A propósito del artículo de Semic. Sólo pláceme merece el hecho de que ahora, después de la discusión que tuvo lugar en la Comisión Yugoslava, Semic se haya adherido en su artículo, plena e íntegramente, a la posición de la delegación del P.C.(b) de Rusia en la Internacional Comunista; pero sería erróneo pensar, partiendo de ello, que entre la delegación del P.C.(b) de Rusia, de una parte, y Semic, de otra, no hubo discrepancia alguna, antes o durante la discusión desarrollada en la Comisión Yugoslava. Al parecer, Semic se halla inclinado a concebir así las discrepancias en el terreno de la cuestión nacional y trata de reducirlas a simples malentendidos. Mas, por desgracia, incurre en un profundo error. Semic afirma en su artículo que la polémica mantenida con él se basa en una “serie de malentendidos” suscitados por un discurso “incompletamente traducido”, pronunciado por él en la Comisión Yugoslava. En otros términos, resulta que la culpa es del apuntador, quien, no se sabe por qué, no tradujo entero el discurso de Semic. En honor a la verdad, me veo obligado a decir que esta afirmación de Semic no corresponde en absoluto a los hechos.

Naturalmente, hubiera sido preferible que Semic hubiese avalado su afirmación con citas de su discurso en la Comisión Yugoslava, discurso que se conserva en los archivos de la Internacional Comunista. Pero, él sabrá por qué razón, no lo ha hecho. Por ello me veo obligado a cumplir, en lugar de Semic, esta tarea, no muy agradable, pero absolutamente necesaria. Ello es tanto más necesario, por cuanto que aun ahora, después de haberse solidarizado Semic plenamente con el criterio de la delegación del P.C.(b) de Rusia, quedan bastantes puntos oscuros en su posición actual. En mi discurso pronunciado en la Comisión Yugoslava (v. “Bolshevik”, núm.7)* hablé de las divergencias en torno a tres problemas: 1) el de las vías para resolver la cuestión nacional; 2) el del contenido social interno del movimiento nacional en la presente época histórica y 3) el del papel del factor internacional en la cuestión nacional. Sobre el primer problema yo afirmaba que Semic “no ha comprendido del todo la esencia misma del planteamiento bolchevique de la cuestión nacional”;

* Véase el presente tomo. (N. de la Red.) que separa la cuestión nacional del problema general de la revolución; que se coloca, de este modo, en una posición que reduce la cuestión nacional a un problema constitucional. ¿Es cierto todo esto? Leed los siguientes pasajes del discurso de Semic en la Comisión Yugoslava (30 de marzo de 1925) y juzgad vosotros mismos: “¿Es posible reducir la cuestión nacional a un problema constitucional? Ante todo, planteemos una cuestión teórica. Supongamos que en el Estado X viven tres naciones: A, B y C. Estas tres naciones expresan su deseo de vivir en un solo Estado. ¿De qué se trata en este caso? Naturalmente, de regular las relaciones interiores en dicho Estado. Por lo tanto, es éste un problema de carácter constitucional. En este caso teórico, la cuestión nacional se reduce a un problema constitucional… Si en este caso teórico nosotros reducimos la cuestión nacional a un problema constitucional, entonces es preciso decir -cosa que he subrayado constantemente- que la autodeterminación de los pueblos, llegando incluso a la separación, es una condición precisa para la solución del problema constitucional. Es sólo en este terreno en el que yo planteo el problema constitucional”. Creo que estos pasajes del discurso de Semic no requieren más comentarios. Es evidente que quien considera la cuestión nacional como parte integrante del problema general de la revolución proletaria, no puede reducirla a un problema constitucional. Y viceversa: sólo quien separa la cuestión nacional del problema general de la revolución proletaria, puede reducirla a un problema constitucional. En el discurso de Semic se señala que el derecho de autodeterminación nacional no puede ser conquistado sin una lucha revolucionaria. Semic dice: “Se comprende que tales derechos sólo pueden ser conquistados mediante una lucha revolucionaria. No pueden ser conquistados por vía parlamentaria, sino únicamente por acciones revolucionarias de masas”. Pero ¿qué significa “lucha revolucionaria” y “acciones revolucionarias”? ¿Es posible identificar la “lucha revolucionaria” y las “acciones revolucionarias” con el derrocamiento de la clase dominante, con la conquista del Poder y con el

triunfo de la revolución, como condición para solucionar la cuestión nacional? Evidentemente, no. Una cosa es cuando se habla del triunfo de la revolución como condición fundamental para la solución del problema nacional, y otra cosa completamente distinta es cuando se ponen las “acciones revolucionarias” y la “lucha revolucionaria” como condiciones para la solución de ese problema. Es preciso señalar que el camino de las reformas, el camino constitucional, no excluye en modo alguno las “acciones revolucionarias” ni la “lucha revolucionaria”. No son las “acciones revolucionarias” en sí lo que debe considerarse decisivo al determinar si el carácter de tal o cual partido es revolucionario o reformista, sino las tareas y los objetivos políticos en cuyo nombre se emprenden y utilizan por los partidos. En 1906, después de la disolución de la primera Duma, los mencheviques rusos proponían, como es sabido, organizar una “huelga general” e incluso una “insurrección armada”. Pero ello no impidió en lo más mínimo que continuasen siendo mencheviques. Porque ¿para qué proponían todo eso?

Naturalmente, no era para aplastar el zarismo y organizar la victoria completa de la revolución, sino para “presionar” al gobierno zarista, con objeto de obtener una reforma, con objeto de ampliar la “Constitución”, con objeto de que se convocase una Duma “mejorada”. Una cosa son las “acciones revolucionarias” para reformar el viejo orden de cosas, dejando el Poder en manos de la clase dominante. Ese es el camino constitucional. Otra cosa son las “acciones revolucionarias” para romper el viejo orden de cosas, para derrocar a la clase dominante. Ese es el camino revolucionario, el camino de la victoria completa de la revolución. La diferencia aquí es radical. Por eso creo que la referencia de Semic, a la “lucha revolucionaria”, cuando reduce la cuestión nacional a un problema constitucional, lejos de refutar, confirma mis palabras de que Semic “no ha comprendido del todo la esencia misma del planteamiento bolchevique de la cuestión nacional”, pues no ha comprendido que la cuestión nacional no debe ser considerada aisladamente, sino en conexión indisoluble con el problema del triunfo de la revolución, como parte integrante del problema general de la revolución. Al insistir en esto, no quiero decir, ni mucho menos, que he expuesto nada nuevo sobre el error de Semic en este problema. En modo alguno es así.

De este error de Semic habló ya el camarada Manuilski en el V Congreso de la Internacional Comunista, cuando dijo que: “En su folleto “La cuestión nacional a la luz del marxismo” y en una serie de artículos publicados en “Radnik”, órgano del Partido Comunista Yugoslavo, Semic destaca, como consigna práctica para el Partido Comunista, la lucha por la revisión de la Constitución, es decir, lleva de hecho todo el problema de la autodeterminación de las naciones a un terreno exclusivamente constitucional” (v. las actas taquigráficas del V Congreso, págs. 596-597). De este mismo error habló Zinóviev en la Comisión Yugoslava, diciendo: “En la perspectiva de Semic, según se ve, sólo falta una pequeña cosa: la revolución”; la cuestión nacional es un problema “revolucionario, y no constitucional” (v. “Pravda”. núm. 83). No es posible que todas estas observaciones de los representantes del P.C.(b) de Rusia en la Internacional Comunista sobre el error de Semic sean algo casual, sin ningún fundamento. No hay humo sin fuego. Esto es lo que puede decirse del error primero y fundamental de Semic. Sus otros errores dimanan directamente de este error fundamental. Sobre el segundo problema, yo afirmaba en mi discurso (v. “Bolshevik”, núm. 7) que Semic “no quiere considerar la cuestión nacional un problema en esencia campesino”*. ¿Es cierto eso?

Leed, el siguiente pasaje del discurso pronunciado por Semic en la Comisión Yugoslava y juzgad vosotros mismos: “¿En qué consiste -pregunta Semic- el sentido social del movimiento nacional en Yugoslavia?”. Y allí mismo contesta: “Este contenido social consiste en la competencia entre el capital serbio, de una parte, y el croata y el esloveno, de otra” (v. el discurso de Semic en la Comisión Yugoslava). Naturalmente, es indudable que la competencia entre la burguesía eslovena y croata y la burguesía serbia no puede por menos de desempeñar en esto cierto papel. Pero es igualmente indudable que quien ve el sentido social del movimiento nacional en la competencia entre la burguesía de distintas nacionalidades, no puede considerar la cuestión nacional un problema en esencia campesino. ¿En qué consiste la esencia del problema nacional en el momento presente, cuando dicho problema se ha convertido, de problema de carácter local, de problema interno de un Estado, en un problema mundial, en el problema de la lucha de las colonias y las nacionalidades dependientes contra el imperialismo? La esencia de la cuestión nacional consiste, en el momento presente, en la lucha de las masas populares de las colonias y las nacionalidades dependientes contra la explotación financiera, contra el sojuzgamiento político y la despersonalización cultural de estas colonias y de estas nacionalidades por parte de la burguesía imperialista de la nacionalidad dominante. ¿Qué significación puede tener, ante este planteamiento de la cuestión

* Véase el presente tomo. (N. de la Red.)

nacional, la competencia entre la burguesía de distintas nacionalidades? Indudablemente, una significación no decisiva y en ciertos casos ni siquiera de importancia. Es del todo evidente que aquí se trata, en lo fundamental, no de que la burguesía de una nacionalidad derrote o pueda derrotar en la competencia a la burguesía de otra nacionalidad, sino de que el grupo imperialista de la nacionalidad dominante explota y oprime a las masas fundamentales y, ante todo, a las masas campesinas de las colonias y las nacionalidades dependientes; y al oprimirlas y explotarlas, las empuja a la lucha contra el imperialismo, hace de ellas aliados de la revolución proletaria. No puede considerarse la cuestión nacional como un problema en esencia campesino si el sentido social del movimiento nacional se reduce a la competencia entre la burguesía de distintas nacionalidades. Y viceversa: no es posible ver el sentido social del movimiento nacional en la competencia entre la burguesía de distintas nacionalidades si se considera la cuestión nacional un problema en esencia campesino. No se puede de ningún modo poner un signo de igualdad entre estas dos fórmulas. Semic se remite a un pasaje del folleto de Stalin “El marxismo y la cuestión nacional”, escrito a fines de 1912.

En dicho folleto se dice que “bajo el capitalismo ascensional, la lucha nacional es una lucha entre las clases burguesas”. Por lo visto, con esto, Semic quiere dar a entender que la fórmula con que determina el sentido social del movimiento nacional en las presentes condiciones históricas es acertada. Pero el folleto de Stalin fue escrito antes de la guerra imperialista, cuando el problema nacional aun no era considerado por los marxistas un problema de significación mundial, cuando la reivindicación fundamental de los marxistas sobre el derecho de autodeterminación no era considerada una parte de la revolución proletaria, sino una parte de la revolución democrático-burguesa, Sería ridículo perder de vista que desde entonces ha cambiado radicalmente la situación internacional; que la guerra, de una parte, y la Revolución de Octubre en Rusia, de otra, han convertido el problema nacional, de parte integrante de la revolución democrático- burguesa, en parte integrante de la revolución proletaria socialista. Ya en octubre de 1916, en su artículo “Balance de la discusión sobre la autodeterminación”, Lenin decía que el derecho de autodeterminación, punto básico del problema nacional, había dejado de ser una parte del movimiento democrático general y se había convertido ya en parte integrante de la revolución proletaria general, de la revolución socialista.

No hablo ya de trabajos posteriores, tanto de Lenin como de otros representantes del comunismo ruso, sobre la cuestión nacional. Después de todo esto, ¿qué significación puede tener ahora, cuando, en virtud de la nueva situación histórica, hemos entrado en una nueva época, en la época de la revolución proletaria, la referencia de Semic al indicado pasaje del folleto de Stalin, escrito en el período de la revolución democrático-burguesa en Rusia? Sólo puede tener una significación: la de que Semic cita fuera del espacio y del tiempo, independientemente de la situación histórica real, atentando así a los requisitos elementales de la dialéctica, y sin tener presente que lo que es acertado en una situación histórica puede resultar desacertado en otra. Ya dije en mi discurso en la Comisión Yugoslava que en el planteamiento de la cuestión nacional por los bolcheviques rusos es preciso distinguir dos etapas: la etapa anterior a Octubre, cuando se trataba de la revolución democrático-burguesa y la cuestión nacional era considerada como una parte del movimiento democrático general, y la etapa de Octubre, cuando se trataba ya de la revolución proletaria y la cuestión nacional se había convertido en parte integrante de la revolución proletaria. No creo que sea necesario demostrar que esta diferencia tiene una importancia decisiva.

Me temo que Semic no haya comprendido aún el sentido y la importancia de esta diferencia entre las dos etapas en el planteamiento de la cuestión nacional. Por eso estimo que en el intento de Semic de no considerar el movimiento nacional un problema en esencia campesino, sino el problema de la competencia entre la burguesía de distintas nacionalidades, “van implícitos el menosprecio de la fuerza interna del movimiento nacional y la incomprensión de su carácter profundamente popular y profundamente revolucionario” (v. “Bolshevik”, núm. 7)*. Eso es lo que se puede decir del segundo error de Semic. Es significativo que, en su discurso pronunciado en la Comisión Yugoslava, Zinóviev haya dicho lo mismo de este error de Semic: “No es cierta la afirmación de Semic de que el movimiento campesino en Yugoslavia está dirigido por la burguesía y no es, por esta razón, un movimiento revolucionario” (v. “Pravda”. núm. 83). ¿Es casual esta coincidencia? ¡Naturalmente que no! Repito: no hay humo sin fuego. Finalmente, yo afirmaba, hablando del tercer problema, que Semic hacía un “intento de tratar la cuestión nacional en Yugoslavia al margen de la situación internacional y de las probables perspectivas en Europa”*. ¿Es esto cierto? Sí, lo es. Porque Semic no hizo en su discurso ni la más leve alusión a que la situación internacional en las actuales condiciones, particularmente en lo que

* Véase el presente tomo. (N. de la Red.)

respecta a Yugoslavia, es un factor importantísimo en la solución del problema nacional. La circunstancia de que el mismo Estado yugoslavo se haya formado como consecuencia del choque entre las dos coaliciones imperialistas fundamentales, el que Yugoslavia no pueda ponerse al margen del gran juego de fuerzas que tiene lugar actualmente en los Estados imperialistas circundantes, todo esto ha quedado fuera del campo visual de Semic. La afirmación de Semic, cuando dice que concibe perfectamente determinados cambios de la situación internacional, en virtud de los cuales el problema de la autodeterminación puede convertirse en un problema práctico de actualidad, esta afirmación debe ser considerada ya, en la presente situación internacional, insuficiente. Ahora no se trata, en modo alguno, de reconocer, ante determinados cambios de la situación internacional en un futuro posible y lejano, la actualidad del derecho de las naciones a la autodeterminación; en caso de necesidad, eso lo podrían reconocer ahora, como una perspectiva, incluso los demócratas burgueses. Ahora no se trata de eso, sino de no convertir las actuales fronteras del Estado yugoslavo, creadas como resultado de guerras y violencias, en el punto de partida y en la base legal de la solución del problema nacional.

Una de dos: o el problema de la autodeterminación nacional, es decir, el de la modificación radical de las fronteras de Yugoslavia, es un apéndice al programa nacional, que se dibuja pálidamente en un futuro lejano; o dicho problema es la base del programa nacional. Es evidente que, en todo caso, el punto relativo al derecho de autodeterminación no puede ser simultáneamente un apéndice y la base del programa nacional del Partido Comunista Yugoslavo. Me temo que, a pesar de todo, Semic continúe considerando el derecho de autodeterminación un apéndice en perspectiva al programa nacional. Por eso creo que Semic separa el problema nacional de la situación internacional general; y, debido a ello, el problema de la autodeterminación, o sea, el de la modificación de las fronteras de Yugoslavia, no es para él, de hecho, un problema de actualidad, sino un problema académico. Eso es lo que se puede decir del tercer error de Semic. Es significativo que, en su informe pronunciado en el V Congreso de la Internacional Comunista., el camarada Manuilski haya dicho lo mismo de este error de Semic: “La premisa fundamental de todo el planteamiento del problema nacional hecho por Semic es la idea de que el proletariado debe aceptar el Estado burgués en las fronteras que han sido establecidas por una serie de guerras y violencias”* (v. las actas taquigráficas del V

* Subrayado por mí. J. St. Congreso de la Internacional Comunista. pág. 597). ¿Puede considerarse esto una coincidencia casual? ¡Naturalmente que no! Una vez más, repito: no hay humo sin fuego.

Publicado con la firma de J. Stalin el 30 de junio de 1925 en el núm. 11-12 de la revista “Bolchevik”.