Algunos camaradas en sus intervenciones sobre los sovjoses volvieron a las discusiones de ayer sobre la cuestión de los acopios de grano. Pues bien, volvamos a las discusiones de ayer.

¿Sobre qué discutimos ayer? Ante todo, sobre las "tijeras" entre la ciudad y el campo. Se trataba de que el campesino sigue pagando de más por los productos industriales y recibiendo de menos por los productos agrícolas. Se trataba de que estos sobrepagos y los cobros insuficientes constituyen un sobreimpuesto sobre el campesinado, algo así como un "tributo", un impuesto adicional en favor de la industrialización, que debemos abolir obligatoriamente, pero que no podemos abolir ahora mismo sin socavar nuestra industria, sin socavar el ritmo determinado de desarrollo de nuestra industria, que trabaja para todo el país y que empuja nuestra economía nacional hacia el socialismo.

A algunos no les gustó esto. Estos camaradas, por lo visto, temen reconocer la verdad. Pues bien, eso es cuestión de gusto. Unos piensan que no hay que decir toda la verdad en el Pleno del CC. Y yo pienso que estamos obligados a decir en el Pleno del CC de nuestro partido toda la verdad. No hay que olvidar que el Pleno del CC no puede ser considerado un mitin de masas. Por supuesto, las palabras "sobreimpuesto", "impuesto adicional" son desagradables, pues golpean en la nariz. Pero, en primer lugar, no se trata de palabras. En segundo lugar, las palabras corresponden enteramente a la realidad. En tercer lugar, estas palabras desagradables están precisamente destinadas a golpear en la nariz y obligar a los bolcheviques a ponerse con la mayor seriedad a trabajar para liquidar este "sobreimpuesto", para liquidar las "tijeras".

¿Y cómo se pueden liquidar estas cosas desagradables? Mediante la racionalización sistemática de nuestra industria y la reducción de precios de los productos industriales. Mediante la elevación sistemática de la técnica y la productividad de la agricultura y el abaratamiento gradual de los productos agrícolas. Mediante la racionalización sistemática de nuestros aparatos de comercio y acopio. Etc., etc.

Todo esto no se hace, por supuesto, en uno o dos años. Pero hacerlo debemos obligatoriamente en el transcurso de una serie de años, si queremos liberarnos de toda suerte de cosas desagradables y de fenómenos que golpean en la nariz.

Una parte de los camaradas insistía ayer en la línea de eliminar las "tijeras" ahora mismo y exigía en esencia la introducción de precios de restitución para los productos agrícolas. Yo, junto con otros camaradas, me opuse a esto, diciendo que esta exigencia iba en contra de los intereses de la industrialización del país en el momento dado, y por tanto en contra de los intereses de nuestro Estado.

He aquí de qué discutimos ayer, camaradas.

Hoy estos camaradas reconocen que renuncian a la política de precios de restitución. Pues bien, eso está muy bien. Resulta que la crítica de ayer no fue en vano para estos camaradas.

La segunda cuestión se refiere a los koljoses y sovjoses. Yo señalé en mi discurso la antinaturalidad y extrañeza de la circunstancia de que una parte de los camaradas en sus intervenciones sobre medidas para elevar la agricultura en relación con los acopios de grano no tocara ni con una sola palabra medidas tan serias como el desarrollo de los koljoses y sovjoses. ¿Cómo se puede "olvidar" de cosas tan serias como la tarea de desarrollar los koljoses y sovjoses en la agricultura? ¿Acaso no es sabido que la tarea de desarrollar la hacienda campesina individual, con toda su importancia en el momento dado, se ha vuelto ya insuficiente, que si no complementamos prácticamente esta tarea con las nuevas tareas de desarrollar los koljoses y sovjoses, no resolveremos el problema de la economía cerealera y no saldremos de las dificultades ni en el sentido de la transformación socialista de toda nuestra economía nacional (y por tanto también de la hacienda campesina), ni en el sentido de asegurar al país determinadas reservas de grano comercial?

¿Cómo se puede después de todo esto "olvidar", soslayar y silenciar la cuestión del desarrollo de los koljoses y sovjoses?

Pasemos ahora a la cuestión de los grandes sovjoses. No tienen razón los camaradas que afirman que en América del Norte no existen grandes haciendas cerealeras. En realidad tales haciendas existen tanto en América del Norte como en América del Sur. Podría remitirme a un testigo como el profesor Tulaikov, que publicó los resultados de su investigación de la agricultura americana en la revista "Nizhneye Povolzhye" (N.º 9).

Permítanme citar un pasaje del artículo de Tulaikov.

"La hacienda triguera de Montana pertenece a la sociedad 'Campbell Farming Corporation'. Su superficie es de 95.000 acres, o sea alrededor de 32.000 desiatinas. La hacienda está en una sola linde y se divide para las operaciones en 4 secciones, que nosotros llamaríamos jutores, que están bajo la dirección de un encargado separado, y toda la hacienda la dirige una sola persona: el director de esta corporación, Thomas Campbell.

En el presente año, según información periodística, que por supuesto procede de esta misma hacienda, de toda la tierra está bajo cultivo aproximadamente la mitad de la superficie, esperándose una cosecha de alrededor de 410.000 bushels de trigo (cerca de 800.000 puds), 20.000 bushels de avena y 70.000 bushels de semilla de lino. El ingreso total de la empresa se espera en 500.000 dólares.

Los caballos y mulas en esta hacienda han sido reemplazados casi completamente por tractores, camiones y automóviles. La labranza, la siembra y en general todas las labores de campo y especialmente la cosecha se realizan de día y de noche, y por la noche las máquinas en el campo trabajan con la luz de reflectores. Las enormes superficies de siembra permiten a los aperos trabajar a una distancia muy grande sin dar vuelta. Así, las cosechadoras-trilladoras, si es posible aplicarlas según el estado de la planta, con una anchura de 24 pies recorren una distancia de 20 millas, es decir algo más de 30 verstas. Antes para este trabajo se necesitaban 40 caballos y hombres. Las atadoras detrás del tractor van de 4 juntas, abarcando de golpe una franja de 40 pies de ancho y 28 millas de largo, es decir a una distancia de unas 42 verstas. La cosecha con atadoras se aplica en el caso de que el grano no esté suficientemente seco para poder trillar al mismo tiempo que se siega. Entonces a la atadora se le quita el aparato de atar y mediante un transportador especial el grano segado se coloca en hileras. El grano así dispuesto permanece 24 o 48 horas, en este tiempo se seca, y las semillas de las hierbas malas segadas al mismo tiempo caen al suelo. Después se hace funcionar la cosechadora-trilladora, a la que en vez de la cuchilla va un autocargador que recoge del suelo el grano secado y lo alimenta directamente al tambor de la trilladora. En esta máquina trabaja solo el tractorista y un hombre en la trilladora. Nadie más hay en la máquina. El grano de la trilladora se vierte directamente en vagones-carretas de 6 toneladas de capacidad y con tractores, en trenes de 10 de estos vagones, se transporta a los puntos de descarga. En el artículo se indica que diariamente con este trabajo se trillan de 16 a 20 mil bushels de grano de cereales" (Véase "Nizhneye Povolzhye" N.º 9, septiembre de 1927, p. 38–39).

He aquí la descripción de una de las haciendas trigueras gigantes de tipo capitalista. Tales haciendas gigantes existen tanto en América del Norte como en América del Sur.

Algunos camaradas dijeron aquí que las condiciones para el desarrollo de tales haciendas gigantes en los países capitalistas no siempre son favorables, o no del todo favorables, por lo cual tales haciendas se dividen a veces en unidades menos grandes, de 1.000 a 5.000 desiatinas cada una. Esto es completamente cierto.

Sobre esta base, estos camaradas piensan que las grandes haciendas cerealeras no tienen futuro tampoco en las condiciones soviéticas. Esto ya es completamente erróneo.

Estos camaradas, por lo visto, no comprenden o no ven la diferencia de condiciones entre los órdenes capitalistas y los soviéticos. Bajo el capitalismo existe la propiedad privada de la tierra, y por tanto la renta absoluta de la tierra, lo que encarece el costo de la producción agrícola y pone obstáculos insuperables a su progreso serio. En cambio, bajo los órdenes soviéticos no existe ni la propiedad privada de la tierra ni la renta absoluta de la tierra, lo que no puede sino abaratar la producción de los productos agrícolas y, por consiguiente, no puede sino facilitar el movimiento progresivo de la agricultura ampliada por el camino del progreso técnico y de todo otro.

Además, bajo el capitalismo, las grandes haciendas cerealeras tienen como objetivo la obtención del máximo de ganancia o, en todo caso, una ganancia sobre el capital que pueda corresponder a la llamada cuota media de ganancia, sin la cual, en general, no están en condiciones de conservarse y existir. Esta circunstancia no puede sino encarecer la producción, creando así los más serios obstáculos en el camino del desarrollo de las grandes haciendas cerealeras. En cambio, bajo los órdenes soviéticos, las grandes haciendas cerealeras, que son al mismo tiempo haciendas estatales, no necesitan en absoluto para su desarrollo ni del máximo de ganancia ni de la ganancia media, sino que pueden limitarse solo al mínimo de ganancia (y a veces temporalmente pueden prescindir de toda ganancia), lo que, junto con la ausencia de renta absoluta de la tierra, crea condiciones excepcionalmente favorables para el desarrollo de las grandes haciendas cerealeras.

Finalmente, bajo el capitalismo no existen para las grandes haciendas cerealeras ni créditos preferenciales ni impuestos preferenciales, mientras que bajo los órdenes soviéticos, calculados para el apoyo máximo a la economía socialista, tales beneficios existen y existirán.

Todas estas y similares condiciones crean bajo los órdenes soviéticos (a diferencia de los capitalistas) un entorno muy favorable, necesario para impulsar el asunto del desarrollo de los sovjoses como grandes haciendas cerealeras.

Finalmente, la cuestión de los sovjoses y koljoses como puntos de apoyo para el fortalecimiento de la alianza, como puntos de apoyo para asegurar el papel dirigente de la clase obrera. Los koljoses y sovjoses nos son necesarios no solo para asegurar nuestros objetivos de perspectiva de transformación socialista del campo. Los koljoses y sovjoses nos son necesarios también para tener en el campo ya ahora puntos de apoyo económicos socialistas, necesarios para fortalecer la alianza, necesarios para asegurar el papel dirigente de la clase obrera dentro de la alianza. ¿Podemos contar ya ahora con la creación y el desarrollo de tales puntos de apoyo? No dudo de que podemos y debemos contar con ello. El Jlebotsentr comunica que tiene contratos con koljoses, arteles y asociaciones, en virtud de los cuales debe recibir de ellos unos 40–50 millones de puds de grano. En cuanto a los sovjoses, los datos dicen que nuestros viejos y nuevos sovjoses deben dar este año también unos 25–30 millones de puds de grano comercial.

Si a esto añadimos los 30–35 millones de puds que deben obtenerse de la cooperación agrícola de las haciendas campesinas individuales vinculadas a ella mediante la contratación, tendremos más de 100 millones de puds de grano plenamente asegurado, que puede servir como cierta reserva, al menos en el mercado interior. Esto ya es algo.

He aquí los primeros resultados de nuestros puntos de apoyo económicos socialistas en el campo.

¿Y qué se deduce de esto? Pues se deduce que no tienen razón aquellos camaradas que piensan que la clase obrera es impotente en el campo para defender sus posiciones socialistas, que supuestamente le queda solo una cosa: ceder sin fin y entregar continuamente sus posiciones a los elementos capitalistas. No, camaradas, esto no es cierto. La clase obrera no es tan débil en el campo como podría parecer a un observador superficial. Esta filosofía desoladora no tiene nada en común con el bolchevismo. La clase obrera tiene toda una serie de puntos de apoyo económicos en el campo en forma de sovjoses, koljoses, cooperación de abastecimiento y comercialización, apoyándose en los cuales puede fortalecer la alianza con el campo, aislar al kulak y asegurar su papel dirigente. La clase obrera tiene, finalmente, una serie de puntos de apoyo políticos en el campo en forma de los sóviets, en forma de los pobres organizados, etc., apoyándose en los cuales puede fortalecer sus posiciones en el campo.

Apoyándose en estas bases económicas y políticas en el campo y utilizando todos los medios y fuerzas a disposición de la dictadura proletaria (las posiciones de mando, etc.), el partido y el poder soviético pueden llevar con confianza la causa de la transformación socialista del campo, fortaleciendo paso a paso la alianza de la clase obrera y el campesinado, fortaleciendo paso a paso el papel dirigente de la clase obrera en esta alianza.

Una atención especial debe prestarse al trabajo entre los pobres del campo. Hay que adoptar como regla que cuanto mejor y más exitoso es nuestro trabajo entre los pobres, tanto más alta es la autoridad del poder soviético en el campo, y al revés, cuanto peor andan nuestras cosas con los pobres, tanto más baja es la autoridad del poder soviético.

Hablamos a menudo de la alianza con el campesino medio. Pero para fortalecer en nuestras condiciones esta alianza, hay que librar una lucha resuelta contra el kulak, contra los elementos capitalistas del campo. Por eso el XV Congreso de nuestro partido tenía toda la razón cuando dio la consigna de intensificar la ofensiva contra el kulak. Pero, ¿se puede librar con éxito la lucha contra el kulak sin llevar un trabajo intensificado entre los pobres, sin levantar a los pobres contra el kulak, sin prestar ayuda sistemática a los pobres? Está claro que no. El campesino medio es una clase vacilante. Si con los pobres las cosas nos van mal, si los pobres no representan aún un apoyo organizado del poder soviético, el kulak se siente fuerte, el campesino medio vacila hacia el lado del kulak. Y al revés: si con los pobres las cosas nos van bien, si los pobres representan un apoyo organizado del poder soviético, el kulak se siente asediado, el campesino medio vacila hacia el lado de la clase obrera.

He aquí por qué pienso que la intensificación del trabajo entre los pobres, la organización de ayuda sistemática a los pobres y, finalmente, la conversión de los propios pobres en un apoyo organizado de la clase obrera en el campo, constituye una de las más esenciales tareas inmediatas de nuestro partido.

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