Sobre los últimos acontecimientos en Polonia

Existe la opinión de que el movimiento encabezado por Piłsudski es un movimiento revolucionario. Se dice que Piłsudski actúa en favor de la causa revolucionaria en Polonia, por el campesinado contra los terratenientes, por los obreros contra los capitalistas, por la libertad de las nacionalidades oprimidas de Polonia contra el chovinismo polaco y el fascismo. Se dice que, en vista de ello, Piłsudski merece que los comunistas le apoyen.

¡Esto es completamente incorrecto, camaradas!

En realidad, en Polonia se produce ahora una lucha entre dos fracciones de la burguesía: la gran-burguesa, encabezada por los de Poznań, y la fracción pequeñoburguesa, encabezada por Piłsudski. La lucha tiene por objetivo el fortalecimiento, la estabilización del Estado burgués, y no la defensa de los intereses de los obreros y campesinos, de los intereses de las nacionalidades oprimidas. La lucha se produce por la diferencia de métodos de fortalecimiento del Estado burgués.

El hecho es que el Estado polaco ha entrado en una fase de completa descomposición. Las finanzas se van al traste. El zloty cae. La industria está paralizada. Las nacionalidades no polacas son oprimidas. Y arriba, en los círculos cercanos a las esferas dirigentes, reina una bacanal de malversaciones, como dicen de ello sin ningún pudor los representantes de todas y cada una de las fracciones del Sejm[60]. En relación con ello, ante las clases burguesas se plantea el dilema: o bien la descomposición del Estado llegará hasta el punto de abrir los ojos a los obreros y campesinos y los empujará a la necesidad de la transformación revolucionaria del poder contra los terratenientes y capitalistas, o bien la burguesía debe apresurarse a detener el derrumbe, liquidar la bacanal de malversaciones y, de este modo, prevenir a tiempo, mientras no sea tarde, la probable explosión del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos.

Se trata ahora de cuál de las fracciones de la burguesía se encargará de la estabilización del Estado polaco: la fracción de Piłsudski o la fracción de los de Poznań. Es indudable que los obreros y campesinos vinculan a la lucha de Piłsudski sus esperanzas de una mejora radical de su situación. Es indudable que precisamente por eso la cúspide de la clase obrera y del campesinado apoya de una u otra manera la lucha de Piłsudski, como representante de las capas pequeñoburguesas y de la pequeña nobleza, contra los de Poznań, que representan a los grandes capitalistas y terratenientes. Pero es indudable también que las esperanzas de ciertos sectores de las clases trabajadoras de Polonia son utilizadas en la actualidad no para la revolución, sino para el fortalecimiento del Estado burgués y del orden burgués.

Juegan aquí un papel, naturalmente, ciertos factores externos. Polonia es un Estado pequeño, está vinculada financieramente con determinados círculos de la Entente. Ella, la Polonia burguesa, en el estado lamentable actual de sus finanzas, no puede, por supuesto, prescindir de empréstitos exteriores. Pero las llamadas grandes potencias no pueden financiar un Estado cuyos círculos dirigentes constatan unánimemente una bacanal de malversaciones a lo largo de toda la línea de la administración estatal. Para obtener empréstitos hay, ante todo, que "mejorar" la administración estatal, detener la bacanal de malversaciones, crear cierta garantía de que los intereses de los empréstitos serán pagados, etc. De ahí la necesidad de "racionalización" del Estado polaco.

Tales son, en lo fundamental, las premisas internas y externas que determinaron la lucha actual de las dos principales fracciones burguesas de Polonia.

Polonia presenta en la actualidad una serie de contradicciones fundamentales que, al desarrollarse ulteriormente, deben crear inevitablemente en Polonia una situación revolucionaria inmediata. Estas contradicciones pasan por tres líneas principales: la línea de la cuestión obrera, la línea de la cuestión campesina, la línea de la cuestión nacional. Todas estas contradicciones pueden estallar inmediatamente y provocar una explosión si Polonia se lanza a una aventura bélica, si no logra establecer relaciones de buena vecindad con los Estados que la rodean. ¿Puede Piłsudski, puede el heterogéneo grupo de Piłsudski resolver estas contradicciones? ¿Puede ese grupo pequeñoburgués resolver la cuestión obrera? No, no puede, pues entonces tendría que entrar en un conflicto radical con la clase capitalista, lo cual no puede ni hará en ningún caso, si no quiere perder el apoyo financiero de las grandes potencias. ¿Puede ese grupo resolver la cuestión campesina en el espíritu, por ejemplo, de la confiscación de las tierras de los terratenientes? No, no puede, y no lo hará si no quiere introducir la completa descomposición en el mando del ejército de Piłsudski, compuesto a menudo de pequeños y medianos terratenientes. ¿Puede ese grupo resolver la cuestión nacional en Polonia en el espíritu de conceder la libertad de autodeterminación nacional a las naciones oprimidas: ucranianos, lituanos, bielorrusos, etc.? No, no puede, y no lo hará si no quiere perder toda confianza a ojos de aquellos chovinistas y fascistas de la Gran Polonia que constituyen la fuente principal de existencia moral del grupo de Piłsudski.

¿Qué queda entonces?

Queda una cosa: habiendo vencido militarmente a la fracción de la gran burguesía, someterse políticamente a esa misma fracción e ir a remolque de ella, si, naturalmente, la clase obrera de Polonia y la parte revolucionaria del campesinado polaco no se ponen manos a la obra en un futuro próximo para la transformación revolucionaria del Estado polaco y no expulsan a ambas fracciones de la burguesía polaca —tanto a la fracción de Piłsudski como a la fracción de los de Poznań.

En relación con esto surge la cuestión del Partido Comunista polaco. ¿Cómo pudo suceder que el descontento revolucionario de una parte considerable de los obreros y campesinos de Polonia fuera agua para el molino de Piłsudski y no del Partido Comunista de Polonia? Y sucedió esto, entre otras cosas, porque el Partido Comunista polaco es débil, hasta el último grado débil, porque se debilitó aún más a sí mismo en la lucha en curso con su posición incorrecta respecto a las tropas de Piłsudski, debido a lo cual no pudo ponerse al frente de las masas con ánimo revolucionario.

Hace poco leí en nuestra prensa soviética un artículo del camarada Thälmann[61], miembro del Comité Central del Partido Comunista de Alemania, sobre los asuntos polacos. El camarada Thälmann toca en este artículo la posición de los comunistas polacos, que lanzaron la consigna de apoyo a las tropas de Piłsudski, y critica esta posición como no revolucionaria. Debo reconocer, desafortunadamente, que la crítica dada por el camarada Thälmann es absolutamente correcta. Debo reconocer que nuestros camaradas polacos cometieron en este caso un gravísimo error.

Esto es todo lo que quería comunicarles, camaradas, sobre los asuntos en Inglaterra, en relación con la huelga general, y sobre los últimos acontecimientos en Polonia. (Estruendosos aplausos.)

Zarya Vostoka (Tiflis)

N.° 1197, 10 de junio de 1926