9 de septiembre de 1927 I. Preguntas de la delegación y respuestas del camarada Stalin. 1a PREGUNTA. ¿Qué' principios nuevos han sido prácticamente añadidos al marxismo por Lenin y el Partido Comunista? ¿Sería acertado afirmar que Lenin creía en la “revolución creadora”, mientras que Marx se inclinaba más bien a esperar que el desarrollo de las fuerzas económicas hubiese alcanzado su punto culminante? RESPUESTA. Creo que Lenin no “añadió” ningún “principio nuevo” al marxismo ni suprimió ninguno de los “viejos” principios del marxismo. Lenin fue y sigue siendo el discípulo más fiel y más consecuente de Marx y de Engels, y se apoyó enteramente en los principios del marxismo. Pero Lenin no sólo fue el realizador de la doctrina de Marx y Engels; fue, al mismo tiempo, el continuador de la doctrina de Marx y Engels. ¿Qué quiere decir eso? Eso quiere decir que impulsó la doctrina de Marx y Engels teniendo en cuenta las nuevas condiciones del desarrollo, teniendo en cuenta la nueva fase del capitalismo, teniendo en cuenta el imperialismo.

Eso quiere decir que, al impulsar la doctrina de Marx en las nuevas condiciones de la lucha de clases, Lenin aportó al tesoro general del marxismo elementos nuevos en comparación con lo que le dieron Marx y Engels, en comparación con lo que se le pudo dar en el período del capitalismo preimperialista. Por cierto, los elementos nuevos que Lenin aportó al tesoro del marxismo se basan plena y enteramente en los principios sentados por Marx y Engels. En este sentido, precisamente, decimos nosotros que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias. He aquí algunas cuestiones en las cuales Lenin aportó elementos nuevos, desarrollando la doctrina de Marx. En primer lugar, la cuestión del capitalismo monopolista, del imperialismo, como fase nueva del capitalismo. En “El Capital”, Marx y Engels hicieron un análisis de las bases del capitalismo. Pero Marx y Engels vivieron en la época en que dominaba el capitalismo premonopolista, en la época de la evolución sin altibajos del capitalismo y de su extensión “pacífica” por todo el mundo.

Esa vieja fase terminó a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando Marx y Engels ya no vivían. Se comprende que Marx y Engels no pudieran más que conjeturar las nuevas condiciones del desarrollo del capitalismo, condiciones que advinieron con la nueva fase del capitalismo, que reemplazó a la vieja fase, con la fase imperialista, monopolista, de desarrollo, en la que la evolución sin altibajos del capitalismo dejó paso a un desenvolvimiento a saltos del capitalismo, a un desenvolvimiento preñado de catástrofes; en la que la desigualdad del desarrollo y las contradicciones del capitalismo se manifiestan con fuerza particular; en la que la lucha por los mercados de venta y de exportación de capitales hizo inevitables, en las condiciones de una desigualdad extrema del desarrollo, guerras imperialistas periódicas con objeto de realizar repartos periódicos del mundo y de las esferas de influencia. El mérito de Lenin, es decir, lo que Lenin aportó de nuevo en este problema, consiste en que, basándose en los principios fundamentales de “El Capital”, hizo un profundo análisis marxista del imperialismo como última fase del capitalismo, poniendo al desnudo sus lacras y las condiciones de su hundimiento inevitable.

De este análisis surgió la bien conocida tesis de Lenin de que, en las condiciones del imperialismo, la victoria del socialismo es posible en uno u otro país capitalista. En segundo lugar, la cuestión de la dictadura del proletariado. La idea básica de la dictadura del proletariado, como dominación política del proletariado y como método para derrocar el Poder del capital por la violencia, se debe a Marx y Engels. Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema fue que: a) descubrió el Poder de los Soviets como la mejor forma estatal de la dictadura del proletariado, utilizando a este propósito la experiencia de la Comuna de París y de la revolución rusa; b) desarrolló la fórmula de la dictadura del proletariado desde el punto de vista del problema de los aliados de éste, definiendo la dictadura del proletariado como forma específica de la alianza de clase del proletariado, que es el dirigente, con las

masas explotadas de las clases no proletarias (campesinado, etc.), que son las dirigidas; c) recalcó con fuerza particular el hecho de que, en la sociedad de clases, la dictadura del proletariado es el tipo superior de democracia, la forma de la democracia proletaria, que expresa los intereses de la mayoría (de los explotados), en oposición a la democracia capitalista, que expresa los intereses de la minoría" (de los explotadores). En tercer lugar, la cuestión de las formas y los procedimientos de la feliz edificación del socialismo en el período de la dictadura del proletariado, en el período de transición del capitalismo al socialismo, en un país cercado por Estados capitalistas. Marx y Engels concebían el período de la dictadura del proletariado como un período más o menos largo, lleno de contiendas revolucionarias y de guerras civiles, como un período durante el cual el proletariado, desde el Poder, toma las medidas de orden económico, político, cultural y de organización necesarias para crear, en sustitución de la vieja sociedad capitalista, una sociedad nueva, socialista, una sociedad sin clases, una sociedad sin Estado. Lenin se mantenía plena y enteramente en el terreno de estas tesis básicas de Marx y Engels.

Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema fue que: a) fundamentó la posibilidad de edificar una sociedad socialista completa en el país de la dictadura del proletariado, cercado por Estados imperialistas, a condición de que este país no fuese estrangulado por una intervención militar de los Estados capitalistas que lo rodean; b) señaló las vías concretas de una política económica (la “nueva política económica”), por las que el proletariado, teniendo en sus manos las posiciones dominantes de la economía (la industria, la tierra, el transporte, los Bancos, etc.), liga la industria socializada con la agricultura (“ligazón de la industria con la economía campesina”) y conduce, de este modo, toda la economía nacional al socialismo; c) trazó las vías concretas para llevar y atraer gradualmente a las masas fundamentales del campesinado al cauce de la edificación socialista mediante la cooperación, que constituye, en manos de la dictadura proletaria, el medio más eficaz de transformar la economía rural basada en pequeñas haciendas campesinas y de reeducar a las masas fundamentales del campesinado en el espíritu del socialismo. En cuarto lugar, la cuestión de la hegemonía del proletariado en la revolución, en toda revolución popular, lo mismo en la revolución contra el zarismo que en la revolución contra el capitalismo. Marx y Engels bosquejaron a grandes rasgos la idea de la hegemonía del proletariado.

Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema es que desarrolló y amplió el bosquejo hecho por Marx y Engels, creando una teoría armónica de la hegemonía del proletariado, una teoría armónica de la dirección de las masas trabajadoras de la ciudad y del campo por el proletariado, no sólo para derrocar el zarismo y el capitalismo, sino también para edificar el socialismo bajo la dictadura del proletariado. Sabido es que, gracias a Lenin y a su Partido, la idea de la hegemonía del proletariado fue aplicada magistralmente en Rusia. A ello, entre otras cosas, se debe que la revolución llevara en Rusia al Poder del proletariado. Antes, las cosas solían ocurrir así: los obreros combatían en las barricadas durante la revolución, vertían su sangre, derrumbaban el antiguo orden de cosas, pero el Poder iba a parar a manos de los burgueses, quienes, después, oprimían y explotaban a los obreros. Así sucedió en Inglaterra y en Francia. Así sucedió en Alemania. En nuestro país, las cosas tomaron otro giro. En Rusia, los obreros no eran solamente la fuerza de choque de la revolución. Al mismo tiempo que era la fuerza de choque de la revolución, el proletariado ruso se esforzaba por ejercer la hegemonía, la dirección política de todas las masas explotadas de la ciudad y del campo, agrupándolas a su alrededor, apartándolas de la burguesía, aislando a ésta políticamente.

Al ejercer la hegemonía entre las masas explotadas, el proletariado ruso combatía para adueñarse del Poder y utilizarlo en su propio interés, contra la burguesía, contra el capitalismo. A ello, precisamente, se debe que cada acción vigorosa de la revolución en Rusia, tanto en octubre de 1905 como en febrero de 1917, sacara a escena a los Soviets de Diputados Obreros, germen del nuevo aparato de Poder llamado a aplastar a la burguesía, en oposición al parlamento burgués, viejo aparato de Poder llamado a aplastar al proletariado. La burguesía de nuestro país intentó restaurar el parlamento burgués y acabar con los Soviets en dos ocasiones -en septiembre de 1917, en los días del Anteparlamento, antes de la toma del Poder por los bolcheviques, y en enero de 1918, cuando se convocó la Asamblea Constituyente, después de la toma del Poder por el proletariado-, pero fue derrotada en ambas ocasiones. ¿Por qué? Porque la burguesía estaba ya políticamente aislada, las grandes masas trabajadoras consideraban al proletariado jefe único de la revolución y sabían ya, por haberlos comprobado prácticamente, que los Soviets eran su propio Poder obrero y que para el proletariado sería un suicidio cambiar este Poder por el parlamento burgués. No es extraño, pues, que el parlamentarismo burgués no echara raíces en nuestro país. Por eso la revolución llevó en Rusia al Poder del proletariado. Tales son los resultados que se obtuvieron aplicando la teoría de Lenin de la hegemonía del proletariado en la revolución.

En quinto lugar, la cuestión nacional y colonial. Marx y Engels, al analizar en su tiempo los acontecimientos de Irlanda, de la India, de China, de los países de la Europa Central, de Polonia y de Hungría, formularon las ideas principales, que sirven de punto de partida en la cuestión nacional y colonial. En sus obras, Lenin se basaba en dichas ideas. Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema es que: a) reunió las ideas de Marx y Engels en un todo único, en un sistema armónico de concepciones sobre las revoluciones nacionales y coloniales en la época del imperialismo; b) ligó la cuestión nacional y colonial al problema del derrocamiento del imperialismo; c) proclamó la cuestión nacional y colonial parte integrante del problema general de la revolución proletaria internacional. Finalmente, la cuestión del Partido del proletariado. Marx y Engels bosquejaron a grandes rasgos su concepción del Partido como destacamento de vanguardia del proletariado, sin el cual (sin el Partido) el proletariado no puede lograr su emancipación, es decir, no puede tomar el Poder ni transformar la sociedad capitalista. Lo que Lenin aportó de nuevo en este problema consiste en que desarrolló el bosquejo hecho por Marx y Engels, teniendo en cuenta las nuevas condiciones de lucha del proletariado en el período del imperialismo, y demostró que: a) el Partido es la forma superior de la organización de clase del proletariado, en comparación con las otras formas de la organización del proletariado (los sindicatos, las cooperativas, el Estado), cuya labor está llamado a sintetizar y orientar; b) la dictadura del proletariado no puede ser ejercida sino por medio del Partido, que es su fuerza orientadora; c) la dictadura del proletariado sólo puede ser completa si está dirigida por un solo partido, por el Partido Comunista, que no comparte y no debe compartir la dirección con otros partidos; d) sin una disciplina de hierro en el Partido, no pueden ser realizadas las tareas de la dictadura del proletariado, que consisten en aplastar a los explotadores y en transformar la sociedad de clases en sociedad socialista.

Eso es, en líneas generales, lo que Lenin aportó de nuevo en sus obras, concretando y desarrollando la doctrina de Marx conforme a las nuevas condiciones de lucha del proletariado en el período del imperialismo. Precisamente por eso decimos nosotros que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias. De ello se desprende que no es posible separar el leninismo del marxismo, ni mucho menos oponerlo al marxismo. En la pregunta hecha por la delegación, se dice también: “¿Sería acertado afirmar que Lenin creía en la “revolución creadora”, mientras que Marx se inclinaba más bien a esperar que el desarrollo de las fuerzas económicas hubiese alcanzado su punto culminante?”. Yo creo que afirmar tal cosa sería completamente erróneo. Opino que toda revolución verdaderamente popular es creadora, porque destruye el viejo orden de cosas y crea, construye un orden de cosas nuevo. Claro está que no puede haber nada creador en las “revoluciones”, con perdón sea dicho, que se producen a veces en algunos países atrasados en forma de “insurrecciones” de unas tribus contra otras y que parecen un juego de niños. Pero los marxistas jamás hemos considerado que esas “insurrecciones” parecidas a un juego de niños fueran revolución. No se trata, evidentemente, de “insurrecciones” de este tipo, sino de una revolución popular de masas, que levante a las clases oprimidas contra las clases opresoras. Y tal revolución no puede por menos de ser creadora. Marx y Lenin eran, precisamente, partidarios de tal revolución y solamente de tal revolución. Además, esa revolución, como es lógico, no puede hacerse en cualquier circunstancia, sino sólo en determinadas condiciones favorables de orden económico y político.

2a PREGUNTA. ¿Puede decirse que el Partido Comunista controla al gobierno? RESPUESTA. Todo depende de cómo se entienda el control. En los países capitalistas, el control se entiende de modo un tanto original. Sé que los grandes Bancos controlan a numerosos gobiernos capitalistas, pese a la existencia de parlamentos “democráticos”. Los parlamentos aseguran que son ellos, precisamente, los que controlan a los gobiernos. Pero, en realidad, ocurre que los grandes consorcios financieros predeterminan la composición de los gobiernos y controlan sus actos. ¿Quién ignora que en ninguna “potencia” capitalista puede formarse un gabinete contra la voluntad de los grandes magnates de las finanzas? Basta cierta presión financiera para que los ministros salten de sus puestos como endemoniados. Esto es, en realidad, el control de los Bancos sobre los gobiernos, pese al control imaginario de los parlamentos. Si se trata de esto, debo decir que en nuestro país no se concibe y está completamente excluido el control de los dueños de la bolsa de oro sobre el gobierno, siquiera sea por el mero hecho de que en nuestro país hace tiempo que los Bancos fueron nacionalizados y los dueños de la bolsa de oro arrojados de la U.R.S.S.

¿Acaso la pregunta de la delegación no se refería al control, sino a la dirección del gobierno por el Partido? Si era eso lo que quería preguntar la delegación, yo le respondo: sí; en nuestro país, el Partido dirige al gobierno. Y esta dirección es posible porque el Partido posee la confianza de la mayoría de los obreros y de los trabajadores en general y tiene derecho a dirigir los organismos del gobierno en nombre de esta mayoría. ¿En qué consiste la dirección del gobierno por el partido obrero de la U.R.S.S., por el Partido Comunista de la U.R.S.S.? Ante todo, en que el Partido Comunista se esfuerza por promover a los cargos principales de la administración pública de nuestro país, a través de los Soviets y de sus congresos, a sus candidatos, a sus mejores hombres, fieles a la causa del proletariado y dispuestos a servir en cuerpo y alma al proletariado. Y esto lo consigue en la inmensa mayoría de los casos, pues los obreros y los campesinos tienen confianza en el Partido. No es casualidad que los dirigentes de nuestros órganos de Poder sean comunistas y que, como dirigentes, disfruten de inmenso prestigio en el país. En segundo lugar, en que el Partido comprueba la labor de los órganos de administración, la labor de los órganos de Poder, subsanando los errores y las deficiencias, que no faltan, ayudándoles a aplicar las decisiones del gobierno y esforzándose por asegurarles el apoyo de las masas, y esos órganos no adoptan ni una sola decisión importante sin las correspondientes indicaciones del Partido. En tercer lugar, en que, al trazar el plan de trabajo de estos o los otros órganos de Poder en la esfera de la industria y de la agricultura, o bien del comercio y de la labor cultural, el Partido da las indicaciones directivas generales que determinan el carácter y la orientación de la actividad de estos órganos durante la vigencia de los planes en cuestión. La prensa burguesa suele “asombrarse” de esta “ingerencia” del Partido en los asuntos del Estado. Pero es un “asombro” enteramente falso.

Es sabido que, en los países capitalistas, los partidos burgueses “se inmiscuyen” exactamente lo mismo en los asuntos del Estado y dirigen los gobiernos, con la agravante de que allí la dirección está concentrada en manos de un reducido círculo de personas ligadas de uno u otro modo a los grandes Bancos, debido a lo cual se esfuerzan por ocultar su papel a la población. ¿Quién ignora que todo partido burgués de Inglaterra o de los demás países capitalistas tiene su gabinete secreto, formado por un reducido grupo de personas que concentran en sus manos la dirección? Recordad aunque no sea más que el conocido discurso de Lloyd George en el que habló del gabinete del partido liberal que actúa “a la sombra”. La diferencia, en este aspecto, entre el País de los Soviets y los países capitalistas estriba en que: a) en los países capitalistas, los partidos burgueses dirigen el Estado en interés de la burguesía y contra el proletariado, mientras que, en la U.R.S.S., el Partido Comunista dirige el Estado en interés del proletariado y contra la burguesía; b) los partidos burgueses ocultan su papel dirigente al pueblo, recurriendo a la ayuda de sospechosos gabinetes secretos, mientras que el Partido Comunista de la U.R.S.S. no necesita ningún gabinete secreto, condena la política y la labor práctica de los gabinetes secretos y declara públicamente, ante todo el país, que asume la responsabilidad de la dirección del Estado.

Un delegado: ¿Del mismo modo dirige el Partido los sindicatos? Stalin: En lo fundamental, sí. Formalmente, el Partido no puede dar ninguna directiva a los sindicatos. Pero el Partido da directivas a los comunistas que trabajan en los sindicatos. Es sabido que en los sindicatos existen grupos comunistas, igual que en los Soviets, en las cooperativas, etc. La obligación de estos grupos comunistas consiste en lograr, mediante la persuasión, que en los organismos de los sindicatos, de los Soviets, de las cooperativas, etc. se adopten decisiones que correspondan a las directivas del Partido. Y eso lo consiguen en la inmensa mayoría de los casos, pues el Partido tiene influencia inmensa en las masas y goza de gran confianza entre ellas. De este modo se logra la unidad de acción de las organizaciones más diversas del proletariado. De otra forma, nos encontraríamos con la dispersión y la discordancia en la labor de estas organizaciones de la clase obrera.

3ª PREGUNTA. Siendo legal en Rusia sólo un partido, ¿cómo sabe usted que las masas simpatizan con el comunismo? RESPUESTA. Es cierto que en la U.R.S.S. no existen partidos burgueses legales, que aquí sólo goza de legalidad un partido, el Partido de los obreros, el Partido Comunista. Pero ¿contamos con procedimientos y medios para convencernos de que la mayoría de los obreros, la mayoría de las masas trabajadoras simpatiza con los comunistas? Se trata, naturalmente, de las masas obreras y campesinas, y no de la nueva burguesía ni de los restos de las antiguas clases explotadoras, derrotadas ya por el proletariado. Sí, tenemos esa posibilidad, tenemos procedimientos y medios para saber si las masas obreras y campesinas simpatizan o no con los comunistas. Tomemos los períodos más importantes de la vida de nuestro país y veamos si existen razones para afirmar que las masas simpatizan realmente con los comunistas. Tomemos, ante todo, un período tan importante como el de la Revolución de Octubre de 1917, cuando el Partido Comunista, precisamente como

partido, llamó públicamente a los obreros y a los campesinos a derrocar el Poder de la burguesía y cuando este Partido obtuvo el apoyo de la inmensa mayoría de los obreros, de los soldados y de los campesinos. ¿Qué situación existía entonces? Se hallaban en el Poder los socialrevolucionarios (eseristas) y los socialdemócratas (mencheviques), en bloque con la burguesía. El aparato de Poder en la capital y las provincias, lo mismo que el mando de un ejército de doce millones de hombres, se encontraba en manos de estos partidos, en manos del gobierno. El Partido Comunista estaba en la semiclandestinidad. Los burgueses de todos los países auguraban el inevitable fracaso del Partido Bolchevique. La Entente respaldaba por entero y sin reservas al gobierno Kerenski. Sin embargo, el Partido Comunista, el Partido Bolchevique llamaba sin descanso al proletariado a derribar este gobierno e instaurar la dictadura del proletariado. ¿Y qué sucedió? La inmensa mayoría de las masas trabajadoras de la retaguardia y del frente prestaron su más enérgico apoyo al Partido Bolchevique, y el gobierno Kerenski fue derribado, siendo establecido el Poder del proletariado. ¿Cómo pudo ocurrir que los bolcheviques triunfaran entonces, pese a los augurios hostiles de los burgueses de todos los países anunciando el hundimiento del Partido Bolchevique? ¿No demuestra esta circunstancia que las vastas masas trabajadoras simpatizan con el Partido Bolchevique?

Yo creo que lo demuestra. Ahí tienen la primera comprobación del prestigio y de la influencia del Partido Comunista entre las vastas masas de la población.. Tomemos el período siguiente, el período de la intervención, el período de la guerra civil, cuando los capitalistas ingleses ocuparon el Norte de Rusia, la zona de Arjánguelsk y de Múrmansk; cuando los capitalistas norteamericanos, ingleses, japoneses y franceses ocuparon Siberia, lanzando por delante a Kolchak; cuando los capitalistas franceses e ingleses tomaron medidas para ocupar “el Sur de Rusia”, alzando en el pavés a Denikin y a Wrángel. Era la guerra de la Entente y de los generales contrarrevolucionarios de Rusia contra el gobierno comunista de Moscú, contra las conquistas que nuestra revolución logró en Octubre. Era el período de la más grande comprobación de la fuerza y la solidez del Partido Comunista entre las vastas masas obreras y campesinas. ¿Y qué sucedió? ¿No es sabido, acaso, que, como resultado de la guerra civil, los ocupantes fueron expulsados de Rusia y los generales contrarrevolucionarios se vieron aplastados por el Ejército Rojo? Entonces se puso bien de manifiesto que la suerte de la guerra no la decide el armamento, que los enemigos de la U.R.S.S. suministraban en abundancia a Kolchak y Denikin; la deciden, en fin de cuentas, una política acertada, la simpatía y el apoyo de las vastas masas de la población.

¿Es casual que el Partido Bolchevique saliera entonces victorioso? Claro que no. ¿No evidencia esta circunstancia que el Partido Comunista goza en nuestro país de la simpatía de las vastas masas trabajadoras? Yo creo que sí. Ahí tienen la segunda comprobación de la fuerza y la solidez del Partido Comunista en la U.R.S.S. Pasemos al período actual, al período de la post guerra, cuando están en el primer plano las cuestiones de la edificación pacífica, cuando a la fase de ruina económica siguió una fase de restauración de la industria y, por último, una fase de transformación de toda nuestra economía nacional sobre una nueva base técnica. ¿Contamos ahora con procedimientos y medios para comprobar la fuerza y la solidez del Partido Comunista, para determinar el grado de simpatía de las vastas masas trabajadoras por este Partido? Yo creo que sí. Tomemos, ante todo, los sindicatos de la Unión Soviética, que agrupan a unos diez millones de proletarios; y veamos la composición de sus organismos dirigentes. ¿Es casual que los comunistas estén al frente de estos organismos? Claro que no. Sería absurdo pensar que a los obreros de la U.R.S.S. les tiene sin cuidado la composición de los organismos dirigentes de los sindicatos. Los obreros de la U.R.S.S. han crecido y se han formado en la tempestad de tres revoluciones.

Han aprendido, mejor que nadie, a comprobar a sus dirigentes y a arrojarlos por la borda si no satisfacen los intereses del proletariado. Hubo tiempos en que el hombre más popular de nuestro Partido era Plejánov. Pero los obreros no vacilaron en aislarlo resueltamente, cuando se convencieron de que Plejánov se había apartado de la línea proletaria. Y si estos obreros manifiestan su confianza absoluta en los comunistas, confiriéndoles los cargos de responsabilidad en los sindicatos, eso no puede dejar de ser un indicio claro de que la fuerza y la solidez del Partido Comunista entre los obreros de la U.R.S.S. son formidables. Ahí tienen la comprobación de que las vastas masas obreras simpatizan indudablemente con el Partido Comunista. Tomemos las últimas elecciones a los Soviets. En nuestro país disfruta del derecho a elegir a los Soviets toda la población adulta, a partir de los 18 años de edad, sin distinción de sexo y nacionalidad, con excepción de los elementos burgueses que explotan trabajo ajeno y están privados de derechos electorales. El censo asciende a unos 60 millones de personas, en su inmensa mayoría, como es natural, campesinos. De estos 60 millones han emitido sufragio cerca del 51 %, o sea, más de 30 millones. Fíjense ahora en la composición de los órganos

dirigentes centrales y locales de nuestros Soviets. ¿Puede considerarse fortuito que la inmensa mayoría de los elementos dirigentes electos sean comunistas? Está claro que esto no se puede considerar fortuito. ¿Acaso no evidencia este hecho que el Partido Comunista goza de la confianza de millones y millones de campesinos? Yo creo que sí. Ahí tienen otra comprobación más de la fuerza y la solidez del Partido Comunista. Tomemos el Komsomol (Unión de la Juventud Comunista), que agrupa a cerca de dos millones de jóvenes obreros y campesinos. ¿Puede considerarse fortuito que la inmensa mayoría de los elementos dirigentes electos del Komsómol sean comunistas? Creo que no puede considerarse fortuito. Ahí tienen otra comprobación más de la fuerza y del prestigio del Partido Comunista. Tomemos, por último, nuestras innumerables conferencias, reuniones, asambleas de delegados, etc., que abarcan a millones y millones de trabajadores, hombres y mujeres, obreros y obreras, campesinos y campesinas de todas las nacionalidades que forman parte de la U.R.S.S. A veces en el Occidente se ironiza a costa de estas reuniones y conferencias, diciendo que a los rusos les gusta hablar por los codos.

Pero para nosotros estas reuniones y conferencias tienen enorme importancia, tanto en el sentido de pulsar el estado de ánimo de las masas como en el sentido de descubrir nuestros errores y trazar los procedimientos para subsanarlos, pues tenemos bastantes errores y no los ocultamos, considerando que poner al desnudo los errores y corregirlos honradamente es el mejor procedimiento para mejorar la dirección del país. Fíjense en los discursos de los oradores en estas conferencias y reuniones, fíjense en las observaciones prácticas y sinceras de estos “hombres sencillos”, obreros y campesinos, fíjense en sus decisiones y verán la formidable influencia y el prestigio del Partido Comunista, verán que esta influencia y este prestigio podría envidiarlos cualquier partido del mundo. Ahí tienen otra comprobación más de la solidez del Partido Comunista. Tales son los procedimientos y los medios que permiten comprobar la fuerza y la influencia del Partido Comunista entre las masas populares. Ahí tienen cómo sé yo que las vastas masas obreras y campesinas de la U.R.S.S. simpatizan con el Partido Comunista.

4a PREGUNTA. Si un grupo sin-partido organizase una fracción y presentase en las elecciones candidatos que defendiesen una plataforma de apoyo al Gobierno Soviético, pero reclamando, al propio tiempo, la abolición del monopolio del comercio exterior, ¿podría contar con sus medios y realizar una activa campaña política? RESPUESTA. Creo que en esta pregunta hay un contrasentido irremediable. Es imposible imaginarse un grupo que defienda una plataforma de apoyo al Gobierno Soviético y reclame, al propio tiempo, la abolición del monopolio del comercio exterior. ¿Por qué? Porque el monopolio del comercio exterior figura entre las bases inmutables de la plataforma del Gobierno Soviético; porque un grupo que exigiera la abolición del monopolio del comercio exterior no podría apoyar al Gobierno Soviético; porque semejante grupo sólo podría ser un grupo profundamente hostil a todo el régimen soviético. Naturalmente, en la U.R.S.S. existen elementos que piden la abolición del monopolio del comercio exterior. Son los nepmanes, los kulaks, los restos de las clases explotadoras derrotadas ya, etc. Pero estos elementos representan una ínfima minoría de la población. Creo que la delegación no se referirá a estos elementos. En cambio, si se trata de los obreros y de las masas de campesinos trabajadores, debo decir que la reclamación de abolir el monopolio del comercio exterior sólo podría despertar entre ellos hilaridad y una actitud hostil. En efecto, ¿qué podría significar para los obreros la supresión del monopolio del comercio exterior?

Significaría para ellos la renuncia a la industrialización del país, a la construcción de fábricas nuevas, al ensanche de las fábricas viejas; significaría la inundación de la U.R.S.S. con mercancías de los países capitalistas, la reducción de nuestra industria debido a su relativa debilidad, un gran aumento del número de parados, el empeoramiento de la situación material de la clase obrera, el debilitamiento de sus posiciones económicas y políticas; significaría, en último término, el fortalecimiento del nepman y de la nueva burguesía en general. ¿Puede aceptar este suicidio el proletariado de la U.R.S.S.? Claro que no. ¿Y qué significaría para las masas campesinas trabajadoras la supresión del monopolio del comercio exterior? Significaría la transformación de nuestro país, de país soberano, en semicolonia y el empobrecimiento de las masas campesinas. Significaría el retorno al régimen de “comercio libre” reinante en tiempos de Kolchak y Denikin, cuándo las fuerzas coligadas de los generales contrarrevolucionarios y de los “aliados” saqueaban y desvalijaban a sus anchas a millones de campesinos; significaría, en último término, el fortalecimiento de los kulaks y demás elementos explotadores del campo. Los campesinos experimentaron ya bastante las delicias de ese régimen en Ucrania y en el Cáucaso del Norte, en el Volga y en Siberia. ¿Qué razones existen para suponer que deseen ceñirse de nuevo este dogal? ¿Acaso no está claro que las masas campesinas trabajadoras no pueden ser partidarias de la supresión del monopolio del comercio exterior? Un delegado: La delegación planteaba el punto

del monopolio del comercio exterior, de su abolición, como un punto en torno al cual podría organizarse todo un grupo de la población si no hubiera en la U.R.S.S. el monopolio de un partido, el monopolio de la legalidad. Stalin: La delegación vuelve, de este modo, al monopolio del Partido Comunista como único partido legal en la U.R.S.S. Ya he dado breve respuesta a esta pregunta al hablar de los medios y procedimientos para comprobar las simpatías de las masas de millones de obreros y campesinos por el Partido Comunista. Por lo que respecta a otros sectores de la población, a los kulaks, a los nepmanes, a los restos de las antiguas clases explotadoras derrotadas, en nuestro país carecen del derecho a tener su propia organización política, al igual que carecen de derechos electorales. El proletariado no desposeyó sólo a la burguesía de las fábricas, los Bancos y los ferrocarriles, la tierra y las minas; la desposeyó también del derecho a tener su propia organización política, pues el proletariado no quiere la restauración del Poder de la burguesía. La delegación, por lo visto, no tiene nada en contra de que el proletariado de la U.R.S.S. haya desposeído a la burguesía y a los terratenientes de las fábricas, la tierra y los ferrocarriles, los Bancos y las minas. (Risas.)

Pero se me figura que la delegación siente cierta perplejidad al ver que el proletariado no se ha limitado a esto y ha ido más lejos, desposeyendo a la burguesía de derechos políticos. Esto, a mi modo de ver, no es muy lógico, o, mejor dicho, no es nada lógico. ¿Con qué razón se exige que el proletariado sea magnánimo con la burguesía? ¿Es que la burguesía del Occidente, que está en el Poder, manifiesta la más pequeña magnanimidad con la clase obrera? ¿Es que no pone al margen de la ley a los verdaderos partidos revolucionarios de la clase obrera? ¿Con qué razón se exige que el proletariado de la U.R.S.S. sea magnánimo con su enemigo de clase? Creo que la lógica obliga. El que piensa en la posibilidad de devolver a la burguesía sus derechos políticos, debe, si quiere ser lógico, ir más lejos y plantear también la devolución de las fábricas, los ferrocarriles y los Bancos a la burguesía. Un delegado: La delegación se proponía aclarar de qué modo pueden expresarse legalmente, en el seno de la clase obrera y del campesinado, opiniones distintas a las del Partido Comunista. No sería justo creer que la delegación se interesa por el problema de si se conceden derechos políticos a la burguesía y de qué modo puede la burguesía encontrar medios legales para expresar sus opiniones. De lo que se trata es, concretamente, de qué modo pueden expresarse legalmente, en la clase obrera y el campesinado, opiniones distintas a las del Partido Comunista.

Otro delegado: Estas opiniones distintas podrían manifestarse en las organizaciones de masas de la clase obrera, en los sindicatos, etc. Stalin: Muy bien. Entonces no se trata del restablecimiento de los derechos políticos de la burguesía, sino de la lucha de opiniones en el seno de la clase obrera y del campesinado. ¿Existe actualmente lucha de opiniones en el seno de los obreros y de las masas de campesinos trabajadores de la Unión Soviética? Es indudable que existe. No, puede ser que millones de obreros y campesinos piensen igual, en todas las cuestiones prácticas y en todos los detalles. Eso no ocurre en la vida. En primer lugar hay gran diferencia entre los obreros y los campesinos, tanto en el sentido de su situación económica como en el de sus puntos de vista acerca de unas u otras cuestiones. En segundo lugar, existen ciertas diferencias entre los puntos de vista de la propia clase obrera: diferencias de educación, diferencias de edades y de temperamento, diferencias entre los obreros de raíz proletaria y los obreros procedentes del campo, etc. Todo esto conduce a la lucha de opiniones entre los obreros y entre las masas trabajadoras del campesinado, lucha que se manifiesta legalmente en las asambleas, en los sindicatos, en las cooperativas, en las elecciones a los Soviets, etc. Pero entre la lucha de opiniones ahora, con la dictadura del proletariado, y la lucha de opiniones en el pasado, antes de la Revolución de Octubre, existe una diferencia esencial.

Entonces, en el pasado, la lucha de opiniones en el seno de los obreros y de los campesinos trabajadores se concentraba, sobre todo, en los problemas del derrocamiento de los terratenientes, del zarismo, de la burguesía, en la destrucción del régimen burgués. Ahora, con la dictadura del proletariado, la lucha de opiniones no gira en torno al derrocamiento del Poder Soviético ni a la destrucción del régimen soviético, sino en torno al mejoramiento de los organismos del Poder Soviético, al mejoramiento de su labor. La diferencia es esencial. No hay nada asombroso en que la lucha de opiniones en torno a la destrucción revolucionaria de los regímenes existentes diera motivo en el pasado a la aparición de varios partidos, que se hacían la competencia dentro de la clase obrera y de las masas trabajadoras del campesinado. Estos partidos eran el Partido Bolchevique, el partido menchevique y el partido eserista. Por otra parte, es muy sencillo comprender también que la lucha de opiniones ahora, con la dictadura del proletariado, cuando no se propone destruir el régimen soviético existente, sino mejorarlo y consolidarlo, no da pie para la existencia de varios partidos entre los obreros y las masas trabajadoras del campo. Por eso, la legalidad de un solo partido, del Partido Comunista, y el monopolio de este partido, lejos de suscitar objeciones entre los obreros y los

campesinos trabajadores, se considera, por el contrario, algo necesario y deseable. La situación de nuestro Partido como único partido legal en el país (el monopolio del Partido Comunista) no es nada artificioso ni una caprichosa ficción. Semejante situación no puede crearse artificialmente, con maquinaciones administrativas, etc. El monopolio de nuestro Partido lo engendró la vida, cristalizó históricamente debido al rotundo fracaso de los partidos eserista y menchevique y a su desaparición de la escena en virtud de las condiciones de nuestra vida. ¿Qué eran los partidos eserista y menchevique en el pasado? Eran los vehículos de la influencia burguesa en el proletariado. ¿Qué fomentaba y mantenía la existencia de estos partidos hasta octubre de 1917? La existencia de la clase burguesa y, en última instancia, la existencia del Poder burgués. ¿No está claro que con el derrocamiento de la burguesía tenía que desaparecer la razón de existir de estos partidos? ¿Y en que se convirtieron estos partidos después de octubre de 1917? Se convirtieron en partidos de la restauración del capitalismo y del derrocamiento del Poder del proletariado. ¿No está claro que estos partidos tenían que perder todo apoyo y toda influencia entre los obreros y las capas trabajadoras del campesinado?

La lucha entre el Partido Comunista y los partidos eserista y menchevique por la influencia en la clase obrera no empezó ayer. Su comienzo se remonta a los primeros brotes del movimiento revolucionario de masas en Rusia, a los tiempos anteriores a 1905. El período comprendido entre 1903 y octubre de 1917 es un período de enconada lucha de opiniones en la clase obrera de nuestro país, un período de lucha entre bolcheviques, mencheviques y eseristas por la influencia en la clase obrera. En ese período, la clase obrera de la U.R.S.S. pasó por tres revoluciones. En el fuego de estas revoluciones probó y contrastó a esos partidos, su utilidad para la causa de la revolución proletaria, su espíritu revolucionario proletario. Y vemos que para las jornadas de Octubre de 1917, cuando la historia hizo balance de toda la lucha revolucionaria anterior, cuando la historia midió en su balanza el peso de los partidos que luchaban en el seno de la clase obrera, la clase obrera de la U.R.S.S. hizo, por fin, su elección definitiva, optando por el Partido Comunista como único partido proletario. ¿Cómo se explica que la clase obrera optase por el Partido Comunista? ¿Acaso no es un hecho que en abril de 1917 los bolcheviques eran una minoría insignificante en el Soviet de Petrogrado, por ejemplo? ¿Acaso no os un hecho que los eseristas y los mencheviques tenían entonces la inmensa mayoría en los Soviets?

¿Acaso no es un hecho que en vísperas de las jornadas de Octubre todo el aparato de Poder y todos los medios coercitivos se hallaban en manos del partido eserista y del partido menchevique, que formaban un bloque con la burguesía? Esto se explica porque el Partido Comunista propugnaba entonces el cese de la guerra y una inmediata paz democrática, mientras que el partido eserista y el partido menchevique defendían la “guerra hasta la victoria final”, la continuación de la guerra imperialista. Esto se explica porque el Partido Comunista propugnaba entonces el derrocamiento del gobierno Kerenski, el derrocamiento del Poder burgués, la nacionalización de las fábricas, de los Bancos y los ferrocarriles, mientras que el partido menchevique y el partido eserista luchaban por el gobierno Kerenski y defendían los derechos de la burguesía a las fábricas, a los Bancos y a los ferrocarriles. Esto se explica porque el Partido Comunista propugnaba entonces la confiscación inmediata de las tierras de los terratenientes en favor de los campesinos, mientras que el partido eserista y el partido menchevique aplazaban este asunto hasta la Asamblea Constituyente, cuya convocatoria, a su vez, demoraban por tiempo indefinido. ¿Qué tiene de asombroso que los obreros y los campesinos pobres se inclinaran, por fin, a favor del partido Comunista?

¿Qué tiene de asombroso que el partido eserista y el partido menchevique se fueran a pique tan rápidamente? Ese es el origen del monopolio del Partido Comunista y eso explica por qué llegó al Poder el Partido Comunista. El período posterior, el período que siguió a octubre de 1917, el período de la guerra civil fue el período del fracaso definitivo del partido menchevique y del partido eserista, el período del triunfo definitivo del Partido Bolchevique. En ese período, los propios mencheviques y eseristas facilitaron el triunfo del Partido Comunista. Derrotados y náufragos durante la Revolución de Octubre, los restos del partido menchevique y del eserista comenzaron a ligarse a los levantamientos contrarrevolucionarios de los kulaks, formaron un bloque con los kolchakistas y los denikinistas, pusiéronse al servicio de la Entente y se enterraron definitivamente a los ojos de los obreros y de los campesinos. Se llegó a una situación en que los eseristas y los mencheviques, que de revolucionarios burgueses se habían convertido en contrarrevolucionarios burgueses, ayudaban a la Entente a estrangular a la nueva Rusia, a la Rusia Soviética, mientras que el Partido Bolchevique, agrupando en torno suyo a todo lo sano y revolucionario, alzaba a nuevos y nuevos destacamentos de obreros y campesinos a la lucha por la patria socialista, a la lucha contra la Entente.

Como es natural, la victoria de los comunistas, en ese período tenía que conducir, y condujo en realidad, a la derrota en toda la línea de los eseristas y de los mencheviques. ¿Qué tiene de asombroso que, después de esto, el Partido Comunista haya llegado a ser el único partido de la clase obrera y de los campesinos pobres? Así cristalizó el monopolio del Partido Comunista como único partido legal del país. Ustedes hablan de la lucha de opiniones dentro de los obreros y de los campesinos ahora, con la dictadura proletaria. Ya he dicho que hay y habrá lucha de opiniones, que de otro modo es imposible avanzar; pero la lucha de opiniones dentro de los obreros, en las actuales condiciones, no se libra en torno a la cuestión de principio del derrocamiento del régimen soviético, sino en torno a las cuestiones prácticas de mejorar los Soviets, de subsanar los errores de los organismos soviéticos, es decir, de robustecer el Poder Soviético. Como se comprenderá, esta lucha de opiniones sólo puede fortalecer y perfeccionar al Partido Comunista. Como se comprenderá, esta lucha de opiniones sólo puede fortalecer el monopolio del Partido Comunista. Como se comprenderá, esta lucha de opiniones no puede dar pie para la formación de otros partidos en el seno de la clase obrera y del campesinado trabajador.

5a PREGUNTA. ¿Puede hablamos brevemente de las discrepancias fundamentales entre usted y Trotski? RESPUESTA. Debo decir, ante todo, que las discrepancias con Trotski no son discrepancias personales. Si fueran de índole personal, el Partido no se habría ocupado de este asunto ni una hora, pues no entra en sus gustos que nadie destaque demasiado. Se trata, evidentemente, de discrepancias en el Partido. Así entiendo la pregunta. Sí, estas discrepancias existen en el Partido. En sus recientes informes, Rykov, en Moscú, y Bujarin, en Leningrado, han hablado con bastante detalle del carácter de estas discrepancias. Estos informes han sido publicados. No tengo nada que añadir a lo que se dice en ellos sobre las discrepancias. Si no tienen ustedes estos documentos, puedo facilitárselos. (La delegación explica que posee estos documentos.) Un delegado: A nuestro regreso nos preguntarán por estas discrepancias, pero no disponemos de todos los documentos. No tenemos, por ejemplo, la “plataforma de los 83”. Stalin: Yo no he firmado esa “plataforma”. No estoy autorizado a disponer de documentos ajenos. (Risas.)

6a PREGUNTA. En los países capitalistas, el estímulo fundamental para el desarrollo de la producción se basa en la esperanza de obtener beneficios. Este estímulo no existe -relativamente, claro está- en la U.R.S.S. ¿Qué lo sustituye y hasta qué punto esta sustitución, a su juicio, es eficaz? ¿Puede ser duradera? RESPUESTA. Es cierto que el motor fundamental de la economía capitalista es la obtención de beneficios. También es cierto que la obtención de beneficios no es ni la finalidad ni el motor de nuestra industria socialista. ¿Cuál es, entonces, el motor de nuestra industria? Ante todo, la circunstancia de que las fábricas de nuestro país pertenecen a todo el pueblo, y no a los capitalistas, de que las fábricas no las dirigen testaferros de los capitalistas, sino representantes de la clase obrera. La conciencia de que los obreros no trabajan para el capitalista, sino para su propio Estado, para su propia clase, esta conciencia es una formidable fuerza impulsora para desarrollar y perfeccionar nuestra industria. Hay que destacar que la inmensa mayoría de los directores de fábrica de nuestro país son obreros, nombrados por el Consejo Supremo de la Economía Nacional de acuerdo con los sindicatos, con la particularidad de que ningún director puede continuar en su puesto contra la voluntad de los obreros o de los sindicatos correspondientes. Hay que destacar, además, que cada fábrica tiene su propio comité fabril, elegido por los obreros y que controla la labor de la dirección de la empresa.

Hay que destacar, por último, que en cada empresa industrial se celebran reuniones de producción de los obreros, en los que toman parte todos los obreros de la empresa y donde éstos comprueban por entero la labor del director de la empresa, examinan el plan de trabajo de la dirección de la fábrica, señalan los errores y las deficiencias y tienen la posibilidad de eliminar estas deficiencias a través de los sindicatos, a través del Partido y a través de los organismos del Poder Soviético. No es difícil comprender que todas estas circunstancias cambian radicalmente tanto la situación de los obreros como el régimen de la empresa. Mientras que bajo el capitalismo la fábrica es para el obrero una propiedad ajena y extraña e incluso un presidio, con el régimen soviético el obrero no mira ya la fábrica como un presidio, sino como algo entrañable y querido, en cuyo desarrollo y mejoramiento está vitalmente interesado. No creo que sea necesario demostrar que esta nueva actitud de los obreros hacia la fábrica, hacia la empresa, este cariño de los obreros a la empresa es un poderosísimo motor de toda nuestra industria. Esta circunstancia explica el que aumente día tras día el número de obreros inventores en el terreno de la técnica de la producción y el de organizadores de la industria. En segundo lugar, la circunstancia de que en nuestro país los ingresos provenientes de la industria

no sirven para enriquecer a unos cuantos, sino para seguir ampliando la industria, para mejorar la situación material y cultural de la clase obrera, para abaratar los artículos manufacturados que necesitan tanto los obreros como los campesinos, es decir, sirven también para mejorar la situación material de las masas trabajadoras. El capitalista no puede invertir sus ingresos en elevar el bienestar de la clase obrera. Vive para la ganancia. De otro modo, no sería capitalista. Saca beneficios para obtener capitales adicionales y exportarlos a países menos desarrollados, con el fin de obtener nuevos beneficios aún mayores. Así afluyen los capitales de Norteamérica a China, a Indonesia, a la América del Sur, a Europa; de Francia van a las colonias francesas, y de Inglaterra a las colonias inglesas. En nuestro país, la cosa es distinta, pues no aplicamos ni admitimos la política colonial. Los ingresos provenientes de la industria se quedan en el país para seguir ampliando la industria, para mejorar la situación de los obreros, para elevar la capacidad del mercado interior, incluido el mercado campesino, abaratando los artículos manufacturados. En nuestro país, hacia un 10'% de los ingresos provenientes de la industria se destina a mejorar la vida de la clase obrera. El Estado destina al seguro de la clase obrera una suma equivalente al 13% del total del salario que los obreros perciben en metálico.

Cierta parte de los ingresos (no puedo decir ahora cuál concretamente) se emplea en necesidades culturales, aprendizaje fabril y en las vacaciones de los obreros. Una parte bastante considerable de estos ingresos (tampoco puedo ahora especificarla) se emplea en elevar el salario en metálico de los obreros. La parte restante de los ingresos provenientes de la industria sirve para ampliar la industria, reparar las fábricas viejas, construir nuevas fábricas y, finalmente, para abaratar los artículos manufacturados. La inmensa significación de estas circunstancias para toda nuestra industria consiste en que: a) facilitan el acercamiento entre la agricultura y la industria y la atenuación de las contradicciones entre la ciudad y el campo; b) cooperan al crecimiento de la capacidad del mercado interior, de la ciudad y del campo, creando así una base en constante desarrollo para seguir ampliando la industria. En tercer lugar, la circunstancia de que la nacionalización de la industria facilita la dirección planificada de toda la industria en su conjunto. ¿Son factores permanentes estos estímulos y motores de nuestra industria? ¿Pueden ser factores que actúen con carácter permanente? Sí, no cabe duda de que son estímulos y motores que actúan permanentemente. Y cuanto más se desarrolle nuestra industria, tanto más aumentarán la fuerza y la importancia de estos factores.

7a PREGUNTA. ¿En qué medida puede colaborar la U.R.S.S. con la industria capitalista de otros países? ¿Existe cierto tope para la colaboración o es ella sencillamente un experimento para fijar en qué terreno y en qué medida se puede colaborar? RESPUESTA. Se trata, evidentemente, de acuerdos temporales con los Estados capitalistas en la esfera de la industria, en la esfera del comercio y, puede ocurrir, en la esfera de las relaciones diplomáticas. Creo que la existencia de dos sistemas opuestos – el sistema capitalista y el sistema socialista- no excluye la posibilidad de tales acuerdos. Creo que son posibles y convenientes en una situación de desarrollo pacífico. La exportación y la importación son el terreno más adecuado para tales acuerdos. Nosotros necesita más utillaje, materias primas (por ejemplo, algodón), artículos semifabricados (de metal, etc.), y los capitalistas necesitan colocar estas mercancías. Ahí tienen un terreno para el acuerdo. Los capitalistas necesitan petróleo, madera y cereales, y nosotros necesitamos colocar estas mercancías. Ahí tienen un terreno para el acuerdo. Nosotros necesita más créditos, y los capitalistas necesitan buenos intereses a cambio de estos créditos. Ahí tienen otro terreno para el acuerdo, esta vez por la vía del crédito; y es sabido que los organismos soviéticos son los que pagan más puntualmente los créditos.

Lo mismo puede decirse en el aspecto diplomático. Nosotros seguimos una política de paz y estamos dispuestos a firmar con los Estados burgueses pactos mutuos de no agresión. Nosotros seguimos una política de paz y estamos dispuestos a llegar a un acuerdo acerca del desarme, llegando incluso a la supresión completa de los ejércitos permanentes, cosa que ya proclamamos ante el mundo entero en la Conferencia de Génova. Ahí tienen un terreno para el acuerdo por la vía diplomática. ¿Topes para estos acuerdos? Esos topes los pone el antagonismo de los dos sistemas, entre los cuales tiene lugar la emulación, la lucha. En el marco admitido por estos dos sistemas, pero sólo en este marco, los acuerdos son plenamente posibles. Así lo dice la experiencia de los acuerdos concertados con Alemania, Italia, el Japón, etc. ¿Son estos acuerdos un simple experimento o pueden tener un carácter más o menos prolongado? Esto no depende sólo de nosotros: depende también de la otra parte, depende de la situación general. La guerra puede dar al traste con todos y toda clase de acuerdos. Esto depende, finalmente, de las condiciones del acuerdo. Nosotros no podemos aceptar condiciones onerosas. Nosotros tenemos un contrato con Harriman, que explota unos yacimientos

de manganeso en Georgia. El contrato ha sido firmado por veinte años. Como ven, no es un plazo pequeño. Tenemos también un contrato con la Compañía Lena-Goldfields, que extrae oro en Siberia. El contrato ha sido concertado por treinta años, un plazo más largo todavía. Existe, por último, un contrato con el Japón para la explotación de los yacimientos de petróleo y de las minas de carbón de Sajalín. Nosotros querríamos que estos acuerdos tuviesen un carácter más o menos firme; pero eso, naturalmente, no depende sólo de nosotros, sino también de la otra parte.

8a PREGUNTA. ¿Cuáles son las principales diferencias entre Rusia y los Estados capitalistas en la política respecto a las minorías nacionales? RESPUESTA. Se trata, evidentemente, de las nacionalidades de la U.R.S.S. antes oprimidas por el zarismo y por las clases explotadoras rusas y que no tenían su propia organización estatal. La principal diferencia consiste en que en los Estados capitalistas existe la opresión nacional y el avasallamiento nacional, mientras en la U.R.S.S. se ha puesto fin radicalmente tanto a lo uno como a lo otro. Allí, en los Estados capitalistas, junto a las naciones de primera categoría, junto a las naciones privilegiadas, junto a las naciones “estatales” existen naciones de segunda categoría, naciones “no estatales”, naciones sin plenitud de derechos, privadas de unos u otros derechos y, ante todo, de derechos estatales. En la U.R.S.S., por el contrario, han sido abolidos todos estos atributos de desigualdad nacional y de opresión nacional. En nuestro país, todas las naciones son iguales en derechos y soberanas, pues han sido demolidos los privilegios nacionales y estatales de la nación gran rusa, que era antes la dominante. No se trata, claro está, de declaraciones acerca de la igualdad de derechos de las nacionalidades. Los partidos burgueses y socialdemócratas de toda laya han hecho no pocas declaraciones sobre la igualdad de derechos de las nacionalidades. ¿Qué valor tienen las declaraciones si no se llevan a la práctica? Se trata de que sean suprimidas las clases portadoras, autoras y ejecutoras de la opresión nacional. En nuestro país, estas clases eran los terratenientes y los capitalistas. Nosotros hemos derrocado a estas clases y, de tal manera hemos eliminado la posibilidad de la opresión nacional.

Y precisamente por haber derrocado a estas clases; se ha hecho posible en nuestro país; una auténtica igualdad de derechos de las nacionalidades. Esto es lo que llamamos realizar la idea de la autodeterminación de las naciones, llegando incluso a la separación. Precisamente porque hemos realizado la autodeterminación de las naciones, justamente por eso, hemos conseguido acabar con la desconfianza mutua entre las masas trabajadoras de las distintas naciones de la U.R.S.S. y unir a las naciones sobre el principio del libre consentimiento en un solo Estado federal. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que existe hoy día, es el resultado de nuestra política nacional y encarna la agrupación voluntaria de las naciones de la U.R.S.S. en un solo Estado federal. No creo que sea necesario demostrar que semejante política en la cuestión nacional, es inconcebible en los países capitalistas, pues allí se encuentran aun en el Poder los capitalistas, autores y ejecutores de la política de opresión nacional. No se puede por menos de destacar, por ejemplo, que al frente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, órgano supremo de Poder en la U.R.S.S., no hay un presidente solo, obligatoriamente ruso, sino seis presidentes, número que corresponde al de las seis repúblicas federadas que se han unido, en la U.R.S.S., de los cuales uno es ruso (Kalinin), otro ucraniano, (Petrovski), el tercero Bielorruso (Cheviakov), el cuarto azerbaidzhano (Musabékov), el quinto turcomano (Aitákov) y el sexto uzbeko (Faizulá Jodzháiev). Esto es un claro exponente de nuestra política nacional. Ni que decir tiene que ninguna república burguesa, por democrática que fuese, daría semejante paso. Sin embargo, este paso es para nosotros un hecho lógico, que dimana de toda nuestra política de igualdad de derechos de las naciones.

9a PREGUNTA. Los líderes obreros norteamericanos aducen, para justificar su lucha contra los comunistas, dos circunstancias: 1) los comunistas desorganizan el movimiento obrero con su lucha fraccionalista en el seno de los sindicatos y con sus ataques a las personas no radicales que ocupan cargos directivos en los sindicatos; 2) los comunistas norteamericanos reciben instrucciones de Moscú y, por eso, no pueden ser buenos dirigentes sindicales, ya que su lealtad a una organización extranjera está por encima de la lealtad a su sindicato. ¿Cómo puede salvarse esta dificultad, para que los comunistas norteamericanos puedan trabajar conjuntamente con las demás células del movimiento obrero norteamericano? RESPUESTA. Creo que las tentativas de los líderes obreros norteamericanos para justificar su lucha contra los comunistas no resisten la menor crítica. Nadie ha demostrado todavía ni podrá demostrar que los comunistas desorganizan el movimiento obrero. Pero, en cambio, hay que considerar plenamente demostrado que los comunistas son en todo el mundo, incluida Norteamérica, los combatientes más leales y más

valerosos del movimiento obrero. ¿Acaso no es un hecho que, en las huelgas y las manifestaciones de los obreros, los comunistas van en las primeras filas de la clase obrera, recibiendo los primeros golpes de los capitalistas, mientras que los líderes obreros reformistas se esconden en las trastiendas de los capitalistas? ¿Cómo pueden dejar de criticar los comunistas la cobardía y el espíritu reaccionario de los líderes obreros reformistas? ¿No está claro, acaso, que semejante crítica únicamente puede infundir vida al movimiento obrero y fortalecerlo? Es cierto que semejante crítica desprestigia a los líderes obreros reaccionarios, pero ¿qué tiene eso de particular? Que los líderes obreros reaccionarios respondan con una contracrítica, y no expulsando a los comunistas de los sindicatos. Creo que el movimiento obrero de Norteamérica, si quiere vivir y seguir desarrollándose, no puede prescindir de la lucha de opiniones y tendencias en el seno de los sindicatos. Creo que la lucha de opiniones y de tendencias en el seno de los sindicatos, la crítica a los líderes reaccionarios, etc., irán en aumento por mucho que se opongan los líderes obreros reformistas.

Y a la clase obrera de Norteamérica le es absolutamente indispensable esta lucha de opiniones y esta crítica para poder elegir entre las distintas tendencias y para definirse a sí misma, por fin, como fuerza organizada independiente dentro de la sociedad norteamericana. Lo único que demuestran los líderes reformistas norteamericanos, al quejarse de los comunistas, es que no están seguros de tener razón, es que se dan cuenta de que no pisan terreno firme. Por eso, precisamente, temen la crítica como a la peste. Un hecho digno de atención es que los líderes obreros norteamericanos son, por lo que se ve, enemigos más acérrimos de la democracia elemental que muchos burgueses de la propia Norteamérica. Es completamente falsa la afirmación de que los comunistas norteamericanos trabajan “cumpliendo instrucciones de Moscú”. No encontrarán en el mundo comunistas que se presten a actuar, “cumpliendo instrucciones” del exterior, contra sus convicciones, contra su voluntad, contra los imperativos de la situación. Y si existieran en alguna parte tales comunistas, no valdrían un comino. Los comunistas son los hombres más valerosos y abnegados, luchan contra multitud de enemigos. Lo valioso de los comunistas consiste, precisamente, entre otras cosas, en que saben defender sus convicciones.

Por eso es extraño hablar de los comunistas norteamericanos como de gente sin ideas propias y capaces de obrar únicamente “cumpliendo instrucciones” del exterior. En la afirmación de los líderes obreros sólo hay una cosa exacta y es, concretamente, que los comunistas norteamericanos forman parte de la organización internacional de los comunistas y, de vez en cuando, deliberan con el centro de esta organización sobre tales o cuales cuestiones. Pero ¿qué hay de malo en ello? ¿Es, que los líderes obreros norteamericanos están en contra de la organización de una central obrera internacional? Es verdad que no pertenecen a la de Ámsterdam; pero si no pertenecen, no es porque estén en contra de la central obrera internacional, sino porque consideran a Ámsterdam una organización demasiado izquierdista. (Risas.) ¿Por qué pueden organizarse los capitalistas en escala internacional, y la clase obrera o parte de la clase obrera no ha de tener su organización internacional? ¿No está claro que Green y sus amigos de la Federación Americana del Trabajo calumnian a los comunistas norteamericanos, repitiendo servilmente las leyendas de los capitalistas sobre las “instrucciones de Moscú”?

Hay quien cree que los miembros de la Internacional Comunista de Moscú no hacen más que escribir directivas para todos los países. Como son más de sesenta los países que forman parte de la Internacional Comunista, pueden ustedes imaginarse la situación de los miembros de la Internacional Comunista, que no duermen ni comen y lo único que hacen es escribir día y noche directivas para estos países. (Risas.) ¡Y con esta divertida leyenda piensan los líderes obreros norteamericanos encubrir su espanto ante los comunistas y ocultar un hecho: que los comunistas son los militantes más valerosos y más leales de la clase obrera de Norteamérica! La delegación pregunta qué salida existe a esta situación. Yo creo que la salida es una: admitir la lucha de opiniones y de tendencias dentro de los sindicatos de Norteamérica, desechar la política reaccionaria de expulsar a los comunistas de los sindicatos y permitir que la clase obrera de Norteamérica elija libremente entre estas tendencias, pues Norteamérica no ha tenido aún su Revolución de Octubre y a los obreros no se les ha ofrecido allí todavía la oportunidad de optar definitivamente entre las distintas tendencias de los sindicatos.

10a PREGUNTA. ¿Se envía dinero actualmente a Corteamérica para apoyar al Partido Comunista norteamericano o al periódico comunista “Daily Worker? En caso negativo, ¿qué aportación hacen los comunistas norteamericanos a la III Internacional en concepto de cuotas anuales? RESPUESTA. Si se trata de las relaciones entre el Partido Comunista de Norteamérica y la III Internacional, tengo que decir que el Partido Comunista de Norteamérica, como parte de la Internacional Comunista, abona, seguramente, cuotas a la Internacional Comunista, y lo mismo hay que

suponer que la Internacional Comunista, como centro del movimiento comunista mundial presta todo el concurso posible al Partido Comunista de Norteamérica cuando lo estima necesario. Creo que esto no tiene nada de sorprendente ni de extraordinario. Pero si se trata de las relaciones entre el Partido Comunista de Norteamérica y el Partido Comunista de la U.R.S.S., tengo que manifestar que no conozco ni un solo caso en que representantes del Partido Comunista norteamericano hayan solicitado la ayuda del Partido Comunista de la U.R.S.S. Podrán considerarlo extraño, pero es un hecho que evidencia la extremada susceptibilidad de los comunistas norteamericanos. Pero ¿qué sucedería si el Partido Comunista de Norteamérica solicitase la ayuda del Partido Comunista de la U.R.S.S.? Creo que el Partido Comunista de la U.R.S.S. le prestaría la ayuda que estuviera a su alcance. En efecto, ¿qué valdría un Partido Comunista, que además se encuentra en el Poder, si negase la ayuda que él pudiera prestar al Partido Comunista de otro país, que se encuentra bajo el yugo del capitalismo? Yo diría que semejante Partido Comunista no valía un comino. Admitamos que la clase obrera norteamericana llegase al Poder derribando a su burguesía; admitamos que a la clase obrera de Norteamérica, triunfante en la gran lucha contra el capitalismo, se dirigiera la clase obrera de otros país solicitando la ayuda material a su alcance, ¿podría negar esa ayuda la clase obrera norteamericana? Yo creo que se cubriría de oprobio si vacilase en prestarla.

11a PREGUNTA. Sabemos que algunos buenos comunistas no están conformes por entero con la exigencia del Partido Comunista de que todos los nuevos miembros sean ateos, pues en la actualidad el clero reaccionario ha sido ya aplastado. ¿Podría el Partido Comunista ser neutral en el futuro con respecto a una religión que apoyase a la ciencia en su conjunto y no se opusiera al comunismo? ¿Podrían permitir ustedes en el futuro que los miembros del Partido tuvieran creencias religiosas, si éstas no contradecían la lealtad al Partido? RESPUESTA. En esta pregunta hay varias inexactitudes. En primer lugar, no conozco a esos “buenos comunistas” de que habla la delegación y es poco probable que existan en realidad. En segundo lugar, debo manifestar que, refiriéndonos a la forma, no hay condiciones para el ingreso en el Partido que exijan obligatoriamente el ateísmo del candidato a militante. Nuestras condiciones para el ingreso en el Partido son: reconocimiento del programa y de los Estatutos del Partido, subordinación absoluta a las decisiones del Partido y de sus organismos, abonar las cuotas y pertenecer a una de las organizaciones del Partido. Un delegado: Yo leo con mucha frecuencia que se expulsa del Partido por creer en Dios. Stalin: Únicamente puedo repetir las mencionadas condiciones para el ingreso en el Partido. No existen otras condiciones. ¿Significa esto que el Partido es neutral con respecto a la religión? No, no lo significa. Hacemos y haremos propaganda contra los prejuicios religiosos. Según la legislación de nuestro país, cada ciudadano tiene derecho a profesar cualquier religión. Eso es cosa de la conciencia de cada uno. Por eso, precisamente, hemos separado la Iglesia del Estado.

Pero, al separar la Iglesia del Estado y proclamar la libertad de cultos, hemos reservado, además, a cada ciudadano el derecho a luchar mediante la persuasión, la propaganda y la agitación contra una u otra religión, contra toda religión. El Partido no puede ser neutral con respecto a la religión y hace propaganda antirreligiosa contra toda clase de prejuicios religiosos, porque es amigo de la ciencia, y los prejuicios religiosos van contra la ciencia, pues toda religión es algo opuesto a la ciencia. Los casos que se dan en Norteamérica, donde no hace mucho se condeno a los darvinistas, son imposibles en nuestro país, pues el Partido sigue la política de defender la ciencia por todos los medios. El Partido no puede ser neutral con respecto a los prejuicios religiosos y hará propaganda contra estos prejuicios, porque éste es uno de los medios más certeros para minar la influencia del clero reaccionario, que apoya a las clases explotadoras y predica la sumisión a estas clases. El Partido no puede ser neutral con respecto a los portadores de los prejuicios religiosos, con respecto al clero reaccionario, que envenena la conciencia de las masas trabajadoras. ¿Hemos aplastado nosotros al clero reaccionario? Sí, lo hemos aplastado. La única desgracia es que todavía no ha sido liquidado del todo. La propaganda antirreligiosa es el medio que debe llevar hasta el fin la liquidación del clero reaccionario. Se dan casos en que algunos miembros del Partido impiden a veces que se desarrolle al máximo la propaganda antirreligiosa. Se hace muy bien en expulsar del Partido a tales miembros, pues para semejantes “comunistas” no hay sitio en las filas de nuestro Partido.

12a PREGUNTA. ¿Podría usted describimos en forma concisa la sociedad futura, que el comunismo intenta edificar? RESPUESTA. En las obras de Marx, Engels y Lenin encontramos una definición general de la sociedad comunista. Si expusiéramos en breves rasgos la anatomía de la sociedad comunista, ésta se nos aparecería como una sociedad: a) donde no habrá propiedad privada

sobre los instrumentos y medios de producción, sino que habrá propiedad social, colectiva; b) donde no habrá clases ni Poder estatal, sino que habrá trabajadores de la industria y de la agricultura que se rijan económicamente como una asociación libre de trabajadores; c) donde la economía nacional, organizada con arreglo a un plan, se basará en la técnica más avanzada, tanto en el terreno de la industria como de la agricultura; d) donde no habrá oposición entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura; e) donde los productos se distribuirán de acuerdo con el principio de los antiguos comunistas franceses: “de cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”; f) donde la ciencia y el arte gozarán de condiciones suficientemente favorables para alcanzar su pleno florecimiento; g) donde el individuo, libre de la preocupación de conseguir el pan de cada día y de la necesidad de adaptarse a los “poderosos del mundo”, será verdaderamente libre. Etc., etc. Es claro que estamos aún lejos de semejante sociedad. En cuanto a las condiciones internacionales indispensables para el triunfo completo de la sociedad comunista, éstas se formarán e irán aumentando conforme aumenten las crisis y las acciones revolucionarias de la clase obrera en los países capitalistas.

No es posible presentar las cosas como si la clase obrera de un país o de varios países vaya a marchar hacia el socialismo y, menos aún, hacia el comunismo, ante la indiferencia de los capitalistas de los otros países que asistirán a ello cruzados de brazos. Tanto menos se pueden presentar las cosas como si la clase obrera de los países capitalistas vaya a contentarse con ser simple espectadora del desarrollo victorioso del socialismo en este o en el otro país. En realidad, los capitalistas harán todo lo posible para ahogar a estos países. En realidad, cada paso importante hacia el socialismo y, más aún, hacia el comunismo, en tal o cual país, irá acompañado indefectiblemente de un empuje irresistible de la clase obrera de los países capitalistas para la conquista del Poder y del socialismo en estos países. De esta manera, en el curso del sucesivo desarrollo de la revolución internacional y de la reacción internacional, irán formándose dos centros de escala mundial: el centro socialista, que atraerá hacía sí a los países que tiendan hacia el socialismo, y el centro capitalista, que agrupará a su alrededor a los países que tiendan hacia el capitalismo. La lucha de estos dos campos decidirá la suerte del capitalismo y del socialismo en el mundo entero.

II. Preguntas del camarada Stalin y respuestas de los delegados. Stalin: Si la delegación no está muy cansada, yo rogaría que se me permitiera hacerle, a mi vez, algunas preguntas. (La delegación da su conformidad.) 1a PREGUNTA. ¿Cómo se explica el pequeño porcentaje de obreros sindicados existente en Corteamérica? Me parece que en el país de ustedes hay unos 17 millones de obreros industriales. (Los delegados puntualizan que hay de 18 a 19 millones de obreros industriales.) Me parece que están organizados unos 3 millones. (Los delegados puntualizan que en la Federación Americana del Trabajo hay, aproximadamente, millones de obreros organizados y, además, en otros sindicatos hay medio millón de obreros; de esta manera, hay en total tres millones y medio de obreros organizados.) A mí me parece que es un porcentaje muy pequeño de obreros sindicados. A los sindicatos de la U.R.S.S. están afiliados el 90% de los proletarios del país. Quisiera preguntar a la delegación si considera un hecho positivo ese número relativamente pequeño de obreros afiliados a los sindicatos. ¿Co cree la delegación que esto evidencia la debilidad del proletariado norteamericano, la debilidad de sus instrumentos de lucha contra los capitalistas en el terreno económico?

Brophy; El escaso número de afiliados a los sindicatos se explica, no porque exista una táctica desacertada en las organizaciones profesionales, sino por las condiciones económicas generales del país, que no impulsan a toda la masa obrera a organizarse; lo favorable de estas condiciones económicas aminora la necesidad de la lucha de la clase obrera contra los capitalistas. Estas condiciones, naturalmente, cambiarán y, conforme vayan modificándose, se desarrollarán los sindicatos, y todo el movimiento sindical marchará por otro cauce. Douglas: Estoy de acuerdo con la explicación que ha dado el orador anterior. Añadiré que, en primer lugar, procede tener en cuenta que, en los últimos tiempos, en los Estados Unidos, los propios capitalistas elevan el salario a un nivel bastante alto. Este proceso de elevación del salario se observó en 1917, en 1919 y más tarde. Si se compara el salario real que existe actualmente con el de 1911, se verá que es considerablemente más alto. En el proceso de su desarrollo, el movimiento sindical se basó en sus comienzos y se basa actualmente en el principio gremial, con arreglo a la profesión, y los sindicatos se fueron creando sobre todo para los obreros calificados. Al frente de estos sindicatos se encontraban determinados líderes, que, constituían una organización cerrada y procuraban buenas condiciones para sus afiliados. No tenían motivos que les aconsejasen ampliar el marco de los sindicatos ni sindicar a los obreros no calificados. Además, el movimiento sindical norteamericano tiene que habérselas con un capitalismo muy bien

organizado, que dispone de todos los medios para oponerse a la sindicación de todos los obreros. Por ejemplo: si la producción organizada en trusts tropieza en una de sus empresas con una resistencia demasiado fuerte del sindicato, recurre incluso a una medida como el cierre de esta empresa, trasladando el trabajo a otra empresa suya. De esta manera, se quebranta la resistencia del sindicato. El capitalismo norteamericano eleva de por sí el salario de los obreros, pero no les da ningún poder económico, no les permite luchar por el mejoramiento económico de su vida. Otra circunstancia, muy importante en Norteamérica, consiste en que los capitalistas siembran la cizaña entre los obreros de distintas nacionalidades. Los obreros sin calificación son, en la mayoría de los casos, obreros procedentes de Europa o, en los últimos tiempos, obreros negros. Los capitalistas se esfuerzan por promover discordias entre los obreros de distintas nacionalidades. Esta división por nacionalidades se observa también en la división entre el trabajo calificado y el no calificado. Los capitalistas cultivan sistemáticamente el antagonismo entre los obreros de distintas nacionalidades, cualquiera que sea la calificación de su trabajo. En los diez últimos años, el capitalismo norteamericano viene siguiendo una política más ilustrada en el sentido de organizar sus propios sindicatos: los llamados sindicatos de compañía.

Atrae a los obreros a la labor de su empresa, interesa a los obreros en las ganancias de esta empresa, etc. El capitalismo norteamericano tiene la tendencia a sustituir la división horizontal por la división vertical, o sea, escindir a la clase obrera, atrayéndola e interesándola en los éxitos del capitalismo. Coyle: Yo no abordo la cuestión desde el punto de vista de la teoría, sino desde un punto de vista práctico. Es cierto que cuando mejor se organiza a los obreros es en los buenos tiempos; pero la estadística del movimiento de afiliados a la Federación Americana del Trabajo indica que ésta va perdiendo poco a poco a los obreros no calificados y que aumenta en sus filas el número de obreros calificados. De esta manera, la Federación Americana del Trabajo quiere ser, y va lográndolo poco a poco, una organización que cuenta en sus filas, sobre todo, con obreros calificados. En Norteamérica, el movimiento sindical apenas si abarca a los obreros sin calificación. Los sindicatos no afectan a grandes ramas industriales. En estas ramas sólo los obreros ferroviarios y de la industria hullera están organizados hasta cierto punto, aunque incluso en la industria hullera hay un 65% de obreros sin sindicar. Los obreros de ramas industriales como la de fundición de acero, la del caucho y la del automóvil casi no están sindicados.

Puede decirse que los sindicatos no abarcan a los obreros sin calificación. Existen varias organizaciones sindicales que no están adheridas a la Federación Americana del Trabajo y que tratan de agrupar a los obreros sin calificación o poco calificados. Por lo que respecta a la posición de los jefes de la Federación Americana del Trabajo, uno de ellos, por ejemplo, el presidente del sindicato metalúrgico, ha declarado lisa y llanamente que no quiere incorporar a su sindicato a los obreros sin calificación. En cuanto a los líderes de los sindicatos la situación es tal que se ha formado una casta de jefes, integrada por unas decenas de personas, que perciben enormes emolumentos -de diez mil dólares para arriba al año-, una casta en la que es muy difícil penetrar. Dunn: El camarada Stalin era injusto al hacer su pregunta, porque si en su país los sindicatos comprenden el 90% de los obreros, aquí el Poder pertenece a la clase obrera, mientras que en los países capitalistas los obreros son una clase oprimida, y la burguesía adopta todas las medidas para impedir que los obreros se organicen en sindicatos. Además, allí existen sindicatos reaccionarios, encabezados por jefes reaccionarios. Atendidas las condiciones que se dan en Norteamérica, es muy difícil inculcar a los obreros la idea misma de los sindicatos.

Esta es la causa de que los sindicatos estén tan poco extendidos en Norteamérica. Stalin: ¿Está de acuerdo el último orador con el anterior, en que ciertos líderes del movimiento obrero de Norteamérica tratan de reducir el movimiento sindical? Dunn: Sí. Stalin: No quería ofender a nadie. Sólo deseaba formarme una idea clara de la diferencia entre la situación de Norteamérica y de la U.R.S.S. Si he ofendido a alguien, ruego que me disculpen. (Hilaridad entre los delegados.) Dunn.: No me siento ofendido en lo más mínimo. Stalin: ¿Hay en Norteamérica sistema de seguros del Estado para los obreros? Un delegado: En Norteamérica no existe semejante sistema. Coyle: En la mayoría de los Estados se paga una indemnización por accidente de trabajo, que es, como máximo, del 30% de la pérdida de la capacidad de trabajo. Esto rige en la mayoría de los Estados. Lo abonan las compañías particulares, en cuyas empresas se haya producido el accidente, pero la ley estipula este pago. Stalin: ¿Hay en Norteamérica seguro de paro a cargo del Estado? Un delegado: No. Del fondo que se crea para el seguro de paro se puede subsidiar de 80.000 a 100.000 parados de todo el país. Coyle: Hay seguro (no del Estado) para los accidentes industriales, es decir, para los accidentes de trabajo. Pero no se asegura en absoluto la

invalidez a consecuencia de enfermedad o de vejez. El fondo del seguro se alimenta de las cuotas de los obreros. En realidad, la cosa se reduce a que toda esta suma del fondo del seguro la pagan los propios obreros; porque si éstos no organizasen ese fondo, percibirían un plus mayor; pero, como el fondo suele ser convenido entre los obreros y los patronos, los obreros perciben un plus menor. Esto constituye casi el total del fondo. Prácticamente, los patronos contribuyen a él con una parte insignificante, un 10%, aproximadamente. Stalin: Creo que será interesante para los camaradas si les digo que, en la U.R.S.S., el Estado invierte más de 800.000.000 de rublos anuales para los seguros de los obreros. Tampoco estará de más comunicarles que, en nuestro país, los obreros de todas las ramas industriales, fuera del salario corriente, perciben como prima casi un tercio del salario en forma de seguros, mejora de las condiciones de vida, atenciones culturales, etc.

2a PREGUNTA. ¿Cómo se explica que no exista en los Estados Unidos de América del Corte un partido de masas específicamente obrero? En Norteamérica, la burguesía tiene hasta dos partidos políticos: el republicano y el demócrata; los obreros norteamericanos no tienen su propio partido político de masas. ¿No creen los camaradas que la falta de un partido obrero propio de masas, que sea, por lo menos, como él de Inglaterra (Labour Party), debilita la fuerza de la clase obrera en su lucha política contra los capitalistas? Otra pregunta, además: ¿por qué los líderes del movimiento obrero de Corteamérica, Green y otros, se pronuncian terminantemente contra la formación de un partido obrero independiente en el país? Brophy: Sí, los líderes han decidido que no es necesaria la formación de semejante partido. Pero hay una minoría que creo que es necesario formarlo. Ahora, en Norteamérica, las condiciones objetivas son tales que, como se ha indicado ya, el movimiento sindical de los Estados Unidos es muy débil; a su vez, la debilidad del movimiento sindical se explica porque la clase obrera no ha sentido hasta ahora la necesidad de organizarse y de luchar contra los capitalistas, pues los propios capitalistas elevan el salario a los obreros y les aseguran una situación material satisfactoria.

Stalin: Pero se asegura, si es que se asegura, principalmente a los obreros calificados. Aquí hay cierta contradicción. Por un lado, resulta que no es necesario organizarse, ya que los obreros están bien retribuidos; por otro lado, se dice que en los sindicatos se encuentran, precisamente, los obreros mejor retribuidos, o sea, los obreros calificados; y, por otro lado, resulta que no forman parte de los sindicatos precisamente los mal retribuidos, o sea, los obreros no calificados, que son los que más necesitan la organización. Esto no lo puedo comprender de ningún modo. Brophy: Sí, es una contradicción; pero también es contradictoria la realidad norteamericana en el aspecto político y económico. Brebner: Aunque los obreros sin calificación no están sindicados, tienen el derecho político de sufragio. Por consiguiente, si existen motivos de disgusto, los obreros sin calificación los expresan utilizando su derecho político de sufragio.

Por otra parte, los obreros afiliados a los sindicatos, cuando atraviesan una época muy dura, no utilizan el sindicato, sino el derecho político de sufragio. Por lo tanto, el derecho político al voto compensa la falta de organización profesional. Israels: Una de las principales dificultades es el sistema mismo, el sistema electoral de los Estados Unidos. Allí, en las elecciones presidenciales, no es elegido el que obtiene la mayoría de votos de todo el país y ni siquiera la mayoría de votos de una clase determinada. Allí, en cada Estado existe un cuerpo de compromisarios, cada Estado tiene cierto número de votos que participan en las elecciones presidenciales. Para que el presidente sea elegido, es necesario que reúna el 51 % de los votos. Si existieran tres o cuatro partidos, las cosas se pondrían de tal forma que nadie saldría elegido, y las elecciones tendrían que ser llevadas al Congreso. Este es el argumento contra la fundación de un tercer partido. Los adversarios de la formación de un tercer partido razonan así: no presentéis un tercer candidato, porque, de este modo, dividiréis los votos del partido liberal e impediréis que salga elegido el candidato de este partido.

Stalin: Sin embargo, el senador La Folette formó en tiempos un tercer partido burgués. Resulta que un tercer partido no puede dividir los votos si es un partido burgués, pero puede dividirlos si es un partido obrero. Davis: No creo que el hecho indicado por el orador precedente sea fundamental. A mi modo de ver, lo fundamental es lo siguiente. Yo pongo el ejemplo de mi ciudad, de la ciudad donde resido. Durante la campaña electoral aparece el representante de un partido determinado y da cualquier cargo de responsabilidad al jefe de la organización sindical; con motivo de la campaña electoral entrega al jefe de la organización sindical ciertos fondos, que éste se guarda, después de lo cual adquiere cierta autoridad por el cargo donde le han colocado. Se produce una situación en que los propios líderes del movimiento sindical son partidarios de uno u otro partido burgués. Por eso es natural que, cuando se comienza a hablar de la formación de un tercer partido, de un partido obrero, estos líderes del movimiento sindical no quieran hacer nada para fundarlo. Además, alegan, si se forma un tercer partido, sobrevendrá la escisión en

los sindicatos. Douglas: El que estén en los sindicatos sólo los obreros calificados se explica principalmente porque para pertenecer a un sindicato hay que disponer de determinados fondos y determinados recursos, ya que las cotizaciones son muy elevadas y los obreros sin calificación no pueden abonar la alta cuota de ingreso. Además, los obreros sin calificación se encuentran bajo la amenaza constante de que, si intentan organizarse, el patrono los eche del trabajo. Los obreros sin calificación únicamente pueden organizarse con el activo concurso de los obreros calificados, y en la mayoría de los casos no lo tienen. Esta circunstancia es uno de los mayores obstáculos para sindicar a los obreros sin calificación. Las masas obreras defienden sus derechos principalmente en el terreno político. A mi modo de ver, ésta es la causa principal de que los obreros sin calificación no estén sindicados. Debo indicar una peculiaridad del sistema electoral norteamericano, las elecciones directas, donde cualquiera puede llegar a una asamblea electoral y declararse demócrata o republicano y votar. Estoy seguro de que Gompers no podría retener a los obreros con un programa apolítico si no contara con este argumento a favor de la votación directa. Siempre ha dicho a los obreros que, si quieren actuar políticamente, pueden ingresar en uno de los dos partidos políticos existentes y allí conquistar uno u otro cargo, ganarse en él prestigio. Con este argumento, Gompers ha conseguido que los obreros no abracen la idea de organizar a la clase obrera y formar un partido obrero.

3a PREGUNTA. ¿A qué se debe que, en lo relativo al reconocimiento de la U.R.S.S., los líderes de la Federación Americana del Trabajo sean más reaccionarios que muchos burgueses? ¿A qué se debe que el señor Borah y otros burgueses se pronuncien por el reconocimiento de la U.R.S.S., mientras que los líderes del movimiento obrero de Norteamérica, desde Gompers hasta Green, hayan hecho y continúen haciendo una propaganda de lo más reaccionaria contra el reconocimiento de la primera república obrera, contra el reconocimiento de la U.R.S.S.? ¿A qué se debe que hasta un reaccionario como el ex presidente norteamericano Woodrow Wilson estimara posible “saludar” a la Rusia Soviética, y que Green y los demás líderes de la Federación Americana del Trabajo quieran ser más reaccionarios que los capitalistas? He aquí la “salutación” que Woodrow Wilson envió al Congreso de los Soviets de Rusia en marzo de 1918, durante la ofensiva de las tropas del káiser contra el Petrogrado soviético: “Aprovechando el Congreso de los Soviets, quisiera expresar, en nombre de los pueblos de los Estados Unidos, nuestra sincera simpatía por el pueblo ruso, sobre todo ahora, cuando Alemania ha lanzado las fuerzas armadas al interior del país para impedir la lucha por la libertad, destruir todas sus conquistas y hacer realidad los designios alemanes y la esclavitud del pueblo ruso. Aunque el Gobierno de los Estados Unidos no está en condiciones actualmente, por desgracia, de prestar a Rusia la ayuda directa que desearía prestarle, yo quisiera asegurar al pueblo ruso, a través del presente Congreso, que el Gobierno de los Estados Unidos utilizará todas las posibilidades para proporcionar de nuevo a Rusia la plena soberanía y la plena independencia en sus asuntos interiores y el restablecimiento completo de su gran papel en la vida de Europa y de la humanidad contemporánea.

El pueblo de los Estados Unidos simpatiza de todo corazón con el pueblo ruso en su afán de liberarse para siempre de la autocracia y de convertirse en dueño de su propio destino” (v. “Pravda”, núm. 50, 16 de marzo de 1918). ¿Es normal que los líderes de la Federación Americana del Trabajo quieran ser más reaccionarios que el reaccionario Wilson? Brophy: No puedo explicar exactamente los motivos, pero creo que los líderes de la Federación Americana del Trabajo mantienen el punto de vista de no reconocer a la Rusia Soviética por los mismos motivos que la Federación no forma parte de la Internacional de Ámsterdam. La diferencia consiste en la filosofía especial de los obreros norteamericanos y en la diferencia económica que existe entre los obreros norteamericanos y los europeos. Stalin: Pero tengo entendido que los líderes de la Federación Americana del Trabajo no se oponen al reconocimiento de Italia o de Polonia, donde dominan los fascistas. Brophy: Al citar el ejemplo de Polonia e Italia, donde existen gobiernos fascistas, explica usted el motivo de que Norteamérica no reconozca a la U.R.S.S. Esta animosidad hacia la U.R.S.S. la explican los contratiempos que causan a los líderes del movimiento sindical norteamericano sus propios comunistas. Dunn: El motivo que ha aducido el orador precedente -cómo pueden reconocer a la U.R.S.S., cuando no se entienden con sus propios comunistas- no es convincente, pues ellos predicaban que no se reconociera a la U.R.S.S. ya antes de formarse el Partido Comunista norteamericano. El motivo fundamental estriba en que los líderes de la Federación Americana del Trabajo son contrarios a todo lo que huela a socialismo. Y, en este aspecto, les predisponen los capitalistas, cuya “Federación Cívica Nacional” trata por todos los

medios de inclinar a toda la sociedad norteamericana contra cualquier forma de socialismo. Esta organización se manifestó en contra de la posición de Ivy Lee, cuando éste se hubo declarado partidario del desarrollo de las relaciones comerciales entre Norteamérica y la U.R.S.S. Los jefes de esta organización decían: ¿cómo podemos velar por el orden en nuestra clase obrera, cuando los liberales comienzan a hablar en ese tono? La “Federación Cívica Nacional” es la organización de un grupo de capitalistas que han invertido en ella una crecida suma de dinero y la dirigen. Hay que señalar que Matthew Woll, vicepresidente de la Federación Americana del Trabajo, es el vicepresidente de esta organización reaccionaria. Brophy: Los motivos que se han aducido para explicar el carácter reaccionario de los jefes sindicales no son los de mayor peso. Hay que calar más hondo. La presencia de una delegación norteamericana en la U.R.S.S. es la mejor respuesta y un exponente de la simpatía de una parte de los obreros norteamericanos por la Unión Soviética. Creo que la opinión de los jefes de la Federación Americana del Trabajo respecto a la U.R.S.S. no se distingue de la opinión de la mayoría de la clase obrera de Norteamérica. La actitud de la mayoría de la clase obrera hacia la U.R.S.S. se explica por su lejanía. La clase obrera de Norteamérica no se interesa por todo género de asuntos internacionales y la influencia de la burguesía sobre ella se manifiesta con fuerza en el problema de su actitud hacia la U.R.S.S.

Publicado el 15 de septiembre de 1927 en el núm. 210 de “Pravda”.