Informe en la reunión del activo de la organización de Leningrado del P.C.(b) de la U.R.S.S., 18 de julio de 1928. Camaradas: El Pleno del Comité Central que acaba de terminar ha desplegado sus labores en torno a dos grupos de cuestiones. El primer grupo lo constituyen los problemas fundamentales de la Internacional Comunista a tratar en el próximo VI Congreso. El segundo grupo abarca las cuestiones relacionadas con nuestra edificación en la U.R.S.S., tanto en el dominio de la agricultura -el problema del grano y los acopios de cereales-, como en lo tocando a la necesidad de proporcionar a nuestra industria intelectuales técnicos, cuadros intelectuales salidos de la clase obrera. Empecemos por el primer grupo de cuestiones.

I. Cuestiones de la internacional comunista. 1. Problemas fundamentales del vi congreso de la I.C. ¿Qué problemas fundamentales se plantean en estos momentos ante el VI Congreso de la Internacional Comunista? Si se toma en consideración la etapa comprendida entre el V Congreso y el VI, hay que detenerse, ante todo, en las contradicciones que en ese período han madurado en el campo de los imperialistas. ¿Qué contradicciones son ésas? En el período del V Congreso, apenas se consideraba la contradicción anglo-norteamericana como la fundamental. Entonces, incluso era corriente hablar de alianza anglo-norteamericana. Pero, en cambio, se hablaba con harta frecuencia de contradicciones entre Inglaterra y Francia, entre Norteamérica y el Japón, entre vencedores y vencidos. La diferencia entre aquel período y el actual consiste en que, de las contradicciones existentes en el campo de los capitalistas, la contradicción entre el capitalismo norteamericano y el capitalismo inglés ha pasado a ser la fundamental. Lo mismo si tomáis la cuestión del petróleo, de importancia decisiva tanto para la edificación de la economía capitalista como para la guerra, que la cuestión de los mercados de venta de las mercancías, los cuales tienen una importancia primordial para la vida y el desarrollo del capitalismo mundial, pues no se puede producir mercancías sin tener asegurada su venta; o la cuestión de los mercados para exportación de capitales, uno de los rasgos más característicos de la etapa imperialista; o si, en fin, tomáis la cuestión de las vías que llevan a los mercados de venta y a los mercados de materias primas, todas esas cuestiones fundamentales confluyen en un problema esencial: el problema de la lucha entre Inglaterra y Norteamérica por la hegemonía en el mundo.

Dondequiera que pruebe a meterse Norteamérica, país de capitalismo de desarrollo gigantesco, lo mismo si es en China que en las colonias, en América del Sur que en África, en todas partes tropieza con enormes obstáculos: las posiciones previamente fortificadas que tiene allí Inglaterra. Naturalmente, esto no quiere decir que hayan desaparecido las demás contradicciones en el campo del capitalismo: entre Norteamérica y el Japón, entre Inglaterra y Francia, entre Francia e Italia, entre Alemania y Francia, etc., etc. Pero sí quiere decir que estas contradicciones están relacionadas, por uno y otro lado, con la contradicción fundamental entre la Inglaterra capitalista, cuya estrella se eclipsa, y la Norteamérica capitalista, cuya estrella está en ascenso. ¿Qué encierra esta contradicción fundamental? Probablemente, la guerra. Cuando dos gigantes chocan el uno con el otro, cuando se sienten estrechos en el globo terrestre, tratan de medir sus fuerzas para resolver por la guerra el litigio de la hegemonía mundial. Eso es lo primero que hay que tener en cuenta. La segunda contradicción es la contradicción entre el imperialismo y las colonias. Esta contradicción existía también en el período del V Congreso. Pero hasta ahora no había tomado un carácter tan agudo. Entonces no se daba un desarrollo tan poderoso del movimiento revolucionario chino, una tan poderosa conmoción de masas de millones de obreros y de campesinos chinos como la que observábamos hace un año y observamos hoy. Pero esto no es todo. Entonces, en la época del V Congreso de la Internacional Comunista, no asistíamos tampoco a la poderosa animación del movimiento obrero y de la lucha de liberación nacional que observamos hoy en la India. Estos dos hechos fundamentales plantean tajantemente la

cuestión de las colonias y de las semicolonias. ¿Qué encierra el desarrollo de esta contradicción? Encierra guerras de liberación nacional en las colonias e intervenciones del imperialismo. Esta circunstancia también debe tenerse en cuenta. Finalmente, la tercera contradicción, la contradicción entre el mundo capitalista y la U.R.S.S., contradicción que, lejos de debilitarse, se agudiza. Si en el período del V Congreso de la Internacional Comunista podía decirse que se había llegado a cierto equilibrio, verdad es que inestable, pero más o menos duradero entre los dos mundos, entre dos antípodas, entre el mundo de los Soviets y el mundo del capitalismo, ahora tenemos pleno fundamento para afirmar que ese equilibrio va tocando a su fin. Huelga decir que el desarrollo de esta contradicción no puede por menos de encerrar el peligro de intervención militar. Es de suponer que el VI Congreso tendrá también en cuenta esta circunstancia. Así, pues, todas estas contradicciones llevan inevitablemente a un peligro fundamental, al peligro de nuevas guerras e intervenciones imperialistas. Por eso el peligro de nuevas guerras e intervenciones imperialistas es la cuestión principal del momento. La forma más extendida de adormecer a la clase obrera y apartarla de la lucha contra el peligro de guerra es el actual pacifismo burgués, con su Sociedad de Naciones, su prédica de “paz”, su “prohibición” de la guerra, su palabrería acerca del “desarme”, etc., etc. Muchos creen que el pacifismo imperialista es un instrumento de paz. Eso es completamente erróneo. El pacifismo imperialista es un instrumento de preparación de la guerra y de encubrimiento de esa preparación con farisaica palabrería de paz. Sin ese pacifismo y sin su instrumento, la Sociedad de Naciones, la preparación de guerras sería imposible en las actuales condiciones. Hay ingenuos que creen que, si existe el pacifismo imperialista, no habrá guerra. Eso es completamente erróneo. Al contrario, quien desee alcanzar la verdad debe invertir esta tesis y decir: si prospera el pacifismo imperialista, con su Sociedad de Naciones, es seguro que habrá nuevas guerras e intervenciones imperialistas.

Y lo más importante de todo consiste en que la socialdemocracia es el principal vehículo del pacifismo imperialista en el seno de la clase obrera; por consiguiente, es el sostén fundamental del capitalismo en la clase obrera para la gestación de nuevas guerras e intervenciones. Mas, para preparar nuevas guerras, no basta solamente con el pacifismo, aunque éste sea apoyado por una fuerza tan considerable como la socialdemocracia. Para ello se necesitan, además, ciertos medios de aplastamiento de las masas en los centros del imperialismo. El imperialismo no puede hacer la guerra sin reforzar la retaguardia imperialista. No se puede forzar la retaguardia imperialista sin aplastar a los obreros. Para ello, precisamente, existe el fascismo. De aquí la agudización de las contradicciones internas en los países del capitalismo, las contradicciones entre el trabajo y el capital. De una parte, predicar el pacifismo por boca de la socialdemocracia, con el fin de prepararse mejor para nuevas guerras; de otra parte, aplastar a la clase obrera y a los Partidos Comunistas en la retaguardia empleando métodos fascistas, con el fin de llevar a cabo después, con mayor éxito, la guerra, la intervención: tal es el camino preparatorio de nuevas guerras.

De aquí, las siguientes tareas de los Partidos Comunistas: En primer lugar, una lucha infatigable contra la socialdemocracia en todos los terrenos, tanto en el económico como en el político, sin olvidarse de desenmascarar el pacifismo burgués, a fin de conquistar para el comunismo a la mayoría de la clase obrera. En segundo lugar, la creación de un frente único de los obreros de los países adelantados y de las masas trabajadoras de las colonias, para conjurar el peligro de guerra o, si la guerra estalla, para transformar la guerra imperialista en guerra civil, aplastar el fascismo, derrocar el capitalismo, implantar el Poder Soviético, liberar a las colonias de la esclavitud y organizar, por todos los medios, la defensa de la primera República Soviética del mundo. Tales son los principales problemas y las principales tareas que tiene planteados el VI Congreso. Estos problemas y estas tareas han sido tenidos en cuenta por el Comité Ejecutivo de la I.C., como puede comprobarse fácilmente si se examina el orden del día del VI Congreso de la Internacional Comunista.

2. El programa de la Internacional Comunista. En estrecha relación con los problemas fundamentales del movimiento obrero internacional está la cuestión del programa de la Internacional Comunista. La importantísima significación del programa de la Internacional Comunista consiste en que expresa científicamente las tareas cardinales del movimiento comunista, traza las vías fundamentales para llevarlas a cabo y da de este modo a las secciones de la Internacional Comunista esa claridad en los fines y los procedimientos sin la cual es imposible marchar adelante con firme paso.

Algunas palabras sobre las particularidades del proyecto de programa de la I.C. presentado por la Comisión del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista encargada de redactar el programa. Se podrían señalar, por lo menos, siete particularidades. 1) El proyecto no ofrece un programa para uno u otro Partido Comunista nacional, sino para todos los Partidos Comunistas tomados en su conjunto, recogiendo lo general y lo fundamental para todos ellos. De aquí su carácter teórico general. 2) Antes solía redactarse un programa para las naciones “civilizadas”. A diferencia de esto, el proyecto de programa tiene en cuenta a todas las naciones del mundo, a los blancos y a los negros, a las metrópolis y a las colonias. De aquí su carácter universal, su carácter profundamente internacional. 3) El proyecto no toma como punto de partida el capitalismo de uno u otro país o parte del mundo, sino todo el sistema mundial del capitalismo, oponiéndole el sistema mundial de la economía socialista.

De aquí que se distinga de todos los programas habidos hasta ahora. 4) El proyecto parte de la desigualdad del desarrollo de los países del capitalismo y saca la conclusión de la posibilidad de la victoria del socialismo en uno u otro país, llegando a la perspectiva de la formación de dos centros de atracción paralelos: el centro del capitalismo mundial y el centro del socialismo mundial. 5) El proyecto lanza en lugar de la consigna de los Estados Unidos de Europa la consigna de una federación de repúblicas soviéticas de los países adelantados y de las colonias que se hayan desgajado o se estén desgajando del sistema imperialista y que se oponga en su lucha por el socialismo mundial al sistema capitalista mundial. 6) El proyecto hace hincapié en la lucha contra la socialdemocracia como sostén fundamental del capitalismo en la clase obrera y principal enemigo del comunismo, considerando que las demás tendencias en la clase obrera (el anarquismo, el anarcosindicalismo, el socialismo corporativo, etc., etc.) son, en el fondo, variedades de la ideología socialdemócrata. 7) El proyecto pone en primer plano la consolidación de los Partidos Comunistas del Occidente y del Oriente como condición previa para asegurar la hegemonía del proletariado y, después, la dictadura del proletariado. El Pleno del C.C. ha aprobado, en líneas generales, el proyecto de programa de la Internacional Comunista y ha instado a los camaradas que proponen enmiendas a que las presenten a la Comisión de programa del VI Congreso. Eso es lo que puede decirse de las cuestiones relacionadas con la Internacional Comunista. Pasemos ahora a las cuestiones de nuestra edificación interior.

II. Cuestiones de la edificación socialista en la U.R.S.S. L. Cuestión de la política de acopios de cereales. Permitid me que, haga una breve información histórica. ¿Cómo estaban las cosas el 1 de enero de este año? Sabéis por los documentos del Partido que el 1 de enero de este año tenía más un déficit de 128 millones de puds de grano en comparación con el año pasado. No voy a extender me analizando las causas de este fenómeno, pues se habla de ellas en conocidos documentos del Partido, publicados en la prensa. Lo importante para nosotros ahora es saber que teníamos un déficit de 128 millones de puds. Y eso, cuando faltaban dos o tres meses para el deshielo. Nos encontrábamos, por tanto, ante el dilema: o recuperar lo perdido y establecer un ritmo normal de acopios de cereales para el futuro o vernos ante la inevitabilidad de una grave crisis de toda nuestra economía nacional. ¿Qué había que hacer para recuperar lo perdido? Había, ante todo, que asestar un golpe a los kulaks y a los especuladores, que subían artificialmente los precios del grano y amenazaban al país con el hambre. Había, en segundo lugar, que llevar el máximo de mercancías a las zonas cerealistas. Había, por último, que poner en pie a todas nuestras organizaciones del Partido e imprimir un viraje a todo nuestro trabajo de acopios, desterrando la costumbre de abandonar las cosas a su curso.

Nos vimos obligados, por ello, a tomar medidas extraordinarias. Estas medidas surtieron su efecto y logramos, para fines de marzo, reunir 275 millones de puds de grano. No sólo recuperamos lo perdido, no sólo conjuramos una crisis general de nuestra economía, no sólo alcanzamos el ritmo de acopios del año anterior; teníamos también plena posibilidad de salir sin grandes contratiempos de la crisis de los acopios, y lo hubiéramos logrado si en los meses siguientes (abril, mayo, junio) hubiésemos mantenido un ritmo más o menos normal en los acopios. Sin embargo, a consecuencia de la pérdida de las sementeras de cereales de otoño en el Sur de Ucrania y en parte del Cáucaso del Norte, toda Ucrania y parcialmente el Cáucaso del Norte quedaron descartados como zonas abastecedoras, privando a la República de 20 ó 30 millones de puds de grano. Esta circunstancia, unida a que gastamos más cereales de lo debido, nos puso ante la inevitabilidad de apretar más fuerte en las demás zonas y de tocar, por ello, los fondos que los campesinos tenían para casos de emergencia, lo que no pudo menos de empeorar la situación. Si supimos reunir en enero-marzo casi 300 millones de puds, recurriendo a las reservas que el

campesino tenía para maniobrar, en abril-junio no logramos siquiera reunir cien millones de puds porque tuvimos que tocar las reservas que los campesinos tenían para casos de emergencia cuando las perspectivas de la próxima cosecha aun no estaban claras. Sin embargo, de todas formas había que sacar el grano. De aquí que reincidiéramos una y otra vez en las medidas extraordinarias, en la arbitrariedad administrativa, en la violación de la legalidad revolucionaria, en las inspecciones de los hogares campesinos, en los registros ilícitos, etc., cosa que empeoró la situación política del país y puso en peligro la ligazón. ¿Era eso la desunión? No, no era la desunión. ¿Quizá fuera una nimiedad? No, no era una nimiedad. Era un peligro para la ligazón de la clase obrera con el campesinado. A ello, hablando en rigor, se debe que algunos funcionados de nuestro Partido no tuvieran la serenidad y la firmeza necesarias para apreciar sobriamente y sin exageraciones la situación creada. Más tarde, las perspectivas de buena cosecha y la abolición de parte de las medidas extraordinarias devolvieron la tranquilidad y mejoraron la situación. ¿Cuál es la esencia de nuestras dificultades en el frente de los cereales? ¿Cuál es la raíz de esas dificultades? ¿Acaso no es un hecho que nuestra superficie de siembra de cereales es ahora casi la misma que antes de la guerra (sólo un 5% menos)?

¿Acaso no es un hecho que producimos hoy casi tanto grano como en la anteguerra (unos 5 mil millones, sólo 200 ó 300 millones menos)? ¿A qué se debe, pues, que, a pesar de esta circunstancia, produzcamos la mitad de grano mercantil que antes de la guerra? Se debe a la dispersión de nuestra agricultura. Si antes de la guerra había en el país cerca de 16 millones de haciendas campesinas, ahora tenemos, por lo menos 24 millones, con la particularidad de que el fraccionamiento de los hogares campesinos y de las parcelas no manifiesta tendencia a disminuir. ¿Y qué es la pequeña hacienda campesina? Es la hacienda menos mercantil, la menos rentable, y la que más se basa en la economía natural, la que más consume su propia producción, dando sólo un 12 ó 15% de producción mercantil. Entretanto, las ciudades y la industria crecen en nuestro país con la mayor rapidez, la edificación se desarrolla, y la demanda de grano mercantil aumenta con extraordinaria celeridad. Esa es la raíz de nuestras dificultades en el frente cerealista. He aquí lo que dice Lenin al respecto en su discurso “Sobre el impuesto en especie”: “Si la economía campesina puede seguir desarrollándose, es necesario asegurar también firmemente su ulterior transformación, y esa transformación ulterior consistirá, inevitablemente, en que, unificándose poco a poco, las pequeñas haciendas campesinas aisladas, las menos beneficiosas y las más atrasadas, organicen una agricultura basada en grandes haciendas colectivas.

Así se lo han imaginado siempre los socialistas. Precisamente así lo considera también nuestro Partido Comunista” (t. XXVI, pág. 299). He ahí, pues, dónde se encuentra la raíz de nuestras dificultades en el frente cerealista. ¿Dónde está la salida de la situación? La salida está, en primer término, en elevar la hacienda campesina pequeña y mediana, prestándole todo apoyo para que incremente sus cosechas por hectárea, su rendimiento. Sustituir el arado primitivo por el moderno, proporcionar semillas sin mezcla, facilitar abonos, suministrar máquinas pequeñas, incorporar las haciendas campesinas individuales a una amplia red de cooperativas, concertando contratos con aldeas enteras: tal es la tarea. Hay un método de concertar contratos entre las cooperativas agrícolas y aldeas enteras a fin de abastecer a los campesinos de semillas, obtener así mayores cosechas, asegurar que los campesinos entreguen el grano al Estado oportunamente, darles por ello un premio en forma de plus sobre los precios establecidos y crear relaciones sólidas entre el Estado y los campesinos. La experiencia dice que ese método da resultados bien palpables. Hay quien supone que la hacienda campesina individual ya ha agotado todas sus posibilidades, que no vale la pena de apoyarla.

Eso es erróneo, camaradas. Esa gente no tiene nada de común con la línea de nuestro Partido. Hay, por otra parte, quien piensa que la hacienda campesina individual es el principio y el fin de la agricultura en general. Eso también es erróneo. Es más, esa gente atenta, sin duda, a los fundamentos del leninismo. No necesitamos detractores ni cantores de la hacienda campesina individual. Necesitamos políticos sensatos, que sepan sacarle a la hacienda campesina individual todo lo posible y que, al mismo tiempo, sepan llevarla paulatinamente al cauce del colectivismo. La salida está, en segundo término, en agrupar paulatinamente a las pequeñas y medianas haciendas campesinas aisladas en grandes haciendas colectivas y. en cooperativas, como agrupaciones plenamente voluntarias que trabajen sobre la base de la nueva técnica, sobre la base de los tractores y demás máquinas agrícolas. ¿En qué consiste la superioridad de los koljoses sobre las pequeñas haciendas? En que son grandes haciendas y tienen, por ello, la posibilidad de utilizar todos los adelantos de la ciencia y de la técnica, en que son más rentables y estables, en que dan mayor rendimiento y más producción mercantil. No hay que olvidar que los koljoses proporcionan de un 30 a un

35% de producción mercantil y su rendimiento por desiatina llega a veces a 200 puds y más. La salida está, por último, en mejorar los viejos sovjoses y montar nuevos grandes sovjoses. Debe recordarse que los sovjoses son las entidades económicas que reportan más producción mercantil. Tenemos sovjoses que dan, como mínimo, un 60% de producción mercantil. Nuestra misión consiste en combinar acertadamente estas tres tareas y desplegar una intensa labor por los tres cauces. La particularidad del momento presente consiste en que el cumplimiento de la primera tarea -elevar la hacienda campesina individual pequeña y mediana-, hoy por hoy la fundamental de nuestra labor en el dominio de la agricultura, no basta ya para resolver la tarea general en su conjunto. La particularidad del momento presente consiste en que hay que complementaria primera tarea con dos nuevas tareas prácticas: elevar los koljoses y mejorar el trabajo relacionado con los sovjoses. Pero, además de las causas fundamentales, hay causas específicas, causas temporales, que han convertido nuestras dificultades en los acopios en crisis de acopios. ¿Qué causas son ésas?

Entre ellas, la resolución del Pleno del C.C. incluye: a) la ruptura del equilibrio en el mercado y la agudización de esa ruptura debido a que la demanda solvente del campesinado crece con mayor rapidez que la oferta de artículos industriales porque se han elevado los ingresos del campo, gracias a varias buenas cosechas y, particularmente, porque se han elevado los ingresos de las capas de campesinos acomodados y kulaks; b) la desfavorable correlación de los precios de los cereales en comparación con los precios de otros productos agrícolas, cosa que ha debilitado el estímulo para la realización de los excedentes de grano y que el Partido no podía modificar en la primavera de este año sin lesionar los intereses de las capas poco pudientes del campo; c) los errores en la planificación, principalmente en lo que se refiere al abastecimiento oportuno de mercancías, a la política fiscal (impuestos bajos para las capas pudientes del campo) y a los desaciertos en el gasto de cereales; d) las deficiencias de las organizaciones de acopios, del Partido y de los Soviets (falta de un frente único, escasa actividad, esperanzas en la marcha espontánea de las cosas); e) infracción de la legalidad revolucionaria, arbitrariedad administrativa, inspección de los hogares campesinos, cierre parcial de los mercados locales, etc., etc.; f) utilización de todas estas deficiencias por los elementos capitalistas de la ciudad y del campo (kulaks y especuladores) para hacer fracasar los acopios y empeorar la situación política en el país.

Si las causas de carácter general requieren varios años para ser eliminadas, las causas de carácter específico y temporal pueden plenamente ser eliminadas ahora mismo, para impedir que se repita la crisis en los acopios de cereales. ¿Qué se requiere para eliminar estas causas específicas? Para ello es necesario: a) poner fin inmediatamente a la inspección de los hogares, a los registros ilícitos y a todas las violaciones de la legalidad revolucionaria; b) poner fin inmediatamente a todos y cada uno de los intentos de volver al sistema de la contingentación y a toda tentativa de cerrar las ferias, asegurando, al mismo tiempo, formas flexibles de regulación del comercio por el Estado; c) cierta elevación de los precios de los cereales, con variaciones según las zonas y los cultivos; d) organizar acertadamente el envío de mercancías a las zonas de acopios; e) organizar como es debido el abastecimiento de cereales, sin tolerar gastos excesivos; f) formar obligatoriamente una reserva de cereales del Estado. La aplicación honrada y sistemática de estas medidas, dada la buena cosecha de este año, debe crear una situación que permita excluir la aplicación de cualquier medida extraordinaria en la próxima campaña de acopios de cereales. Es una tarea inmediata del Partido controlar el exacto cumplimiento de las medidas arriba indicadas.

En relación con las dificultades en cuanto a los cereales, se ha planteado ante nosotros el problema de la ligazón, de la suerte de la alianza de los obreros y los campesinos, de los medios para fortalecer esa alianza. Dicen que ya no hay ligazón, que la ligazón ha sido reemplazada por la desunión. Eso, naturalmente, es una necedad digna de cobardes presa de pánico. Cuando no hay ligazón, el campesino pierde la fe en el mañana, se encierra en sí mismo, deja de creer en la firmeza del Poder Soviético, principal acopiador del grano de los campesinos, empieza a reducir sus sementeras y, en todo caso, no se arriesga a ampliarlas, temeroso de que comiencen otra vez la inspección de los hogares, los registros, etc., y le quiten el grano. ¿Y qué observamos en la realidad? Observamos una extensión de las sementeras de cereales de primavera en todas las zonas. Es un hecho que, en las zonas cerealistas fundamentales, el campesino ha ampliado las sementeras de cereales de primavera del 2 al 15 y hasta el 20%. ¿Acaso no es evidente que el campesino no cree eternas las medidas extraordinarias y que tiene todo fundamento para esperar la elevación de los precios del grano? ¿Qué desunión es esta? Naturalmente, eso no quiere decir que la ligazón no corra o no haya corrido peligro. Pero deducir de ello la desunión, significa perder la

cabeza y caer prisionero de fuerzas ciegas. Algunos camaradas opinan que para fortalecer la ligazón hay que desplazar el centro de gravedad, de la industria pesada, a la industria ligera (textil), suponiendo que la industria textil es la industria “ligadora” fundamental, la industria “ligadora” por excelencia. Eso es falso, camaradas. ¡Es completamente falso! Naturalmente, la industria textil tiene una importancia inmensa para la circulación de mercancías entre la industria socialista y la economía campesina. Pero creer, por eso, que los artículos textiles son la única base para la ligazón, significa incurrir en un error gravísimo. En realidad, la ligazón entre la industria y la economía campesina no sólo se basa en el percal, necesario para el consumo personal del campesino, sino también en el metal, en las semillas, en los abonos, en las máquinas agrícolas de toda clase, que el campesino necesita como productor de cereales. No hablo ya de que la propia industria textil no puede desarrollarse ni existir sin el desarrollo de la industria pesada, de la construcción de maquinaria.

La ligazón no es necesaria para conservar y eternizar las clases; la ligazón hace falta para aproximar el campesinado a la clase obrera, reeducarlo, rehacer su psicología de individualista, transformarlo en el espíritu del colectivismo y preparar de este modo la supresión, la destrucción de las clases sobre la base de la sociedad socialista. Quien no comprenda o no quiera reconocer eso, no es marxista, no es leninista, sino un “filósofo campesino”, que mira hacia atrás, y no hacia adelante. Pero ¿cómo se puede transformar, cómo se puede rehacer al campesino? Se le puede rehacer únicamente sobre la base de la nueva técnica, sobre la base del trabajo colectivo. He aquí lo que dice Lenin al respecto: “La labor de rehacer al pequeño agricultor, la labor de rehacer toda su psicología y todos sus hábitos es obra de varias generaciones. Resolver este problema en relación con el pequeño agricultor, sanear, por decirlo así, toda su psicología, únicamente puede hacerlo la base material, la maquinaria, el empleo masivo de tractores y otras máquinas en la agricultura, la electrificación en escala masiva. Eso es lo que reharía radicalmente y con enorme celeridad al pequeño agricultor” (t.

XXVI, pág. 239). La cosa está clara: quien piensa asegurar la ligazón sólo sobre la base del textil, olvidándose del metal y de las máquinas que transforman la hacienda campesina sobre la base del trabajo colectivo, eterniza las clases y no es un revolucionario proletario, sino un “filósofo campesino”. He aquí lo que dice Lenin en otro lugar: “Sólo si se consigue hacer ver prácticamente a los campesinos las ventajas del cultivo en común, colectivo, en cooperativas y arteles; sólo si se logra ayudar al campesino por medio de la hacienda cooperativa, colectiva, sólo entonces la clase obrera, dueña del Poder del Estado, demostrará realmente al campesino que ella tiene razón y atraerá realmente a su lado, de un modo sólido y auténtico, a la masa de millones y millones de campesinos” (t. XXIV, pág. 579). Así es como se asegura de manera efectiva y sólida la conquista de las masas de millones de campesinos para la clase obrera, para el socialismo. A veces dicen que para asegurar la ligazón tenemos una sola reserva, la reserva de las concesiones al campesinado.

Partiendo de ello, sacan a veces la teoría de las concesiones ininterrumpidas, suponiendo que con concesiones ininterrumpidas la clase obrera puede fortalecerse. Eso es falso, camaradas. ¡Es completamente falso! Esa teoría únicamente puede echarlo todo a rodar. Es la teoría de la desesperación. Para fortalecer la ligazón, hay que tener, además de la reserva de las concesiones, muchas otras reservas, tanto en la forma de bases económicas en el campo (cooperativas, koljoses y sovjoses desarrollados) como en forma de bases políticas (intenso trabajo entre los campesinos pobres y el apoyo, asegurado, de los campesinos pobres). El campesino medio es una clase vacilante. Si no contamos con el apoyo del campesino pobre, si al Poder Soviético le marchan mal las cosas en el campo, el campesino medio puede inclinarse hacia el kulak. Y al contrario: si tenemos asegurado el apoyo del campesino pobre, se puede decir con toda seguridad que el campesino medio se inclinará hacia el Poder Soviético. Por eso, realizar un trabajo sistemático entre los campesinos pobres y proporcionar a éstos semillas y grano para el consumo a precios módicos es una tarea inmediata del Partido.

2. La formación de cuadros para la edificación industrial. Pasemos ahora a la cuestión de asegurar a nuestra industria nuevos cuadros de intelectuales técnicos. Me refiero a nuestras dificultades en el dominio de la industria, a las dificultades puestas de manifiesto a raíz del asunto de Shajti. ¿En qué consiste la esencia del asunto de Shajti, desde el punto de vista del mejoramiento de la industria? La esencia y el sentido del asunto de Shajti consisten en que se puso de manifiesto que casi no teníamos posibilidades de asegurar a nuestra industria cierto mínimo de especialistas fieles a la clase obrera, y todo nuestro atraso, nuestro vergonzoso atraso en este sentido. La enseñanza que se desprende del asunto de Shajti es que hay que acelerar la formación de nuevos intelectuales

técnicos salidos de la clase obrera, fieles a la causa del socialismo y capaces de dirigir técnicamente nuestra industria socialista. Eso no quiere decir que apartemos a un lado a los especialistas que no piensen en soviético o que no sean comunistas, pero que estén de acuerdo en colaborar con el Poder Soviético. No, no quiere decir eso. Con todas nuestras fuerzas, con la mayor amplitud seguiremos utilizando a los especialistas sin-partido, a los técnicos sin-partido dispuestos a marchar hombro con hombro con el Poder Soviético en la edificación de nuestra industria. Nosotros no exigimos, en absoluto, que renuncien ahora mismo a sus ideas sociales y políticas o que las cambien inmediatamente. Exigimos una sola cosa: que colaboren con el Poder Soviético honradamente, ya que han accedido a ello por propia voluntad. Pero lo que ocurre es que cada vez van siendo relativamente menos los viejos especialistas dispuestos a marchar hombro con hombro con el Poder Soviético. Lo que ocurre es que se impone la absoluta necesidad de prepararles un relevo integrado por jóvenes especialistas. Y el Partido considera que el nuevo relevo hay que formarlo a ritmo acelerado, si no queremos vernos ante nuevas sorpresas, y hay que formarlo con gente de la clase obrera, con trabajadores. Eso es lo que significa forjar una nueva intelectualidad técnica, capaz de satisfacer las necesidades de nuestra industria.

Los hechos han demostrado que el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública no ha sabido cumplir esa importante tarea. No tenemos fundamento para suponer que el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, abandonado a sí mismo y, además, poco ligado con la producción, sepa, dados su inercia y su conservadurismo, cumplir esta tarea en un futuro próximo. Por eso el Partido ha llegado a la conclusión de que es necesario dividir la labor de preparación acelerada de los nuevos intelectuales técnicos entre tres Comisariados del Pueblo: el de Instrucción Pública, el Consejo Supremo de la Economía Nacional y el Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación. El Partido considera que este camino es el más conveniente, el camino capaz de asegurar el necesario ritmo en esta importante labor. De aquí que se pase varias escuelas superiores técnicas al Consejo Supremo de la Economía Nacional y al Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación. Esto, naturalmente, no significa que con la transferencia de estas escuelas superiores técnicas quede resuelta la tarea de formar rápidamente nuevos cuadros de intelectuales técnicos. Los estudiantes deben estar asegurados en el aspecto material. Es indudable que esto desempeñará un importante papel. Por eso el Poder Soviético ha resuelto que los gastos de instrucción de los nuevos cuadros se equiparen por su peso relativo a los gastos en la edificación de obras básicas de la industria y ha acordado destinar complementariamente para ella más de 40 millones de rublos al año.

III. Conclusión. Hay que reconocer, camaradas, que nosotros siempre hemos aprendido en nuestras dificultades y en nuestros errores. Hasta ahora, por lo menos, siempre ha ocurrido que la historia aleccionaba y templaba a nuestro Partido en las dificultades, en las crisis, en nuestros errores. Así ocurrió en 1918, cuando nosotros, a raíz de las dificultades en el Frente del Este, a raíz de los reveses en la lucha contra Kolchak, comprendimos, por fin, la necesidad de formar una infantería regular y, en efecto, la formamos. Así ocurrió en 1919, cuando nosotros, a raíz de las dificultades en el frente contra Denikin, a raíz de la incursión de Mámontov en la retaguardia de nuestros ejércitos, comprendimos, al fin, la necesidad de formar una poderosa caballería regular y, en efecto, la formamos. Creo que ahora ocurre más o menos lo mismo. Las dificultades relacionadas con los cereales no pasarán en vano para nosotros. Sacudirán a los bolcheviques y les harán ponerse de lleno a desarrollar la agricultura, particularmente la economía cerealista. Sin estas dificultades, es dudoso que los bolcheviques se hubieran dedicado en serio al problema cerealista. Lo mismo debe decirse del asunto de Shajti y de las dificultades con él relacionadas. Las enseñanzas del asunto de Shajti no pasarán, no pueden pasar en vano para nuestro Partido. Creo que esas enseñanzas nos obligarán a plantear tajantemente la cuestión de formar nuevos intelectuales técnicos, capaces de atender a nuestra industria socialista. Por cierto, ya veis que hemos dado el primer paso importante para resolver el problema de la formación de nuevos intelectuales técnicos. Esperemos que este paso no sea el último. (Clamorosos y prolongados aplausos.)

Publicado el 14 de julio de 1928 en el núm. 162 de “Leningrádskaia Pravda”.