Del discurso en la sesión conjunta del Presídium del C.E. de la I.C. y de la Comisión Internacional de Control, 27 de septiembre de 1927. Camaradas: Los oradores han hablado aquí tan bien y con tanto fundamento, que a mí me queda poco que decir. No he escuchado el discurso de Vuióvich, pues no me encontraba en la sala y sólo he llegado a oír el final de la intervención. Por este final he comprendido que acusa de oportunismo al P.C.(b) de la U.R.S.S., mientras que él se considera bolchevique y tiene la osadía de querer enseñar el leninismo al P.C.(b) de la U.R.S.S. ¿Qué decir a esto? En nuestro Partido, por desgracia, hay cierto número de personas que se llaman así mismas bolcheviques, pero que, en realidad, no tienen nada de común con el leninismo. Creo que Vuióvich pertenece a esa categoría. Cuándo tales personas se atreven a enseñar leninismo al P.C.(b) de la U. R.S.S., es fácil comprender lo que puede resultar de ello. Creo que la crítica de Vuióvich no merece contestación. Recuerdo una pequeña historia que le sucedió al poeta alemán Heine. Permitidme que os la refiera.

Entre los diversos críticos que escribían en la prensa contra Heine había un crítico literario muy desafortunado y bastante lerdo, apellidado Auffenberg. Este escritor se distinguía porque “criticaba” sin descanso y fastidiaba sin contemplaciones a Heine con sus artículos en la prensa. Por lo visto, Heine no consideraba necesario reaccionar a esta “crítica” y guardaba obstinado silencio. Esto llegó a asombrar a los amigos de Heine, que le escribieron una carta preguntándole a qué se debía que el escritor Auffenberg hubiera compuesto infinidad de artículos críticos contra Heine y que éste no considerase necesario responder. Heine vióse obligado a contestar. ¿Qué respondió a la carta de sus amigos? Heine respondió en la prensa en dos palabras: “yo no conozco al escritor Auffenberg; supongo que será por el estilo de Arlincourt, a quien tampoco conozco”. Parafraseando a Heine, los bolcheviques rusos podrían decir acerca de las disquisiciones críticas de Vuióvich: “nosotros no conocemos al bolchevique Vuióvich; suponemos que será por el estilo de Alí Babá, a quien tampoco conocemos”.

Sobre Trotski y la oposición. La principal desgracia de la oposición consiste en que no comprende las cosas de las cuales habla aquí. En su discurso, Trotski se ha referido a la política en China. Pero no quiere reconocer que la oposición no tenía ninguna línea, ninguna política en la cuestión de China. Hubo bandazos, saltos de un lado a otro, atascamiento, pero la oposición no tuvo ninguna línea. Nuestras discusiones sobre China giraban en torno a tres cuestiones: la participación de los comunistas en el Kuomintang, los Soviets y el carácter de la revolución china. La oposición fracasó en todas estas cuestiones, pues no tenía ninguna línea. La participación en el Kuomintang. En abril de 1926, o sea, al mes de celebrarse el VI Pleno del C.E. de la I.C. en el que se adoptó un acuerdo favorable a la participación de los comunistas en el Kuomintang, la oposición exigió que los comunistas abandonaran inmediatamente el Kuomintang. ¿Por qué? Porque, asustada a la primera acometida de Chang Kai-shek (marzo de 1926), la oposición exigía, en esencia, adaptarse a Chang Kai-shek, pensaba sacar a los comunistas de la combinación de las fuerzas revolucionarias de China.

Sin embargo, el motivo formal de la oposición, al exigir que se abandonase el Kuomintang, era que los comunistas no pueden participar en organizaciones revolucionario-burguesas, y el Kuomintang no puede considerarse más que como una organización burguesa. Al año siguiente, en abril de 1927, la oposición reclamaba ya la participación de los comunistas en el Kuomintang de Wu-han. ¿Por qué? ¿Con qué fundamento'? ¿Es que el Kuomintang ha dejado de ser en 1927 una organización burguesa? ¿Dónde está aquí la línea o, por lo menos, una sombra de línea? Los Soviets. Tampoco aquí la oposición tenía una línea definida. En abril de 1927, una parte de la oposición exigía la organización inmediata de Soviets en China para derribar al Kuomintang de Wu-han (Trotski). Simultáneamente, otra parte de la oposición exigía también la organización inmediata de Soviets, pero ya para apoyar al Kuomintang de Wu-han, y no para derribarlo (Zinóviev). ¡Esto es lo que ellos llaman línea! Y ambas partes de la oposición, Trotski y Zinóviev, exigían la

organización de Soviets, reclamando, al propio tiempo, la participación de los comunistas en el Kuomintang, la participación de los comunistas en el partido gobernante. ¡A ver quién entiende esto! Crear los Soviets y exigir, al mismo tiempo, la participación de los comunistas en el partido gobernante, o sea, en el Kuomintang, es una estupidez que no se le ocurre a todos. ¡Y a esto se le llama línea! El carácter de la revolución china. La Internacional Comunista consideraba y sigue considerando que la base do la revolución en China, en el período actual, es la revolución agrario- campesina. ¿Y qué opina la oposición a este respecto? No ha tenido jamás una opinión concreta sobre el particular. Unas veces aseguraba que en China no puede haber revolución agraria, ya que allí no existe en absoluto feudalismo; otras declaraba que en China es posible y necesaria la revolución agraria, si bien no daba gran importancia a las supervivencias feudales en China, con lo que era imposible comprender de dónde saldría, en tal caso, la revolución agraria; y otras veces aseguraba que lo principal en la revolución china no es la revolución agraria, sino la revolución por la autonomía aduanera. ¡A ver quién entiende esto! Tal es la llamada “línea” de la oposición sobre las cuestiones en discusión de la revolución china. Esto no es línea, sino un atascamiento, un embrollo, una falta absoluta de línea.

¡Y que esta gente se ponga a criticar las posiciones leninistas de la Internacional Comunista! ¿No es ridículo, camaradas? Trotski ha hablado aquí del movimiento revolucionario en Kuang-tung, de las tropas de Ho Lun y Ye Tin, acusándonos de estar formando allí un nuevo Kuomintang para encabezar este movimiento. No voy a refutar esta patraña que Trotski se ha sacado de la cabeza. Quiero solamente manifestar que todo lo del movimiento revolucionario del Sur, la salida de las tropas de Ye Tin y Ho Lun de Wu-han, su avance sobre Kuang-tung, su unión con el movimiento revolucionario campesino, etc., todo esto ha comenzado por iniciativa del Partido Comunista Chino. ¿Lo sabe Trotski? Debería saberlo si es que, en general, sabe algo. ¿Quién encabezará este movimiento si tiene éxito, si el nuevo auge de la revolución en China se convierte en un hecho? Claro que los Soviets. Mientras antes, en el período de auge del Kuomintang, no existían premisas favorables para la creación inmediata de los Soviets, ahora, cuando los kuomintanistas se han comprometido y desacreditado por sus vínculos con la contrarrevolución, ahora, en caso de que el movimiento tenga éxito, los Soviets pueden convertirse y se convertirán realmente en la fuerza principal que agrupe en torno suyo a los obreros y campesinos de China. ¿Y quién encabezará los Soviets?

Claro que los comunistas. Pero los comunistas dejarán de participar en el Kuomintang si el Kuomintang revolucionario reaparece en escena. Solamente los ignorantes pueden compaginar la existencia de los Soviets con la posibilidad de participación de los comunistas en el Kuomintang. Compaginar estas dos cosas incompatibles significa no comprender ni la naturaleza ni la misión de los Soviets. Lo mismo hay que decir de lo relativo al Comité Anglo-Ruso. Aquí nos encontramos con las mismas vacilaciones y la misma falta de línea de la oposición. Al principio, la oposición estaba encantada con el Comité Anglo-Ruso. Llegó a afirmar que era el medio de “hacer inofensivo el reformismo en Europa” (Zinóviev), olvidando, evidentemente, que la mitad inglesa del Comité Anglo-Ruso estaba compuesta, precisamente, de reformistas. Luego, cuando la oposición se percató, por fin, de que Purcell y sus amigos son reformistas, pasó del encanto al desencanto, más aún, a la desesperación y exigió la ruptura inmediata como medio para derribar el Consejo General, sin comprender que desde Moscú es imposible derribar el Consejo General. De una necedad a otra: eso ha sido la llamada “línea” de la oposición en el asunto del Comité Anglo-Ruso. Trotski no es capaz de comprender que, cuando las cosas han madurado para la ruptura, lo principal no es la ruptura por sí misma, sino la cuestión que produce la ruptura, la idea que pone de relieve la ruptura.

¿Qué idea ha puesto de relieve la ruptura, consumada ya? La idea de la amenaza de guerra, la idea de la necesidad de combatir el peligro de guerra. ¿Quién puede negar que precisamente esta idea es lo fundamental de nuestros días en toda Europa? Ahora bien, de lo dicho se desprende que justamente en esta cuestión importantísima había que enfrentar a las masas obreras con la traición del Consejo General, y eso es lo que hicimos. El Consejo General vióse obligado a asumir la iniciativa y a arrastrar la impopularidad de la ruptura en el momento de amenaza de una nueva guerra; este hecho desenmascara mejor que nada ante las masas obreras la “naturaleza” traidora y social-imperialista del Consejo General en la cuestión fundamental de la guerra. ¡Pero la oposición asegura que habría sido mejor que nosotros hubiésemos asumido la iniciativa y arrostrado la impopularidad de la ruptura! ¡Y esto es lo que ellos llaman línea! ¡Y que esta gente, que se ha armado tal lío, se ponga a criticar las posiciones leninistas de la Internacional Comunista! ¿No es ridículo, camaradas? Aun le van peor las cosas a la oposición en el problema de nuestro Partido, en el problema del P.C.(b) de la U.R.S.S. Trotski no comprende lo que es nuestro Partido. No tiene una idea cabal de nuestro Partido. Mira a nuestro Partido como el aristócrata a

la plebe o como el burócrata a los subordinados. De otro modo, no afirmaría que en un partido de más de un millón de militantes, en el P.C.(b) de la U.R.S.S., unas cuantas personas, unos cuantos dirigentes pueden “adueñarse” del poder, pueden “usurpar” el poder. “Adueñarse” del poder en un partido de más de un millón de militantes que ha hecho tres revoluciones y conmueve hoy los cimientos del imperialismo mundial, ¡ahí tenéis qué necedad ha llegado a decir Trotski! ¿Es posible, hablando en términos generales, “adueñarse” del poder en un partido de más de un millón de militantes, pleno de tradiciones revolucionarias? ¿Por qué, en tal caso, no ha logrado Trotski “adueñarse” del poder en el Partido, escalar la dirección del Partido? ¿Dónde está la explicación? ¿Es que a Trotski le falta voluntad, deseo de dirigir? ¿No es un hecho que Trotski lleva más de dos decenios combatiendo contra los bolcheviques por la dirección en el Partido? ¿Por qué no ha logrado “adueñarse” del poder en el Partido? ¿Acaso es peor orador que los actuales líderes de nuestro Partido? ¿No será más cierto decir que como orador, Trotski está por encima de muchos de los actuales líderes de nuestro Partido? ¿Cómo se explica, en tal caso, que Trotski, pese a su arte oratorio, pese a su deseo de dirigir, pese a sus dotes, haya sido arrojado de la dirección del gran Partido que se llama P.C.(b) de la U.R.S.S.?

Trotski quiere ver la explicación en que nuestro Partido, a su juicio, es un rebaño que vota siguiendo ciegamente al C.C. del Partido. Pero sólo puede hablar así del Partido gente que lo desprecia y que lo considera como una turba. Este es el punto de vista que un aristócrata tronado tiene del Partido, al cual considera como un rebaño que vota. Esto es un síntoma de que Trotski ha perdido la noción de lo que es el Partido, ha perdido la capacidad de distinguir las verdaderas causas de la desconfianza del Partido en la oposición. En efecto, ¿cómo se explica que el P.C.(b) de la U.R.S.S. manifieste desconfianza absoluta en la oposición? Ello se debe a que la oposición se proponía suplantar el leninismo por el trotskismo, complementar el leninismo con el trotskismo, “mejorar” el leninismo con el trotskismo. Y el Partido quiere seguir fiel al leninismo, pese a todas las argucias de los aristócratas tronados del Partido. Ahí está la razón de que el Partido, que ha hecho tres revoluciones, haya considerado necesario volver la espalda a Trotski y a la oposición en general. Y el Partido obrará igual con todos los “líderes” y “dirigentes” que se propongan barnizar el leninismo de trotskismo o de cualquier otra especie de oportunismo. Al presentar a nuestro Partido como un rebaño que vota, Trotski expresa su desprecio a las masas de afiliados al P.C.(b) de la U.R.S.S.

¿Qué tiene de sorprendente si el Partido, a su vez, responde a este desprecio manifestando su absoluta desconfianza en Trotski? A la oposición también le andan mal las cosas por lo que se refiere al régimen en nuestro Partido. Trotski presenta el asunto como si el actual régimen del Partido, del que está harta toda la oposición, fuese algo distinto por principio del régimen establecido en vida de Lenin. Trotski presenta la cosa como si él no se opusiera al régimen que estableció Lenin después del X Congreso, y como si, hablando en rigor, luchase contra el actual régimen del Partido que, a su juicio, no tiene nada de común con el régimen implantado por Lenin. Yo afirmo que Trotski falta aquí abiertamente a la verdad. Yo afirmo que el actual régimen del Partido es expresión exacta del mismo régimen establecido en el Partido, en vida de Lenin, por el X y el XI Congresos de nuestro Partido. Yo afirmo que Trotski lucha contra el régimen leninista del Partido, establecido en vida de Lenin y bajo la dirección de Lenin. Yo afirmo que la lucha de los trotskistas contra el régimen leninista del Partido comenzó ya en vida de Lenin, que la actual lucha de los trotskistas es la continuación de la lucha contra el régimen del Partido sostenida por ellos ya en vida de Lenin. ¿Cuáles son los fundamentos de este régimen?

El ejercicio de la democracia en el seno del Partido, admitiendo la crítica práctica de las deficiencias y errores del Partido, pero sin tolerar el menor fraccionalismo y eliminando todo fraccionalismo so pena de expulsión del Partido. ¿Cuándo fue establecido este régimen en el Partido? En el X y el XI Congresos de nuestro Partido, esto es, en vida de Lenin. Yo afirmo que Trotski y la oposición luchan, precisamente, contra este régimen del Partido. Obra en nuestro poder un documento como la “declaración de los 46”, firmado por trotskistas como Piatakov, Preobrazhenski, Serebriakov, Alski, etc., donde se dice sin rodeos que el régimen establecido en el Partido después del X Congreso ha caducado y se ha hecho intolerable para el Partido. ¿Qué pedía esta gente? Pedía la admisión de los grupos fraccionalistas en el Partido y el revocamiento del correspondiente acuerdo del X Congreso. Esto fue en 1923. Yo declaro que Trotski se solidarizó íntegra y plenamente con la posición de “los 46”, luchando contra el régimen establecido en el Partido después del X Congreso. De ahí arranca la lucha de los trotskistas contra el régimen leninista en el Partido. (Trotski: “Yo no he hablado del X Congreso. Usted fantasea”.) Trotski no puede ignorar que yo puedo demostrarlo documentalmente. Estos documentos se han conservado íntegros; yo los repartiré a los camaradas, y entonces se verá claro

quién de nosotros falta a la verdad*. Yo afirmo que los trotskistas firmantes de la “declaración de los 46” lucharon contra el régimen leninista en el Partido ya en vida de Lenin. Yo afirmo que Trotski ha mantenido en todo momento esta lucha contra el régimen leninista, alentando e impulsando a la oposición. Yo afirmo que la actual lucha de Trotski contra el régimen de nuestro Partido es continuación de la lucha antileninista a que acabo de referirme. La imprenta ilegal antipartido de los trotskistas. Trotski ha montado su discurso escrito de tal modo, que no ha dicho nada inteligible sobre la imprenta ilegal, creyendo, por lo visto, que no está obligado a referirse a “pequeñeces” como la imprenta ilegal antipartido de los trotskistas. No ha sido el discurso de un acusado, sino una declaración en toda regla de la oposición, que lanza acusaciones a la Internacional Comunista y al P.C.(b) de la U.R.S.S. Y, sin embargo, está claro que el asunto de la imprenta ilegal antipartido de los trotskistas desenmascara de arriba abajo a Trotski y a sus partidarios de la oposición como enemigos del espíritu de partido, como escisionistas y desorganizadores de la causa proletaria. En efecto, Trotski cree que la oposición tiene

* Cota de la redacción de “La Internacional Comunista”. El 3 de octubre, el camarada Stalin presentó al Secretariado Político del C. E. de la I.C., como anexo al acta de la reunión conjunta del Presídium del C.E. de la I.C. y de la Comisión Internacional de Control, las siguientes pruebas documentales a que se refirió en su discurso: 1) Un fragmento de la “declaración de los 46” (15 de octubre de 1923), firmada por Piatakov, Preobrazhenski, Serebriakov, Alski y otros, donde se dice: “El régimen establecido en el seno del Partido es absolutamente intolerable. Mata la iniciativa del Partido, al que suplanta por un aparato selecto de funcionarios que actúa sin tropiezos en tiempo normal, pero que, inevitablemente, falla en los momentos de crisis y que amenaza con ser inservible del todo ante los grandes acontecimientos que se avecinan. Esta situación se explica porque el régimen de dictadura fraccionalista en el seno del Partido, establecido de hecho después del X Congreso, ha caducado”. 2) Un fragmento de la declaración hecha por Trotski al C.C. y a la Comisión Central de Control (8 de octubre de 1923), donde se dice: “El régimen que, en lo fundamental, se creó ya antes del XII Congreso, y después de éste fue refrendado y formalizado definitivamente, dista bastante más de la democracia obrera que el régimen de los períodos más duros del comunismo de guerra”.

Aclarando estos fragmentos, hay que decir que antes del XII Congreso tuvimos el XI (primavera de 1922) y el X (primavera de 1921), dirigidos por Lenin, y en cuyas resoluciones quedó plasmado el mismo régimen en el seno del Partido al cual se oponen, tanto la “declaración de los 46” (trotskistas) como la mencionada declaración de Trotski. razón; por eso tiene derecho a montar imprentas ilegales. Pero, además del grupo de Trotski, en el P.C.(b) de la U.R.S.S. existen otros grupos oposicionistas: la “oposición obrera”, los sapronovistas, etc. Cada uno de estos pequeños grupos se cree poseedor de la razón. De seguir el ejemplo de Trotski, habría que admitir que cada uno de estos grupos tiene derecho a montar sus imprentas ilegales. Admitamos que, en efecto, montan sus imprentas ilegales y que el Partido no combate este mal: ¿qué quedará entonces del Partido?

¿Qué significa admitir la existencia de imprentas ilegales de toda clase de grupos en el seno del Partido? Eso significa admitir la existencia de varios centros en el Partido, con sus “programas”, sus “plataformas” y sus “líneas”. ¿Qué quedaría entonces de la férrea disciplina de nuestro Partido, que Lenin consideraba base de la dictadura del proletariado? ¿Es posible esa disciplina sin un centro dirigente solo y único? ¿Comprende Trotski en qué pantano se hunde defendiendo el derecho de los grupos oposicionistas a organizar imprentas ilegales antipartido? El bonapartismo. En este asunto, la oposición revela una ignorancia supina. Al acusar a la inmensa mayoría de nuestro Partido de intentos de bonapartismo, Trotski demuestra su absoluta ignorancia y su incomprensión de las raíces del bonapartismo. ¿Qué es el bonapartismo? El bonapartismo es un intento de imponer a la mayoría la voluntad de la minoría mediante la violencia. El bonapartismo es la conquista del Poder en el Partido o en el país por una minoría contra la mayoría mediante la violencia.

Pero si los partidarios de la línea del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. son la inmensa mayoría en el Partido y en los Soviets, ¿cómo se puede decir la necedad de que la mayoría se esfuerza por imponerse a sí misma su propia voluntad mediante la violencia? ¿Dónde se ha visto en la historia que la mayoría se imponga a sí misma su propia voluntad mediante la violencia? ¿Quién puede, si no ha perdido el juicio, admitir tamaño disparate? ¿Acaso no es un hecho que los partidarios de la línea del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. son la inmensa mayoría en el Partido y en el país? ¿Acaso no es un hecho que la oposición la forma un insignificante puñado de gente? Cabe imaginar que la mayoría de nuestro Partido imponga su voluntad a la minoría, es decir, a la oposición. Y eso es absolutamente lícito, en el sentido que se da a esta palabra en el Partido. Pero ¿cómo se puede imaginar que la mayoría se imponga su propia voluntad, y menos aún mediante la violencia? ¿De qué bonapartismo puede hablarse en este caso? ¿No será más acertado decir que entre la minoría, o sea, entre la oposición, pueden aparecer tendencias de imponer

su voluntad a la mayoría? No tendría nada de particular que tales tendencias apareciesen, pues la minoría, o sea, la oposición trotskista, no tiene ahora otras posibilidades para apoderarse de la dirección que la violencia contra la mayoría. Así que, si se habla de bonapartismo, que Trotski busque en su grupo candidatos a Bonaparte. Dos palabras sobre la degeneración y el termidorismo. No voy a hacer aquí un análisis de las necias e ignorantes acusaciones de degeneración y de termidorismo que los oposicionistas lanzan a veces contra el Partido. Y no voy a hacerlo, porque estas acusaciones no lo merecen. Quisiera plantear el asunto desde un punto de vista puramente práctico. Admitamos por un instante que la oposición trotskista representa una política realmente revolucionaria, y no una desviación socialdemócrata; cómo explicar, en tal caso, que todos los elementos oportunistas, degenerados y expulsados del Partido y de la Internacional Comunista, se agrupen en torno a la oposición trotskista, encontrando en ella amparo y defensa? ¿Cómo explicar que Ruth Fischer y Maslow, Scholem y Urbahns, expulsados de la Internacional Comunista y del Partido Comunista Alemán como elementos degenerados y renegados, hayan encontrado defensa y hayan sido acogidos con alegría precisamente en la oposición trotskista? ¿Cómo explicar que individuos tan oportunistas y tan verdaderamente degenerados como Souvarine y Rosmer en Francia, Ossovski y Dashkovski en la U.R.S.S., encuentren amparo precisamente en la oposición trotskista? ¿Puede considerarse casual que la Internacional Comunista y el P.C,(b) de la U.

R.S.S. expulsen de sus filas a estos individuos degenerados y de sentimientos verdaderamente termidorianos, y que Trotski y Zinóviev los reciban con los brazos abiertos, dándoles amparo y defensa? ¿No evidencian estos hechos que las frases “revolucionarias” de la oposición trotskista se quedan en frases, pero que, en la práctica, la oposición es un punto de confluencia de elementos degenerados? ¿No evidencia todo esto que la oposición trotskista es una madriguera y un vivero de degeneración y termidorismo? En todo caso, en el P.C.(b) de la U.R.S.S. no hay más que un grupo que reúna en torno suyo a los aventureros de toda laya como Maslow y Ruth Fischer, Souvarine y Ossovski. Este grupo es el grupo de Trotski. Tal es, a grandes rasgos, camaradas, la fisonomía política de la oposición. ¿Y cuál es la conclusión, os preguntaréis? Sólo una. La oposición se ha embrollado tanto, se ha metido tan astutamente en un callejón sin salida, que se encuentra ante un dilema: o la Internacional Comunista y el P.C.(b) de la U.R.S.S., o Maslow, Ruth Fischer y los renegados de la imprenta ilegal antipartido. No se puede permanecer eternamente entre estos dos campos. Es hora de elegir. O con la Internacional Comunista y el P.C.(b) de la U.R.S.S., y entonces la guerra contra Maslow y Ruth Fischer, contra los renegados de toda laya; o contra el P.C.(b) de la U. R.S.S. y la Internacional Comunista, y entonces puente de plata, que se marche con el grupo de Maslow y Ruth Fischer; con todos los renegados y degenerados, con todos los Scherbakov y demás sujetos de su calaña. (Aplausos.)

Publicado el 14 de octubre de 1927 en el núm. 41 de la revista “La Internacional Comunista”.