Discurso en la XVI Conferencia del Partido de la provincia de Moscú, 23 de noviembre de 1927. Camaradas: Permitidme que haga un breve balance de la lucha entre el Partido y la oposición, de la discusión que se ha desarrollado durante las últimas tres o cuatro semanas tanto dentro como, hay que decirlo claramente, fuera del Partido.

I. Breve balance de la discusión. Tenemos los siguientes datos: hasta el día de hoy se han pronunciado a favor del Partido, de su C.C. más de 572.000 camaradas; a favor de la oposición, 3.000 y pico. Por regla general, a la oposición le gusta alardear con las cifras, con los porcentajes, tratando de hacer ver que le sigue el 99%, etc. Ahora todo el mundo ve que más del 99% se ha pronunciado contra la oposición, a favor del Comité Central del Partido. ¿Y quién es el “culpable” de ello? ¡La propia oposición! La oposición venía empujándonos a la discusión. Hace ya dos años que venía exigiéndola cada día. Nosotros conteníamos esa presión; nosotros, los miembros del C.C., conteníamos esa presión porque sabemos que nuestro Partido no es un club de debates, como Lenin decía con toda razón, porque sabemos que nuestro Partido es el partido de combate del proletariado, está rodeado de enemigos, edifica el socialismo, tiene muchísimas tareas prácticas que resolver en su labor creadora y, por eso, no puede a cada momento dedicar toda su atención a las discrepancias en el seno del Partido. Pero llegó la hora de la discusión y, cuando faltaba un mes, más de un mes para el XV Congreso, según los Estatutos del Partido, el Partido dijo: bien, queréis discusión, pedís lucha, ¡que haya lucha! Y ahí tenéis el resultado: más del 99% a favor del Partido, a favor de su C.C., y menos del 1 % a favor de la oposición. La jactancia de la oposición ha sido desenmascarada, por decido así, en el 100%. Quizá digan que este resultado no puede considerarse decisivo. Quizá digan que, además del Partido, existe la clase obrera, las masas trabajadoras del campesinado. Quizá digan que aquí, en este terreno, no se ha hecho aún balance. ¡Esto no es cierto, camaradas! El balance ha sido hecho también en este terreno. Pues ¿qué ha sido la manifestación del 7 de noviembre en todas las ciudades y pueblos de nuestro inmenso país?

¿Acaso no ha sido una grandiosa manifestación de la clase obrera, de las capas trabajadoras del campesinado, del Ejército Rojo y de la Flota Roja a favor de nuestro Partido, a favor del Gobierno, contra la oposición, contra el trotskismo? ¿Acaso el estrepitoso fracaso que ha sufrido la oposición en el décimo aniversario de Octubre, acaso la unanimidad con que aclamaban ese día al Partido y al Gobierno millones de trabajadores, acaso todo esto no es la demostración de que no sólo el Partido, sino también la clase obrera, y no sólo la clase obrera, sino también las capas trabajadoras del campesinado, y no sólo las capas trabajadoras del campesinado, sino también todo el ejército y toda la flota están resueltamente al lado del Partido y del Gobierno, contra la oposición, contra los desorganizadores? (Prolongados Aplausos.) ¿Qué otro balance necesitáis? Ahí tenéis, camaradas, un breve balance de la lucha entre el Partido y la oposición, entre los bolcheviques y la oposición, lucha que se ha desarrollado en el seno del Partido y que luego ha rebasado el marco del Partido por culpa de la propia oposición. ¿Cómo se explica una derrota tan escandalosa de la oposición? Jamás una oposición, en la historia de nuestro Partido desde que los bolcheviques tomaron el Poder, ha sufrido un fracaso tan escandaloso. Conocemos la oposición trotskista del período de la paz de Brest-Litovsk. Entonces la respaldaba casi una cuarta parte del Partido. Conocemos la oposición trotskista de 1921, durante la discusión sobre los sindicatos. Entonces la respaldaba casi una octava parte del Partido. Conocemos la oposición zinovievista- kamenevista, la llamada “nueva oposición”, en el XIV Congreso. Entonces la respaldaba toda la delegación de Leningrado. ¿Y ahora? Ahora la oposición está más aislada que nunca. Ahora, difícilmente la respaldará ni un solo delegado en el XV Congreso del Partido. (Prolongados Aplausos.) El fracaso de la oposición se explica por su completo apartamiento del Partido, de la clase obrera, de la revolución. La oposición ha resultado

ser un puñado de intelectuales que se han alejado de la vida, que se han alejado de la revolución: ahí está el quid del escandaloso fracaso de la oposición. Para comprobarlo, tomemos dos o tres cuestiones de las que separan a la oposición del Partido.

II. La clase obrera y el campesinado. La cuestión de las relaciones entre la clase obrera y el campesinado. Lenin decía que la cuestión de las relaciones mutuas entre la clase obrera y el campesinado de nuestro país es la cuestión fundamental de la dictadura del proletariado, es la cuestión fundamental de nuestra revolución. Decía: “10 ó 20 años de relaciones acertadas con los campesinos, y estará asegurada la victoria en escala mundial (aunque se retrasen las revoluciones proletarias, que maduran)”. ¿Y qué quiere decir relaciones acertadas con los campesinos? Lenin entendía por relaciones acertadas con los campesinos el establecimiento de una “sólida alianza” con los campesinos medios, apoyándose en los campesinos pobres. ¿Y cómo considera la oposición esta cuestión? Además de no estimar para nada la alianza de la clase obrera con los campesinos, además de no comprender toda la importancia de esta alianza para el desarrollo de nuestra revolución, va “más lejos”, proponiendo una política que no puede por menos de llevar a la ruptura de la alianza de la clase obrera y los campesinos, al socavamiento de la alianza entre la clase obrera y los campesinos. Para no remontarme mucho, podría referirme a Preobrazhenski, el principal economista de la oposición, que considera al campesinado como una “colonia” para nuestra industria, al que debe hacerse objeto de la máxima explotación.

Podría referirme, además, a varios documentos de la oposición a favor del alza de los precios de los artículos industriales, alza que no puede por menos de llevar al languidecimiento de nuestra industria, al reforzamiento del kulak, a la ruina del campesino medio y al sojuzgamiento de los campesinos pobres por los kulaks. Todos estos documentos de la oposición, y otros análogos, son parte integrante de la política de la oposición, que se propone la ruptura con el campesinado, la ruptura con las masas de campesinos medios. ¿Se dice algo de esto en la “plataforma” o en las contratesis de la oposición clara y francamente? No. En la “plataforma” y en las contratesis de la oposición, todas estas cosas han sido cuidadosamente encubiertas y veladas. Al contrario, en la “plataforma” y en las contratesis de la oposición podéis hallar decenas de cumplidos, tanto para el campesino medio como para el campesino pobre. Allí se lanzan, además, ataques al Partido pretendiendo que existe una desviación hacia los kulaks, pero no se dice nada, ni una palabra, clara y francamente, de la funesta línea de la oposición, que conduce y no puede dejar de conducir a la ruptura de la clase obrera con el campesinado.

Pero eso que tan cuidadosamente ocultan a los obreros y a los campesinos los líderes de la oposición, es lo que yo voy a tratar ahora de sacar a la luz del día y de ponerlo sobre la mesa, para quitarle a la oposición las ganas de engañar en adelante al Partido. Me refiero al reciente discurso de Iván Nikítich Smirnov, en la Conferencia del Partido del distrito de Rogozhsko-Símonovski. Smirnov, uno de los dirigentes de la oposición, ha sido uno de los pocos oposicionistas honrados que ha tenido el valor de decir la verdad sobre la línea de la oposición. ¿Queréis saber cuál es la verdadera “plataforma” de la oposición en la cuestión de las relaciones mutuas entre el proletariado y los campesinos? Leed el discurso de Smirnov y estudiadlo, pues es uno de los pocos documentos de la oposición que dicen toda la verdad de la auténtica actitud de nuestros oposicionistas. He aquí lo que dice Smirnov en su discurso: “Nosotros decimos que es necesaria revisar nuestro presupuesto estatal de tal modo, que la mayor parte de los cinco mil millones de nuestro presupuesto se invierta en la industria, porque vale más que nos indispongamos con el campesino medio que ir a un hundimiento inevitable”.

Eso es lo fundamental de todo lo que han ocultado en su “plataforma” y en sus contratesis los líderes de la oposición, y que ha sacado honradamente a la luz del día Smirnov, que es también uno de los líderes de la oposición. Resulta, por lo tanto, que el medio de “salvar” la revolución no estriba en la sólida alianza con el campesino medio, sino en indisponernos con el campesino medio. Lenin decía que “el principio supremo de la dictadura es mantener la alianza entre el proletariado y el campesinado, para que el proletariado pueda conservar el papel dirigente y el Poder estatal”. Pero la oposición no está de acuerdo con esto, afirmando que para la dictadura del proletariado lo importante no es la alianza con el campesinado, con las masas fundamentales de los campesinos, sino indisponernos con ellos. Lenin decía -y no sólo lo decía, sino que lo afirmaba incansablemente, a partir del VIII Congreso del Partido- que es imposible el éxito de la edificación del socialismo en nuestro país sin una “sólida alianza con el campesino medio”. Pero la oposición no está de acuerdo con esto, afirmando que la política de sólida alianza con el campesinado medio se puede sustituir por la política de indisposición con él.

Lenin decía que, al edificar el socialismo, debemos avanzar junto con las principales masas del campesinado. Pero la oposición no está de acuerdo con esto, afirmando que no necesitamos avanzar junto con el campesinado, sino indisponiéndonos con él. Ahí tenéis en qué consiste la discrepancia fundamental entre el Partido y la oposición en el problema cardinal de las relaciones entre la clase obrera y el campesinado. La oposición ha tratado de ocultar en su “plataforma” su verdadera fisonomía, deshaciéndose en cumplidos a los campesinos y lanzando hipócritas ataques al Partido, diciendo que tiene una desviación hacia los kulaks. Pero Smirnov hace una enmienda radical en la “plataforma” de la oposición, arrancando la careta a los líderes de ella y revelando al Partido la verdad sobre la oposición, la verdad sobre la auténtica plataforma de la oposición. ¿Qué resulta de esto? De esto resulta que la “plataforma” y las contratesis de la oposición son papel mojado para engañar al Partido y a la clase obrera. ¿Y qué significa la política de indisposición con el campesino medio? La política de indisposición con el campesino medio es una política de indisposición con la mayoría de los campesinos, pues los campesinos medios constituyen no menos del 60% del campesinado. Por eso, precisamente, la política de indisposición con el campesino medio lleva a lanzar a la mayoría de los campesinos en brazos de los kulaks. Y la política de lanzar a la mayoría de los campesinos en brazos de los kulaks significa reforzar a los kulaks, aislar a los campesinos pobres, debilitar el Poder Soviético en el campo y facilitar que los kulaks puedan estrangular a los campesinos pobres. Pero eso no es todo.

Seguir una política de indisposición con la mayoría de los campesinos significa desencadenar la guerra civil en el campo, dificultar el abastecimiento de nuestra industria con materias primas producidas por los campesinos (algodón, remolacha, lino, cuero, lana, etc.), de organizar el suministro de productos agrícolas a la clase obrera, socavar los cimientos mismos de nuestra industria ligera, malograr todo nuestro trabajo constructivo, malograr todo nuestro plan de industrialización del país. Así están las cosas, camaradas, si se tienen en cuenta no las declaraciones vacuas que hace la oposición en su “plataforma” y en sus contratesis, sino la verdadera política de la oposición que Smirnov nos ha aclarado con todo conocimiento de causa. Estoy lejos de acusar a la oposición de que aspire conscientemente a todas estas calamidades, pero aquí no se trata de los deseos y afanes de la oposición. Se trata de los resultados que implica inevitablemente la política oposicionista de indisposición con el campesino medio. A la oposición le ocurre lo mismo que al oso de la fábula de Krilov “El ermitaño y el oso”. (Risas.) Se comprende que el oso, que machacó los sesos a su amigo el ermitaño con un guijarro, quería librarle de una mosca importuna. Sus deseos eran de lo más amistoso. Sin embargo, los amistosos deseos del oso dieron un resultado tan poco amistoso, que costó la vida al ermitaño. La oposición, naturalmente, desea las mayores venturas a la revolución, pero propone para ello tales medios, que sólo pueden acarrear la derrota de la revolución, la derrota de la clase obrera y de los campesinos y dar al traste con todo nuestro trabajo constructivo. La “plataforma” de la oposición es una plataforma para malograr la alianza de la clase obrera y del campesinado, una plataforma para malograr todo nuestro trabajo constructivo, una plataforma para malograr la obra de industrialización.

III. El partido y la dictadura del proletariado. La cuestión del Partido. Lenin dice que la unidad y la férrea disciplina del Partido son la base de la dictadura del proletariado. En la práctica, la oposición sostiene puntos de vista contrarios. Cree que para la dictadura del proletariado no son necesarias la unidad y la férrea disciplina del Partido, sino la destrucción de la unidad y de la disciplina del Partido, la escisión del Partido, la formación de un segundo partido. Es cierto que la oposición habla y escribe, escribe y habla, y no habla, sino que vocifera sobre la unidad del Partido. Pero la verborrea de la oposición sobre la unidad del Partido es una hipócrita charlatanería para engañarle. (Aplausos.) Pues, al mismo tiempo que habla a gritos acerca de la unidad, la oposición organiza un nuevo partido, un partido antileninista. Y no sólo es que lo organice. Lo ha organizado ya, y así lo evidencian documentos auténticos como los discursos de Kuzóvnikov, Zof y Reno, que eran antes oposicionistas. Ahora tenemos una documentación exhaustiva demostrativa de que la oposición tiene ya desde hace más de un año su propio partido antileninista, con su C.C., sus burós regionales, sus burós provinciales, etc. ¿Qué puede contraponer a estos hechos la oposición, excepto charlatanería embustera en torno a la unidad? La oposición grita que el Comité Central del Partido no logrará desviarla a la postura de segundo partido. ¡Cosa extraña! Pero ¿es que el C.C. ha empujado alguna vez a la oposición a esa postura? ¿Acaso no es un hecho que el C.C. ha contenido en todo momento a la oposición para que no se desviase hasta emprender la organización de un nuevo partido? Toda la historia de nuestras discrepancias durante estos dos años es la historia de las tentativas del C.C.

de nuestro Partido para evitar que la oposición diera pasos escisionistas y conservar a los hombres de la oposición para el Partido. Tomad el caso de la conocida “declaración” de la oposición del 16 de octubre de 1926. ¿Acaso no es una tentativa del Comité Central de mantener a la oposición en el marco del Partido? Tomad la segunda “declaración” de la oposición, del 8 de agosto de 1927. ¿Qué evidencia, si no es que el Comité Central del Partido se preocupó en todo momento por mantener a la oposición en el marco del Partido, conservando su unidad? ¿Y qué ha sucedido? La oposición ha hecho declaraciones sobre la unidad, ha hecho promesas de unidad, ha asegurado que liquidaría el fraccionalismo, pero en la práctica ha seguido organizando el segundo partido. ¿Qué evidencia todo esto? Que no se puede dar crédito a las palabras de la oposición, que hay que comprobar a la oposición, no por sus “plataformas” y contratesis, sino por sus hechos. Lenin decía: aprended a comprobar los grupos, las tendencias y los partidos, no por sus promesas y “plataformas”, sino por sus hechos. Nosotros consideramos nuestro deber seguir a Lenin y comprobar a la oposición, no por los papeles y “plataformas” que pergeña, sino por sus hechos.

Cuando la oposición escribe “plataformas” y contratesis vociferando sobre la unidad del Partido, eso es un engaño al Partido, eso es fariseísmo, eso son palabras vacías. Pero cuando la oposición funda un nuevo partido, crea su comité central, organiza burós regionales, etc., minando la unidad y la disciplina proletaria de nuestro Partido, eso son los hechos de la oposición, sus tenebrosos hechos. Esto no quiere decir, naturalmente, que la oposición haya logrado crear ya algo que se asemeje a un verdadero partido. No, no lo ha conseguido ni lo conseguirá jamás. No lo conseguirá, porque la clase obrera está contra la oposición. Al intentar crear un nuevo partido, un segundo partido, la oposición, en realidad, se dedica a un juego pueril: juega al partido, juega al C.C., a los burós regionales, etc. Derrotados y cubiertos de oprobio, se consuelan distrayéndose con su juego al partido, con su juego al C.C., con su juego a los burós regionales, etc. (Risas. Aplausos.) Pero, camaradas, hay juegos y juegos. Cuando la oposición juega al partido, eso sólo puede hacer sonreír, pues para el Partido ese juego no es más que una entretenida diversión. Pero no se trata únicamente del Partido. En nuestro país existen aún clases, existen elementos antisoviéticos.

Y estos elementos antisoviéticos siguen el juego de la oposición, aprendiendo de ella a luchar contra el Partido, a luchar contra el Poder Soviético, a luchar contra nuestra revolución. Para estos elementos, el juego de la oposición al partido, los ataques de la oposición al Partido, los actos antisoviéticos de la oposición representan cierta escuela, cierta escuela preparatoria para la lucha contra el Poder Soviético, para el desencadenamiento de las fuerzas de la contrarrevolución. Por algo toda clase de elementos antisoviéticos pululan en torno a la oposición. Ese es el peligro del juego de la oposición al partido. Y precisamente porque ello encierra un grave peligro, precisamente por eso el Partido no puede contemplar con indiferencia los malabarismos antisoviéticos de la oposición, precisamente por eso tiene que cortarlos de raíz. Y la clase obrera no puede dejar de ver todo el peligro de este juego de la oposición contra el Partido. Para la oposición, el Partido es un tablero de ajedrez. Luchando contra el Partido, hace unas u otras jugadas de ajedrez. Hoy presenta una declaración sobre la liquidación del fraccionalismo. Mañana pisotea su propia declaración.

Pasado mañana presenta una nueva declaración para volver a pisotearla al cabo de unos días. Para la oposición, esto son jugadas de ajedrez. Son jugadores, y nada más. Pero la clase obrera no considera así a su Partido. Para la clase obrera, el Partido no es un tablero de ajedrez, sino el instrumento de su liberación; para la clase obrera, el Partido no es un tablero de ajedrez, sino un medio vital para vencer a los enemigos, para organizar nuevas victorias, para el triunfo definitivo del socialismo. Por eso, la clase obrera tiene que mirar con desprecio a los que transforman su Partido, lo más sagrado de todo, en tablero de ajedrez para las manipulaciones tramposas de los jugadores oposicionistas. Pues la clase obrera no puede dejar de saber que la labor de la oposición para minar la férrea disciplina de nuestro partido, la labor de la oposición para escindir nuestro partido es, en esencia, una labor para dar al traste con la dictadura del proletariado en nuestro país. La “plataforma” de la oposición es una plataforma de destrucción de nuestro Partido, es una plataforma de desarme de la clase obrera, es una plataforma de desencadenamiento de las fuerzas antisoviéticas, es una plataforma para dar al traste con la dictadura del proletariado.

IV. Las perspectivas de nuestra revolución. Pasemos a la tercera cuestión, a las perspectivas de nuestra revolución. El rasgo característico de toda la orientación de la oposición es la desconfianza en las fuerzas de nuestra revolución, la desconfianza en las fuerzas y en la capacidad del proletariado para conducir tras de sí al campesinado, la desconfianza en las fuerzas y en la capacidad de la clase obrera para edificar el socialismo. He citado ya el conocido pasaje del discurso de Smirnov sobre el inevitable “hundimiento” de

nuestra revolución si no nos indisponemos con los campesinos medios. No es la primera vez que oímos las cantinelas de los oposicionistas sobre el “hundimiento” de la revolución. No es la primera vez que encontramos en las declaraciones de los oposicionistas los eternos lloriqueos y el desconcierto ante las dificultades, los vaticinios de ocaso y bancarrota de nuestra revolución. Desde que la política fraccionalista de la oposición comenzó a sufrir un fracaso tras otro, la oposición no ha dejado de anunciar a gritos el “hundimiento” de nuestra revolución, presentando el hundimiento de su propio grupo como “hundimiento” de la revolución. En cuanto la oposición queda en minoría, en cuanto el Partido le propina unos pescozones, sale a la calle y empieza a chillar que “se hunde” la revolución, utilizando toda clase de dificultades contra el Partido. Ya en el período de la paz de Brest-Litovsk, en 1918, cuando la revolución se enfrentaba con dificultades de todos conocidas, Trotski, derrotado por el Partido en el VII Congreso, comenzó a gritar sobre el “hundimiento” de nuestra revolución. Pero la revolución no se hundió y los augurios de Trotski quedaron en vacuas profecías. En 1921, en el período de la discusión sobre los sindicatos, cuando nos hallábamos ante nuevas dificultades surgidas al abolirse el sistema de contingentación, y Trotski sufrió otra derrota en el X Congreso del Partido, Trotski se puso de nuevo a gritar que “se hundía” la revolución. Recuerdo perfectamente que en el Buró Político, en presencia del camarada Lenin, Trotski afirmaba que “el cuclillo había cantado ya” los días y las horas de existencia del Poder Soviético. (Risas.) Pero la revolución no se hundió, las dificultades fueron vencidas y el histérico griterío sobre el “hundimiento” de la revolución se quedó en griterío.

Yo no sé si entonces cantó o no el cuclillo. (Risas.) Pero, si lo hizo, hay que reconocer que no acertó. (Aplausos, Risas.) En 1923, período de nuevas dificultades, originadas esta vez por la nueva política económica, en el período de la crisis de venta, Trotski volvió a hacer de cuclillo que cantaba el “hundimiento” de la revolución, presentando la derrota de su propio grupo en la XIII Conferencia de nuestro Partido como la derrota de la revolución. Pero la revolución hizo oídos sordos a estos cantos de cuclillo, venciendo las dificultades que tenía entonces ante sí. En los años 1925 y 1926, período de nuevas dificultades, con motivo del auge de nuestra industria, Trotski, esta vez en compañía de Kámenev y Zinóviev, volvió con su canto de cuclillo sobre el “hundimiento” de la revolución, presentando la derrota de su propio grupo en el XIV Congreso y después del XIV Congreso como la derrota de la revolución. Pero la revolución no pensaba ni mucho menos hundirse, los falsos profetas fueron relegados a segundo plano y las dificultades fueron vencidas como siempre, como en el pasado, pues las dificultades existen para los bolcheviques, no para gimotear y echarse a llorar, sino para vencerlas. (Clamorosos Aplausos.) Ahora, a fines de 1927, con motivo de las nuevas dificultades en el período de reconstrucción de toda nuestra economía sobre una nueva base técnica, vuelven a entonar el canto del cuclillo sobre el “hundimiento” de la revolución, encubriendo así el verdadero hundimiento de su propio grupo. Pero todos veis, camaradas, que la revolución vive y goza de buena salud y que los que se hunden son otros. Así han venido haciendo el cuco, pero todos estos cucos han fracasado definitivamente en sus cuquerías. (Risas.) La “plataforma” de la oposición es la plataforma del “hundimiento” de nuestra revolución.

V. ¿Qué va a suceder en adelante? Esta es la verdadera plataforma de la oposición en las tres cuestiones fundamentales de nuestras discrepancias: en la cuestión de la clase obrera y el campesinado, en la cuestión del Partido y de la dictadura del proletariado y, por último, en la cuestión de las perspectivas de nuestra revolución. Vosotros veis que esta extraña plataforma evidencia que la oposición se ha apartado por completo del Partido, de la clase obrera, de nuestra revolución. Es una plataforma de intelectuales que han roto con el leninismo y se han apartado de la vida. ¿Cabe asombrarse, después de todo esto, de que el Partido y la clase obrera vuelvan definitivamente la espalda a la oposición? Ahí tenéis por qué la oposición ha sufrido un estrepitoso fracaso en su lucha contra el Partido durante la última discusión. ¿Qué va a suceder en adelante?, se nos pregunta. La oposición se queja de que ha presentado hace unos días una declaración sobre la unidad, firmada por 31 trotskistas, y no ha recibido todavía una respuesta satisfactoria. Pero, vamos a ver, ¿qué respuesta puede darse a una declaración hipócrita de 31 trotskistas, cuando las falaces declaraciones de la oposición son desmentidas a cada paso por sus actos escisionistas? En la historia de nuestro Partido se conoce una declaración análoga de 31 mencheviques, hecha, me parece, en 1907. (Voces: “¡Cierto!”.) Lenin llamó entonces a esta declaración “la hipocresía de los 31 mencheviques”. (Risas.) Yo creo que la hipocresía de los 31 trotskistas es idéntica a la hipocresía de los 31 mencheviques. (Voces: “¡Absolutamente cierto!”.) La oposición ha engañado al Partido dos veces. Ahora tiene la intención de engañarlo por tercera vez. No, camaradas, basta de engaños, basta de juego. (Aplausos.) ¿Qué va a suceder en adelante?

No se puede ir más lejos, camaradas, pues han sido rebasados todos los límites de lo admisible en el Partido. No se puede seguir haciendo equilibrios entre dos partidos simultáneamente, entre el viejo partido, el Partido leninista, que es un partido unido y el único, y el nuevo partido, el partido trotskista. Hay que elegir entre estos dos partidos. O bien la oposición misma liquida este segundo partido, el partido trotskista, renunciando a sus concepciones antileninistas y condenando abiertamente, ante todo el Partido, sus propios errores; o bien la oposición no lo hace así, y entonces nosotros mismos liquidaremos el partido trotskista sin dejar rastro de él. (Aplausos.) Una de dos. O los oposicionistas dan este paso necesario, o no lo dan, y entonces saldrán volando del Partido. (Clamorosos y Prolongados Aplausos. Ovación de toda la sala. Se canta “La Internacional”.)

Publicado el 24 de noviembre de 1921 en el núm. 269 de “Pravda”.