6 de marzo de 1926. Camaradas: Por desgracia, conozco poco los asuntos franceses. Por eso no puedo hacer, como sería necesario en este caso, un análisis exhaustivo de la cuestión. Sin embargo, me he formado determinada opinión de los asuntos franceses sobre la base de los discursos que he escuchado aquí, en el pleno del C.E. de la I.C., y me considero en el deber de hacer en la Comisión, sobre esta base, algunas observaciones. Tenemos aquí varias cuestiones. Primera cuestión: la situación política en Francia. Me alarma un tanto la placidez que dejan traslucir los discursos de los camaradas acerca de la actual situación política en Francia. Se tiene la impresión de que la situación en Francia es más o menos equilibrada, de que las cosas, en general, van marchando; hay, bien es verdad, ciertas dificultades, pero quizá no lleven a una crisis, etc. Eso no es cierto, camaradas. Yo no puedo decir que Francia se encuentre ante su año 2349; sin embargo, me parece que va hacia una crisis. En este sentido, estimo acertadas tanto las tesis de la Comisión como las observaciones de algunos camaradas. Esa crisis es una crisis especial, ya que en Francia no hay paro forzoso.

Atempera la crisis el hecho de que ahora Francia se nutre del oro llegado de Alemania. Pero estos fenómenos son pasajeros, en primer lugar, porque el oro alemán no le bastará a Francia para taponar los boquetes interiores y pagar las deudas a Inglaterra y Norteamérica; en segundo lugar, porque no se evitará el paro forzoso en Francia. Mientras haya inflación, que estimula las exportaciones, quizá no se produzca el paro forzoso; pero luego, cuando la moneda se estabilice y el saldo de las deudas internacionales, surta su efecto, en Francia no se evitará la concentración de la industria ni el paro forzoso. El síntoma más seguro de que Francia va hacia una crisis es el sobresalto que reina en los círculos gobernantes franceses, el carrusel ministerial a que se asiste en Francia. No se puede representar nunca el desarrollo de la crisis como una línea ascensional de crecientes fallas. Las crisis no se producen nunca en esa forma. La crisis revolucionaria se desarrolla habitualmente en zigzag: una pequeña falla, después un mejoramiento de la situación, luego una falla más grave, a continuación cierto ascenso, etc.

La existencia de zigzags no debe dar motivo para pensar que los asuntos de la burguesía se enderezan. Por eso aquí la placidez es peligrosa. Peligrosa porque la crisis puede avanzar con más rapidez de lo que se piensa, y entonces los camaradas franceses pueden ser pillados de sorpresa. Y un partido pillado de sorpresa es incapaz de dirigir los acontecimientos. Por eso creo que el Partido Comunista Francés debe orientar su trabajo teniendo en cuenta la acentuación gradual de la crisis revolucionaria. Y el Partido francés debe organizar la agitación y la propaganda de modo que vayan preparando para esa crisis la mente y el corazón de los obreros. Segunda cuestión: el creciente peligro de derecha en el seno del Partido. Considero que tanto en torno al Partido Comunista Francés como en su seno hay ya un grupo bastante considerable y combativo de derechistas, dirigido por elementos expulsados y no expulsados del partido, que será una tortura constante para el Partido Comunista.

Hace un momento hablaba yo con Crémet, quien me ha informado de un nuevo hecho: resulta que no sólo en el terreno del Partido, sino también en el terreno de las organizaciones sindicales existen grupos de derechistas que actúan bajo cuerda y que, en algunos lugares, atacan de frente al ala revolucionaria del Partido Comunista. Incluso lo que ha dicho hoy Engler en su intervención es sintomático en este sentido, y es necesario llamar seriamente la atención de los camaradas a este respecto. En los períodos de ascenso de la crisis, los derechistas siempre levantan cabeza. Es ésta una ley general de la crisis revolucionaria. Los derechistas levantan cabeza porque temen la crisis revolucionaria, y, por eso, están dispuestos a hacer todo lo posible para arrastrar al Partido hacia atrás e impedir que se desarrolle la crisis en ascenso. Me parece, por eso, que la tarea inmediata del Partido Comunista de Francia, teniendo en cuenta que éste debe forjar nuevos cuadros revolucionarios y preparar a las masas para la crisis, consiste en repeler a los derechistas, en aislarlos. ¿Está preparado el Partido Comunista de Francia para repeler a los derechistas?

Paso a la tercera cuestión, a la situación reinante en el grupo dirigente del Partido Comunista Francés. Se oye decir que, para aislar a los derechistas, es necesario que salgan del grupo dirigente del Partido Comunista Francés dos camaradas, que, si bien han luchado contra los derechistas, han cometido grandes errores. Me refiero a Treint y a Susanne Girault. Hablaré francamente, ya que lo mejor es llamar a las cosas por su nombre. No sé hasta qué punto será oportuno comenzar el ataque contra los derechistas retirando del grupo dirigente a camaradas que luchan contra los derechistas. Yo pensaba que, por el contrario, se presentaría otra propuesta, por lo menos de la siguiente naturaleza: puesto que los derechistas se han insolentado, puesto que al suspender su órgano, el “Bulletin Communiste”, han publicado una declaración que es una bofetada al Partido, ¿no sería lo oportuno desenmascarar políticamente a algunos derechistas, cuando no expulsados del Partido? Yo pensaba que, en vista del peligro de derecha, la cuestión sería planteada así. Yo pensaba que en vista del peligro de derecha, la cuestión seria planteada así. Yo pensaba que escucharía aquí precisamente una propuesta de este tenor. En vez de eso, se nos propone comenzar el aislamiento de los derechistas aislando a dos que no lo son. ¡No veo la lógica, camaradas!

Pero con esta cuestión, con la cuestión de la lucha contra los derechistas, se entrelaza otra cuestión: la falta de un grupo estrechamente unido de la mayoría en el seno del Buró Político del Partido Comunista Francés. Es la pura verdad que el Partido no puede luchar ni contra el grupo derechista ni contra el grupo “ultraizquierdista” si el Partido no tiene en su grupo dirigente una mayoría compacta, capaz de concentrar sus esfuerzos en un mismo punto. Esto es muy cierto. Considero que tal grupo, deberá formarse; al parecer, se ha formado ya o se formará en breve alrededor de camaradas como Semard, Crémet, Thorez, Monmousseau. Crear ese grupo o, por decirlo así, armonizar el trabajo entre los camaradas de que he hablado, en un grupo dirigente, significa concentrar las fuerzas en la lucha contra los derechistas. Vosotros no podréis vencer a los derechistas, ya que los derechistas aumentan y tienen, por lo visto, ciertas raíces en la clase obrera de Francia; vosotros no podréis vencer a los derechistas, repito, si no unís a todos los comunistas revolucionarios del grupo dirigente dispuestos a luchar hasta el fin contra los derechistas. No tiene sentido ni es razonable comenzar la lucha contra los derechistas fraccionando las fuerzas propias. Si no concentráis las fuerzas, vosotros mismos podéis debilitaros y perder la batalla contra los derechistas. Claro está, los camaradas franceses quizás no juzguen posible la concentración de todas las fuerzas, incluyendo a Treint y a Susanne Girault; tal vez lo consideren imposible.

En ese caso, que los camaradas franceses hagan en un pleno de su C.C. o en un congreso de su Partido las correspondientes modificaciones en la composición de su Buró Político. Que lo hagan ellos mismos, sin el C.E. de la I.C. Están en su derecho. Nosotros, los camaradas rusos, hace muy poco hemos adoptado en el XIV Congreso del Partido una conocida resolución tendente a dar a las secciones la posibilidad de que se dirijan más ellas mismas. Entendemos esto en el sentido de que se debe evitar, en cuanto sea posible, la ingerencia directa del C.E. de la I.C. en los asuntos de las secciones, entre ellos en el de la formación de los grupos dirigentes de nuestras secciones de la Internacional Comunista. No nos forcéis, camaradas, a infringir una decisión que acabamos de tomar en el Congreso de nuestro Partido. Naturalmente, hay casos en que son necesarias las medidas represivas respecto a tales o cuales camaradas; pero yo no veo, en este momento, esa necesidad. Por ello creo que nuestra Comisión debe: Primero: dar una resolución política clara relativa a la cuestión francesa, con la consigna de lucha resuelta contra los derechistas y con la indicación de los errores de los camaradas que los cometieron.

Segundo: dar a los camaradas franceses el consejo de que agrupen en torno a esta resolución, enfilada contra los derechistas, al grupo dirigente en el seno del C.C. del Partido Comunista de Francia, es decir, imponer a los miembros de este grupo la obligación de cumplir a conciencia esta resolución con sus esfuerzos conjuntos. Tercero: dar a los camaradas franceses el consejo de que no se dejen llevar en su trabajo práctico por el método de la amputación, por el método de las medidas represivas. La cuarta cuestión se refiere a los sindicatos obreros en Francia. Tengo la impresión de que ciertos camaradas franceses miran con excesiva ligereza este asunto. Admito que por parte de los dirigentes de la Confederación sindical haya habido errores, pero admito también que por parte del C.C. del Partido Comunista Francés haya habido errores respecto a la Confederación. Es muy natural que el camarada Monmousseau quiera que la tutela del Partido sea menor. Eso se explica por la naturaleza misma de las cosas, ya que existen dos organizaciones paralelas: el Partido y la Confederación sindical, y entre ellas no pueden dejar de producirse, a veces, ciertas fricciones. Eso nos ocurre también a los rusos y a todos los Partidos Comunistas. Son cosas que no pueden dejar de ocurrir. Pero serán a menos las fricciones cuanto menos se entrometa el C.C. del Partido Comunista Francés en todas las pequeñeces de los sindicatos. Se debe dirigir los sindicatos a través de los comunistas que realizan un trabajo permanente en los sindicatos,

y no por encima de ellos. En nuestro Partido, en el Partido ruso, hubo casos de hipertrofia de la dirección de los sindicatos por el Partido. En los archivos de nuestro Partido podríais encontrar numerosas resoluciones, adoptadas por los Congresos de nuestro Partido, relativas a que el Partido no debe ejercer la tutela de los sindicatos, sino dirigirlos. Me temo que en este sentido el Partido francés, y que me perdonen los camaradas, también tiene ciertos pecados en lo que respecta a los sindicatos. Considero que el Partido es la forma superior de organización de la clase obrera, y, precisamente por eso, hay que exigir más de él. Por eso, los errores del C.C. deben ser subsanados en primer término, a fin de que mejore la actitud del Partido para con los sindicatos y se fortalezcan las relaciones entre aquél y éstos, a fin de que el camarada Monmousseau y los demás dirigentes sindicales puedan actuar en el sentido necesario desde el punto de vista del Partido Comunista. El Partido no puede seguir desarrollándose, sobre todo en las condiciones que existen en el Occidente: el Partido no puede fortalecerse si no tiene el más enérgico apoyo de los sindicatos y de sus dirigentes.

Sólo el partido que sepa mantener amplios lazos con los sindicatos y con sus dirigentes y que sepa establecer un verdadero contacto proletario con ellos, sólo ese partido puede ganarse a la mayoría de la clase obrera en el Occidente. Vosotros sabéis que sin ganar a la mayoría de la clase obrera es imposible contar con la victoria. Así, pues, ¿qué resulta? Resulta que: a) Francia va hacia una crisis; b) intuyendo la crisis y temiéndola, los elementos derechistas levantan cabeza y se esfuerzan por arrastrar al Partido hacia atrás; c) la tarea inmediata del Partido es liquidar el peligro de derecha, aislar a los derechistas; d) para aislar a los derechistas, es necesaria la concentración de todos los líderes verdaderamente comunistas de la dirección del Partido, capaces de luchar hasta el fin contra los derechistas; e) para que la concentración de fuerzas pueda dar los resultados apetecidos en la lucha contra los derechistas y en la preparación de los obreros para la crisis revolucionaria, es preciso que el grupo dirigente se apoye en los sindicatos y sepa mantener contacto proletario con los sindicatos y con sus dirigentes; f) no hay que dejarse llevar en la labor práctica por el método de la amputación, por el método de las medidas represivas respecto a tales o cuales camaradas, sino utilizar, principalmente, el método de la persuasión.

Se publica por primera vez.