Respuesta a Dmítriev. Me ha sido enviada al C.C., para darle respuesta, su carta del 14 de enero último a “Bolshevik”, acerca del problema del gobierno obrero y campesino. Le pido perdón por la tardanza con que contesto, debida al mucho trabajo que sobre mí pesa. 1) No se puede plantear el problema tal como lo hacen ciertos camaradas: “gobierno obrero y campesino de hecho o como consigna de agitación”. No se puede decir que, aunque de hecho no tengamos gobierno obrero y campesino, podemos, sin embargo, hablar de él como consigna de agitación. Con ese modo de plantear la cuestión, resulta que nuestro Partido puede lanzar consignas falsas en el fondo, de hecho inconsistentes, en las que él mismo no cree, pero que pone en circulación, pese a todo, para engañar a las masas. Así pueden obrar los eseristas, los mencheviques, los demócratas burgueses, ya que para esos partidos agonizantes una de las armas principales es el engaño de las masas y la divergencia entre las palabras y los hechos.

Pero nuestro Partido no puede proceder así nunca, en ningún caso, pues es un partido marxista, un partido leninista, un partido en ascenso, cuya fuerza reside en que sus palabras no difieren de sus actos, en que no engaña a las masas, en que dice a las masas únicamente la verdad y no basa su política en la demagogia, sino en el análisis científico de las fuerzas de clase. El problema debe plantearse así: o bien no tenemos gobierno obrero y campesino, y entonces debemos desechar la consigna de gobierno obrero y campesino por ser innecesaria y falsa; o bien tenemos en realidad gobierno obrero y campesino, su existencia corresponde al estado de las fuerzas de clase, y entonces la consigna de gobierno obrero y campesino es acertada y revolucionaria. Lo uno o lo otro. Hay que escoger. 2) La consigna de gobierno obrero y campesino la califica usted de “fórmula del camarada Stalin”. Eso es del todo equivocado. En realidad, esta consigna o, si quiere, esta “fórmula” es de Lenin, y de nadie más que de Lenin. Yo me limité a repetirla en “Preguntas y respuestas”.

Vea el tomo XXII de las Obras de Lenin, págs. 13, 15, 90, 133 y 210; el tomo XXIII, págs. 93 y 504; el tomo XXIV, pág. 448, y el tomo XXVI, pág. 184, donde Lenin llama al Poder Soviético “gobierno obrero y campesino”; vea el tomo XXIII, págs. 58, 85, 86 y 89; el tomo XXIV, págs. 115, 185, 431, 433, 436, 539 y 540; el tomo XXV, págs. 82, 146, 390 y 407, y el tomo XXVI, págs. 24, 39, 40, 182, 207 y 340, donde Lenin llama al Poder Soviético “Poder obrero y campesino”; vea todas ésas y también algunas otras obras de Lenin y comprenderá que la consigna o “fórmula” de gobierno obrero y campesino es una consigna o “fórmula” de Lenin y de nadie más que de Lenin. 3) Su error fundamental es que confunde usted: a) nuestro gobierno con nuestro Estado; b) la naturaleza de clase de nuestro Estado y de nuestro gobierno con la política diaria de nuestro gobierno. No debe confundirse, y, por tanto, no debe identificarse nuestro Estado con nuestro gobierno. Nuestro Estado es la organización de la clase de los proletarios en Poder estatal, llamado a aplastar la resistencia de los explotadores, a organizar la economía socialista, a suprimir las clases, etc. A su vez, nuestro gobierno es la cúspide de esa organización estatal, es su cúspide dirigente.

El gobierno puede equivocarse, puede cometer errores que amenacen con un fracaso temporal a la dictadura del proletariado; pero eso no significará todavía que la dictadura del proletariado sea equivocada o errónea como principio de organización del Estado en el período de transición. Eso significará únicamente que la cúspide dirigente es mala, que la política de la cúspide dirigente, la política del gobierno, no corresponde a la dictadura del proletariado, que esa política debe ser modificada en consonancia con las demandas de la dictadura del proletariado. El Estado y el gobierno son semejantes por su naturaleza de clase, pero el gobierno tiene un volumen más reducido y no abarca lo que el Estado. Entre ellos existen vínculos orgánicos, dependen uno de otro, pero eso no significa todavía que se los puede meter en un mismo saco. Ya ve que no puede confundirse nuestro Estado con nuestro gobierno, de igual manera que no puede confundirse la clase de los proletarios con la cúspide dirigente de la clase proletaria. Pero aun es más inadmisible la confusión de la naturaleza de clase de nuestro Estado y de nuestro gobierno con la política diaria de nuestro gobierno.

La naturaleza de clase de nuestro Estado y de nuestro gobierno es de por sí clara: es proletaria. Los objetivos de nuestro Estado y de nuestro gobierno son también claros: aplastar la resistencia de los explotadores, organizar la economía socialista, suprimir las clases, etc. Todo eso está claro. ¿Aquí se reduce, en tal caso, la política diaria de nuestro gobierno? Se reduce a las vías y los medios por los cuales pueden ser alcanzados los objetivos de clase de la dictadura proletaria en nuestro país, que es un país campesino. El Estado proletario es preciso para aplastar la resistencia de los explotadores, para organizar la economía socialista, para suprimir las clases, etc. En cambio, nuestro gobierno es preciso, además de todo esto, para trazar las vías y los medios (política diaria) sin los que no se concibe la realización de esas tareas en nuestro país, donde el proletariado está en minoría, dónde el campesinado constituye la inmensa mayoría. ¿Cuáles son esas vías y esos medios?, ¿en qué consisten? Son, en lo fundamental, medidas para mantener y consolidar la alianza de los obreros con la masa fundamental de los campesinos, para mantener y consolidar dentro de esta alianza el papel dirigente del proletariado, que se encuentra en el Poder. Huelga demostrar que fuera de esa alianza y al margen de esa alianza, nuestro gobierno sería impotente y no podríamos cumplir las tareas de la dictadura del proletariado de que acabo de hablar.

¿Cuánto tiempo existirá esta alianza, esta ligazón y hasta cuándo durará la política del Gobierno Soviético de fortalecimiento de esta alianza, de esta ligazón? Está claro que mientras haya clases y mientras el gobierno exista como expresión de una sociedad de clases, como expresión de la dictadura del proletariado. A este respecto debe tenerse en cuenta lo siguiente: a) necesitamos la alianza entre los obreros y los campesinos, no para conservar el campesinado como clase, sino para transformarlo y modificarlo en el sentido correspondiente a los intereses del triunfo de la edificación socialista; b) la política del Gobierno Soviético para el fortalecimiento de esta alianza no tiende a afianzar, sino a suprimir las clases, a acelerar el ritmo de supresión de las clases. Lenin tenía, por eso, completa razón al decir: “El principio supremo de la dictadura es mantener la alianza entre el proletariado y el campesinado, para que el proletariado pueda conservar el papel dirigente y el Poder estatal” (v. t. XXVI, pág. 460). No es necesario demostrar que precisamente esta tesis de Lenin, y nada más que ella, es lo que guía al Gobierno Soviético en su política diaria; que la política del Gobierno Soviético en la fase actual de desarrollo trata, en esencia, de conservar y fortalecer precisamente esa alianza entre los obreros y la masa fundamental de los campesinos.

En este sentido -pero sólo en este sentido, y no en el de su naturaleza de clase-, el Gobierno Soviético es un gobierno obrero y campesino. No admitir esto significa desviarse del camino del leninismo, colocarse en el trance de negar la idea de la ligazón, la idea de la alianza entre el proletariado y las masas trabajadoras del campesinado. No admitir esto significa pensar que la ligazón es una maniobra, y no algo real y revolucionario; que implantamos la Nep con fines de “agitación”, y no para emprender la edificación socialista en común con las masas fundamentales del campesinado. No admitir esto significa pensar que nuestra revolución no puede satisfacer los intereses básicos de las masas fundamentales del campesinado, que estos intereses se encuentran en contradicción inconciliable con los intereses del proletariado, que no podemos y no debemos edificar el socialismo en común con las masas fundamentales del campesinado, que el plan de cooperación de Lenin no tiene ningún fundamento, que los mencheviques y sus acólitos están en lo cierto, etc. Es suficiente plantear estas cuestiones para comprender toda la podredumbre, toda la futilidad de ese enfoque “agitacionista” del cardinal problema de la ligazón.

Por eso decía yo en mis “Preguntas y respuestas” que la consigna de gobierno obrero y campesino no era ni “demagogia” ni una maniobra con fines de “agitación”, sino una consigna acertada y revolucionaria a todas luces. En pocas palabras: una cosa es la naturaleza de clase del Estado y del gobierno, que marca los objetivos principales del desarrollo de nuestra revolución, y otra la política diaria del gobierno, las vías y los medios de esta política, necesarios para el logro de dichos objetivos. Ambas cuestiones están, indudablemente, ligadas entre sí, pero eso no significa todavía que sean idénticas, que se las pueda meter en un mismo saco. Ya ve que no puede confundirse la naturaleza de clase del Estado y del gobierno con la política diaria del gobierno. Podrán decirnos que hay aquí una contradicción: ¿cómo se puede calificar de obrero y campesino un gobierno que por su naturaleza de clase es proletario? Pero la contradicción es imaginaria. En realidad, esta “contradicción” es igual a la que algunos de nuestros sabihondos tratan de ver entre las dos fórmulas de Lenin acerca de la dictadura del proletariado, la primera de las cuales dice que “la dictadura del proletariado es el Poder de una clase” (t. XXIV, pág. 398), mientras que la segunda afirma que “la dictadura del proletariado es una forma especial de alianza de clase** entre el proletariado, vanguardia

* Subrayado por mí. J. St.

de los trabajadores, y las numerosas capas trabajadoras no proletarias (pequeña burguesía, pequeños patronos, campesinos, intelectuales, etc.)” (t. XXIV, pág. 311). ¿Hay contradicción entre estas dos fórmulas? Claro que no. ¿Cómo se logra, pues, en este caso, el Poder de una clase (del proletariado) en alianza de clase, supongamos, con la masa fundamental del campesinado? Haciendo efectivo en esta alianza el papel dirigente del proletariado (“vanguardia de los trabajadores”), que se encuentra en el Poder. El Poder de una clase, de la clase proletaria, ejercido apoyándose en la alianza de esta clase con la masa fundamental del campesinado, mediante la dirección estatal de éste por la clase proletaria; tal es la idea principal de estas dos fórmulas. ¿Dónde está aquí la contradicción? ¿Y qué quiere decir dirección estatal de la masa fundamental del campesinado por el proletariado? ¿Es esta dirección igual a la que había, por ejemplo, en el período de la revolución democrático-burguesa, cuando tratábamos de implantar la dictadura del proletariado y del campesinado? No; es una dirección distinta. La dirección estatal del campesinado por el proletariado es dirección bajo la dictadura del proletariado.

La dirección estatal por el proletariado significa que: a) la burguesía ha sido ya derrocada, b) en el Poder está el proletariado, c) el proletariado no comparte el Poder con las otras clases, d) el proletariado edifica el socialismo, conduciendo tras de sí a las masas fundamentales del campesinado. En cambio, la dirección del proletariado en la revolución democrático-burguesa y bajo la dictadura del proletariado y del campesinado significa que: a) el capitalismo queda cómo base, b) en el Poder está la burguesía democrática revolucionaria, que constituye la fuerza predominante de cuantas integran el Poder, c) la burguesía democrática comparte el Poder con el proletariado, d) el proletariado va liberando al campesinado de la influencia de los partidos burgueses, lo dirige en el sentido ideológico y político y prepara la lucha para el derrocamiento del capitalismo. La diferencia, como usted ve, es radical. Lo mismo debe decirse del gobierno obrero y campesino. ¿Qué contradicción puede existir en que la naturaleza proletaria de nuestro gobierno y las tareas socialistas que de ello se derivan, lejos de impedírselo, le empujen, le empujen necesariamente, a aplicar una política de mantenimiento y consolidación de la alianza obrera y campesina, medio importantísimo para el logro de las tareas socialistas de clase de la dictadura del proletariado en nuestro país campesino, y en que, en vista de ello, se le denomine gobierno obrero y campesino?

¿No está claro que Lenin tenía razón al aplicar la consigna de gobierno obrero y campesino y al calificar a nuestro gobierno de gobierno obrero y campesino? Hablando en general, debe decirse que el “sistema de la dictadura del proletariado”, por medio del cual se ejerce en nuestro país el Poder de una clase, el Poder del proletariado, es una cosa bastante complicada. Sé que a ciertos camaradas no les agrada, no les gusta esta complejidad. Sé que muchos de ellos, desde el punto de vista del “principio, del esfuerzo mínimo”, preferirían entendérselas con un sistema más sencillo y más simple. Pero ¿qué se le va a hacer? En primer término, el leninismo se debe tomar tal como es en la realidad (no se debe simplificar ni vulgarizar el leninismo); en segundo término, la historia dice que no siempre, ni mucho menos, han sido las más acertadas las “teorías” más sencillas y simples. 4) Se lamenta usted en su carta: “Todos los camaradas que tratan esta cuestión incurren en el pecado de hablar sólo del gobierno o sólo del Estado, con lo cual no dan una respuesta definitiva, perdiendo enteramente de vista la relación que debe existir entre estos conceptos”. Reconozco que ese “pecado” se da, en efecto, entre nuestros camaradas dirigentes, en particular si se tiene en cuenta la circunstancia de que ciertos “lectores”, no muy aplicados, se resisten a profundizar por sí mismos en las obras de Lenin y piden que se les dé bien mascada cada frase.

Pero ¿qué se le va a hacer? En primer lugar, nuestros camaradas dirigentes están demasiado ocupados, les abruma el trabajo diario, cosa que les impide dedicarse a la explicación del leninismo punto por punto, como suele decirse; en segundo lugar, hay que dejar algo para los “lectores”, quienes deben pasar por fin de la lectura superficial de las obras de Lenin a un estudio profundo del leninismo. Y hay que decir que, si los “lectores” no estudian profundamente el leninismo, siempre habrá quejas, por el estilo de la suya, y “malentendidos”. Tomemos, por ejemplo, el problema de nuestro Estado. Está claro que, lo mismo por su naturaleza de clase que por su programa, sus tareas fundamentales, sus actos, sus obras, es un Estado proletario, un Estado obrero, verdad que con cierta “deformación burocrática”. Recuerde la definición de Lenin: “Estado obrero es una abstracción. Y de hecho tenemos, en primer lugar, un Estado obrero con la particularidad de que en el país predomina la población campesina, y no la obrera; y, en segundo lugar, un Estado obrero con una deformación burocrática” (t. XXVI, pág. 91). Únicamente los mencheviques, los eseristas y algunos de nuestros oposicionistas pueden poner esto

en duda. Lenin explicó repetidas veces que nuestro Estado es un Estado de dictadura proletaria, y la dictadura proletaria es el Poder de una clase, el Poder del proletariado. Todo esto es archisabido. Y, sin embargo, existen bastantes “lectores” que se quejaban y se quejan todavía de que Lenin calificaba a veces nuestro Estado de Estado “obrero y campesino”, aunque no es difícil comprender que Lenin no se proponía especificar la naturaleza de clase de nuestro Estado ni, aun menos, negar su naturaleza proletaria, sino que quería señalar que la naturaleza proletaria del Estado soviético hace necesaria la ligazón entre el proletariado y las masas fundamentales del campesinado, por lo cual la política del Gobierno Soviético debe orientarse al robustecimiento de esa ligazón. Vea, por ejemplo, el tomo XXII, pág. 174; el tomo XXV, págs. 50 y 80; el tomo XXVI, págs. 40, 67, 207 y 216; el tomo XX VII, pág. 47. En todos estos trabajos, y también en algunos otros, Lenin califica nuestro Estado de “obrero y campesino”.

Pero sería extraño dejar de comprender que, en todos estos casos, Lenin no especifica la naturaleza de clase de nuestro Estado, sino que define la política de robustecimiento de la ligazón derivada de la naturaleza proletaria y de las tareas socialistas de nuestro Estado, dadas las condiciones de nuestro país, que es un país campesino. En este sentido convencional y restringido, pero sólo en este sentido, se puede hablar de Estado “obrero y campesino”, como lo hace Lenin en los pasajes de sus obras a que aludía antes. Con relación a la naturaleza de clase de nuestro Estado, ya he dicho antes que Lenin dio acerca de ella una fórmula muy precisa, que descarta en absoluto toda falsa interpretación: Estado obrero con deformación burocrática en un país donde predomina la población campesina. Parece que está claro. Sin embargo, ciertos “lectores”, que saben “leer” las letras, pero que no desean comprender lo leído, siguen quejándose de que Lenin “enredó” el problema de la naturaleza de nuestro Estado y de que los “discípulos” no quieren “desenredar” el “enredo”. Resulta un poco ridículo... Pregunta usted cómo salir de esos “malentendidos”. La salida, a mi juicio, es una: estudiar a Lenin no tomando citas sueltas, sino a fondo, estudiarlo de manera seria y profunda, sin descanso. No veo otra salida.

Publicado el 16 de marzo de 1927 en el núm. 6 de “Bolshevik”.