Discurso en la Comisión China del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, 30 de noviembre de 1926. Camaradas: Antes de abordar el problema, debo decir que no dispongo de suficientes elementos de juicio concernientes a la cuestión china para exponer un cuadro completo de la revolución en China. Por eso he de circunscribirme a unas observaciones generales de principio, relacionadas de modo inmediato con el problema de la dirección fundamental de la revolución china. Obran en mi poder las tesis de Petrov, las tesis de Mif, dos informes de Tang Ping-sian y las observaciones de Rafes sobre la cuestión china. Creo que todos estos documentos, a pesar de sus virtudes, adolecen de un gran defecto: soslayan una serie de cuestiones cardinales de la revolución en China. Creo que es necesario, ante todo, prestar atención a estas lagunas. Por eso, mis observaciones revestirán, al propio tiempo, carácter crítico.

I. El carácter de la revolución en China. Lenin decía que los chinos tendrían en un futuro próximo su año 1905. Algunos camaradas comprendieron estas palabras en el sentido de que en China debería repetirse ce por be lo ocurrido en Rusia en 1905. Eso no es cierto, camaradas. Lenin no dijo en absoluto que la revolución china sería una copia de la revolución de 1905 en Rusia. Lenin no dijo sino que los chinos tendrían su año 1905, lo cual quiere decir que, además de los rasgos generales de aquella revolución, la china tendría sus peculiaridades específicas, que deberían imprimir su propio sello a la revolución en China. ¿Qué peculiaridades son éstas? La primera peculiaridad consiste en que la revolución china, siendo una revolución democrático-burguesa es, al propio tiempo, una revolución por la liberación nacional, enfilada contra el dominio del imperialismo extranjero en China. Esto la diferencia, ante todo, de la revolución de 1905 en Rusia. Se trata de que el dominio del imperialismo en China manifiéstase no sólo en su poderío militar, sino, en primer término, en la que los hilos fundamentales de la industria de China, los ferrocarriles, las fábricas, las minas, los Bancos, etc. están en manos de los imperialistas extranjeros, o están controlados por ellos. Ahora bien, de esto se infiere que las cuestiones de la lucha contra el imperialismo extranjero y sus agentes chinos no pueden por menos de desempeñar un importante papel en la revolución china.

De este modo, se establece una relación directa entre la revolución china y las revoluciones de los proletarios de todos los países contra el imperialismo. La segunda peculiaridad de la revolución china consiste en que la gran burguesía nacional es, en China, extremadamente débil, incomparablemente más débil que la burguesía rusa del período de 1905. La cosa es comprensible. Si los hilos fundamentales de la industria están concentrados en manos de los imperialistas extranjeros, en China la gran burguesía nacional no puede por menos de ser débil y atrasada. En este sentido, la observación de Mif respecto a la debilidad de la burguesía nacional en China, como uno de los fenómenos característicos de la revolución en este país, es totalmente exacta. Pero de esto se infiere que el papel de iniciador y dirigente de la revolución china, el papel de jefe del campesinado chino debe ir a parar, indefectiblemente, a manos del proletariado chino y de su Partido. No debe olvidarse tampoco la tercera peculiaridad de la revolución china, consistente en que al lado de China existe y progresa la Unión Soviética, cuya experiencia revolucionaria y cuya ayuda no puedo por menos de facilitar la lucha del proletariado chino contra el imperialismo y contra las supervivencias del feudalismo medieval en China. Estas son las peculiaridades fundamentales de la revolución china, determinantes de su carácter y de su orientación.

II. El imperialismo y la intervención imperialista en China. El primer defecto de las tesis presentadas consiste en que soslayan o menosprecian la intervención imperialista en China. Si se leen con atención, puede pensarse que, en rigor, no se está produciendo ahora en China una intervención imperialista, sino únicamente una lucha de los norteños contra los sureños o de un grupo de generales contra otro grupo de generales. Además, se tiende a comprender la intervención como el hecho de la introducción de tropas extranjeras en territorio chino, y si tal hecho

no se da, tampoco hay intervención. Eso es un craso error, camaradas. La intervención no se reduce en absoluto a introducir tropas, y el introducir tropas no es en absoluto la particularidad fundamental de la intervención. En las actuales condiciones del movimiento revolucionario en los países capitalistas, cuando la introducción directa de tropas extranjeras puede suscitar una serie de protestas y conflictos, la intervención reviste un carácter más flexible y una forma más solapada. En las actuales condiciones, el imperialismo prefiere intervenir mediante la organización de la guerra civil en el país dependiente, subsidiando a las fuerzas contrarrevolucionarias frente a la revolución, apoyando moral y económicamente a sus agentes chinos contra la revolución. Los imperialistas propendían a presentar la lucha de Denikin y de Kolchak, de Yudénich y de Wrángel contra la revolución en Rusia como una lucha exclusivamente interior. Pero todos sabíamos -y no sólo nosotros, sino el mundo entero- que detrás de estos generales contrarrevolucionarios rusos estaban los imperialistas de Inglaterra y de Norteamérica, de Francia y del Japón, sin cuya asistencia hubiera sido completamente imposible una guerra civil de consideración en Rusia. Lo mismo debe decirse de China. La lucha de Wu Pei-fu y de Sun Chuang-fang, de Chang Tsoling y de Chang Tsun-chan contra la revolución en China sería sencillamente imposible si estos generales contrarrevolucionarios no fueran alentados por los imperialistas de todos los países, si no les proporcionasen dinero, armas, instructores, “consejeros”, etc. ¿En qué consiste la fuerza de las tropas de Cantón? En que tienen un ideal, un entusiasmo que les alienta en su lucha por liberarse del imperialismo, en que llevan la libertad a China. ¿En qué consiste la fuerza de los generales contrarrevolucionarios en China?

En que los respaldan los imperialistas de todos los países, los propietarios de todos los ferrocarriles, concesiones, fábricas, Bancos y casas comerciales en China. Por eso, la cosa no consiste sólo, e incluso no consiste tanto en la introducción de tropas extranjeras, como en el apoyo que prestan los imperialistas de todos los países a la contrarrevolución en China. La intervención realizada con manos ajenas es ahora el quid de la intervención imperialista.. Por eso, la intervención imperialista en China es un hecho indudable, contra el que dirige su filo la revolución china. Por eso, quien soslaya o menosprecia la intervención imperialista en China, soslaya o menosprecia lo primordial y lo básico en China. Se dice que los imperialistas japoneses revelan ciertos indicios de “buena disposición” hacia los cantoneses y hacia la revolución china en general. Se dice que, en este sentido, los imperialistas norteamericanos no van a la zaga de los japoneses. Eso es engañarse uno mismo, camaradas. Hay que saber diferenciar entre la esencia de la política de los imperialistas, incluidos los nipo-americanos, y su enmascaramiento. Lenin decía con frecuencia que es difícil someter a los revolucionarios recurriendo a la tranca o al puño, pero que a veces es muy fácil someterlos con mimos. No hay que olvidar nunca, camaradas, esta verdad dicha por Lenin. En todo caso, está claro que los imperialistas nipo-americanos han sabido penetrar bastante bien en la importancia de esta verdad. Por eso hay que establecer rigurosa diferencia entre los mimos y las alabanzas dirigidos a los cantoneses y el hecho de que los imperialistas más pródigos en mimos son los que se aferran con mayor tenacidad a “sus” concesiones y ferrocarriles de China, a los que no están dispuestos a renunciar por nada del mundo.

III. El ejército revolucionario en China. La segunda observación referente a las tesis presentadas concierne al ejército revolucionario en China. El hecho es que las tesis soslayan o menosprecian este problema. (Una voz: “¡Es verdad!”.) Ese es su segundo defecto. Por lo común, no se considera el avance de los cantoneses hacia el Norte como el desarrollo de la revolución china, sino como la lucha de los generales de Cantón contra Wu Pei-fu y Sun Chuang-fang, como la lucha por la supremacía de unos generales respecto a otros. Eso es un craso error, camaradas. Los ejércitos revolucionarios son en China un importantísimo factor en la lucha de los obreros y campesinos chinos por su liberación. ¿Es casual, acaso, que, hasta mayo o junio de este año, la situación en China se considerase como de dominio de la reacción que sucedió a la derrota de los ejércitos de Feng Yu- siang, y que luego, en el verano de este año, bastara que las victoriosas tropas de Cantón avanzasen hacia el Norte y ocupasen Hu-pe para que el panorama cambiara radicalmente en favor de la revolución? No, no es casual, ya que el avance de las tropas de Cantón es un golpe al imperialismo, un golpe a sus agentes en China, es la libertad de reunión, la libertad de huelga, la libertad de prensa, la libertad de asociación para todos los elementos revolucionarios de China, en general, y para los obreros, en particular. En esto consiste la peculiaridad y el significado más importante del ejército revolucionario en China. Antes, en los siglos XVIII y XIX, las revoluciones comenzaban, por lo general, con un alzamiento del pueblo, en su mayor parte sin armas o mal armado, que chocaba con el ejército del viejo régimen, al que procuraba descomponer o, al menos, atraer parcialmente a su lado. Esta es la forma típica de las explosiones revolucionarias en el pasado. Lo mismo

ocurrió en Rusia en 1905. En China, las cosas han tomado otro cariz. En China no se enfrenta a las tropas del viejo gobierno un pueblo desarmado, sino un pueblo armado, es decir, el ejército revolucionario. En China, la revolución armada combate a la contrarrevolución armada. Tal es una de las peculiaridades y una de las ventajas de la revolución china. En ello estriba el particular significado del ejército revolucionario en China. Por eso, una inadmisible deficiencia de las tesis presentadas es que no conceden el debido valor al ejército revolucionario. Ahora bien, de esto se infiere que los comunistas de China deben dedicar especial atención al trabajo en el ejército. En primer término, los comunistas de China deben intensificar al máximo el trabajo político en el ejército y conseguir que éste sea un verdadero y ejemplar portador de las ideas de la revolución china. Ello es de particular necesidad, porque ahora multitud de generales, que no tienen nada que ver con el Kuomintang, se adhieren a los cantoneses, por ser la fuerza que aplasta a los enemigos del pueblo chino, y siembran con su adhesión la descomposición en el ejército. La única manera de neutralizar a estos “aliados” o de convertirlos en auténticos kuomintanistas es intensificando el trabajo político y organizando el control revolucionario de esos elementos. De lo contrario, el ejército puede verse en una dificilísima situación. En segundo lugar, los revolucionarios chinos, entre ellos los comunistas, deben acometer con todo empeño el estudio del arte militar. En ello no deben ver un asunto secundario, porque en China es ahora un importantísimo factor de la revolución. Los revolucionarios chinos, y, en consecuencia, los comunistas, deben aprender el arte militar, a fin de ir progresando poco a poco y ocupar en el ejército revolucionario puestos de mando. Esa será la garantía de que el ejército revolucionario en China siga un camino acertado, en línea recta, hacia el objetivo. De lo contrario, pueden ser inevitables los titubeos y las vacilaciones en el ejército.

IV. El carácter del futuro poder en China. La tercera observación se refiere a que en las tesis no se tiene en cuenta o se tiene en cuenta insuficientemente el problema del carácter del futuro Poder revolucionario en China. Mif se acercó bastante a este problema en sus tesis, y en esto estriba su mérito. Pero, después de aproximarse, se asustó de algo y no se decidió a dar cima a la empresa. Mif cree que el futuro Poder revolucionario en China será el Poder de la pequeña burguesía revolucionaria bajo la dirección del proletariado. ¿Qué significa esto? Durante la revolución de febrero de 1917, los mencheviques y los eseristas eran también partidos pequeñoburgueses y, hasta cierto punto, revolucionarios. ¿Quiere decir esto que el futuro Poder revolucionario en China haya de ser un Poder esero-menchevique? No, no quiere decir eso. ¿Por qué? Porque el Poder esero-menchevique era, en esencia, un Poder imperialista, mientras el futuro Poder revolucionario en China no puede dejar de ser un Poder antiimperialista. La diferencia es cardinal. El gobierno de MacDonald era incluso un Poder “obrero”, pero, al propio tiempo, era un gobierno imperialista, ya que se basaba en el mantenimiento del Poder imperialista de Inglaterra en la India y en Egipto, pongamos por caso. El futuro Poder revolucionario en China tendrá frente al gobierno de MacDonald la ventaja de ser un Poder antiimperialista. No se trata sólo del carácter democrático-burgués del Poder de Cantón, germen del futuro Poder revolucionario en toda China, sino, ante todo, de que este Poder es -y no puede dejar de serlo- antiimperialista, de que cada progreso de este Poder significa un golpe al imperialismo mundial y, por lo tanto, un golpe en favor del movimiento revolucionario mundial.

Lenin tenía razón al decir que si, antes, hasta el advenimiento de la época de la revolución mundial, el movimiento de liberación nacional era parte del movimiento democrático general, ahora, después del triunfo de la revolución soviética en Rusia y del advenimiento de la época de la revolución mundial, el movimiento de liberación nacional es parte de la revolución proletaria mundial. Mif no ha tomado en consideración esta particularidad. Yo creo que, por su carácter, el futuro Poder revolucionario en China guardará un parecido, en general, con el Poder del que se hablaba en nuestro país en 1905, es decir, será una especie de dictadura democrática del proletariado y del campesinado, si bien con la diferencia de que, primordialmente, será un Poder antiimperialista. Será un Poder transitorio hacia un desarrollo del capitalista o, más exactamente, hacia un desarrollo socialista de China. Esta es la dirección que deberá seguir la revolución en China. Tres circunstancias facilitan este camino de desarrollo de la revolución: primera: que la revolución en China, como revolución de liberación nacional, estará enfilada contra el imperialismo y sus agentes en China; segunda: que la gran burguesía nacional de China es débil, más débil que la burguesía nacional de la Rusia de 1905, lo que facilita la hegemonía del proletariado, la dirección del campesinado chino por el Partido proletario; tercera: que la revolución en China se desarrollará en circunstancias que permitirán utilizar la experiencia y la ayuda de la revolución victoriosa en

la Unión Soviética. De que por este camino se llegue a la victoria de modo cierto y absoluto, es cosa que depende de muchas circunstancias. En todo caso, está clara una cosa, y es que la tarea fundamental de los comunistas chinos es luchar por que el desarrollo de la revolución china siga precisamente este cauce. De aquí se desprende la tarea de los comunistas de China respecto al Kuomintang y al futuro Poder revolucionario en su país. Se dice que los comunistas chinos deben salir del Kuomintang. Eso sería erróneo, camaradas. Sería un craso error que los comunistas chinos abandonaran en la actualidad el Kuomintang. La marcha toda de la revolución china, su carácter, sus perspectivas señalan de modo indudable que los comunistas chinos deben permanecer en el Kuomintang e intensificar su trabajo en él. Ahora bien, ¿puede el Partido Comunista Chino participar en el futuro Poder revolucionario'? No sólo puede, sino que debe participar en él. La marcha de la revolución en China, su carácter, sus perspectivas demuestran con toda evidencia que el Partido Comunista Chino debe participar en el futuro Poder revolucionario de su país. Esta es una de las garantías necesarias para que el proletariado chino ejerza prácticamente la hegemonía.

V. La cuestión campesina en China. La cuarta observación se refiere al campesinado en China, Mif cree que se debe lanzar en el acto la consigna de la formación de Soviets, la consigna precisamente de los Soviets campesinos en el campo chino. Yo creo que eso es un error. Mif se adelanta a los acontecimientos. No se pueden organizar Soviets en el campo, soslayando los centros industriales de China. Y ahora no está a la orden del día la organización de Soviets en los centros industriales de China. Además, hay que tener en cuenta que no se puede considerar a los Soviets al margen de la situación existente. Los Soviets, en este caso los Soviets campesinos, podrían ser organizados sólo si China viviera el período de auge máximo del movimiento campesino, que rompe lo viejo y crea el nuevo Poder, siempre y cuando que los centros industriales de China hubiesen roto ya el dique y entrado en la fase de la organización del Poder de los Soviets. ¿Puede decirse que el campesinado chino y, en general, la revolución china hayan entrado ya en esta fase? No, no puede decirse. Por eso, hablar ahora de los Soviets es adelantarse a los acontecimientos. Por eso no hay que plantearse ahora la organización de Soviets, sino de comités campesinos. Me refiero a comités campesinos elegidos por los mismos campesinos y capaces de formular las reivindicaciones básicas del campesinado, comités que adopten todas las medidas necesarias para dar satisfacción a estas reivindicaciones por vía revolucionaria. Estos comités campesinos deben ser el eje en torno al cual se desarrolle la revolución en el campo. Yo sé que entre los kuomintanistas e incluso entre los comunistas chinos hay quienes no estiman posible el desencadenamiento de la revolución en el campo, temerosos de que la incorporación del campesinado a la revolución rompa el frente único antiimperialista. Esto es un profundísimo extravío, camaradas. El frente antiimperialista en China será tanto más fuerte y poderoso cuanto antes y más a fondo se incorpore el campesinado chino a la revolución.

Los autores de las tesis, en particular Tang Ping-sian y Rafes, están sobrados de razón al afirmar que una condición de todo punto imprescindible para el triunfo de la revolución china es satisfacer en el acto las reivindicaciones campesinas más apremiantes. Yo creo que es hora de acabar con la inercia y la “neutralidad” respecto al campesinado que se observa en los actos de ciertos elementos del Kuomintang. Yo creo que tanto el partido Comunista de China como el Kuomintang, y, en consecuencia, el poder de Cantón, deben pasar sin más dilaciones de las palabras a los hechos y plantear el cumplimiento inmediato de las reivindicaciones más urgentes del campesinado. Cuáles deben ser las perspectivas en este sentido y hasta qué límites se puede y se debe ir, es cosa que depende de la marcha de la revolución. Yo creo que hay que orientarse, en definitiva, hacia la nacionalización de la tierra. En todo caso, no podemos renunciar para siempre a una consigna como la de nacionalización de la tierra. ¿Cuáles son los caminos y los senderos por donde deben ir los revolucionarios chinos para alzar a la revolución a los millones y millones de campesinos de China? Yo creo que, en las condiciones presentes, sólo puede hablarse de tres caminos. El primer camino es el de la formación de comités campesinos y de penetración de los revolucionarios chinos en esos comités para influir sobre el campesinado. (Una voz: “¿Y las uniones campesinas?”.) Yo creo que las uniones campesinas se agruparán en torno a los comités campesinos, o se convertirán en comités campesinos investidos, de una u otra manera, del poder necesario para dar satisfacción a las reivindicaciones campesinas. De este camino he hablado ya antes. Pero este camino es insuficiente. Sería ridículo pensar que en China hay bastantes revolucionarios para esto. China tiene unos cuatrocientos millones de habitantes. De ellos, unos trescientos cincuenta millones son chinos. De éstos, más de las nueve décimas partes están compuestas por campesinos. Pensar que unas cuantas decenas de miles de revolucionarios chinos pueden agotar este océano del campesinado, significa equivocarse. Por

lo tanto, hay que disponer, además, de otros caminos. El segundo camino es el de influir en el campesinado a través del aparato del nuevo Poder revolucionario popular. Es indudable que en las nuevas provincias liberadas se creará un nuevo Poder a hechura del Poder de Cantón. Es indudable que este Poder y el aparato de este Poder, si quiere impulsar verdaderamente la revolución, deberá ocuparse de satisfacer las reivindicaciones más acuciantes del campesinado. Y una tarea de los comunistas y, en general, de los revolucionarios de China consiste en penetrar en el aparato del nuevo Poder, aproximar ese aparato a las masas campesinas y ayudarles, a través de él, a satisfacer sus reivindicaciones esenciales mediante la incautación de las tierras de los terratenientes o mediante la rebaja de los impuestos y de los arriendos, según las circunstancias. El tercer camino consiste en influir sobre el campesinado a través del ejército revolucionario. He hablado ya de la enorme importancia del ejército revolucionario en la revolución china. El ejército revolucionario de China es la fuerza que primero penetra en nuevas provincias, que primero atraviesa la espesura del campesinado, y por ella juzga, ante todo, el campesino de las buenas o malas cualidades del nuevo Poder. De la conducta del ejército revolucionario, de su actitud hacia los campesinos y los terratenientes, de su disposición a ayudar a los campesinos depende, ante todo, la actitud del campesinado hacia el nuevo Poder, hacia el Kuomintang y, en general, hacia la revolución en China.

Si se tiene en cuenta que al ejército revolucionario de China se han adherido no pocos elementos dudosos, que estos elementos pueden influir sobre la fisonomía del ejército en el sentido de empeorarla, podría comprenderse la gran importancia que tiene a los ojos del campesinado la fisonomía política del ejército y, por decirlo así, su política campesina. Por eso, los comunistas de China, en general, los revolucionarios de China deben adoptar todas las medidas precisas para neutralizar a los elementos anticampesinos del ejército, mantener el espíritu revolucionario del ejército y proceder de modo que el ejército ayude a los campesinos y los lleve a la revolución. Se dice que en China acogen con los brazos abiertos al ejército revolucionario, pero que luego, cuando el ejército se estaciona, se produce cierta decepción. Lo mismo ocurrió en la Unión Soviética durante la guerra civil. Y se debe esto a que el ejército, al liberar nuevas provincias y estacionarse en ellas, no tiene más remedio que alimentarse de un modo u otro a costa de la población circundante. Los revolucionarios soviéticos conseguíamos, por lo general, compensar esta desventaja esforzándonos por ayudar a los campesinos, a través del ejército, contra los terratenientes. Es necesario que los revolucionarios chinos aprendan también a compensar estas desventajas, llevando a cabo una acertada política campesina a través del ejército.

VI. El proletariado y la hegemonía del proletariado en China. La quinta observación se refiere al proletariado chino. Yo creo que en las tesis no se subraya lo bastante el papel y el significado de la clase obrera de China. Rafes pregunta hacia quiénes deben orientarse los comunistas chinos, si hacia los izquierdistas: del Kuomintang o hacia los centristas. Extraña pregunta. Yo creo que los comunistas chinos deben orientarse, ante todo, hacia el proletariado y orientar hacia la revolución a los hombres del movimiento de liberación. Sólo en tal caso estará planteada acertadamente la cuestión. Yo sé que entre los comunistas chinos hay camaradas que no consideran conveniente que los obreros declaren huelgas por el mejoramiento de su situación material y jurídica y disuaden a los obreros de que lo hagan. (Una voz: “Así ha ocurrido en Cantón y en Shanghai”.) Eso es un gran error, camaradas. Eso es un gravísimo desdén del papel y del peso relativo del proletariado de China, y debe señalarse en las tesis como un fenómeno absolutamente negativo. Sería un gran error que los comunistas chinos no aprovecharan la favorable situación actual para ayudar a los obreros a mejorar su situación material y jurídica, aunque sea recurriendo a las huelgas. ¿Para qué serviría entonces la revolución en China? No puede ser la fuerza dirigente un proletariado cuyos hijos son apaleados y torturados en las huelgas por los agentes del imperialismo. Hay que acabar a toda costa con esa calamidad medieval, para que los proletarios de China se sientan fuertes, para elevar en ellos el sentimiento de la dignidad y convertirlos en hombres capaces de dirigir el movimiento revolucionario. De lo contrario, no hay ni que pensar en la victoria de la revolución en China. Por eso, las reivindicaciones económicas y jurídicas de la clase obrera de China, que tienden a mejorar a fondo su situación, deben ocupar en las tesis el lugar que los corresponde. (Mif: “En las tesis se habla de ello”.) Sí, en las tesis se habla de ello, pero, por desgracia, estas reivindicaciones no se destacan como es debido.

VII. La cuestión de la juventud en China. La sexta observación se refiere a la juventud en China. Es extraño que las tesis no hayan tenido en cuenta este problema. Y sin embargo, ahora es, en China, de excepcional importancia. En los informes de Tang Ping-sian se habla de él, pero, por desgracia, no se destaca como es debido. La cuestión de la juventud tiene ahora en China una importancia primordial. La juventud estudiantil (los estudiantes revolucionarios), la juventud obrera y la juventud campesina constituyen una fuerza capaz de hacer

avanzar a pasos gigantescos la revolución, si se la somete a la influencia ideológica y política del Kuomintang*. Hay que tener en cuenta que nadie sufre la opresión imperialista tan profundamente y tan a lo vivo y que nadie siente la necesidad de luchar contra esa opresión con tanto apremió y tanta angustia como la juventud china. Esta circunstancia debe ser tenida muy en cuenta por el Partido Comunista y por los revolucionarios de China, a fin de intensificar por todos los medios el trabajo entre la juventud. La juventud debe encontrar su lugar en las tesis sobre la cuestión china.

VIII. Algunas conclusiones. Quisiera apuntar algunas conclusiones respecto a la lucha contra el imperialismo en China y respecto a la cuestión campesina. Es indudable que el Partido Comunista de China no puede limitarse ahora a reivindicar la denuncia de los tratados leoninos. En pro de esta reivindicación aboga actualmente hasta un contrarrevolucionario como Chan Sue-lian. Es evidente que el Partido Comunista de China debe ir más allá. Hay que plantearse, además, como perspectiva, la nacionalización de los ferrocarriles. Esto es necesario, y se debe trabajar en este sentido. Hay que tener en cuenta, además, la perspectiva de la nacionalización de las fábricas más importantes. Aquí se plantea, ante todo, la nacionalización de las empresas, cuyos propietarios se distinguen por su hostilidad y agresividad contra el pueblo chino. Hay que llevar adelante la cuestión campesina, asociándola a las perspectivas de la revolución en China. Yo creo que hay que orientarse, en resumidas cuentas, hacia la incautación de las tierras de los terratenientes en favor de los campesinos y hacia la nacionalización de la tierra. Lo demás se comprende por sí mismo. Estas son las observaciones que yo quería hacer camaradas.

Publicado el 10 de diciembre de 1926 en el núm. (71) de la revista “Kommunistícheski Internatsional”.

* Nota. En la situación de entonces, esta política era acertada, por cuanto el Kuomintang constituía, en aquella época, un bloque entre los comunistas y los kuomintanistas más o menos de izquierda y seguía una línea revolucionaria antiimperialista. Posteriormente fue abolida esta política por no corresponder ya a los intereses de la revolución china, puesto que el Kuomintang se apartó de la revolución y se convirtió después en el centro de la lucha contra la revolución, y los comunistas lo abandonaron y rompieron con él.