I SOBRE LA AMENAZA DE GUERRA

Difícilmente se puede dudar de que la cuestión fundamental de la actualidad es la cuestión de la amenaza de una nueva guerra imperialista. No se trata de un indefinido e incorpóreo "peligro" de nueva guerra. Se trata de una amenaza real y efectiva de nueva guerra en general, de guerra contra la URSS en particular.

El reparto del mundo y de las esferas de influencia realizado como resultado de la última guerra imperialista ha tenido ya tiempo de "envejecer". Han avanzado al primer plano algunos países nuevos (América, Japón). Retroceden algunos países viejos (Inglaterra). Revive y crece, fortaleciéndose cada vez más, la Alemania capitalista, dada por enterrada en Versalles. Asciende la Italia burguesa, mirando con envidia a Francia.

Se libra una lucha furiosa por los mercados de venta, por los mercados de exportación de capital, por las rutas marítimas y terrestres hacia esos mercados, por un nuevo reparto del mundo. Crecen las contradicciones entre América e Inglaterra, entre Japón y América, entre Inglaterra y Francia, entre Italia y Francia.

Crecen las contradicciones dentro de los países capitalistas, irrumpiendo de vez en cuando en forma de acciones revolucionarias abiertas del proletariado (Inglaterra, Austria).

Crecen las contradicciones entre el mundo imperialista y los países dependientes, irrumpiendo a cada paso en forma de conflictos abiertos y explosiones revolucionarias (China, Indonesia, Norte de África, América del Sur).

Pero el crecimiento de todas estas contradicciones significa el crecimiento de la crisis del capitalismo mundial, a pesar del hecho de la estabilización, una crisis incomparablemente más profunda que la crisis anterior a la última guerra imperialista. La existencia y la prosperidad de la URSS, país de la dictadura proletaria, no hace sino profundizar y agudizar esta crisis.

No es de extrañar que el imperialismo se prepare para una nueva guerra, viendo en ella el único camino para resolver esta crisis. El crecimiento inaudito de los armamentos, el rumbo general de los gobiernos burgueses hacia los métodos fascistas de "gobierno", la cruzada contra los comunistas, la furiosa persecución de la URSS, la intervención directa en China: todo esto son distintas facetas de un mismo fenómeno, la preparación de una nueva guerra por un nuevo reparto del mundo.

Ellos, los imperialistas, hace tiempo que se habrían peleado entre sí, de no ser por los partidos comunistas, que libran una lucha decidida contra las guerras imperialistas; de no ser por la URSS, cuya política de paz constituye un pesado lastre en las piernas de los promotores de la nueva guerra; de no ser por el temor de debilitarse mutuamente y facilitar con ello una nueva brecha en el frente imperialista.

Pienso que esta última circunstancia, es decir, el temor de debilitarse mutuamente y facilitar con ello una nueva brecha en el frente imperialista, es uno de los factores importantes que contienen por el momento la tendencia a la pelea mutua.

De ahí la "natural" aspiración de ciertos círculos imperialistas de relegar a un segundo plano las contradicciones en su propio campo, enmascararlas temporalmente, crear un frente único de imperialistas y marchar contra la URSS, a fin de resolver la crisis creciente del capitalismo, al menos parcialmente, al menos temporalmente, a costa de la URSS.

El hecho de que la iniciativa en este asunto, en la creación de un frente único de imperialistas contra la URSS, la haya asumido la burguesía inglesa y su estado mayor de combate, el partido conservador, no debe representar para nosotros nada inesperado. El capitalismo inglés siempre fue, es y será el más enconado estrangulador de las revoluciones populares. Desde la gran revolución burguesa francesa de finales del siglo XVIII hasta la revolución china que se está produciendo actualmente, la burguesía inglesa siempre ha estado y sigue estando en las primeras filas de los aplastadores del movimiento de liberación de la humanidad. Los soviéticos nunca olvidarán las violencias, saqueos e invasiones militares de que fue víctima nuestro país hace pocos años por obra de los capitalistas ingleses. ¿Qué tiene de extraño que el capital inglés y su partido conservador emprendan de nuevo la tarea de encabezar la guerra contra el foco mundial de la revolución proletaria, contra la URSS?

Pero la burguesía inglesa no gusta de guerrear con sus propias manos. Siempre ha preferido hacer la guerra con manos ajenas. Y a veces le ha conseguido efectivamente encontrar tontos dispuestos a sacar para ella las castañas del fuego.

Así fue durante la gran revolución burguesa francesa, cuando la burguesía inglesa consiguió crear una alianza de Estados europeos contra la Francia revolucionaria.

Así fue después de la Revolución de Octubre en la URSS, cuando la burguesía inglesa, tras atacar a la URSS, intentó crear la "alianza de catorce Estados" y cuando, pese a ello, fue expulsada de los confines de la URSS.

Así es ahora en China, donde la burguesía inglesa intenta crear un frente único contra la revolución china.

Es perfectamente comprensible que el partido conservador, preparándose para la guerra con la URSS, lleve ya varios años realizando un trabajo preparatorio para crear contra la URSS una "santa alianza" de grandes y pequeños Estados.

Si antes, hasta hace poco, este trabajo preparatorio de los conservadores se realizaba de forma más o menos encubierta, ahora, en los últimos tiempos, han pasado a las "acciones directas", asestando a la URSS golpes abiertos e intentando montar a la vista de todos la famosa "santa alianza".

El primer golpe abierto fue asestado por el gobierno conservador de Inglaterra en Pekín, con el asalto a la embajada soviética. Este asalto perseguía al menos dos objetivos. Debía descubrir documentos "terribles" del trabajo "subversivo" de la URSS, que debían crear una atmósfera de indignación general y el terreno para un frente único contra la URSS. Debía crear un conflicto militar con el gobierno de Pekín y arrastrar a la URSS a una guerra con China.

Este golpe fracasó, como es sabido.

El segundo golpe abierto fue asestado en Londres con el asalto a la Arcos y la ruptura con la URSS. Este golpe tenía por objetivo crear un frente único contra la URSS, iniciar un bloqueo diplomático de la URSS en toda Europa y provocar una serie de rupturas de relaciones contractuales con la Unión Soviética.

Este golpe también fracasó, como es sabido.

El tercer golpe abierto fue asestado en Varsovia mediante la organización del asesinato de Voikov. El asesinato de Voikov, organizado por agentes del partido conservador, debía desempeñar, según la intención de sus autores, el papel del asesinato de Sarajevo, arrastrando a la URSS a un conflicto militar con Polonia.

Este golpe también parece haber fracasado.

¿Cómo explicar que estos golpes no hayan dado por el momento el efecto que esperaban de ellos los conservadores?

Por los intereses contradictorios de los diversos Estados burgueses, muchos de los cuales están interesados en mantener las relaciones económicas con la URSS.

Por la política pacífica de la URSS, llevada firme e inquebrantablemente por el Gobierno Soviético.

Por la falta de disposición de los Estados dependientes de Inglaterra, ya se trate del Estado de Zhang Zuolin o del Estado de Piłsudski, a servir de instrumento incondicional de los conservadores en perjuicio de sus propios intereses.

Los respetables lores, al parecer, no quieren comprender que cada Estado, por más insignificante que sea, tiende a considerarse una cierta unidad que procura vivir su propia vida y que no desea jugarse su existencia por los bellos ojos de los conservadores. Los conservadores ingleses no tuvieron en cuenta todas estas circunstancias.

¿Significa esto que no habrá más golpes de este tipo? No, no significa. Al contrario, esto significa únicamente que los golpes se repetirán con nueva fuerza.

Estos golpes no pueden considerarse casuales. Han surgido naturalmente de toda la situación internacional, de la posición de la burguesía inglesa tanto en la "metrópoli" como en las colonias, de la posición del partido conservador como partido gobernante.

Toda la actual situación internacional, todos los hechos del ámbito de las "operaciones" del gobierno inglés contra la URSS —tanto que organiza un bloqueo financiero de la URSS, como que mantiene conversaciones secretas con las potencias sobre la política contra la URSS, como que subvenciona "gobiernos" emigrados de Ucrania, Georgia, Azerbaiyán, Armenia, etc. con vistas a organizar insurrecciones en estos países de la URSS, como que financia grupos de espionaje y terrorismo que vuelan puentes, incendian fábricas y aterrorizan a los representantes de la URSS—, todo esto nos dice con certeza que el gobierno conservador inglés ha tomado firme y decididamente el camino de organizar la guerra contra la URSS. Y en ningún caso se puede considerar excluido que los conservadores puedan lograr, en determinadas condiciones, montar algún bloque militar contra la URSS.

¿Cuáles son nuestras tareas?

La tarea consiste en dar la voz de alarma en todos los países de Europa sobre la amenaza de una nueva guerra, elevar la vigilancia de los obreros y soldados de los países capitalistas y preparar a las masas, prepararlas incesantemente para recibir pertrechadas de lucha revolucionaria todos y cada uno de los intentos de los gobiernos burgueses de organizar una nueva guerra.

La tarea consiste en clavar en la picota a todos aquellos dirigentes del movimiento obrero que "consideran" la amenaza de nueva guerra una "invención", que arrullan a los obreros con mentiras pacifistas, que cierran los ojos ante los preparativos bélicos de la burguesía, pues estas personas quieren que la guerra coja desprevenidos a los obreros.

La tarea consiste en que el Gobierno Soviético siga llevando firme e inquebrantablemente la política de paz, la política de relaciones pacíficas, pese a las salidas provocadoras de nuestros enemigos, pese a los pinchazos contra nuestro prestigio.

Nos provocan y seguirán provocando los provocadores del campo enemigo, afirmando que nuestra política de paz se explica por nuestra debilidad, la debilidad de nuestro ejército. Esto irrita a veces a algunos de nuestros camaradas, propensos a dejarse llevar por la provocación y a exigir la adopción de medidas "enérgicas". Eso es debilidad de nervios. Eso es falta de temple. No podemos ni debemos bailar al son de nuestros adversarios. Debemos seguir nuestro camino, defendiendo la causa de la paz, demostrando nuestra voluntad de paz, desenmascarando las intenciones rapaces de nuestros enemigos y señalándolos como provocadores de la guerra.

Pues solo esa política puede darnos la posibilidad de aglutinar a las masas trabajadoras de la URSS en un solo campamento combatiente, si el enemigo nos impone, o más bien cuando el enemigo nos imponga la guerra.

En cuanto a nuestra "debilidad", o la "debilidad" de nuestro ejército, no es la primera vez que nuestros enemigos se equivocan en esto. Hace unos ocho años, cuando la burguesía inglesa emprendió la intervención contra la URSS y Churchill amenazaba con la marcha de los "catorce Estados", la prensa burguesa también gritaba sobre la "debilidad" de nuestro ejército; sin embargo, todo el mundo sabe que tanto los intervencionistas ingleses como sus aliados fueron expulsados con vergüenza del territorio del país por nuestro victorioso ejército.

No estaría de más que los señores incendiarios de la nueva guerra recordaran esto.

La tarea consiste en elevar la capacidad defensiva de nuestro país, impulsar nuestra economía nacional, mejorar nuestra industria, militar y no militar, elevar la vigilancia de los obreros, campesinos y soldados rojos de nuestro país, templando en ellos la voluntad de defensa de la patria socialista y liquidando la indisciplina que, desgraciadamente, está lejos aún de ser liquidada.

La tarea consiste en fortalecer nuestra retaguardia y depurarla de basura, sin detenerse ante la represión de los más "ilustres" terroristas e incendiarios de nuestras fábricas, pues la defensa de nuestro país es imposible sin una sólida retaguardia revolucionaria.

Recientemente se recibió una protesta de conocidos dirigentes del movimiento obrero inglés, Lansbury, Maxton y Brockway, a propósito del fusilamiento de veinte terroristas e incendiarios de las filas de los príncipes y nobles rusos. No puedo considerar a estos dirigentes del movimiento obrero inglés como enemigos de la URSS. Pero son peores que enemigos.

Son peores que enemigos porque, llamándose amigos de la URSS, facilitan sin embargo con su protesta a los terratenientes rusos y a los espías ingleses la organización de nuevos asesinatos de representantes de la URSS.

Son peores que enemigos porque con su protesta conducen las cosas a que los obreros de la URSS se encuentren desarmados ante sus enemigos encarnizados.

Son peores que enemigos porque no quieren comprender que el fusilamiento de veinte "ilustrísimos" es una medida necesaria de autodefensa de la revolución.

No en vano se ha dicho: "líbranos Dios de tales amigos, que de los enemigos nos ocupamos nosotros mismos".

En cuanto al fusilamiento de los veinte "excelentísimos", que sepan los enemigos de la URSS, tanto los internos como los externos, que la dictadura proletaria en la URSS vive y su mano es firme.

¿Qué decir después de todo esto de nuestra desdichada oposición, en relación con sus nuevos ataques al Partido frente a la amenaza de una nueva guerra? ¿Qué decir de que ella, esa misma oposición, ha encontrado oportuno, con motivo de la amenaza de guerra, intensificar sus ataques contra el Partido? ¿Qué puede haber de bueno en que ella, en vez de agruparse en torno al Partido contra la amenaza exterior, encuentre oportuno aprovechar las dificultades de la situación de la URSS para nuevos ataques contra el Partido? ¿Acaso la oposición está en contra de la victoria de la URSS en las futuras batallas con el imperialismo, en contra de elevar la capacidad defensiva de la Unión Soviética, en contra de fortalecer nuestra retaguardia? ¿O quizá se trata de cobardía ante las nuevas dificultades, de deserción, de deseo de eludir la responsabilidad, encubierto con la algarabía de frases izquierdistas?...

II SOBRE CHINA

Ahora, cuando la revolución en China ha entrado en una nueva fase de desarrollo, podemos hacer cierto balance del camino recorrido y examinar la cuestión de la comprobación de la línea del Comintern en China.

Existen ciertos principios tácticos del leninismo, sin cuya consideración son imposibles tanto la correcta dirección de la revolución como la comprobación de la línea del Comintern en China. Nuestros oposicionistas llevan tiempo olvidados de estos principios. Pero precisamente porque la oposición adolece de olvido, es necesario recordarlos una y otra vez.

Me refiero a los siguientes principios tácticos del leninismo:

a) el principio de la obligatoriedad de tener en cuenta lo nacional-particular y lo nacional-específico en cada país por separado al elaborar las directrices del Comintern para el movimiento obrero de estos países;

b) el principio de la obligatoriedad de que el partido comunista de cada país utilice la más mínima posibilidad de asegurar al proletariado un aliado de masas, aunque sea temporal, vacilante, inseguro, poco fiable;

c) el principio de la obligatoriedad de tener en cuenta la verdad de que para la educación política de las masas de millones no basta la sola propaganda y agitación, que para ello es necesaria la propia experiencia política de las propias masas.

Considero que la toma en consideración de estos principios tácticos del leninismo es la condición necesaria sin la cual es imposible una comprobación marxista de la línea del Comintern en la revolución china.

Examinemos las cuestiones de la revolución china a la luz de estos principios tácticos.

A pesar del crecimiento ideológico de nuestro Partido, en nuestro Partido existe aún, desgraciadamente, un cierto tipo de "dirigentes" que creen sinceramente que se puede dirigir la revolución en China, por así decirlo, por telégrafo, sobre la base de determinadas tesis generales del Comintern, reconocidas por todos, sin tener en cuenta las particularidades nacionales de la economía china, del régimen político chino, de la cultura china, de las costumbres y tradiciones chinas. Estos "dirigentes" se distinguen de los verdaderos dirigentes precisamente en que siempre tienen en el bolsillo dos o tres fórmulas hechas, "válidas" para todos los países y "obligatorias" en todas las circunstancias. Para ellos no existe la cuestión de tener en cuenta lo nacional-particular y lo nacional-específico en cada país. Para ellos no existe la cuestión de vincular las tesis generales del Comintern con las particularidades nacionales del movimiento revolucionario en cada país, de adaptar las tesis generales del Comintern a las particularidades nacional-estatales de los distintos países.

No comprenden que la tarea principal de la dirección ahora, cuando los partidos comunistas han crecido y se han convertido en partidos de masas, consiste en encontrar, captar y combinar hábilmente los rasgos nacional-particulares del movimiento en cada país con las tesis generales del Comintern, a fin de facilitar y hacer prácticamente realizables los objetivos fundamentales del movimiento comunista.

De ahí los intentos de esquematizar la dirección para todos los países. De ahí los intentos de imponer mecánicamente algunas fórmulas generales, sin tener en cuenta las condiciones concretas del movimiento en los distintos países. De ahí los eternos conflictos entre las fórmulas y el movimiento revolucionario en los distintos países, como resultado fundamental de la dirección de estos malos dirigentes.

Nuestros oposicionistas pertenecen precisamente a la categoría de tales malos dirigentes.

La oposición ha oído que en China se produce una revolución burguesa. Sabe además que la revolución burguesa en Rusia se produjo contra la burguesía. De ahí la fórmula hecha para China: abajo toda acción conjunta con la burguesía, viva la salida inmediata de los comunistas del Guomindang (abril de 1926).

Pero la oposición olvidó que China, a diferencia de la Rusia de 1905, es un país semicolonial, oprimido por el imperialismo, que la revolución en China es por ello no simplemente una revolución burguesa, sino una revolución burguesa de tipo antiimperialista, que el imperialismo en China tiene en sus manos los hilos principales de la industria, el comercio y el transporte, que la opresión del imperialismo afecta no solo a las masas trabajadoras de China, sino también a ciertos sectores de la burguesía china, que la burguesía china puede por ello, en determinadas condiciones y durante cierto tiempo, apoyar la revolución china.

De hecho así ocurrió, como es sabido. Si tomamos el período cantonés de la revolución china, el período de la salida de las tropas nacionales hacia el Yangtsé, el período anterior a la escisión del Guomindang, hay que reconocer que la burguesía china apoyó la revolución en China, que la línea del Comintern sobre la admisibilidad de acciones conjuntas con esta burguesía durante cierto tiempo y en determinadas condiciones resultó completamente correcta.

Como resultado, la oposición se retiró de su vieja fórmula y proclamó una fórmula "nueva": las acciones conjuntas con la burguesía china son necesarias, los comunistas no deben salir del Guomindang (abril de 1927).

Este fue el primer castigo que sufrió la oposición por no querer tener en cuenta las particularidades nacionales de la revolución china.

La oposición ha oído que el gobierno de Pekín mantiene disputas con los representantes de los Estados imperialistas sobre la cuestión de la autonomía aduanera de China. La oposición sabe que la autonomía aduanera es necesaria, ante todo, a los capitalistas chinos. De ahí la fórmula hecha: la revolución china es una revolución nacional, antiimperialista porque tiene como objetivo principal la conquista de la autonomía aduanera de China.

Pero la oposición olvidó que la fuerza del imperialismo en China consiste principalmente no en las restricciones aduaneras de China, sino en que posee allí fábricas, talleres, minas, ferrocarriles, vapores, bancos, oficinas comerciales, que chupan la sangre de los obreros y campesinos de la China de cientos de millones.

La oposición olvidó que la lucha revolucionaria del pueblo chino contra el imperialismo se explica, ante todo y principalmente, por el hecho de que el imperialismo en China es la fuerza que apoya e inspira a los explotadores directos del pueblo chino: feudales, militaristas, capitalistas, burócratas, etc., que los obreros y campesinos chinos no pueden vencer a estos sus explotadores sin librar al mismo tiempo una lucha revolucionaria contra el imperialismo.

La oposición olvida que precisamente esta circunstancia es uno de los factores más importantes que hacen posible la transformación de la revolución burguesa en China en revolución socialista.

La oposición olvida que quien declara la revolución antiimperialista china como una revolución por la autonomía aduanera niega la posibilidad de la transformación de la revolución burguesa en China en revolución socialista, pues entrega la revolución china bajo la dirección de la burguesía china.

Y efectivamente, los hechos demostraron después que la autonomía aduanera es en esencia la plataforma de la burguesía china, pues incluso reaccionarios tan curtidos como Zhang Zuolin y Chiang Kai-shek se pronuncian ahora por la abolición de los tratados desiguales y el establecimiento de la autonomía aduanera en China.

De ahí la dualidad de la oposición, los intentos de escabullirse de su propia fórmula sobre la autonomía aduanera, los intentos de renunciar a ella furtivamente y acercarse a la posición del Comintern sobre la posibilidad de transformación de la revolución burguesa en China en revolución socialista.

Este fue el segundo castigo que sufrió la oposición por no querer estudiar seriamente las particularidades nacionales de la revolución china.

La oposición ha oído que en el campo chino ha penetrado la burguesía mercantil, que arrienda tierras a los campesinos sin propiedad. La oposición sabe que el mercader no es un feudal. De ahí la fórmula hecha: los restos del feudalismo, y por tanto la lucha del campesinado contra los vestigios del feudalismo, no tienen importancia seria en la revolución china, que lo principal ahora en China no es la revolución agraria, sino la cuestión de la dependencia estatal-aduanera de China respecto de los países del imperialismo.

Pero la oposición no ve que la peculiaridad de la economía china consiste no en la penetración del capital mercantil en el campo, sino en la combinación del predominio de los vestigios feudales con la existencia del capital mercantil en el campo chino, manteniéndose los métodos feudal-medievales de explotación y opresión del campesinado.

La oposición no comprende que toda la actual maquinaria militar-burocrática en China, que saquea y oprime inhumanamente al campesinado chino, es en esencia la superestructura política sobre esta combinación del predominio de los vestigios feudales y los métodos feudales de explotación con la existencia del capital mercantil en el campo.

Y efectivamente, los hechos demostraron después que en China se ha desplegado una grandiosa revolución agraria dirigida, ante todo y principalmente, contra los pequeños y grandes feudales de China.

Los hechos demostraron que esta revolución ha abarcado a decenas de millones de campesinos y tiene tendencia a extenderse a toda China.

Los hechos demostraron que los feudales, feudales efectivos y vivos, no solo existen en China, sino que detentan el poder en sus manos en toda una serie de provincias, someten a su voluntad al mando del ejército, someten a su influencia la dirección del Guomindang y asestan a la revolución china golpe tras golpe.

Negar después de esto la existencia de vestigios feudales y del sistema feudal de explotación como forma fundamental de opresión en el campo chino, no reconocer después de esto la revolución agraria como hecho fundamental del movimiento revolucionario chino en el momento actual significaría ir contra los hechos evidentes.

De ahí la retirada de la oposición de su vieja fórmula en la cuestión de los vestigios feudales y la revolución agraria. De ahí los intentos de la oposición de escabullirse arrastrándose de su vieja fórmula y reconocer silenciosamente la corrección de la posición del Comintern.

Este es el tercer castigo de la oposición por su negativa a tener en cuenta las particularidades nacionales de la economía china.

Etcétera, etcétera.

La discordancia entre las fórmulas y la realidad: tal es la suerte de los malos dirigentes de la oposición.

Y esta discordancia es resultado directo de la ruptura de la oposición con el conocido principio táctico del leninismo sobre la obligatoriedad de tener en cuenta lo nacional-particular y lo nacional-específico en el movimiento revolucionario de cada país.

He aquí cómo formula Lenin este principio:

"Todo el asunto ahora consiste en que los comunistas de cada país tengan plena conciencia tanto de las tareas fundamentales de principio de la lucha contra el oportunismo y el doctrinarismo de 'izquierda' como de las peculiaridades concretas que esta lucha asume y debe asumir inevitablemente en cada país por separado, de acuerdo con los rasgos originales de su economía, su política, su cultura, su composición nacional (Irlanda, etc.), sus colonias, sus divisiones religiosas, etc., etc. En todas partes se siente, se amplía y crece el descontento con la II Internacional, tanto por su oportunismo como por su incapacidad o incapacidad de crear un centro verdaderamente centralizado, verdaderamente dirigente, capaz de orientar la táctica internacional del proletariado revolucionario en su lucha por una república soviética mundial. Es necesario darse clara cuenta de que tal centro dirigente no puede en ningún caso ser construido sobre la esquematización, sobre la nivelación mecánica, sobre la identificación de las reglas tácticas de lucha. Mientras existan diferencias nacionales y estatales entre los pueblos y los países —y estas diferencias subsistirán aún mucho, mucho tiempo incluso después de la implantación de la dictadura del proletariado en escala mundial—, la unidad de la táctica internacional del movimiento obrero comunista de todos los países exige no la supresión de la diversidad, no la supresión de las diferencias nacionales (esto es un sueño absurdo en el momento actual), sino la aplicación de los principios fundamentales del comunismo (Poder Soviético y dictadura del proletariado) que modifique correctamente estos principios en las particularidades, que los adapte correctamente, que los aplique a las diferencias nacionales y nacional-estatales. Investigar, estudiar, buscar, adivinar, captar lo nacional-particular, lo nacional-específico en los planteamientos concretos de cada país para la resolución de la tarea internacional única, para la victoria sobre el oportunismo y el doctrinarismo de izquierda dentro del movimiento obrero, para el derrocamiento de la burguesía, para la instauración de la república soviética y de la dictadura del proletariado: he aquí en qué consiste la tarea principal del momento histórico que viven todos los países avanzados (y no solo los avanzados)" (véase "La enfermedad infantil del 'izquierdismo' en el comunismo", t. XXV, págs. 227-228).

La línea del Comintern es la línea de la obligatoria consideración de este principio táctico del leninismo.

La línea de la oposición, por el contrario, es la línea de ruptura con este principio táctico.

En esta ruptura radica la raíz de las desventuras de la oposición en las cuestiones sobre el carácter y las perspectivas de la revolución china.

* * *

Pasemos al segundo principio táctico del leninismo.

Del carácter y las perspectivas de la revolución china se deriva la cuestión de los aliados del proletariado en su lucha por la victoria de la revolución.

La cuestión de los aliados del proletariado es una de las cuestiones fundamentales de la revolución china. Frente al proletariado chino se alzan poderosos adversarios: los pequeños y grandes feudales, la maquinaria militar-burocrática de los viejos y nuevos militaristas, la burguesía nacional contrarrevolucionaria, los imperialistas de Oriente y Occidente, que han acaparado en sus manos los principales hilos de la vida económica de China y que refuerzan su derecho a explotar al pueblo chino con tropas y flota.

Para derrotar a estos poderosos adversarios se necesitan, además de todo lo demás, una política flexible y meditada del proletariado, la habilidad de aprovechar cada grieta en el campo de los adversarios, la habilidad de encontrar aliados, aunque sean aliados vacilantes, inseguros, a condición de que estos aliados sean aliados de masas, que no limiten la propaganda y agitación revolucionarias del partido del proletariado, no limiten el trabajo de este partido para organizar a la clase obrera y a las masas trabajadoras.

Tal política es la exigencia fundamental del segundo principio táctico del leninismo. Sin tal política es imposible la victoria del proletariado.

La oposición considera tal política incorrecta, no leninista. Pero esto solo demuestra que ha perdido los últimos restos de leninismo, que está tan lejos del leninismo como el cielo de la tierra.

¿Tuvo tales aliados el proletariado chino en el pasado reciente?

Sí, los tuvo.

En el período de la primera etapa de la revolución, cuando la revolución era la revolución del frente único general-nacional (período cantonés), los aliados del proletariado eran el campesinado, los pobres de la ciudad, la intelectualidad pequeñoburguesa y la burguesía nacional.

Una de las peculiaridades del movimiento revolucionario chino consiste en que los representantes de estas clases llevaban un trabajo conjunto con los comunistas en el seno de una misma organización revolucionario-burguesa llamada Guomindang.

Estos aliados no eran ni podían ser igualmente fiables. Unos eran aliados más o menos fiables (el campesinado, los pobres de la ciudad), otros menos fiables y vacilantes (la intelectualidad pequeñoburguesa), los terceros completamente poco fiables (la burguesía nacional).

El Guomindang era entonces indiscutiblemente una organización más o menos de masas. La política de los comunistas dentro del Guomindang consistía en aislar a los representantes de la burguesía nacional (la derecha), utilizándolos en interés de la revolución, empujar hacia la izquierda a la intelectualidad pequeñoburguesa (la izquierda) y agrupar en torno al proletariado al campesinado y a los pobres de la ciudad.

¿Era entonces Cantón el centro del movimiento revolucionario de China? Sin duda alguna, sí. Esto solo pueden negarlo ahora los locos.

¿Cuáles son los logros de los comunistas durante este período? La ampliación del territorio de la revolución, ya que las tropas cantonesas salieron hacia el Yangtsé; la posibilidad de la organización abierta del proletariado (sindicatos, comités de huelga); la constitución de las organizaciones comunistas en partido; la creación de las primeras células de organizaciones campesinas (uniones campesinas); la penetración de los comunistas en el ejército.

Resulta que la dirección del Comintern durante este período fue completamente correcta.

En el período de la segunda etapa de la revolución, cuando Chiang Kai-shek y la burguesía nacional pasaron al campo de la contrarrevolución y el centro del movimiento revolucionario se desplazó de Cantón a Wuhan, los aliados del proletariado eran el campesinado, los pobres de la ciudad y la intelectualidad pequeñoburguesa.

¿Cómo explicar el paso de la burguesía nacional al campo de la contrarrevolución? Por el miedo de la burguesía nacional ante la magnitud del movimiento revolucionario de los obreros, en primer lugar; por la presión de los imperialistas en Shanghái sobre la burguesía nacional, en segundo lugar.

La revolución perdió así a la burguesía nacional. Esto fue un perjuicio parcial para la revolución. Pero en cambio entró en una fase superior de su desarrollo, la fase de la revolución agraria, acercando a sí más estrechamente a las amplias masas del campesinado. Esto fue un beneficio para la revolución.

¿Era entonces el Guomindang, en el período de la segunda etapa de la revolución, una organización de masas? Sin duda alguna, sí. Era indiscutiblemente una organización más de masas que el Guomindang del período cantonés.

¿Era entonces Wuhan el centro del movimiento revolucionario? Sin duda alguna, sí. Esto solo pueden negarlo ahora los ciegos. De lo contrario, el territorio de Wuhan (Hubei, Hunan) no habría sido entonces la base del máximo desarrollo de la revolución agraria, dirigida por el partido comunista.

La política de los comunistas con respecto al Guomindang consistía entonces en empujarlo hacia la izquierda y convertirlo en el núcleo de la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y del campesinado.

¿Existía entonces la posibilidad de tal transformación? Sí, existía. En todo caso no había motivos para considerar excluida tal posibilidad. Nosotros decíamos directamente entonces que para la transformación del Guomindang de Wuhan en núcleo de la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y del campesinado eran necesarias al menos dos condiciones: la democratización radical del Guomindang y el apoyo directo del Guomindang a la revolución agraria. Habría sido estúpido por parte de los comunistas renunciar al intento de tal transformación.

¿Cuáles son los logros de los comunistas durante este período?

El Partido Comunista creció durante este período de un pequeño partido de 5-6 mil personas a un gran partido de masas de 50-60 mil miembros.

Los sindicatos obreros crecieron en una enorme organización de toda China que contaba con cerca de 3 millones de miembros.

Las organizaciones campesinas primarias se desarrollaron en enormes uniones que abarcaban varias decenas de millones de personas. El movimiento agrario del campesinado se desarrolló hasta proporciones grandiosas, ocupando el lugar central en el movimiento revolucionario chino. El Partido Comunista conquistó la posibilidad de organizar abiertamente la revolución. El Partido Comunista se convierte en dirigente de la revolución agraria. La hegemonía del proletariado comienza a convertirse de deseo en hecho.

Es cierto que el Partido Comunista chino no supo aprovechar todas las posibilidades de este período. Es cierto que el CC del Partido Comunista chino cometió durante este período una serie de gravísimos errores. Pero sería ridículo pensar que el Partido Comunista chino puede convertirse en un verdadero partido bolchevique, por así decirlo, de un solo golpe, sobre la base de las directivas del Comintern. Basta recordar la historia de nuestro Partido, que pasó por una serie de escisiones, separaciones, traiciones, etc., para comprender que los verdaderos partidos bolcheviques no nacen de un solo golpe.

Resulta así que la dirección del Comintern también durante este período fue completamente correcta.

¿Tiene ahora aliados el proletariado chino?

Sí, tiene.

Estos aliados son el campesinado y los pobres de la ciudad.

El presente período se caracteriza por el paso de la dirección de Wuhan del Guomindang al campo de la contrarrevolución, por el abandono de la revolución por parte de la intelectualidad pequeñoburguesa.

Este abandono se explica, en primer lugar, por el miedo de la intelectualidad pequeñoburguesa ante la creciente revolución agraria y la presión de los feudales sobre la dirección de Wuhan; en segundo lugar, por la presión de los imperialistas en la zona de Tianjin, que exigen del Guomindang la ruptura con los comunistas como precio por el paso hacia el norte.

La oposición duda de la existencia de vestigios feudales en China. Pero ahora es claro para todos que los vestigios feudales no solo existen en China, sino que han resultado ser incluso más fuertes que el empuje de la revolución en el momento actual. Y precisamente porque los imperialistas y los feudales en China resultaron ser por ahora más fuertes que la revolución, la revolución ha sufrido una derrota temporal.

La revolución ha perdido esta vez a la intelectualidad pequeñoburguesa.

Esto es precisamente lo que constituye el signo de la derrota temporal de la revolución.

Pero en cambio, la revolución ha agrupado más estrechamente en torno al proletariado a las amplias masas del campesinado y de los pobres de la ciudad, creando así el terreno para la hegemonía proletaria.

En esto reside el beneficio para la revolución.

La oposición explica la derrota temporal de la revolución por la política del Comintern. Pero así solo pueden hablar personas que han roto con el marxismo. Solo personas que han roto con el marxismo pueden exigir que una política correcta conduzca siempre y obligatoriamente a la victoria inmediata sobre el adversario.

¿Fue correcta la política de los bolcheviques en la revolución de 1905? Sí, lo fue. ¿Por qué entonces la revolución de 1905 sufrió una derrota, a pesar de la existencia de los Soviets, a pesar de la política correcta de los bolcheviques? Porque los vestigios feudales y la autocracia resultaron entonces más fuertes que el movimiento revolucionario de los obreros.

¿Fue correcta la política de los bolcheviques en julio de 1917? Sí, lo fue. ¿Por qué entonces los bolcheviques sufrieron entonces una derrota, a pesar de la existencia una vez más de los Soviets, que entonces traicionaron a los bolcheviques, a pesar de la política correcta de los bolcheviques? Porque el imperialismo ruso resultó entonces más fuerte que el movimiento revolucionario de los obreros.

La política correcta no debe conducir siempre y obligatoriamente a la victoria inmediata sobre el adversario. La victoria inmediata sobre el adversario está determinada no solo por la política correcta, sino, ante todo y principalmente, por la correlación de las fuerzas de clase, por la clara superioridad de fuerzas del lado de la revolución, por la descomposición en el campo del adversario, por una coyuntura internacional favorable.

Solo en estas condiciones puede la política correcta del proletariado conducir a la victoria inmediata.

Pero hay una exigencia obligatoria que la política correcta debe satisfacer siempre y en todas las circunstancias. Esta exigencia consiste en que la política del partido eleve la capacidad combativa del proletariado, multiplique sus vínculos con las masas trabajadoras, eleve la autoridad del proletariado entre estas masas y convierta al proletariado en hegemón de la revolución.

¿Se puede afirmar que el período transcurrido representó el máximo de condiciones favorables para la victoria inmediata de la revolución en China? Está claro que no.

¿Se puede afirmar que la política comunista en China no elevó la capacidad combativa del proletariado, no multiplicó sus vínculos con las amplias masas ni elevó la autoridad del proletariado entre estas masas? Está claro que no.

Solo los ciegos pueden no ver que al proletariado chino le ha sido posible durante este tiempo arrancar a las amplias masas campesinas tanto de la burguesía nacional como de la intelectualidad pequeñoburguesa para agruparlas en torno a su bandera.

El Partido Comunista pasó por el bloque con la burguesía nacional en Cantón, en la primera etapa de la revolución, para ampliar el territorio de la revolución, constituirse en partido de masas, crearse la posibilidad de organizar abiertamente al proletariado y abrirse camino hacia el campesinado.

El Partido Comunista pasó por el bloque con la intelectualidad pequeñoburguesa del Guomindang en Wuhan, en la segunda etapa de la revolución, para multiplicar sus fuerzas, ampliar la organización del proletariado, arrancar de la dirección guomindanista a las amplias masas del campesinado y crear las condiciones para la hegemonía del proletariado.

La burguesía nacional se marchó al campo de la contrarrevolución, perdiendo sus vínculos con las amplias masas populares.

La intelectualidad pequeñoburguesa del Guomindang en Wuhan se fue detrás de la burguesía nacional, asustada por la revolución agraria y desacreditándose definitivamente a los ojos de las masas de millones de campesinos.

Pero en cambio, las masas de millones de campesinos se han agrupado más estrechamente en torno al proletariado, viendo en él a su único guía y dirigente seguro.

¿Acaso no es claro que solo una política correcta pudo conducir a tales resultados?

¿Acaso no es claro que solo tal política pudo elevar la capacidad combativa del proletariado?

¿Quién, además de los malos dirigentes de nuestra oposición, puede negar la corrección y el carácter revolucionario de tal política?

La oposición afirma que el viraje de la dirección guomindanista de Wuhan hacia la contrarrevolución demuestra la incorrección de la política de bloque con el Guomindang de Wuhan en la segunda etapa de la revolución.

Pero así solo pueden hablar personas que han olvidado la historia del bolchevismo y han perdido los últimos restos de leninismo.

¿Fue correcta la política bolchevique del bloque revolucionario con los eseristas de izquierda en Octubre y después de Octubre, hasta la primavera de 1918? Creo que nadie se ha atrevido aún a negar la corrección de este bloque. ¿En qué terminó este bloque? En la insurrección de los eseristas de izquierda contra el Poder Soviético. ¿Se puede sobre esta base afirmar que la política de bloque con los eseristas fue incorrecta? Está claro que no.

¿Fue correcta la política del bloque revolucionario con el Guomindang de Wuhan en la segunda etapa de la revolución china? Creo que nadie se ha atrevido aún a negar la corrección de tal bloque durante la segunda etapa de la revolución. La propia oposición afirmaba entonces (abril de 1927) que tal bloque era correcto. ¿Cómo se puede ahora, después del abandono de la revolución por la dirección guomindanista de Wuhan, sobre la base de este abandono, afirmar que el bloque revolucionario con el Guomindang de Wuhan fue incorrecto?

¿Acaso no es claro que solo personas sin carácter pueden operar con tales "argumentos"?

¿Acaso alguien afirmó que el bloque con el Guomindang de Wuhan era un bloque eterno e interminable? ¿Acaso existen en la naturaleza bloques eternos e interminables? ¿Acaso no es claro que la oposición no ha comprendido nada, absolutamente nada, del segundo principio táctico del leninismo sobre el bloque revolucionario del proletariado con las clases y grupos no proletarios?

He aquí cómo formula Lenin este principio táctico:

"Vencer a un enemigo más poderoso solo es posible con el mayor esfuerzo de las fuerzas y a condición de utilizar obligatoriamente, del modo más cuidadoso, esmerado, prudente y hábil, toda, incluso la más mínima, 'grieta' entre los enemigos, toda contraposición de intereses entre la burguesía de los diferentes países, entre los diferentes grupos o tipos de burguesía dentro de cada país, así como toda, incluso la más mínima, posibilidad de obtener un aliado de masas, aunque sea temporal, vacilante, inseguro, poco fiable, condicional. Quien no ha comprendido esto, no ha comprendido ni una pizca de marxismo ni de socialismo científico y contemporáneo en general. Quien no ha demostrado prácticamente, en un lapso bastante considerable de tiempo y en situaciones políticas bastante diversas, su capacidad de aplicar esta verdad en la práctica, no ha aprendido aún a ayudar a la clase revolucionaria en su lucha por la liberación de toda la humanidad trabajadora de los explotadores. Y lo dicho se aplica igualmente al período anterior y al posterior a la conquista del poder político por el proletariado" (véase "La enfermedad infantil del 'izquierdismo' en el comunismo", t. XXV, págs. 210-211).

¿Acaso no es claro que la línea de la oposición es la línea de ruptura con este principio táctico del leninismo?

¿Acaso no es claro que la línea del Comintern, por el contrario, es la línea de la obligatoria consideración de este principio táctico?

***

Pasemos al tercer principio táctico del leninismo.

Este principio táctico se refiere a la cuestión del cambio de consignas, del orden y los procedimientos de este cambio. Se refiere a la cuestión de cómo convertir las consignas para el partido en consignas para las masas, a la cuestión de cómo y de qué manera llevar a las masas a las posiciones revolucionarias, para que las propias masas se convenzan por su propia experiencia política de la corrección de las consignas del partido.

Y convencer a las masas no se puede solo con propaganda y agitación. Para ello es necesaria la propia experiencia política de las propias masas. Para ello es necesario que las amplias masas experimenten, en su propia piel, la inevitabilidad, digamos, del derrocamiento de un régimen dado, la inevitabilidad del establecimiento de nuevos órdenes políticos y sociales.

Está bien que el grupo avanzado, el partido, se haya convencido ya de la inevitabilidad del derrocamiento, digamos, del Gobierno Provisional de Miliukov-Kerenski en abril de 1917. Pero esto aún no es suficiente para actuar en favor del derrocamiento de este gobierno, para plantear la consigna del derrocamiento del Gobierno Provisional y del establecimiento del Poder Soviético como consigna del día. Para convertir la fórmula "todo el poder a los Soviets" de perspectiva para el período inmediato en consigna del día, en consigna de acción inmediata, para ello era necesaria todavía una circunstancia decisiva, a saber, que las propias masas se convenciesen de la corrección de esta consigna y prestaran al partido tal o cual apoyo para llevarla a la práctica.

Hay que distinguir rigurosamente entre la fórmula como perspectiva para el futuro inmediato y la fórmula como consigna del día. Precisamente en esto tropezó el grupo de bolcheviques en Petrogrado encabezado por Bagdatiev en abril de 1917, cuando lanzó antes de tiempo la consigna de "abajo el Gobierno Provisional, todo el poder a los Soviets". Lenin calificó entonces el intento del grupo de Bagdatiev como un peligroso aventurerismo, estigmatizándolo públicamente.

¿Por qué?

Porque las amplias masas de trabajadores en la retaguardia y en el frente no estaban aún preparadas para asimilar esta consigna. Porque este grupo confundió la fórmula "todo el poder a los Soviets" como perspectiva, con la consigna "todo el poder a los Soviets" como consigna del día. Porque se adelantó, colocando al partido ante la amenaza de su completo aislamiento de las amplias masas, de los Soviets, que aún creían entonces en el carácter revolucionario del Gobierno Provisional.

¿Debían los comunistas chinos, digamos, hace medio año, haber lanzado la consigna de "abajo la dirección guomindanista en Wuhan"? No, no debían.

No debían, porque esto habría sido un peligroso adelantamiento, habría dificultado a los comunistas el acceso a las amplias masas trabajadoras, que aún creían en la dirección guomindanista, habría aislado al Partido Comunista de las amplias masas campesinas.

No debían, porque la dirección guomindanista de Wuhan, el CC de Wuhan del Guomindang, no había tenido tiempo aún de agotarse como gobierno revolucionario-burgués, no había tenido tiempo aún de desacreditarse a los ojos de las amplias masas trabajadoras con su lucha contra la revolución agraria, su lucha contra la clase obrera, su giro hacia la contrarrevolución.

Nosotros siempre dijimos que no se puede tomar rumbo a la desacreditación y sustitución de la dirección guomindanista de Wuhan mientras no se haya agotado como gobierno revolucionario-burgués, que hay que dejarla primero agotarse para después plantear prácticamente la cuestión de su sustitución.

¿Deben ahora los comunistas chinos lanzar la consigna de "abajo la dirección guomindanista en Wuhan"? Sí, deben, obligatoriamente deben.

Ahora, cuando la dirección guomindanista ya se ha desacreditado con su lucha contra la revolución, colocándose en relaciones hostiles con las amplias masas obreras y campesinas, esta consigna encontrará un poderoso eco entre las masas populares.

Ahora cada obrero y cada campesino comprenderá que los comunistas procedieron correctamente al salir del gobierno de Wuhan y del CC de Wuhan del Guomindang y al lanzar la consigna de "abajo la dirección guomindanista en Wuhan".

Pues la cuestión se plantea ahora ante las masas campesinas y obreras como alternativa: o la actual dirección del Guomindang, y entonces la renuncia a la satisfacción de las necesidades vitales de estas masas, la renuncia a la revolución agraria; o la revolución agraria y la mejora radical de la situación de la clase obrera, y entonces la sustitución de la dirección guomindanista en Wuhan se convierte en consigna del día para las masas.

Tales son las exigencias del tercer principio táctico del leninismo en la cuestión del cambio de consignas, en la cuestión de los procedimientos y caminos para llevar a las amplias masas a las nuevas posiciones revolucionarias, en la cuestión de ayudar con su política, con sus acciones, con la oportuna sustitución de unas consignas por otras, a que las amplias masas trabajadoras reconozcan por su propia experiencia la corrección de la línea del partido.

He aquí cómo formula Lenin este principio táctico:

"Con la sola vanguardia no se puede vencer. Lanzar la sola vanguardia a la batalla decisiva, cuando toda la clase, cuando las amplias masas no han adoptado aún la posición de apoyo directo a la vanguardia, o al menos de neutralidad benévola hacia ella y de completa incapacidad de apoyar a su adversario, sería no solo una necedad, sino un crimen. Y para que realmente toda la clase, para que realmente las amplias masas de trabajadores y oprimidos por el capital lleguen a esa posición, la sola propaganda, la sola agitación no bastan. Para ello se necesita la propia experiencia política de estas masas. Tal es la ley fundamental de todas las grandes revoluciones, confirmada ahora con sorprendente fuerza y plasticidad no solo por Rusia, sino también por Alemania. No solo las masas incultas, frecuentemente analfabetas, de Rusia, sino también las masas de alta cultura, totalmente alfabetizadas, de Alemania necesitaron experimentar en su propia piel toda la impotencia, toda la falta de carácter, toda la indefensión, todo el servilismo ante la burguesía, toda la vileza del gobierno de los caballeros de la II Internacional, toda la inevitabilidad de la dictadura de los reaccionarios extremos (Kornílov en Rusia, Kapp y compañía en Alemania), como única alternativa frente a la dictadura del proletariado, para volverse decididamente hacia el comunismo. La tarea inmediata de la vanguardia consciente en el movimiento obrero internacional, es decir, de los partidos, grupos y corrientes comunistas, consiste en saber llevar a las amplias masas (que todavía en la mayoría de los casos están dormidas, son apáticas, rutinarias, inertes, no despertadas) a esta nueva posición suya, o, mejor dicho, saber dirigir no solo su propio partido, sino también a estas masas durante su aproximación y paso a la nueva posición" (véase "La enfermedad infantil del 'izquierdismo' en el comunismo", t. XXV, pág. 228).

El error fundamental de la oposición consiste en que no comprende el sentido y la significación de este principio táctico del leninismo, no lo reconoce, lo viola sistemáticamente.

Ella (los trotskistas) violó este principio táctico a comienzos de 1917, cuando intentó "saltar" por encima del movimiento agrario aún no terminado (véase Lenin).

Ella (Trotski-Zinóviev) lo violó cuando intentó "saltar" por encima del carácter reaccionario de los sindicatos, no reconociendo la conveniencia del trabajo de los comunistas en los sindicatos reaccionarios y negando la necesidad de bloques temporales con ellos.

Ella (Trotski-Zinóviev-Rádek) lo violó cuando intentó "saltar" por encima de las particularidades nacionales del movimiento revolucionario chino (el Guomindang), por encima del atraso de las masas populares chinas, exigiendo en abril de 1926 la salida inmediata de los comunistas del Guomindang y lanzando en abril de 1927 la consigna de la organización inmediata de Soviets en las condiciones de una fase guomindanista aún no concluida, aún no vivida, del desarrollo.

La oposición piensa que si ella ha comprendido, ha reconocido el carácter a medias, las vacilaciones, la inseguridad de la dirección guomindanista, si ha reconocido el carácter temporal y condicional del bloque con el Guomindang (y reconocer esto no es difícil para cualquier trabajador político cualificado), esto es completamente suficiente para abrir las "acciones decisivas" contra el Guomindang, contra el poder del Guomindang, completamente suficiente para que las masas, las amplias masas de obreros y campesinos "inmediatamente" apoyen a "nosotros" y "nuestras" "acciones decisivas".

La oposición olvida que "nuestro" entendimiento está aún lejos de ser suficiente para que los comunistas chinos puedan llevar consigo a las masas. La oposición olvida que para ello es necesario además que las propias masas reconozcan por su propia experiencia la inseguridad, el carácter reaccionario, contrarrevolucionario de la dirección guomindanista.

La oposición olvida que la revolución la "hacen" no solo el grupo avanzado, no solo el partido, no solo las personalidades aisladas, aunque sean "altas", sino, ante todo y principalmente, las masas de millones del pueblo.

Es extraño que la oposición olvide el estado, la comprensión, la disposición a las acciones decisivas de las masas populares de millones.

¿Sabíamos nosotros, el Partido, Lenin, en abril de 1917, que habría que derrocar al Gobierno Provisional de Miliukov-Kerenski, que la existencia del Gobierno Provisional era incompatible con la actividad de los Soviets, que el poder debía pasar a manos de los Soviets? Sí, lo sabíamos.

¿Por qué entonces Lenin estigmatizó como aventureros al conocido grupo de bolcheviques en Petrogrado encabezado por Bagdatiev en abril de 1917, cuando este grupo lanzó la consigna de "abajo el Gobierno Provisional, todo el poder a los Soviets" e intentó derrocar al Gobierno Provisional?

Porque las amplias masas de trabajadores, una parte conocida de los obreros, millones de campesinos, las amplias masas del ejército y, finalmente, los propios Soviets no estaban aún preparados para asimilar esta consigna como consigna del día.

Porque el Gobierno Provisional y los partidos pequeñoburgueses de eseristas y mencheviques no habían tenido tiempo aún de agotarse, no habían tenido tiempo aún de desacreditarse suficientemente a los ojos de las masas de millones de trabajadores.

Porque Lenin sabía que para el derrocamiento del Gobierno Provisional y el establecimiento del Poder Soviético no bastaba la sola comprensión, la sola conciencia del grupo avanzado del proletariado, del partido del proletariado; para ello era necesario además que las propias masas se convenciesen por su propia experiencia de la corrección de tal línea.

Porque era necesario pasar por toda la bacanal de las coaliciones, por las traiciones de los partidos pequeñoburgueses en junio, julio y agosto de 1917, era necesario pasar por la vergonzosa ofensiva en el frente en junio de 1917, por la "honrada" coalición de los partidos pequeñoburgueses con los Kornílov y los Miliukov, por la insurrección de Kornílov, etc., para que las masas de millones de trabajadores se convenciesen de la inevitabilidad del derrocamiento del Gobierno Provisional y del establecimiento del Poder Soviético.

Porque solo en estas condiciones podía ser transformada la consigna del Poder Soviético, como perspectiva, en la consigna del Poder Soviético, como consigna del día.

La desgracia de la oposición consiste en que a cada paso comete el mismo error que cometió en su tiempo el grupo de Bagdatiev, en que, abandonando el camino de Lenin, prefiere "caminar" por el camino de Bagdatiev.

¿Sabíamos nosotros, el Partido, Lenin, que la Asamblea Constituyente era incompatible con el sistema del Poder Soviético, cuando participamos en las elecciones a la Asamblea Constituyente y cuando la convocamos en Petrogrado? Sí, lo sabíamos.

¿Para qué entonces la convocamos? ¿Cómo pudo ocurrir que los bolcheviques, enemigos del parlamentarismo burgués, habiendo construido el Poder Soviético, no solo participaron en las elecciones, sino que ellos mismos convocaron la Asamblea Constituyente? ¿No fue esto "seguidismo", un quedarse atrás de los acontecimientos, un "frenar a las masas", una violación de la táctica de "la puntería lejana"? Por supuesto que no.

Los bolcheviques dieron este paso para facilitar a las masas atrasadas del pueblo convencerse con sus propios ojos de la inutilidad de la Asamblea Constituyente, de su carácter reaccionario, de su carácter contrarrevolucionario. Solo por este camino se podía atraer a las masas de millones del campesinado y facilitar la disolución de la Asamblea Constituyente.

He aquí lo que escribe Lenin al respecto:

"Nosotros participamos en las elecciones al parlamento burgués ruso, a la Asamblea Constituyente, en septiembre-noviembre de 1917. ¿Fue correcta nuestra táctica o no?... ¿No teníamos nosotros, los bolcheviques rusos, en septiembre-noviembre de 1917, más que cualesquiera comunistas occidentales, derecho a considerar que en Rusia el parlamentarismo estaba políticamente superado? Por supuesto que sí, pues la cuestión no consiste en si los parlamentos burgueses existen desde hace mucho o poco tiempo, sino en cuánto están preparadas (ideológica, política y prácticamente) las amplias masas de trabajadores para aceptar el régimen soviético y disolver (o permitir la disolución) del parlamento burgués-democrático. Que en Rusia, en septiembre-noviembre de 1917, la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos estaban, en virtud de una serie de condiciones especiales, excepcionalmente preparados para aceptar el régimen soviético y disolver el más democrático de los parlamentos burgueses, esto es un hecho histórico absolutamente indiscutible y plenamente establecido. Y sin embargo los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en las elecciones tanto antes como después de la conquista del poder político por el proletariado...

La conclusión de aquí es absolutamente indiscutible: está demostrado que incluso pocas semanas antes de la victoria de la República Soviética, incluso después de tal victoria, la participación en un parlamento burgués-democrático no solo no perjudica al proletariado revolucionario, sino que le facilita la posibilidad de demostrar a las masas atrasadas por qué tales parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita la 'superación política' del parlamentarismo burgués" (véase "La enfermedad infantil del 'izquierdismo' en el comunismo", t. XXV, págs. 201-202).

He aquí cómo aplicaban los bolcheviques en la práctica el tercer principio táctico del leninismo.

He aquí cómo hay que aplicar la táctica del bolchevismo en China, ya se trate de la revolución agraria, del Guomindang o de la consigna de los Soviets.

La oposición, al parecer, se inclina a pensar que la revolución en China ha sufrido ya un colapso total. Esto, por supuesto, es incorrecto. Que la revolución en China ha sufrido una derrota temporal, en esto no puede haber duda. Pero qué clase de derrota es y hasta qué punto es profunda, he ahí la cuestión.

Es posible que se trate de una derrota tan prolongada aproximadamente como la que tuvo lugar en Rusia en 1905, cuando la revolución se interrumpió por doce años enteros para después, en febrero de 1917, estallar con nueva fuerza, barrer la autocracia y despejar el camino para una nueva revolución, la revolución soviética.

Esta perspectiva no se puede considerar excluida. Esto aún no es una derrota total de la revolución, así como la derrota de 1905 no podía considerarse una derrota definitiva. No es una derrota total porque las tareas fundamentales de la revolución china en la presente fase de desarrollo —la revolución agraria, la unificación revolucionaria de China, la liberación del yugo del imperialismo— esperan aún su solución. Y si esta perspectiva se hace realidad, entonces de la creación inmediata de Soviets de diputados obreros y campesinos en China, por supuesto, no puede haber ni hablar, pues los Soviets se crean y prosperan solo en un ambiente de auge revolucionario.

Pero difícilmente se puede considerar probable esta perspectiva. En todo caso, no hay por el momento motivos para considerarla probable. No los hay porque la contrarrevolución aún no está unida y no lo estará pronto, si es que le está destinado alguna vez estarlo.

Pues la guerra de los viejos y nuevos militaristas entre sí se enciende con nueva fuerza y no puede dejar de debilitar la fuerza de la contrarrevolución, arruinando y enfureciendo al mismo tiempo al campesinado.

Pues no hay aún en China un grupo o un gobierno capaz de ir a algo semejante a la reforma de Stolypin, que pudiese servir de pararrayos para los grupos gobernantes.

Pues los millones de campesinos que ya se han abalanzado sobre la tierra de los terratenientes no son fáciles de someter y aplastar contra el suelo.

Pues la autoridad del proletariado a los ojos de las masas trabajadoras crece de día en día, mientras que sus fuerzas están lejos aún de haber sido derrotadas.

Es posible que la derrota de la revolución china sea análoga por su grado a la derrota de los bolcheviques en julio de 1917, cuando los Soviets menchevique-eseristas los traicionaron, cuando se vieron obligados a pasar a la clandestinidad y cuando, al cabo de pocos meses, la revolución volvió a salir a la calle para barrer al gobierno imperialista de Rusia.

La analogía aquí es, por supuesto, condicional. La admito únicamente con todas aquellas reservas que son necesarias si se tiene en cuenta la diferencia de la situación de la China de nuestros días y la Rusia de 1917. Recurro a tal analogía únicamente para esbozar aproximadamente el grado de la derrota de la revolución china.

Considero que esta perspectiva es la más probable. Y si ella, esta perspectiva, se hace realidad, si en un futuro próximo —no necesariamente en dos meses, sino en medio año, en un año— un nuevo auge de la revolución se convierte en un hecho, entonces la cuestión de la formación de Soviets de diputados obreros y campesinos puede ponerse a la orden del día, como consigna del día y como contrapeso al gobierno burgués.

¿Por qué?

Porque en las condiciones de un nuevo auge de la revolución en la presente fase de su desarrollo, la formación de Soviets será una cuestión completamente madura.

Ayer, hace algunos meses, los comunistas de China no debían haber lanzado la consigna de la formación de Soviets, pues esto habría sido un aventurerismo, propio de nuestra oposición, pues la dirección guomindanista no había tenido tiempo aún de desacreditarse como adversario de la revolución.

Ahora, por el contrario, la consigna de la formación de Soviets puede convertirse en una consigna verdaderamente revolucionaria, si (¡si!) en un futuro próximo estalla un nuevo y potente auge revolucionario.

Por ello, ya ahora, antes del comienzo del auge, junto con la lucha por la sustitución de la actual dirección guomindanista por una dirección revolucionaria, hay que llevar la más amplia propaganda entre las amplias masas trabajadoras en favor de la idea de los Soviets, sin adelantarse y sin formar ahora mismo los Soviets, recordando que los Soviets solo pueden florecer en las condiciones de un potente auge revolucionario.

La oposición puede decir que ella lo dijo "primero", que esto es precisamente lo que llaman táctica de "la puntería lejana".

Incorrecto, estimados. Completamente incorrecto. Esto no es la táctica de "la puntería lejana", sino la táctica de vagabundeos, la táctica de eternos disparos más allá y disparos más acá del blanco.

Cuando la oposición exigió la salida inmediata de los comunistas del Guomindang en abril de 1926, fue un disparo más allá del blanco, pues la propia oposición se vio obligada a reconocer después que los comunistas debían permanecer en el Guomindang.

Cuando la oposición declaró la revolución china como una revolución por la autonomía aduanera, fue un disparo más acá del blanco, pues la propia oposición se vio obligada después a escabullirse arrastrándose de su propia fórmula.

Cuando la oposición en abril de 1927 declaró que los vestigios feudales en China eran una exageración, olvidando la existencia del movimiento agrario de masas, fue un disparo más acá del blanco, pues la propia oposición se vio obligada después a reconocer silenciosamente su error.

Cuando la oposición en abril de 1927 lanzó la consigna de la formación inmediata de Soviets, fue un disparo más allá del blanco, pues los propios oposicionistas se vieron obligados a reconocer entonces las contradicciones en su propio campo, de los cuales uno (Trotski) exigía tomar rumbo al derrocamiento del gobierno de Wuhan, y otro (Zinóviev), por el contrario, exigía "la ayuda total" a ese mismo gobierno de Wuhan.

¿Pero desde cuándo se empezó a proclamar entre nosotros la táctica de vagabundeos, la táctica de eternos disparos más allá y más acá del blanco, como táctica de "la puntería lejana"?

Respecto a los Soviets, hay que decir que sobre los Soviets en China como perspectiva, el Comintern habló en sus documentos mucho antes que la oposición. En cuanto a los Soviets como consigna del día, lanzada por la oposición en la primavera de este año como contrapeso al Guomindang revolucionario (el Guomindang era entonces revolucionario, de lo contrario no habría habido razón para que Zinóviev gritara sobre "la ayuda total" al Guomindang), esto fue una aventura, un ruidoso adelantamiento, la misma aventura y el mismo adelantamiento que cometió Bagdatiev en abril de 1917.

Del hecho de que la consigna de los Soviets pueda convertirse en China en un futuro próximo en consigna del día, no se deduce en absoluto que el lanzamiento por la oposición de la consigna de los Soviets en la primavera de este año no fuera una aventura peligrosa y dañina.

Así como del hecho de que la consigna "todo el poder a los Soviets" fue reconocida por Lenin como necesaria y oportuna en septiembre de 1917 (la conocida decisión del CC sobre la insurrección), no se deduce en absoluto que el lanzamiento de esta consigna por Bagdatiev en abril de 1917 no fuera una aventura dañina y peligrosa...

También Bagdatiev habría podido decir en septiembre de 1917 que él habló "primero" del poder de los Soviets ya en abril de 1917. ¿Significa esto que Bagdatiev tenía razón y Lenin no la tenía al calificar su acción de abril de 1917 como aventurerismo?

Al parecer, los "laureles" de Bagdatiev no dejan dormir a nuestra oposición.

La oposición no comprende que la cuestión no está en absoluto en decir "el primero", adelantándose y estropeando la causa de la revolución, sino en decir a tiempo, y además decirlo de tal modo que lo dicho sea recogido por las masas y convertido en acción.

Tales son los hechos.

Alejamiento de la oposición de la táctica leninista, aventurerismo "ultraizquierdista" de su política: tal es el balance.

Pravda, n.° 169

28 de julio de 1927

Firma: I. Stalin