1 de marzo de 1927. (Resumen) Camaradas: Por lo general, los oradores “deben” hablar sin descanso para que otros les escuchen sin descanso también. Opino que esta vez podríamos cambiar un poco. Me limitaré a contestar a las preguntas que han hecho por escrito algunos camaradas. Me parece que la cosa resultará así más animada. Si estáis de acuerdo, pondré manos a la obra. La mayoría de las preguntas giran en torno a un problema: ¿tendremos guerra este año, en la primavera o el otoño de este año? Respondo: no tendremos guerra ni en la primavera ni en el otoño de este año. No tendremos guerra este año, pero no porque haya desaparecido todo peligro de guerras imperialistas. No, el peligro de guerra subsiste. No habrá guerra este año porque nuestros enemigos no están preparados para ella; porque nuestros enemigos son los primeros en temer los resultados de una guerra; porque las obreros del Occidente no quieren hacer la guerra a la U.R.S.S., y combatir sin los obreros es imposible; en fin, porque mantenemos una firme e inconmovible política de paz, y esa circunstancia dificulta la guerra contra nuestro país.

El camarada Stalin argumenta esta afirmación con datos de nuestras relaciones con las grandes y pequeñas potencias del Occidente; a continuación, pasa a la política de la U.R.S.S. en el Oriente. Se nos dice que la política de amistad que nosotros seguimos respecto a los pueblos dependientes y las colonias del Oriente entraña determinadas concesiones por nuestra parte, lo cual nos acarrea ciertos gastos. Eso es verdad, naturalmente. Pero cualquier otra política sería para nosotros inaceptable, no sólo desde el punto de vista de los principios, sino desde el punto de vista de los gastos de política exterior. Como principio, no podemos aplicar otra política que la de amistad, pues ello se desprende de la naturaleza misma del Poder Soviético, que rompió las cadenas del imperialismo y ha construido sobre esta base su poderío. Por eso no me extenderé al particular. Veamos el asunto desde el punto de vista de los gastos de política exterior. Las fronteras de nuestro Estado en el Oriente, con China, Afganistán, Persia y Turquía, se extienden, como es sabido, a miles de verstas.

En esas fronteras tenemos ahora poquísimas tropas, que se encuentran en relaciones amistosas con la población de los Estados limítrofes; y podemos permitirnos esa economía gigantesca en la protección de las fronteras porque seguimos una política de amistad con esos Estados. Pero supongamos que las relaciones con esos países no fuesen amistosas, sino hostiles, como ocurría en el período de la autocracia rusa. En tal caso nos veríamos obligados a mantener en estas fronteras varios ejércitos armados de pies a cabeza y buen número de buques de guerra en el Extremo Oriente, como hacen ahora ciertos Estados imperialistas. ¿Y qué significa sostener varios ejércitos en esas fronteras y la flota correspondiente? Eso significa invertir todos los años en esos ejércitos y esa flota cientos de millones de rublos del pueblo. También esto sería una política oriental. Pero sería la política más imprevisora, más despilfarradora y más peligrosa de cuantas imaginarse puedan. Por eso me parece que nuestra política en el Oriente es la más acertada desde el punto de vista de los principios, la más segura desde el punto de vista de los resultados políticos y la más económica de todas cuantas se pudieran aplicar en esa zona. No me refiero ya a que esa política nos asegura una paz duradera en el Oriente, no sólo por lo que hace a las colonias y los países dependientes, sino también por lo que al Japón concierne. Después de varios oradores, que intervienen en la discusión sobre el mandato a los diputados, el camarada Stalin vuelve a hablar para responder a nuevas preguntas por escrito de los presentes. Camaradas: Permitidme que responda a nuevas preguntas. En todas ellas se perfilan dos cuestiones: la posible ruptura de las relaciones diplomáticas anglo-soviéticas y las principales realizaciones de nuestra edificación económica. ¿Romperá Inglaterra el tratado comercial de 1921? ¿Romperá las relaciones diplomáticas con la U.R.S.S.? No está excluido, naturalmente, que Inglaterra rompa las relaciones. Pero lo veo poco probable. Y es poco probable porque la ruptura sólo puede

ocasionarle a Inglaterra desventajas. Y eso sin contar que, con la política de paz de la U.R.S.S., esa ruptura cargaría sobre el gobierno inglés la responsabilidad más grave de cuantas ahora pueden recaer sobre él... ¿Cuál es nuestra realización principal en el terreno de la edificación económica? Se nos habla de defectos de nuestra edificación. Se dice que esos defectos no han sido todavía eliminados. Todo eso es cierto, camaradas. Nuestros defectos son muchos, lo mismo en las fábricas que en nuestro aparato administrativo. Sería extraño que no los hubiera, con el gigantesco trabajo que hemos tomado sobre nosotros. Pero no se trata de esos defectos. De lo que se trata ahora es de que hemos sabido organizar con nuestras propias fuerzas la industrialización de nuestro país. ¿Qué significa industrializar nuestro país? Significa convertir nuestro país agrario en país industrial. Significa organizar y desarrollar nuestra industria sobre una nueva base técnica. No se ha visto aún en el mundo que un inmenso país agrario y atrasado se convierta en industrial sin desvalijar colonias, sin desvalijar otros países o sin grandes empréstitos y créditos exteriores a largo plazo. Recordad la historia del desarrollo industrial de Inglaterra, de Alemania y de Norteamérica, y comprenderéis que la cosa es así.

Incluso Norteamérica, el más poderoso de todos los países capitalistas, se vio obligada después de la guerra civil a invertir nada menos que 30 ó 40 años para montar su industria mediante empréstitos y créditos exteriores a largo plazo y saqueando los Estados e islas adyacentes. ¿Podemos ir nosotros por ese “probado” camino? No, no podemos, pues el Poder Soviético es incompatible por naturaleza con los saqueos coloniales y no hay fundamento para esperar grandes empréstitos y créditos a largo plazo. La vieja Rusia, la Rusia de los zares, iba a la industrialización por otro camino: recurría a empréstitos leoninos y otorgaba concesiones desventajosas en las ramas principales de nuestra industria. Ya sabéis que casi toda la cuenca del Donetz, más de la mitad de la industria de Petersburgo, el petróleo de Bakú y numerosos ferrocarriles, sin hablar ya de la industria de la electricidad, estaban en manos de capitalistas extranjeros. Ese era un camino de industrialización a costa de los pueblos de la U.R.S.S. y contra los intereses de la clase obrera. Está claro que no podemos ir por ese camino: no luchamos contra la opresión del capitalismo, no derrocamos el capitalismo para uncirnos después voluntariamente a su yugo.

Queda un camino, el camino de las acumulaciones propias, el camino de las economías, el camino de la administración prudente de la economía, a fin de acumular los recursos necesarios para la industrialización de nuestro país. Ni que decir tiene que la tarea es difícil. Pero, a pesar de las dificultades, ya la estamos cumpliendo. Sí, camaradas, a los cuatro años de terminar la guerra civil estamos ya cumpliendo esa tarea. Ahí está el quid, camaradas; en eso consisten nuestras principales realizaciones. Este año destinamos a las necesidades de la industria mil trescientos millones de rublos. Con ese dinero construimos nuevas fábricas, reparamos las viejas, ponemos en marcha nuevos recursos técnicos, multiplicamos las filas de la clase obrera. De ese modo empezamos ya a sentar los cimientos de la nueva industria sobre la base de nuestras acumulaciones propias. De ese modo hemos conseguido empezar a levantar con nuestros propios recursos el grandioso edificio de la industria nueva, de la industria socialista. Esta es la principal de nuestras realizaciones, camaradas. Se dice que ese grandioso edificio tiene algunos defectos, que el enlucido no está bien, que en algunos sitios se descola el empapelado, que aquel rincón no se ha limpiado aún de basura, etc.

Todo eso es cierto. Pero ¿acaso se trata de eso y acaso es eso lo principal? ¿Se levanta o no se levanta el edificio grandioso de la nueva industria? Sí, se levanta. Y ese edificio ¿se construye con nuestros propios recursos o no? Sí, se construye con nuestros propios recursos. ¿No está claro que en la edificación económica, en la industrialización, ya estamos consiguiendo lo más importante y fundamental? Ahí reside la base de nuestras realizaciones. Ciertos camaradas se inclinan a atribuir esos éxitos a nuestro Partido únicamente. Eso, propiamente, explica sus desmesurados elogios al Partido. A ello obedece también que algunos comunistas sean propensos a la jactancia y al engreimiento, pecadillos que, por desgracia, todavía se dan entre nosotros. Naturalmente, la política de nuestro Partido, acertada en lo fundamental, ha desempeñado un papel enorme en el logro de esos éxitos. Pero la política de nuestro Partido nada valdría si no tuviese el apoyo verdadero y entusiasta de los muchos millones de obreros sin-partido. Nuestro Partido es fuerte, precisamente, porque tiene el apoyo de las masas obreras sin-partido. Eso no debe olvidarse, camaradas. (Clamorosos aplausos.)

Publicado el 3 de marzo de 1927 en el núm. 61 de “Pravda”.