¡Camarada Pokóyev!

Le escribo con retraso, por lo cual le pido disculpas a usted y a sus camaradas.

Desafortunadamente, usted no ha comprendido nuestras divergencias en el XIV Congreso. No se trata en absoluto de que supuestamente la oposición afirmara que aún no hemos llegado al socialismo, mientras que el Congreso supuestamente decía que ya hemos llegado al socialismo. Eso es falso. En nuestro Partido no se encontrará ni una sola persona que pudiera decir que ya hemos realizado el socialismo.

La discusión en el Congreso no versó en absoluto sobre eso. La discusión versó sobre lo siguiente. El Congreso decía que la clase obrera en alianza con el campesinado trabajador puede derrotar a los capitalistas de nuestro país y construir la sociedad socialista, aunque no llegue a tiempo la revolución victoriosa en Occidente. La oposición, en cambio, decía que derrotar a nuestros propios capitalistas y construir la sociedad socialista no podremos mientras los obreros no hayan vencido en Occidente. Y como el asunto de la victoria de la revolución en Occidente se demora un tanto, pues nos queda, al parecer, girar en vacío. El Congreso decía, y así lo expresó en su resolución sobre el informe del CC[46], que tales opiniones de la oposición significan falta de fe en la causa de la victoria sobre nuestros propios capitalistas.

De eso se trató, queridos camaradas.

Esto no significa, por supuesto, que no necesitemos la ayuda de los obreros de Europa occidental. Supongamos que los obreros de Europa occidental no simpatizaran con nosotros y no nos prestaran apoyo moral. Supongamos que los obreros de Europa occidental no impidieran a sus capitalistas lanzar una campaña contra nuestra república. ¿Qué resultaría de ello? Resultaría que los capitalistas marcharían contra nosotros y socavarían de raíz nuestra labor constructiva, o incluso nos derrotarían por completo. Si los capitalistas no hacen tal intento, es porque temen que los obreros les golpeen por la retaguardia en caso de una campaña contra nuestra república. A esto es a lo que llamamos nosotros apoyo a nuestra revolución por parte de los obreros de Europa occidental.

Pero del apoyo por parte de los obreros de Occidente a la victoria de la revolución en Occidente hay una distancia muy, muy grande. Sin el apoyo de los obreros de Occidente, difícilmente habríamos resistido contra los enemigos que nos rodean. Sería bueno que este apoyo se transformara después en una revolución victoriosa en Occidente. Entonces la victoria del socialismo en nuestro país sería definitiva. Pero, ¿y si este apoyo no se transforma en victoria de la revolución en Occidente? ¿Podemos nosotros, sin esa victoria en Occidente, construir y edificar la sociedad socialista? El Congreso respondió que sí podemos. De lo contrario, no valía la pena tomar el poder en octubre de 1917. Si no contábamos con derrotar a nuestros
capitalistas, cualquiera diría que tomamos el poder en octubre de 1917 en vano. La oposición, en cambio, dice que a nuestros propios capitalistas no podemos derrotarlos con nuestras propias fuerzas.

He aquí la diferencia entre nosotros.

En el Congreso se habló también de la victoria definitiva del socialismo. ¿Qué significa esto? Significa la plena garantía contra la intervención de los capitalistas extranjeros y contra la restauración de los viejos órdenes en nuestro país mediante la lucha armada de esos capitalistas contra nuestro país. ¿Podemos con nuestras propias fuerzas asegurar esa garantía, es decir, hacer imposible la intervención militar por parte del capital internacional? No, no podemos. Ese es un asunto común entre nosotros y los proletarios de todo Occidente. Al capital internacional solo se le puede domar definitivamente con las fuerzas de la clase obrera de todos los países, o al menos de los principales países de Europa. Aquí ya no se puede prescindir de la victoria de la revolución en varios países de Europa; sin ella es imposible la victoria definitiva del socialismo.

¿Qué resulta, entonces, en definitiva?

Resulta que la sociedad socialista podemos construirla con nuestras propias fuerzas y sin la victoria de la revolución en Occidente, pero garantizar a nuestro país contra las agresiones del capital internacional nuestro país solo no está en condiciones de hacerlo; para ello se necesita la victoria de la revolución en varios países de Occidente. Una cosa es la posibilidad de construir el socialismo en nuestro país, y otra cosa es la posibilidad de asegurar a nuestro país contra las agresiones del capital internacional.

Su error y el error de sus camaradas consiste, en mi opinión, en que ustedes aún no se han orientado en este asunto y han confundido estas dos cuestiones.

Con saludo de camarada

I. Stalin

P.S. Deberían conseguir El Bolchevique[48] (el moscovita), n.° 3, y leer allí mi artículo. Eso les facilitaría el asunto.

I. Stalin

10 de febrero de 1926

Se publica por primera vez