8 de marzo de 1926. Camaradas: Por mi parte, sólo unas cuantas observaciones. 1. Algunos camaradas piensan que, si lo exigieran los intereses de la U.R.S.S., los Partidos Comunistas del Occidente deberían adoptar una política derechista. No estoy de acuerdo con eso, camaradas. Debo decir, que tal suposición es totalmente incompatible con los principios que nos sirven de guía a nosotros, los camaradas rusos, en nuestro trabajo. No puedo concebir que se dé jamás el caso de que los intereses de nuestra República Soviética exijan de nuestros Partidos hermanos desviaciones hacia la derecha. Pues, ¿qué significa practicar una política derechista? Significa traicionar, de un modo u otro, los intereses de la clase obrera. No puedo concebir que los intereses de la U.R.S.S. puedan exigir de nuestros Partidos hermanos la traición a los intereses de la clase obrera, ni siquiera por un segundo. No puedo concebir que los intereses de nuestra república, base del movimiento revolucionario proletario en el mundo entero, no exijan el máximo de espíritu revolucionario y la máxima actividad política de los obreros del Occidente, sino el descenso de esa actividad, el atenuamiento del espíritu revolucionario. Tal supuesto es ofensivo para nosotros, para los camaradas rusos. Por eso me considero en el deber de desolidarizarme total e íntegramente de esa suposición descabellada y por completo indigerible. 2. A propósito del C.C. del Partido Comunista Alemán. Se oye decir a algunos intelectuales que el C.C., del Partido Comunista Alemán es débil, que dirige débilmente, que la falta de intelectuales en el seno del C.C. repercute desfavorablemente en el trabajo, que el C.C. no existe, etc. Todo eso es falso, camaradas. Esas habladurías constituyen, a mi juicio, una salida de tono propia de intelectuales e indigna de comunistas. El actual C.C. del Partido Comunista Alemán no se ha formado por azar. Ha nacido en la lucha contra los errores de derecha. Se ha fortalecido en la lucha contra los errores “ultraizquierdistas”. No es, por ello, ni derechista ni “ultraizquierdista”. Es un C.C. leninista. Es, justamente, el grupo obrero dirigente que necesita ahora el Partido Comunista Alemán.

Se dice que el actual C.C. no brilla por sus conocimientos teóricos. ¿Y qué? Con tal de que la política sea acertada, por los conocimientos teóricos la cosa no quedará. Los conocimientos son cosa que se adquiere; si no se tienen hoy, se tendrán mañana, en tanto que para algunos intelectuales presuntuosos no es muy fácil asimilar la acertada política que practica hoy el C.C. del Partido alemán. Y la fuerza del actual C.C. consiste en que aplica una acertada política leninista, cosa que no quieren comprender los intelectualillos que presumen de “conocimientos”. A juicio de algunos camaradas, basta que cualquier intelectual lea dos o tres libros o escriba algún par que otro de folletos para que aspire al derecho de dirigir el Partido. Eso es un error, camaradas, un error ridículo. Vosotros podéis escribir tomos enteros de filosofía, pero si no habéis asimilado la acertada política del C.C. del Partido Comunista de Alemania, no se os debe dar acceso al timón del Partido. Camarada Thälmann: Acepte usted los servicios de estos intelectuales, si es que, en realidad, quieren servir a la causa obrera; o puede usted enviarlos a paseo, si quieren mandar a toda costa...

El hecho de que en el actual C.C. predominen los obreros es una gran ventaja para el Partido Comunista Alemán. ¿Cuál es la tarea del Partido Comunista de Alemania? Abrirse paso hacia las masas obreras de espíritu socialdemócrata, extraviadas en el laberinto de la confusión socialdemócrata, y conquistar así para el Partido Comunista la mayoría de la clase obrera. La tarea consiste en ayudar a los hermanos extraviados a encontrar el camino y a ponerse en contacto con el Partido, Comunista. Aquí puede haber dos métodos de tratar con las masas obreras. Un método, específicamente intelectual, es el de tratar a fustazos a los obreros, es el método de “ganarse” a los obreros, por decirlo así, con el látigo en la mano. Huelga demostrar que ese método no tiene nada que ver con el método del comunismo, pues no atrae a los obreros, sino que los aparta. El otro método consiste en hallar un lenguaje común con los hermanos extraviados, con los que han ido a parar al campo socialdemócrata, ayudarles a salir del laberinto del socialdemocratismo, facilitarles el paso al lado del

comunismo. Este método es el único método comunista de trabajo. El hecho de que el actual C.C. sea, por su composición, proletario, facilita considerablemente el empleo de este segundo método en Alemania. A eso obedecen, precisamente, los éxitos que, sin duda, tiene en su haber el actual C.C. del Partido Comunista de Alemania en la aplicación del frente único. 3. Acerca de Meyer. He escuchado con atención el inteligente discurso de Meyer. Ahora bien, debo decir que no puedo estar de acuerdo con uno de los puntos de su discurso. Según Meyer, resulta que no ha ido él al C.C. del Partido Comunista Alemán, sino, al revés, el C.C. ha ido a él. Eso no es cierto, camaradas. Meyer no lo ha dicho abiertamente, pero todo su discurso deja traslucir esa idea. Eso no es cierto, eso es un gran error. El actual C.C. ha nacido en la lucha contra los derechistas, en cuyas filas operaba hace poco Meyer. El C.C. no puede convertirse en derechista, si no quiere hacer traición a su naturaleza, si no quiere volver hacia atrás la rueda de la historia del Partido Comunista de Alemania. Si, no obstante, Meyer ha ido aproximándose a este C.C., de ello se desprende que Meyer ha ido orientándose hacia la izquierda, que ha ido reconociendo los errores de los derechistas, que ha ido separándose de los derechistas. Por tanto, no es el C.C. el que va hacia Meyer, sino, al contrario, Meyer el que va hacia el C.C. Va hacia el C.C., pero no ha llegado todavía.

Tendrá que dar aún dos o tres pasos desde los derechistas hacia el C.C. para llegar de lleno a la actual dirección del Partido Comunista Alemán. Disto mucho de considerar a Meyer un apestado, y no recomiendo que se le aparte; lo único que digo es que Meyer tendrá que avanzar todavía dos o tres pasos para llegar definitivamente al actual C.C. del Partido Comunista de Alemania. 4. A propósito de Scholem. No me extenderé en la cuestión de los “ultraizquierdistas” en Alemania ni en la política de Scholem. De ello se ha hablado aquí bastante. Yo quisiera sólo señalar un pasaje del discurso de Scholem y criticarlo. Scholem es el partidario ahora de la democracia en el seno del Partido. Por eso propone abrir una discusión general, invitar a Brandler y a Rádek, invitar a todos, desde los derechistas hasta los “ultraizquierdistas”, declarar una amnistía general y abrir una discusión general. Eso no es acertado camaradas. No nos hace ninguna falta. Antes, Scholem era adversario de la democracia en el seno del Partido. Ahora se lanza al otro extremo, preconizando una democracia sin límites ni nada que la contenga. Dios nos libre de tal democracia. Por algo los rusos dicen: “Si dejas rezar al tonto, se romperá la frente contra el suelo”. (Risas.) No, no nos hace falta esa democracia. El Partido Comunista Alemán ha pasado ya la enfermedad derechista. No tenemos por qué inocularle ahora artificialmente esa enfermedad.

El Partido Comunista Alemán padece ahora la enfermedad “ultraizquierdista”. No tenemos por qué agravar ahora esta enfermedad; hay que extirparla, y no agravarla. No necesitamos una discusión cualquiera ni una democracia cualquiera, sino una discusión y una democracia que redunden en beneficio del movimiento comunista en Alemania. Por eso, yo me pronuncio contra la amnistía general propuesta por Scholem. 5. Acerca del grupo de Ruth Fischer. De este grupo se ha hablado aquí tanto, que sólo me queda por decir unas cuantas palabras. Yo creo que de todos los grupos indeseables y negativos del Partido Comunista de Alemania, este grupo es el más indeseable y negativo. Uno de los proletarios “ultraizquierdistas” ha advertido aquí que los obreros pierden la fe en los jefes. Si eso es verdad, es sumamente lamentable. Porque no puede haber un verdadero partido donde no se tenga fe en los jefes. Pero ¿quién es el culpable de eso? El culpable es el grupo de Ruth Fischer, su contabilidad por partida doble en el terreno político, su costumbre de decir una cosa y hacer otra, la eterna disparidad entre los hechos y las palabras en la labor práctica de este grupo diplomático. Los obreros no pueden tener fe en los jefes allí donde los jefes se han corrompido en el juego diplomático, donde los hechos no respaldan las palabras, donde los jefes dicen una cosa y hacen otra. ¿Por qué los obreros rusos tenían fe ilimitada en Lenin?

¿Sólo porque su política era acertada? No, no sólo por eso. Le creían, además, porque sabían que las palabras de Lenin no diferían de los hechos, porque sabían que Lenin “no los engañaría”. Esa era, entre otras, la razón del prestigio de Lenin. Ese era el método con que Lenin educaba a los obreros, así les inculcaba la fe en los jefes. El método del grupo de Ruth Fischer, el método de la diplomacia podrida, es un método diametralmente opuesto al de Lenin. Yo puedo respetar a Bordiga y creerle, aunque no lo considero leninista ni marxista; puedo creerle porque dice lo que piensa. Puedo creer incluso a Scholem, que no siempre dice lo que piensa (Risas), pero que, a veces, se va de la lengua. (Risas.) Pero, por mucho que me esfuerce, no puedo creer ni por un segundo a Ruth Fischer, que nunca dice lo que piensa. Por eso considero que el grupo de Ruth Fischer es el más negativo de todos los grupos negativos del Partido Comunista de Alemania. 6. Acerca de Urbahns. Siento el máximo respeto por Urbahns como revolucionario. Estoy dispuesto a inclinarme ante él por su magnífica conducta en el proceso. Pero debo decir que únicamente con esas cualidades de Urbahns no se puede ir muy lejos. El espíritu revolucionario es una buena cosa. La firmeza es todavía mejor. Pero si, fuera de estas cualidades, no hay nada más en el arsenal, es poco, camaradas, terriblemente poco. Ese bagaje basta para unos cuantos meses, pero después se agota, se agota

irremisiblemente, si no lo refuerza una política acertada. Ahora, en el Partido Comunista Alemán se libra una lucha sin cuartel entre el C.C. del Partido Comunista de Alemania y la banda de Katz. ¿En favor de quién está Urbahns? ¿En favor de la banda de Katz o en favor del C.C.? ¿En favor del filósofo pequeñoburgués Korsch o en favor del C.C.? Aquí hay que optar. No hay que encallar entre estas dos fuerzas en pugna. Hay que tener la valentía de decir, franca y honradamente, en favor de quién está Urbahns, si en favor del C.C. o en favor de sus desenfrenados adversarios. Aquí hay que definirse bien claramente. La desgracia de Urbahns consiste en que, por lo visto, aun no sabe definirse, en que adolece de miopía política. Se puede perdonar la miopía política una vez, se la puede perdonar dos veces, pero si se convierte en política, la miopía linda entonces con el crimen. Por eso creo que Urbahns debe definirse franca y honradamente, si no quiere perder los restos de su influencia en el Partido. Las masas obreras no pueden vivir del recuerdo de lo bien que se portó Urbahns en el proceso. Las masas obreras necesitan una política acertada. Si Urbahns no tiene una política clara y definida, no hay que ser profeta para decir que del prestigio de Urbahns no quedará ni el recuerdo.

Publicado en marzo de 1926, en el núm. 3 (52) de la revista “Kommunistícheskí Internatsional”.