He hablado con Shumski, La conversación fue larga, duró más de dos horas. Ya sabéis que no está contento con la situación en Ucrania. Las razones de su descontento pueden reducirse a dos puntos fundamentales. 1. Shumski considera que la ucranianización avanza con dificultad, que se la considera como una pesada obligación, que se cumple a desgana, dándole largas y más largas. Shumski considera que el desarrollo de la cultura ucraniana y de la intelectualidad ucraniana avanza rápidamente, y que, si no tomamos ese movimiento en nuestras manos, puede dejarnos a un lado, Shumski considera que al frente de ese movimiento tienen que estar hombres que crean en la cultura ucraniana, que conozcan y quieran conocer esa cultura, que apoyen y puedan apoyar el creciente movimiento en pro de la cultura ucraniana. Le disgusta en particular la conducta de las altas esferas del Partido y de los sindicatos en Ucrania, que frenan, a su juicio, la ucranianización. Shumski cree que uno de los pecados capitales de las altas esferas del Partido y de los sindicatos consiste en que éstas no atraen a la labor de dirección del trabajo del Partido y de los sindicatos a comunistas ligados directamente a la cultura ucraniana.

Cree que la ucranianización debe efectuarse ante todo en las filas del Partido y entre el proletariado. 2. Shumski cree que, para subsanar estas deficiencias, es preciso ante todo modificar la composición de las altas esferas del Partido y de los Soviets con vistas a su ucranianización, que sólo en ese caso se podrá conseguir un viraje hacia la ucranianización entre nuestros cuadros de funcionarios de Ucrania. Shumski propone que se nombre a Griñkó Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y a Chubar Secretario Político del C.C. del P.C.(b) de Ucrania, que se mejore la composición del Secretariado y del Buró Político, etc. Shumski cree que, sin estos cambios u otros semejantes, él no podrá trabajar en Ucrania. Dice que, si el C.C. insiste, está dispuesto a regresar a Ucrania, aun en el caso de que no se modifiquen las actuales condiciones de trabajo, pero que está convencido de que el resultado será nulo. Le disgusta en particular el trabajo de Kaganóvich.

Considera que Kaganóvich ha logrado encarrilar la labor de organización del Partido, pero cree que el predominio de los métodos de organización en la labor del camarada Kaganóvich hace imposible un trabajo normal. Shumski asegura que las consecuencias de esta presión organizativa aplicada por el camarada Kaganóvich en su labor, que las consecuencias del método de relegar a segundo plano a los organismos superiores de los Soviets y a sus dirigentes se verán muy pronto, y que no responde de que estas consecuencias no adquieran la forma de un conflicto serio. Mi opinión a este respecto: 1. Las declaraciones de Shumski relativas al primer punto contienen algunas ideas acertadas. Es cierto que en Ucrania ha comenzado y se desarrolla un amplio movimiento en pro de una cultura y una vida social ucranianas. Es cierto que no se puede en modo alguno dejar este movimiento en manos de elementos que nos sean extraños. Es cierto que en Ucrania muchos comunistas no comprenden el sentido ni la importancia de este movimiento y, por ello, no adoptan las medidas precisas para hacerse con él.

Es cierta la necesidad de lograr un viraje en nuestros cuadros de funcionarios del Partido y de los Soviets, que todavía están imbuidos de un espíritu de ironía y escepticismo frente al problema de la cultura y la vida social ucranianas. Es cierta la necesidad de seleccionar minuciosamente y forjar cuadros capaces de hacerse con el nuevo movimiento en Ucrania. Todo esto es cierto. Pero, al mismo tiempo, Shumski comete, por lo menos, dos graves errores. En primer término, confunde la ucranianización de nuestro aparato del Partido y de otros aparatos con la ucranianización del proletariado. Se puede y se debe ucranianizar nuestros aparatos del Partido, del Estado, etc., que están al servicio de la población, observando, al hacerlo, un determinado ritmo. Pero no se puede ucranianizar al proletariado desde arriba. No se puede obligar a las masas obreras rusas a renunciar al idioma ruso y a la cultura rusa y a reconocer como propios la cultura y el idioma ucranianos. Esto se halla en contradicción con el principio del libre desarrollo de las nacionalidades. Esto no sería libertad nacional, sino una forma particular de opresión nacional. Es indudable que la composición del proletariado ucraniano irá

cambiando a medida del desarrollo industrial de Ucrania, a medida que a la industria vayan afluyendo obreros ucranianos procedentes de las aldeas vecinas. Es indudable que la composición del proletariado ucraniano se irá ucranianizando, al igual que la composición del proletariado de Letonia y Hungría, pongamos por ejemplo, que en un tiempo tenía un carácter alemán, se ha ido después letonizando y magiarizando. Pero éste es un proceso lento, espontáneo, natural. Intentar sustituir este proceso espontáneo por la ucranianización violenta del proletariado desde arriba, significa realizar una política utópica y perjudicial, capaz de provocar en Ucrania un chovinismo antiucraniano entre las capas no ucranianas del proletariado. Me parece que Shumski interpreta erróneamente la ucranianización y no tiene presente este último peligro. En segundo término, subrayando con todo acierto el carácter positivo del nuevo movimiento que tiene lugar en Ucrania en pro de la cultura y la vida social ucranianas, Shumski no percibe, sin embargo, los puntos negativos de este movimiento.

Shumski no ve que, dada la debilidad en Ucrania de los cuadros comunistas nativos, este movimiento, frecuentemente dirigido por intelectuales no comunistas, puede adoptar a veces el carácter de una lucha por aislar la cultura y la vida social ucranianas del conjunto de la cultura y la vida social soviéticas, el carácter de una lucha contra “Moscú” en general, contra los rusos en general, contra la cultura rusa y su suprema conquista: el leninismo. No voy a entretenerme en demostrar que este peligro es cada vez más real en Ucrania. Sólo quisiera decir que incluso ciertos comunistas ucranianos no se hallan libres de estos defectos. Me refiero a un hecho de todos sabido, como es el artículo del conocido comunista Jvilevói, aparecido en la prensa ucraniana. Su exigencia de “desrusificar inmediatamente al proletariado” en Ucrania; su opinión de que “la poesía ucraniana debe huir lo más rápidamente posible de la literatura rusa y de su estilo”; su declaración de que “las ideas del proletariado nos son suficientemente conocidas sin el arte de Moscú”; su entusiasmo por no se sabe qué papel mesiánico de la “joven” intelectualidad ucraniana; su intento ridículo y antimarxista de separar la cultura de la política; todo esto y otras muchas cosas análogas suenan ahora (¡y no pueden menos de sonar!) de un modo más que extraño en boca de un comunista ucraniano.

Mientras los proletarios de la Europa Occidental y sus Partidos Comunistas están llenos de simpatía por “Moscú”, por esta ciudadela del movimiento revolucionario internacional y del leninismo, mientras los proletarios de la Europa Occidental miran con entusiasmo la bandera que ondea en Moscú, el comunista ucraniano Jvilevói no tiene nada que decir en favor de “Moscú”, como no sea invitar a los hombres públicos ucranianos a huir de “Moscú” “lo más rápidamente posible” ¡Y eso se llama internacionalismo! ¿Qué se puede decir de otros intelectuales ucranianos del campo no comunista, si los comunistas empiezan a hablar, y no sólo a hablar, sino también a escribir en nuestra prensa soviética con el lenguaje de Jvilevói? Shumski no comprende que sólo es posible hacerse con el nuevo movimiento que tiene lugar en Ucrania en pro de una cultura ucraniana luchando contra los extremismos de Jvilevói en las filas comunistas. Shumski no comprende que sólo luchando contra estos extremismos es posible convertir la cultura y la vida social ucranianas, que están en ascenso, en una cultura y una vida social soviética. 2. Tiene razón Shumski al decir que en Ucrania las altas esferas dirigentes (las del Partido y otras) tienen que ser ucranianas. Poro se equivoca en cuanto al ritmo. Y eso es hoy lo principal. Shumski se olvidado que, para esa empresa, faltan todavía cuadros marxistas puramente ucranianos.

Se olvida de que esos cuadros no se pueden forjar artificialmente. Se olvida de que esos cuadros sólo pueden surgir en el curso del trabajo, y de que, para ello, se requiere tiempo... ¿Qué significaría nombrar ahora a Grinkó Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo? ¿Cómo interpretarían este hecho el Partido en su conjunto y, en particular, los cuadros del partido? ¿No sería interpretado en el sentido de que vamos rumbo a una reducción del peso específico del Consejo de Comisarios del Pueblo? Porque no se puede ocultar al Partido que Grinkó lleva mucho menos tiempo en el Partido y en el movimiento revolucionario que Chubar. ¿Acaso, podemos dar ese paso ahora, en esta fase de reanimación de los Soviets y de elevación del peso especifico de los organismos soviéticos? ¿No sería mejor que, para beneficio de la causa y para beneficio del propio Griñkó, renunciemos por ahora a tales planes? Yo soy partidario de que se refuercen con elementos ucranianos el Secretariado y el Buró Político del C.C. del P.C.(b) de Ucrania y las altas esferas de los Soviets. Pero no se pueden presentar las cosas como si en los organismos de dirección del Partido y de los Soviets no hubiese ucranianos. ¿Y Skrípnik y Zatonski? ¿Y Chubar y Petrovski? ¿Y Griñkó y Shumski? ¿Acaso no son ucranianos? El error de Shumski consiste en que, con una perspectiva acertada, no tiene en cuenta el ritmo. Y el ritmo es ahora lo principal. Con saludos comunistas, J. Stalin. 26-IV-1926.

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