Discurso en la reunión del Buró Político del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S., 11 de octubre de 1926. Si dejamos a un lado las pequeñeces, podríamos entrar de lleno en la cuestión. ¿Qué se discute? Se discute el balance de la lucha en el seno del Partido, en la que ha sido derrotada la oposición. La lucha no la comenzamos nosotros, el C.C., si no la oposición. El C.C. trató varias veces de disuadirla de que entablase la discusión; el C.C., en el Pleno de abril y en el Pleno de julio, trató de convencerla de que no entablase una discusión general en el país, porque tal discusión significaba agudizar la lucha, entrañaba el peligro de escisión y el debilitamiento del trabajo constructivo del Partido y de los organismos gubernamentales durante dos meses, por lo menos. En una palabra, se trata de hacer el balance de la lucha iniciada por la oposición y llegar a las deducciones correspondientes. No cabe duda de que la oposición ha sufrido una dura derrota. También está claro que aumenta en el Partido la indignación contra la oposición. Ahora, el problema consiste en saber si podemos o no seguir teniendo en el C.C. a los líderes de la oposición.

Esto es ahora lo principal. Es difícil aceptar que hombres que apoyan a Shliápnikov y a Medviédev, figuren en nuestro C.C. Es difícil aceptar que hombres que apoyan la lucha de los Ruth Fischer y de los Urbahns de toda laya contra la Internacional Comunista y contra nuestro Partido, permanezcan en el Comité Central. ¿Queremos que continúen en el C.C. los líderes de la oposición? Yo creo que sí. Ahora bien, para eso deben disolver su fracción, reconocer sus errores y apartarse de los oportunistas envalentonados dentro y fuera de nuestro Partido. La oposición debe aceptar estas condiciones, si quiere que reine la paz en el Partido. ¿Cuáles son nuestras condiciones? Primer punto: declarar públicamente el acatamiento incondicional a las decisiones de los organismos del Partido. Al parecer, la oposición no hace grandes objeciones a este punto. En los tiempos viejos, los bolcheviques acostumbrábamos a proceder así: si en el Partido quedaba en minoría una parte, ésta no sólo acataba las decisiones de la mayoría, no sólo las aplicaba, sino que, incluso, sus componentes pronunciaban conferencias públicas en defensa de las decisiones del Partido.

Ahora no exigimos esto de ustedes, no les exigimos conferencias en favor de una actitud cuyos principios no comparten. No se lo exigimos, porque queremos aliviar su difícil situación. Segundo punto: reconocer públicamente que la labor fraccional de la oposición era errónea y perjudicial para el Partido. ¿Acaso no es esto cierto? ¿Por qué desisten entonces los oposicionistas de la labor fraccional si no es dañina? Los oposicionistas proponen disolver la fracción, desisten de la labor fraccional, prometen invitar a deponer las armas a sus correligionarios, a sus partidarios, a los miembros de sus fracciones. ¿Por qué? Porque, al parecer, arrancan tácitamente del criterio de que la labor fraccionar es errónea e inadmisible. ¿Por qué, pues, no decirlo públicamente? Ese es el motivo de que nosotros exijamos que la aposición reconozca públicamente el carácter inadmisible y erróneo de su labor fraccional en el último período. Tercer punto: a propósito de que la oposición se desolidariza de los Ossovski, los Medviédev, etc. A mi modo de ver, este requisito es absolutamente necesario. Personalmente, no concibo que ahora haya miembros del C.C. que formen bloque con Ossovski, contra cuya expulsión ha votado la oposición, a con Medviédev, o con Shliápnikov. Queremos que la oposición se desolidarice de ellos, lo que no hará sino facilitar la paz en nuestro Partido. Cuarto punto: desolidarizarse de Korsch, Maslow, Ruth Fischer, Urbohns, Weber y demás. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, esas gentes realizan una agitación indecente contra la Internacional Comunista y el P.C.(b) de U.R.S.S., contra nuestro Estado Soviético. En segundo lugar, porque Maslow y Ruth Fischer, líderes de esa fracción llamada “ultraizquierdista”, en realidad, oportunista, han sido expulsados del Partido y de la Internacional Comunista. En tercer lugar, porque todas ellos se aferran a la oposición en el seno del P.C.(b) de la U.R.S.S. y se solidarizan con ella. Cuanta antes se desolidarice la oposición de esa inmundicia, tanto mejor para la oposición y para la Internacional Comunista. Ultima punto: no apoyar la lucha fraccional que sostienen contra la línea de la Internacional

Comunista diversos grupos oportunistas en las secciones de la Internacional Comunista. Tales son las condiciones del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. Hablemos ahora de las condiciones presentadas por la oposición. La oposición exige del C.C. el cumplimiento de cuatro puntos. Primer punto. “La propaganda de las disposiciones del XIV Congreso y de las decisiones posteriores del Partido debe realizarse en forma positiva, sin acusar de menchevismo, etc. a los discrepantes”. ¿Cómo hay que entender este punto? Si la oposición propone que el C.C. amortigüe su propaganda contra ella, renunciando a exponer su política de principios contra los errores de la oposición, digamos, en la próxima XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S., nosotros no podemos aceptarlo. Pero si se refiere al tono de la crítica, se puede, naturalmente, atenuarlo en cierto grado. En cuanto a la crítica misma de los errores de principio de la oposición, debe continuar sin ningún género de dudas, ya que la oposición no quiere renunciar a sus errores de principios Segundo punto: el derecho a defender las opiniones propias en la célula del Partido. Esta reivindicación está de sobra, por que los miembros del Partido siempre han tenido y tienen este derecho. En la célula se pueden y se deben defender las opiniones propias, pero hay que defenderlas de modo que la crítica de carácter práctico no se convierta en una discusión llevada a todo el país.

Tercer punto: la revisión de los expedientes de los expulsados del Partido. El C.C. no tiene el menor deseo de expulsar del Partido a los militantes. Se expulsa porque no hay otra salida. Tomemos el caso de Smirnov, a quien se ha expulsado: se le hicieron varias advertencias y luego se le expulsó. Si hubiera dicho que reconocía sus errores, si se hubiera portado lealmente, se podría haber suavizado la decisión de la Comisión Central de Control. Pero, además de que no es leal, además de que no reconoce sus errores, en su declaración cubre de improperios al Partido. Está claro que semejante conducta de Smirnov descarta la posibilidad de revisar su expediente. En general, el Partido no puede revisar las decisiones respecto a los expulsados que no reconocen sus errores. Cuarto punto: respecto a que “antes de que se celebre el Congreso, la oposición debe tener la posibilidad de exponer sus opiniones ante el Partido”. Este derecho de la oposición se sobrentiende por sí mismo. La oposición no puede ignorar que, con arreglo a los Estatutos, el C.C. debe facilitar, antes de la celebración del Congreso del Partido, una hoja de discusión. Por eso, la demanda de la oposición a este propósito no puede ser llamada demanda, ya que el C.C. no niega la necesidad de editar la hoja de discusión antes de la celebración del Congreso del Partido.

Se publica por primera vez.