menos. No quiero emplear palabras fuertes, pero hay que decir que estas cifras son peores que la contrarrevolución. ¿Cómo puede una persona que piensa de manera marxista soltar semejante cosa, y además imprimirla, y además en un manual? Como miembro del Comité Central, yo también respondo, por supuesto, de este descuido inaudito. Si bajo el zar se aplicaba una política de fomento de los kuláks, existía la propiedad privada de la tierra, existía la movilización de la tierra (lo que agudiza especialmente la diferenciación), si el gobierno era tal que impulsaba con todas sus fuerzas la diferenciación, y aun así no había más del 60% de campesinos pobres, ¿cómo pudo suceder que bajo nuestro gobierno, el gobierno soviético, cuando no existe la propiedad privada de la tierra, es decir, la tierra está retirada de la circulación, y por tanto existe este obstáculo contra la diferenciación, después de habernos dedicado al despojo de los kuláks durante dos años, cuando todavía no nos hemos liberado de todos los métodos de despojo de los kuláks, cuando aplicamos una política crediticia y cooperativa especial que no favorece la diferenciación, cómo pudo suceder que con tales obstáculos resulte que tenemos mucha más diferenciación que bajo el zar, muchos más kuláks y campesinos pobres que en el pasado? ¿Cómo pueden soltar semejante disparate descabellado personas que se llaman a sí mismas marxistas? Esto es para risa, una desgracia, una calamidad. (Risas.)

Lo mismo puede decirse del desdichado balance de cereales y forrajes de la Administración Central de Estadística, presentado en junio, según el cual resultaba que los excedentes comercializables de los campesinos acomodados eran supuestamente del 61%, los de los campesinos pobres, nada, y los de los campesinos medios, los porcentajes restantes. Lo cómico aquí consiste en que, unos meses después, la ACE presentó otra cifra: no el 61%, sino el 52%. Y hace poco, la ACE dio una cifra que ya no era del 52%, sino del 42%. ¿Acaso se puede calcular así? Creemos que la ACE es una ciudadela de la ciencia. Consideramos que sin las cifras de la ACE ningún órgano de dirección puede hacer cálculos ni planificar. Consideramos que la ACE debe proporcionar datos objetivos, libres de cualquier opinión preconcebida, pues el intento de ajustar una cifra a tal o cual opinión preconcebida es un delito de carácter penal. Pero ¿cómo se puede confiar después de esto en las cifras de la ACE, si ella misma deja de creer en sus propias cifras?

En resumen. Puesto que hemos nivelado la aldea como resultado de la revolución agraria, puesto que el campesino medio constituye la mayoría en la aldea, a pesar del proceso de diferenciación, y nuestra labor constructiva y el plan cooperativo leninista exigen la incorporación de la masa fundamental del campesinado a esta causa, la política de alianza con el campesino medio es, en las condiciones de la NEP, la única política acertada.

Tal es el aspecto práctico de la cuestión. Vean cómo formulaba Lenin nuestras tareas cuando fundamentaba la nueva política económica. Tengo ante mis ojos el proyecto del folleto “Sobre el impuesto en especie”, escrito por Lenin, donde él da de manera clara y precisa las líneas rectoras fundamentales.

Ahora el clavo, la piedra de toque se convierte (se ha convertido) en el aumento de los productos... Por consiguiente: la "apuesta" por el campesino medio en la agricultura.

El campesino laborioso como "figura central" de nuestro ascenso económico (véase t. XXVI, págs. 312-313).

Por consiguiente, la apuesta por el campesino medio en la agricultura, el campesino laborioso, como figura central de nuestro ascenso económico. Así escribió el camarada Lenin en 1921.

He aquí, camaradas, la idea que sirvió de base a las resoluciones y a las concesiones al campesinado que adoptamos en la XIV Conferencia de Abril de nuestro Partido.

¿En qué relación se encuentran las resoluciones de la XIV Conferencia del Partido de abril con aquella resolución sobre el trabajo entre los campesinos pobres que el CC adoptó por unanimidad en octubre[62], así como adoptó por unanimidad las resoluciones de la XIV Conferencia? La tarea fundamental que se planteaba ante nosotros en el pleno de octubre del Comité Central consistía en no permitir que se hiciera fracasar aquella política que habíamos elaborado en la Conferencia de abril, la política de alianza sólida con el campesino medio, no permitir que se hiciera fracasar esta política, ya que en el partido se perfilaban tendencias que consideraban que la política de alianza sólida con el campesino medio era incorrecta o inaceptable. Se perfilaban también tendencias de que la política de alianza sólida con el campesino medio significaba, según decían, el olvido de los campesinos pobres, que alguien intentaba, pasando por encima de los campesinos pobres, establecer una alianza sólida con el campesino medio. Esto es una estupidez, camaradas, pero es un hecho, pues tales tendencias existían. ¿Constituía para nosotros la cuestión de los campesinos pobres algo nuevo cuando nos reunimos en el pleno de octubre? Por supuesto que no. Mientras existan campesinos pobres, debemos tener una alianza con los campesinos pobres. Esto lo sabemos desde 1903, cuando apareció por primera vez el folleto de Lenin “A los campesinos pobres”[63]. Precisamente por ser marxistas, precisamente por ser comunistas, debemos apoyarnos en los campesinos pobres del campo. ¿En quién, si no, apoyarnos más? Esta cuestión no es nueva, nada nuevo constituía ni podía constituir para nosotros ni en abril, ni en octubre, ni en la conferencia, ni en el pleno del CC. Si a pesar de todo la cuestión de los campesinos pobres salió a flote, salió a flote en relación con la experiencia que acumulamos durante las reelecciones de los Soviets. ¿Qué resultó? Los Soviets se reanimaron. La democracia soviética se empezó a implantar. ¿Pero para qué? Pues la democracia soviética significa la dirección de la clase obrera. Pues ninguna democracia soviética puede ser llamada auténticamente soviética, auténticamente proletaria, si allí no hay dirección del proletariado y de su partido. ¿Pero qué significa la democracia soviética bajo la dirección del proletariado? Significa que el proletariado debe tener sus agentes en el campo. ¿De quiénes deben componerse estos agentes? De los representantes de los campesinos pobres. ¿Y en qué situación se encontraron los campesinos pobres cuando reanimamos los Soviets? En la situación más fragmentada, más dispersa. No solo a algunos elementos de los campesinos pobres, sino también a algunos comunistas les pareció que la renuncia a la deskulakización y a la presión administrativa era una renuncia a los campesinos pobres, el olvido de sus intereses. Y en lugar de emprender una lucha organizada contra los kulaks, empezaron a lamentarse de manera indigna.

¿Qué había que hacer para superar estos ánimos? Había que cumplir, en primer lugar, la tarea que la XIV Conferencia del Partido planteó ante el partido, es decir, determinar las condiciones, los modos y las medidas de ayuda material a los campesinos pobres. En segundo lugar, era necesario lanzar la consigna de organizar grupos o fracciones especiales de campesinos pobres para una lucha política abierta por la atracción del campesino medio y el aislamiento del kulak durante las elecciones a los Soviets, las elecciones a la cooperación, etc.

Esto precisamente es lo que hizo el camarada Mólotov en las tesis sobre el trabajo entre los campesinos pobres, como resultado de su trabajo de tres meses en la comisión rural del CC, aprobadas por unanimidad por el Pleno de octubre del CC.

Como ven, la revolución del pleno de octubre del CC es una continuación directa de las decisiones de la XIV conferencia.

Era necesario, en primer lugar, plantear de manera concreta la cuestión de la ayuda material para elevar la situación material de los campesinos pobres, y, en segundo lugar, era necesario dar la consigna sobre la organización de los campesinos pobres. Esto es lo nuevo que pertenece enteramente al camarada Mólotov, es su idea: la consigna de la organización de los grupos de campesinos pobres.

¿Para qué hizo falta la consigna de organizar grupos de campesinos pobres? Hizo falta para liquidar la dispersión de los campesinos pobres y darles la posibilidad de organizarse, con la ayuda de los comunistas, en una fuerza política independiente, capaz de servir de apoyo organizado al proletariado en el campo en la lucha contra el kulak, en la lucha por el campesino medio. Los campesinos pobres siguen estando imbuidos de una psicología de dependencia, confían en la GPU, en las autoridades, en cualquier cosa, menos en sí mismos, en su propia fuerza. Esta pasividad y esta psicología de dependencia deben ser eliminadas de la conciencia de los campesinos pobres. Hay que dar una consigna a los campesinos pobres para que, por fin, se sostengan sobre sus propios pies, para que, con la ayuda del Partido Comunista y del Estado, se organicen en grupos, aprendan en la arena de los Soviets, en la arena de la cooperación, en la arena de los comités de campesinos pobres y en todas las arenas de la vida social rural a luchar contra el kulak, pero a luchar no mediante llamamientos a la GPU, sino mediante la lucha política, mediante la lucha organizada. Sólo así se puede templar a los campesinos pobres, sólo así se puede organizar a los campesinos pobres y sólo así se puede, de los campesinos pobres del campo, en lugar de un grupo dependiente, crear un apoyo del proletariado en el campo.

He aquí para qué fue planteado en octubre el problema de los campesinos pobres.

### 6. Dos peligros y dos desviaciones en la cuestión campesina

En relación con la cuestión del campesinado, se han perfilado en nuestro partido dos desviaciones. La desviación hacia la subestimación del peligro kulak y la desviación hacia su exageración, hacia la subestimación y menosprecio del papel del campesino medio. No diré que estas desviaciones representen algo mortal para nosotros. Una desviación es una desviación, una desviación es algo que aún no ha tomado forma. Una desviación es el comienzo de un error. O bien permitimos que este error se desarrolle, y entonces la cosa va mal, o bien cortamos este error de raíz, y entonces el peligro queda liquidado. Una desviación es algo erróneo que dará resultados después, si no lo detienes a tiempo.

Dos palabras sobre la subestimación del peligro kulak. Se habla de la desviación kulak. Esto, por supuesto, es una tontería. En el partido no puede haber una desviación kulak. No se trata de una desviación kulak, sino de una desviación hacia la subestimación del peligro kulak. Aunque no hubiera habido personas que fueran víctimas de esta desviación, que se situaran en el terreno de esta desviación, de todos modos habrían aparecido, porque nuestro desarrollo avanza hacia una cierta revitalización del capitalismo, y la revitalización del capitalismo no puede sino generar confusión alrededor de nuestro partido. Por otra parte, en nuestro país se desarrolla la industria socialista y se libra una lucha entre ella y el capital privado. ¿Quién superará a quién? La ventaja está ahora del lado de los elementos socialistas. Someteremos tanto al kulak como al capitalista privado en la ciudad. Pero por ahora es un hecho que el kulak crece, y económicamente aún estamos lejos de haberlo derrotado. El kulak acumula fuerzas indiscutiblemente, y quien no lo advierte, quien dice que son bagatelas, que el kulak es un espantajo, coloca al partido ante el peligro de perder la vigilancia y resultar desarmado en la lucha contra el kulak, en la lucha contra el capitalismo, pues el kulak es un agente del capitalismo en el campo.

Hablan de Bogushevski. Por supuesto, él no tiene una desviación kulak. Él tiene una desviación hacia la subestimación del peligro kulak. Si tuviera una desviación kulak, habría que expulsarlo del partido. Pero hasta ahora nadie, parece, por lo que yo sé, ha exigido su expulsión del partido. Esta desviación —la desviación hacia la subestimación del peligro kulak en el campo—, una desviación que impide mantener al partido en un estado de constante disposición para la lucha, que desarma al partido en su lucha contra los elementos capitalistas, esta desviación ha sido condenada, como se sabe, por decisión del Comité Central del partido.

Pero hay otro sesgo: hacia la sobreestimación del peligro kulak, hacia la confusión ante el peligro kulak, hacia el pánico: "¡el kulak avanza, alerta!". ¡Qué extraño! La gente introdujo la NEP sabiendo que la NEP es la revitalización del capitalismo, la revitalización del kulak, que el kulak levantaría inevitablemente la cabeza. Y he aquí que, apenas asomó el kulak, empezaron a gritar "alerta", perdieron la cabeza. Y la confusión llegó hasta el punto de que se olvidaron del campesino medio. Mientras tanto, la tarea fundamental en el campo consiste ahora en la lucha por conquistar al campesino medio, en la lucha por separar al campesino medio del kulak, en la lucha por aislar al kulak mediante el establecimiento de una sólida alianza con el campesino medio. De esto se olvidan los camaradas que han caído en el pánico ante el peligro kulak.

Creo que si se indagara en las raíces de estas dos desviaciones, se las podría reducir a los siguientes puntos de partida.

La primera desviación consiste en minimizar el papel del kulak y de los elementos capitalistas en el campo en general, en encubrir el peligro kulak. Parte de la suposición incorrecta de que el desarrollo de la NEP no conduce a la revitalización de los elementos capitalistas en el campo, de que el kulak y los elementos capitalistas en general están pasando o ya han pasado a ser cosa del pasado en nuestro país, de que no se produce diferenciación en el campo, de que el kulak es un eco del pasado, un espantajo, y nada más.

¿A qué conduce esta desviación?

En la práctica, esta desviación conduce a la negación de la lucha de clases en el campo.

La segunda desviación consiste en exagerar el papel del kulak y, en general, de los elementos capitalistas en el campo, en el pánico ante estos elementos, en negar que la alianza del proletariado y los campesinos pobres con los campesinos medios sea posible y conveniente.

Esta desviación parte de que en nuestra aldea tiene lugar, al parecer, una simple restauración del capitalismo, de que este proceso de restauración del capitalismo es un proceso que lo absorbe todo, que abarca por entero o en su parte abrumadora también a nuestra cooperación, de que, como resultado de tal desarrollo, debe crecer ininterrumpidamente la diferenciación del campesinado en gran escala, de que los grupos extremos, es decir, los kulaks y los campesinos pobres, deben fortalecerse y aumentar año tras año, de que los grupos medios, es decir, los campesinos medios, deben debilitarse y desaparecer también año tras año.

En la práctica, esta desviación conduce a la exacerbación de la lucha de clases en el campo, al retorno a la política de los comités de campesinos pobres de despojo de los kuláks, a la proclamación, por consiguiente, de la guerra civil en nuestro país y, de ese modo, a la ruptura de toda nuestra labor constructiva, y con ello, a la negación del plan cooperativo de Lenin en el sentido de la incorporación de millones de explotaciones campesinas al sistema de la edificación socialista.

Ustedes preguntarán: ¿qué desviación es peor? No se puede plantear así la cuestión. Ambas son peores, tanto la primera como la segunda desviación. Y si estas desviaciones se desarrollan, son capaces de descomponer y arruinar al partido. Por fortuna, en nuestro partido hay fuerzas que pueden extirpar tanto la primera como la segunda desviación. (Aplausos.) Aunque ambas desviaciones son peores, y es absurdo plantear la cuestión de cuál de ellas es más peligrosa, existe otro punto de vista desde el cual hay que enfocar estas dos desviaciones. ¿Para la lucha contra qué desviación está más preparado el partido: para la lucha contra la primera o contra la segunda desviación? He aquí cómo hay que plantear prácticamente la cuestión. Ambas desviaciones son peligrosas, ambas son peores, no se puede decir cuál es más peligrosa, pero sí se puede y se debe hablar de para la lucha contra qué desviación está más preparado el partido. Si se formula a los comunistas la pregunta de para qué está más preparado el partido: para despojar al kulak o para no hacerlo, sino ir hacia la alianza con el campesino medio, yo creo que de 100 comunistas, 99 dirán que el partido está más preparado para la consigna: golpea al kulak. Basta con dar la orden, y en un instante despojarán al kulak. En cambio, en lo que se refiere a no deskulakizar, sino a aplicar una política más compleja de aislamiento del kulak mediante la alianza con el campesino medio, este asunto no se digiere tan fácilmente. He aquí por qué pienso que, en su lucha contra ambas desviaciones, el partido debe, de todos modos, concentrar el fuego en la lucha contra la segunda desviación. (Aplausos.) Con ningún marxismo, con ningún leninismo se puede encubrir la tesis de que el kulak es peligroso. El kulak es el kulak. Es peligroso, por mucho que Bogushevski machaque sobre el espantajo. Y esto no se lo puede extirpar a un comunista con ninguna cita. En cambio, la tesis de que es necesaria una alianza sólida con el campesino medio, mientras que Ilich escribe en la resolución del II Congreso sobre la neutralización del campesino medio, esta tesis siempre se puede embadurnar, eclipsar con frases sobre el leninismo, sobre el marxismo. Aquí hay un rico campo para las citas, aquí hay un rico campo para todo aquel que quiera embrollar al partido, que quiera ocultar al partido la verdad, la verdad de que Lenin, en relación con el campesinado, no tuvo una, sino tres consignas. Aquí se pueden hacer toda clase de manipulaciones respecto al marxismo. Y precisamente por eso hay que concentrar el fuego en la lucha contra la segunda desviación.

Así están las cosas con la cuestión de la situación interna de la Unión, de su economía, de la industria y la agricultura, de las clases, de la actividad de las clases, de la revitalización de los Soviets, del campesinado y demás.

No me detengo en ciertas cuestiones relativas al aparato estatal, que crece y trata de escapar de la dirección del partido, lo que, por supuesto, no conseguirá.

Tampoco hablo del burocratismo de nuestro aparato estatal, no hablo porque mi informe se ha alargado demasiado. No hablo de ello porque esta cuestión no es algo nuevo para el partido.

### 7. Tareas del Partido

Paso a las tareas del partido en el ámbito de la política interior.

En el ámbito del desarrollo de la economía nacional en su conjunto, debemos trabajar: a) en la línea del ulterior aumento de la producción de la economía nacional; b) en la línea de la transformación de nuestro país de agrario en industrial; c) en la línea de asegurar en la economía nacional un predominio decisivo de los elementos socialistas sobre los elementos capitalistas; d) en la línea de asegurar a la economía nacional de la Unión Soviética la independencia necesaria en las condiciones del cerco capitalista; e) en la línea del aumento del peso específico de los ingresos no tributarios en el sistema general del presupuesto estatal.

En el ámbito de la industria y la agricultura, llevar a cabo el trabajo: a) en la línea del despliegue de nuestra industria socialista sobre la base de un nivel técnico elevado, del aumento de la productividad del trabajo, de la reducción del costo de producción, del incremento de la velocidad de rotación del capital; b) en la línea de adecuar el balance de combustible, metal, así como el capital fijo del transporte ferroviario a las crecientes necesidades del país; c) en la línea del desarrollo intensificado de la industria soviética de importancia local; d) en la línea del aumento del rendimiento de la tierra, de la elevación del nivel técnico de la agricultura, del desarrollo de los cultivos técnicos, de la industrialización de la agricultura; e) en la línea de la incorporación de las explotaciones campesinas dispersas a la construcción socialista mediante la cooperación masiva y la elevación del nivel cultural del campesinado.

En el área del comercio, realizar el trabajo: a) en la línea de la ulterior ampliación y mejora cualitativa de la red de distribución de mercancías (cooperación de todos los tipos, comercio estatal); b) en la línea del aumento máximo de la rapidez de la circulación de mercancías; c) en la línea de la reducción de los precios al por menor y del ulterior incremento de la preponderancia del comercio soviético-cooperativo sobre el comercio privado; d) en la línea del establecimiento de un frente único y de una férrea disciplina de acopio entre todos los órganos acopiadores; e) en la línea de la intensificación del intercambio comercial con el mundo exterior, asegurando un balance comercial activo y, por consiguiente, un balance de pagos activo, que es la condición más indispensable para el mantenimiento de una moneda sólida y la garantía necesaria contra la inflación.

En el ámbito de la planificación, orientar el trabajo hacia el aseguramiento obligatorio de las reservas necesarias.

Por cierto, dos palabras sobre una de las fuentes de reserva: sobre el vodka. Hay gente que piensa que se puede construir el socialismo con guantes blancos. Es un gravísimo error, camaradas. Si no tenemos préstamos, si somos pobres en capitales y si, además, no podemos caer en la servidumbre de los capitalistas de Europa occidental, no podemos aceptar las condiciones de servidumbre que nos ofrecen y que hemos rechazado, entonces solo queda una cosa: buscar fuentes en otros ámbitos. Esto, de todos modos, es mejor que la servidumbre. Aquí hay que elegir entre la servidumbre y el vodka, y la gente que piensa que se puede construir el socialismo con guantes blancos se equivoca gravemente.

En el terreno de la correlación de clases, realizar el trabajo: a) en la línea de asegurar la alianza del proletariado y los campesinos pobres con los campesinos medios; b) en la línea de asegurar la dirección del proletariado en esta alianza; c) en la línea del aislamiento político y el desplazamiento económico del kulak y del capitalista urbano.

En el ámbito de la construcción soviética, llevar a cabo el trabajo en la línea de una lucha decidida contra el burocratismo, en la línea de incorporar a esta lucha a las amplias masas de la clase obrera.

Quisiera decir dos palabras sobre la nueva burguesía y sus ideólogos, los smenovejovistas. El smenovejovismo es la ideología de la nueva burguesía, que crece y poco a poco se fusiona con el kulak y con la intelectualidad servil. La nueva burguesía ha lanzado su ideología, la ideología smenovejovista, que consiste en que, en su opinión, el partido comunista debe degenerar, y la nueva burguesía debe consolidarse, y, de manera imperceptible para nosotros, resulta que nosotros, los bolcheviques, debemos acercarnos al umbral de la república democrática, debemos luego franquear ese umbral y, con la ayuda de algún “césar” que surja ya sea de los rangos militares, ya sea de los civiles, debemos encontrarnos en la situación de una república burguesa ordinaria.

Tal es esa nueva ideología, que se esfuerza por embaucar a nuestra intelectualidad funcionarial y no solo a ella, sino también a algunos círculos cercanos a nosotros. No voy a refutar las tesis sobre la degeneración de nuestro partido. No vale la pena refutar una estupidez. Nuestro partido no degenera ni degenerará. No está hecho de un material tal, ni ha sido forjado por un hombre tal, como para degenerar. (Aplausos.) Nuestros cuadros, tanto los jóvenes como los viejos, crecen en el aspecto ideológico. Es nuestra suerte que hayamos logrado publicar varias ediciones de las obras de Lenin. Ahora la gente lee, estudia y empieza a comprender. No solo los dirigentes, sino también los cuadros medios del partido empiezan a comprender, y ya no hay que darles el dedo a morder. Con gritos sobre la degeneración ya no se asustará a nadie. La gente lo discernirá por sí misma. Pueden gritar cuanto quieran, pueden asustar con citas cuanto quieran, pero el militante medio del partido escuchará y discernirá, porque ahora tiene en sus manos las obras de Lenin. (Aplausos.) Este hecho es una de las garantías fundamentales de que nuestro partido no se desviará del camino del leninismo. (Aplausos tormentosos.)

Si a pesar de todo he hablado de los smenovejovistas, lo he hecho para responder en pocas palabras a todos aquellos que cuentan con la degeneración de nuestro partido y de nuestro Comité Central. Ustriálov es el autor de esta ideología. Él trabaja en nuestro transporte. Dicen que trabaja bien. Pienso que si trabaja bien, que sueñe con la degeneración de nuestro partido. Soñar no está prohibido entre nosotros. Que sueñe a su gusto. Pero que sepa que, soñando con la degeneración, debe al mismo tiempo llevar agua a nuestro molino bolchevique. De lo contrario, le irá mal. (Aplausos.)

## III. El Partido

Paso a la cuestión del partido. No sitúo al partido al final de mi informe porque, por su peso específico, sea el último en la serie de todos los factores de nuestro desarrollo. No, no es por eso. Sino porque el partido corona toda la obra en nuestro país.

He hablado de los éxitos de la dictadura del proletariado en el ámbito de la política exterior e interior, en el ámbito de las maniobras hacia el exterior, en las condiciones del cerco capitalista, y en el ámbito de la construcción socialista dentro del país. Pero estos éxitos habrían sido imposibles si nuestro partido no hubiera estado a la altura de las tareas, si no hubiera crecido y se hubiera fortalecido. La importancia del partido en este sentido, como fuerza dirigente, es inconmensurable. La dictadura del proletariado no se lleva a cabo por sí sola, sino, ante todo, por las fuerzas del partido, bajo su dirección. Sin la dirección del partido, en las condiciones actuales del cerco capitalista, la dictadura del proletariado sería imposible. Basta con sacudir al partido, debilitarlo, para que al instante se sacuda y se debilite la dictadura del proletariado. Precisamente por esto se explica que todos los burgueses de todos los países hablen con furia de nuestro partido.

Con esto no quiero decir en absoluto que nuestro partido sea idéntico al Estado. De ningún modo. El partido es la fuerza dirigente en nuestro Estado. Sería estúpido afirmar sobre esta base, como dicen algunos camaradas, que el Buró Político es el órgano supremo en el Estado. Eso no es cierto. Es una confusión que vierte agua al molino de nuestros enemigos. El Buró Político es el órgano supremo no del Estado, sino del partido, y el partido es la fuerza dirigente suprema del Estado. El Comité Central y el Buró Político son órganos del partido. No quiero identificar las instituciones estatales con el partido. Solo quiero decir que en todas las cuestiones fundamentales de nuestra política interior y exterior el papel dirigente perteneció al partido. Y solo por eso tuvimos éxitos en nuestra política interior y exterior. Por eso la cuestión de la composición del partido, de su nivel ideológico, de los cuadros del partido, de su capacidad de dirigir en el planteamiento de las cuestiones de la construcción económica y soviética, de su peso específico en la clase obrera y entre el campesinado y, por último, de su estado interno en general, es la cuestión fundamental de nuestra política.

Ante todo, sobre la composición del partido. La cifra total del partido al 1 de abril de 1924, sin la llamada leninista, se expresaba con la cifra de 446 mil miembros del partido y candidatos. De ellos, obreros eran 196 mil, es decir, el 44%; campesinos, 128 mil, es decir, el 28,8%; empleados y otros, 121 mil, es decir, el 27,2%. Al 1 de julio de 1925, en el partido resultó haber ya, en lugar de 446 mil, 911 mil miembros y candidatos, de los cuales: obreros, 534 mil, es decir, el 58,6%; campesinos, 216 mil, es decir, el 23,8%; empleados y otros, 160 mil, es decir, el 17,6%. Al 1 de noviembre de 1925, tenemos 1.025 mil comunistas.

¿Qué porcentaje de la clase obrera (tomando a toda la clase obrera) está organizado en nuestro partido? En el XIII Congreso, en mi informe de organización, dije que en total hay en nuestro país 4 millones 100 mil obreros (incluidos también los agrícolas). Entonces no tomaba en cuenta a los obreros de la pequeña industria, que no se prestaban a ser contabilizados, porque el seguro social aún no se había extendido y la estadística no se ocupaba de este asunto. Daba entonces las cifras de enero de 1924. Posteriormente, cuando surgió la posibilidad de contabilizar a los obreros ocupados en la pequeña industria, resultó que el total de obreros al 1 de julio de 1924 era de 5.500 mil, contando también a los agrícolas. De ellos, los obreros en el partido eran 390 mil, es decir, el 7% de toda la clase obrera. Al 1 de julio de 1925, los obreros eran 6.500 mil, de los cuales en el partido había 534 mil, es decir, el 8% de toda la composición de la clase obrera. Al 1 de octubre de 1925, teníamos 7 millones de obreros, agrícolas e industriales, de la pequeña, mediana y gran industria sin distinción. De ellos, en el partido había 570 mil, es decir, el 8%.

Todo esto lo digo para mostrar cuán irrazonable es hablar de lograr en uno o dos años el 90% de organización partidista de toda la composición de la clase obrera en el país.

Examinemos ahora el peso específico de la parte obrera del PC(b) de Rusia en relación con los obreros de la industria censada. El número de obreros permanentes, no estacionales, en la gran industria censada, tanto estatal como no estatal, incluyendo también la industria militar, los principales talleres ferroviarios y los depósitos principales —el número de obreros en todas estas ramas al 1 de enero de 1924 era de 1.605 mil. De obreros teníamos entonces en el partido 196 mil. Esto constituye el 12% en relación con toda la composición de la clase obrera de la gran industria. Y si tomamos a los obreros —miembros del partido que trabajan en el banco de producción— y determinamos su relación porcentual con toda la composición de la clase obrera en la gran industria, veremos que al 1 de enero en el partido había 83 mil obreros del banco y constituían el 5% de toda la composición de obreros en la gran industria. Todo esto al 1 de enero de 1924. Al 1 de junio de 1924, de obreros en la gran industria había 1.780 mil; en el partido había entonces 389 mil obreros, es decir, el 21,8% de toda la composición de obreros en la gran industria. De obreros del banco había en el partido 267 mil, es decir, el 15% de toda la composición de la clase obrera en la gran industria. Al 1 de enero de 1925, de obreros había en la gran industria censada 1.845 mil; el número de obreros en el partido en general, tanto del banco como no del banco, constituía 429 mil, es decir, el 23,2% respecto a toda la composición de la clase obrera en la gran industria; de obreros del banco en el partido había entonces 302 mil, es decir, el 16,3% de toda la composición de la clase obrera en la gran industria. Al 1 de julio de 1925, de obreros había 2.094 mil en la gran industria; el número de obreros en el partido, 534 mil, es decir, el 25,5%; el número de obreros del banco, 383 mil, es decir, el 18,2% de toda la composición de la clase obrera en la gran industria.

Ustedes ven que si allí, en relación con toda la clase obrera, el crecimiento de los obreros organizados en el partido en relación con toda la composición de la clase obrera avanza más lentamente que el crecimiento de la propia clase obrera, aquí, en la gran industria, ocurre lo contrario: el crecimiento del porcentaje de obreros en el partido avanza más rápidamente que el crecimiento de la clase obrera en la propia gran industria. Esto hay que señalarlo para tener presente cuál es el rostro de nuestro partido cuando hablamos de su núcleo obrero: se trata principalmente de obreros de la gran industria.

¿Podemos ahora, mirando todo esto, hablar de que en el curso de un año se eleve el número de obreros de banco en el partido hasta el 90%? No, no podemos, porque no queremos caer en la fantasía. Porque si de obreros de banco hay en el partido 380 mil, entonces para que todos los demás —es decir, alrededor de 700 mil que no son de banco— constituyan el 10%, es necesario elevar la cantidad de miembros del partido en el curso de un año hasta 7 millones. Sencillamente, los camaradas no calcularon y metieron la pata con la cifra del 90%.

¿Crece el peso específico del partido en la clase obrera? Apenas vale la pena demostrar esta verdad evidente por sí misma. Ustedes saben que nuestro partido, en esencia, es un partido electo de la clase obrera. Hemos alcanzado en este sentido lo que aún no ha alcanzado ningún partido en el mundo. Ya este solo hecho dice que el peso específico de nuestro partido en las filas de la clase obrera es inconmensurable y que nuestro partido es monopólico dentro de la clase obrera.

En lo que respecta al peso específico de nuestro partido en el campo, la situación es bastante deslucida. Para el XIII Congreso, la población rural de 18 a 60 años sumaba 53 millones en el país; para el XIV Congreso, más de 54 millones. Y de comunistas en las células rurales había, para el XIII Congreso, 136 mil, es decir, el 0,26% respecto a toda la población rural adulta; para el XIV Congreso, en cambio, tenemos 202 mil campesinos en el partido, es decir, el 0,37%. El crecimiento de nuestro partido en el campo avanza terriblemente despacio. No quiero decir que deba crecer a pasos agigantados, pero este porcentaje del campesinado en nuestro partido es, de todos modos, muy insignificante. Nuestro partido es un partido obrero. En él siempre predominarán los obreros. Esto es expresión de que tenemos una dictadura del proletariado. Pero también está claro que, sin la alianza con el campesinado, la dictadura del proletariado es imposible, y que un cierto porcentaje de los mejores hombres del campesinado en el seno de nuestro partido es un necesario punto de apoyo para el partido en el campo. Desde este punto de vista, la situación no es, por ahora, muy buena.

A continuación debo señalar el crecimiento general del nivel ideológico de nuestro partido. Sobre la parte organizativa les informará el camarada Mólotov, por lo que no me detendré en esta cuestión, pero no puedo dejar de decir una cosa, a saber, que según todos los datos el nivel ideológico de nuestros cuadros dirigentes, jóvenes y viejos, ha crecido considerablemente. Como ejemplo se podría tomar la discusión que tuvimos el año pasado con el trotskismo. Se trataba, como ustedes saben, de la revisión del leninismo, del cambio de la dirección del partido, por así decirlo, sobre la marcha. Es de todos conocido con qué unanimidad afrontó el partido esta ola antipartidaria. ¿Qué indica esto? Indica que el partido ha crecido. Sus cuadros se han fortalecido, no teme la discusión. Ahora hemos entrado, por desgracia, en un período de nueva discusión. Estoy seguro de que el partido superará rápidamente también esta discusión y no puede ocurrir nada extraordinario. (Voces: “¡Correcto!”. Aplausos.) Para no anticipar los acontecimientos y no exasperar a la gente, no voy a abordar en este momento la esencia de cómo se comportaron los camaradas de Leningrado en su conferencia y cómo reaccionaron a ello los camaradas de Moscú. Pienso que los miembros del congreso lo dirán ellos mismos, y yo sacaré las conclusiones en el discurso de clausura.

Termino mi informe.

He hablado de nuestra política exterior, de las contradicciones que corroen el mundo capitalista. He dicho que estas contradicciones solo pueden ser superadas mediante la revolución obrera en Occidente.

Continué hablando de aquellas contradicciones en cuyo marco transcurren nuestras relaciones mutuas, las relaciones de la Unión Soviética con los Estados capitalistas. Dije que ellos, esos Estados, tratarán de convertir nuestro país en un apéndice del sistema capitalista, tratarán de intervenir contra nosotros, y nosotros rechazaremos, contando para ello con el pleno apoyo de la clase obrera de Occidente, especialmente después de que los obreros de Occidente han comenzado a venir con frecuencia a visitarnos y a hermanarse con nosotros. Al hacerlo, contamos con que ese hermanamiento no les saldrá gratis a los capitalistas. También estamos superando esas contradicciones. Pero, en última instancia, las contradicciones entre el mundo del capitalismo y el mundo del socialismo en el exterior no podemos superarlas solo con nuestras propias fuerzas; para ello se necesita la ayuda de la victoriosa revolución proletaria en varios países.

Continué hablando de las contradicciones dentro de nuestro país, entre los elementos capitalistas y los elementos socialistas. Dije que estas contradicciones podemos superarlas con nuestras propias fuerzas. Quien no cree en esto es un liquidador, no cree en la construcción socialista. Superaremos estas contradicciones, ya las estamos superando. Por supuesto, cuanto más pronto llegue la ayuda de Occidente, mejor, más rápidamente superaremos estas contradicciones para acabar con el capital privado y lograr la victoria completa del socialismo en nuestro país, la construcción de una sociedad socialista completa. Pero incluso sin ayuda exterior no nos desanimaremos, no gritaremos pidiendo socorro, no abandonaremos nuestro trabajo (aplausos) y no temeremos las dificultades. Quien esté cansado, a quien asusten las dificultades, quien pierda la cabeza, que ceda el paso a quienes han conservado el valor y la firmeza. (Aplausos.) No somos de los que se asustan ante las dificultades. Para eso somos bolcheviques, para eso recibimos el temple leninista, para no evitar las dificultades, sino para salir a su encuentro y superarlas. (Voces: "¡Correcto!". Aplausos.)

He hablado, además, camaradas, de los éxitos y de los errores de nuestro partido. No han sido pocos estos errores. Y en materia de intercambio comercial exterior, en materia de acopios, y en algunos otros campos de trabajo, no han sido pocos los errores que hemos cometido. Ilich nos enseñó a no envanecernos. No nos envaneceremos. Los errores han sido muchos. Pero también hay éxitos. Sea como fuere, una cosa hemos logrado, hemos logrado algo que no se nos puede arrebatar de ningún modo. Es que, con nuestra amplia labor constructiva, con nuestro empuje bolchevique en el frente económico, con los éxitos que aquí hemos alcanzado, hemos demostrado al mundo entero que los obreros, una vez tomado el poder, no solo saben golpear al capitalismo, no solo saben destruir, sino también construir una nueva sociedad, construir el socialismo. Esta conquista, el haber hecho evidente esta verdad, esto no nos lo arrebatarán. Es la conquista más grande y más difícil de todas las que hemos tenido hasta ahora. Porque hemos demostrado a la clase obrera de Occidente y a los pueblos oprimidos de Oriente que los obreros, que a lo largo de la historia solo habían sabido trabajar para los señores, mientras los señores gobernaban, que esos obreros, una vez tomado el poder, resultaron capaces de gobernar un gran país, de construir el socialismo en las condiciones más difíciles.

¿Qué se requiere para que los proletarios de Occidente venzan? Ante todo, fe en sus propias fuerzas, la conciencia de que la clase obrera puede prescindir de la burguesía, de que la clase obrera es capaz no solo de destruir lo viejo, sino también de construir lo nuevo, de construir el socialismo. Toda la labor de la socialdemocracia consiste en inculcar a los obreros el escepticismo, la falta de fe en sus propias fuerzas, la incredulidad en la posibilidad de alcanzar por la fuerza la victoria sobre la burguesía. El sentido de todo nuestro trabajo, de toda nuestra edificación, consiste en que este trabajo y esta edificación convencen a la clase obrera de los países capitalistas de la capacidad de la clase obrera para prescindir de la burguesía y construir una nueva sociedad con sus propias fuerzas.

La peregrinación de los obreros a nuestro país, el hecho de que las delegaciones obreras, al llegar a nuestro país, palpen cada rincón de nuestra construcción y se esfuercen por palpar los éxitos de nuestra construcción, todo esto indica que la clase obrera de los países capitalistas, en contra de la socialdemocracia, empieza a creer en sus propias fuerzas y en la capacidad de la clase obrera para crear una nueva sociedad sobre las ruinas de la vieja.

No diré que hayamos logrado mucho durante el año del informe, pero una cosa hay que reconocer: es que con los éxitos de nuestra construcción socialista hemos demostrado y probado que la clase obrera, una vez derrocada la burguesía y tomado el poder en sus propias manos, es capaz de reestructurar la sociedad capitalista sobre las bases del socialismo. Esto lo hemos conseguido y esto nadie nos lo arrebatará, a pesar de todo. Y es un éxito inestimable. Pues, ¿qué significa haber alcanzado este éxito? Significa infundir a los obreros de los países capitalistas fe en sus fuerzas, fe en su victoria. Significa poner en sus manos un arma nueva contra la burguesía. Y que ellos toman esta arma en sus manos y están dispuestos a utilizarla, se ve al menos por el hecho de que la peregrinación de obreros a nuestro país no cesa, sino que se intensifica. Y cuando los obreros de los países capitalistas se contagien de fe en sus fuerzas, pueden estar seguros de que eso será el comienzo del fin del capitalismo y el signo más seguro de la victoria de la revolución proletaria.

He aquí por qué pienso que no trabajamos en vano, construyendo el socialismo. He aquí por qué pienso que en esta labor debemos vencer a escala internacional. (Tormentosos y prolongados aplausos. Ovación de todo el congreso.)

“Pravda” núms. 291 y 292

20 y 22 de diciembre de 1925.