Respuesta a Frumkin, (Con motivo de la carta de Frumkin del 15 de junio de 1928). La carta de Frumkin del 15 de junio de 1928 merece que se le preste atención. Analicémosla punto por punto. 1. En primer lugar, Frumkin enjuicia erróneamente la situación internacional de la U.R.S.S. En el Partido hay la opinión, generalmente admitida, de que la causa del aumento de las contradicciones entre la U.R.S.S. y su cerco capitalista, la causa de la ofensiva de los Estados capitalistas contra la U.R.S.S. es el desarrollo de los elementos socialistas en la U.R.S.S., el aumento de la influencia de la U.R.S.S. sobre la clase obrera de todos los países, es decir, el peligro que la U.R.S.S. en desarrollo representa para el capitalismo. Así, precisamente, entiende la cuestión el XV Congreso de nuestro Partido cuando dice en su resolución sobre el informe del C.C.: “Se han agudizado las contradicciones entre los países del cerco burgués y la U.R.S.S., que con su victorioso desarrollo socava los cimientos del capitalismo mundial. El desarrollo de los elementos socialistas en la U.R.S.S., el hundimiento de las esperanzas de los burgueses en la degeneración de la dictadura proletaria, a la par que el fortalecimiento de la influencia revolucionaria internacional de la U.R.S.S., son los principales factores de esa agudización”*29. Es sabido que el Partido no se ha trazado esta orientación de pasada ni al azar, sino en lucha desesperada contra la oposición, que afirmaba abiertamente que la causa de la ofensiva del imperialismo contra la U.R.S.S. era el debilitamiento de la U.R.S.S., debido a un proceso de degeneración. Frumkin, no obstante, está en completo desacuerdo con esta orientación del Partido. Frumkin asegura, por el contrario, que “el factor principal y decisivo de la ofensiva del mundo capitalista contra la U.R.S.S. es el debilitamiento político y económico de nuestras fuerzas”. ¿Qué puede haber de común entre esas dos apreciaciones antitéticas, la una formulada por Frumkin y la otra por el XV Congreso de nuestro Partido? 2. Aun es más errónea la apreciación que hace Frumkin de la situación interior de la U.R.S.S. Al

* Subrayado por mí. J. St. leer la carta de Frumkin podría pensarse que el Poder Soviético vive sus últimos días, el país se encuentra ante un abismo y el hundimiento de la U.R.S.S. es cosa de unos meses, cuando no de unos días. Únicamente falta añadir: “El cuclillo ya ha cantado”. Estamos acostumbrados a esos alaridos de intelectualoide que lanzan los oposicionistas anunciando el “hundimiento” de la U.R.S.S. Pero ¿es digno de Frumkin tomar ejemplo de la oposición? Naturalmente, no sería acertado menospreciar la importancia de nuestras dificultades. Pero aun lo sería menos exagerarlas, perder la serenidad y dejarse dominar por el pánico. No cabe duda de que el kulak está enfurecido contra el Poder Soviético: sería peregrino exigir al kulak una actitud amistosa hacia el Poder Soviético. No cabe duda de que el kulak tiene influencia entre parte de los campesinos pobres y medios. Pero hacer, basándose en ello, la conclusión de que la mayoría de los campesinos pobres y medios están contra el Poder Soviético, de que “ese estado de ánimo empieza ya a prender en los centros obreros”, significa perder la cabeza y dejarse dominar por el pánico.

Por algo se dice aquello de que “el miedo abulta el peligro”. Puede imaginarse lo que le ocurriría a Frumkin si ahora, en vez de tropezar con las dificultades que tenemos, atravesáramos otras más serias, una guerra, pongamos por caso, cuando se ofrece ancho “campo de acción” para toda suerte de vacilaciones. 3. A Frumkin no le asiste ninguna razón cuando declara que “el empeoramiento de nuestra situación económica se ha acentuado debido a la nueva orientación política respecto al campo tomada después del XV Congreso”. Se refiere, por lo visto, a las medidas tomadas por el Partido a comienzos de este año para mejorar los acopios de cereales. Frumkin considera que esas medidas son nocivas, que “han empeorado” nuestra situación. Resulta que el Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C. no tenía razón al fijar en su resolución que a) “las dificultades en los acopios de cereales están ligadas a las dificultades del rápido ritmo de la industrialización del país, ritmo que dicta al Estado proletario toda la situación internacional, e interior, y a los errores en la planificación de la economía”; b) “el aumento de la desproporción en las relaciones mercantiles (demanda solvente del campo,

de una parte, y, de otra, oferta de artículos industriales) se debe a la elevación de los ingresos del campo, particularmente de las capas de los campesinos acomodados y de los kulaks” (y no a las medidas del Partido. J. St.); c) “las dificultades se han visto ahondadas y agravadas por el afán de los kulaks y de los especuladores de aprovecharlas para elevar artificialmente los precios de los cereales y torpedear la política soviética de precios* (y no por las medidas del Partido. J. St.). Resulta que el Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C. no tenía razón al declarar en su resolución sobre los acopios de cereales que “las indicadas medidas del Partido, algunas de las cuales tenían el carácter de medidas extraordinarias, aseguraron enormes éxitos en la intensificación de los acopios de cereales”*30. Resulta, por tanto, que Frumkin tiene razón, mientras que el Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C. no la tiene. ¿Quién, pues, en fin de cuentas, tiene razón, Frumkin o el Pleno del C.C. y de la C.C.C.? Recurramos a los hechos. ¿Qué teníamos a comienzos de enero de este año? Teníamos un déficit de 128 millones de puds de cereales en comparación con el año pasado. ¿Cómo se llevaban a cabo entonces los acopios?

Se los abandonaba a su curso, sin que el Partido tomara medidas extraordinarias de ninguna clase, sin que el Partido interviniera activamente en ellos. ¿Qué nos dieron entonces el abandono a la espontaneidad y la falta de toda presión? Un déficit de 128 millones de puds de grano. ¿Qué resultados tendríamos ahora si el Partido hubiera seguido el consejo de Frumkin y no hubiese tomado cartas en el asunto, si no se hubiera liquidado antes de la primavera, antes de la siembra de primavera, ese déficit de 128 millones de puds de cereales? Tendríamos ahora el hambre entre los obreros, el hambre en los centros industriales, el fracaso de nuestra edificación, el hambre en el Ejército Rojo. ¿Podía el Partido no tomar cartas en el asunto, sin detenerse ante la aplicación de medidas extraordinarias? Está claro que no podía obrar de otro modo. ¿Qué se desprende de esto? De esto se desprende que nos encontraríamos ahora ante una peligrosísima crisis de toda nuestra economía nacional, si no hubiéramos tomado a tiempo cartas en el asunto de los acopios de cereales. La conclusión es una: Frumkin no tiene ninguna razón al manifestarse contra las decisiones del Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C. y al exigir su revisión. 4. Frumkin no tiene ninguna razón cuando dice:

* Subrayado por mí. J. St. “Hay que volver a los Congresos XIV y XV del Partido”. No tenemos por qué volver al XV Congreso, pues el Partido se basa plena e íntegramente en las decisiones del XV Congreso. Pero Frumkin reclama que volvamos al XIV Congreso. ¿Qué quiere decir eso? ¿No querrá decir que hay que tachar todo el camino recorrido y dar marcha atrás, en vez de seguir adelante? El XV Congreso del Partido dice en su resolución “Sobre el trabajo en el campo” que, en beneficio del desarrollo socialista en el campo, hay que desplegar una “ofensiva más enérgica contra el kulak”. El XIV Congreso no dijo eso y no podía decirlo, dadas las condiciones de aquel período. ¿Qué puede significar, en relación con eso, la exigencia de Frumkin de “volver al XIV Congreso”? Puede significar una sola cosa; abandonar la política de “ofensiva más enérgica contra el kulak”. Resulta a que la exigencia de Frumkin de que se vuelva al XIV Congreso lleva a renunciar a las decisiones del XV Congreso del Partido. El XV Congreso del Partido dice en su resolución “Sobre el trabajo en el campo” que, “en el período presente, la tarea de agrupar las pequeñas haciendas campesinas individuales y transformadas en grandes haciendas colectivas debe ser planteada como tarea fundamental del Partido en el campo”. El XIV Congreso del Partido no dijo eso y no podía decirlo, dadas las condiciones de aquel período.

De eso únicamente podía hablarse en el período del XV Congreso, cuando, al lado de la vieja tarea, indudablemente obligatoria para nosotros, de desarrollar la pequeña y mediana hacienda campesina individual, se alzaba ante nosotros la nueva tarea práctica de organizar koljoses, como grandes haciendas de producción mercantil. ¿Qué puede significar, en relación con esto, la exigencia de Frumkin de “volver al XIV Congreso”? Puede significar una sola cosa: renunciar a la nueva tarea práctica de organizar koljoses. A ello, hablando en rigor, obedece el que Frumkin suplante la tarea práctica de organizar haciendas colectivas por la artificiosa tarea de “prestar la máxima ayuda a los campesinos pobres que afluyen a las haciendas colectivas”. Resulta, por tanto, que la exigencia de Frumkin de que se vuelva al XIV Congreso lleva a renunciar a las decisiones del XV Congreso. El XV Congreso del Partido dice en su resolución “Sobre las directivas para trazar el plan quinquenal de la economía nacional” que “es necesario en el presente prestar más ayuda a todas las formas viables de cooperación de producción (comunas, koljoses, arteles, cooperativas de producción, fábricas cooperativas, etc.) y también a los sovjoses, que deben ser elevadas a un peldaño superior*33. El XIV Congreso del Partido no dijo eso y no podía decirlo, dadas las condiciones de aquel período. De eso sólo

podía hablarse en el período del XV Congreso, cuando al lado de las tareas de desarrollar las pequeñas y medianas haciendas campesinas individuales, de una parte, y de organizar koljoses, de otra, se planteó ante nosotros una nueva tarea práctica más, la tarea de organizar sovjoses, como las entidades de mayor producción mercantil. ¿Qué puede significar, en relación con esto, la exigencia de Frumkin de “volver al XIV Congreso”? Puedo significar una sola cosa: renunciar a la política de “elevar los sovjoses a un peldaño superior”. A ello, hablando en rigor, obedece el que Frumkin suplante la tarea positiva de organizar sovjoses, marcada por el XV Congreso, por la tarea negativa de “no organizar nuevos sovjoses al ritmo de una tarea de choque y de ultrachoque”, aunque Frumkin no puede ignorar que en este terreno el Partido no tiene ni puede tener tareas de “ultrachoque”, pues sólo empezamos a abordar seriamente el problema de la organización de nuevos sovjoses. Resulta, una voz más, que la exigencia de Frumkin de que se vuelva al XIV Congreso lleva a renunciar a las decisiones del XV Congreso. ¿Qué valor tiene, después de todo lo expuesto, la declaración de Frumkin de que el C.C. “se ha apartado” de las decisiones del XV Congreso? ¿No sería más justo decir que toda la carta de Frumkin es un mal solapado intento de reducir a cero las decisiones del XV Congreso sobre varios problemas de la mayor importancia?

¿No se debe a eso la afirmación de Frumkin de que la resolución del Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C. sobre los acopios de cereales es “vaga y de doble sentido”? ¿No sería más justo decir que la resolución del Pleno es acertada y que Frumkin empieza realmente a ver “doble” debido a cierta “vaguedad” de su posición? El principal error de Frumkin consiste en que sólo ve ante sí una tarea, la tarea de elevar la hacienda campesina individual, suponiendo que a esto se limita, en esencia, nuestra actitud hacia la agricultura. Su error consiste en que no comprende lo nuevo que nos ha dado el partido en su XV Congreso, en que no comprende que ahora la cosa no puede quedar limitada a la sola tarea de elevar la hacienda campesina individual y que a esta tarea hay que agregar dos nuevas tareas prácticas: organizar sovjoses y koljoses. Frumkin no comprende que, sin combinar la primera tarea con las dos últimas, no podemos salir de la situación ni en lo que afecta al suministro de grano mercantil al Estado ni en lo que se refiera a la organización de toda la economía nacional sobre bases socialistas. ¿Significa esto que ya ahora trasladamos el centro de gravedad a los sovjoses y los koljoses? No, no significa eso. El centro de gravedad sigue siendo en esta etapa el desarrollo de las pequeñas y medianas haciendas campesinas individuales.

Pero eso significa que está sola tarea ya no es suficiente hoy. Eso significa que ha llegado la hora de completar prácticamente esta tarea con las dos nuevas tareas de organizar koljoses y sovjoses. 5. Es absolutamente errónea la observación de Frumkin de que “la medida de poner al kulak fuera de la ley ha hecho que se cometieran arbitrariedades con todo el campesinado”. En primer lugar, no es cierto que el kulak haya sido puesto “fuera de la ley”. En segundo lugar, si estas palabras de Frumkin tienen algún sentido, será sólo el de que Frumkin exige del Partido que restituya a los kulaks los “derechos de ciudadanía”, los derechos políticos (por ejemplo, el derecho de elegir a los Soviets, etc.). ¿Cree Frumkin que el Partido y el Poder Soviético saldrían ganando al abolir determinadas restricciones impuestas a los kulaks? ¿Cómo se pueden armonizar estas “ideas” de Frumkin con la decisión del XV Congreso sobre una “ofensiva más enérgica contra el kulak”? ¿Cree Frumkin que si se debilitara la lucha contra el kulak se fortalecería nuestra alianza con el campesino medio? ¿Acaso Frumkin no advierte que la restitución de derechos al kulak únicamente podría facilitar la labor que éste realiza para apartar de nosotros al campesino medio? ¿Qué valor tienen, después de todo lo dicho, las palabras de Frumkin acerca de la alianza con el campesino medio?

Naturalmente, sería erróneo negar que algunos de nuestros funcionarios en el campo han infringido las leyes. Sería aun más erróneo negar que, debido a la torpeza de algunos de nuestros funcionarios en la lucha contra el kulak, los golpes destinados al kulak caen a veces sobre los campesinos medios y hasta sobre los campesinos pobres. No cabe duda de que es necesario luchar con la mayor energía contra estas deformaciones de la línea del Partido. Pero ¿cómo puede hacerse, basándose en eso, la conclusión de que es necesario atenuar la lucha contra el kulak, renunciar a la limitación de los derechos políticos de los kulaks, etc.? 6. Tiene razón Frumkin cuando afirma que no se puede luchar contra el kulak mediante la deskulakización, como lo hacen a veces algunos funcionarios locales. Pero Frumkin se equivoca si cree que ha dicho alguna novedad. Acusar de estas deformaciones al camarada Mólotov o al camarada Kubiak, como lo hace Frumkin, y afirmar que el Partido no lucha contra semejantes deformaciones, es cometer la mayor de las injusticias y dejarse llevar de un arrebato inadmisible. 7. Tiene razón Frumkin cuando afirma que hay que permitir las ferias, el mercado cerealista. Pero se equivoca si cree que ha dicho alguna novedad. En primer lugar, el Partido nunca ha sido partidario de

que se prohibiesen las ferias. En segundo lugar, Frumkin no puede ignorar que, cuando se prohibieron las ferias en algunos distritos, el centro ordenó en el acto a las organizaciones locales que las permitieran inmediatamente y pusieran fin a semejantes transgresiones. Es sabido que esta disposición del centro fue cursada a las organizaciones locales ya a fines de mayo (el 26 de mayo), es decir, dos semanas antes de la carta de Frumkin. Frumkin no podía ignorado. ¿Valía la pena, después de esto, ponerse a alborotar? 8. Tiene razón Frumkin cuando afirma que hay que elevar los precios del grano y reforzar la lucha contra la destilación clandestina de aguardiente. Pero, una vez más, sería peregrino suponer que Frumkin ha descubierto con ello las Américas. La lucha contra la destilación clandestina de aguardiente comenzó en enero de este año. Hay que intensificar esa lucha, y se hará así, aunque Frumkin no puede ignorar que ello suscitará descontento en el campo. En cuanto a la elevación de los precios del grano, Frumkin no puede por menos de saber que ha sido ya decidida por el Buró Político, para comienzos del nuevo año de acopios, en febrero de esto año, es decir, cuatro meses antes de la carta de Frumkin. Repito: ¿valía la pena ponerse a alborotar en eso de la elevación de los precios? 9. A primera vista puede parecer que la carta de Frumkin ha sido escrita para defender la alianza con el campesino medio.

Pero eso sólo es en apariencia. En realidad, la carta de Frumkin es una especie de solicitud de alivio para el kulak, una solicitud pidiendo la abolición de las limitaciones impuestas al kulak. Quien quiere fortalecer la alianza con el campesino medio, no puede exigir que se amortigüe la lucha contra el kulak. Asegurar una alianza sólida con el campesino medio es una de las tareas más importantes de nuestro Partido. Pero esa alianza sólo puede asegurarse a condición de que se despliegue una lucha enérgica contra el kulak, a condición de que se haga de los campesinos pobres el puntal del proletariado en el campo, a condición, en fin, de que queramos y sepamos llegar a un acuerdo duradero con el campesino medio, a un acuerdo que pueda consolidar la alianza con él y reforzar las posiciones del proletariado en la lucha por la edificación socialista. Nuestra política en este terreno no debe orientarse a aflojar la lucha contra los elementos capitalistas del campo, sino hacia un “acuerdo del proletariado con el campesino medio”, hacia “un largo período de colaboración con el campesino medio”, hacia la “alianza y el acuerdo del proletariado victorioso con el campesino medio” (v. la resolución del VIII Congreso del Partido “Sobre la actitud hacia el campesino medio”). J. Stalin. 20 de junio de 1928.

Se publica por primera vez.