De intervenciones en la reunión conjunta del Buró Político del C.C. y del Presídium de la C.C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. a fines de enero y comienzos de febrero de 1929 (Apuntes). Camaradas: Por muy lamentable que sea, hay que hacer constar que en nuestro Partido se ha formado un grupo aparte, el grupo de Bujarin, integrado por Bujarin, Tomski y Rykov. Antes, el Partido no conocía en absoluto la existencia de este grupo, pues los bujarinistas han estado ocultándosela cuidadosamente. Pero ahora es un hecho conocido y evidente. Ese grupo, como lo demuestra su declaración, tiene su propia plataforma, opuesta a la política del Partido. El grupo exige, en primer lugar -en contra de la actual política del Partido-, que se atenúe el ritmo del desarrollo de nuestra industria, asegurando que el ritmo actual del desarrollo de la industria es “funesto”. El grupo exige, en segundo lugar -también en contra de la política del Partido-, que se reduzca la organización de sovjoses y koljoses, afirmando que los koljoses y los sovjoses no desempeñan ni pueden desempeñar un papel de importancia en el desarrollo de nuestra agricultura.

El grupo exige en tercer lugar -también contra la política del Partido- que se establezca plena libertad de comercio privado y se renuncie al papel regulador del Estado en el comercio, afirmando que el papel regulador del Estado hace imposible el desarrollo del comercio. Con otras palabras, el grupo de Bujarin es un grupo desviacionista de derecha, un grupo capitulador, que no preconiza la supresión de los elementos capitalistas de la ciudad y del campo, sino su libre desarrollo. Al mismo tiempo, el grupo de Bujarin se manifiesta contra las medidas extraordinarias en relación a los kulaks y contra las “excesivas” cargas fiscales que a ellos se imponen, acusando con todo desparpajo al Partido de que éste, al recurrir a esas medidas, aplica, en el fondo, una política de “explotación militar-feudal del campesinado”: Bujarin ha recurrido a esa risible acusación para salir en defensa de los kulaks, confundiendo y metiendo en un mismo, saco a los campesinos trabajadores y a los kulaks. El grupo de Bujarin exige que el Partido modifique de raíz su política en el espíritu de la plataforma de ese grupo.

El grupo declara, además, que si el Partido no modifica su política, Bujarin, Rykov y Tomski presentarán la dimisión. Tales son los hechos establecidos durante los debates en la presente reunión conjunta del Buró Político del C.C. y del Presídium de la C.C.C. Se ha establecido, además, que Bujarin, por encargo del grupo, ha mantenido negociaciones secretas con Kámenev para organizar un bloque de los bujarinistas y los trotskistas contra el Partido y su C.C. Es evidente que, faltos de seguridad en la victoria de su plataforma en el C.C. de nuestro Partido, los bujarinistas han considerado necesario organizar ese bloque a espaldas del C.C. del Partido. ¿Hemos tenido divergencias antes? Sí, las hemos tenido. Las divergencias surgieron por primera vez en vísperas del Pleno de julio del C.C. (1928). Las divergencias se referían a las mismas cuestiones: al ritmo del desarrollo de la industria, a los sovjoses y los koljoses, a la plena libertad de comercio privado, a las medidas extraordinarias contra los kulaks. Sin embargo, en el Pleno la cosa terminó entonces con la aprobación de una resolución única y común sobre todas estas cuestiones.

Todos considerábamos entonces que Bujarin y sus partidarios habían renunciado a sus errores y que las divergencias habían quedado zanjadas con la adopción de aquella resolución común. Esa fue la base de la conocida declaración firmada por todos los miembros del Buró Político (en julio de 1928) sobre la unidad del Buró Político y la ausencia de divergencias en él. Las discrepancias surgieron por segunda vez en vísperas del Pleno de noviembre del C.C. El artículo de Bujarin “Notas de un economista” evidenciaba, sin dejar lugar a dudas, que en el Buró Político no todo marchaba bien, que, en todo caso, uno de los miembros del Buró Político trataba de revisar o “enmendar” la línea del C.C. Para nosotros, para la mayoría de los miembros del Buró Político, no cabía ninguna duda de que “Notas de un economista” era un artículo ecléctico antipartido, que propugnaba la atenuación del ritmo del desarrollo de la industria y un cambio de nuestra política en el campo a tenor con la conocida carta de Frumkin. A esto hay que añadir el problema de la dimisión de Rykov, Bujarin y Tomski. El hecho fue que Rykov, Bujarin y Tomski se presentaron entonces en la comisión

encargada de redactar la resolución sobre las cifras control y declararon que presentaban la dimisión. Sin embargo, en el curso del trabajo de la comisión de redacción fueron, de una u otra manera, eliminadas todas las divergencias: se mantuvo el actual ritmo del desarrollo de la industria, se acordó seguir organizando sovjoses y koljoses, se mantuvieron las máximas cargas fiscales para los kulaks, se conservó también el papel regulador del Estado en el comercio, entre carcajadas generales de los miembros de la comisión fueron refutadas las ridículas acusaciones de que el Partido llevaba una política de “explotación militar-feudal del campesinado”, y los tres retiraron la dimisión. El resultado fue la resolución común sobre las cifras control aprobada por todos los miembros del Buró Político. El resultado fue la conocida decisión del Buró Político según la cual todos los miembros del Buró Político se obligaban a declarar, tanto en el Pleno de noviembre del C.C. como fuera de él, que en el seno del Buró Político había unidad y no existían disensiones. ¿Podíamos saber entonces que Bujarin, Rykov y Tomski votaban por una resolución única sólo para disimular, podíamos saber que seguían manteniendo sus puntos particulares de divergencia con el Partido, podíamos saber que Bujarin y Tomski se iban a negar de hecho a trabajar en el Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos, en la Internacional Comunista y en “Pravda”, y que en el archivo de Kámenev había una “memoria” demostrativa de que dentro del C.C. tenemos un grupo aparte, con su plataforma, que trata de formar un bloque con los trotskistas contra el Partido?

Es evidente que no podíamos saberlo. Ahora está claro para todos que las divergencias existen y que son graves. Se ve que los laureles de Frumkin están quitando el sueño a Bujarin. Lenin tenía mil veces razón cuando, ya en 1916, escribió a Shliápnikov que Bujarin era “endiabladamente poco firme en política”. Ahora, esta falta de firmeza de Bujarin se ha contagiado a los miembros de su grupo. El mal principal de los bujarinistas consiste en que tienen la creencia, el convencimiento de que el remedio para dar solución a nuestras dificultades en cuanto a los cereales y a todas las demás dificultades es aliviar la situación del kulak, desatarle las manos. Creen que si se alivia la situación del kulak, que si no se limitan sus tendencias explotadoras, que si se le da libertad, etc., las dificultades desaparecerán y mejorará la situación política del país. Huelga decir que esta ingenua fe de los bujarinistas en el papel salvador del kulak es un absurdo tan ridículo, que ni siquiera vale la pena de criticarlo. El mal de los bujarinistas consiste en que no comprenden la mecánica de la lucha de clases, no comprenden que el kulak es un enemigo jurado de los trabajadores, un enemigo jurado de todo nuestro régimen.

No comprenden que la política de aliviar la situación del kulak y de desatarle las manos empeoraría toda la situación política de nuestro país, aumentaría las probabilidades de éxito de los elementos capitalistas en el país, conduciría a la pérdida de los campesinos pobres para nosotros, a la desmoralización del campesino medio, a la ruptura con la clase obrera de nuestro país. No comprenden que por más que se desaten las manos a los kulaks, eso no puede mitigar nuestras dificultades en cuanto a los cereales, pues el kulak, mientras exista la política de los precios de acopio y de regulación del mercado cerealista por los organismos del Estado, no entregará voluntariamente el grano, y no podemos renunciar a la política de regulación del comercio por el Estado, se pena de minar el régimen soviético, la dictadura del proletariado. El mal de los bujarinistas consiste en que no comprenden cosas tan sencillas y elementales. No hablo ya de que la política de desatar las manos a los elementos capitalistas es absolutamente incompatible, teórica y políticamente, con los fundamentos de la política leninista y del leninismo. Todo eso es cierto, podrán decir los camaradas, pero ¿cuál es la salida, qué se debe hacer con motivo de la aparición del grupo de Bujarin en escena? En cuanto a la salida de la situación creada, ya se ha manifestado la mayoría de los camaradas.

La mayoría de los camaradas exige que la reunión se muestre firme y rechace categóricamente la dimisión de Bujarin y Tomski (Rykov ya ha retirado la suya). La mayoría de los camaradas exige que la reunión conjunta del Buró Político del C.C. y del Presídium de la C.C.C. condene la plataforma oportunista de derecha y capituladora de Bujarin, Tomski y Rykov, que condene el intento de Bujarin y de su grupo de amalgamar un bloque antipartido con los trotskistas. Yo me adhiero plenamente a esas propuestas. Los bujarinistas no están de acuerdo con esa decisión. Querrían que les fuese asegurada la libertad de grupos fraccionales, en contra de los Estatutos del Partido. Querrían que les fuese asegurada la libertad de infringir las decisiones del Partido y del C.C., en contra de los intereses vitales del Partido. ¿Con qué fundamento, pregunto yo? Según ellos, resulta que si las decisiones del C.C. no las cumplen los militantes de base, hay que castigarlos con todo el rigor de las leyes del Partido; pero si las decisiones del C.C. las infringen los llamados líderes, los miembros del Buró Político, pongamos por caso, no se puede, no ya castigarlos, sino ni siquiera someterlos a simple crítica, pues la crítica en este caso la toman ellos como “palos”. Se comprende que el Partido no pueda adoptar este falso punto de vista. Si proclamamos unas leyes para los líderes y otras para “la gente sencilla” del Partido, no quedará nada ni del Partido ni de su disciplina. Se quejan de los “palos”. Pero el fondo de esas

quejas se ve a la legua. Si Bujarin tiene derecho a escribir un absurdo artículo antipartido como sus “Notas de un economista”, más derecho tienen los miembros del Partido a criticar ese artículo. Si Bujarin y Tomski se toman el derecho a infringir las decisiones del C.C., negándose obstinadamente a trabajar en los puestos que les han sido confiados, más derecho tienen los miembros del Partido a criticar esa conducta suya. Si a eso le llaman “palos”, que nos expliquen cómo comprenden ellos la consigna de autocrítica, de democracia interna del Partido, etc. Dicen que Lenin, seguramente, hubiera procedido con mayor blandura que ahora el C.C. en relación a Tomski y a Bujarin. Eso es completamente falso. Lo que ocurre ahora es que dos miembros del Buró Político infringen sistemáticamente las decisiones del C.C., se niegan obstinadamente a permanecer en los puestos que les ha confiado el Partido, y el C.C. del Partido, en lugar de castigarlos, lleva ya dos meses tratando de convencerlos de que permanezcan en sus puestos. Pues bien, recordad cómo procedía Lenin en casos semejantes. ¿Acaso habéis olvidado que el camarada Lenin envió a Tomski al Turkestán porque había cometido un pequeño error. Tomski. Con el amable concurso de Zinóviev y, en parte, tuyo. Stalin. Si quieres decir que se podía convencer a Lenin de algo que él no estuviera convencido, eso únicamente puede hacer reír...

Recordad otros hechos, por ejemplo, el ocurrido con Shliápnikov, al que Lenin propuso expulsar del C.C. porque en la célula del Consejo Supremo de la Economía Nacional había criticado un proyecto de disposición de dicho Consejo. ¿Quién puede negar que los actuales delitos de Bujarin y de Tomski, que infringen groseramente las decisiones del C.C. y están amañando con toda evidencia una nueva plataforma oportunista contra el Partido, son mucho más graves que las acciones de Tomski y Shliápnikov en los casos arriba citados? Sin embargo, el C.C. no exige que se retire a ninguno de ellos del C.C. ni que se les envíe en comisión de servicios a algún lugar del Turkestán, sino que se limita a intentar convencerlos de que permanezcan en sus puestos, desenmascarando de paso, naturalmente, sus planteamientos no comunistas Y, a veces, francamente contrarios al Partido. ¿Qué más blandura queréis? ¿No sería más exacto decir que la mayoría del C.C. somos demasiado liberales y tolerantes con los bujarinistas y que de este modo quizá estimulamos involuntariamente su “labor” fraccional antipartido? ¿No va siendo ya hora de poner fin a ese liberalismo? Propongo que se apruebe la propuesta de la mayoría de los asistentes a la presente reunión y se pase a los asuntos que nos esperan.

Se publica por primera vez.