¡Camaradas! Habitualmente se acostumbra en los congresos hablar de los logros. No hay duda de que tenemos logros. Ellos, estos logros, por supuesto no son pequeños, y no hay por qué ocultarlos. Pero, camaradas, últimamente se ha empezado a hablar de los logros tanto y a veces con tanta empalago, que se pierde toda gana de repetir lo dicho. Por ello, permítanme romper el orden general y decirles unas palabras no sobre nuestros logros, sino sobre nuestras debilidades y sobre nuestras tareas en relación con estas debilidades.

Me refiero, camaradas, a tareas que abarcan cuestiones de nuestra construcción interna.

Estas tareas se refieren a tres cuestiones: la cuestión de la línea de nuestro trabajo político, la cuestión de elevar la actividad de las amplias masas populares en general y de la clase obrera en particular, así como la lucha contra el burocratismo, y por último la cuestión de la formación de nuevos cuadros para nuestra construcción económica.

I. Fortaleced la disposición combativa de la clase obrera

Comencemos por la primera cuestión. El rasgo característico del momento que vivimos consiste en que llevamos ya cinco años construyendo en condiciones de desarrollo pacífico. Hablo de desarrollo pacífico no solo en el sentido de la ausencia de guerra con enemigos exteriores, sino también en el sentido de la ausencia de elementos de guerra civil dentro del país. Esto es lo que llamamos condiciones de desarrollo pacífico de nuestra construcción.

Ustedes saben que guerreamos tres años contra los capitalistas del mundo entero para conquistar estas condiciones de desarrollo pacífico. Ustedes saben que conquistamos estas condiciones, y nosotros lo consideramos nuestro mayor logro. Pero, camaradas, toda conquista, incluida esta conquista, tiene también sus aspectos negativos. Las condiciones de la construcción pacífica no pasaron sin dejar huella en nosotros. Dejaron su impronta en nuestro trabajo, en nuestros trabajadores, en su psicología. Durante estos cinco años avanzamos suavemente, como sobre rieles. En relación con esto, surgió en una serie de nuestros trabajadores el ánimo de que todo iría como la seda, de que estamos casi en un tren expreso y nos movemos por los rieles directamente, sin transbordo, al socialismo.

Sobre esta base creció la teoría de "dejar las cosas a su aire", la teoría del "a ver qué pasa", la teoría de que "todo se arreglará" solo, de que no tenemos clases, nuestros enemigos se han calmado y todo irá como está escrito. De ahí una cierta inclinación a la inercia, a la modorra. He aquí esta psicología de la modorra, esta psicología de "dejar las cosas a su aire" en el trabajo: ella constituye el aspecto negativo del período de desarrollo pacífico.

¿En qué consiste el peligro de tales estados de ánimo? En que nublan los ojos de la clase obrera, no le dejan ver a sus enemigos, la adormecen con discursos jactanciosos sobre la debilidad de nuestros enemigos y socavan su disposición combativa.

No se puede consolar uno con que en el partido tenemos un millón de miembros, en el komsomol dos millones, en los sindicatos diez millones, y que con eso todo está asegurado para la victoria definitiva sobre los enemigos. Eso no es cierto, camaradas. La historia dice que los ejércitos más grandes perecieron porque se envanecieron, creyeron demasiado en sus fuerzas, contaron demasiado poco con las fuerzas del enemigo, se entregaron a la modorra, perdieron la disposición combativa y en el momento crítico resultaron cogidos desprevenidos.

El partido más grande puede ser cogido desprevenido, el partido más grande puede perecer si no tiene en cuenta las lecciones de la historia, si no forja día a día la disposición combativa de su clase. Ser cogidos desprevenidos es la cosa más peligrosa, camaradas. Ser cogidos desprevenidos significa convertirse en víctimas de las "sorpresas", víctimas del pánico ante el enemigo. Y el pánico conduce a la desintegración, a la derrota, a la perdición.

Podría contarles muchos ejemplos de la vida de nuestros ejércitos durante la guerra civil, cuando pequeños destacamentos derrotaron aplastantemente a grandes unidades militares, si esas unidades militares no tenían suficiente disposición combativa. Podría contarles cómo en 1920 tres divisiones de caballería, que no tenían menos de 5.000 sables, fueron derrotadas y puestas en desbandada por un solo batallón de infantería, solo porque las divisiones de caballería, cogidas desprevenidas, fueron presa del pánico ante el enemigo, al que no conocían, que era extraordinariamente poco numeroso y al que se podría haber barrido de un solo golpe, si esas divisiones no se hubieran encontrado en estado de modorra y luego de pánico y desconcierto.

Lo mismo hay que decir de nuestro partido, de nuestro komsomol, de nuestros sindicatos, de nuestras fuerzas en general. No es cierto que ya no tenemos enemigos de clase, que estén derrotados y liquidados. No, camaradas, nuestros enemigos de clase existen. Y no solo existen, sino que crecen, intentando actuar contra el poder soviético.

De esto hablan nuestras dificultades en los acopios del invierno de este año, cuando los elementos capitalistas del campo intentaron socavar la política del poder soviético.

De esto habla el asunto de Shajti, que es expresión de la actuación conjunta del capital internacional y la burguesía de nuestro país contra el poder soviético.

De esto hablan numerosos hechos del ámbito de la política interior y exterior, que ustedes conocen y sobre los que no vale la pena extenderse aquí.

Callar sobre estos enemigos de la clase obrera es imposible. Subestimar las fuerzas de los enemigos de clase de la clase obrera es un delito. Callar sobre todo esto es imposible especialmente ahora, en el período de nuestro desarrollo pacífico, cuando la teoría de la modorra y del "dejar las cosas a su aire", que socava la disposición combativa de la clase obrera, tiene bajo sí un cierto terreno favorable.

El enorme significado educativo de la crisis de los acopios y del asunto de Shajti consiste en que sacudieron a todas nuestras organizaciones, socavaron la teoría de "dejar las cosas a su aire" y subrayaron una vez más la existencia de enemigos de clase, que existen, que no dormitan y contra los cuales es necesario fortalecer las fuerzas de la clase obrera, su vigilancia, su espíritu revolucionario, su disposición combativa.

De aquí la tarea inmediata del partido, la línea política de su trabajo cotidiano: elevar la disposición combativa de la clase obrera contra sus enemigos de clase.

No se puede dejar de señalar que el presente congreso del komsomol, y especialmente "Komsomólskaya Pravda", se han acercado ahora más que nunca a esta tarea. Ustedes saben que en los discursos de los oradores, así como en los artículos de "Komsomólskaya Pravda", se señala la importancia de esta tarea. Eso está muy bien, camaradas. Solo es necesario que esta tarea no sea considerada temporal y pasajera, pues la tarea de reforzar la disposición combativa del proletariado es una tarea que debe impregnar todo nuestro trabajo mientras existan clases en nuestro país y mientras tengamos el cerco capitalista.

II. Organizad la crítica de masas desde abajo

La segunda cuestión se refiere a la tarea de la lucha contra el burocratismo, a la tarea de organizar la crítica de masas de nuestras deficiencias, a la tarea de organizar el control de masas desde abajo.

Uno de los enemigos más feroces de nuestro avance es el burocratismo. Vive en todas nuestras organizaciones: tanto en las del partido como en las del komsomol, en las sindicales y en las económicas. Cuando se habla de los burócratas, habitualmente se señala con el dedo a los viejos funcionarios sin partido, a los que habitualmente se representa entre nosotros en caricaturas como personas con gafas. (Risas.) Esto no es del todo correcto, camaradas. Si se tratara solo de los viejos burócratas, la lucha contra el burocratismo sería la cosa más fácil. Lo malo es que no se trata de los viejos burócratas. Se trata, camaradas, de los nuevos burócratas, se trata de los burócratas simpatizantes del poder soviético, y finalmente se trata de los burócratas comunistas. El burócrata comunista es el tipo más peligroso de burócrata. ¿Por qué? Porque enmascara su burocratismo con el título de miembro del partido. Y tales burócratas comunistas, por desgracia, no son pocos entre nosotros.

Tomen nuestras organizaciones del partido. Ustedes deben haber leído sobre el asunto de Smolensk, sobre el asunto de Artíomovsk, etc. ¿Y qué, son hechos casuales? ¿Cómo se explican estos vergonzosos hechos de descomposición y degradación de costumbres en algunos eslabones de nuestras organizaciones del partido? Porque llevaron al absurdo el monopolio del partido, ahogaron la voz de las bases, destruyeron la democracia intrapartidaria, implantaron el burocratismo. ¿Cómo luchar contra este mal? Pienso que no hay ni puede haber otros medios contra este mal que la organización del control de las masas del partido desde abajo, que el fomento de la democracia intrapartidaria. ¿Qué se puede objetar a que se levante la indignación de las masas del partido contra estos elementos corrompidos y se les dé la posibilidad de echarlos a patadas? Difícilmente se pueda objetar algo a ello.

O, por ejemplo, tomen el komsomol. Ustedes, por supuesto, no negarán que aquí y allá en el komsomol hay elementos completamente corrompidos, contra los cuales es absolutamente necesaria una lucha despiadada. Pero dejemos de lado a los corrompidos. Tomen el último hecho de la lucha de grupos sin principios dentro del komsomol en torno a personas, lucha que envenena la atmósfera en el komsomol. ¿Cómo explicar que "kosarievistas" y "sobolevistas" en el komsomol haya a manos llenas, mientras que a los marxistas hay que buscarlos con un candil en la mano? (Aplausos.) ¿Qué dice este hecho sino que en algunos eslabones de la cúpula del komsomol se produce un proceso de anquilosamiento burocrático?

¿Y los sindicatos? ¿Quién negará que el burocratismo en los sindicatos es más que abundante? Tenemos conferencias de producción en las empresas. Tenemos comisiones provisionales de control en los sindicatos. La tarea de estas organizaciones consiste en despertar a las masas, revelar nuestras deficiencias y trazar los caminos para mejorar nuestra construcción. ¿Por qué estas organizaciones no se desarrollan entre nosotros? ¿Por qué en ellas no bulle la vida? ¿No está claro que el burocratismo en los sindicatos más el burocratismo en las organizaciones del partido no dejan desarrollarse a estas importantísimas organizaciones de la clase obrera?

Finalmente, nuestras organizaciones económicas. ¿Quién negará que nuestros órganos económicos no adolecen de falta de burocratismo? Tomen, aunque solo sea, el asunto de Shajti. ¿Acaso el asunto de Shajti no dice que nuestros órganos económicos no avanzan, sino que se arrastran, van a rastras?

¿Cómo acabar con el burocratismo en todas estas organizaciones?

Para ello hay un solo y único camino: la organización del control desde abajo, la organización de la crítica de los millones de masas de la clase obrera contra el burocratismo de nuestras instituciones, contra sus deficiencias, contra sus errores.

Sé que, al levantar la indignación de las masas trabajadoras contra las deformaciones burocráticas de nuestras organizaciones, a veces hay que rozar a algunos de nuestros camaradas que tienen méritos en el pasado, pero que ahora sufren de la enfermedad burocrática. Pero, ¿acaso esto puede detener nuestro trabajo de organización del control desde abajo? Pienso que no puede ni debe. Por los viejos méritos hay que hacerles una reverencia, y por los nuevos errores y el burocratismo se les puede dar en el lomo. (Risas, aplausos.) ¿Y de qué otra manera? ¿Por qué no hacerlo, si lo exigen los intereses de la causa?

Se habla de la crítica desde arriba, de la crítica por parte de la RKI, por parte del CC de nuestro partido, etc. Todo esto, por supuesto, está bien. Pero aún está lejos de ser suficiente. Es más, lo principal ahora no está en absoluto en esto. Lo principal ahora consiste en levantar la más amplia ola de crítica desde abajo contra el burocratismo en general, contra las deficiencias de nuestro trabajo en particular. Solo organizando una doble presión —desde arriba y desde abajo—, solo desplazando el centro de gravedad a la crítica desde abajo, se podrá contar con una lucha exitosa y con la erradicación del burocratismo.

Sería erróneo pensar que solo los dirigentes poseen experiencia de construcción. Eso no es cierto, camaradas. Los millones de masas obreras que construyen nuestra industria acumulan día a día una enorme experiencia de construcción, que no es para nosotros menos valiosa que la experiencia de los dirigentes. La crítica de masas desde abajo, el control desde abajo nos es necesario, entre otras cosas, para que esta experiencia de los millones de masas no se pierda en vano, para que sea tenida en cuenta y llevada a la práctica.

De aquí la tarea inmediata del partido: la lucha despiadada contra el burocratismo, la organización de la crítica de masas desde abajo, la consideración de esta crítica en las decisiones prácticas sobre la liquidación de nuestras deficiencias.

No se puede decir que el komsomol, y especialmente "Komsomólskaya Pravda", no tengan en cuenta la importancia de esta tarea. La deficiencia aquí consiste en que a menudo la realización de esta tarea no se lleva hasta el final. Y para llevarla hasta el final, hay que tener en cuenta no solo la crítica, sino también los resultados de la crítica, así como las mejoras que se introducen en la vida como resultado de la crítica.

III. La juventud debe dominar la ciencia

La tercera tarea se refiere a la cuestión de la organización de nuevos cuadros para la construcción socialista.

Ante nosotros, camaradas, se plantean las mayores tareas de reorganización de toda nuestra economía nacional. En el ámbito de la agricultura debemos sentar los cimientos de una gran economía colectiva pública. Por el llamamiento del c. Mólotov de hoy, deben saber que el poder soviético plantea la dificilísima tarea de unir las pequeñas y dispersas haciendas campesinas en colectividades y de crear nuevas grandes haciendas soviéticas de grano. Estas son tareas sin cuya resolución es imposible un avance serio y rápido.

Si en la industria el poder soviético se apoya en la producción más grande y concentrada, en la agricultura se apoya en la más dispersa y pequeña hacienda campesina, que es semicomercial y que proporciona mucho menos grano comercial que la hacienda de antes de la guerra, a pesar de haber alcanzado las normas de superficie de siembra de antes de la guerra. En esto está la base de todas las posibles dificultades en el ámbito de los acopios de grano en el futuro. Para salir de esta situación, hay que ponerse de lleno a organizar la gran producción pública en la agricultura. Pero para organizar una gran hacienda, hay que conocer la ciencia de la agricultura. Y para conocerla, hay que estudiar. Y de personas que conozcan la ciencia de la agricultura tenemos vergonzosamente pocas. De ahí la tarea de crear nuevos y jóvenes cuadros de constructores de la nueva agricultura colectiva.

En el ámbito de la industria las cosas nos van mucho mejor. Pero también aquí la falta de nuevos cuadros de constructores frena nuestro avance. Basta recordar el asunto de Shajti para comprender toda la agudeza de la cuestión de los nuevos cuadros de constructores de la industria socialista. Por supuesto, tenemos viejos especialistas en la construcción industrial. Pero, en primer lugar, son pocos; en segundo lugar, no todos quieren construir la nueva industria; en tercer lugar, muchos de ellos no comprenden las nuevas tareas de la construcción; en cuarto lugar, una parte considerable de ellos ya ha envejecido y sale de circulación. Para impulsar las cosas adelante, hay que crear a un ritmo acelerado nuevos cuadros de especialistas de entre personas de la clase obrera, de entre comunistas, de entre komsomoles.

De aspirantes a construir y dirigir la construcción tenemos de sobra, tanto en el ámbito de la agricultura como en el de la industria. Pero de personas que sepan construir y dirigir tenemos vergonzosamente pocas. Y, por el contrario, de ignorancia en este ámbito tenemos una enormidad. Es más, tenemos personas dispuestas a ensalzar nuestra incultura. Si eres analfabeto o escribes incorrectamente y presumes de tu atraso, eres un obrero "de fábrica", te corresponden honor y respeto. Si has salido de la incultura, has aprendido a leer, has dominado la ciencia, eres un extraño, te has "separado" de las masas, has dejado de ser obrero.

Pienso que no avanzaremos ni un paso mientras no extirpemos esta barbarie y salvajismo, esta actitud bárbara y bestial hacia la ciencia y las personas cultas. La clase obrera no puede convertirse en verdadero dueño del país si no logra salir de la incultura, si no logra crear su propia intelectualidad, si no domina la ciencia y no aprende a dirigir la economía sobre la base de la ciencia.

Es necesario comprender, camaradas, que las condiciones de la lucha son ahora diferentes a las del período de la guerra civil. En el período de la guerra civil se podía tomar las posiciones del enemigo con ímpetu, valentía, arrojo, con un ataque de caballería. Ahora, en las condiciones de la construcción económica pacífica, con un ataque de caballería solo se puede estropear el asunto. La valentía y el arrojo son necesarios ahora como antes. Pero con solo valentía y arrojo no se va lejos. Para vencer ahora al enemigo hay que saber construir la industria, la agricultura, el transporte, el comercio, hay que renunciar a la actitud señorial y altanera hacia el comercio.

Para construir hay que saber, hay que dominar la ciencia. Y para saber hay que estudiar. Estudiar tenaz y pacientemente. Aprender de todos: tanto de los enemigos como de los amigos, especialmente de los enemigos. Estudiar apretando los dientes, sin temer que los enemigos se rían de nosotros, de nuestra ignorancia, de nuestro atraso.

Ante nosotros se alza una fortaleza. Se llama ella, esta fortaleza, la ciencia con sus numerosas ramas del saber. Esta fortaleza debemos tomarla cueste lo que cueste. Esta fortaleza debe tomarla la juventud, si quiere ser constructora de la nueva vida, si quiere convertirse en verdadero relevo de la vieja guardia.

No podemos ahora limitarnos a la formación de cuadros comunistas en general, de cuadros bolcheviques en general, capaces de charlar un poco de todo. El diletantismo y la manía de sabelotodo son ahora grilletes para nosotros. Necesitamos ahora bolcheviques especialistas en metalurgia, en textiles, en combustible, en química, en agricultura, en transporte, en comercio, en contabilidad, etc. Necesitamos ahora grupos enteros, centenares y miles de nuevos cuadros de bolcheviques, capaces de ser dueños del asunto en las más diversas ramas del saber. Sin esto no hay nada que hablar sobre un ritmo rápido de la construcción socialista de nuestro país. Sin esto no hay nada que hablar sobre que lograremos alcanzar y superar a los países capitalistas avanzados.

¡Dominar la ciencia, forjar nuevos cuadros de bolcheviques especialistas en todas las ramas del saber, estudiar, estudiar, estudiar con la mayor tenacidad: he aquí la tarea ahora!

¡El asalto masivo de la juventud revolucionaria a la ciencia: he aquí lo que necesitamos ahora, camaradas! (Tempestuosos aplausos. Gritos: "¡Viva!", "¡Bravo!". Todos se ponen de pie.)

"Pravda" N.º 113,

17 de mayo de 1928.