Prólogo al folleto de E. Mikúlina “La emulación de las masas”. No creo que pueda caber duda de que uno de los hechos más importantes de nuestra edificación, si no el más importante, es ahora la emulación, desarrollada ampliamente entre masas de millones de obreros. Emulación de fábricas enteras en los más diversos puntos de nuestro inmenso país; emulación entre obreros y campesinos, emulación entre koljóses y sovjoses; formalización, en documentos especiales de los trabajadores, de este movimiento de las masas por elevar la producción: todos estos hechos no dejan lugar a dudas de que la emulación socialista de las masas ha entrado ya en vigor. Ha empezado un poderoso entusiasmo de producción de las masas trabajadoras.

Así se ven obligados ahora a reconocerlo hasta los escépticos más recalcitrantes. “Lejos de apagar la emulación -dice Lenin-, el socialismo hace posible, por vez primera, su aplicación en escala verdaderamente amplia, verdaderamente masiva, hace posible que la mayoría de los trabajadores entren realmente en la liza de una actividad que les permita manifestar sus facultades, desarrollar sus aptitudes, revelar sus talentos, que en el pueblo forma un manantial inagotable y que el capitalismo pisoteaba, oprimía y ahogaba por miles y millones”... ...”Sólo ahora adquieren la posibilidad de manifestarse, amplia y efectivamente de un modo masivo, el espíritu emprendedor, la emulación y la iniciativa audaz”... pues “por primera vez, después de siglos de trabajo bajo el yugo para los demás, para los explotadores, es posible trabajar para sí mismo”... ... “Nuestra tarea, hoy, cuando hay un gobierno socialista en el Poder, es organizar la emulación”. En estas tesis de Lenin se apoyaba la XVI Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S. al dirigir a los obreros y a los trabajadores todos un llamamiento especial acerca de la emulación. Ciertos “camaradas” burócratas se imaginan que la emulación es una nueva moda de los bolcheviques y que, como tal, debe desaparecer al final de la “temporada”. Los “camaradas” burócratas se equivocan, naturalmente. En realidad, la emulación es el método comunista de edificación del socialismo sobre la base de la máxima actividad de masas de millones de trabajadores.

En realidad, la emulación es la palanca con que la clase obrera está llamada a levantar toda la vida económica y cultural del país sobre la base del socialismo. Otros “camaradas” burócratas, asustados por la potente ola de la emulación, tratan de circunscribirla a un marco artificial, de encasillarla, de “centralizar” cuanto a ella se refiere, de empequeñecer su esfera y de privarla así de lo que es más importante para ella: de la iniciativa de las masas. Huelga decir que los cálculos de los burócratas resultarán fallidos. En todo caso, el Partido tomará todas las medidas para hacerlos añicos. La emulación socialista no debe ser tomada como un asunto oficinesco. La emulación socialista es expresión de la autocrítica revolucionaria y práctica de las masas, que se apoya en la fructífera iniciativa de millones de trabajadores. Todos los que, consciente o inconscientemente, pongan obstáculos a esta autocrítica ya esta iniciativa fecunda de las masas, deben ser barridos del camino, por constituir un freno a nuestra gran obra.

El peligro del burocratismo se manifiesta concretamente, ante todo, en que traba la energía, la iniciativa y la actividad propia de las masas; en que pone bajo llave las colosales reservas latentes en las entrañas de nuestro régimen, en las entrañas de la clase obrera y del campesinado; en que no deja utilizar estas reservas en la lucha contra nuestros enemigos de clase. La tarea de la emulación socialista consiste en romper esas trabas burocráticas, descubrir un amplio campo para el desarrollo de la energía y la iniciativa fecunda de las masas, poner de manifiesto las colosales reservas latentes en las entrañas de nuestro régimen y lanzarlas al platillo de la balanza en la lucha contra nuestros enemigos de clase, lo mismo de dentro que de fuera del país. A veces se confunde la emulación socialista con la competencia. Esto es un error grande. La emulación socialista y la competencia se rigen por principios diametralmente opuestos. Principio de la competencia: la derrota y la muerte de unos, la victoria y el dominio de otros. Principio de la emulación socialista: ayuda amistosa de los adelantados a los rezagados, con

objeto de lograr un ascenso general. La competencia dice: remata a los rezagados para afirmar tu dominio. La emulación socialista dice: unos trabajan mal, otros bien, los terceros mejor todavía; alcanza a los mejores y consigue un ascenso general. Esto es lo que, en realidad, explica el inusitado entusiasmo que, en la producción, abarca a masas de millones de trabajadores como resultado de la emulación socialista. Huelga decir que la competencia jamás puede despertar nada parecido a semejante entusiasmo de las masas. Ultimamente menudean en nuestra prensa los artículos y sueltos acerca de la emulación. Se escribe de la filosofía de la emulación, de las raíces de la emulación, de los posibles resultados de la emulación, etc. Pero son pocos los artículos que ofrezcan un cuadro más o menos coherente de cómo las propias masas desarrollan la emulación, un cuadro de lo que experimentan las masas de millones de obreros al emular y al firmar los contratos, un cuadro demostrativo de que para las masas obreras la emulación es un asunto propio y entrañable. Y esto constituye para nosotros un aspecto importantísimo de la emulación. Opino que el folleto de la camarada E. Mikúlina es el primer intento de presentar en forma ordenada los materiales de la emulación en la práctica, de manera que expongan la emulación como asunto de las propias masas trabajadoras. El presente folleto tiene el mérito de que ofrece, en forma sencilla y veraz, un relato de los hondos procesos del gran entusiasmo en el trabajo que son el resorte de la emulación socialista. 11 de mayo de 1929.

Publicado con la firma de J. Stalin el 22 de mayo de 1929 en el núm. 114 de “Pravda”.