¡Camarada Osinski!

Si lo piensa, comprenderá, probablemente, que usted no tiene ningún fundamento, ni moral ni de ningún otro tipo, para difamar al partido o asumir el papel de árbitro entre el partido y la oposición. Le devuelvo su carta por ser ofensiva para el partido. En cuanto a la preocupación por Smirnov y otros oposicionistas, usted no tiene motivos para dudar de que el partido hará en este sentido todo lo posible y necesario.

I. Stalin

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3/I-28

Fuente. 1994. Nº 6. P. 88.

AP. F. 45. Op. 1. D. 780. L. 15.

NOTA

La nota es una respuesta al recurso de Osinski del 1 de enero de 1928, en el que el autor llama la atención de Stalin sobre las circunstancias de la deportación de V.M. Smirnov. "En su momento, Lenin despidió a Mártov al extranjero con todas las comodidades... Todo esto porque Mártov había sido en su tiempo un revolucionario. Los que ahora son deportados, antiguos camaradas nuestros de partido, son personas que cometen graves errores políticos, pero no han dejado de ser revolucionarios: esto no se puede negar...

Cabe preguntarse entonces: ¿es necesario enviarlos al norte y llevar de hecho una línea hacia su destrucción espiritual y física? En mi opinión, no...

Las deportaciones de este tipo solo crean una exasperación adicional entre personas que aún no pueden considerarse perdidas y con las que el partido, en el pasado, frecuentemente fue madrastra y no madre. Intensifican los cuchicheos sobre la semejanza de nuestro régimen actual con la vieja policía, así como sobre el hecho de que 'los que hicieron la revolución están en prisión y en el exilio, mientras que gobiernan otros'...".

A la nota de Stalin, Osinski reaccionó con dureza el 4 de enero de 1928: "Camarada Stalin, no necesito reflexionar ni mucho ni poco sobre si puedo ser árbitro entre el partido y la oposición o cualquier otra cosa. Usted comprende mi punto de vista y mi psicología de manera fundamentalmente errónea...

Mi psicología consiste en que me considero con derecho a tener una opinión independiente sobre determinadas cuestiones y a expresar esa opinión (a veces, en los casos más agudos, solo personalmente a usted, o a usted y a Rýkov, como usted recuerda, durante el congreso).

Últimamente he recibido dos lecciones al respecto. Sobre las requisiciones de grano, Rýkov dijo que había que 'llenarme la garganta de plomo'. Usted me devolvió la carta. Pues bien, si ni siquiera esto se puede, lo tendré en cuenta.

Y sin embargo, qué simple sería: déjenme ir al extranjero a trabajar un año en un libro, y no les daré ninguna molestia...".