Discurso en la reunión del Presídium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista 19 de diciembre de 1928. Camaradas: Como el camarada Mólotov ha expuesto ya aquí el punto de vista de la delegación del P.C.(b) de la U.R.S.S., sólo tendré que decir unas palabras. Voy a tocar, ligeramente, tres cuestiones surgidas en los debates. Estas cuestiones son: el problema de la estabilización capitalista, el problema de los combates de clase del proletariado en relación con el quebranto de la estabilización y el problema del Partido Comunista Alemán. Debo hacer constar, con harto sentimiento, que en esas tres cuestiones Humbert-Droz y Serra han caído en el pantano de un cobarde oportunismo. Verdad es que hasta ahora Humbert-Droz solamente se ha manifestado acerca de cuestiones de forma. Pero yo me refiero a su discurso de declaración de principios en la reunión del Secretariado Político del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, donde se ha discutido la cuestión de los derechistas y de los transigentes en el Partido Comunista Alemán. Creo que precisamente ese discurso es la base ideológica de la posición sustentada en esta reunión por la minoría del Presídium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Por ello no puede pasarse por alto el discurso de declaración de principios pronunciado por Humbert-Droz en la reunión del Secretariado Político del C.E. de la I.C. He dicho que Humbert-Droz y Serra han caído en el pantano de un cobarde oportunismo. ¿Qué significa eso? Significa que, además del oportunismo manifiesto, existe el oportunismo encubierto, que teme mostrar su verdadera faz. Ese es precisamente el oportunismo de la transigencia respecto a la desviación de derecha. La transigencia es un oportunismo cobarde. Repito que debo hacer constar, con harto sentimiento, que estos dos camaradas nuestros han caído en el pantano de un cobarde oportunismo. Permitid me que lo demuestre basándome en algunos hechos.

I. El problema de la estabilización capitalista. La Internacional Comunista parte de que la actual estabilización capitalista es una estabilización temporal, precaria, vacilante, podrida, que será menos y menos firme a medida que se vaya desarrollando la crisis capitalista. Eso no contradice en absoluto al hecho, de todos conocido, de que la técnica y la racionalización capitalistas van en ascenso. Es más, precisamente sobre la base de ese ascenso aumentan la podredumbre interna y la endeblez de la estabilización. ¿Y qué nos ha dicho Humbert-Droz en su discurso en el Secretariado Político del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista? Ha negado en redondo la precariedad y la endeblez de la estabilización. Ha dicho claramente en su discurso que “el VI Congreso Mundial condenó de hecho la fórmula general y vaga de estabilización podrida, vacilante, etc., etc.”. Declara abiertamente que en la conocida tesis del VI Congreso sobre el tercer período no se dice ni una palabra de que la estabilización sea vacilante. ¿Puede considerarse acertada esa afirmación de Humbert- Droz? No, no se puede.

No se puede porque el VI Congreso de la Internacional Comunista afirma algo diametralmente opuesto a lo que dice en su discurso Humbert-Droz. El VI Congreso de la Internacional Comunista dice claramente en el párrafo acerca del tercer período que “este período (es decir, el tercer período. J. St.) lleva inevitablemente, a través del sucesivo desarrollo de las contradicciones de la estabilización capitalista, a un mayor quebranto* de la estabilización capitalista y a una gran agudización de la crisis general del capitalismo”6O. Fijaos: “un mayor quebranto de la estabilización”... ¿Qué significa eso? Significa que la estabilización es ya ahora vacilante y precaria, que en las condiciones del tercer período se verá aún más quebrantada. Pero Humbert-Droz se permite burlarse de todos los que -comprendido el Partido Comunista Alemán- proclaman el quebranto y la podredumbre de la estabilización, de todos los que declaran que la lucha actual de la clase obrera mina y descompone la estabilización capitalista. ¿De qué se burla Humbert- Droz? Está claro que de las decisiones del VI Congreso. Resulta que Humbert-Droz, aparentando defender

* Subrayado por mí. J. St.

las decisiones del VI Congreso de la Internacional Comunista, en la práctica revisa estas decisiones, deslizándose, así, a la interpretación oportunista de la estabilización. Eso es lo que puede decirse del aspecto formal del problema. Pasemos ahora a analizarlo en esencia. Si la presente estabilización no puede calificarse de vacilante, ni de podrida, ni de inconsistente, ¿cómo puede, en definitiva, calificarse? No queda más salida que admitir que es una estabilización sólida o, en todo caso, en proceso de fortalecimiento. Pero si tenemos una estabilización del capitalismo en proceso de fortalecimiento, ¿a qué queda reducida entonces la que llamamos creciente y cada vez más honda crisis del capitalismo mundial? ¿No está claro, acaso, que esto es incompatible con la agravación de la crisis del capitalismo? ¿No está claro, acaso, que Humbert-Droz se ha enredado en sus propias contradicciones? Prosigamos. Lenin decía que el desarrollo del capitalismo en las condiciones del imperialismo es un proceso bilateral: de una parte, observamos el desarrollo del capitalismo en algunos países, de otra parte, observamos la putrefacción del capitalismo en otros. ¿Es acertada esta tesis de Lenin? Y, si es acertada, ¿no está claro, acaso, que la estabilización del capitalismo no puede menos de ser una estabilización podrida?

Finalmente, unas palabras acerca de varios hechos bien notorios. Tenemos hechos como las luchas desesperadas de los grupos imperialistas por los mercados de venta, por los mercados de exportación de capitales. Tenemos hechos como el aumento febril de los armamentos en los países capitalistas, la formación de nuevas alianzas militares y la preparación evidente para nuevas guerras imperialistas. Tenemos hechos como la agudización de las contradicciones entre los dos gigantes del imperialismo, entre Norteamérica e Inglaterra, que tratan de atraer a su órbita a todos los demás Estados. Tenemos, por fin, hechos como la existencia de la Unión Soviética, el desarrollo y el progreso de la Unión Soviética en todos los dominios de la edificación, tanto en el aspecto económico como en el cultural y el político. Tenemos la Unión Soviética, cuya sola existencia, sin hablar ya de su desarrollo, quebranta y disgrega los cimientos mismos del capitalismo mundial. ¿Cómo pueden marxistas, leninistas, comunistas, afirmar después de todo eso que la estabilización capitalista no es una estabilización vacilante y podrida, que no se ve quebrantada por la propia marcha de las cosas cada año, cada día? ¿Se dan cuenta Humbert-Droz y, tras él, Serra de a qué pantano se están deslizando? A este error se hallan ligados los demás errores de Humbert-Droz y de Serra.

II. El problema de los combates de clase del proletariado. Es igualmente errónea la posición de Humbert- Droz en el problema de los combates de clase del proletariado en los países capitalistas, en el problema del carácter y la importancia de estos combates. Del discurso de Humbert-Droz en la reunión del Secretariado Político se desprende que la lucha de la clase obrera, sus choques espontáneos con los capitalistas sólo tienen, en lo fundamental, carácter defensivo; que los Partidos Comunistas deben dirigir esta lucha únicamente dentro del marco de los actuales sindicatos reformistas. ¿Es eso acertado? No, es desacertado. Hacer esa afirmación significa ir a la zaga de los acontecimientos. Humbert-Droz olvida que la lucha de la clase obrera se desarrolla ahora sobre la base de la estabilización en proceso de desmoronamiento, que los combates de la clase obrera tienen con frecuencia el carácter de combates de encuentro, de contraofensiva y de ofensiva directa contra los capitalistas. Humbert-Droz no ve nada nuevo en los combates de la clase obrera en el último período. No ve hechos como la huelga general de Lodz, las huelgas económicas en Francia, Checoslovaquia y Alemania por mejorar las condiciones de trabajo, la poderosa movilización de las fuerzas proletarias de Alemania en los combates para hacer frente al lockout contra los metalúrgicos, etc., etc.

¿Qué evidencian esos hechos y otros semejantes, qué dan a entender? Pues que en las entrañas de los países capitalistas maduran las premisas de un nuevo ascenso revolucionario del movimiento obrero. Eso es lo nuevo que no ven, que no advierten Humbert- Droz y Serra y que, en general, nunca notarán los camaradas habituados a mirar hacia atrás, y no hacia adelante. Pero ¿qué significa mirar hacia atrás y no hacia adelante? Significa ir a remolque de los acontecimientos, no ver lo nuevo en ellos y ser pillado de sorpresa. Significa renunciar al papel dirigente de los Partidos Comunistas en el movimiento obrero. A eso, precisamente, se debió el fracaso de la dirección del Partido Comunista Alemán en la revolución de 1923. Por eso, quien no quiera repetir los errores de 1923 debe avivar el pensamiento de los comunistas y llamarlos a marchar adelante, debe preparar a las masas para los combates que se avecinan, debe tomar todas las medidas necesarias para que los Partidos Comunistas no queden a la zaga de los acontecimientos y la clase obrera no se vea sorprendida. Es muy extraño que Humbert-Droz y Serra se olviden de ello. En el período de los combates del Ruhr, los comunistas alemanes pudieron comprobar el

conocido hecho de que los obreros no sindicados se mostraron más revolucionarios que los obreros sindicados. Humbert-Droz se muestra indignado por ello y afirma que eso no pudo ocurrir. ¡Cosa extraña! ¿Por qué no pudo ocurrir? En el Ruhr hay cosa de un millón de obreros. Cerca de doscientos mil pertenecen a los sindicatos. Los sindicatos los dirigen burócratas reformistas ligados por infinitos hilos a la clase capitalista. ¿Qué tiene de sorprendente que los obreros no sindicados se mostrasen más revolucionarios que los sindicados? ¿Acaso podía ser de otro modo? Podría contaros hechos todavía más “sorprendentes” de la historia del movimiento revolucionario en Rusia. Son bastantes los casos en que las masas se mostraron más revolucionarias que algunos de sus líderes comunistas. Eso lo saben bien todos los bolcheviques rusos. De ello, precisamente, partía Lenin al decir que no sólo había que enseñar a las masas, sino también aprender de ellas. No son esos hechos lo que debe asombrarnos, sino el que Humbert-Droz no comprenda cosas tan sencillas de la práctica revolucionaria. Lo mismo hay que decir de Serra. Serra no aprueba el que los comunistas alemanes, en la lucha por organizar a los metalúrgicos víctimas del lockout, hayan rebasado y sacudido el marco de los sindicatos existentes. Ve en ello una trasgresión de las decisiones del IV Congreso de la Internacional Sindical Roja y afirma que ésta prescribió a los comunistas la necesidad de trabajar únicamente dentro de los sindicatos. ¡Eso es una tontería, camaradas! La Internacional Sindical Roja no prescribió nada de eso. Hablar así significa condenar al Partido Comunista a desempeñar el papel de un espectador pasivo de los combates de clase del proletariado.

Hablar así significa enterrar la idea del papel dirigente del Partido Comunista en el movimiento obrero. El mérito de los comunistas alemanes consiste, precisamente, en que no se han dejado asustar por la palabrería acerca del “marco de los sindicatos” y han rebasado ese marco, organizando, contra la voluntad de los burócratas sindicales, la lucha de los obreros no sindicados. El mérito de los comunistas alemanes consiste, precisamente en que buscaron y hallaron nuevas formas de lucha y de organización de los obreros no sindicados. Es posible que en su labor cometieran algunos errores de poca monta. Pero siempre que se hace algo nuevo se cometen errores. El hecho de que debamos trabajar en los sindicatos reformistas, si estos sindicatos son organizaciones de masas, no quiere decir en absoluto que hayamos de limitar nuestro trabajo de masas a la labor en ellos, que hayamos de ser esclavos de las normas y los requisitos de esos sindicatos. Si la dirección reformista se funde con el capitalismo (v. las resoluciones del VI Congreso de la Internacional Comunista y del IV Congreso de la Internacional Sindical Roja), y la clase obrera lucha contra el capitalismo, ¿puede afirmarse que la lucha de la clase obrera, dirigida por el Partido Comunista, vaya a desarrollarse sin romper en cierta medida el actual marco reformista de los sindicatos? Está claro que no puede hacerse tal afirmación sin caer en el oportunismo. Por ello no es difícil imaginarse una situación en la que sea necesario crear paralelamente otras asociaciones de masas de la clase obrera, en contra de la voluntad de los bonzos sindicales, vendidos a los capitalistas. Esa situación la observamos ya en Norteamérica. Es bien posible que en Alemania las cosas tomen el mismo rumbo.

III. El problema del Partido Comunista Alemán. El Partido Comunista Alemán, camaradas, tiene planteada la cuestión de ser o no ser un Partido Comunista organizado y unido, con una disciplina interna de hierro. No se trata sólo de los derechistas o los transigentes, sino de la existencia misma del Partido Comunista Alemán. Existe el Partido Comunista Alemán. Pero, al mismo tiempo, y en el seno del Partido Comunista Alemán, hay también dos fuerzas que lo descomponen desde dentro y ponen en peligro su existencia. Me refiero, en primer lugar, a la fracción de los derechistas, que organiza dentro del Partido Comunista un partido nuevo, un partido antileninista -con su centro y sus órganos de prensa-, que día tras día rompe la disciplina del Partido Comunista Alemán. Me refiero, en segundo lugar, al grupo de los transigentes, que, con sus vacilaciones, fortalece la fracción de los derechistas. No es preciso demostrar aquí que la fracción de los derechistas rompe con el marxismo-leninismo y despliega una lucha enconada contra la Internacional Comunista. Eso ha sido demostrado hace mucho. Tampoco es preciso demostrar aquí que el grupo de los transigentes falta a la conocida resolución del VI Congreso sobre la lucha sistemática contra los derechistas. Eso también ha sido demostrado hace mucho. Ahora se trata de que no se puede seguir tolerando tal situación en el Partido Comunista Alemán. Se trata de que seguir tolerando ese “orden de cosas” -en el que los derechistas envenenan el ambiente con la basura ideológica socialdemócrata y atentan sistemáticamente a los principios elementales de la disciplina del Partido, mientras los transigentes llevan el agua al molino de los derechistas- significa ir contra la Internacional Comunista y faltar a los requisitos elementales del marxismo-leninismo. Se ha creado una situación análoga (si no peor) a la que existiera en el P.C.(b) de la U.R.S.S. en la última fase de la lucha contra el trotskismo, cuando el Partido y la Internacional Comunista se vieron obligados a expulsar de sus filas a los trotskistas. Eso lo ve ahora todo el mundo. Eso no lo ven, o

aparentan no verlo, Humbert-Droz y Serra. Ello quiere decir que están dispuestos a apoyar tanto a los derechistas como a los transigentes, aunque sea a costa de la completa descomposición del Partido Comunista Alemán. Al manifestarse contra la expulsión de los derechistas, Humbert-Droz y Serra invocan la conocida resolución del VI Congreso que dice que las desviaciones de derecha deben ser eliminadas mediante una lucha ideológica. Eso es completamente cierto. Pero esos camaradas olvidan que las resoluciones del VI Congreso no dejan limitada, ni mucho menos a medidas de orden ideológico la lucha de los Partidos Comunistas contra el peligro de derecha. Además de hablar de las medidas de lucha ideológica contra las desviaciones respecto de la línea leninista, el VI Congreso de la Internacional Comunista declara en su resolución sobre el informe de Bujarin: “eso no excluye, sino que presupone, el máximo fortalecimiento de la férrea disciplina interior del Partido, la subordinación incondicional de la minoría a la mayoría, la subordinación incondicional de los organismos inferiores, así como de las otras organizaciones del Partido (las minorías en el Parlamento, las fracciones sindicales, la prensa, etc.) a los centros dirigentes del Partido”*62.

Es muy extraño que Humbert-Droz y Serra se olviden de esta tesis de la resolución del VI Congreso de la Internacional Comunista. Es sumamente extraño que todos los transigentes, tanto los que así se intitulan como los que hacen aspavientos cuando se les da ese calificativo, olviden sistemáticamente en sus referencias a la resolución del VI Congreso esa importante tesis de la Internacional Comunista. ¿Cómo debe procederse si, en lugar del máximo fortalecimiento de una férrea disciplina interior del Partido, vemos en el Partido Comunista Alemán que tanto los derechistas como, en parte, algunos transigentes cometen las más escandalosas y descaradas infracciones de toda disciplina? ¿Se puede seguir tolerando tal situación? ¿Cómo debe procederse si, en lugar de la subordinación incondicional de los organismos inferiores, de las fracciones sindicales y de algunos órganos de prensa del Partido al centro dirigente de éste, vemos en el Partido Comunista Alemán que tanto los derechistas como, en parte, algunos transigentes cometen las más escandalosas y flagrantes infracciones de ese requisito del VI Congreso de la Internacional Comunista? ¿Se puede seguir tolerando tal situación? Vosotros conocéis las condiciones de ingreso en la Internacional Comunista aprobadas en el II Congreso. Me refiero a las 21 condiciones. En el primer punto de ellas se dice que “la prensa

* Subrayado por mí. J. St. periódica, la prensa no periódica y todas las editoriales del Partido deben estar enteramente subordinadas al Comité Central del Partido*, independientemente de que el Partido en su conjunto sea legal o se halle en la clandestinidad en el momento dado”. Sabéis que la fracción derechista dispone de dos órganos de prensa. Sabéis que esos dos órganos de prensa no quieren siquiera oír hablar de subordinación al Comité Central del Partido Comunista Alemán. ¿Se puede -pregunto yo- seguir tolerando ese escándalo? En el punto 12 de las 21 condiciones se dice que el Partido debe “organizarse del modo más centralizado posible”, que en él debe “dominar una disciplina de hierro, rayana en la disciplina militar”*. Sabéis que los derechistas del Partido Comunista Alemán no quieren acatar ni la disciplina de hierro ni ninguna otra disciplina que no sea la suya, su disciplina fraccional. ¿Se puede -pregunto yo- seguir tolerando ese escándalo? ¿O quizá vais a decir que las condiciones aprobadas por el II Congreso de la Internacional Comunista no son obligatorias para los derechistas? Humbert-Droz y Serra alborotan aquí en torno a sus puestos infractores de las decisiones de la Internacional Comunista. Ahora tenemos en los derechistas verdaderos (y no supuestos) infractores de los principios mismos de la Internacional Comunista. ¿Por qué callan en este caso Humbert- Droz y Serra?

¿No será porque bajo la pantalla de una defensa verbal de las decisiones de la Internacional Comunista quieren meter de contrabando su defensa de los derechistas y la revisión de esas decisiones? Tienen particular interés las manifestaciones de Serra. Jura por dios y por todos los santos que está contra los derechistas, contra los transigentes, etc., etc. Pero ¿qué conclusión saca de ello? ¿Creéis que la de luchar contra los derechistas y los transigentes? ¡Nada de eso! Saca de ello la muy peregrina conclusión de que es necesario, a su entender, reorganizar el actual Buró Político del C.C. del Partido Comunista Alemán. Imaginaos: el Buró Político del C.C. del P.C.A. despliega una lucha decidida contra el peligro de derecha y contra las vacilaciones de los transigentes; Serra está por la lucha contra los derechistas y los transigentes; por eso, Serra propone que no se toque ni a los derechistas ni a los transigentes, que se debilite la lucha contra los derechistas y los transigentes y se modifique la composición del Buró Político del C.C. del P.C.A. en un espíritu de transigencia. ¡Valiente “conclusión”! Que me perdone Serra si digo aquí con toda claridad que su actitud en este problema recuerda la de un leguleyo de provincias empeñado en demostrar que lo blanco es negro y lo negro blanco. Eso es lo que nosotros llamamos defensa leguleyesca de los

elementos oportunistas. Serra propone que se reorganice el Buró Político del C.C. del P.C.A., es decir, que se retire de él a unos para meter a otros, que se sustituya a unos por otros. ¿Por qué no dice Serra clara y francamente por quiénes sustituirlos? (Serra: “Por quienes quería el VI Congreso de la Internacional Comunista”.) Pero el VI Congreso no propuso en absoluto que se rehabilitase a los transigentes. Al contrario, nos ha impuesto la obligación de desplegar una lucha sistemática contra los transigentes. Y precisamente porque los transigentes no han cumplido esa obligación, tenemos después del VI Congreso la conocida decisión del Presídium del C.E. de la I.C. del 6 de octubre de 1928 sobre los derechistas y los transigentes. Serra quiere desempeñar el papel de único intérprete de las decisiones del VI Congreso. Esas pretensiones de Serra no pueden, de ningún modo, considerarse fundadas. Los interpretadores de las decisiones del VI Congreso son el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y su Presídium. Veo que Serra no está de acuerdo con la decisión del Presídium del C. E. de la I.C. del 6 de octubre, aunque no lo ha dicho claramente. ¿Cuál es la conclusión? La conclusión es una: la posición de Humbert-Droz y de Serra en el problema del Partido Comunista Alemán es una posición de defensa cobarde y leguleyesca de los derechistas contra el P.C.A. y contra la Internacional Comunista.

IV. Los derechistas en el P.C.A. y en el P.C. (b) de la U.R.S.S. Hoy me he enterado, por los discursos de algunos oradores, de que algunos transigentes alemanes invocan, para justificarse, mi discurso en el Pleno de noviembre del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S.* sobre los métodos de lucha contra los derechistas. Como es sabido, yo afirmaba en mi discurso (que ha sido publicado) que, en la presente etapa del desarrollo de la lucha contra el peligro de derecha dentro del P.C.(b) de la U.R.S.S., el principal método de lucha es la lucha ideológica, lo que no excluye, en casos concretos, las medidas de organización. Yo fundamentaba esa tesis diciendo que los derechistas en el P.C.(b) de la U.R.S.S. aun no habían cristalizado, no eran un grupo ni una fracción, y entre ellos no se había dado ni un solo caso de infracción o de incumplimiento de las decisiones del C.C. del P.C. (b) de la U.R.S.S. Yo afirmaba en mi discurso que, si los derechistas adoptaban una posición de lucha fraccional y empezaban a transgredir las decisiones del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S., se procedería con ellos del mismo modo que se procedió con los trotskistas en 1927. Parece que está claro. ¿No es estúpido, después de esto, invocar mi discurso como argumento en favor de los derechistas de Alemania, que han pasado ya a los métodos fraccionalistas de

* Veáse presente tomo. (<. de la Red.) lucha e infringen sistemáticamente las decisiones del C.C. del P.C.A., o como argumento en favor de los transigentes de Alemania, que no han roto aún ni, por lo visto, quieren romper con la fracción de los derechistas? Creo que es difícil imaginarse nada más estúpido. Sólo gente reñida con la lógica puede no comprender lo profunda que es la diferencia entre la situación de los derechistas en el P.C.(b) de la U.R.S.S. y su situación en el P.C.A. En efecto, en el P.C.(b) de la U.R.S.S., los derechistas no constituyen todavía una fracción y, sin duda, cumplen lealmente las decisiones del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. En Alemania, por el contrario, tienen ya una fracción encabezada por un centro fraccional y pisotean sistemáticamente las decisiones del C.C. del P.C.A. ¿No está claro que, en la actualidad, los métodos de lucha contra los derechistas no pueden ser idénticos en estos dos Partidos? Prosigamos. En la U.R.S.S. no hay socialdemocracia como una fuerza organizada y considerable, capaz de nutrir y estimular el peligro de derecha en el P.C.(b) de la U.R.S.S. En Alemania, por el contrario, junto al Partido Comunista hay un partido socialdemócrata que es más fuerte y tiene una organización bastante sólida, un partido socialdemócrata que nutre la desviación de derecha en el Partido Comunista Alemán y que convierte objetivamente en agente suyo a dicha desviación.

¿No está claro que sólo ciegos pueden no ver lo profunda que es la diferencia entre la situación en la U.R.S.S. y la situación en Alemania? Finalmente, una circunstancia más. Nuestro Partido se ha desarrollado y fortalecido en enconadísimos combates contra los mencheviques, con la particularidad de que esos combates tuvieron en el transcurso de varios años la forma de una verdadera guerra civil contra ellos. No olvidéis que los bolcheviques derrocamos en Octubre a los mencheviques y a los eseristas como ala izquierda de la contrarrevolucionaria burguesía imperialista. A ello, por cierto, se debe que en ningún otro Partido Comunista del mundo sean tan fuertes como en el P.C.(b) de la U.R.S.S. las tradiciones de lucha contra el oportunismo manifiesto. Basta recordar lo ocurrido en la organización de Moscú, sobre todo en el Comité de Moscú, donde hubo ciertas vacilaciones, cierta transigencia, basta recordar que los obreros comunistas de Moscú enderezaron de un solo golpe, en cosa de dos meses, la línea del Comité de Moscú; basta recordar todo esto para comprender hasta qué punto son fuertes en nuestro Partido las tradiciones de lucha contra el oportunismo manifiesto. ¿Puede decirse lo mismo del Partido Comunista Alemán? Convendréis, de seguro, conmigo en que, por desgracia, no es posible. Es más, no podemos negar que el Partido Comunista de Alemania dista mucho de haberse liberado de las tradiciones

socialdemócratas, que nutren en su seno el peligro de derecha. Esas son las condiciones en Alemania y en la U.R.S.S., que evidencian que la diferencia entre ellas impone distintos métodos de lucha contra el peligro de derecha en el P.C.(b) de la U.R.S.S. y en el P.C.A. Sólo gente privada del más elemental instinto marxista puede no comprender cosa tan sencilla. En la comisión del Pleno de noviembre del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. para redactar la resolución un grupo de camaradas propuso que se hiciera extensivas a las demás secciones de la Internacional Comunista, comprendida la sección alemana, las tesis fundamentales de la resolución. Nosotros rechazamos la propuesta, señalando que las condiciones de la lucha contra el peligro de derecha en el P.C.A. son totalmente distintas de las condiciones de la lucha en el P.C.(b) de la U.R.S.S.

V. Sobre los proyectos de carta cerrada y abierta. Dos palabras acerca de los proyectos de resolución presentados por las comisiones del C.E. de la I.C. Serra estima que esos proyectos tienen el carácter de resoluciones provincianas. ¿Por qué, pregunto yo? Porque en el proyecto de carta abierta no se hace un análisis de la situación política que engendra el peligro de derecha. Eso es ridículo, camaradas. Ese análisis lo tenemos en las decisiones del VI Congreso. ¿Hay necesidad de repetirlo? Creo que no. Hablando en rigor, podríamos limitarnos a una breve resolución sobre los derechistas, que infringen sistemáticamente las decisiones del VI Congreso y, por ello, deben ser expulsados, y sobre los transigentes, que no luchan contra los derechistas y, por dicha razón, merecen que se les llame al orden muy en serio. Si, pese a ello, no nos hemos limitado a una breve resolución, ha sido para esclarecer a los obreros la esencia de la desviación de derecha, para hacerles ver la verdadera faz de los Brandler y los Talheimer, para mostrarles lo que eran en el pasado y lo que son ahora, para mostrarles que la Internacional Comunista se compadeció de ellos durante mucho tiempo, con la esperanza de corregirlos; para mostrarles que los comunistas los toleraron durante mucho tiempo en sus filas y por qué no se puede seguir tolerando la permanencia de esa gente en las filas de la Internacional Comunista. Por ello el proyecto de resolución ha resultado más extenso de lo que hubiera podido esperarse en un principio. El camarada Mólotov ya ha dicho aquí que la delegación del P.C.(b) de la U.R.S.S. se adhiere a esos proyectos de resolución. Yo puedo únicamente corroborar la declaración del camarada Mólotov.

Publicado en 1928 en el núm. 23-24 de “Bolshevik”.