Tesis para la XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S., aprobadas por la Conferencia y refrendadas por el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S.75 El rasgo característico del período que atravesamos es la complicación de la lucha entre los Estados capitalistas y nuestro país, por un lado, y, por otro, entre los elementos socialistas y los elementos capitalistas en el interior de nuestro país. Mientras los intentos del capital mundial de cercar a nuestro país en el sentido económico, de aislado en el terreno político, de bloqueado de modo enmascarado y, por último, de tomar venganza directa por la ayuda de los obreros de la U.R.S.S. a los obreros que combaten en el Occidente y a los pueblos oprimidos del Oriente crean dificultades de orden exterior, el paso de nuestro país del período de reconstrucción al período de reorganización de la industria sobre la base de un nuevo equipamiento técnico y la lucha, que se complica en relación con esto, entre los elementos capitalistas y los elementos socialistas de nuestra economía crean dificultades de orden interior. El Partido ve estas dificultades y puede vencerlas. El Partido, con el apoyo de las grandes masas del proletariado, va venciendo ya estas dificultades y conduce con mano segura al país por la senda del socialismo. Pero no todos los destacamentos de nuestro Partido creen que el movimiento progresivo puede continuar. Algunos sectores de nuestro Partido -bien es verdad que poco numerosos-, que se han atemorizado ante las dificultades, experimentan cansancio y vacilaciones, se dejan llevar de la desesperación, cultivan el abatimiento, se contagian de desconfianza en las fuerzas creadoras del proletariado y llegan a una ideología capituladora. En este sentido, el actual período crucial recuerda, hasta cierto punto, el período crucial de octubre de 1917.

Igual que entonces en octubre de 1917, cuando la complicada situación y las dificultades del paso de la revolución burguesa a la revolución proletaria engendraron, en un sector del Partido, vacilaciones, derrotismo y desconfianza en que el proletariado pudiera tomar el Poder y mantenerse en él (Kámenev, Zinóviev), ahora, en el actual período crucial, las dificultades del paso a una nueva fase de la edificación socialista engendran, en ciertos medios de nuestro Partido, vacilaciones, desconfianza en la posibilidad de que los elementos socialistas de nuestro país puedan vencer a los elementos capitalistas, desconfianza en la posibilidad de la edificación victoriosa del socialismo en la U.R.S.S. El bloque oposicionista es la expresión de este abatimiento y de este derrotismo en un sector de nuestro Partido. El Partido ve las dificultades y puede vencerlas. Mas, para vencerlas, es preciso empezar por vencer el abatimiento y la ideología derrotista en un sector del Partido. En su documento del 16 de octubre de 1926, el bloque de oposición, al mismo tiempo que renuncia al fraccionalismo y se desolidariza de los grupos notoriamente mencheviques de dentro y de fuera del P.C.(b) de la U.R.S.S., declara que permanece en sus anteriores posiciones de principio; el bloque de oposición no abandona sus errores de principio y defenderá estas opiniones equivocadas en el marco de los Estatutos del Partido. De esto se infiere que el bloque de oposición piensa seguir cultivando en el Partido el abatimiento y el espíritu de capitulación, piensa seguir haciendo propaganda de sus opiniones equivocadas en el seno del Partido. Por eso, es tarea inmediata del Partido poner de manifiesto la inconsistencia, en orden a los principios, de las opiniones fundamentales del bloque de oposición, explicar la incompatibilidad de éstas con las bases del leninismo y mantener una lucha ideológica resuelta contra los errores de principio del bloque de oposición, a fin de vencerlos totalmente.

I. El paso de la “nueva oposición” al trotskismo en el problema fundamental: el carácter y las perspectivas de nuestra revolución. El Partido arranca del criterio de que nuestra revolución es una revolución socialista, de que la Revolución de Octubre constituye no sólo la señal, el impulso y el punto de partida para la revolución socialista en el Occidente, sino de que, al mismo tiempo, es, en primer lugar, la base para el despliegue sucesivo del movimiento revolucionario mundial y, en segundo lugar, abre un periodo de transición del capitalismo al socialismo en la U.R.S.S. (la dictadura del proletariado), en el transcurso del cual, el proletariado, con una política acertada respecto al

campesinado, puede edificar y edificará con buen éxito la sociedad socialista completa, si, naturalmente, la potencia del movimiento revolucionario internacional, por una parte, y la potencia del proletariado de la U.R.S.S., por otra, son lo suficientemente grandes para preservar a la U.R.S.S. de una intervención militar del imperialismo. El trotskismo sustenta opiniones totalmente distintas respecto al carácter y a las perspectivas de nuestra revolución. A pesar de que, en octubre de 1917, el trotskismo marchó con el Partido, arrancaba y sigue arrancando del criterio de que nuestra revolución, por sí misma, no es, en el fondo, una revolución socialista; de que la Revolución de Octubre es sólo la señal, el impulso y el punto de partida para la revolución socialista en el Occidente; de que, si la revolución mundial se demora y la revolución socialista no triunfa en el Occidente en un futuro muy próximo, el Poder proletario en Rusia habrá de caer o degenerar (lo que es lo mismo) bajo el efecto de inevitables choques entre el proletariado y el campesinado.

Mientras que el Partido, al organizar la Revolución de Octubre, arrancaba del criterio de que “es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país capitalista”, de que “el proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras”, puede y debe enfrentarse con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados” (Lenin, t. XVIII, págs. 232-233), el trotskismo, por el contrario, al colaborar con los bolcheviques en el período de Octubre, partía de que “no hay ningún fundamento para suponer... que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, podría sostenerse frente a la Europa conservadora” (Trotski, t. III, parte 1, pág. 90, “El programa de la paz”, publicado por primera vez en agosto de 1917). Mientras que el Partido arranca del criterio de que en la Unión Soviética hay “todo lo imprescindible y lo suficiente” “para edificar la sociedad socialista completa” (Lenin, “Sobre la cooperación”), el trotskismo, por el contrario, arranca del criterio de que “el verdadero auge de la economía socialista en Rusia no será posible más que después de la victoria del proletariado en los países más importantes de Europa” (Trotski, t. III, parte 1, pág. 93, “Epílogo” a “El programa de la paz”, escrito en 1922).

Mientras que el Partido arranca del criterio de que bastarán “10 ó 20 años de relaciones acertadas con los campesinos, y estará asegurada la victoria en escala mundial” (Lenin, plan del folleto “Sobre el impuesto en especie”76), el trotskismo, por el contrario, arranca del criterio de que el proletariado no puede tener relaciones acertadas con el campesinado antes del triunfo de la revolución mundial, de que el proletariado, después de tomar el Poder, se verá llevado “a choques hostiles, no sólo con todos los grupos burgueses que le apoyaron en los primeros momentos de su lucha revolucionaria, sino también con las vastas masas campesinas, con ayuda de las cuales ha llegado al Poder”, de que “las contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en el que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos, podrán ser solucionadas sólo en el plano internacional, en la palestra de la revolución mundial del proletariado” (Trotski, “Prefacio” al libro “1905” escrito en 1922). La Conferencia hace constar que estas opiniones de Trotski y de sus correligionarios sobre el problema fundamental -el carácter y las perspectivas de nuestra revolución- no tienen nada que ver con las opiniones de nuestro Partido, con el leninismo.

La Conferencia considera que estas opiniones, al rebajar el papel histórico y el peso específico de nuestra revolución como base del desarrollo sucesivo del movimiento revolucionario mundial, al debilitar la voluntad que anima al proletariado soviético de seguir la edificación del socialismo y al obstaculizar, de tal modo, el desencadenamiento de las fuerzas de la revolución internacional, están en pugna con los principios del verdadero internacionalismo y con la línea fundamental de la Internacional Comunista. La Conferencia considera que estas opiniones de Trotski y de sus correligionarios son una franca aproximación a las opiniones de la socialdemocracia en la persona de su líder actual, Otto Bauer, quien afirma que “en Rusia donde el proletariado constituye sólo una parte insignificante de la nación, éste únicamente puede afianzar su dominio con carácter temporal”, que “debe perderlo inevitablemente en cuanto la masa campesina de la nación adquiera la suficiente madurez cultural para tomar ella misma el Poder”, que “el dominio transitorio del socialismo industrial en la Rusia agraria es solo la llama que exhorta a la lucha al proletariado del Occidente industrial”, que “sólo la conquista del Poder político por el proletariado del Occidente industrial puede asegurar un dominio duradero del socialismo industrial” en Rusia (véase: O. Bauer, “Bolchevismo o socialdemocracia”, en alemán). La Conferencia califica por eso semejantes opiniones de Trotski y de sus correligionarios de desviación socialdemócrata en nuestro Partido en el problema fundamental: el carácter y las perspectivas de nuestra revolución. El hecho básico en el desarrollo de las relaciones internas del P.C.(b) de la U.R.S.S. después del XIV

Congreso (que ha condenado las opiniones de principio de la “nueva oposición”) , es la circunstancia de que la “nueva oposición” (Zinóviev, Kámenev), que antes luchaba contra el trotskismo, contra la desviación socialdemócrata en nuestro Partido, se ha pasado a las posiciones ideológicas del trotskismo, ha rendido al trotskismo, total y enteramente, sus anteriores posiciones, que coincidían con las de todo el partido, pronunciándose ahora por el trotskismo con el mismo calor con que se pronunciaba antes contra él. Dos circunstancias principales han determinado el paso de la “nueva oposición” al lado del trotskismo: a) el cansancio, las vacilaciones, el abatimiento y el derrotismo, ajenos al proletariado, que cunden entre los partidarios de la “nueva oposición” ante las nuevas dificultades en el período crucial que atravesamos, siendo de notar que las vacilaciones y el derrotismo actuales de Kámenev y de Zinóviev no han surgido casualmente, sino como repetición, como recaída en las vacilaciones y el abatimiento que manifestaron hace nueve años, en octubre de 1917, ante las dificultades de aquel período crucial; b) la derrota completa de la “nueva oposición” en el XIV Congreso y el surgimiento, con este motivo, del afán de conseguir a toda costa la unión con los trotskistas para compensar, mediante la unión de los dos grupos -trotskistas y “nueva oposición”-, su debilidad y su aislamiento de las masas proletarias, tanto más por cuanto las posiciones ideológicas del trotskismo respondían por entero al actual abatimiento de la “nueva oposición”.

A esto se debe asimismo el hecho de que el bloque de oposición se haya convertido en el punto de confluencia de todas y cada una de las fracasadas corrientes en el seno del P.C.(b) de la U.R.S.S. y fuera de él, desde los “centralistas democráticos” y la “oposición obrera” en el P.C.(b) de la U.R.S.S. hasta los oportunistas “ultraizquierdistas” en Alemania y los liquidadores tipo Souvarine en Francia, corrientes condenadas por el Partido y por la Internacional Comunista. De aquí dimanan la desaprensión en los procedimientos y la falta de principios en política, en que se basa la existencia del bloque de los trotskistas y la “nueva oposición” y sin las cuales no hubieran podido juntar en un haz las diversas corrientes enemigas del Partido. De este modo, los trotskistas, de un lado, y la “nueva oposición”, de otro, han coincidido, como era lógico, en la plataforma común de la desviación socialdemócrata y de la unión, carente de principios, de los diversos elementos enemigos del Partido en la lucha contra éste, creando, de tal modo, el bloque de oposición, que constituye -en una nueva variante- algo así como una segunda edición del Bloque de Agosto (1912-1914).

II. La plataforma práctica del bloque de oposición. La plataforma práctica del bloque de oposición es la continuación directa del error fundamental de este bloque en el problema del carácter y de las perspectivas de nuestra revolución. Las particularidades más importantes de la plataforma práctica del bloque de oposición se resumen en los siguientes puntos fundamentales: a) Cuestiones del movimiento internacional. El Partido arranca del criterio de que los países capitalistas avanzados atraviesan, en términos generales, una situación de estabilización parcial, temporal; de que el período en curso es un período interrevolucionario, en virtud de lo cual los Partidos Comunistas están obligados a preparar al proletariado para la revolución venidera; de que la ofensiva del capital, empeñado vanamente en afianzar la estabilización, no puede por menos de provocar, en respuesta, la lucha y la agrupación de las fuerzas de la clase obrera contra el capital; de que los Partidos Comunistas deben intervenir en la lucha de clases, cada vez más aguda, y convertir los ataques del capital en contraataques del proletariado para conquistar la dictadura del proletariado; de que, para el logro de estos fines, los Partidos Comunistas deben ganarse las grandes masas de la clase obrera, todavía adheridas a los sindicatos reformistas y a la II Internacional, y de que la táctica del frente único es, en consecuencia, necesaria y obligatoria para los Partidos Comunistas.

El bloque de oposición parte de premisas completamente distintas. Sin fe en las fuerzas interiores de nuestra revolución desesperado por la demora de la revolución mundial, el bloque de oposición se desliza, del terreno del análisis marxista de las fuerzas de clase de la revolución; al terreno de la ilusión “ultraizquierdista” y del aventurerismo “revolucionario”, niega la existencia de una estabilización parcial del capitalismo y se desvía, de tal modo, hacia el putchismo. De ahí que la oposición exija la revisión de la táctica del frente único y la ruptura del Comité Anglo-Ruso, de ahí su incomprensión del papel de los sindicatos y la consigna de sustituir los sindicatos por organizaciones proletarias “revolucionarias” nuevas, inventadas. De ahí el apoyo del bloque de oposición a los vociferadores “ultraizquierdistas” y a los oportunistas en la Internacional Comunista (por ejemplo, en el Partido alemán). La Conferencia considera que la política internacional del bloque de oposición no responde a los intereses del movimiento revolucionario internacional. b) El proletariado y el campesinado en la U.R.S.S. El Partido arranca del criterio de que “el principio supremo de la dictadura es mantener la

alianza entre el proletariado y el campesinado, para que el proletariado pueda conservar el papel dirigente y el poder estatal” (Lenin, t. XXVI, pág. 460); de que el proletariado puede y debe tener la hegemonía respecto a la masa fundamental del campesinado en la esfera económica, en la esfera de la edificación del socialismo, cómo la tuvo respecto al campesinado en octubre de 1917, en la esfera política, en el derrocamiento del Poder de la burguesía y la implantación de la dictadura del proletariado; de que sólo puede llevarse a cabo la industrialización del país si ésta se apoya en el mejoramiento progresivo de la situación material de la mayoría del campesinado (campesinos pobres y medios), que constituye el mercado básico para nuestra industria, y de que, en vista de ello, debe seguirse una política económica (política de precios, política fiscal, etc.) susceptible de fortalecer la ligazón entre la industria y la economía campesina y de mantener la alianza de la clase obrera y la masa fundamental del campesinado. El bloque de oposición parte de premisas completamente distintas.

Al apartarse de la línea fundamental del leninismo en la cuestión campesina, sin fe en la hegemonía del proletariado respecto al campesinado en la edificación socialista y al ver en el campesinado, principalmente, un medio hostil, el bloque de oposición propone medidas económicas y financieras capaces tan sólo de romper la ligazón entre la ciudad y el campo, de demoler la alianza, entre la clase obrera y el campesinado y de socavar, por tanto, toda posibilidad de llevar a cabo una verdadera industrialización. Tales son, por ejemplo: a) la propuesta de la oposición de elevar los precios de fábrica de las mercancías industriales, elevación que provocaría forzosamente la subida de los precios al detall, la depauperación de los campesinos pobres y de sectores considerables de campesinos medios, la reducción de la capacidad del mercado interior, el divorcio entre el proletariado y el campesinado, el descenso de la cotización del chervonets, la rebaja, en resumidas cuentas, del salario real; b) la propuesta de la oposición de ejercer una presión fiscal máxima sobre el campesinado, presión que abriría por fuerza fisuras en la alianza entre los obreros y los campesinos. La Conferencia considera qué la política del bloque de oposición respecto al campesinado no responde a los intereses de la industrialización del país ni a los de la dictadura del proletariado. c) La lucha contra el aparato del Partido bajo la bandera de la lucha contra el burocratismo en el Partido.

El Partido arranca del criterio de que el aparato y las masas del Partido constituyen un todo único, de que el aparato del Partido (el C.C., la Comisión Central de Control, las organizaciones regionales, los comités de provincia, de comarca, de distrito, los burós de las células, etc.) personifica el elemento directivo del Partido en su conjunto; de que el aparato del Partido lo forman los mejores elementos del proletariado, a quienes se puede y se debe criticar por sus errores, a quienes se puede y se debe “remozar”, pero a quienes no se debe difamar sin correr el riesgo de descomponer el Partido y dejarlo inerme. El bloque de oposición parte, por el contrario, del enfrentamiento de las masas del Partido al aparato del Partido; procura rebajar el papel dirigente del aparato del Partido, reduciéndolo a las funciones de registrador y propagandista; incita a las masas del Partido contra el aparato y desacredita, de tal modo, el aparato del Partido, debilitando sus posiciones en la dirección del Estado. La Conferencia considera que esta política del bloque de oposición, que no tiene nada que ver con el leninismo, sólo puede desarmar al Partido en su lucha contra el burocratismo del aparato estatal, por una transformación verdadera de este aparato y, de tal modo, por el fortalecimiento de la dictadura del proletariado. d) La lucha contra el “régimen” en el Partido bajo la bandera de la lucha por la democracia interna del Partido.

El Partido arranca del criterio de que “el que debilita, por poco que sea, la disciplina férrea del Partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado” (Lenin, t. XXV, pág. 190); de que la democracia interna del Partido es necesaria, no para debilitar y destruir la disciplina proletaria en el Partido, sino para fortalecerla y consolidarla; de que sin una disciplina de hierro en el Partido, sin un régimen firme en el Partido, respaldado por la adhesión y el apoyo de las grandes masas del proletariado, es imposible la dictadura del proletariado. El bloque de oposición parte, por el contrario, del enfrentamiento de la democracia interna del Partido a la disciplina del Partido, confunde la libertad de fracciones y de grupos con la democracia interna del Partido y procura utilizar tal género de democracia para destruir la disciplina del Partido y minar su unidad. Es natural que el llamamiento del bloque de oposición a luchar contra el “régimen” en el Partido, que de hecho conduce a defender la libertad de fracciones y de grupos en el Partido, sea recogido con entusiasmo por los elementos antiproletarios de nuestro país, que ven en él un áncora de salvación para librarse del régimen de dictadura del proletariado. La Conferencia considera que la lucha del bloque de oposición contra el “régimen” en el Partido, lucha que no tiene nada que ver con los principios organizativos del leninismo, sólo puede minar la unidad del Partido, debilitar la dictadura del proletariado y desencadenar las fuerzas antiproletarias en el país, que ponen su empeño en

debilitar y destruir la dictadura. El bloque de oposición ha elegido como uno de los medios de relajación de la disciplina del Partido y de enconamiento de la lucha en su seno, el método de la discusión llevada a todo el país, discusión que intentó imponer en octubre de este año. Considerando necesario que las cuestiones motivo de discrepancias se discutan libremente en las revistas teóricas de nuestro Partido y reconociendo a cada miembro del Partido el derecho a criticar con toda libertad los defectos de nuestro trabajo de Partido, la Conferencia recuerda, al mismo tiempo, las palabras de Lenin de que nuestro Partido no es un club de debates, sino una organización combativa del proletariado. La Conferencia considera que la discusión llevada a todo el país sólo puede estimarse necesaria: a) si tal necesidad la reconocen, por lo menos, varias organizaciones provinciales o regionales del Partido; b) si en el C.C. no hay una mayoría lo bastante firme en las cuestiones más importantes de la política del Partido; c) si, a pesar de existir en el C.C. una mayoría firme que se atenga a un punto de vista determinado, el C.C. considera preciso contrastar la justeza de su política mediante una discusión en el Partido. En todos estos casos, la discusión en todo el país sólo puede comenzar y efectuarse tras la correspondiente decisión del C.C. La Conferencia hace constar que, cuando el bloque de oposición exigió una discusión en todo el país, no existía ninguna de estas condiciones. La Conferencia considera, por eso, que el C.C. del Partido ha actuado con todo acierto al no estimar oportuna la discusión y al condenar al bloque de oposición por su intento de imponer al Partido una discusión en todo el país en torno a cuestiones resueltas ya por el Partido. La Conferencia establece, al hacer el balance del análisis de la plataforma práctica del bloque de oposición, que esta plataforma acredita el apartamiento del bloque de oposición de la línea de clase de la revolución proletaria en las cuestiones más importantes de la política internacional e interior.

III. Palabras. “revolucionarias” y hechos oportunistas del bloque de oposición. El rasgo característico del bloque de oposición es que, siendo, en realidad, expresión de la desviación socialdemócrata en nuestro Partido, defendiendo, en realidad, una política oportunista, se esfuerza, sin embargo, por envolver sus manifestaciones en una fraseología revolucionaria, se esfuerza por criticar al Partido “desde la izquierda”, se esfuerza por ataviarse con una toga “izquierdista”. Esta circunstancia se debe a que los proletarios comunistas, ante quienes apela, principalmente, el bloque de oposición, son los más revolucionarios del mundo; a que, educados en el espíritu de las tradiciones revolucionarias; no escucharían a críticos francamente derechistas, en vista de lo cual el bloque de oposición, para colocar su mercancía oportunista, ha de ponerle la etiqueta de revolucionarismo, comprendiendo perfectamente que sólo ese ardid puede atraer la atención de los proletarios revolucionarios. Pero como el bloque de oposición es, pese a todo, vehículo de la desviación socialdemócrata, como defiende prácticamente una política oportunista, las palabras y los hechos del bloque de oposición chocan inevitablemente, De ahí el carácter contradictorio interno del trabajo del bloque de oposición. De ahí el divorcio entre las palabras y los hechos, entre las frases revolucionarias y los hechos oportunistas. La oposición critica ruidosamente al Partido y a la Internacional Comunista “desde la izquierda” y propone, al mismo tiempo, que se revise la táctica de frente único, que se rompa el Comité Anglo-Ruso, que se abandone los sindicatos, que se los sustituya por nuevas organizaciones “revolucionarias”, creyendo que, de ese modo, hará avanzar la revolución, aunque, en realidad, de eso resultaría que se ayudaría a Thomas y a Oudegeest, se separaría a los Partidos Comunistas de los sindicatos, se debilitarían las posiciones del comunismo mundial y, en consecuencia, se frenaría el movimiento revolucionario.

De palabra, “revolucionarios”; de hecho, cómplices de los Thomas y de los Oudegeest. La oposición, entre gran estrépito, “pulveriza” al Partido “desde la izquierda” y exige, al mismo tiempo, que se eleven los precios de fábrica de las mercancías industriales, creyendo que así acelerará la industrialización, aunque, en realidad, eso llevaría a la desorganización del mercado interior, a la ruptura de la ligazón entre la industria y la economía campesina, al descenso de la cotización del chervonets, a la rebaja del salario real y, en consecuencia, al fracaso de toda industrialización. De palabra, partidarios de la industrialización; de hecho, cómplices de los enemigos de la industrialización. La oposición acusa al Partido de no querer luchar contra el burocratismo en el aparato del Estado y propone, al mismo tiempo, que se eleven los precios de fábrica, creyendo, al parecer, que la elevación de los precios de fábrica no está relacionada con la cuestión del burocratismo en el aparato del Estado, aunque, en realidad, de eso resultaría la burocratización total del aparato económico del Estado, ya que los precios de fábrica elevados son el medio más seguro para llevar la industria al raquitismo, para convertirla en una planta de estufa, para la burocratización del aparato económico. De palabra, contra el burocratismo; de hecho, defensores y vehículos de la burocratización del aparato del Estado. La oposición alborota y grita contra el capital privado y propone, al mismo tiempo, que se retiren

de la esfera de la circulación los capitales del Estado en favor de la industria, creyendo que así socavará al capital privado, aunque, en realidad, de eso resultaría su fortalecimiento máximo, ya que el retirar de la circulación -campo principal de actividad del capital privado- los capitales del Estado, no puede por menos de poner el comercio a la merced completa del capital privado. De palabra, lucha contra el capital privado; de hecho, ayuda al capital privado. La oposición habla a voz en grito de la degeneración del aparato del Partido, aunque, en realidad, ocurre que, cuando el C.C. plantea la expulsión de un comunista verdaderamente degenerado, del señor Ossovski, la oposición expresa la máxima fidelidad a este señor y vota contra su expulsión. De palabra, contra la degeneración; de hecho, cómplices y defensores de la degeneración. La oposición clamaba por la democracia interna del Partido y exigía, al mismo tiempo, una discusión en todo el país, creyendo que así ponía en práctica la democracia interna del Partido, aunque, en realidad, ha sucedido que, al imponer a la abrumadora mayoría del Partido una discusión en nombre de una ínfima minoría, la oposición ha cometido un brutal acto de vulneración de toda democracia. De palabra, en favor de la democracia interna del Partido; de hecho, la vulneración de los principios fundamentales de toda democracia. En el período que vivimos de acentuada lucha de clases en el movimiento obrero sólo hay lugar para una de estas dos políticas posibles: o la política del menchevismo, o la política del leninismo.

Los intentos del bloque de oposición de ocupar una posición intermedia entre estas dos líneas opuestas, bajo la cobertura de una fraseología “izquierdista”, “revolucionaria”, agudizando, al propio tiempo, la crítica contra el P.C.(b) de la U.R.S.S., debían conducir, y han conducido en efecto, a que el bloque de oposición se haya ido deslizando al campo de los enemigos del leninismo, al campo del menchevismo. Los enemigos del P.C.(b) de la U.R.S.S. y de la Internacional Comunista saben lo que vale la fraseología “revolucionaria” del bloque de oposición. Por eso, pasando por alto esa fraseología como carente en absoluto de valor, elogian unánimemente al bloque de oposición por sus hechos no revolucionarios, recogiendo como propia la consigna oposicionista de lucha contra la línea fundamental del P.C.(b) de la U.R.S.S. y de la Internacional Comunista. No se puede considerar casual que los eseristas y los demócratas constitucionalistas, los mencheviques rusos y los socialdemócratas “izquierdistas” alemanes hayan estimado posible todos ellos expresar abiertamente su simpatía por la lucha del bloque de oposición contra nuestro Partido, esperando que conduciría a la escisión y que ésta desencadenaría las fuerzas antiproletarias de nuestro país, para gozo de los enemigos de la revolución. La Conferencia considera que el Partido debe preocuparse, sobre todo, de arrancar la careta “revolucionaria” al bloque de oposición y poner al desnudo su esencia oportunista. La Conferencia considera que el Partido debe cuidar de la unidad de sus filas como de las niñas de los ojos, pues la unidad de nuestro Partido es el antídoto principal contra todas y cada una de las asechanzas contrarrevolucionarias de los enemigos de la revolución.

IV. Conclusiones. Al hacer el balance de la etapa recorrida en la lucha interna del Partido, la XV Conferencia del P .C.(b) de la U.R.S.S. hace constar que el Partido ha revelado en esta lucha su inmenso crecimiento ideológico, ha rechazado sin vacilar las opiniones de principio de la oposición y ha alcanzado una victoria rápida y decisiva sobre el bloque de oposición, obligándole a renunciar públicamente al fraccionalismo y a desentenderse de los grupos claramente oportunistas dentro del P .C.(b) de la U.R.S.S. y fuera de él. La Conferencia hace constar que, como resultado de los intentos del bloque de oposición de imponer al Partido una discusión y de minar su unidad, las masas del Partido se han agrupado más estrechamente aún en torno al C.C., aislando así a la oposición y asegurando, por lo tanto, una verdadera unidad de nuestro Partido. La Conferencia considera que el C.C. ha podido conseguir tales éxitos únicamente gracias a la activa ayuda de las amplias masas del Partido; que la actividad y el grado de conciencia manifestados por las masas del Partido en la lucha contra la labor desorganizadora del bloque de oposición son la mejor prueba de que el Partido vive y se desarrolla sobre los principios de una verdadera democracia interna. Al aprobar total e íntegramente la política del C.C. en su lucha por la unidad, la Conferencia considera que las tareas inmediatas del Partido deben consistir en lo siguiente: 1) Cuidar de que el mínimo de condiciones fijado, necesario para la unidad del Partido, sea efectivamente convertido en realidad. 2) Mantener una resuelta lucha ideológica contra la acción socialdemócrata en nuestro Partido, explicando a las masas el carácter erróneo de los principios sustentados por el bloque de oposición y poniendo al descubierto el contenido oportunista de esos principios, cualesquiera que sean las frases “revolucionarias” que los encubran. 3) Procurar que el bloque de oposición reconozca el carácter erróneo de sus opiniones. 4) Preservar por todos los medios la unidad del Partido, atajando todos los intentos de reanudar el fraccionalismo y de infringir la disciplina.

Publicado el 26 de octubre de 1926 en el núm. 247 de “Pravda”.