Hoy he recibido las tesis de Slepkov sobre la autocrítica. Por lo que se ve, esas tesis se han discutido en vuestro círculo. Algunos de sus componentes me han dicho que las tesis fueron lanzadas como un documento que no perseguía el fin de criticar la línea del C.C., sino el de fundamentarla. Sería injusto negar a los militantes del Partido el derecho de criticar la línea del C.C. Es más, yo admito que los miembros de vuestro círculo tengan incluso el derecho de oponer, dentro del mismo, sus propias tesis a la posición del C.C. Es evidente, sin embargo, que las tesis de Slepkov no persiguen el fin de criticar la línea del C.C. o de oponer a ella algo nuevo, sino el objetivo de esclarecer y fundamentar la posición del C.C. A ello, por lo visto, se debe que las tesis de Slepkov hayan adquirido cierta difusión en los medios del Partido de Moscú.

No obstante, mejor dicho, precisamente por ello, considero mi deber declarar que las tesis de Slepkov a) no coinciden con la posición del C.C. en la cuestión de la consigna de autocrítica, b) la “enmiendan”, la “complementan” y, naturalmente, la empeoran en beneficio de los elementos burocráticos de nuestras instituciones y organizaciones. 1) Es errónea, ante todo, la orientación de las tesis de Slepkov. Las tesis de Slepkov sólo superficialmente se parecen a unas tesis sobre la consigna de autocrítica. En realidad, son tesis sobre los peligros de la consigna de autocrítica. Huelga decir que toda consigna revolucionaria encierra ciertas posibilidades de ser tergiversada en la práctica. Esas posibilidades pueden existir también, claro está, en el caso de la consigna de autocrítica. Pero presentar estas posibilidades como el nervio de la cuestión, como la base de las tesis sobre la autocrítica, es poner las cosas cabeza abajo, minar la importancia revolucionaria de la autocrítica y ayudar a los burócratas, que tratan de desentenderse de la autocrítica en vista de los “peligros” que implica. No dudo de que los elementos burocráticos de nuestras organizaciones del Partido y de los Soviets leerán con satisfacción las tesis de Slepkov.

¿Tiene esa orientación algo de común con la orientación del C.C. en la cuestión de la autocrítica, con la resolución del Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C. sobre el asunto de Shajti y con el llamamiento de junio del C.C. sobre la cuestión de la autocrítica? Opino que no. 2) Las tesis de Slepkov son también erróneas por su contenido. Uno de los factores más serios, que hacen inevitable la autocrítica, y al mismo tiempo uno de los objetos más importantes de ella, es el burocratismo de nuestras organizaciones. ¿Se puede avanzar sin luchar contra el burocratismo de nuestro aparato del Partido y de los Soviets? ¡No se puede! ¿Se puede organizar el control de las masas, elevar la iniciativa y la actividad de las masas, hacer que masas de millones de ciudadanos participen en la edificación socialista si no se despliega una lucha enérgica contra el burocratismo de nuestras organizaciones? ¡No se puede! ¿Se puede socavar el burocratismo, desacreditarlo, sin aplicar prácticamente la consigna de autocrítica? ¡No se puede!

¿Se puede soslayar, en unas tesis consagradas a la consigna de autocrítica, el esclarecimiento de la cuestión de que el burocratismo es un factor negativo de nuestra edificación socialista y uno de los principales objetos de la autocrítica? Es evidente que no se puede. ¿Cómo explicarse, en tal caso, que Slepkov se las haya ingeniado para silenciar en sus tesis esta palpitante cuestión? ¿Cómo se puede, en unas tesis sobre la autocrítica que se proponen fundamentar la posición del C.C., olvidar la tarea más importante de la autocrítica, la lucha contra el burocratismo? Y es un hecho que las tesis de Slepkov no contienen una sola palabra (¡literalmente, ni una sola palabra!) acerca del burocratismo de nuestras organizaciones, de los elementos burocráticos en el seno de ellas, de las tergiversaciones burocráticas en el trabajo de nuestro aparato del Partido y de los Soviets. ¿Puede ser compatible esa actitud más que ligera hacia la importantísima cuestión de la lucha contra el burocratismo con la posición del C.C. en la cuestión de la autocrítica, con documentos del Partido como la resolución del Pleno de abril del C.C. y de la C.C.C.

sobre el asunto de Shajti o el llamamiento de junio del C.C. sobre la autocrítica? Opino que no puede serlo. Con saludos comunistas, J. Stalin. 8 de junio de 1928.

Publicado el 19 de abril de 1929 en el núm. 90 de “Komsomólskaia Pravda”.