Entre los distintos fenómenos de importancia decisiva en la situación internacional, hay que señalar los siguientes hechos principales: 1. Es indudable que el capitalismo ha conseguido salir del tremedal de la crisis de postguerra. La estabilización de la moneda en algunos países capitalistas, el aumento del comercio mundial y la ampliación de la producción en ciertos países, la exportación de capitales, principalmente anglo- norteamericanos, y su penetración en los países de Europa y Asia, son cosas que nos hablan de los éxitos del “trabajo constructivo” del capital. Ese “trabajo” transcurre, como es sabido, bajo la dirección del bloque anglo-norteamericano. Uno de los resultados más importantes de ese “trabajo” debe verse en la llamada “dawesización” de Alemania, es decir, en el paso del método de intervención armada al método de intervención financiera, al método de esclavización o financiera de Alemania. 2. Es indudable también que en el centro de Europa, en Alemania, ha terminado ya el período de auge revolucionario.

El período de ascenso de la revolución, ese período en que el movimiento bulle y se eleva, llegando a desbordarse, mientras las consignas del Partido se retrasan respecto del movimiento, ese período en que las masas rompen el marco de la legalidad y asaltan el viejo régimen, creando por sí mismas el derecho nuevo, ha quedado ya atrás en Alemania. Del período del asalto, el movimiento obrero de Alemania ha entrado en un período de acumulación de fuerzas, en un período de formación e instrucción del ejército proletario bajo la bandera del comunismo. No creo que sea necesario demostrar que esta circunstancia debe tener forzosamente una importancia considerable. Con tanta mayor claridad debe hablarse de ello, para orientarse rápidamente en la nueva situación y empezar a preparar la revolución de manera nueva. Tales son los hechos positivos para la burguesía, pues evidencian la fuerza y los éxitos del capital en el momento presente. Pero junto a esos hechos hay otros negativos para el capitalismo. 1. Es indudable que, junto al fortalecimiento del capitalismo, se produce un aumento de las contradicciones entre los grupos capitalistas, un ascenso de las fuerzas que debilitan y descomponen el capitalismo.

La lucha entre Inglaterra y Norteamérica por el petróleo, por el Canadá, por los mercados de venta, etc.; la lucha entre el bloque anglo-norteamericano y el Japón por los mercados del Oriente; la lucha entre Inglaterra y Francia por la influencia en Europa; la lucha, en fin, entre Alemania, esclavizada, y la Entente, dominante, son hechos universalmente conocidos y evidencian que los éxitos del capital son precarios, que el proceso de “saneamiento” del capitalismo encierra las premisas de su debilidad interna y de su descomposición. 2. El ascenso y la fuerza creciente del movimiento de liberación nacional en la India, en China, en Egipto, en Indonesia, en el Norte de África, etc., que minan la retaguardia del capitalismo. Si el “saneamiento” del imperialismo exige que se amplíen las esferas de influencia en las colonias y los países dependientes, y la lucha de estos países contra el imperialismo se acentúa sin dejar lugar a dudas, está claro que los éxitos del imperialismo en este terreno no pueden ser estables. 3. La lucha por la unidad del movimiento sindical en Europa y la crisis de la Federación de Ámsterdam.

La lucha de las tradeuniones inglesas por la unidad sindical, el apoyo de los sindicatos soviéticos a esta lucha, la conversión de la lucha por la unidad sindical en lucha contra los líderes contrarrevolucionarios de Ámsterdam (Oudegeest, Sassenbach, Jouhaux, etc.), que aplican una política de escisión de los sindicatos, son hechos indicativos de que la Federación de Ámsterdam atraviesa una profunda crisis. ¿Y qué es la crisis de Ámsterdam? Es la inestabilidad del Poder burgués, pues la burocracia sindical de Ámsterdam es una partícula y un apoyo de ese Poder. 4. El ascenso económico de la Unión Soviética. Es indudable que los chismes de los plumíferos burgueses, cuando hablan de incapacidad de los Soviets para organizar la industria, han sufrido un fracaso completo. Es indudable que en los dos años últimos, después de la intervención y del bloqueo, la industria de la Unión Soviética ha renacido y ha cobrado fuerza. Es indudable que la situación material y cultural de los obreros ha mejorado substancialmente en este corto plazo. Es indudable que ese mejoramiento continuará. Todas estas circunstancias tienen ahora una importancia decisiva

para la revolucionarización de los obreros de los países capitalistas. Creo que los obreros del Occidente jamás se han interesado tanto por Rusia como se interesan ahora. ¿Por qué? Porque hasta ellos llegan rumores acerca de la nueva vida de los obreros soviéticos en el Estado obrero que se llama Unión Soviética, y querrían comprobar la veracidad de esos rumores. El hecho de que centenares de obreros, sin distinción de tendencias, vengan de Europa a Rusia y palpen cada rincón, evidencia, sin dejar lugar a dudas, que el interés por Rusia crecerá entre los obreros del Occidente de mes en mes. Es indudable que esta peregrinación a Rusia irá en aumento. Y cuando se convenzan de que cada paso en el desarrollo de la industria de Rusia es al mismo tiempo un paso para mejorar la situación de los obreros, y no para empeorarla, como ocurre de ordinario en los países capitalistas, comprenderán que ya es hora de que ellos, los obreros del Occidente, organicen el Estado obrero en sus países. Por eso, la sola existencia del Estado Soviético supone un peligro mortal para el imperialismo. Por eso, ningún éxito del imperialismo puede ser estable mientras exista y se desarrolle el Estado Soviético. Tales son los hechos negativos para la burguesía, pues nos hablan de la fuerza del movimiento revolucionario y de sus probables éxitos en un próximo futuro.

La lucha de estas tendencias opuestas, negativas y positivas, es la base y el contenido de la presente situación internacional. En esta lucha de contradicciones surgió y se ha marchitado el llamado ¡pacifismo, sin llegar a florecer y sin marcar una “era”, ni una “época”, ni un “período”. No ha justificado ni las esperanzas de los conciliadores ni los temores de los contrarrevolucionarios. En esta lucha se han venido abajo los nombres “gloriosos” de Poincaré y de Hughes, de MacDonald y de Herriol. ¿Qué tendencias prevalecerán, las positivas o las negativas? No puede caber duda de que con el tiempo deben vencer las tendencias negativas para el capitalismo y favorables para la revolución, pues el imperialismo es incapaz de resolver las contradicciones que lo desgarran; pues únicamente es capaz de paliarlas de momento, para que vuelvan a manifestarse y se desarrollen con nueva y demoledora fuerza. Pero es indudable también que actualmente prevalecen las tendencias positivas, favorables para el capitalismo. Ahí reside la particularidad de la presente situación internacional. Por esta razón asistimos a cierta fase de calma en Europa y América, calma “turbada” por el movimiento revolucionario nacional en las colonias y “ensombrecida” por la existencia, el desarrollo y el fortalecimiento de la Unión Soviética.

Para la burguesía, esto significa una tregua, la exportación redoblada de capitales, un mayor enriquecimiento, la acentuación del yugo y la explotación en las colonias, el aumento de la presión sobre la Unión Soviética, la concentración de todas las fuerzas de la contrarrevolución en torno al capital anglo-norteamericano. Para el proletariado de los países capitalistas, esto significa la llegada de un período de acumulación de fuerzas, la llegada de un período de formación e instrucción de los ejércitos proletarios bajo la bandera del comunismo, en medio de un sistema de represiones entretejido con el sistema de “libertades”. Para las colonias, esto significa el fortalecimiento de la lucha contra la opresión nacional y la explotación, el recrudecimiento de la lucha por liberarse del imperialismo. Para la Unión Soviética, esto significa la tensión de todas las fuerzas para seguir desarrollando la industria, para fortalecer la capacidad de defensa del país, para concentrar las fuerzas revolucionarias de todos los países contra el imperialismo. De ahí las tareas de los Partidos Comunistas: 1. Utilizar al máximo todas y cada una de las contradicciones en el campo de la burguesía, para descomponer y debilitar sus fuerzas y fortalecer las posiciones del proletariado. 2.

Trazar formas y procedimientos concretos de aproximación de la clase obrera de los países avanzados al movimiento revolucionario nacional de las colonias y los países dependientes, para apoyar en todos los sentidos este movimiento contra el enemigo común, contra el imperialismo. 3. Impulsar y llevar hasta el fin la lucha por la unidad del movimiento sindical, teniendo presente que no hay medio más seguro para conquistar las masas de millones de obreros. Es imposible conquistar las masas de millones de proletarios sin conquistar previamente los sindicatos, y es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar en ellos y sin ganarse allí la confianza de las masas obreras mes tras mes, año tras año. De otra manera, ni pensar se puede en la conquista de la dictadura del proletariado. 4. Trazar formas y procedimientos concretos de aproximación de la clase obrera a los pequeños campesinos, abrumados por la máquina burocrática del Estado burgués y por los precios de rapiña de los omnipotentes trusts, teniendo presente que la lucha por los pequeños campesinos es una tarea inmediata de un partido que va a la dictadura del proletariado. 5. Apoyar el Poder Soviético y desbaratar las maquinaciones intervencionistas del imperialismo contra la Unión Soviética, teniendo presente que ésta es el baluarte del movimiento revolucionario de todos los países y que mantener y reforzar la Unión Soviética supone acelerar la victoria de la clase obrera sobre la burguesía mundial.

Publicado con la firma de J. Stalin el 22 de marzo de 1925 en el núm. 66 de “Pravda”.