A todas las organizaciones del P.C.(b) de la U.R.S.S. Hace cosa de mes y medio, a comienzos de enero de 1928, atravesábamos una crisis muy seria en los acopios de cereales. A principios de enero de 1927 habíamos reunido 428.000.000 de puds de grano, mientras que al empezar enero de 1928, la cifra apenas si llegaba a 300.000.000. A principios de enero de 1928 teníamos, pues, un déficit de 128.000.000 de puds con relación a enero de 1927, lo cual era la expresión numérica aproximada de la crisis en los acopies de cereales. ¿Qué significa la crisis en el acopio de grano, cuál es su trascendencia, cuáles son sus consecuencias probables? Significa, primeramente, crisis en el abastecimiento de las zonas obreras, subida de los precios del pan en estas zonas, quebranto del salario real de los obreros. Significa, en segundo lugar, crisis en el abastecimiento del Ejército Rojo, descontento entre los soldados rojos.

Significa, en tercer lugar, crisis en el abastecimiento de las comarcas productoras de lino y algodón, precios especulativos, para los cereales en estas comarcas, el paso de los cultivadores de lino y algodón a la producción de cereales y, por consiguiente, el descenso de la producción de estas plantas industriales, lo que conduciría a la restricción de las ramas correspondientes de la industria textil Significa, en cuarto lugar, falta de reservas de cereales en manos del Estado, lo mismo para las necesidades interiores del país (en caso de mala cosecha) que para las necesidades de la exportación, imprescindible para la importación de utillaje y de máquinas agrícolas. Significa, finalmente, el fracaso de toda nuestra política de precios, el fracaso de la política de estabilidad de los precios de los productos cerealistas, el fracaso de la política de rebaja sistemática de los precios de los artículos manufacturados. Para salvar estas dificultades era necesario recuperar lo perdido y cubrir el déficit de 128.000.000 de puds en el acopio de grano. Y para cubrir este déficit era necesario poner en movimiento todas las palancas del Partido y del Gobierno, sacudir de su modorra a las organizaciones, lanzar las mejores fuerzas del Partido, de arriba abajo, al frente de los acopios y elevar éstos a toda costa, aprovechando íntegramente el pequeño plazo que quedaba hasta el deshielo.

Con este objeto, precisamente, fueron enviadas las dos primeras directivas del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. para los acopios de grano (la primera, del 14-XII-1927, y la segunda, del 24-XII-1927). En vista, sin embargo, de que estas directivas no surtían efecto, el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. se vio obligado a enviar el 6-1-1928 una tercera directiva, verdaderamente extraordinaria, tanto por su tono como por las exigencias que contenía. La directiva terminaba amenazando a los dirigentes de las organizaciones del Partido si en plazo brevísimo no imprimían un viraje completo a los acopios de cereales. Se comprende que tal amenaza sólo puede hacerse en casos excepcionales, tanto más por cuanto los secretarios de las organizaciones del Partido no trabajan para hacer carrera, sino para bien de la revolución. Sin embargo, el C.C. consideró oportuno dar este paso, teniendo en cuenta las circunstancias excepcionales de que hablaba antes. Entre las causas determinantes de la crisis en los acopios de cereales deben señalarse las siguientes. Primera. Se desarrolla y enriquece la aldea. Se ha desarrollado y enriquecido, ante todo, el kulak. Tres años de buena cosecha no han pasado en balde. Los excedentes de grano no son este año menores que el pasado, de la misma manera que este año no hay menos, sino más artículos manufacturados que el anterior. Sin embargo, las capas acomodadas del campo tuvieron este año la posibilidad de arreglarse con la venta de carne, de la cosecha de cultivos industriales, etc., reteniendo los cereales para subir artificialmente su precio. Verdad es que no puede decirse que el kulak sea el principal poseedor de cereales, pero en la aldea es una autoridad en cuestiones económicas, está ligado con el especulador de la ciudad, que paga el grano más caro, y puede arrastrar tras de sí al campesino medio en cuanto al aumento de los precios, al torpedeo de la política soviética de precios, ya que no se le oponen nuestras organizaciones de acopios. Segunda. Nuestras organizaciones de acopios no han estado a la altura debida. Con su abuso de las

bonificaciones y de toda clase de pluses “legales” a los precios establecidos, en vez de poner freno a la especulación, se lanzaron a una competencia desenfrenada entre sí, rompieron el frente único de las organizaciones de acopios, elevaron artificial mente los precios de los cereales y, sin quererlo, ayudaron a los especuladores y a los kulaks a torpedear la política soviética de precios, a empeorar la situación del mercado, a disminuir los acopios. El Partido, es cierto, pudo haber eliminado estos defectos interviniendo en el asunto. Pero, embriagado por los éxitos de los acopios del año anterior y distraído por la discusión, no paró mientes en esos defectos pensando que desaparecerían por sí solos. Más aún, numerosas organizaciones del Partido mantuvieron hacia los acopios una actitud formalista, como si no fueran un asunto de su incumbencia, olvidando que el Partido es el primer responsable ante la clase obrera de los defectos en los acopios, lo mismo que de los defectos en el funcionamiento de todas y cada una de las organizaciones económicas y cooperativas. Tercera. La línea de nuestro trabajo en el campo ha sido falseada en muchas comarcas.

La consigna fundamental del Partido -“apoyarse en los campesinos pobres, establecer una alianza sólida con el campesino medio y no cejar ni un instante en la lucha contra los kulaks”- se ha aplicado a menudo desacertadamente. Las organizaciones del Partido han aprendido a establecer la alianza con el campesino medio, lo que es una inmensa conquista para el Partido, pero están lejos de haber encarrilado en todas partes el trabajo con los campesinos pobres. Por lo que se refiere a la lucha contra los kulaks y contra el peligro que ellos representan, nuestras organizaciones del Partido están lejos de haber hecho cuanto debían. Esto, digámoslo de pasada, explica el hecho de que en nuestras organizaciones, lo mismo en las del Partido que en las demás, hayan aparecido últimamente ciertos elementos ajenos al Partido, que no ven las clases en el campo, no comprenden los fundamentos de nuestra política de clase y tratan de orientar el trabajo de manera que nadie se sienta lesionado en el campo, se viva en paz con el kulak y, hablando en general, se conserve la popularidad entre “todas las capas” de la aldea. Se comprende que la presencia de esos “comunistas” en el campo no haya podido contribuir a mejorar allí nuestro trabajo, a restringir las inclinaciones explotadoras de los kulaks ya agrupar a los campesinos pobres en torno del Partido. Prosigamos.

Hasta el mes de enero, la demanda solvente de los campesinos, en virtud del aumento de sus ingresos provenientes de cultivos no cerealistas, de la ganadería y de ocupaciones fuera de la hacienda propia, era bastante mayor que el año anterior; y a pesar del aumento de la cantidad de artículos manufacturados que se enviaron al campo, en el sentido de su valor total se observó cierto descenso de la oferta, es decir, un retraso de la oferta de mercancías respecto al aumento de la demanda solvente. Todo esto, unido a errores de nuestro trabajo como la tardanza en el envío de artículos manufacturados al campo, la insuficiencia del impuesto agrícola, la incapacidad para sacar los excedentes monetarios de la aldea, etc., originó las condiciones que condujeron a la crisis en los acopios de cereales. Es evidente que la responsabilidad de estos errores recae ante todo sobre el C.C., y no únicamente sobre las organizaciones locales del Partido. Para acabar con la crisis era necesario, en primer lugar, poner en pie las organizaciones del Partido, mostrarles que los acopios son un asunto que incumbe al Partido entero. Era necesario, en segundo lugar, poner freno a la especulación y sanear el mercado asestando un golpe al especulador y a los elementos especuladores de los kulaks, recurriendo para ello a las leyes soviéticas contra la especulación en artículos de amplio consumo.

Era necesario, en tercer lugar, sacar de la aldea los excedentes de dinero, utilizando para ello las leyes relativas a la tributación voluntaria, al empréstito campesino y la lucha contra la destilación de aguardiente casero. Era necesario, en cuarto lugar, poner bajo el control de las organizaciones del Partido nuestras organizaciones de acopios, obligándoles a acabar con la mutua competencia y haciéndoles aplicar la política soviética de precios. Era necesario, en fin, acabar con la deformación de la línea del Partido en el trabajo práctico en el campo, haciendo hincapié en la tarea de luchar contra el peligro que representan los kulaks e imponiendo a nuestras organizaciones del Partido la obligación de “seguir desarrollando la ofensiva contra los kulaks” (véase la resolución del XV Congreso del Partido “Sobre el trabajo en el campo”). Las directivas del C.C. dan a conocer que, en su lucha por intensificar los acopios, el Partido recurrió precisamente a estas medidas, emprendiendo la correspondiente campaña en todo el país. En otras condiciones y en otra situación, el Partido habría podido utilizar otras formas de lucha, lanzando, por ejemplo, al mercado decenas de millones de puds de cereales, hasta vencer por agotamiento la resistencia de las capas acomodadas de la aldea a llevar sus cereales al mercado. Mas, para eso, el Estado necesitaba tener reservas suficientes de grano o considerables reservas de divisas, para la importación de docenas de millones de puds de cereales. Ahora bien, el Estado, como es sabido, no tenía estas reservas. Y precisamente por

carecer de estas reservas, se planteó ante el Partido la necesidad de adoptar las medidas extraordinarias expuestas en las directivas del C.C. y que se aplicaron en la campaña de acopios desplegada, medidas que en su mayor parte sólo pueden mantenerse en vigor para el período de acopios de este año. Las habladurías de que suprimimos la Nep, de que implantamos el sistema de contingentación, la deskulakización, etc., son charlatanería contrarrevolucionaria que debe combatirse enérgicamente. La Nep es la base de nuestra política económica y lo será durante un largo período histórico. La Nep significa comercio y tolerancia del capitalismo, a condición de que el Estado se reserve el derecho y la posibilidad de regular el comercio desde el punto de vista de la dictadura del proletariado. De otro modo, la nueva política económica significaría una simple restauración del capitalismo, cosa que no quieren comprender los charlatanes contrarrevolucionarios que hablan de la abolición de la Nep. Ahora podemos señalar con entero fundamento que las medidas adoptadas y la campaña emprendida para el acopio de cereales se han visto coronadas ya con la primera victoria decisiva del Partido. Ha aumentado poderosamente y en todos los sitios el ritmo de los acopios. En enero fueron el doble que en diciembre, y en febrero sigue el aumento.

La campaña de acopios ha sido una prueba para todas nuestras organizaciones, tanto del Partido como de los Soviets y de las cooperativas, que ha permitido depurarlas de elementos degenerados y destacar a nuevos trabajadores, a trabajadores revolucionarios. Se descubren los defectos en la actividad de las organizaciones de acopios y se fijan, en el curso de la campaña, las vías para corregidos. Se mejora y sanea el trabajo del Partido en el campo, se acaba con las deformaciones de la línea del Partido. Debilitase la influencia del kulak en la aldea, se reaviva el trabajo entre los campesinos pobres, en el campo se fortalece la vida pública soviética, aumenta el prestigio del Poder Soviético entre las masas fundamentales de los campesinos, comprendidos los campesinos medios. Está claro que vamos saliendo de la crisis en los acopios de cereales. Sin embargo, junto a los éxitos mencionados, en el cumplimiento práctico de las directivas del Partido hay numerosas deformaciones y exageraciones que, de no acabarse con ellas, pueden originar nuevas dificultades. Entre estas deformaciones y exageraciones figuran los intentos de pasar en algunos distritos al trueque directo de mercancías, a la colocación forzosa del empréstito agrícola, a la organización de sustitutivos de los destacamentos de contención para la lucha contra los especuladores, y, finalmente, el abuso en las detenciones, la confiscación ilegal de los excedentes de grano, etc.

Hay que acabar enérgicamente con todo esto. Junto al incremento sucesivo del trabajo de todos los organismos para el cabal cumplimiento del plan de acopios de cereales, el C.C. impone a todas las organizaciones locales del Partido y de los Soviets la obligación de empezar inmediatamente a preparar la campaña de siembra, de tal modo que se aseguré el aumento del área de las siembras de primavera. A la propaganda de algunos kulaks especuladores en favor de la reducción, de la superficie de siembra debe oponerse una campaña cohesionada, unida y organizada en pro de la ampliación de la superficie de siembra por parte de las capas de campesinos pobres y medios, en el especial apoyo de las haciendas colectivas. Partiendo de lo expuesto, el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. invita a: 1. Continuar con el mismo ahínco la campaña de incremento de los acopios de cereales y conseguir, a toda costa, que el plan anual sea cumplido. 2. Reforzar la lucha contra todas las formas directas e indirectas de elevar los precios establecidos. 3. Eliminar resueltamente la competencia entre las organizaciones estatales y cooperativas encargadas de los acopios, asegurando en la práctica su frente único en la lucha contra el acaparador y el kulak, que especulan aumentando los precios. 4.

Continuar presionando a los kulaks, los únicos que de veras poseen grandes excedentes de cereales para la venta; esta presión habrá de apoyarse exclusivamente en las leyes soviéticas (sobre todo, aplicando a los elementos más recalcitrantes, entre los que poseen por lo menos 2.000 puds de cereales de grano mercantil, el artículo 107 del Código Penal de la R.S.F.S.R. y el correspondiente del Código ucraniano), pero sin rozar en ningún caso con estas medidas u otras semejantes a los campesinos medios. 5. Entregar a los campesinos pobres en forma de créditos a largo plazo, para la siembra y, en caso necesario, para el consumo, el 25% de los excedentes de grano confiscados, conforme a la ley, a los especuladores y a los elementos especuladores de los kulaks. 6. Eliminar resueltamente en la campaña para el incremento de los acopios de cereales las exageraciones y deformaciones, que en ciertos casos han llegado al empleo de métodos propios del sistema de contingentación: la contingentación de la entrega de cereales por haciendas, destacamentos de contención entre los distritos, etc. 7. Dar facilidades y privilegios a los campesinos pobres y también, en los casos necesarios, a les campesinos medios poco pudientes, al cobrar las deudas de los campesinos al Estado (atrasos del impuesto agrícola, seguros, subsidios, etc.), al tiempo que se continúa la presión sobre las capas acomodadas del campo, principalmente sobre los

kulaks. 8. Con relación a la tributación voluntaria, aplicar a los kulaks y a las demás capas acomodadas del campo una escala de tributación cuya progresión sea superior a la del impuesto agrícola. Asegurar la exención del tributo voluntario para las capas pobres del campo y privilegios en este aspecto para los campesinos medios poco pudientes y las familias de los soldados rojos. A la par que se despliega en todas partes la campaña del tributo voluntario, elevar la iniciativa social, incorporando ampliamente a esta labor a los campesinos pobres, al Komsomol, a las delegadas y a la intelectualidad rural. Las sumas procedentes del tributo voluntario habrán de utilizarse estrictamente para les fines a que estén destinadas, sin permitir su inversión para el sostenimiento del aparato administrativo, discutiendo y aprobando en asambleas de los campesinos el destino concreto que se va a dar al dinero, los presupuestos de gastos, etc., y sometiendo las inversiones a un amplio control social. 9.

Eliminar resueltamente las medidas administrativas en la colocación del empréstito campesino (el pago del grano entregado por los campesinos con obligaciones del empréstito, colocación obligatoria del empréstito por hogares, etc.), poniendo la mayor atención en explicar a los campesinos todas las ventajas que para ellos tiene este empréstito y utilizando la influencia y la fuerza de las organizaciones sociales del campo para colocar también obligaciones entre las capas ricas del campo. 10. No debilitar la atención por satisfacer la demanda de artículos manufacturados en las zonas de acopio de cereales. A la vez que se eliminan las formas directas e indirectas de trueque del grano por artículos manufacturados, autorizar en casos extraordinarios, con relación a las mercancías que escasean más, la concesión de los privilegios de que disfrutan los asociados de las cooperativas a los campesinos no asociados en ellas, cuando éstos vendan el grano. 11. Continuar en el curso de la campaña de acopios la revisión y enérgica limpieza de las organizaciones del Partido, de los Soviets y de las cooperativas, expulsando de ellas a los elementos ajenos y advenedizos y sustituyéndolos por trabajadores honrados del Partido y por gente sin- partido bien probada. Por el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S., J. Stalin. 13 de febrero de 1928.

Se publica por primera vez.