14 de enero de 1927. Camaradas: No tenía la intención de hablar. No pensaba hacerlo, porque todo cuanto había que decir ante la Conferencia lo han dicho ya otros camaradas; no hay nada nuevo que añadir y las repeticiones no tienen sentido. Sin embargo, como lo piden varias delegaciones, tendré que decir unas palabras. ¿En qué consiste lo principal y lo característico de la situación de nuestro país, si miramos la cosa desde el punto de vista de su gobernación, desde el punto de vista de la dirección de todo nuestro trabajo de edificación? Lo principal y lo característico es que el Partido ha sabido encontrar una política acertada, que la línea principal del Partido ha resultado acertada y que sus directivas son viables. Lenin decía: Diez o veinte años de política acertada con relación al campesinado, y tendremos asegurada la victoria. ¿Qué significa esto? Esto significa que en el momento histórico actual lo más importante para nosotros es el problema de las relaciones entre el proletariado y el campesinado. Y nuestra labor práctica, nuestro trabajo, la actividad del Partido muestran que éste ha sabido encontrar la solución acertada del problema. ¿Qué se necesita para que la política del Partido sea acertada en esta cuestión fundamental? Para eso se necesita, en primer término, que la política del Partido asegure la ligazón, la alianza entre la clase obrera y el campesinado. Para eso se necesita, en segundo término, que la política del Partido asegure la dirección del proletariado dentro de esa alianza, dentro de esa ligazón. Para asegurar la ligazón, se necesita que nuestra política financiera, en general, y nuestra política fiscal, en particular, correspondan a los intereses de las masas trabajadoras; que tengamos una política de precios justa, que responda a los intereses de la clase obrera y del campesinado; que el cooperativismo se extienda sistemáticamente, día tras día, tanto en la ciudad como, particularmente, en el campo. Opino que en este sentido vamos por buen camino. En el caso contrario, tendríamos las más graves complicaciones. No diré que no tropecemos con dificultades en este terreno.

Las hay, y muy considerables. Pero las vamos venciendo. Y las vamos venciendo porque nuestra política es acertada en líneas generales. ¿Y qué se necesita para asegurar que el proletariado dirija al campesinado? Para ello se necesita la industrialización del país. Para ello se necesita que nuestra industria socialista crezca y se robustezca. Para ello se necesita que nuestra industria socialista en desarrollo lleve tras de sí a la agricultura. Lenin decía: cada fábrica nueva fortalece tanto las posiciones de la clase obrera en cuanto a la dirección del campo por ella, que no tenemos por qué temer la fuerza ciega del elemento pequeñoburgués. Esto lo dijo en 1921. Desde entonces han pasado cinco años, período en el que nuestra industria ha crecido, en el que han aparecido nuevas fábricas. Y resulta que cada fábrica nueva es para el proletariado una nueva fortaleza que le asegura la posibilidad de dirigir a las masas de millones de campesinos. Ya veis que también en esta esfera ha sabido el Partido encontrar la política acertada.

No diré que no tropecemos con dificultades en este terreno. Las hay, naturalmente, pero no las tememos y las vamos venciendo, pues nuestra política es acertada en lo fundamental. Se dice que el Poder de los Soviets es el más estable de todos los gobiernos existentes en el mundo. Eso es cierto. ¿A qué se debe? Se debe a que la política del Poder Soviético es la única política acertada. ¿Pero basta tan sólo con una política acertada para vencer todas y toda clase de dificultades que se levantan en nuestro camino? No, no basta. Para eso se necesitan, por lo menos, otras dos condiciones. Primera condición. Es necesario, ante todo, que la política acertada que el Partido traza sea aplicada de veras, sea llevada a la práctica plena e íntegramente. Claro está que lo primero de todo es tener una política acertada. Pero si esa política no se aplica, si es desvirtuada en su aplicación práctica, ¿qué puede dar de sí? Ocurre a veces que la política es acertada, pero no se aplica, o, si se aplica, no es como debiera. Ahora se dan entre nosotros muchos casos así. A

tales casos se refería Lenin, cuando dijo ante el XI Congreso, en su último informe: Nuestra política es acertada, pero esto no basta; por eso, el problema consiste ahora en encarrilar debidamente la selección de los cuadros y en organizar el control de la ejecución práctica. Selección de los cuadros y control de la ejecución práctica: en eso hacía Lenin hincapié en su último informe. Creo que esa indicación de Lenin la debemos tener presente en todo el período de nuestro trabajo de edificación. Para dirigir la edificación, no basta con tener directivas acertadas; para eso es necesario, además, colocar en los puestos dirigentes de nuestra labor de edificación soviética, económica, cooperativa, etc. a personas que comprendan el sentido y la importancia de esas directivas, que sean capaces de llevarlas a la práctica concienzudamente y con honradez, que vean en el cumplimiento de esas directivas no una simple formalidad, sino una cuestión de honor, su deber supremo para con el Partido y el proletariado. Así es como se debe comprender la consigna de Lenin de selección acertada de los cuadros y de control de la ejecución práctica. Sin embargo, entre nosotros se dan casos diametralmente opuestos. A primera vista parece que todo aceptan las indicaciones de los organismos superiores del Partido y del Poder Soviético, pero en la práctica se les da el carpetazo y se sigue aplicando una política completamente distinta.

¿No es, acaso, cierto que algunos dirigentes de determinados organismos económicos, cooperativos, etc. dan el carpetazo a las acertadas indicaciones del Partido y siguen marchando por la senda trillada de antes? Los organismos centrales del Partido y del Poder Soviético, por ejemplo, deciden que la rebaja de los precios al por menor es una tarea inmediata de nuestra política; pero numerosos dirigentes de las cooperativas y del comercio en general cierran los ojos a ese acuerdo y prefieren ignorarlo: ¿cómo debemos calificar este hecho? ¿Qué es eso sino quebrantar una política acertada, de cuyo riguroso cumplimiento depende la suerte de la ligazón, la suerte de la alianza de los obreros y los campesinos, la suerte del Poder Soviético? A esos casos, precisamente, se refería Lenin, cuando dijo: Nuestra línea es acertada, pero la máquina no se mueve en la dirección que debiera. ¿Y cómo explicar esa divergencia entre la línea y la máquina? Eso se explica porque quienes constituyen la máquina, quienes forman el aparato no son siempre como debían de ser. Por eso, la selección acertada de los cuadros y el control de la ejecución práctica es ahora una tarea inmediata del Partido y del Poder Soviético. Por eso, el Partido debe vigilar atentamente para que los principales cuadros de nuestro trabajo de edificación sean seleccionados desde el punto de vista de una concienzuda aplicación de la política del Partido y del Poder Soviético.

Segunda condición. Pero la cosa no termina ahí, naturalmente. Además, es necesario mejorar la dirección de las masas por el Partido, facilitando así la incorporación de las amplias masas de obreros, y también de campesinos, a toda nuestra labor de edificación. Lo primero es, claro está, asegurar la dirección por el proletariado. Pero éste expresa su voluntad de dirigir a través del Partido. Es imposible dirigir la edificación con un mal partido al frente. Para que el proletariado pueda dirigir, su Partido debe encontrarse a la altura de su misión de dirigente supremo de las masas. ¿Y qué hace falta para ello? Para ello hace falta que la dirección del Partido no sea una dirección formalista, sobre el papel, sino real. Para ello hace falta que la dirección del Partido tenga la máxima flexibilidad. Se dice que, si no se movilizan las amplias masas de la clase obrera, no podremos triunfar en el frente de nuestra edificación. Eso es completamente cierto. Pero ¿qué significa? Significa que, para lograr que las amplias masas se incorporen a nuestra labor de edificación, hace falta dirigirlas acertadamente, con flexibilidad, sin precipitaciones. Pero ¿quién debe dirigir a las masas? Las masas deben ser dirigidas por el Partido. Pero el Partido no podrá hacerlo si no tiene en cuenta los cambios que se han producido en los últimos años entre los obreros y los campesinos.

Ahora no se puede ya dirigir al modo de antes, sólo mediante disposiciones e indicaciones. Ha pasado el tiempo de esa dirección. Ahora, una mera dirección formalista únicamente puede irritar. ¿Por qué? Porque la actividad de la clase obrera es mayor, han aumentado las demandas de la clase obrera, los obreros son más sensibles a los defectos de nuestro trabajo y se han hecho más exigentes. ¿Es bueno eso? Claro que sí. Eso es lo que nosotros hemos querido siempre. Pero de ahí se desprende que dirigir a la clase obrera se va haciendo más difícil, que la dirección debe adquirir un carácter más flexible. Antes, dabas un pisotón, y la cosa no pasaba a mayores. ¡Ahora no es lo mismo, camaradas! Ahora se necesita la atención máxima incluso para las pequeñeces más insignificantes, pues la vida de los obreros se compone precisamente de esas pequeñeces. Lo mismo se debe decir de los campesinos. El campesino de ahora no es el de hace dos o tres años. También él tiene mayor sensibilidad y es más consciente. Lee los artículos de los llamados dirigentes, los comenta, desmenuza los actos de cada uno de los dirigentes y se forma su propia opinión acerca de ellos. No penséis que es estúpido, como a veces nos lo pintan algunos listos. No, camaradas, el campesino es más listo que muchos listos de la ciudad. Y quiere que se le trate con mayor atención.

Como en el caso de los obreros, no es posible limitarse a simples resoluciones. Como en el caso de los obreros, hay que explicar las indicaciones del Partido y del Poder Soviético, explicarlas con paciencia y atención, para que la gente comprenda lo que el Partido quiere y a dónde lleva al país. Si no lo han comprendido hoy, tomaos la molestia de explicarlo mañana. Si no lo comprenden mañana, tomaos la molestia de explicarlo pasado mañana. De otra manera, no hay ni puede haber ahora dirección alguna. Esto no significa, claro está, que debamos abandonar la dirección. No significa tal cosa. La masa no puede estimar al Partido si éste abandona la dirección, si deja de dirigir. Las mismas masas desean que se las dirija y buscan una dirección firme. Pero las masas quieren que la dirección no sea formalista, que no sea dirección sobre el papel, sino una dirección real y comprensible. Para eso, precisamente, se necesita una explicación paciente de los fines y las tareas, de las directivas y las indicaciones del Partido y del Poder Soviético. Ni se puede abandonar la dirección, ni se la puede debilitar. Al contrario, la dirección debe ser reforzada. Mas, para ello, se requiere que la propia dirección sea más flexible y que el Partido posea la sensibilidad máxima hacia las demandas de las masas. Termino, camaradas. Nuestra política es acertada, y ahí reside nuestra fuerza. Mas, para que nuestra política no penda en el aire, se necesitan, al menos, dos condiciones. Primera: selección acertada de los cuadros y control de la ejecución práctica. Segunda: flexibilidad en la dirección de las masas y sensibilidad máxima hacia las demandas de las masas, sensibilidad y otra vez sensibilidad. (Grandes y prolongados aplausos, ovación de toda la sala; todos, en pie, cantan “La Internacional”.)

Publicado el 16 de enero de 1927 en el núm. 13 de “Pravda”.