Informe en la reunión de los obreros de los talleres ferroviarios centrales de Tiflis, 8 de junio de 1926. Camaradas: Permitidme que comience mi comunicación acerca de la situación en Inglaterra con motivo de la huelga y acerca de los últimos sucesos de Polonia, comunicación que el camarada Chjeídze, presidente de esta reunión, ha querido llamar informe, pero que, en vista de su brevedad, no puede llamarse sino comunicación.

¿Por qué se ha producido en Inglaterra la huelga? La primera cuestión se refiere a las causas de la huelga en Inglaterra. ¿Cómo ha podido suceder que Inglaterra, este país del poderío capitalista y de los compromisos sin par, se haya convertido, en el último tiempo, en arena de formidables conflictos sociales? ¿Cómo ha podido suceder que la “gran Inglaterra”, la “reina de los mares”, se haya convertido en el país de la huelga general. Yo quisiera señalar algunas circunstancias que han hecho inevitable la huelga general en Inglaterra. Todavía no ha llegado el momento en que se pueda dar una respuesta exhaustiva a esta pregunta. Pero podemos y debemos señalar algunos hechos decisivos que han determinado la necesidad de la huelga. De estas circunstancias podrían señalarse, como principales, cuatro. Primera. Antes, Inglaterra ocupaba una situación de monopolio entre los Estados capitalistas. En posesión de toda una serie de inmensas colonias y con una industria ejemplar para aquellos tiempos, Inglaterra podía considerarse el “taller del mundo” y obtener enormes superbeneficios. Era un período de “paz y bienaventuranza” en Inglaterra. El capital obtenía superbeneficios, migajas de estos superbeneficios iban a parar a la élite del movimiento obrero inglés, los líderes del movimiento obrero inglés iban siendo domesticados poco a poco por el capital, y los conflictos entre el trabajo y el capital resolvíanse habitualmente mediante compromisos. Ahora bien, el desarrollo del capitalismo mundial, sobre todo el desarrollo de Alemania, de Norteamérica y, en parte, del Japón, que empezaron a competir con Inglaterra en el mercado internacional, socavaron de raíz la vieja situación monopolista de Inglaterra. La guerra y la crisis que le sucedió asestaron un nuevo golpe contundente a la situación monopolista de Inglaterra. Comenzaron a disminuir los superbeneficios, comenzaron a agotarse las migajas que iban a parar a los líderes obreros de Inglaterra. Eran más y más frecuentes las voces señalando el descenso del nivel de vida de la clase obrera inglesa.

Al período de “paz y bienaventuranza” sucedió un período de conflictos, de lockouts, de huelgas. El obrero inglés comenzó a radicalizarse, recurriendo con más y más frecuencia al método de la lucha directa contra el capital. No es difícil comprender que, con tal estado de cosas, la brutal amenaza de los propietarios de minas de Inglaterra de recurrir al lockout no podía quedar sin la respuesta de los mineros. Segunda. La segunda circunstancia es el restablecimiento de los vínculos comerciales internacionales y la agudización, con este motivo, de la lucha de los grupos capitalistas por los mercados. La crisis de postguerra se significa por haber roto casi todos los vínculos del mercado internacional con los Estados capitalistas, sustituyéndolos por una especie de caos en las relaciones. Ahora, a causa de la estabilización temporal del capital, este caos pasa a segundo plano, y se restablecen poco a poco los viejos vínculos del mercado internacional. Si hace algunos años se trataba de reconstruir las fábricas y de incorporar a los obreros al trabajo al servicio del capital, ahora se trata de asegurar mercados y materias primas para las fábricas reconstruidas. Con este motivo, se ha recrudecido con nueva fuerza la lucha por los mercados, lucha en la que gana el grupo de capitalistas y el Estado capitalista que ofrece las mercancías más baratas y dispone de la técnica más elevada. Y en el mercado aparecen ahora nuevas fuerzas: Norteamérica, Francia, el Japón, Alemania, los dominios de Inglaterra y las colonias de Inglaterra que han podido desarrollar su industria, durante la guerra y que luchan ahora por los mercados. Después de todo esto, es natural que ahora sea imposible la fácil obtención de beneficios en los mercados extranjeros, a que recurría Inglaterra desde tiempos remotos. El viejo método colonial de saqueo monopolista de los mercados y de las fuentes de materias primas ha debido ceder plaza al nuevo método de conquista de los mercados mediante la

oferta de artículos baratos. De ahí la tendencia del capital inglés a reducir la producción y, en todo caso, a no ampliar sin distinción todas sus ramas. De ahí el numeroso ejército de parados que hay en Inglaterra, como fenómeno constante de los últimos años. De ahí la amenaza de paro forzoso, que agita a los obreros de Inglaterra y los predispone a la lucha. De ahí el efecto fulminante que la amenaza de lockout ha ejercido sobre los obreros, en general, y sobre los mineros, en particular. Tercera. La tercera circunstancia es la tendencia del capital inglés a conseguir la reducción del coste de producción de la industria inglesa y el abaratamiento de las mercancías, a expensas de los intereses de la clase obrera de Inglaterra. No se puede considerar casual el hecho de que, en este caso, el golpe principal fuese dirigido contra los mineros. El capital inglés no sólo ha atacado a los mineros porque la industria del carbón esté mal equipada desde el punto de vista técnico y necesite ser “racionalizada”, sino, ante todo, porque los mineros han sido siempre y siguen siendo el destacamento de vanguardia del proletariado inglés. La estrategia del capital inglés ha consistido en reprimir a este destacamento de vanguardia, en reducir los salarios y prolongar la jornada de trabajo, a fin de apretar las clavijas a los demás destacamentos de la clase obrera después de haber ajustado la cuenta a este destacamento fundamental. De ahí el heroísmo de que dieron muestras en su huelga los mineros ingleses. De ahí la disposición sin precedente de los obreros ingleses de apoyar a los mineros mediante la huelga general. Cuarta. La cuarta circunstancia es el dominio en Inglaterra del partido conservador, enemigo acérrimo de la clase obrera. Huelga decir que cualquier otro gobierno burgués habría hecho, en lo fundamental, lo mismo que el gobierno conservador para aplastar a la clase obrera.

Pero también es indudable que sólo unos enemigos jurados de la clase obrera, como los conservadores, han podido lanzar con tanta ligereza y tanto cinismo el desafío sin precedente a toda la clase obrera de Inglaterra que han lanzado los conservadores al amenazar con el lockout. Hay que considerar ahora totalmente demostrado el hecho de que el partido conservador inglés no sólo quería el lockout y la huelga, sino que se ha ido preparando para ello durante casi un año. El partido conservador difirió el ataque contra los mineros en julio del año pasado, considerando “inadecuado” el momento. Pero se ha preparado durante todo este período, acumulando reservas de carbón, organizando a los rompehuelgas, trabajando convenientemente a la opinión pública para arremeter contra los mineros en abril de este año. Sólo el partido conservador podía recurrir a esta artera medida. El partido conservador se ha encaramado al gobierno por medio de documentos falsificados y de provocaciones. Al día siguiente mismo de llegar al Poder atacó a Egipto, empleando todas las formas de la provocación. Desde hace un año sostiene una guerra directa contra el pueblo chino, empleando los probados recursos de los métodos coloniales de saqueo y opresión. No regatea medios para hacer imposible él acercamiento entre los pueblos de la Unión Soviética y los pueblos de la Gran Bretaña, preparando poco a poco los elementos de una eventual intervención. Ahora ataca a la clase obrera de su propio país, tras haber preparado esta agresión durante todo un año. El partido conservador no puede vivir sin conflictos dentro y fuera de Inglaterra. ¿Cabe sorprenderse, después de todo esto, de que los obreros ingleses hayan contestado golpe por golpe? Tales son, en lo fundamental, las circunstancias que han hecho inevitable la huelga en Inglaterra.

¿Por qué ha fracasado la huelga general en Inglaterra? La huelga general inglesa ha fracasado en virtud de diversas circunstancias, de las que convendría señalar, por lo menos, las siguientes: Primera. Como lo ha demostrado la marcha de la huelga, los capitalistas ingleses y el partido conservador han resultado, en general, estar más organizados, ser más expertos y resueltos y, por eso, más fuertes que los obreros ingleses y sus dirigentes, el Consejo General y el llamado Partido Laborista. Los dirigentes de la clase obrera no han estado a la altura de las tareas de la clase obrera. Segunda. Los capitalistas ingleses y el partido conservador se han enfrentado con este formidable conflicto social pertrechados, sin ningún género de dudas, con todas sus armas, mientras que los líderes del movimiento obrero inglés han sido pillados de sorpresa por el lockout de los propietarios de las minas, sin haber efectuado ninguna o casi ninguna labor preparatoria. Hay que señalar, al mismo tiempo, que todo lo más una semana antes del conflicto, los líderes de la clase obrera manifestaban su convicción de que no se produciría el conflicto. Tercera. El Estado Mayor de los capitalistas -el partido conservador- ha sostenido la lucha unido y organizado, descargando los golpes en los puntos decisivos de la lucha, mientras que el Estado Mayor del movimiento obrero -el Consejo General de las Tradeuniones- y su “comisión política” -el Partido Laborista- han aparecido interiormente desmoralizados y disgregados. Como se sabe, las cabezas visibles de este Estado Mayor han resultado o traidores directos a los mineros y, en general, a la clase obrera de Inglaterra (Thomas, Henderson, MacDonald y cía.), o acomodaticios socios de esos traidores, gentes que temían la lucha y, todavía más, la victoria de la clase obrera (Purcell, Hicks y demás). Cabe preguntar: ¿cómo ha podido ocurrir que el

fuerte proletariado de Inglaterra, que ha sostenido la lucha con heroísmo sin precedente, tuviera unos jefes venales, cobardes o sencillamente acomodaticios? Esta pregunta es de gran importancia. Los jefes en cuestión no han surgido de la noche a la mañana. Se han destacado del movimiento obrero, han pasado por una cierta escuela de educación de líderes obreros en Inglaterra, la escuela del período en que el capital inglés, al amasar superbeneficios, podía mimar a los líderes obreros y emplearlos para los compromisos con la clase obrera inglesa, siendo de notar que, al aproximarse a la burguesía por su género de vida y su situación, estos líderes de la clase obrera se apartaron en consecuencia, de las masas obreras, les volvían la espalda, dejaban de comprenderlas. Son unos líderes de la clase obrera a quienes ha cegado el brillo del capitalismo, a quienes ha anonadado el poderío del capital y que sueñan con “hacer carrera” y codearse “con las gentes de buena posición”. Es indudable que estos líderes -de algún modo hay que llamarlos- son una reminiscencia del pasado, impropia ya de la nueva situación. Es indudable que, con el tiempo, habrán de dejar el sitio a nuevos líderes, apropiados al espíritu combativo y al heroísmo del proletariado inglés. Engels tenía razón al llamar a tales líderes jefes aburguesados de la clase obrera.

Cuarta. El Estado Mayor del capitalismo inglés – el partido conservador- comprendía que la grandiosa huelga de los obreros ingleses era un hecho de inmenso alcance político, que contra tal huelga sólo se podía sostener una lucha seria con medios de índole política, que, para aplastar la huelga, era necesario poner en juego la autoridad del rey y la autoridad de la Cámara de los Comunes y de la Constitución, que la huelga no podría ser liquidada sin movilizar las tropas y sin proclamar el estado de emergencia. Mientras tanto, el Estado Mayor del movimiento obrero en Inglaterra. -el Consejo General- no comprendía esta cosa tan sencilla, o no la quería comprender, o temía admitirla, asegurando a todos y a cada uno que la huelga general era un medio, de índole exclusivamente económica, que el Consejo General no quería y no se proponía hacer pasar la lucha a los cauces de la lucha política, que no pensaba atacar al Estado Mayor central del capital inglés, al partido conservador, y que no tenía la intención de poner a la orden del día el problema del Poder. De este modo, el Consejo General condenó la huelga a un fracaso ineluctable. Porque, como lo demuestra la historia, una huelga general que no pase a los cauces de la lucha política, debe fracasar inevitablemente. Quinta.

El Estado Mayor de los capitalistas ingleses comprendía que la ayuda internacional a la huelga inglesa representaba un peligro de muerte para la burguesía, mientras que el Consejo General no comprendía, o aparentaba no comprender, que la huelga de los obreros ingleses sólo podía ganarse con la solidaridad proletaria internacional. De ahí que el Consejo General rehusara la ayuda económica de los obreros de la Unión Soviética y de otros países. Una huelga tan grandiosa como la huelga general de Inglaterra hubiera podido dar resultados tangibles, si se hubiesen observado, por lo menos, dos condiciones fundamentales: el paso de la huelga a los cauces políticos y la transformación de la huelga en un acto de lucha o de los proletarios de todos los países avanzados contra el capital. Pero el Consejo General inglés, guiándose por esa “sabiduría” particular que le caracteriza, ha renunciado a estas dos condiciones, determinando así de antemano el fracaso de la huelga general. Sexta. Es indudable que la conducta más que equívoca de la II Internacional y de la Federación Sindical de Ámsterdam en la cuestión de la ayuda a la huelga general inglesa, ha desempeñado un papel de no poca importancia.

En rigor, las platónicas decisiones de estas organizaciones socialdemócratas sobre la ayuda a la huelga se han reducido, en la práctica, a renunciar a toda ayuda económica, ya que la equívoca conducta de la Internacional socialdemócrata es la única explicación posible al hecho de que los sindicatos de Europa y América prestaran juntos no más de una octava parte de la ayuda económica que los sindicatos de la Unión Soviética consideraron posible prestar a sus hermanos ingleses. No hablo ya de la ayuda de otro género, de una ayuda como el cese del transporte del carbón, asunto en el cual la Federación Sindical de Ámsterdam se comporta, literalmente, como un rompehuelgas. Séptima. Es indudable también que en el fracaso de la huelga general ha desempeñado un papel de no poca importancia la debilidad del Partido Comunista Inglés. Debe decirse que el Partido Comunista Inglés es una de las mejores secciones de la Internacional Comunista. Conviene señalar que su actitud durante toda la huelga en Inglaterra ha sido acertada a carta cabal. Pero también debe reconocerse que su prestigio entre los obreros ingleses es todavía débil y esta circunstancia no podía por menos de desempeñar un papel funesto en la marcha de la huelga general. Tales son las circunstancias -por lo menos, las principales- que nuestra observación nos permite explicar en estos momentos y que han determinado el desfavorable desenlace de la huelga general de Inglaterra.

Las enseñanzas de la huelga general. ¿Cuáles son las enseñanzas de la huelga general de Inglaterra, por lo menos las más importantes de ellas? Estas enseñanzas, pueden resumirse así: Primera. La crisis en la industria del carbón en Inglaterra y la huelga general relacionada con ella

plantean terminantemente el problema de la socialización de los instrumentos y de los medios de producción en la esfera de esta industria, con la implantación del control obrero. Este es el problema de la conquista del socialismo. No creo que sea preciso demostrar que no hay ni puede haber otras vías de solución radical de la crisis en la industria del carbón, fuera del camino propuesto por el Partido Comunista Inglés. La crisis de la industria del carbón y la huelga general llevan a la clase obrera inglesa a afrontar directamente el problema de la realización práctica del socialismo. Segunda. La clase obrera inglesa no ha podido por menos de experimentar en su propia carne que el obstáculo principal que se cruza ante su objetivo es el Poder político de los capitalistas, en este caso, el partido conservador y su gobierno. Si el Consejo General de las Tradeuniones temía como la peste admitir que la lucha económica y la lucha política están íntimamente ligadas, los obreros ingleses no pueden ahora por menos de comprender que en su difícil lucha contra el capital organizado el problema del Poder es, en la actualidad, el problema fundamental, que, sin solucionar el problema del Poder, no se puede solucionar ni la crisis en la industria del carbón, ni, en general, la crisis en toda la industria de Inglaterra. Tercera. La marcha y el desenlace de la huelga general no pueden por menos de convencer a la clase obrera de Inglaterra de que el parlamento, la Constitución, el rey y los demás atributos del Poder burgués no son sino un escudo para proteger a la clase capitalista contra el proletariado.

La huelga ha arrancado los velos de fetiche y de intocable reliquia tanto al parlamento, como a la Constitución. Los obreros comprenderán que la actual Constitución es un arma para la burguesía, dirigida contra ellos. Los obreros no pueden por menos de comprender que ellos también necesitan su Constitución obrera, como arma contra la burguesía. Creo que la comprensión de esta verdad será para la clase obrera de Inglaterra la mayor de sus conquistas. Cuarta. La marcha y el desenlace de la huelga no pueden por menos de convencer a las masas obreras de Inglaterra de la inutilidad de los viejos dirigentes, de la inutilidad de los viejos jefes, educados en la escuela de la vieja política burguesa de compromisos. Las masas obreras no pueden por menos de comprender que se debe reemplazar a los viejos jefes por jefes nuevos, por jefes revolucionarios. Quinta. Los obreros ingleses no pueden ahora por menos de comprender que los mineros de Inglaterra forman el destacamento de vanguardia de la clase obrera de Inglaterra, que, en consecuencia, apoyar la huelga del carbón y asegurar su victoria es algo que incumbe a toda he clase obrera de Inglaterra. Toda la marcha de la lucha muestra a la clase obrera de Inglaterra la inhabilidad absoluta de esta enseñanza. Sexta. Los obreros ingleses no han podido por menos de convencerse en los difíciles momentos de la huelga general, cuando las plataformas y los programas de los distintos partidos eran contrastados en la práctica, de que el único partido capaz de defender los intereses de la clase obrera hasta el fin, con audacia y decisión, es el Partido Comunista. Tales son, a grandes rasgos, las enseñanzas fundamentales de la huelga general en Inglaterra.

Algunas conclusiones. Paso a hacer algunas conclusiones de importancia práctica. La primera cuestión se refiere a la estabilización del capitalismo. La huelga de Inglaterra ha demostrado que la decisión de la Internacional Comunista relativa al carácter temporal y precario de la estabilización es completamente acertada. El ataque del capital inglés a los mineros de Inglaterra es un intento de convertir la estabilización temporal y precaria en estabilización firme y permanente. El éxito no ha coronado ni podía coronar este intento. Los obreros ingleses, que han contestado a ese intento con una huelga grandiosa, han demostrado a todo el mundo capitalista que en el período de la postguerra es imposible lograr una estabilización firme del capitalismo, que los experimentos semejantes al inglés entrañan el peligro de destrucción de las bases del capitalismo. Ahora bien, si la tesis de la estabilización firme del capitalismo es errónea, no menos errónea es la tesis contraria, de que ha terminado la estabilización, de que ha sido liquidada y de que hemos entrado ahora en el periodo culminante de las tormentas revolucionarias.

La estabilización del capitalismo, que es temporal, precaria, pero que, con todo, es una estabilización, subsiste por ahora. Además, precisamente porque la actual estabilización, temporal y precaria, subsiste todavía, precisamente por eso el capital tratará de perseverar en sus intentos de atacar a la clase obrera. Por supuesto, la enseñanza de la huelga inglesa debe demostrar a todo el mundo capitalista hasta qué punto es arriesgado para la vida y la existencia del capital un experimento semejante al emprendido en Inglaterra por el partido conservador. Que el experimento dejará huella en el partido conservador, es cosa de la que apenas hay motivo para dudar. También es indudable que esta enseñanza no dejarán de tenerla en cuenta los capitalistas de todos los países. Sin embargo, el capital intentará, pese a todo, atacar de nuevo a la clase obrera, ya que se siente inseguro y no puede por menos de percibir la necesidad de asentarse con más firmeza. La tarea de la clase obrera y de los Partidos Comunistas estriba en preparar las fuerzas para repeler esos ataques contra la clase obrera. La tarea de los Partidos Comunistas estriba en seguir organizando el frente

único de los obreros y, a la vez, poner a contribución todas las fuerzas para convertir los ataques de los capitalistas en contraataque de la clase obrera, en ofensiva revolucionaria de la clase obrera, en lucha de la clase obrera por el establecimiento de la dictadura del proletariado y por la liquidación del capitalismo. Por último, a fin de cumplir estas tareas inmediatas, la clase obrera de Inglaterra debe, ante todo, liberarse de sus actuales dirigentes. No se puede ir a la guerra contra los capitalistas con jefes como los Thomas y los MacDonald. No se puede confiar en la victoria teniendo en la retaguardia traidores como Henderson y Clynes. La clase obrera de Inglaterra debe aprender a reemplazar a esos líderes por otros mejores, porque una de dos: o la clase obrera de Inglaterra aprende a barrer de sus cargos a los Thomas y a los MacDonald, o le será tan imposible ver su victoria como ver sus propias orejas. Tales son, camaradas, algunas de las conclusiones que se imponen por sí mismas. Ahora permitidme que pase a los sucesos de Polonia.

Los últimos sucesos de Polonia. Existe la opinión de que el movimiento encabezado por Pilsudski es un movimiento revolucionario. Se dice que Pilsudski combate por la causa revolucionaria en Polonia, por el campesinado contra los terratenientes, por los obreros contra los capitalistas, por la libertad de las nacionalidades oprimidas de Polonia contra el chovinismo y el fascismo polacos. Se dice que, en atención a esto, Pilsudski es digno de que le apoyen los comunistas. ¡Eso es completamente falso, camaradas! En realidad, en Polonia se libra ahora una lucha entre dos fracciones de la burguesía: la de la gran burguesía, encabezada por los posnanianos, y la de la pequeña burguesía, encabezada por Pilsudski. La lucha tiene por fin el robustecimiento, la estabilización del Estado burgués, y no la defensa de los intereses de los obreros y campesinos, de los intereses de las nacionalidades oprimidas. La lucha se libra en nombre de distintos métodos de fortalecimiento del Estado burgués. Lo que ocurre es que el Estado polaco ha entrado en la faso de descomposición total. La bancarrota de las finanzas.

El descenso del zloty. La paralización de la industria. La opresión de las nacionalidades no polacas. Y arriba, en los círculos próximos a los sectores dirigentes, una bacanal de depredaciones, de la que hablan sin el menor reparo los hombres representativos de todas y cada una de las minorías de la Dieta. En tal situación, las clases burguesas se hallan ante un dilema: o la descomposición del Estado llega a abrir los ojos a los obreros y campesinos y los hace ver la necesidad de transformar por vía revolucionaria el Poder, contra los terratenientes y los capitalistas; o la burguesía debe apresurarse a poner término al desmoronamiento, a la bacanal de depredaciones y prevenir, de tal modo, mientras no sea tarde, un probable estallido del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos. Ahora se trata de saber cuál de las dos fracciones de la burguesía -la de Pilsudski o la de los posnanianos- acometerá la estabilización del Estado polaco. Es indudable que los obreros y los campesinos asocian a la lucha de Pilsudski su anhelo de lograr un mejoramiento radical de su situación.

Es indudable que, precisamente por eso, la aristocracia obrera y los campesinos acomodados apoyan de un modo u otro la lucha de Pilsudski, como hombre representativo de los señores pequeñoburgueses y de la nobleza baja contra los posnanianos, que representan a los grandes capitalistas y terratenientes. Pero también es indudable que, en la actualidad, los anhelos de ciertas capas de las clases trabajadoras de Polonia no son utilizados para la revolución, sino para el fortalecimiento del Estado burgués y del régimen 'burgués. En todo esto también desempeñan su papel, claro está, ciertos factores exteriores. Polonia no es un gran Estado; en el sentido financiero, está ligada a determinados círculos de la Entente. Dada la lamentable situación actual de sus finanzas, la Polonia burguesa no puede, por supuesto, prescindir de los empréstitos exteriores. Ahora bien, las llamadas grandes potencias no pueden financiar un Estado cuyos círculos dirigentes reconocen a coro la bacanal de depredaciones que reina en todas las esferas de la administración pública. Para obtener empréstitos, se necesita, ante todo, “mejorar” la administración pública, poner término a esa bacanal de depredaciones, crear cierta garantía de que serán pagados los réditos de los empréstitos, etc. De ahí la necesidad de “racionalización” del Estado polaco. Tales son, en lo fundamental, las premisas interiores y exteriores que han determinado la lucha actual entre las dos fracciones burguesas más importantes de Polonia. En Polonia existen, en este momento, diversas contradicciones cardinales que, en su desarrollo, deberán crear sin falta una situación directamente revolucionaria en el país. Estas contradicciones se plantean en tres terrenos fundamentales: en el terreno de la cuestión obrera, en el terreno de la cuestión campesina y en el terreno de la cuestión nacional. Todas estas contradicciones pueden no tardar en exteriorizarse y provocar una explosión, si Polonia se lanza a la aventura de una guerra, si no sabe establecer relaciones de buena vecindad con los Estados circundantes. ¿Puede Pilsudski, puede el heterogéneo grupo de Pilsudski resolver estas

contradicciones? ¿Puede solucionar este grupo pequeñoburgués la cuestión obrera? No, no puede, porque entonces se vería envuelto en un conflicto cardinal con la clase capitalista, cosa que no puede hacer y no hará de ningún modo, si no quiere privarse del apoyo financiero de las grandes potencias. ¿Puede este grupo solucionar la cuestión campesina recurriendo, por ejemplo, a la incautación de las tierras de los terratenientes? No, no puede; y no lo hará, si no quiere descomponer totalmente los mandos del ejército de Pilsudski, formados en su mayor parte por terratenientes pequeños y medios. ¿Puede este grupo solucionar la cuestión nacional en Polonia concediendo la autodeterminación nacional a las naciones oprimidas: a los ucranianos, a los lituanos, a los bielorrusos, etc.? No, no puede; y no lo hará, si no quiere perder en absoluto la confianza de los chovinistas y fascistas de la Gran Polonia, que constituyen el principal alimento moral del grupo de Pilsudski. ¿Qué resta, pues, en tal caso? Sólo una cosa: después de vencer en el terreno militar a la fracción de la gran burguesía, someterse políticamente a esa misma fracción e ir a remolque de ella, sí, claro está, la clase obrera de Polonia y la parte revolucionaria del campesinado polaco no acometen, en un futuro inmediato, la transformación revolucionaria del Estado polaco y no barren a las dos fracciones de la burguesía polaca: la fracción de Pilsudski y la fracción de los posnanianos.

Con este motivo, surge el problema del Partido Comunista de Polonia. ¿Cómo ha podido suceder que el descontento revolucionario de una parte considerable de los obreros y campesinos de Polonia haya llevado el agua al molino de Pilsudski, y no al del Partido Comunista de Polonia? Pues ha sucedido, entre otras cosas, porque el Partido Comunista de Polonia es débil, extremadamente débil; porque se ha debilitado todavía más en la lucha en curso, a causa de su actitud equivocada respecto a las tropas de Pilsudski, todo lo cual le ha impedido ponerse al frente de las masas de espíritu revolucionario. Hace poco he leído en nuestra prensa soviética un artículo del camarada Thälmann, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Alemania, acerca de los problemas de Polonia. El camarada Thälmann trata en este artículo de la actitud de los comunistas polacos, que lanzaron la consigna de apoyar a las tropas de Pilsudski, y critica esta actitud como no revolucionaria. Debo admitir, por desgracia, que la crítica del camarada Thälmann es totalmente acertada. Debo admitir que nuestros camaradas polacos han cometido, en este caso, un error garrafal. Esto es todo lo que deseaba comunicaros, camaradas, respecto a la marcha de los asuntos en Inglaterra, con motivo de la huelga general, y a propósito de los últimos sucesos de Polonia. (Clamorosos aplausos.)

Publicado el 10 de junio de 1926 en el núm. 1197 de “Zarid Vostoka”. (Tiflis).