¡Camaradas! Lo que nos propone la oposición no puede considerarse una paz en el Partido. No hay que dejarse llevar por ilusiones. Lo que nos propone la oposición es un armisticio temporal. (Voz: "¡Ni siquiera temporal!") Es un armisticio temporal que, en determinadas condiciones, puede representar cierto paso adelante, pero puede también no serlo. Esto hay que recordarlo de una vez por todas. Tanto en el caso de que la oposición haga nuevas concesiones, como en el caso de que no las haga, hay que tenerlo presente.

Es un paso adelante para el Partido el hecho de que la oposición haya retrocedido en cierta medida en las tres cuestiones que le planteamos. En cierta medida. Pero ha retrocedido con tales reservas que pueden crear el terreno para una lucha futura aún más aguda. (Voces: "¡Correcto!" "¡Correcto, eso es verdad!")

La cuestión de la defensa de la URSS es la cuestión fundamental para nosotros en vista de la amenaza de guerra que se ha creado. La oposición dice en forma positiva en su declaración que está por la defensa incondicional e irrestricta de la URSS, pero se niega a condenar la conocida fórmula, la conocida consigna de Trotski sobre Clemenceau. Trotski debe tener el valor de reconocer lo que hay.

Creo que todo el Pleno del CC y la CCC es unánime en que una persona que en su fuero interno, de hecho, y no solo de palabra, está por la defensa incondicional de nuestro país, no escribiría lo que Trotski escribió en su carta a la CCC dirigida al camarada Ordzhonikidze.

Creo que todo el Pleno del CC y la CCC está convencido de que esta consigna, esta fórmula sobre Clemenceau, dada por Trotski, solo puede engendrar dudas sobre la sinceridad de Trotski respecto a la defensa de la URSS. Es más, crea la impresión de una actitud negativa de Trotski hacia las cuestiones de la defensa incondicional de nuestro país. (Voces: "¡Correcto, absolutamente correcto!")

Creo que todo el Pleno del CC y la CCC está profundísimamente convencido de que Trotski, al lanzar esta consigna, esta fórmula sobre Clemenceau, condicionaba la defensa de la URSS a un determinado punto sobre el cambio de dirección en nuestro Partido y la dirección del Poder Soviético. Solo los ciegos no lo comprenderán. Si a Trotski le falta valor, el elemental valor para reconocer su error, él mismo será el culpable.

Si la oposición en su documento no condena este error de Trotski, significa que desea conservar en sus manos un arma de reserva para futuros ataques contra el Partido en la línea de defensa del país, en esa línea que el Partido lleva. Significa que conserva en sus manos cierta reserva de armas para ponerla en acción.

He aquí por qué en este punto fundamental la oposición va no hacia la paz, sino hacia un armisticio temporal con una reserva que puede agudizar aún más la lucha en el futuro. (Voz: "No necesitamos un armisticio, necesitamos la paz.")

No, camaradas, necesitamos el armisticio, ahí se equivocan ustedes. Si ya vamos a tomar ejemplos, mejor sería tomar el ejemplo del Ósip de Gógol, que decía: "¿Un cordel? Démelo acá, que hasta un cordel puede servir." Más vale proceder como el Ósip de Gógol. No somos tan ricos en recursos ni tan fuertes como para poder despreciar un cordel. Ni siquiera un cordel debemos despreciar. Piénsenlo bien y comprenderán que en nuestro arsenal también debe haber un cordel.

En la segunda cuestión, la cuestión del Termidor, es indudable que la oposición ha dado cierto paso atrás, cierta retirada en este aspecto en comparación con lo que había antes, pues después de tal retirada ya no puede haber (si se es lógico, por supuesto) esa estúpida agitación sobre la "degeneración termidoriana" del Partido, que llevaban a cabo ciertos miembros de la oposición y especialmente algunos de sus miembros semimencheviques.

Pero esta concesión la acompaña la oposición con una reserva que puede eliminar en el futuro la posibilidad de todo armisticio y toda paz. Dicen que en el país hay en ciertos elementos una tendencia a la restauración, una tendencia al Termidor. Pero eso nadie lo ha negado jamás. Puesto que existen clases antagónicas, puesto que las clases no están eliminadas, los intentos de restaurar los viejos órdenes existirán siempre, naturalmente. Pero no era de eso de lo que se trataba nuestra discusión. La discusión versa sobre que la oposición en sus documentos lanza ataques contra el CC, y por tanto contra el Partido, a propósito del termidorismo. No se puede separar al CC del Partido. No se puede. Es una estupidez. Solo personas antipartidistas, que no han comprendido las premisas organizativas elementales fundamentales de la construcción leninista, solo tales personas pueden suponer que se puede separar al CC, y encima a nuestro CC, del Partido.

Pero la oposición acompaña sus concesiones con las reservas de las que hablé. Y tales reservas dan en manos de la oposición cierta arma de reserva que utilizará a la ocasión para nuevos ataques contra el Partido.

Por supuesto, es ridículo hablar de termidorismo del CC. Diré más: es una estupidez. Creo que en esta estupidez la propia oposición no cree. Pero lo necesita como espantajo. Porque, si la oposición creyera en ello, entonces, por supuesto, debería declarar una guerra abierta a nuestro Partido y a nuestro CC, y sin embargo asegura que quiere la paz en el Partido.

Así que ahí tienen, en el segundo punto también, un arma de reserva en manos de la oposición para producir después un nuevo ataque contra el CC. Esto también hay que recordarlo, camaradas, en todas las circunstancias. Saquemos o no saquemos a los líderes de la oposición del CC, de todos modos esta arma de reserva en la cuestión fundamental del Termidor les queda en las manos, y el Partido debe tomar desde ahora todas las medidas para liquidar a la oposición si esta vuelve a echar mano de esta arma antipartidista.

La tercera cuestión: la escisión en el Partido Comunista de Alemania, el grupo antilenista y escisionista de Ruth Fischer y Maslov.

Una conversación extraña tuvimos ayer en la comisión. Con gran dificultad —con gran dificultad—, tras una serie de intervenciones, los oposicionistas encontraron el valor para decir que, sometiéndose a la decisión del Comintern —no por convicción, sino sometiéndose a la decisión del Comintern—, estaban de acuerdo en reconocer la inadmisibilidad del vínculo organizativo con ese grupo antipartidista. Yo proponía: "vínculo organizativo y apoyo a ese grupo". Trotski decía: "eso no, eso no podemos aceptarlo; fue incorrecta la decisión del Comintern cuando los expulsaron; yo voy a luchar para que los readmitan en el Partido, a esos mismos Ruth Fischer y Maslov."

¿Qué significa esto? Júzguenlo ustedes mismos. ¡Hasta qué punto se ha esfumado de la cabeza de estas personas la noción elemental de lo partidista!

Hoy, digamos, el PC(b) de la URSS expulsa del Partido a Miásnikov, conocido por todos ustedes por su conducta antipartidista. Mañana viene Trotski y dice: "no puedo renunciar a apoyar a Miásnikov, porque la decisión del CC es incorrecta, pero estoy dispuesto a romper con él los vínculos organizativos, como ustedes me han ordenado."

Mañana expulsan al grupo de la "Verdad Obrera", también conocido por ustedes por su conducta antipartidista. Trotski sale y declara: "no puedo renunciar a apoyar a ese grupo antipartidista, porque ustedes lo han expulsado incorrectamente."

Pasado mañana el CC expulsa a Ossovski, porque es enemigo del Partido —eso lo saben ustedes bien. Trotski nos declara que la expulsión es incorrecta y que no puede renunciar a apoyar a Ossovski.

Pero si el Partido, si el Comintern, habiendo discutido detalladamente la cuestión de tales o cuales personas, incluyendo a Ruth Fischer y Maslov, si estas altas instituciones del proletariado deciden que a tales personas hay que expulsarlas, y Trotski, a pesar de ello, no renuncia a seguir apoyando a los expulsados, ¿qué resulta de todo esto? ¿Dónde está nuestro Partido, el Comintern? ¿Existen acaso? Resulta que para Trotski no existen ni el Partido ni el Comintern; solo existe la opinión personal de Trotski.

Y, ¿qué pasaría si no solo Trotski, sino también otros miembros del Partido quisieran proceder igual que Trotski? Está claro que este guerrillerismo, este caudillismo no llevaría más que a la destrucción de lo partidista. No habrá más Partido. Pero habrá opiniones personales de atamanes sueltos. Eso es lo que Trotski no quiere comprender.

¿Por qué la oposición no aceptó renunciar al apoyo del grupo anticomunista de Maslov – Ruth Fischer? ¿Por qué los líderes de la oposición no aceptaron nuestra enmienda al respecto? Porque quieren conservar una tercera arma de reserva en sus manos para atacar al Comintern. Esto también hay que tenerlo en cuenta.

Haya o no acuerdo con ellos, sean o no sean removidos del CC, de todos modos esta arma de reserva queda en sus manos para un futuro ataque contra el Comintern.

La cuarta cuestión: la disolución de las fracciones. Nosotros proponemos decir, honesta y directamente: "se disuelve incondicionalmente la fracción." Los líderes de la oposición se niegan a decir esto. En lugar de eso dicen: "eliminar los elementos de fraccionalismo", pero añaden: "los elementos de fraccionalismo que se han formado sobre la base del régimen intrapartidista."

Ahí tienen la cuarta reservita. También es un arma de reserva contra nuestro Partido y su unidad.

¿Qué quisieron decir los oposicionistas al negarse a aceptar la formulación que propone la inmediata disolución de la fracción que ellos tienen, que uno de estos días se dispone a convocar su conferencia ilegal aquí, en Moscú? Significa que quieren reservarse el derecho de seguir organizando manifestaciones en la estación —dicen que la culpa es del régimen, nos vimos obligados a organizar otra manifestación más. Significa que quieren conservar el derecho de seguir atacando al Partido —dicen que el régimen obliga a atacar. Ahí tienen otra arma de reserva que se guardan.

Todo esto debe saberlo y recordarlo el Pleno conjunto del CC y la CCC.

I. Stalin. Sobre la oposición.

Artículos y discursos, 1921-1927.

Moscú-Leningrado, 1928.