Camaradas: No voy a abordar el aspecto personal, aunque ese aspecto desempeñó un papel bastante considerable en los discursos de algunos camaradas del grupo de Bujarin. No lo abordaré porque lo personal es una nimiedad, y no merece la pena detenerse en nimiedades. Bujarin habló de su correspondencia personal conmigo. Leyó varias cartas de las que se desprende que nosotros, que ayer éramos amigos personales, hoy divergimos políticamente. Los mismos matices traslucían en los discursos de Uglanov y Tomski. Cómo es posible —venían a decir— que siendo viejos bolcheviques hayamos llegado a tener divergencias entre nosotros, a no saber respetarnos mutuamente.

Creo que todas esas lamentaciones y quejas no valen un comino. Nosotros no somos un círculo familiar, ni una asociación de amigos personales, sino un partido político de la clase obrera. No puede permitirse que los intereses de la amistad personal se antepongan a los intereses de la causa.

Si nos llamamos viejos bolcheviques únicamente porque somos viejos, mal nos va, camaradas. Los viejos bolcheviques son respetados no porque sean viejos, sino porque son al mismo tiempo eternamente nuevos, eternamente jóvenes revolucionarios. Si un viejo bolchevique se ha apartado del camino de la revolución o ha decaído y se ha apagado políticamente, aunque tenga cien años no tiene derecho a llamarse viejo bolchevique, no tiene derecho a exigir que el partido le respete.

Además, no se deben equiparar las cuestiones de amistad personal con las cuestiones de política, pues, como suele decirse, una cosa es la amistad y otra el deber. Todos servimos a la clase obrera, y si los intereses de la amistad personal chocan con los intereses de la revolución, la amistad personal debe quedar en segundo plano. De otro modo no podemos plantear la cuestión como bolcheviques.

Tampoco voy a referirme a las insinuaciones y acusaciones veladas de carácter personal con que estaban salpicados los discursos de los camaradas de la oposición bujarinista. Esos camaradas quieren, al parecer, cubrir con insinuaciones y circunloquios la base política de nuestras divergencias. Quieren sustituir la política por el politiqueo. Es especialmente característico en este sentido el discurso de Tomski. Su discurso fue el discurso típico de un politicastro sindicalista que intenta sustituir las cuestiones políticas por el politiqueo. Pero ese truco no les saldrá. Pasemos al fondo del asunto.

## I. ¿Una o dos líneas?

La cuestión fundamental, camaradas, es si entre nosotros existe una sola línea general, o si existen dos. Rykov dijo en su discurso que la línea general es una sola, y que si hay entre nosotros algunas divergencias "insignificantes", es porque existen "matices" en la comprensión de la línea general.

¿Es esto cierto? Por desgracia, no lo es. Y no solo no lo es, sino que es directamente contrario a la verdad. En efecto, si la línea fuera una sola y si entre nosotros no hubiera más que matices, ¿por qué razón corrió Bujarin a ver a los trotskistas de ayer, encabezados por Kamenev, intentando organizar con ellos un bloque fraccional contra el CC y su Politburó? ¿Acaso no es un hecho que Bujarin habló allí de lo "funesta" que era la línea del CC, de las divergencias de principio entre Bujarin, Tomski y Rykov con el CC del partido, de la necesidad de cambiar radicalmente la composición del Politburó del CC?

Si la línea es una sola, ¿por qué conspiró Bujarin con los trotskistas de ayer contra el CC, y por qué le apoyaban en esto Rykov y Tomski?

Si la línea general es una sola, ¿cómo puede concebirse que una parte del Politburó, que se adhiere a una línea general común, mine la posición de la otra parte del Politburó, que se adhiere a esa misma línea general común?

¿Puede acaso permitirse tal política de vuelos acrobáticos cuando existe una sola línea general común?

Si la línea es una sola, ¿de dónde ha salido la declaración de Bujarin del 30 de enero, dirigida entera y totalmente contra el CC y su línea general?

Si la línea es una sola, ¿de dónde ha salido la declaración del trío (Bujarin, Rykov, Tomski) del 9 de febrero, en la que se acusa desvergonzada y calumniosamente al partido: a) de llevar una política de explotación militar y feudal del campesinado; b) de fomentar el burocratismo; c) de desintegrar la Internacional Comunista?

¿Acaso estas declaraciones han dejado de existir? ¿Acaso se las considera ahora erróneas? ¿Acaso Rykov, Bujarin y Tomski están dispuestos a retirar estas declaraciones indudablemente erróneas y antipartidistas? Pues que lo digan abierta y honestamente. Entonces todos comprenderían que la línea es una y que entre nosotros no hay más que pequeños matices. Pero ellos no quisieron hacer eso, como se desprende de los discursos de Bujarin, Rykov y Tomski. Y no solo no quisieron, sino que no tienen intención de renunciar en el futuro a sus declaraciones, afirmando que siguen fieles a las posiciones expuestas en ellas.

¿Dónde está entonces la única línea general común?

Si la línea es una sola, y si según el grupo de Bujarin la línea del partido consiste en llevar una política de explotación militar y feudal del campesinado, ¿acaso quieren Bujarin, Rykov y Tomski llevar junto a nosotros esa política funesta en lugar de combatirla? Eso es un absurdo.

Si la línea es una sola, y si según la oposición bujarinista la línea del partido consiste en fomentar el burocratismo, ¿acaso quieren Rykov, Bujarin y Tomski fomentar junto a nosotros el burocratismo en el partido en lugar de combatirlo? Eso es un disparate.

Si la línea es una sola, y si según la oposición bujarinista la línea del partido consiste en desintegrar la Internacional Comunista, ¿acaso quieren Rykov, Bujarin y Tomski desintegrar junto a nosotros la Internacional Comunista en lugar de combatir tal política de desintegración? ¿Cómo se puede creer en semejante absurdo?

No, camaradas, algo falla en la afirmación de Rykov acerca de que tenemos una sola línea común. Lo que se quiera, pero la historia de la línea única no cuadra, si se tienen en cuenta los hechos que acabo de exponer sobre las declaraciones y la conducta del grupo de Bujarin.

Si la línea es una sola, ¿de dónde procede la política de dimisiones practicada por Bujarin, Rykov y Tomski? ¿Es concebible que, existiendo una línea general común, una parte del Politburó se niegue sistemáticamente a cumplir las repetidas resoluciones del CC del partido, saboteando durante medio año el trabajo en el partido? ¿De dónde procede esa política desorganizadora de dimisiones, practicada minuciosamente por una parte del Politburó, si es que tenemos de verdad una sola línea general común?

La historia de nuestro partido conoce ejemplos de política de dimisiones. Es sabido, por ejemplo, que al día siguiente de la revolución de Octubre, una parte de los camaradas, encabezados por Kamenev y Zinoviev, renunció a los puestos que se les habían asignado, exigiendo un cambio de política del partido. Es sabido que en aquel entonces justificaban su política de dimisiones con la exigencia de crear un gobierno de coalición junto con los mencheviques y los eseristas, en contra del CC de nuestro partido, que llevaba a cabo la política de crear un gobierno puramente bolchevique. Pero entonces la política de dimisiones tenía un sentido, porque se apoyaba en la existencia de dos líneas distintas, de las cuales una consistía en crear un gobierno puramente bolchevique y la otra en crear un gobierno de coalición con los mencheviques y los eseristas. Esto era claro y comprensible. Pero no hay ninguna lógica, absolutamente ninguna, en que la oposición bujarinista, por un lado, proclame la unidad de la línea general y, por otro, lleve a cabo una política de dimisiones tomada en préstamo de Zinoviev y Kamenev en el período del golpe de octubre.

Una de dos: o la línea es una sola —y entonces la política de dimisiones de Bujarin y sus amigos es incomprensible e inexplicable—; o tenemos dos líneas —y entonces la política de dimisiones es perfectamente comprensible y explicable.

Si la línea es una sola, ¿cómo ha podido suceder que el trío del Politburó, Rykov, Bujarin y Tomski, al votar en el Politburó, juzgase posible abstenerse en la aprobación de las tesis fundamentales sobre el plan quinquenal y sobre la cuestión campesina? ¿Es que puede darse el caso de que la línea general sea única para todos y de que, en las cuestiones básicas de política económica, una parte de los camaradas se abstenga en la votación? No, camaradas, esos milagros no ocurren en el mundo.

Por último, si la línea es una sola y entre nosotros no hay más que matices, ¿por qué los camaradas de la oposición bujarinista, Bujarin, Rykov y Tomski, se negaron a aceptar el compromiso de la comisión del Politburó que se les propuso el 7 de febrero de este año? ¿No es un hecho que ese compromiso ofrecía al grupo de Bujarin una salida perfectamente aceptable del callejón sin salida al que él mismo se había conducido?

He aquí el texto de ese compromiso, propuesto por la mayoría del CC el 7 de febrero de este año:

"Del intercambio de opiniones en la comisión se desprende que:

1) Bujarin reconoce como error político las negociaciones con Kamenev;

2) Bujarin reconoce que las afirmaciones de su 'declaración' del 30 de enero de 1929 de que el CC lleva de hecho una política de 'explotación militar y feudal del campesinado', de que el CC desintegra la Internacional Comunista y fomenta el burocratismo en el partido, —todas estas afirmaciones las hizo en un arrebato, en el ardor de la polémica, que ya no las sostiene y considera que no tiene divergencias con el CC sobre estas cuestiones;

3) Bujarin reconoce, sobre esta base, que es posible y necesario el trabajo armónico en el Politburó;

4) Bujarin renuncia a la dimisión tanto en la línea de 'Pravda' como en la línea de la Internacional Comunista;

5) Bujarin retira en consecuencia su declaración del 30 de enero.

La comisión propone al Politburó y al Presidium de la CCC que garanticen a Bujarin todas las condiciones necesarias para su trabajo normal en los puestos de redactor responsable de 'Pravda' y de secretario del CEIC." Sobre la base de lo expuesto, la comisión considera posible no llevar ante la sesión conjunta del Politburó y del Presidium de la CCC su proyecto de resolución con la evaluación política de los errores de Bujarin, y propone a la sesión conjunta del Politburó y del Presidium de la CCC que se retiren del uso todos los documentos existentes (la estenografía de los discursos, etc.).

¿Por qué rechazaron Bujarin y sus amigos este compromiso si es que nuestra línea es realmente una y entre nosotros no hay más que insignificantes matices? ¿No es fácil comprender que Bujarin y sus amigos debían haberse aferrado con todas sus fuerzas a ese compromiso propuesto por el Politburó, para liquidar así la agudeza de la situación intrapartidista y crear un clima de trabajo unánime y armónico en el Politburó?

Se habla de la unidad del partido, del trabajo colegiado en el Politburó. Pero ¿no es evidente que quien quiere de verdad la unidad y valora la colegialidad del trabajo, debía haber aceptado ese compromiso? ¿Por qué lo rechazaron Bujarin y sus amigos?

¿No es evidente que si la línea fuera una sola, no habrían existido ni la declaración del trío del 9 de febrero ni el rechazo por parte de Bujarin y sus amigos del compromiso que les propuso el Politburó del CC?

No, camaradas, lo de la única línea general común no sale, si se tienen en cuenta los hechos arriba expuestos.

Resulta que en la práctica no tenemos una línea sino dos: una es la línea del CC, y la otra es la línea del grupo de Bujarin.

Rykov dijo una falsedad en su discurso al afirmar que la línea general es una sola. Con eso quiso enmascarar su propia línea, distinta de la línea del partido, a fin de minar solapadamente la línea del partido. La política del oportunismo consiste precisamente en eso: en encubrir las divergencias, en obscurecer la situación real dentro del partido, en enmascarar la propia posición y en privar al partido de la posibilidad de lograr plena claridad.

¿Para qué necesita el oportunismo semejante política? Para que, cubriéndose con la cháchara sobre la unidad de la línea, lleve de hecho su propia línea, distinta de la línea del partido. En su discurso en el presente pleno del CC y de la CCC, Rykov adoptó ese punto de vista oportunista.

¿Quieren escuchar la caracterización del oportunista en general, dada por el camarada Lenin en uno de sus artículos? Es importante para nosotros no solo por su significado general, sino también porque se ajusta perfectamente a Rykov.

He aquí lo que dice Lenin sobre los rasgos peculiares del oportunismo y de los oportunistas:

"Cuando se habla de la lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca el rasgo característico de todo el oportunismo moderno en todos los terrenos: su imprecisión, su vaguedad, su inaprensibilidad. El oportunista, por su propia naturaleza, elude siempre el planteamiento claro y categórico de una cuestión, busca la resultante, serpentea como una anguila entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, tratando de 'estar de acuerdo' con unos y con otros, reduciendo sus divergencias a pequeñas correcciones, a dudas, a buenos e inocentes deseos, etc., etc." (vol. VI, pág. 320).

He aquí la fisonomía del oportunista, que teme la claridad y la precisión y trata de encubrir la situación real, de obscurecer las divergencias reales en el partido.

Sí, camaradas, hay que saber mirar de frente a la realidad, por desagradable que sea. Dios nos libre de contagiarnos de la enfermedad de temer la verdad. Los bolcheviques se distinguen, entre otras cosas, de todo otro partido precisamente en que no temen la verdad, no temen mirar la verdad de frente, por amarga que sea. Y la verdad en este caso consiste en que en la práctica no tenemos una línea general común. Existe una línea, la línea del partido, la línea revolucionaria leninista. Pero junto a ella existe otra línea, la línea del grupo de Bujarin, que combate la línea del partido mediante declaraciones antipartidistas, mediante dimisiones, mediante calumnias contra el partido, mediante zancadillas enmascaradas contra el partido, mediante negociaciones entre bastidores con los trotskistas de ayer para organizar un bloque antipartidista. Esta segunda línea es la línea oportunista.

He aquí un hecho que no puede obscurecerse con ningún discurso diplomático, con ninguna declaración artificiosa sobre la existencia de una línea única, etc.

## II. Los cambios de clase y nuestras divergencias

¿En qué consisten nuestras divergencias y con qué están relacionadas?

Están relacionadas ante todo con la cuestión de los cambios de clase que se están produciendo últimamente en nuestro país y en los países capitalistas. Algunos camaradas piensan que las divergencias en nuestro partido tienen carácter accidental. Eso es falso, camaradas. Eso es totalmente falso. Las divergencias en nuestro partido han surgido en el terreno de esos cambios de clase, en el terreno del agudizamiento de la lucha de clases que se está produciendo últimamente y que crea una ruptura en el desarrollo.

El error fundamental del grupo de Bujarin consiste en que no ve esos cambios y esa ruptura, no los ve y no quiere advertirlos. Esto, en realidad, explica la incomprensión de las nuevas tareas del partido y de la Internacional Comunista, que es el rasgo característico de la oposición bujarinista.

¿Han advertido ustedes, camaradas, que los dirigentes de la oposición bujarinista en sus discursos en el pleno del CC y de la CCC han soslayado por completo la cuestión de los cambios de clase en nuestro país, que no mencionaron ni con una sola palabra el agudizamiento de la lucha de clases y que no dieron ni el más lejano indicio de que nuestras divergencias están relacionadas precisamente con este agudizamiento de la lucha de clases? Hablaron de todo, de filosofía, de teoría, pero no dijeron ni una sola palabra sobre los cambios de clase que determinan la orientación y la práctica de nuestro partido en el momento actual.

¿A qué se debe esta extrañeza? ¿Quizá a olvido? ¡Claro que no! Los políticos no pueden olvidar lo principal. Se explica por el hecho de que no ven ni comprenden los nuevos procesos revolucionarios que se desarrollan actualmente tanto en nuestro país como en los países capitalistas. Se explica por el hecho de que han pasado por alto lo principal, han pasado por alto esos cambios de clase que un político no tiene derecho a pasar por alto. Esto, en realidad, explica el desconcierto y el desamparo que muestra la oposición bujarinista ante las nuevas tareas de nuestro partido.

Recuerden los últimos acontecimientos de nuestro partido. Recuerden las consignas que el partido ha lanzado últimamente en relación con los nuevos cambios de clase en nuestro país. Me refiero a consignas tales como la de la autocrítica, la del reforzamiento de la lucha contra el burocratismo y la depuración del aparato soviético, la de la formación de nuevos cuadros económicos y de especialistas rojos, la del fortalecimiento del movimiento de koljoses y sovjoses, la del ataque al kulak, la de la reducción del precio de coste de los productos y la mejora radical de la práctica del trabajo sindical, la de la depuración del partido, etc. Estas consignas parecieron a algunos camaradas impresionantes y vertiginosas. Sin embargo, es evidente que son las consignas más necesarias y actuales del partido en el momento presente.

El asunto comenzó con que nosotros, en relación con el asunto de Shajti, volvimos a plantear la cuestión de los nuevos cuadros económicos, la cuestión de la formación de especialistas rojos de gente de la clase obrera en sustitución de los viejos especialistas.

¿Qué puso de manifiesto el asunto de Shajti? Que la burguesía está lejos de estar liquidada, que organiza y seguirá organizando el sabotaje en nuestra construcción económica, que nuestras organizaciones económicas, sindicales y en parte partidistas no advirtieron el trabajo subversivo de nuestros enemigos de clase, que hay que fortalecer y mejorar nuestras organizaciones con todos los medios y por todos los caminos, desarrollando y fortaleciendo su vigilancia de clase.

En relación con esto se agudizó la cuestión de la consigna de la autocrítica. ¿Por qué? Porque no es posible mejorar nuestras organizaciones económicas, sindicales y partidistas, no es posible impulsar la obra de construcción del socialismo y refrenar el sabotaje burgués, sin desarrollar plenamente la crítica y la autocrítica, sin poner bajo el control de las masas el trabajo de nuestras organizaciones. Y es un hecho que el sabotaje existía y sigue existiendo no solo en las regiones hulleras, sino también en el sector metalúrgico, en la industria bélica, en el NKPS, en las industrias del oro y del platino, etc. De ahí la consigna de la autocrítica.

Además, en relación con las dificultades de las requisas de granos, en relación con la resistencia del kulak a la política soviética de precios, agudizamos la cuestión del desarrollo a toda costa de los koljoses y sovjoses, del ataque al kulak, de la organización de las requisas de trigo ejerciendo presión sobre los elementos kulakos y acomodados.

¿Qué pusieron de manifiesto las dificultades de las requisas de granos? Que el kulak no dormita, que crece, que organiza la subversión contra la política del Poder Soviético, y que nuestras organizaciones partidistas, soviéticas y cooperativas, en todo caso una parte de ellas, o no ven al enemigo, o se acomodan a él en lugar de combatirlo.

De ahí el nuevo reforzamiento de la consigna de la autocrítica, de la consigna de la comprobación y el mejoramiento de nuestras organizaciones partidistas, cooperativas y de requisas en general.

Además, en relación con las nuevas tareas de reconstrucción de la industria y de la agricultura sobre la base del socialismo, surgió la consigna de la reducción sistemática del precio de coste de los productos, del fortalecimiento de la disciplina laboral, del desarrollo de la emulación socialista, etc. Estas tareas exigieron la revisión de toda la práctica de los sindicatos y del aparato soviético, la animación radical de esas organizaciones y su depuración de los elementos de burocratismo.

De ahí el reforzamiento de la consigna de la lucha contra el burocratismo en los sindicatos y el aparato soviético.

Por último, la cuestión de la consigna de la depuración del partido. Sería ridículo pensar que es posible fortalecer nuestras organizaciones soviético-económicas, sindicales y cooperativas, que es posible depurarlas de la inmundicia del burocratismo, sin afilar el partido mismo. No puede dudarse de que los elementos burocráticos no solo existen en las organizaciones económico-cooperativas y sindical-soviéticas, sino también en las organizaciones del propio partido. Si el partido es la fuerza dirigente de todas esas organizaciones, es evidente que la depuración del partido es la condición necesaria sin la cual no puede llevarse hasta el fin la animación y el mejoramiento de todas las demás organizaciones de la clase obrera. De ahí la consigna de la depuración del partido.

¿Son accidentales estas consignas? No, no son accidentales. Ustedes mismos ven que no son accidentales. Constituyen los eslabones necesarios de una cadena ininterrumpida llamada ofensiva del socialismo contra los elementos del capitalismo.

Están relacionadas ante todo con el período de reconstrucción de nuestra industria y de nuestra agricultura sobre la base del socialismo. ¿Y qué representa la reconstrucción de la economía nacional sobre la base del socialismo? Representa la ofensiva del socialismo contra los elementos capitalistas de la economía nacional en todo el frente. Es el desplazamiento más serio de la clase obrera de nuestro país en la dirección de la construcción del socialismo. Pero para llevar a cabo esa reconstrucción, hay que mejorar y consolidar ante todo los cuadros de la construcción socialista, tanto los económico-soviéticos y sindicales como los partidistas-cooperativos, hay que afilar todas nuestras organizaciones, depurarlas de la inmundicia, hay que elevar la actividad de las masas millonarias de la clase obrera y del campesinado.

Además, esas consignas están relacionadas con el hecho de la resistencia de los elementos capitalistas de la economía nacional a la ofensiva del socialismo. No puede considerarse casual el llamado asunto de Shajti. Los "shakhtintsy" están ahora en todas las ramas de nuestra industria. Muchos de ellos han sido pescados, pero de ningún modo todos. El sabotaje de la intelectualidad burguesa es una de las formas más peligrosas de resistencia contra el socialismo en desarrollo. El sabotaje es tanto más peligroso cuanto que está vinculado con el capital internacional. El sabotaje burgués es un indicador indudable de que los elementos capitalistas están lejos de haber depuesto las armas, de que acumulan fuerzas para nuevas acciones contra el Poder Soviético.

Por lo que respecta a los elementos capitalistas del campo, menos aún puede considerarse casual la resistencia del kulak, que dura ya dos años contra la política soviética de precios. Todavía hoy muchos no pueden explicar el hecho de que el kulak entregaba el grano espontáneamente hasta 1927, y después de 1927 dejó de entregarlo espontáneamente. Pero en esa circunstancia no hay nada sorprendente. Si antes el kulak era todavía relativamente débil, no tenía posibilidad de organizar seriamente su hacienda, no tenía suficiente capital para consolidar su economía, razón por la cual se veía obligado a llevar al mercado todos o casi todos los excedentes de su producción triguera, ahora, después de una serie de años de buenas cosechas, cuando ha logrado organizar bien su economía, cuando ha podido acumular el capital necesario, ha conseguido la posibilidad de maniobrar en el mercado, ha conseguido la posibilidad de retener el grano, esa divisa de divisas, en reserva, prefiriendo llevar al mercado carne, avena, cebada y otros cultivos secundarios. Sería ridículo esperar ahora que es posible obtener el grano del kulak voluntariamente.

He aquí la raíz de esa resistencia que el kulak opone ahora a la política del Poder Soviético.

¿Y qué representa la resistencia de los elementos capitalistas de la ciudad y del campo a la ofensiva del socialismo? Es una reagrupación de las fuerzas de los enemigos de clase del proletariado, cuyo objetivo es defender lo viejo contra lo nuevo. No es difícil comprender que esas circunstancias no pueden dejar de provocar el agudizamiento de la lucha de clases. Pero para aplastar la resistencia de los enemigos de clase y despejar el camino al avance del socialismo, hay que, entre otras cosas, afilar todas nuestras organizaciones, depurarlas de burocratismo, mejorar sus cuadros y movilizar a las masas millonarias de la clase obrera y de las capas trabajadoras del campo contra los elementos capitalistas de la ciudad y el campo.

He aquí en el terreno de qué cambios de clase han surgido las consignas actuales de nuestro partido.

Lo mismo hay que decir sobre los cambios de clase en los países capitalistas. Sería ridículo pensar que la estabilización del capitalismo ha quedado sin cambios. Aún más ridículo sería afirmar que la estabilización se fortalece y se hace sólida. En realidad, la estabilización del capitalismo es socavada y quebrantada mes a mes, día a día. El agudizamiento de la lucha por los mercados exteriores y las materias primas, el crecimiento de los armamentos, el crecimiento del antagonismo entre América e Inglaterra, el crecimiento del socialismo en la URSS, el giro a la izquierda de la clase obrera de los países capitalistas, la oleada de huelgas y batallas de clase en los países de Europa, el crecimiento del movimiento revolucionario en las colonias, incluida la India, el crecimiento del comunismo en todos los países del mundo, —todos estos son hechos que hablan con toda seguridad de que en los países del capitalismo se acumulan los elementos de un nuevo ascenso revolucionario.

De ahí la tarea de agudizar la lucha contra la socialdemocracia, y ante todo contra su ala "izquierda", como apoyo social del capitalismo.

De ahí la tarea de agudizar la lucha contra los elementos de derecha en los partidos comunistas, como agentes de la influencia socialdemócrata.

De ahí la tarea de agudizar la lucha contra la conciliación con la desviación de derecha, como refugio del oportunismo en los partidos comunistas.

De ahí la consigna de depurar los partidos comunistas de las tradiciones socialdemócratas.

De ahí la llamada nueva táctica del comunismo en los sindicatos.

Algunos camaradas no comprenden el sentido y el significado de esas consignas. Pero un marxista comprenderá siempre que sin realizar en la vida estas consignas es inconcebible la preparación de las masas proletarias para las nuevas batallas de clase, es inconcebible la victoria sobre la socialdemocracia, es imposible realizar la selección de los verdaderos dirigentes del movimiento comunista, capaces de llevar a la clase obrera a la lucha contra el capitalismo.

He aquí, camaradas, los cambios de clase en nuestro país y en los países del capitalismo, sobre cuya base han crecido las consignas actuales de nuestro partido tanto por la línea de su política interior como por la línea de la Internacional Comunista.

Nuestro partido ve esos cambios de clase. Comprende el significado de las nuevas tareas y moviliza las fuerzas para su resolución. Por eso sale al encuentro de los acontecimientos completamente armado. Por eso no teme las dificultades que se le plantean, pues está preparado para superarlas.

La desgracia del grupo de Bujarin consiste en que no ve esos cambios de clase y no comprende las nuevas tareas del partido. Y precisamente porque no las comprende, vive en un estado de completo desconcierto, está dispuesto a huir de las dificultades, a retroceder ante ellas, a ceder posiciones.

¿Han visto alguna vez pescadores ante la tempestad en un río grande, como el Yenisei? Yo los he visto más de una vez. Ocurre a veces que un grupo de pescadores ante la tempestad que se avecina moviliza todas sus fuerzas, anima a los suyos y conduce resueltamente el bote al encuentro de la tempestad: "¡Agarraos fuerte al timón, muchachos, cortad las olas, la nuestra saldrá adelante!"

Pero hay otro tipo de pescadores que, al presagiar la tormenta, se desaniman, empiezan a lloriquear y desmoralizan sus propias filas: "¡Qué desgracia, se acerca la tormenta, tendeos en el fondo del bote, cerrad los ojos, a lo mejor el bote nos lleva a la orilla!" (Risas generales.)

¿Es necesario demostrar todavía que la actitud y la conducta del grupo de Bujarin se parecen como dos gotas de agua a la actitud y la conducta del segundo grupo de pescadores, que retroceden en pánico ante las dificultades?

Nosotros decimos que en Europa maduran las condiciones de un nuevo ascenso revolucionario, que esta circunstancia nos dicta nuevas tareas para reforzar la lucha contra la desviación de derecha en los partidos comunistas y expulsar a los desviacionistas de derecha del partido, para reforzar la lucha contra la conciliación que encubre la desviación de derecha, para reforzar la lucha contra las tradiciones socialdemócratas en los partidos comunistas, etc. Y Bujarin nos responde que todo eso son tonterías, que no hay tales nuevas tareas, que en realidad se trata de que la mayoría del CC quiere "procesar" a él, es decir, a Bujarin.

Nosotros decimos que los cambios de clase en nuestro país nos dictan nuevas tareas que exigen la reducción sistemática del precio de coste de los productos y el fortalecimiento de la disciplina laboral en las empresas, que la realización de estas tareas es imposible sin un cambio radical de toda la práctica en el trabajo de los sindicatos. Y Tomski nos responde que todo eso son tonterías, que no hay tales nuevas tareas, que en realidad se trata de que la mayoría del CC quiere "procesar" a él, es decir, a Tomski.

Nosotros decimos que la reconstrucción de la economía nacional nos dicta nuevas tareas para reforzar la lucha contra el burocratismo del aparato soviético-económico, para depurar ese aparato de los elementos podridos y ajenos, de los saboteadores, etc. Y Rykov nos responde que todo eso son tonterías, que no hay tales nuevas tareas, que en realidad se trata de que la mayoría del CC quiere "procesar" a él, es decir, a Rykov.

¿No es esto ridículo, camaradas? ¿No es evidente que Bujarin, Rykov y Tomski no ven en el mundo más que su propio ombligo?

La desgracia del grupo de Bujarin consiste en que no ve los nuevos cambios de clase y no comprende las nuevas tareas del partido. Y precisamente porque no las comprende, se ve obligado a seguir los acontecimientos a remolque y a sucumbir ante las dificultades. He aquí la raíz de nuestras divergencias.

## III. Divergencias por la línea de la Internacional Comunista

Ya dije antes que Bujarin no ve ni comprende las nuevas tareas de la Internacional Comunista relativas a la expulsión de los derechistas de los partidos comunistas, al refrenamiento de la conciliación y a la depuración de los partidos comunistas de las tradiciones socialdemócratas, tareas que son dictadas por las condiciones maduras de un nuevo ascenso revolucionario. Esta tesis quedó plenamente confirmada por nuestras divergencias en las cuestiones de la Internacional Comunista.

¿Con qué empezaron las divergencias en ese terreno?

El asunto comenzó con las tesis de Bujarin en el VI Congreso sobre la situación internacional. Las tesis se examinaban habitualmente en la delegación del PC(b) de la URSS con carácter previo. Sin embargo, en este caso esa condición no fue observada. Ocurrió que las tesis firmadas por Bujarin, enviadas a la delegación del PC(b) de la URSS, fueron al mismo tiempo distribuidas entre las delegaciones extranjeras del VI Congreso. Pero las tesis resultaron insatisfactorias en toda una serie de puntos. La delegación del PC(b) de la URSS tuvo que introducir en las tesis unas veinte enmiendas.

Esta circunstancia creó una situación algo incómoda para Bujarin. ¿Y a quién hay que culpar de ello? ¿Para qué necesitó Bujarin distribuir las tesis a las delegaciones extranjeras antes de que las examinase la delegación del PC(b) de la URSS? ¿Podía la delegación del PC(b) de la URSS no introducir enmiendas si las tesis resultaban insatisfactorias? Y así ocurrió que de la delegación del PC(b) de la URSS salieron, en esencia, nuevas tesis sobre la situación internacional, que las delegaciones extranjeras empezaron a contraponer a las viejas tesis firmadas por Bujarin. Es evidente que esa incomodidad no habría existido si Bujarin no se hubiese apresurado a distribuir sus tesis a las delegaciones extranjeras.

Quisiera señalar cuatro enmiendas fundamentales introducidas en las tesis de Bujarin por la delegación del PC(b) de la URSS. Quisiera señalar esas enmiendas fundamentales para demostrar con mayor claridad el carácter de las divergencias sobre las cuestiones de la Internacional Comunista.

La primera cuestión es la del carácter de la estabilización del capitalismo. En las tesis de Bujarin resultaba que no ocurría nada nuevo que sacudiese la estabilización capitalista, que, al contrario, el capitalismo se reconstruía y se mantenía en lo fundamental con suficiente solidez. Es evidente que la delegación del PC(b) de la URSS no podía estar de acuerdo con semejante caracterización del llamado tercer período, es decir, del período que atravesamos ahora. No podía estarlo porque mantener tal caracterización del tercer período podría dar pie a nuestros críticos para decir que adoptamos el punto de vista del llamado "saneamiento" del capitalismo, es decir, el punto de vista de Hilferding, punto de vista en el que nosotros, los comunistas, no podemos situarnos. En consecuencia, la delegación del PC(b) de la URSS introdujo una enmienda de la que se desprende que la estabilización capitalista no es sólida ni puede serlo, que es sacudida y seguirá siendo sacudida por el curso de los acontecimientos, dado el agudizamiento de la crisis del capitalismo mundial.

Esta cuestión tiene, camaradas, una importancia decisiva para las secciones de la Internacional Comunista. Que la estabilización capitalista sea sacudida o consolidada, —de eso depende toda la orientación de los partidos comunistas en su trabajo político cotidiano. Que estemos atravesando un período de declinación del movimiento revolucionario, un período de simple acumulación de fuerzas, o un período de maduración de las condiciones de un nuevo ascenso revolucionario, un período de preparación de la clase obrera para las próximas batallas de clase, —de eso depende la orientación táctica de los partidos comunistas. La enmienda de la delegación del PC(b) de la URSS, aprobada después por el Congreso, tiene precisamente la virtud de dar una orientación clara hacia la segunda perspectiva, hacia la perspectiva de la maduración de las condiciones de un nuevo ascenso revolucionario.

La segunda cuestión es la de la lucha contra la socialdemocracia. En las tesis de Bujarin se decía que la lucha contra la socialdemocracia era una de las tareas fundamentales de las secciones de la Internacional Comunista. Eso es cierto, naturalmente. Pero no es suficiente. Para que la lucha contra la socialdemocracia sea exitosa, es necesario agudizar la cuestión en la lucha contra el llamado ala "izquierda" de la socialdemocracia, ese mismo ala "izquierda" que, jugando con frases "izquierdistas" y engañando así hábilmente a los obreros, frena el distanciamiento de las masas obreras de la socialdemocracia. Es evidente que sin derrotar a los socialdemócratas "izquierdistas" es imposible superar la socialdemocracia en general. Y sin embargo en las tesis de Bujarin la cuestión de la socialdemocracia "izquierda" resultó completamente preterida. Eso es, naturalmente, un gran defecto. Por eso la delegación del PC(b) de la URSS tuvo que introducir la correspondiente enmienda en las tesis de Bujarin, enmienda aprobada después por el Congreso.

La tercera cuestión es la de la conciliación en las secciones de la Internacional Comunista. En las tesis de Bujarin se hablaba de la necesidad de luchar contra la desviación de derecha, pero no había ni una sola palabra sobre la lucha contra la conciliación con la desviación de derecha. Eso es, naturalmente, un gran defecto. El hecho es que cuando se declara la guerra a la desviación de derecha, los desviacionistas de derecha suelen disfrazarse de conciliadores y ponen al partido en una situación difícil. Para prevenir esa maniobra de los desviacionistas de derecha, es necesario plantear la cuestión de la lucha decisiva contra la conciliación. Por eso la delegación del PC(b) de la URSS consideró necesario introducir la correspondiente enmienda en las tesis de Bujarin, enmienda aprobada después por el Congreso.

La cuarta cuestión es la de la disciplina en el partido. En las tesis de Bujarin no había mención de la necesidad de mantener una disciplina de hierro en los partidos comunistas. Ese es también un defecto nada insignificante. ¿Por qué? Porque en el período de reforzamiento de la lucha contra la desviación de derecha, en el período de realización de la consigna de depuración de los partidos comunistas de los elementos oportunistas, los desviacionistas de derecha suelen organizarse en fracción, crean su propia disciplina fraccional y quiebran y destruyen la disciplina del partido. Para preservar al partido de las salidas fraccionales de los desviacionistas de derecha, es necesario plantear la cuestión de la disciplina de hierro del partido y de la subordinación incondicional de los miembros del partido a esa disciplina. Sin esto no hay que pensar en una lucha seria contra la desviación de derecha. Por eso la delegación del PC(b) de la URSS introdujo en las tesis de Bujarin la correspondiente enmienda, aprobada después por el VI Congreso.

¿Podíamos no introducir esas enmiendas en las tesis de Bujarin? Es evidente que no podíamos. Antaño solían decir del filósofo Platón: amamos a Platón, pero amamos aún más la verdad. Lo mismo podría decirse de Bujarin: amamos a Bujarin, pero amamos aún más la verdad, el partido, la Internacional Comunista. Por eso la delegación del PC(b) de la URSS se vio obligada a introducir esas enmiendas en las tesis de Bujarin.

Esta es, por decirlo así, la primera etapa de nuestras divergencias sobre las cuestiones de la Internacional Comunista.

La segunda etapa de nuestras divergencias está vinculada al llamado asunto de Wittorf y Thälmann. Wittorf era el ex secretario de la organización de Hamburgo, acusado de malversación de fondos del partido. Por eso fue expulsado del partido. Los conciliadores en el CC del partido comunista de Alemania, aprovechando la cercanía de Wittorf al camarada Thälmann, aunque el camarada Thälmann no tenía nada que ver con el crimen de Wittorf, convirtieron el asunto de Wittorf en el asunto de Thälmann e intentaron derribar la dirección del partido comunista alemán. Ustedes sabrán ya por los comunicados en la prensa que los conciliadores Ewert y Gerhart lograron entonces arrastrar temporalmente tras de sí a la mayoría del CC del partido comunista alemán contra el camarada Thälmann. ¿Y qué ocurrió? Apartaron a Thälmann de la dirección, empezaron a acusarle de corrupción y publicaron la "correspondiente" resolución sin conocimiento ni sanción del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

Así, en lugar de cumplir la directiva del VI Congreso de la Internacional Comunista sobre la lucha contra la conciliación, en lugar de luchar contra la desviación de derecha y la conciliación, en la práctica se produjo la violación más burda de esa directiva, una lucha contra la dirección revolucionaria del partido comunista alemán, una lucha contra el camarada Thälmann, una lucha cuyo objetivo era encubrir la desviación de derecha y afirmar la conciliación en las filas de los comunistas alemanes.

Y entonces, en lugar de corregir el rumbo y enderezar la situación, en lugar de restablecer en sus derechos la directiva violada del VI Congreso, de llamar al orden a los conciliadores, Bujarin propone en su conocida carta sancionar el golpe de los conciliadores, entregar el PC alemán a los conciliadores y volver a difamar al camarada Thälmann en la prensa, haciéndole otra vez responsable. ¡Y a eso se le llama "dirigente" de la Internacional Comunista! ¿Existen acaso en el mundo tales "dirigentes"?

El CC examinó la propuesta de Bujarin y la rechazó. Eso, naturalmente, no agradó a Bujarin. Pero ¿quién tiene la culpa? Las resoluciones del VI Congreso no fueron adoptadas para violarlas, sino para cumplirlas. Si el VI Congreso resolvió declarar la guerra a la desviación de derecha y a la conciliación con ella, preservando la dirección del núcleo fundamental del partido comunista alemán encabezado por el camarada Thälmann, y a los conciliadores Ewert y Gerhart se les ocurrió echar abajo esa resolución, el deber de Bujarin consistía en llamar al orden a los conciliadores, y no en dejarles la dirección del partido comunista alemán. La culpa es de Bujarin, que "olvidó" las resoluciones del VI Congreso.

La tercera etapa de nuestras divergencias está vinculada a la cuestión de la lucha contra los derechistas en el partido comunista alemán, a la cuestión del aplastamiento de la fracción de Brandler y Thalheimer y de la expulsión de los dirigentes de esa fracción del partido comunista alemán. La "posición" de Bujarin y sus amigos en esta cuestión cardinal consistía en que eludían constantemente la participación en la resolución de esa cuestión. En esencia se decidía la suerte del partido comunista alemán. Y Bujarin y sus amigos, sabiéndolo, seguían sin embargo obstaculizando el asunto, eludiendo sistemáticamente la participación en las sesiones de las instancias correspondientes. ¿Con qué fin? Con el fin, según parece, de quedar "limpios" tanto ante la Internacional Comunista como ante los derechistas en el partido comunista alemán. Con el fin de poder decir después: "No fuimos nosotros, los bujarinistas, sino ellos, la mayoría del CC, quienes llevaron a cabo la expulsión de Brandler y Thalheimer del partido comunista." ¡Y a eso se le llama lucha contra el peligro de derecha!

Por último, la cuarta etapa de nuestras divergencias. Está vinculada a la exigencia de Bujarin, antes del pleno de noviembre del CC, de retirar a Neumann de Alemania y de llamar al orden al camarada Thälmann, que supuestamente había criticado en uno de sus discursos el informe de Bujarin en el VI Congreso. Naturalmente, nosotros no podíamos estar de acuerdo con Bujarin sin tener en nuestras manos documentos que confirmaran su exigencia. Bujarin prometió presentar documentos contra Neumann y Thälmann. Sin embargo, no presentó ningún documento. En lugar de documentos, distribuyó a los miembros de la delegación del PC(b) de la URSS el conocido discurso de Humbert-Droz en el Secretariado político del CEIC, ese mismo discurso que luego el Presidium del CEIC calificó de oportunista. Al distribuir el discurso de Humbert-Droz a los miembros de la delegación del PC(b) de la URSS y recomendarlo como material contra Thälmann, Bujarin quería demostrar la justeza de su exigencia de retirar a Neumann y de llamar al orden al camarada Thälmann. En realidad demostró con ello que era solidario con Humbert-Droz, cuya posición es considerada por el CEIC como oportunista.

He aquí, camaradas, los puntos principales de nuestras divergencias sobre las cuestiones de la Internacional Comunista.

Bujarin piensa que, luchando contra la desviación de derecha y la conciliación con ella en las secciones de la Internacional Comunista, depurando los partidos comunistas alemán y checoslovaco de los elementos y tradiciones socialdemócratas, expulsando de los partidos comunistas a los Brandler y Thalheimer, "desintegramos" con ello la Internacional Comunista, la "perdemos". Nosotros pensamos, por el contrario, que llevando tal política y agudizando la cuestión en la lucha contra la desviación de derecha y la conciliación con ella, fortalecemos la Internacional Comunista, la depuramos de oportunistas, bolchevizamos sus secciones y ayudamos a los partidos comunistas a preparar a la clase obrera para las próximas batallas revolucionarias, pues el partido se fortalece depurándose de la podredumbre.

Ustedes ven que esto no son simples matices en las filas del CC del PC(b) de la URSS, sino divergencias bastante serias sobre las cuestiones de fondo de la política de la Internacional Comunista.

## IV. Divergencias por la línea de la política interior

Hablé antes de los cambios de clase y de la lucha de clases en nuestro país. Dije que el grupo de Bujarin está infectado de ceguera y no ve esos cambios, no comprende las nuevas tareas del partido. Dije que en ese terreno surgieron en la oposición bujarinista el desconcierto, el miedo a las dificultades, la disposición a sucumbir ante ellas.

No puede decirse que esos errores de los bujarinistas hayan caído del cielo. Al contrario, están vinculados a esa franja de desarrollo ya recorrida que se llama período de restauración de la economía nacional, cuando la construcción marchaba por vías pacíficas, por así decirlo espontáneamente, cuando aún no existían los cambios de clase que existen ahora, cuando aún no había ese agudizamiento de la lucha de clases que observamos ahora.

Pero ahora tenemos una nueva franja de desarrollo, distinta del viejo período, del período de restauración. Ahora tenemos un nuevo período de construcción, el período de reconstrucción de toda la economía nacional sobre la base del socialismo. Ese nuevo período provoca nuevos cambios de clase, el agudizamiento de la lucha de clases. Exige nuevos métodos de lucha, la reagrupación de nuestras fuerzas, el mejoramiento y la consolidación de todas nuestras organizaciones.

La desgracia del grupo de Bujarin consiste precisamente en que vive en el pasado, no ve los rasgos característicos de ese nuevo período y no comprende la necesidad de nuevos métodos de lucha. De ahí su ceguera, su desconcierto, su pánico ante las dificultades.

### a) Sobre la lucha de clases

¿Cuál es la base teórica de esa ceguera y ese desconcierto del grupo de Bujarin?

Creo que la base teórica de esa ceguera y ese desconcierto es el enfoque incorrecto, no marxista, de Bujarin sobre la cuestión de la lucha de clases en nuestro país. Me refiero a la teoría no marxista de Bujarin sobre el crecimiento orgánico del kulakato en el socialismo, a la incomprensión del mecanismo de la lucha de clases en las condiciones de la dictadura del proletariado.

Aquí se citó varias veces el conocido pasaje del folleto de Bujarin "El camino al socialismo" sobre el crecimiento orgánico del kulakato en el socialismo. Pero se citó con algunas omisiones. Permítanme citarlo íntegramente. Es necesario, camaradas, para demostrar toda la profundidad del alejamiento de Bujarin de la teoría marxista de la lucha de clases.

Escuchen:

"La red básica de nuestras organizaciones cooperativas campesinas estará formada por células cooperativas no del tipo kulako, sino del tipo 'laboral', células que van creciendo orgánicamente en el sistema de nuestros órganos estatales generales y que se convierten de ese modo en eslabones de la cadena única de la economía socialista. Por otra parte, los nidos cooperativos kulakos irán también creciendo orgánicamente en ese mismo sistema a través de los bancos, etc.; pero serán hasta cierto punto un cuerpo extraño, semejante, por ejemplo, a las empresas concesionarias." (El subrayado es mío. — I. St.)

Al citar ese pasaje del folleto de Bujarin, algunos camaradas, por alguna razón, omitían la última frase sobre los concesionarios. Rozit, queriendo al parecer ayudar a Bujarin, aprovechó eso y gritó desde su asiento que se tergiversaba a Bujarin. Y sin embargo la sal de toda la cita reside precisamente en esa última frase sobre los concesionarios. Pues si los concesionarios son equiparados a los kulakos, y los kulakos crecen orgánicamente en el socialismo, ¿qué resulta de ello? Solo una cosa: que los concesionarios también crecen orgánicamente en el socialismo, que no solo los kulakos, sino también los concesionarios crecen orgánicamente en el socialismo. (Risas generales.)

He ahí lo que resulta de ello.

Rozit. En Bujarin se dice "cuerpo extraño".

Stalin. En Bujarin no se dice "cuerpo extraño", sino "hasta cierto punto cuerpo extraño". Por tanto, los kulakos y los concesionarios son "hasta cierto punto" un cuerpo extraño en el sistema del socialismo. Pero la equivocación de Bujarin consiste precisamente en que los kulakos y los concesionarios, siendo "hasta cierto punto" un cuerpo extraño, crecen sin embargo orgánicamente en el socialismo.

He aquí a qué disparates lleva la teoría de Bujarin. Capitalistas de la ciudad y del campo, kulakos y concesionarios, que crecen orgánicamente en el socialismo, —he aquí a qué estupidez llegó Bujarin.

No, camaradas, no necesitamos semejante "socialismo". Que se lo quede Bujarin.

Hasta ahora nosotros, los marxistas-leninistas, pensábamos que entre la clase de los capitalistas de la ciudad y el campo, por un lado, y la clase obrera, por otro, existe una contraposición irreconciliable de intereses. En eso precisamente se asienta la teoría marxista de la lucha de clases. Ahora, según la teoría de Bujarin sobre el crecimiento orgánico de los capitalistas en el socialismo, todo eso queda puesto patas arriba, la irreconciliable contraposición de los intereses de clase de los explotadores y los explotados desaparece, los explotadores crecen orgánicamente en el socialismo.

Rozit. Eso es falso, porque se presupone la dictadura del proletariado.

Stalin. Pero la dictadura del proletariado es la forma más aguda de la lucha de clases.

Rozit. Eso es precisamente.

Stalin. Y en la concepción de Bujarin resulta que en esa misma dictadura del proletariado los capitalistas crecen orgánicamente. ¿Cómo no entiende usted eso, Rozit? ¿Contra quién hay que luchar, contra quién hay que llevar la forma más aguda de la lucha de clases, si los capitalistas de la ciudad y el campo crecen orgánicamente en el sistema de la dictadura del proletariado?

La dictadura del proletariado es necesaria para librar una lucha implacable contra los elementos capitalistas, para suprimir a la burguesía y arrancar el capitalismo de raíz. Pero si los capitalistas de la ciudad y el campo, si el kulak y el concesionario crecen orgánicamente en el socialismo, ¿se necesita entonces en absoluto la dictadura del proletariado, y si se necesita, para suprimir a qué clase?

Rozit. El hecho es que en Bujarin el crecimiento orgánico presupone la lucha de clases.

Stalin. Veo que Rozit se ha jurado servir a Bujarin. Pero el servicio que le presta es el del oso, pues al querer salvar a Bujarin, en realidad le hunde sin residuo. Con razón se dice que "un oso servicial es más peligroso que un enemigo." (Risas generales.)

Una de dos: o entre la clase de los capitalistas y la clase de los obreros que han llegado al poder y han organizado su dictadura existe una irreconciliable contraposición de intereses, o esa contraposición no existe, y entonces no queda más que proclamar la armonía de los intereses de clase. Una de dos: o la teoría marxista de la lucha de clases, o la teoría del crecimiento orgánico de los capitalistas en el socialismo; o la irreconciliable contraposición de los intereses de clase, o la teoría de la armonía de los intereses de clase.

Todavía se puede comprender a "socialistas" del tipo de Brentano o Sidney Webb, que predican el crecimiento orgánico del socialismo en el capitalismo y del capitalismo en el socialismo, pues esos "socialistas" son en realidad antisocialistas, liberales burgueses. Pero no se puede comprender a un hombre que quiere ser marxista y al mismo tiempo predica la teoría del crecimiento orgánico de la clase de los capitalistas en el socialismo.

Bujarin intentó en su discurso apoyar la teoría del crecimiento orgánico del kulakato en el socialismo con una cita de Lenin. Al hacerlo afirmó que Lenin dice lo mismo que Bujarin.

Eso es falso, camaradas. Es una calumnia burda e inadmisible contra Lenin.

He aquí el texto de esa cita de Lenin:

"Naturalmente, en nuestra república soviética el régimen social descansa en la colaboración de dos clases: los obreros y los campesinos, a quienes actualmente también se ha admitido bajo ciertas condiciones a participar en ella, los 'nepistas', es decir, la burguesía." (vol. XXVII, pág. 405).

Ven ustedes que aquí no hay ni una sola palabra sobre el crecimiento orgánico de la clase de los capitalistas en el socialismo. Aquí solo se habla de que hemos "admitido" a la colaboración de los obreros y los campesinos "bajo ciertas condiciones" también a los nepistas, es decir, a la burguesía.

¿Qué significa esto? ¿Significa acaso que con ello hemos admitido la posibilidad del crecimiento orgánico de los nepistas en el socialismo? Naturalmente que no. Solo personas que hayan perdido la vergüenza pueden interpretar así la cita de Lenin. Eso significa únicamente que actualmente no liquidamos a la burguesía, que no la expropiamos actualmente, sino que admitimos su existencia bajo ciertas condiciones, es decir, bajo las condiciones de su subordinación incondicional a las leyes de la dictadura del proletariado, que conducen a la limitación ininterrumpida de los capitalistas y a su gradual desplazamiento de la vida económica nacional.

¿Es posible llevar a cabo el desplazamiento de los capitalistas y la destrucción de las raíces del capitalismo sin una encarnizada lucha de clases? No, no es posible.

¿Es posible destruir las clases con la teoría y la práctica del crecimiento orgánico de los capitalistas en el socialismo? No, no es posible. Semejante teoría y práctica solo puede cultivar y perpetuar las clases, pues contradice la teoría marxista de la lucha de clases.

Y la cita de Lenin se apoya íntegra y plenamente en la teoría marxista de la lucha de clases en las condiciones de la dictadura del proletariado.

¿Qué puede haber de común entre la teoría de Bujarin sobre el crecimiento orgánico del kulakato en el socialismo y la teoría de Lenin sobre la dictadura como lucha de clases encarnizada? Es evidente que no hay nada en común ni puede haberlo.

Bujarin piensa que con la dictadura del proletariado la lucha de clases debe extinguirse y liquidarse para que se produzca la destrucción de las clases. Lenin, en cambio, enseña que las clases solo pueden ser destruidas mediante una encarnizada lucha de clases, que en las condiciones de la dictadura del proletariado se hace aún más encarnizada que antes de la dictadura del proletariado.

"La destrucción de las clases —dice Lenin— es obra de una larga, difícil y tenaz lucha de clases que, tras el derrocamiento del poder del capital, tras la destrucción del Estado burgués, tras el establecimiento de la dictadura del proletariado, no desaparece (como imaginan los filisteos del viejo socialismo y de la vieja socialdemocracia), sino que únicamente cambia de formas, haciéndose en muchos aspectos aún más encarnizada." (vol. XXIV, pág. 315).

He ahí lo que dice Lenin sobre la destrucción de las clases.

Destrucción de las clases mediante la encarnizada lucha de clases del proletariado, —esa es la fórmula de Lenin.

Destrucción de las clases mediante la extinción de la lucha de clases y el crecimiento orgánico de los capitalistas en el socialismo, —esa es la fórmula de Bujarin.

¿Qué puede haber de común entre esas dos fórmulas?

La teoría bujarinista del crecimiento orgánico del kulakato en el socialismo representa, por tanto, un alejamiento de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases. Es un acercamiento a la teoría del socialismo de cátedra.

En eso reside la base de todos los errores de Bujarin y sus amigos.

### b) Sobre el agudizamiento de la lucha de clases

El segundo error de Bujarin, derivado del primero, consiste en el enfoque incorrecto, no marxista, de la cuestión del agudizamiento de la lucha de clases, del fortalecimiento de la resistencia de los elementos capitalistas a la política socialista del Poder Soviético.

¿De qué se trata aquí? ¿Acaso de que los elementos capitalistas crecen más deprisa que el sector socialista de nuestra economía y que por eso refuerzan su resistencia, minando la construcción socialista? No, de eso no se trata. Y además es falso que los elementos capitalistas crezcan supuestamente más deprisa que el sector socialista. Si fuera cierto, la construcción socialista estaría ya al borde de la ruina.

Se trata de que el socialismo acomete con éxito a los elementos capitalistas, el socialismo crece más deprisa que los elementos capitalistas, el peso específico de los elementos capitalistas disminuye por ello, y precisamente porque disminuye su peso específico, los elementos capitalistas sienten el peligro mortal y refuerzan su resistencia.

Y reforzar su resistencia todavía pueden, no solo porque el capitalismo mundial les presta apoyo, sino también porque, a pesar de la disminución de su peso específico, a pesar de la reducción de su crecimiento relativo en comparación con el crecimiento del socialismo, el crecimiento absoluto de los elementos capitalistas sigue produciéndose, y eso les da cierta posibilidad de acumular fuerzas para resistir el crecimiento del socialismo.

En esa base surgen en la presente fase del desarrollo, en las condiciones dadas de correlación de fuerzas, el agudizamiento de la lucha de clases y el fortalecimiento de la resistencia de los elementos capitalistas de la ciudad y el campo.

El error de Bujarin y sus amigos consiste en que no comprenden esa verdad simple y evidente. Su error consiste en que se acercan al asunto no como marxistas, sino como filisteos, intentando explicar el agudizamiento de la lucha de clases por toda suerte de causas accidentales: la "ineptitud" del aparato soviético, la política "imprudente" de los camaradas locales, la "falta" de flexibilidad, los "excesos", etc.

He aquí, por ejemplo, una cita del folleto de Bujarin "El camino al socialismo", que demuestra un enfoque completamente no marxista de la cuestión del agudizamiento de la lucha de clases:

"Aquí y allá la lucha de clases en el campo se inflama en sus antiguas manifestaciones, siendo ese agudizamiento provocado por lo general por los elementos kulakos. Cuando, por ejemplo, los kulakos u hombres que se enriquecen a costa ajena y se han infiltrado en los órganos del Poder Soviético empiezan a disparar contra los corresponsales campesinos, —eso es una manifestación de la lucha de clases en su forma más aguda. (Esto es incorrecto, pues la forma más aguda de la lucha es la insurrección. I. Stalin.) Sin embargo, esos casos ocurren por lo general allí donde el aparato local soviético es aún débil. A medida que ese aparato mejore, a medida que se consoliden todas las células de base del Poder Soviético, a medida que mejoren y se refuercen las organizaciones locales del partido en el campo y las del Komsomol, esas manifestaciones se irán haciendo, como es completamente evidente, cada vez más raras, y al final desaparecerán sin dejar rastro." (El subrayado es mío. — I. St.)

Resulta, pues, que el agudizamiento de la lucha de clases se explica por causas del aparato, por la aptitud o ineptitud, la debilidad o la fuerza de nuestras organizaciones de base.

Resulta, por ejemplo, que el sabotaje de los intelectuales burgueses de Shajti, que es una forma de resistencia de los elementos burgueses al Poder Soviético y una forma del agudizamiento de la lucha de clases, se explica no por la correlación de las fuerzas de clase, no por el crecimiento del socialismo, sino por la ineptitud de nuestro aparato.

Resulta que antes de que apareciera el sabotaje masivo en el distrito de Shajti nuestro aparato era bueno, y después, en el momento en que se manifestó el sabotaje masivo, el aparato se volvió de repente, por alguna razón, completamente inútil.

Resulta que antes del año pasado, cuando las requisas de grano marchaban espontáneamente y no había un agudizamiento especial de la lucha de clases, nuestras organizaciones locales eran buenas o incluso ideales, y a partir del año pasado, cuando la resistencia del kulakato tomó formas especialmente agudas, nuestras organizaciones se volvieron de repente malas y completamente inútiles.

Eso no es una explicación, es una burla de la explicación; eso no es ciencia, es hechicería.

¿Cómo se explica en realidad ese agudizamiento?

Por dos causas.

Primero, por nuestro avance, por nuestra ofensiva, por el crecimiento de las formas socialistas de la economía tanto en la industria como en la agricultura, crecimiento que va acompañado del correspondiente desplazamiento de determinados contingentes de capitalistas de la ciudad y el campo. El asunto se presenta de tal modo que vivimos conforme a la fórmula de Lenin, "quién a quién": o nosotros ponemos a los capitalistas en la lona y les asestamos, como decía Lenin, el último y decisivo golpe, o ellos nos ponen en la lona a nosotros.

Segundo, porque los elementos capitalistas no quieren retirarse voluntariamente de la escena: se resisten y seguirán resistiéndose al socialismo, pues ven que se acercan los últimos días de su existencia. Y resistir todavía pueden, porque, a pesar de la disminución de su peso específico, en términos absolutos siguen creciendo: la pequeña burguesía, urbana y rural, engendra de su seno, como decía Lenin, capitalistas y pequeños capitalistas a diario, a cada hora, y esos elementos capitalistas toman todas las medidas para defender su existencia.

En la historia no ha habido casos de que las clases moribundas se retirasen voluntariamente de la escena. En la historia no ha habido casos de que la burguesía moribunda no agotara los últimos restos de sus fuerzas para defender su existencia. Por bueno o malo que sea nuestro aparato soviético de base, nuestro avance, nuestra ofensiva irá reduciendo los elementos capitalistas y desplazándolos, y ellos, las clases moribundas, se resistirán a pesar de todo.

He ahí en qué consiste la base del agudizamiento de la lucha de clases en nuestro país.

El error de Bujarin y sus amigos consiste en que identifican el crecimiento de la resistencia de los capitalistas con el crecimiento de su peso específico. Pero esa identificación carece de toda base. Carece de base porque si ellos, los capitalistas, se resisten, eso no significa en absoluto que se hayan hecho más fuertes que nosotros. El asunto es exactamente al revés. Las clases que se extinguen se resisten no porque se hayan hecho más fuertes que nosotros, sino porque el socialismo crece más deprisa que ellas y ellas se hacen más débiles que nosotros. Y precisamente porque se hacen más débiles, sienten los últimos días de su existencia y se ven obligadas a resistir con todas sus fuerzas y por todos los medios.

He ahí en qué consiste el mecanismo del agudizamiento de la lucha de clases y de la resistencia de los capitalistas en el presente momento histórico.

¿En qué debe consistir la política del partido ante semejante estado de cosas?

Debe consistir en despertar a la clase obrera y a las masas explotadas del campo, en elevar su capacidad de combate y desarrollar su disposición a la movilización para la lucha contra los elementos capitalistas de la ciudad y el campo, para la lucha contra los enemigos de clase que se resisten.

La teoría marxista-leninista de la lucha de clases es buena precisamente, entre otras cosas, porque facilita la movilización de la clase obrera contra los enemigos de la dictadura del proletariado.

¿En qué consiste el perjuicio de la teoría bujarinista del crecimiento orgánico de los capitalistas en el socialismo y de la comprensión bujarinista de la cuestión del agudizamiento de la lucha de clases?

En que adormece a la clase obrera, socava la disposición a la movilización de las fuerzas revolucionarias de nuestro país, desmoviliza a la clase obrera y facilita la ofensiva de los elementos capitalistas contra el Poder Soviético.

### c) Sobre el campesinado

El tercer error de Bujarin atañe a la cuestión del campesinado. Es sabido que la cuestión del campesinado es una de las más importantes de nuestra política. El campesinado en nuestras condiciones se compone de distintos agrupamientos sociales, a saber: pobres, campesinos medios y kulakos. Es comprensible que nuestra actitud ante esos agrupamientos no puede ser la misma. La pobreza campesina como base de apoyo de la clase obrera, el campesino medio como aliado y el kulak como enemigo de clase, —tal es nuestra actitud ante esos agrupamientos sociales. Todo eso es comprensible y conocido.

Sin embargo, Bujarin ve el asunto de otro modo. Al caracterizar al campesinado le escapa el hecho de la diferenciación del campesinado, desaparece en alguna parte la existencia de los agrupamientos sociales y queda solo una mancha gris llamada aldea. Para él el kulak no es un kulak y el campesino medio no es un campesino medio, sino una pobreza total en el campo. Así lo dijo aquí en su discurso: ¿acaso puede llamarse kulak a nuestro kulak? Es un mendigo —decía. Y nuestro campesino medio, ¿se parece acaso a un campesino medio? —afirmaba Bujarin aquí—. Es un mendigo que vive de hambre. Es evidente que semejante visión del campesinado es un punto de vista radicalmente erróneo, incompatible con el leninismo.

Lenin decía que el campesinado individual es la última clase capitalista. ¿Es cierta esa tesis? Sí, es absolutamente cierta. ¿Por qué se califica al campesinado individual como la última clase capitalista? Porque de las dos clases fundamentales de que se compone nuestra sociedad, el campesinado es la clase cuya economía se basa en la propiedad privada y en la pequeña producción mercantil. Porque el campesinado, mientras permanece como campesinado individual que lleva una pequeña producción mercantil, engendra y no puede dejar de engendrar de su seno capitalistas constantemente e interrumpidamente.

Esa circunstancia tiene para nosotros una importancia decisiva en la cuestión de nuestra actitud marxista ante el problema de la alianza de la clase obrera y el campesinado. Eso significa que no necesitamos cualquier alianza con el campesinado, sino solo aquella alianza que se base en la lucha contra los elementos capitalistas del campesinado.

Como ven, la tesis de Lenin sobre el campesinado como la última clase capitalista no solo no contradice la idea de la alianza de la clase obrera y el campesinado, sino que, al contrario, da fundamento a esa alianza como alianza de la clase obrera y la mayoría del campesinado, dirigida contra los elementos capitalistas en general, contra los elementos capitalistas del campesinado en el campo en particular.

Lenin enunció esa tesis para mostrar que la alianza de la clase obrera y el campesinado solo puede ser sólida si se basa en la lucha contra esos mismos elementos capitalistas que el campesinado engendra de su seno.

El error de Bujarin consiste en que no comprende ni acepta esa cosa tan simple, que olvida los agrupamientos sociales en el campo, que desaparecen de su campo visual los kulakos y los pobres y queda solo una masa media indiferenciada.

Esa circunstancia representa una desviación indudable de Bujarin hacia la derecha en contraposición a la desviación "izquierda", trotskista, que no ve en el campo otros agrupamientos sociales que los pobres y los kulakos, y en la que desaparecen del campo visual los campesinos medios.

¿En qué consiste la diferencia entre el trotskismo y el grupo de Bujarin en la cuestión de la alianza con el campesinado? En que el trotskismo se pronuncia contra la política de alianza sólida con las masas campesinas medias, mientras que el grupo bujarinista está a favor de cualquier alianza con el campesinado en general. No hace falta demostrar que ambas orientaciones son incorrectas y que se equiparan mutuamente.

El leninismo está decididamente a favor de la alianza sólida con las masas fundamentales del campesinado, de la alianza con los campesinos medios, pero no de cualquier alianza, sino de una alianza con los campesinos medios que asegure el papel dirigente de la clase obrera, consolide la dictadura del proletariado y facilite la tarea de la destrucción de las clases.

"Bajo el acuerdo entre la clase obrera y el campesinado —dice Lenin— puede entenderse lo que se quiera. Si no se tiene en cuenta que el acuerdo, desde el punto de vista de la clase obrera, solo es admisible, correcto y de principio cuando apoya la dictadura de la clase obrera y es una de las medidas dirigidas a la destrucción de las clases, la fórmula del acuerdo de la clase obrera con el campesinado se convierte naturalmente en una fórmula que todos los enemigos del Poder Soviético y todos los enemigos de la dictadura aplican en sus concepciones y llevan a la práctica." (vol. XXVI, pág. 387).

Y más adelante:

"Ahora —dice Lenin— el proletariado tiene en sus manos el poder y lo dirige. Dirige al campesinado. ¿Qué significa dirigir al campesinado? Significa, en primer lugar, llevar la línea hacia la destrucción de las clases y no hacia el pequeño productor. Si nos apartásemos de esa línea, radical y fundamental, nos convertiríamos en socialistas y pasaríamos al campo de los pequeños burgueses, al campo de los eseristas y de los mencheviques, que son ahora los enemigos más encarnizados del proletariado." (ibíd., págs. 399-400).

He ahí el punto de vista de Lenin sobre la cuestión de la alianza con las masas fundamentales del campesinado, de la alianza con los campesinos medios.

El error del grupo de Bujarin sobre la cuestión del campesino medio consiste en que no ve la naturaleza dual, la situación dual del campesino medio entre la clase obrera y los capitalistas. "El campesino medio es una clase vacilante", decía Lenin. ¿Por qué? Porque el campesino medio, por un lado, es un trabajador, lo que le acerca a la clase obrera, y por otro es un propietario, lo que le acerca al kulak. De ahí las vacilaciones del campesino medio. Y eso es cierto no solo teóricamente. Esas vacilaciones se manifiestan también en la práctica, a diario, a cada hora.

"El campesino —dice Lenin— como trabajador, gravita hacia el socialismo, prefiere la dictadura de los obreros a la dictadura de la burguesía. El campesino como vendedor de pan, gravita hacia la burguesía, hacia el libre comercio, es decir, hacia el capitalismo antiguo y 'habitual'." (vol. XXIV, pág. 314).

Por eso la alianza con el campesino medio solo puede ser sólida si está dirigida contra los elementos capitalistas, contra el capitalismo en general, si asegura el papel dirigente de la clase obrera en esa alianza, si facilita la tarea de la destrucción de las clases.

El grupo de Bujarin olvida esas cosas tan simples y comprensibles.

### d) Sobre la NEP y las relaciones de mercado

El cuarto error de Bujarin atañe a la cuestión de la NEP (nueva política económica). El error de Bujarin consiste en que no ve la bilateralidad de la NEP, solo ve uno de sus lados. Cuando en 1921 introdujimos la NEP, dirigíamos entonces su punta contra el comunismo de guerra, contra un régimen y unas relaciones que excluían cualquier libertad del comercio privado. Considerábamos y consideramos que la NEP significa una cierta libertad del comercio privado. Ese lado del asunto lo recordó Bujarin. Y eso está muy bien.

Pero Bujarin se equivoca al suponer que ese lado del asunto agota la NEP. Bujarin olvida que la NEP tiene otro lado. El hecho es que la NEP no significa en absoluto la plena libertad del comercio privado, el libre juego de los precios en el mercado. La NEP es la libertad del comercio privado dentro de ciertos límites, dentro de cierto marco, con la garantía del papel regulador del Estado en el mercado. En eso precisamente consiste el segundo lado de la NEP. Y ese lado de la NEP es más importante para nosotros que el primero. No tenemos en el mercado el libre juego de los precios, como suele ocurrir en los países capitalistas. Nosotros determinamos los precios del pan en lo fundamental. Determinamos los precios de los productos industriales. Intentamos llevar a cabo la política de reducción del precio de coste de los productos y de bajada de los precios de los productos industriales, esforzándonos por mantener la estabilidad de los precios de los productos agrícolas. ¿No es evidente que semejantes relaciones de mercado especiales y específicas no existen en los países capitalistas?

De ello se desprende que mientras exista la NEP deben mantenerse sus dos lados: el primero, dirigido contra el régimen del comunismo de guerra y que tiene por objetivo asegurar una cierta libertad del comercio privado, y el segundo, dirigido contra la plena libertad del comercio privado y que tiene por objetivo asegurar el papel regulador del Estado en el mercado. Supriman uno de esos dos lados y no tendrán la nueva política económica.

Bujarin piensa que la NEP solo puede verse amenazada "por la izquierda", desde el lado de las personas que quieren liquidar toda libertad de comercio. Eso es falso. Es el error más burdo. Además, semejante peligro es actualmente el menos real, pues ya no hay entre nosotros, o casi no hay, en nuestras organizaciones locales y centrales, personas que no comprendiesen toda la necesidad y conveniencia de mantener una cierta libertad de comercio.

El peligro de la derecha es considerablemente más real, el peligro por parte de las personas que quieren liquidar el papel regulador del Estado en el mercado, que quieren "liberar" el mercado y abrir así la era de la plena libertad del comercio privado. No puede haber ninguna duda de que ese peligro de ruptura de la NEP por la derecha es ahora mucho más real.

No hay que olvidar que el elemento pequeñoburgués espontáneo trabaja precisamente en esa dirección, en la dirección de la ruptura de la NEP por la derecha. Hay que recordar también que los gritos de los kulakos y de los elementos acomodados, los gritos de los especuladores y los acaparadores, a los que con frecuencia se rinden muchos de nuestros camaradas, bombardean a la NEP precisamente desde ese lado. El hecho de que Bujarin no vea ese segundo peligro, genuinamente real, de ruptura de la NEP, —ese hecho habla indubitablemente de que ha cedido ante la presión del elemento pequeñoburgués espontáneo.

Bujarin propone la "normalización" del mercado y la "maniobra" de los precios de requisas del grano por regiones, es decir, la elevación de los precios del grano. ¿Qué significa eso? Significa que no le satisfacen las condiciones soviéticas del mercado, que quiere ir frenando el papel regulador del Estado en el mercado y propone hacer concesiones al elemento pequeñoburgués espontáneo que hace estallar la NEP por la derecha.

Supongamos por un momento que seguimos los consejos de Bujarin. ¿Qué resultaría de ello? Elevamos los precios del grano, pongamos que en otoño, al comienzo del período de requisas. Pero como en el mercado siempre hay personas, especuladores y acaparadores de toda clase, que pueden pagar por el grano el triple, y como nosotros no podemos seguir el ritmo de los especuladores, pues ellos compran apenas diez millones de puds mientras nosotros necesitamos comprar centenares de millones de puds, los tenedores de grano seguirán reteniendo el grano, esperando una subida ulterior de los precios. Así pues, tendremos que volver a subir el precio del grano en primavera, cuando la necesidad estatal de grano es principalmente mayor. Pero ¿qué significa elevar el precio del grano en primavera? Significa arruinar a los pobres y a las capas débiles del campo, que ellos mismos se ven obligados a comprar grano en primavera, en parte para semillas, en parte para el consumo, el mismo grano que vendieron en otoño a un precio más bajo. ¿Lograremos algo serio con esas operaciones en el sentido de obtener suficiente cantidad de grano? Lo más probable es que no, pues siempre habrá especuladores y acaparadores que sepan pagar de nuevo el doble o el triple por ese mismo grano. Así pues, debemos estar preparados para una nueva subida de los precios del grano, intentando en vano superar a los especuladores y acaparadores.

Pero de ello resulta que, una vez puesto en el camino de la subida de los precios del grano, debemos seguir resbalando hacia abajo, sin garantía de obtener suficiente cantidad de grano.

Pero el asunto no termina ahí:

Primero, elevando los precios de requisas del grano, tendremos que subir después también los precios de las materias primas producidas por la agricultura, para mantener cierta proporción en los precios de los productos agrícolas.

Segundo, elevando los precios de requisas del grano, no podremos mantener el bajo precio de venta del grano en las ciudades, —por tanto tendremos que subir también los precios de venta del grano. Y como no podemos ni debemos perjudicar a los obreros, tendremos que aumentar aceleradamente los salarios. Pero eso no puede dejar de conducir a que haya que subir también los precios de los productos industriales, pues de lo contrario puede producirse una transferencia de recursos de la ciudad al campo en contra de los intereses de la industrialización.

En resultado tendremos que nivelar los precios de los productos industriales y de los agrícolas no sobre la base de precios descendentes o al menos estabilizados, sino sobre la base de precios ascendentes tanto del grano como de los productos industriales.

Es decir, tendremos que orientarnos hacia el encarecimiento de los productos industriales y de los agrícolas.

No es difícil comprender que semejante "maniobra" de precios no puede dejar de llevar a la liquidación plena de la política soviética de precios, a la liquidación del papel regulador del Estado en el mercado y a la plena emancipación del elemento pequeñoburgués espontáneo. ¿A quién beneficiará eso?

Solo a las capas acomodadas de la ciudad y el campo, pues los productos industriales y agrícolas caros no pueden dejar de hacerse inaccesibles tanto para la clase obrera como para los pobres y las capas débiles del campo. Ganan los kulakos y los acomodados, los nepistas y demás clases adineradas.

Eso también será una alianza, pero una alianza peculiar, una alianza con las capas ricas del campo y de la ciudad. Los obreros y las capas débiles del campo tendrán pleno derecho a preguntarnos: ¿qué clase de poder somos, obrero-campesino o kulako-nepista?

Ruptura con la clase obrera y con las capas débiles del campo, alianza con las capas ricas del campo y de la ciudad —he ahí a lo que deben llevar la "normalización" bujarinista del mercado y la "maniobra" de los precios del grano por regiones.

Es evidente que el partido no puede tomar ese camino funesto.

Hasta qué punto se han confundido todos los conceptos de Bujarin sobre la NEP y hasta qué punto ha quedado preso del elemento pequeñoburgués espontáneo, —eso se ve, entre otras cosas, en la actitud más que negativa que muestra ante la cuestión de las nuevas formas de intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo, entre el Estado y el campesinado. Le indigna y clama contra el hecho de que el Estado se ha convertido en proveedor de mercancías para el campesinado y el campesinado se convierte en proveedor de grano para el Estado. Considera eso una violación de todas las normas de la NEP, casi una ruptura de la NEP. ¿Por qué, se pregunta, con qué fundamento?

¿Qué puede haber de malo en que el Estado, la industria estatal, sea proveedor de mercancías para el campesinado sin intermediarios, y el campesinado sea proveedor de grano para la industria, para el Estado también sin intermediarios?

¿Qué puede haber de malo desde el punto de vista del marxismo y de la política marxista en el hecho de que el campesinado ya se haya convertido en proveedor de algodón, remolacha, lino para las necesidades de la industria estatal, y la industria estatal se haya convertido en proveedora de mercancías urbanas, semillas e instrumentos de producción para esas ramas de la agricultura?

El método de contratación es aquí el método fundamental de establecer esas nuevas formas de intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo. ¿Pero acaso el método de contratación contradice los requisitos de la NEP?

¿Qué puede haber de malo en que el campesinado se convierta en proveedor del Estado también en la línea del grano, y no solo en la del algodón, la remolacha y el lino, gracias al mismo método de contratación?

¿Por qué el comercio en pequeños lotes, el comercio menudo, puede llamarse intercambio de mercancías, mientras que el comercio en grandes lotes por contratos establecidos de antemano (contratación) sobre los precios y la calidad de las mercancías no puede considerarse intercambio de mercancías?

¿No es evidente que esas nuevas formas masivas de intercambio de mercancías por el método de la contratación entre la ciudad y el campo han surgido precisamente sobre la base de la NEP, que representan el paso más grande adelante por parte de nuestras organizaciones en el sentido del fortalecimiento de la dirección planificada socialista de la economía nacional?

Bujarin ha perdido la capacidad de comprender esas cosas tan simples y comprensibles.

### e) Sobre la llamada "contribución"

El quinto error de Bujarin (hablo de sus errores principales) consiste en la distorsión oportunista de la línea del partido en la cuestión de las "tijeras" entre la ciudad y el campo, en la cuestión de la llamada "contribución".

¿De qué trata la conocida resolución de la sesión conjunta del Politburó y del Presidium de la CCC (febrero de 1929) sobre la cuestión de las "tijeras"? Se trata en ella de que, además de los impuestos habituales, directos e indirectos, que el campesinado paga al Estado, da también cierto superimpuesto en forma de sobrepagos en los productos industriales y de pagos insuficientes en la línea de los precios de los productos agrícolas.

¿Es cierto que ese superimpuesto pagado por el campesinado existe en realidad? Sí, es cierto. ¿Cómo se le llama entre nosotros de otro modo? Entre nosotros se le llama también "tijeras", "transferencia" de recursos de la agricultura a la industria con el fin de desarrollar rápidamente nuestra industria.

¿Es necesaria esa "transferencia"? Entre nosotros no hay divergencias en cuanto a que esa "transferencia", como medida temporal, es necesaria si de verdad queremos mantener el rápido ritmo de desarrollo de la industria. Y el rápido crecimiento de la industria debemos mantenerlo a toda costa, pues es necesario no solo para la propia industria, sino ante todo para la agricultura, para el campesinado, que más que nada necesita ahora tractores, máquinas agrícolas, fertilizantes.

¿Podemos liquidar ahora ese superimpuesto? Por desgracia, no podemos. Debemos liquidarlo a la primera oportunidad, en los próximos años. Pero ahora no podemos liquidarlo.

Pues bien, ese superimpuesto obtenido como resultado de las "tijeras" deja "algo así como una contribución". No una contribución, sino "algo así como una contribución". Es "algo así como una contribución" por nuestro atraso. Ese superimpuesto es necesario para impulsar el desarrollo de la industria y acabar con nuestro atraso.

¿Significa eso que, al tomar ese impuesto adicional, explotamos por ello al campesinado? No, no lo significa. La naturaleza del Poder Soviético no admite ninguna explotación del campesinado por parte del Estado. En los discursos de nuestros camaradas en el pleno de julio se dijo directamente que en las condiciones del régimen soviético la explotación del campesinado por el Estado socialista queda excluida, pues el crecimiento ininterrumpido del bienestar del campesinado trabajador es una ley del desarrollo de la sociedad soviética, y eso excluye toda posibilidad de explotación del campesinado.

¿Es soportable ese impuesto adicional para el campesinado? Sí, lo es. ¿Por qué?

Primero, porque la percepción de ese impuesto adicional se produce en las condiciones de una mejora ininterrumpida de la situación material del campesinado.

Segundo, porque el campesino tiene su propia hacienda, cuyos ingresos le dan la posibilidad de pagar el impuesto adicional, cosa que no puede decirse del obrero, que no tiene hacienda propia y que, a pesar de ello, entrega todas sus fuerzas al trabajo de la industrialización.

Tercero, porque el monto del impuesto adicional disminuye de año en año.

¿Procedemos correctamente al llamar a ese impuesto adicional con las palabras "algo así como una contribución"? Sin duda, correctamente. Con esas palabras se insufla en nuestros camaradas el carácter odioso e indeseable del impuesto adicional y la inadmisibilidad de su mantenimiento a largo plazo. Al llamar así al impuesto adicional sobre el campesinado, queremos decir que lo percibimos no por deseo, sino por necesidad, que nosotros, los bolcheviques, debemos tomar todas las medidas para liquidar ese impuesto adicional a la primera oportunidad, lo antes posible.

Tal es el fondo de la cuestión de las "tijeras", de la "transferencia", del "superimpuesto", de lo que en los documentos arriba mencionados se califica como "algo así como una contribución".

Bujarin, Rykov y Tomski intentaron reprochar la palabra "contribución" y empezaron a acusar al partido de la política de explotación militar y feudal del campesinado. Pero ahora incluso los ciegos ven que fue un intento deshonesto de los bujarinistas de calumniar groseramente a nuestro partido. Ahora incluso ellos mismos se ven obligados a reconocer tácitamente que con la cháchara sobre la explotación militar y feudal han fracasado estrepitosamente.

Pues una de dos:

o los bujarinistas reconocen la inevitabilidad en el momento actual de las "tijeras" y de la "transferencia" de recursos de la agricultura a la industria —y entonces deben reconocer el carácter calumnioso de sus acusaciones y la plena razón del partido;

o niegan la inevitabilidad en el momento actual de las "tijeras" y de la "transferencia", pero entonces que lo digan directamente para que el partido pueda clasificarles en la categoría de adversarios de la industrialización de nuestro país.

### f) Sobre el ritmo de desarrollo de la industria y las nuevas formas de alianza

Por último, la cuestión del ritmo de desarrollo de la industria y de las nuevas formas de alianza entre la ciudad y el campo. Esa cuestión es una de las más importantes de nuestras divergencias. Su importancia consiste en que en ella se concentran todos los hilos de nuestras divergencias prácticas sobre las cuestiones de política económica del partido.

¿Qué son las nuevas formas de alianza, qué significan desde el punto de vista de nuestra política económica? Significan, ante todo, que además de las viejas formas de alianza entre la ciudad y el campo, cuando la industria satisfacía principalmente las necesidades personales del campesino (telas de algodón, calzado, manufacturas en general, etc.), necesitamos también nuevas formas de alianza, en las que la industria satisfaga las necesidades productivas de la hacienda campesina (máquinas agrícolas, tractores, semillas mejoradas, fertilizantes, etc.).

Si antes satisfacíamos principalmente las necesidades personales del campesino, prestando poca atención a las necesidades productivas de su hacienda, ahora, continuando a satisfacer las necesidades personales del campesino, necesitamos concentrarnos plenamente en el abastecimiento de máquinas agrícolas, tractores, fertilizantes, etc., que tienen relación directa con la reconstrucción de la producción agrícola sobre una nueva base técnica.

Eso significa, en segundo lugar, que paralelamente con el rearme de nuestra industria debemos empezar a rearmar seriamente también la agricultura. Hemos rearmado y en parte ya hemos rearmado nuestra industria, poniéndole una nueva base técnica, dotándola de nuevas máquinas mejoradas, de nuevos cuadros mejorados. Construimos nuevas fábricas y plantas, reconstruimos y ampliamos las viejas, desarrollamos la metalurgia, la química, la construcción de maquinaria. Sobre esa base crecen las ciudades, se multiplican los nuevos puntos industriales, se amplían los viejos. Sobre esa base crece la demanda de productos alimenticios, de materias primas para la industria. Y la agricultura se queda con los viejos instrumentos, con los viejos métodos campesinos, ancestrales, de labranza de la tierra, con la vieja técnica primitiva, actualmente ya inútil o casi inútil, con las viejas formas campesinas individuales de pequeña explotación y trabajo.

¿Qué vale, por ejemplo, el hecho de que antes de la revolución tuviéramos unos 16 millones de hogares campesinos y ahora haya no menos de 25 millones? ¿De qué habla esto sino de que la agricultura toma un carácter cada vez más disperso, más fragmentado? Y el rasgo característico de las pequeñas haciendas dispersas consiste en que no pueden utilizar debidamente la técnica, las máquinas, los tractores, los datos de la ciencia agronómica, que son haciendas con escaso volumen de producción mercantil. De ahí la insuficiencia del volumen de producción mercantil de los productos agrícolas.

De ahí el peligro de ruptura entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura.

De ahí la necesidad de poner a la agricultura al nivel del ritmo de desarrollo de nuestra industria.

Y bien, para que no haya ese peligro de ruptura, hay que empezar a rearmar seriamente la agricultura sobre la base de la nueva técnica. Y para rearmarla, hay que ir reuniendo paulatinamente las haciendas individuales campesinas dispersas en grandes haciendas, en koljoses, hay que construir la agricultura sobre la base del trabajo colectivo, hay que ampliar los colectivos, hay que desarrollar los sovjoses viejos y los nuevos, hay que aplicar sistemáticamente las formas masivas de contratación a todas las ramas fundamentales de la agricultura, hay que desarrollar el sistema de estaciones de máquinas y tractores, que ayudan al campesinado a asimilar la nueva técnica y a colectivizar el trabajo; en una palabra, hay que transferir paulatinamente las pequeñas haciendas individuales campesinas a los rieles de la gran producción colectiva, pues solo la gran producción de tipo social es capaz de utilizar plenamente los datos de la ciencia y la nueva técnica y de impulsar a pasos de gigante el desarrollo de nuestra agricultura.

Eso no significa, naturalmente, que debamos abandonar la hacienda campesina individual de los pobres y los campesinos medios. No, no lo significa. La hacienda individual de los pobres y los campesinos medios en el abastecimiento de la industria de alimentos y materias primas desempeña y seguirá desempeñando en el futuro próximo un papel preponderante. Precisamente por eso es necesario apoyar la hacienda individual pobre y media todavía no integrada en los koljoses.

Pero eso significa que la hacienda campesina individual ya no es suficiente por sí sola. De ello hablan nuestras dificultades de requisas de granos. Por eso el desarrollo de la hacienda individual pobre y media hay que completarlo con el desarrollo a toda costa de las formas colectivas de hacienda y de los sovjoses.

Por eso hay que tender un puente entre la hacienda individual pobre y media y las formas colectivas sociales de hacienda en forma de contratación masiva, de estaciones de máquinas y tractores, de desarrollo a toda costa de la cooperación social, para facilitar a los campesinos la transición de su pequeña hacienda individual a los rieles del trabajo colectivo.

Sin esas condiciones es imposible el desarrollo serio de la agricultura. Sin esas condiciones es imposible resolver el problema cerealero. Sin esas condiciones es imposible libertar a las capas débiles del campesinado de la ruina, de la miseria.

Eso significa, por último, que hay que desarrollar a toda costa nuestra industria como fuente principal de alimentación de la producción agrícola en la línea de su reconstrucción, hay que desarrollar la metalurgia, la química, la construcción de maquinaria, construir fábricas de tractores, fábricas de máquinas agrícolas, etc.

No hace falta demostrar que es imposible desarrollar los koljoses, imposible desarrollar las estaciones de máquinas y tractores, sin incorporar a las masas fundamentales del campesinado a las formas colectivas de hacienda mediante la contratación masiva, sin abastecer la agricultura con suficiente cantidad de tractores, máquinas agrícolas, etc.

Pero abastecer el campo de máquinas y tractores es imposible sin desarrollar nuestra industria a ritmo acelerado. De ahí el rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria como clave para la reconstrucción de la agricultura sobre la base del colectivismo.

Tal es el sentido y el significado de las nuevas formas de alianza.

El grupo de Bujarin se ve obligado a reconocer verbalmente la necesidad de las nuevas formas de alianza. Pero ese es un reconocimiento verbal, calculado para que bajo la bandera del reconocimiento verbal de las nuevas formas de alianza se cuele algo directamente contrario. En realidad Bujarin está en contra de las nuevas formas de alianza. Para Bujarin el punto de partida no es el rápido ritmo de desarrollo de la industria como palanca de la reconstrucción de la producción agrícola, sino el desarrollo de la hacienda campesina individual. En primer plano tiene la "normalización" del mercado y la admisión del libre juego de los precios en el mercado de los productos agrícolas, la admisión de la plena libertad del comercio privado. De ahí su actitud de desconfianza hacia los koljoses, que se manifestó en su discurso en el pleno de julio del CC y en sus tesis antes del pleno de julio del CC. De ahí su actitud negativa hacia todas y cada una de las formas de medidas extraordinarias en la requisa de granos contra el kulakato.

Es sabido que Bujarin huye de las medidas extraordinarias como el diablo del incienso.

Es sabido que Bujarin aún no puede comprender que en las condiciones actuales el kulak no entregará suficiente cantidad de grano voluntariamente, de modo espontáneo.

Eso está demostrado ahora por dos años de experiencia en nuestras requisas.

¿Y qué hacer si falta grano mercantil? Bujarin responde a eso: no perturbe al kulak con medidas extraordinarias e importe grano del extranjero. Aún no hace mucho proponía importar grano del extranjero, unos 50 millones de puds, es decir, por unos 100 millones de rublos en divisas. ¿Y si se necesitan divisas para importar equipamiento para la industria? Bujarin responde a eso: hay que dar preferencia a la importación de grano del extranjero, relegando evidentemente a un segundo plano la importación de equipamiento para la industria.

Resulta, pues, que la base de la solución del problema cerealero y de la reconstrucción de la agricultura no es el rápido ritmo de desarrollo de la industria, sino el desarrollo de la hacienda campesina individual, incluida la hacienda kulaka, sobre la base del mercado libre y del libre juego de los precios en él.

Así pues, tenemos ante nosotros dos planes distintos de política económica.

Plan del partido:

1. Rearmamos la industria (reconstrucción).

2. Comenzamos a rearmar seriamente la agricultura (reconstrucción).

3. Para ello hay que ampliar la construcción de koljoses y sovjoses, la aplicación masiva de la contratación y de las estaciones de máquinas y tractores como medios para establecer la alianza productiva entre la industria y la agricultura.

4. En cuanto a las dificultades de las requisas de granos en el momento actual, es necesario reconocer la admisibilidad de medidas temporales extraordinarias, reforzadas por el apoyo social de las masas de los campesinos medios y pobres, como uno de los medios para quebrar la resistencia del kulakato y obtener de él el máximo de excedentes de grano, necesario para no tener que importar grano y conservar las divisas para el desarrollo de la industria.

5. La hacienda individual pobre y media desempeña y seguirá desempeñando un papel preponderante en el abastecimiento del país de alimentos y materias primas, pero ella sola ya no es suficiente; por eso hay que completar el desarrollo de la hacienda individual pobre y media con el desarrollo de los koljoses y sovjoses, la contratación masiva, el desarrollo acelerado de las estaciones de máquinas y tractores, para facilitar el desplazamiento de los elementos capitalistas de la agricultura y la gradual transferencia de las haciendas campesinas individuales a los rieles de las grandes haciendas colectivas, a los rieles del trabajo colectivo.

6. Pero para lograr todo eso, es necesario ante todo reforzar el desarrollo de la industria, la metalurgia, la química, la construcción de maquinaria, las fábricas de tractores, las fábricas de máquinas agrícolas, etc. Sin eso es imposible resolver el problema cerealero, así como es imposible la reconstrucción de la agricultura.

Conclusión: la clave de la reconstrucción de la agricultura es el rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria.

Plan de Bujarin:

1. "Normalización" del mercado, admisión del libre juego de los precios en el mercado y elevación de los precios del grano, aunque eso pueda llevar al encarecimiento de los productos industriales, de las materias primas, del grano.

2. Desarrollo a toda costa de la hacienda campesina individual con cierta reducción del ritmo de desarrollo de los koljoses y sovjoses (tesis de Bujarin en julio, discurso de Bujarin en el pleno de julio).

3. Requisas por la vía espontánea, excluyendo siempre y en todas las condiciones incluso la aplicación parcial de medidas extraordinarias contra el kulakato, aunque esas medidas sean apoyadas por las masas de los campesinos medios y pobres.

4. En caso de insuficiencia de grano, importación de grano por unos 100 millones de rublos.

5. Y si no hay divisas suficientes para cubrir tanto la importación de grano como la importación de equipamiento para la industria, hay que reducir la importación de equipamiento, y por tanto también el ritmo de desarrollo de nuestra industria, pues de lo contrario tendremos "pisadas en el mismo sitio" o incluso "caída directa hacia abajo" de la agricultura.

Conclusión: la clave de la reconstrucción de la agricultura es el desarrollo de la hacienda campesina individual.

¡He ahí cómo se presenta el asunto, camaradas!

El plan de Bujarin es un plan de reducción del ritmo de desarrollo de la industria y de socavamiento de las nuevas formas de alianza.

Tales son nuestras divergencias.

### g) Bujarin como teórico

Tales son en lo fundamental los principales errores del teórico de la oposición de derecha —Bujarin— en las cuestiones fundamentales de nuestra política.

Dicen que Bujarin es uno de los teóricos de nuestro partido. Eso es cierto, naturalmente. Pero el hecho es que con la teoría no le va todo bien. Eso se ve al menos en que ha acumulado todo un montón de errores sobre las cuestiones de la teoría y la política del partido, que acabo de caracterizar. No puede ser que esos errores, errores por la línea de la Internacional Comunista, errores sobre las cuestiones de la lucha de clases, del agudizamiento de la lucha de clases, del campesinado, de la NEP, de las nuevas formas de alianza, —no puede ser que todos esos errores hayan surgido en él casualmente. No, esos errores no son casuales. Esos errores de Bujarin provienen de su incorrecta orientación teórica, de sus deficiencias teóricas. Sí, Bujarin es teórico, pero no es un teórico plenamente marxista, es un teórico que todavía tiene que seguir aprendiendo para llegar a ser un teórico marxista.

Se hace referencia a la conocida carta del camarada Lenin sobre Bujarin como teórico. Leamos esa carta:

"De los miembros más jóvenes del CC —dice Lenin— quiero decir algunas palabras sobre Bujarin y Piatakov. Son, a mi juicio, las fuerzas más notables (entre las más jóvenes fuerzas), y en relación con ellas habría que tener presente lo siguiente: Bujarin no es solo el teórico más valioso y más importante del partido, sino que también es justamente considerado el favorito de todo el partido, pero sus concepciones teóricas con muy grandes dudas pueden atribuirse a concepciones plenamente marxistas; porque en él hay algo escolástico (él nunca aprendió, y creo que nunca entendió plenamente la dialéctica)." (Estenograma del pleno de julio de 1926, fasc. IV, pág. 66; el subrayado es mío. — I. St.).

Así pues, un teórico sin dialéctica. Un teórico-escolástico. Un teórico cuyas "concepciones teóricas con muy grandes dudas pueden atribuirse a concepciones plenamente marxistas".

Tal es la caracterización de la fisonomía teórica de Bujarin dada por Lenin.

Comprenderán ustedes, camaradas, que semejante teórico tiene que seguir aprendiendo. Y si Bujarin comprendiera que es un teórico todavía no plenamente formado, que necesita seguir aprendiendo, que es un teórico que aún no ha asimilado la dialéctica, siendo la dialéctica el alma del marxismo, —si lo comprendiera, sería más modesto, y el partido solo ganaría con ello. Pero el mal está en que Bujarin no adolece de modestia. El mal está en que no solo no adolece de modestia, sino que se permite incluso enseñar a nuestro maestro Lenin en toda una serie de cuestiones, y ante todo en la cuestión del Estado. He ahí el mal de Bujarin.

Permítanme referirme a propósito de ello a la conocida disputa teórica entre Lenin y Bujarin sobre la cuestión del Estado, que tuvo lugar en 1916. Eso nos es importante para poner al descubierto tanto las desmesuradas pretensiones de Bujarin, que aspira a enseñar a Lenin, como las raíces de sus debilidades teóricas en cuestiones tan importantes como la cuestión de la dictadura del proletariado, la lucha de clases, etc.

Como es sabido, en la revista "Internacional de la Juventud" apareció en 1916 un artículo de Bujarin, dirigido en esencia contra el camarada Lenin, bajo la firma Nota Bene. En ese artículo Bujarin escribe:

"...Es completamente erróneo buscar la diferencia entre socialistas y anarquistas en que los primeros son partidarios y los segundos adversarios del Estado. La diferencia consiste en realidad en que la socialdemocracia revolucionaria quiere organizar la nueva producción social como centralizada, es decir, técnicamente la más progresista, mientras que la producción anárquica descentralizada significaría solo un paso atrás hacia la vieja técnica, hacia la vieja forma de las empresas..."

"...Para la socialdemocracia, que es o al menos debe ser educadora de las masas, ahora más que nunca es necesario subrayar su hostilidad de principio hacia el Estado... La guerra actual ha mostrado hasta qué punto las raíces del estatismo han penetrado en las almas de los obreros."

Criticando esas opiniones de Bujarin, Lenin dice en el conocido artículo publicado en 1916:

"Esto es incorrecto. El autor plantea la cuestión de en qué se diferencian la actitud de los socialistas y la de los anarquistas ante el Estado, pero responde no a esta pregunta, sino a otra: en qué se diferencian sus actitudes ante la base económica de la sociedad futura. Es, naturalmente, una cuestión muy importante y necesaria. Pero de ello no se desprende que quepa olvidar lo principal de la diferencia de actitudes de los socialistas y los anarquistas ante el Estado. Los socialistas están a favor de la utilización del Estado moderno y de sus instituciones en la lucha por la emancipación de la clase obrera, así como de la necesidad de utilizar el Estado para la forma de transición especial del capitalismo al socialismo. Esa forma de transición, también ella un Estado, es la dictadura del proletariado. Los anarquistas quieren 'abolir' el Estado, 'hacerlo saltar' ('sprengen'), como expresa en un pasaje el camarada Nota Bene, atribuyendo erróneamente ese punto de vista a los socialistas. Los socialistas —el autor cita, por desgracia, de manera demasiado incompleta las palabras pertinentes de Engels— reconocen el 'marchitamiento', el gradual 'adormecimiento' del Estado después de la expropiación de la burguesía."

"Para 'subrayar' la 'hostilidad de principio' hacia el Estado, hay que comprenderla realmente con claridad, y el autor carece precisamente de esa claridad. Y la frase sobre 'las raíces del estatismo' está completamente confusa, no es marxista ni socialista. No fue 'el estatismo' el que chocó con la negación del estatismo, sino la política oportunista (es decir, la actitud oportunista, reformista, burguesa hacia el Estado) la que chocó con la política socialdemócrata revolucionaria (es decir, con la actitud revolucionaria socialdemócrata hacia el Estado burgués y hacia la utilización del Estado contra la burguesía para su derrocamiento). Son cosas completamente, completamente distintas." (vol. XIX, pág. 296).

Me parece claro en qué está el asunto y en qué charco semiananarquista cayó Bujarin.

Stén. Lenin no había formulado entonces en forma desarrollada la necesidad de "hacer saltar" el Estado. Bujarin, cometiendo errores anarquistas, se acercaba a la formulación de esa cuestión.

Stalin. No, no se trata ahora de eso; se trata de la actitud ante el Estado en general, se trata de que, según la opinión de Bujarin, la clase obrera debe ser hostil de principio a todo Estado, incluido el Estado de la clase obrera.

Stén. Lenin hablaba entonces solo de la utilización del Estado, sin decir nada en la crítica de Bujarin sobre "hacer saltar."

Stalin. Se equivoca usted: "hacer saltar" el Estado es una fórmula no marxista, sino anarquista. Me permito asegurarle que se trata de que los obreros deben subrayar, según la opinión de Bujarin (y de los anarquistas), su hostilidad de principio a todo Estado, por tanto también al Estado del período de transición, al Estado de la clase obrera.

Intenten explicar a nuestros obreros que la clase obrera debe imbuirse de hostilidad de principio hacia la dictadura proletaria, que también es un Estado.

La posición de Bujarin, expuesta en su artículo en "Internacional de la Juventud", es la posición de negación del Estado en el período de transición del capitalismo al socialismo.

Bujarin pasó por alto aquí una "pequeñez", a saber, pasó por alto todo el período de transición, cuando la clase obrera no puede prescindir de su propio Estado si de verdad quiere suprimir a la burguesía y construir el socialismo. Eso es, en primer lugar.

En segundo lugar, es incorrecto que el camarada Lenin no se refiriese entonces en su crítica a la teoría de "hacer saltar", "abolir" el Estado en general. Lenin no solo se refirió a esa teoría, como se ve por las citas que he aducido, sino que también la criticó como teoría anarquista, contraponiendo a ella la teoría de la creación y utilización del nuevo Estado después del derrocamiento de la burguesía, a saber, el Estado de la dictadura proletaria.

Por último, no hay que confundir la teoría anarquista de "hacer saltar" y "abolir" el Estado con la teoría marxista del "marchitamiento" del Estado proletario, o del "derrumbamiento", "destrucción" de la máquina estatal burguesa. Algunos tienden a confundir esos dos conceptos distintos, pensando que representan la expresión de un mismo pensamiento. Pero eso es incorrecto. Lenin partía precisamente de la teoría marxista del "derrumbamiento" de la máquina estatal burguesa y del "marchitamiento" del Estado proletario cuando criticaba la teoría anarquista de "hacer saltar" y "abolir" el Estado en general.

Quizá no sea superfluo si cito aquí, para mayor claridad, uno de los manuscritos del camarada Lenin sobre el Estado, escrito, por todo lo que puede verse, a finales de 1916 o comienzos de 1917 (antes de la revolución de febrero de 1917). De ese manuscrito se puede ver fácilmente que:

a) criticando los errores semianarquistas de Bujarin sobre la cuestión del Estado, Lenin partía de la teoría marxista del "marchitamiento" del Estado proletario y del "derrumbamiento" de la máquina estatal burguesa,

b) aunque Bujarin, en expresión de Lenin, "está más cerca de la verdad que Kautsky", no obstante "en lugar de exponer a los kautskianos, les ayuda con sus errores".

He aquí el texto de ese manuscrito:

"Grandísima importancia para la cuestión del Estado tiene la carta de Engels a Bebel del 18-28 de marzo de 1875.

He aquí el pasaje más importante íntegramente:

'...El Estado popular libre se ha convertido en Estado libre. Según el sentido gramatical de esas palabras, Estado libre es aquel en el que el Estado es libre respecto a sus ciudadanos, es decir, un Estado con gobierno despótico. Habría que abandonar toda la cháchara sobre el Estado, especialmente después de la Comuna, que ya no era un Estado en el sentido propio. Los anarquistas nos han clavado suficientemente en los dientes el "Estado del pueblo", aunque la obra de Marx contra Proudhon, y luego el "Manifiesto Comunista", dicen directamente que con la implantación del régimen social socialista el Estado se disuelve (sich auflöst) y desaparece. Puesto que el Estado es solo una institución transitoria de la que hay que servirse en la lucha, en la revolución, para suprimir violentamente a los adversarios, es pura insensatez hablar de Estado del pueblo libre: mientras el proletariado todavía necesita (el subrayado es de Engels) el Estado, lo necesita no en interés de la libertad, sino para suprimir a sus adversarios, y cuando se pueda hablar de libertad, entonces el Estado, como tal, dejará de existir. Propondríamos, pues, poner en todas partes en lugar de Estado (el subrayado es de Engels) la palabra: "comunidad" (Gemeinwesen), buen viejo vocablo alemán que corresponde a la palabra francesa "commune".'

Ese es quizá el pasaje más notable y, seguramente, el más categórico, por así decirlo, 'contra el Estado' en Marx y Engels.

(1) 'Hay que abandonar toda la cháchara sobre el Estado.'

(2) 'La Comuna ya no era un Estado en el sentido propio' (¿y qué era entonces? ¡una forma de transición del Estado al no-Estado, evidentemente!).

(3) Los anarquistas nos han clavado suficientemente en los dientes el 'Estado del pueblo' (Marx y Engels se avergonzaban de ese evidente error de sus amigos alemanes; — sin embargo lo consideraban, y razón tenían evidentemente dadas las circunstancias de la época, como un error incomparablemente menos importante que el error de los anarquistas. ¡Esto NB!).

(4) El Estado 'se disuelve ("se despide") (Nota Bene) y desaparece'... (cf. más adelante: 'se marchita') 'con la implantación del régimen social socialista.'...

(5) El Estado es una 'institución temporal', que es necesaria 'en la lucha, en la revolución'... (necesaria para el proletariado, naturalmente)...

(6) El Estado es necesario no para la libertad, sino para suprimir (Niederhaltung, que no es exactamente suprimir, sino retener de la restauración, mantener en la obediencia) a los adversarios del proletariado.

(7) Cuando haya libertad, no habrá Estado.

(8) 'Nosotros' (es decir, Engels y Marx) propondríamos 'en todas partes' (en el programa) decir en lugar de 'Estado', 'comunidad' (Gemeinwesen), 'comuna.'!!!

De ahí se ve cómo no solo los oportunistas, sino también Kautsky han corrompido y manchado a Marx y Engels.

¡Los oportunistas no comprendieron ninguno de esos 8 riquísimos pensamientos!

Tomaron solo la utilidad práctica del presente: utilizar la lucha política, utilizar el Estado moderno para la educación, instrucción del proletariado, para 'arrancar concesiones'. Eso es correcto (contra los anarquistas), pero es solo 1/100 del marxismo, si puede expresarse aritméticamente.

Kautsky oscureció completamente (¿olvidó? ¿o no comprendió?) en su trabajo de propaganda y publicística en general los puntos 1, 2, 5, 6, 7, 8 y el 'Zerbrechen' de Marx (en la polémica con Pannekœk en 1912 o 1913 (véase abajo, págs. 45-47) Kautsky cayó completamente en el oportunismo sobre esa cuestión).

De los anarquistas nos diferencia (α) la utilización del Estado ahora y (β) durante la revolución del proletariado ('dictadura del proletariado') — puntos de la máxima importancia para la práctica, inmediatamente. (¡Precisamente esos los olvidó Bujarin!)

De los oportunistas — verdades más profundas, 'más eternas' sobre (αα) el carácter 'temporal' del Estado, sobre (ββ) el perjuicio de la 'cháchara' sobre él ahora, sobre (γγ) el carácter no del todo estatal de la dictadura del proletariado, sobre (δδ) la contradicción entre el Estado y la libertad, sobre (εε) la idea (concepto, término programático) más correcta de la 'comunidad' en lugar del Estado, sobre (ζζ) el 'derrumbamiento' (Zerbrechen) de la máquina burocrático-militar."

A Bujarin se le escribió en agosto de 1916: "Deja madurar tus pensamientos sobre el Estado." Él, sin dejarlos madurar, se lanzó a la prensa como "Nota Bene" e hizo eso de tal modo que en lugar de exponer a los kautskianos, les ayudó con sus errores!! Y en el fondo Bujarin está más cerca de la verdad que Kautsky."

Tal es la breve historia de la disputa teórica sobre la cuestión del Estado.

Parecería que el asunto está claro: Bujarin cometió errores semianarquistas; —ya es hora de corregir esos errores e ir adelante por el camino de Lenin. Pero así solo pueden pensar los leninistas. Bujarin, resulta, no está de acuerdo con eso. Él afirma, al contrario, que no se equivocó él, sino Lenin, que no es él quien siguió o debe seguir el camino de Lenin, sino que, al contrario, Lenin se vio obligado a seguir el camino de Bujarin.

¿No les parece verosímil eso, camaradas? En ese caso, escuchen. Después de esas disputas, que tuvieron lugar en 1916, transcurridos 9 años, durante los cuales Bujarin guardó silencio, un año después de la muerte de Lenin, a saber en 1925, Bujarin publica en la colección "Revolución del Derecho" el artículo "Hacia la teoría del Estado imperialista", que en su momento la redacción del "Sbornik Sotsial-Demokrata" (es decir, Lenin) no aceptó para su publicación, en una nota al cual Bujarin declara directamente que en esa disputa no tenía razón Lenin, sino él, Bujarin. Eso puede parecer increíble, pero es un hecho, camaradas.

Escuchen el texto de esa nota:

"Contra el artículo en 'Internacional de la Juventud' hizo objeciones V. I. (es decir, Lenin) con una nota. Los lectores verán fácilmente que yo no tenía el error que se me atribuía, pues yo veía claramente la necesidad de la dictadura del proletariado; por otro lado, de la nota de Ilich se ve que entonces tenía una actitud incorrecta respecto a la tesis del 'hacer saltar' el Estado (naturalmente, el burgués), confundiendo esa cuestión con la del marchitamiento de la dictadura del proletariado (el subrayado es mío. — I. St.). Quizá yo debiera haber desarrollado entonces más el tema sobre la dictadura. Pero en mi defensa puedo decir que entonces había tal cantinela socialdemócrata generalizada de alabanza al Estado burgués que era natural concentrar toda la atención en la cuestión de hacer saltar esa máquina.

Cuando llegué de América a Rusia y vi a Nadezhda Konstantínovna (fue en nuestro ilegal VI Congreso, y en ese momento V. I. estaba escondido), sus primeras palabras fueron: 'V. I. me rogó que le transmitiera que en la cuestión del Estado no tiene ya divergencias con usted'. Ocupándose de la cuestión, Ilich llegó a las mismas conclusiones (el subrayado es mío. — I. St.) respecto a 'hacer saltar', pero desarrolló ese tema, y luego la doctrina sobre la dictadura, en tal medida que creó toda una época en el desarrollo del pensamiento teórico en esa dirección."

Así escribe sobre Lenin Bujarin un año después de la muerte de Lenin.

He ahí una muestra de la hipertrofiada pretenciosidad de un teórico insuficientemente formado.

Es perfectamente posible que Nadezhda Konstantínovna dijese en efecto a Bujarin lo que él escribe aquí. Pero ¿qué se desprende de ello? Solo una cosa: que Lenin tenía algunos fundamentos para pensar que Bujarin había renunciado o estaba dispuesto a renunciar a sus errores. Y nada más. Pero Bujarin lo calculó de otro modo. Decidió que a partir de ese momento el creador, o al menos el inspirador, de la teoría marxista del Estado debía considerarse no Lenin, sino él, es decir, Bujarin.

Hasta ahora nos considerábamos y seguimos considerándonos leninistas. Y ahora resulta que tanto Lenin como nosotros, sus discípulos, somos bujarinistas. Un poco, camaradas. Pero ¿qué se le va a hacer, cuando hay que habérselas con la pretenciosidad hinchada de Bujarin?

Podría pensarse que Bujarin se contradijo en su nota al artículo arriba mencionado, que dijo una estupidez y la olvidó después. Pero resulta que eso es incorrecto. Bujarin hablaba, al parecer, con toda seriedad. Eso se ve al menos en el hecho de que la declaración de Bujarin sobre los errores de Lenin y la razón de Bujarin, hecha en esa nota, fue publicada de nuevo recientemente, a saber en 1927, es decir, dos años después de la primera salida de Bujarin contra Lenin, en el ensayo biográfico de Maretski sobre Bujarin, sin que Bujarin pensara siquiera en protestar contra semejante... audacia de Maretski. Es evidente que la salida de Bujarin contra Lenin no puede considerarse casual.

Resulta, pues, que tiene razón Bujarin, y no Lenin, que el inspirador de la teoría marxista del Estado es no Lenin, sino Bujarin.

Tal es, camaradas, el cuadro de las desviaciones y las pretensiones teóricas de Bujarin.

Y este hombre tiene la audacia, después de todo eso, de decir aquí en su discurso que en la orientación teórica de nuestro partido "algo se ha corrompido", que en la orientación teórica de nuestro partido hay una desviación hacia el trotskismo.

¡Y eso lo dice el mismo Bujarin que comete (y cometió en el pasado) una serie de errores teóricos y prácticos grosísimos, que hace no mucho era alumno de Trotski, que ayer mismo buscaba un bloque con los trotskistas contra los leninistas y corría a verles por la puerta trasera!

¿No es ridículo eso, camaradas?

### h) El plan quinquenal o el plan bienal

Permítanme pasar ahora al discurso de Rykov. Si Bujarin intentaba dar fundamentación teórica a la desviación de derecha, Rykov trata en su discurso de poner bajo ese asunto una base de propuestas prácticas, asustándonos con los "horrores" de nuestras dificultades por la línea de la agricultura. Eso no significa que Rykov no abordase las cuestiones teóricas. No, las abordó. Pero al abordarlas, cometió al menos dos graves errores.

En su proyecto de resolución sobre el plan quinquenal, rechazado por la comisión del Politburó, Rykov dice que "la idea central del plan quinquenal consiste en el crecimiento de la productividad del trabajo popular". A pesar de que la comisión del Politburó rechazó esa orientación completamente incorrecta, Rykov la defendía aquí en su discurso.

¿Es cierto que la idea central del plan quinquenal en el país soviético es el crecimiento de la productividad del trabajo? No, es incorrecto. Nosotros no necesitamos cualquier crecimiento de la productividad del trabajo popular. Necesitamos un crecimiento determinado de la productividad del trabajo popular, a saber, un crecimiento que asegure la preponderancia sistemática del sector socialista de la economía nacional sobre el sector capitalista. Un plan quinquenal que olvida esa idea central no es un plan quinquenal, sino una idiotez quinquenal.

En el crecimiento de la productividad del trabajo en general está interesada cualquier sociedad, tanto la capitalista como la precapitalista. La diferencia de la sociedad soviética respecto a cualquier otra sociedad consiste precisamente en que no está interesada en cualquier crecimiento de la productividad del trabajo, sino en un crecimiento tal que asegure la preponderancia de las formas socialistas de la economía sobre otras formas y ante todo sobre las formas capitalistas de la economía, que asegure de ese modo la superación y el desplazamiento de las formas capitalistas de la economía. Y Rykov olvidó esa verdadera idea central del plan quinquenal de desarrollo de la sociedad soviética. Ese es su primer error teórico.

Su segundo error consiste en que no establece diferencia o no quiere comprender la diferencia, desde el punto de vista del intercambio de mercancías, entre, pongamos por caso, un koljós y cualquier hacienda individual, incluida la hacienda individual capitalista. Rykov asegura que desde el punto de vista del intercambio de mercancías en el mercado del grano, desde el punto de vista de la obtención de grano, no ve diferencia entre un koljós y un tenedor privado de grano; a él, por tanto, le da igual si compramos el grano a un koljós, a un tenedor privado o a algún acaparador argentino de grano. Eso es completamente incorrecto. Es la repetición de la conocida declaración de Frumkin, que aseguraba en cierto momento que para él era lo mismo dónde y a quién comprar el grano, si al privado o al koljós.

Esa es una forma enmascarada de defensa, rehabilitación, justificación de las maniobras kulakos en el mercado del grano. El hecho de que esa defensa se lleve desde el punto de vista del intercambio de mercancías, —ese hecho no cambia el asunto en cuanto a que sigue siendo una justificación de las maniobras kulakos en el mercado del grano. Si no hay diferencia desde el punto de vista del intercambio de mercancías entre las formas colectivas e individuales de la hacienda, ¿vale la pena entonces desarrollar los koljoses, vale la pena darles privilegios, vale la pena dedicarse a la difícil tarea de superar los elementos capitalistas en la agricultura? Es evidente que Rykov tomó una orientación incorrecta. Ese es su segundo error teórico.

Pero eso es de paso. Pasemos a las cuestiones prácticas planteadas en el discurso de Rykov.

Rykov afirmaba aquí que además del plan quinquenal se necesitaba otro plan paralelo, a saber, un plan bienal de desarrollo de la agricultura. Fundamentaba esa propuesta sobre el plan bienal paralelo con las dificultades en la agricultura. Decía: el plan quinquenal es un buen asunto y estoy a su favor, pero si al mismo tiempo damos un plan bienal de agricultura, será aún mejor; de lo contrario el asunto con la agricultura se empantanará.

A primera vista esa propuesta no parece tener nada malo. Pero si se mira bien el asunto, resulta que el plan bienal de agricultura fue pensado para subrayar el carácter irreal, de papel, del plan quinquenal. ¿Podíamos estar de acuerdo con eso? No podíamos. Le dijimos a Rykov: si no está satisfecho con el plan quinquenal en la línea de la agricultura, si considera insuficientes las asignaciones que el plan quinquenal da al desarrollo de la agricultura, diga directamente cuáles son sus propuestas adicionales, cuáles son sus inversiones adicionales, —estamos dispuestos a introducir en el plan quinquenal esas inversiones adicionales en la agricultura. ¿Y qué? Resultó que Rykov no tenía ninguna propuesta adicional sobre inversiones adicionales para la agricultura. Pregunta: ¿para qué sirve entonces el plan bienal paralelo de agricultura?

Le dijimos además: además del plan quinquenal hay también planes anuales, que son parte del plan quinquenal; proponga que introduzcamos en los planes anuales de los dos primeros años esas propuestas concretas adicionales en la línea de impulso de la agricultura que usted tiene, si es que las tiene. ¿Y qué? Resultó que Rykov no tiene semejantes planes concretos de asignaciones adicionales que proponer.

Comprendimos entonces que en la propuesta de Rykov sobre el plan bienal no se trata del impulso de la agricultura, sino del deseo de subrayar el carácter irreal, de papel, del plan quinquenal, del deseo de desacreditar el plan quinquenal. Para el "alma", para las apariencias, el plan quinquenal; para el trabajo, para la actividad práctica, el plan bienal, —tal fue la estrategia de Rykov. El plan bienal salió a la escena para luego, en el curso de la ejecución práctica del plan quinquenal, contraponerlo a la quinquenal, reconstruir la quinquenal y adaptarla al plan bienal, recortando y mutilando las asignaciones para el trabajo de la industria.

He ahí los razonamientos por los que rechazamos la propuesta de Rykov sobre el plan bienal paralelo.

### i) La cuestión de las áreas sembradas

Rykov asustaba aquí al partido, asegurando que las áreas sembradas en la URSS tienen tendencia a reducirse sistemáticamente. Con ello hacía gestos en dirección al partido, insinuando que la responsabilidad de la reducción de las áreas sembradas la tenía la política del partido. No decía directamente que el asunto marcha hacia la degradación de la agricultura. Pero la impresión de su discurso es tal que tenemos algo parecido a una degradación.

¿Es cierto que las áreas sembradas tienen tendencia a la reducción sistemática? No, es incorrecto. Rykov manejaba aquí cifras medias sobre las áreas sembradas en el país. Pero el método de las cifras medias, no corregido por los datos de los distintos distritos, no puede considerarse un método científico.

Quizá Rykov leyó alguna vez "El desarrollo del capitalismo en Rusia" de Lenin. Si lo leyó, debe recordar cómo Lenin fustiga allí a los economistas burgueses que utilizan el método de las cifras medias sobre el crecimiento de las áreas sembradas e ignoran los datos por distritos. Es extraño que Rykov repita ahora los errores de los economistas burgueses. Y bien, si se considera el movimiento de las áreas sembradas por distritos, es decir, si se aborda el asunto científicamente, resulta que en unos distritos las áreas sembradas crecen sistemáticamente, en otros, disminuyen a veces, en función principalmente de las condiciones meteorológicas, sin que haya datos que indiquen que tenemos en algún lugar, aunque sea en uno de los importantes distritos cerealeros, una reducción sistemática de las áreas sembradas.

En efecto, las áreas sembradas en los distritos afectados por heladas o sequía, por ejemplo en algunas regiones de Ucrania, han mostrado una reducción en los últimos tiempos...

Una voz. No toda Ucrania.

Shlíjter. En Ucrania las áreas sembradas han crecido un 2,7%.

Stalin. Me refiero a la franja esteparia de Ucrania. En cambio en otros distritos, por ejemplo en Siberia, en la región del Volga, en Kazajistán, en Bashkiria, no afectados por condiciones climáticas desfavorables, las áreas sembradas crecen sistemáticamente.

¿Cómo explicar que en unos distritos las áreas sembradas crecen sistemáticamente y en otros, a veces, se reducen? Pues no puede afirmarse en serio que la política del partido en Ucrania sea una y en el Este o en el Centro de la URSS, otra. Eso sería un absurdo, camaradas. Es evidente que las condiciones climáticas tienen aquí una importancia nada despreciable.

Es cierto que los kulakos reducen las áreas sembradas, independientemente de las condiciones climáticas. En eso quizá sea "culpable" la política del partido, que consiste en apoyar a las masas pobres y medias contra el kulakato. Pero ¿qué se desprende de ello? ¿Acaso alguna vez nos hemos comprometido a llevar una política que pudiera satisfacer a todos los grupos sociales del campo, incluidos los kulakos? Y en general, ¿podemos llevar una política que satisfaga tanto a los explotadores como a los explotados, si en absoluto queremos llevar una política marxista? ¿Qué tiene de particular que, como resultado de nuestra política leninista, calculada para limitar y superar los elementos capitalistas en el campo, los kulakos empiecen a reducir parcialmente sus siembras? ¿Puede ser de otro modo?

Quizá esa política sea incorrecta, —dígannoslo directamente. ¿No es extraño que personas que se llaman marxistas intenten presentar con miedo la reducción parcial de siembras por parte de los kulakos como reducción de las áreas sembradas en general, olvidando que, además de los kulakos, existen también los pobres y los campesinos medios, cuyas siembras se amplían, olvidando que existen los koljoses y los sovjoses, cuyas siembras crecen a ritmo acelerado?

Por último, otra incorrección más en el discurso de Rykov sobre la cuestión de las áreas sembradas. Rykov se quejaba aquí de que en algunos lugares, a saber en los lugares de mayor desarrollo de los koljoses, el terreno individual de los pobres y campesinos medios comienza a reducirse. Eso es cierto. ¿Pero qué tiene de malo? ¿Y cómo puede ser de otro modo? Si las haciendas pobres y medias empiezan a abandonar el terreno individual y pasan a la hacienda colectiva, ¿no es evidente que la ampliación y multiplicación de los koljoses debe acarrear la reducción del terreno individual pobre y medio? ¿Cómo esperan que sea?

Actualmente los koljoses tienen algo más de dos millones de hectáreas de tierra. Al final del plan quinquenal los koljoses tendrán más de 25 millones de hectáreas. ¿A expensas de quién crece aquí el terreno de los koljoses? A expensas del terreno individual pobre y medio. ¿Y cómo esperan que sea? ¿Cómo de otro modo transferir las haciendas individuales pobres y medias a los rieles de la hacienda colectiva? ¿No es evidente que el terreno de los koljoses crecerá en toda una serie de distritos a expensas del terreno individual?

Es extraño que las personas no quieran comprender esas cosas tan simples.

### j) Sobre las requisas de granos

Sobre nuestras dificultades con el grano se han dicho aquí muchas historias increíbles. Pero los momentos principales de nuestras dificultades coyunturales con el grano se han pasado por alto.

Se olvidó ante todo que este año hemos cosechado de centeno y trigo —me refiero a la recolección bruta— unos 500-600 millones de puds menos que el año pasado. ¿Podía eso no repercutir en nuestras requisas de granos? Claro que no podía no repercutir.

¿Quizá la política del CC es responsable de ello? No, la política del CC no tiene nada que ver. Se explica por la seria mala cosecha en la franja esteparia de Ucrania (heladas y sequía) y por la mala cosecha parcial en el Cáucaso del Norte, en la región Central de las Tierras Negras, en la región del Noroeste.

Principalmente eso explica que el año pasado al 1 de abril hubiéramos requisado en Ucrania (centeno y trigo) 200 millones de puds, y este año solo 26-27 millones de puds.

Eso mismo hay que explicar la caída de las requisas de trigo y centeno en la región Central de las Tierras Negras en casi 8 veces y en el Cáucaso del Norte en 4 veces.

Las requisas de granos en el Este crecieron este año en algunos distritos casi el doble. Pero no pudieron compensar, y naturalmente no compensaron, la insuficiencia de grano que teníamos en Ucrania, en el Cáucaso del Norte y en la región Central de las Tierras Negras.

No hay que olvidar que con cosechas normales Ucrania y el Cáucaso del Norte abastecen alrededor de la mitad de todo el grano requisado en la URSS.

Es extraño que Rykov pasara esa circunstancia por alto.

Por último, la segunda circunstancia, que representa el momento principal de nuestras dificultades coyunturales de requisas de granos. Me refiero a la resistencia de los elementos kulakos del campo a la política del Poder Soviético en las requisas de granos. Rykov eludió esa circunstancia. Pero eludir ese momento significa eludir lo principal en el asunto de las requisas. ¿Qué nos dice la experiencia de los dos últimos años en las requisas? Nos dice que las capas acomodadas del campo, que tienen en sus manos considerables excedentes de grano y juegan en el mercado del grano un papel serio, no quieren darnos voluntariamente la cantidad necesaria de grano a los precios establecidos por el Poder Soviético. Necesitamos para el abastecimiento de grano de las ciudades y los puntos industriales, del Ejército Rojo y de los distritos de cultivos técnicos unos 500 millones de puds de grano anuales. En la vía espontánea logramos requisar unos 300-350 millones de puds. Los restantes 150 millones de puds hay que tomarlos a través de la presión organizada sobre las capas kulakos y acomodadas del campo. He ahí lo que nos dice la experiencia de las requisas de los dos últimos años.

¿Qué ocurrió durante esos dos años, de dónde vienen esos cambios, por qué antes ayudaba la vía espontánea y ahora ha resultado insuficiente? Ocurrió que los elementos kulakos y acomodados han crecido durante esos años, la serie de años de buenas cosechas no pasó para ellos en vano, han consolidado su economía, han acumulado un pequeño capital y ahora pueden maniobrar en el mercado, reteniendo para sí los excedentes de grano en espera de precios altos y girando sobre otros cultivos.

El grano no puede considerarse una mercancía ordinaria. El grano no es algodón, que no se puede comer y no se puede vender a cualquiera. A diferencia del algodón, el grano en nuestras condiciones actuales es una mercancía que todo el mundo coge y sin la cual no se puede existir. El kulak lo tiene en cuenta, y lo retiene, contagiando con ello a los tenedores de grano en general. El kulak sabe que el grano es la divisa de divisas. El kulak sabe que los excedentes de grano son no solo un medio de su enriquecimiento, sino también un medio de esclavizar a los pobres. Los excedentes de grano en manos del kulak en las condiciones actuales son un medio de fortalecimiento económico y político de los elementos kulakos. Por eso, al tomar esos excedentes a los kulakos, no solo facilitamos el abastecimiento de grano de las ciudades y el Ejército Rojo, sino que también minamos el medio de fortalecimiento económico y político del kulakato.

¿Qué hay que hacer para obtener esos excedentes de grano? Hay que liquidar ante todo la psicología de la vía espontánea como algo perjudicial y peligroso. Hay que organizar las requisas de granos. Hay que movilizar a las masas pobres y medias contra el kulakato y organizar su apoyo social a las medidas del Poder Soviético para el reforzamiento de las requisas de granos. El significado del método ural-siberiano de requisas de granos, llevado a cabo según el principio de la autoimposición, consiste precisamente en que da la posibilidad de movilizar las capas trabajadoras del campo contra el kulakato para el reforzamiento de las requisas de granos. La experiencia ha demostrado que ese método nos da resultados positivos. La experiencia ha demostrado que esos resultados positivos los obtenemos en dos direcciones: primero, sustraemos los excedentes de granos de las capas acomodadas del campo, facilitando con ello el abastecimiento del país; segundo, movilizamos en ese trabajo a las masas pobres y medias contra el kulakato, les educamos políticamente y organizamos de ellas nuestro poderoso ejército político de millones de hombres en el campo. Algunos camaradas no tienen en cuenta esa última circunstancia. Y sin embargo es precisamente ella uno de los importantes, si no el más importante resultado del método ural-siberiano de requisas de granos.

Es verdad que ese método se combina a veces con la aplicación de medidas extraordinarias contra el kulakato, lo que provoca los cómicos gritos de Bujarin y Rykov. ¿Y qué tiene de malo? ¿Por qué no se pueden aplicar a veces, en ciertas condiciones, medidas extraordinarias contra nuestro enemigo de clase, contra el kulakato? ¿Por qué se puede arrestar por centenares a los especuladores en las ciudades y enviarlos a Turujansk, y no se puede tomar a los kulakos, que especulan con el grano e intentan agarrar por el cuello al Poder Soviético y esclavizar a los pobres, sus excedentes de grano en la vía de la compulsión pública a los precios a que los pobres y los campesinos medios dan el grano a nuestras organizaciones de requisas? ¿De dónde se desprende eso? ¿Acaso nuestro partido se ha pronunciado alguna vez en principio contra la aplicación de medidas extraordinarias respecto a los especuladores y el kulakato? ¿Acaso no tenemos una ley contra los especuladores?

Rykov y Bujarin están, evidentemente, en principio contra cualquier aplicación de medidas extraordinarias respecto al kulakato. Pero eso es una política burguesa liberal, y no una política marxista. Ustedes no pueden ignorar que Lenin después de la introducción de la nueva política económica se pronunciaba incluso por la vuelta a la política de los comités de pobres, naturalmente en ciertas condiciones. Y ¿qué es la aplicación parcial de medidas extraordinarias contra los kulakos? Es ni siquiera una gota en el mar en comparación con la política de los comités de pobres.

Los partidarios del grupo de Bujarin esperan convencer al enemigo de clase de que renuncie voluntariamente a sus intereses y nos entregue voluntariamente sus excedentes de grano. Esperan que el kulak, que ha crecido, que especula, que tiene la posibilidad de compensarse con otros cultivos y esconde sus excedentes de grano, —esperan que ese mismo kulak nos dé voluntariamente sus excedentes de grano a nuestros precios de requisa. ¿Acaso se han vuelto locos? ¿No es evidente que no comprenden el mecanismo de la lucha de clases, que no saben qué son las clases?

¿Y saben acaso cómo se burlan los kulakos de nuestros trabajadores y del Poder Soviético en las asambleas rurales organizadas para el reforzamiento de las requisas de granos? ¿Conocen acaso tales hechos, cuando nuestro agitador, por ejemplo en Kazajistán, convenció durante dos horas a los tenedores de grano de que entregaran el grano para el abastecimiento del país, y el kulak salió con la pipa en la boca y le respondió: "Pues baila un poco, muchacho, y entonces te daré un par de puds de grano."

Voces. ¡Canallas!

Stalin. Conviénzanlos a esas personas. Sí, camaradas, la clase es la clase. No hay cómo escapar de esa verdad. El método ural-siberiano es bueno precisamente porque facilita la posibilidad de levantar a las capas pobres y medias contra los kulakos, facilita la posibilidad de quebrar la resistencia de los kulakos y les obliga a entregar los excedentes de grano a los órganos del Poder Soviético.

Ahora la palabra más de moda en las filas del grupo de Bujarin es la palabra "excesos" en las requisas de granos. Esa palabra representa entre ellos la mercancía más demandada, pues les ayuda a enmascarar su línea oportunista. Cuando quieren enmascarar su línea, suelen decir: estamos, naturalmente, a favor de la presión sobre los kulakos, pero estamos contra los excesos que se permiten en ese campo y que rozan al campesino medio. Después vienen los relatos sobre los "horrores" de esos excesos, se leen cartas de "campesinos", se leen cartas de pánico de camaradas como Markov, y luego se saca la conclusión: hay que cancelar la política de presión sobre el kulakato.

Pues mire usted: dado que hay excesos en la realización de la política correcta, resulta que hay que cancelar esa misma política correcta. Ese es el procedimiento habitual de los oportunistas: a base de los excesos en la realización de la línea correcta, cancelar esa línea y reemplazarla por la línea oportunista. Con ello los partidarios del grupo de Bujarin guardan cuidadosamente silencio sobre la existencia de otro tipo de excesos, más peligrosos y más perjudiciales, a saber, los excesos en el sentido de la fusión con el kulakato, en el sentido de la adaptación a las capas acomodadas del campo, en el sentido de la sustitución de la política revolucionaria del partido por la política oportunista de los desviacionistas de derecha.

Naturalmente, todos estamos contra esos excesos. Todos estamos contra que los golpes dirigidos contra los kulakos rocen a los campesinos medios. Eso está claro y no puede haber ninguna duda al respecto. Pero estamos decididamente contra que la cháchara sobre los excesos, practicada diligentemente por el grupo de Bujarin, liquide la política revolucionaria de nuestro partido y la sustituya por la política oportunista del grupo de Bujarin. No, ese truco no les saldrá.

Citen aunque sea una sola medida política del partido que no fuera acompañada de tal o cual exceso. De ello se desprende que hay que luchar contra los excesos. Pero ¿puede acaso, sobre esa base, criticar la propia línea, que es la única línea correcta?

Tomemos una medida como la instauración de la jornada laboral de 7 horas. No puede haber ninguna duda de que esa medida es una de las más revolucionarias que lleva a cabo últimamente nuestro partido. ¿Quién no sabe que esa medida, revolucionaria en su esencia profunda, va acompañada entre nosotros a cada paso de toda una serie de excesos, a veces los más repugnantes? ¿Significa eso que debemos cancelar la política de instauración de la jornada laboral de 7 horas?

¿Comprenden los partidarios de la oposición bujarinista en qué charco se meten al jugar con los excesos en las requisas de granos?

### k) Sobre las reservas de divisas y la importación de grano

Por último, unas palabras sobre la importación de grano y las reservas de divisas. Ya dije que Rykov y sus amigos más próximos plantearon varias veces la cuestión de la importación de grano del extranjero. Rykov hablaba al principio de la necesidad de importar 80-100 millones de puds de grano. Eso supondría unos 200 millones de rublos en divisas. Luego planteó la cuestión de la importación de 50 millones de puds, es decir, por unos 100 millones de rublos en divisas. Ese asunto lo rechazamos, decidiendo que era mejor presionar al kulak y exprimirle los excedentes de grano, que no son pocos, que gastar las divisas reservadas para importar equipamiento para nuestra industria.

Ahora Rykov cambia de frente. Ahora asegura que los capitalistas nos dan grano a crédito, y nosotros supuestamente no queremos tomarlo. Dijo que por sus manos habían pasado varios telegramas de los que se desprende que los capitalistas quieren darnos grano a crédito. Con ello presentaba el asunto como si hubiera entre nosotros personas que no quieren tomar el grano a crédito, sea por capricho, sea por otras razones incomprensibles.

Todo eso son tonterías, camaradas. Sería ridículo pensar que los capitalistas de Occidente de repente se apiadaron de nosotros y quisieran darnos varios decenas de millones de puds de grano casi regalado o a crédito a largo plazo. Eso son tonterías, camaradas.

¿De qué se trata entonces? Se trata de que distintos grupos capitalistas nos están sondeando, sondeando nuestras posibilidades financieras, nuestra solvencia, nuestra firmeza, desde hace ya medio año. Se dirigen a nuestros representantes comerciales en París, en Checoslovaquia, en América, en Argentina, y nos ofrecen vender grano a crédito a muy corto plazo, unos tres meses o, a lo sumo, unos seis meses. No buscan tanto vender grano a crédito como averiguar si nuestra situación es realmente difícil, si nuestras posibilidades financieras están realmente agotadas, si estamos en pie con firmeza desde el punto de vista financiero y si picamos en el anzuelo que nos tienden.

Ahora en el mundo capitalista hay grandes disputas sobre nuestras posibilidades financieras. Unos dicen que ya somos unos bancarroteros y que la caída del Poder Soviético es cuestión de meses, si no de semanas. Otros dicen que eso es falso, que el Poder Soviético está firmemente asentado, que tiene posibilidades financieras y que le sobra el grano.

Actualmente la tarea consiste en que manifestemos la debida firmeza y resistencia, no cedamos a las mentirosas promesas sobre el abastecimiento de grano a crédito y demostremos al mundo capitalista que podemos prescindir de la importación de grano. No es solo mi opinión. Es la opinión de la mayoría del Politburó.

Sobre esa base decidimos rechazar la propuesta de distintos filántropos, como Nansen, sobre la importación de grano a la URSS a crédito por valor de 1 millón de dólares.

Por esa misma base dimos respuesta negativa a todos esos exploradores del mundo capitalista en París, en América, en Checoslovaquia, que nos ofrecían pequeñas cantidades de grano a crédito.

Por esa misma base decidimos manifestar el máximo ahorro en el gasto de grano, el máximo de organización en las requisas de granos.

Perseguíamos aquí dos objetivos: por un lado, prescindir de la importación de grano y conservar las divisas para la importación de equipamiento; por otro lado, demostrar a todos nuestros enemigos que estamos firmemente en pie y no pensamos ceder a las promesas de limosnas.

¿Era correcta esa política? Creo que era la única política correcta. Era correcta no solo porque abrimos aquí, dentro de nuestro país, nuevas posibilidades de obtención de grano. Era correcta también porque, al prescindir de la importación de grano y rechazar a los exploradores del mundo capitalista, fortalecimos nuestra posición internacional, elevamos nuestra solvencia y desbaratamos la cháchara sobre la "inminente ruina" del Poder Soviético.

En los últimos días hemos tenido algunas negociaciones preliminares con representantes de los capitalistas alemanes. Prometen darnos un crédito de 500 millones, y el asunto tiene el aspecto de que consideran de verdad necesario darnos ese crédito para asegurarse pedidos soviéticos para su industria.

En los últimos días recibimos la visita de la delegación inglesa de los conservadores, que también considera necesario constatar la solidez del Poder Soviético y la conveniencia de concedernos créditos para asegurarse pedidos industriales soviéticos.

Creo que no habríamos tenido esas nuevas posibilidades de obtención de créditos, primero de los alemanes y luego de un grupo de capitalistas ingleses, si no hubiéramos manifestado la firmeza necesaria de la que hablé antes.

Así pues, no se trata de que rechacemos por capricho el supuesto grano en el supuesto crédito a largo plazo. Se trata de descifrar el rostro de nuestros enemigos, de descifrar sus deseos reales y manifestar la firmeza necesaria para la consolidación de nuestra posición internacional.

He ahí por qué rechazamos, camaradas, la importación de grano.

Como ven, la cuestión de la importación de grano no es tan sencilla como Rykov la presentaba. La cuestión de la importación de grano es una cuestión de nuestra posición internacional.

## V. Cuestiones de dirección del partido

Así hemos repasado todas las cuestiones principales de nuestras divergencias tanto en el terreno de la teoría como en el de la política de la Internacional Comunista y de la política interior de nuestro partido. De lo dicho se ve que la declaración de Rykov sobre la existencia de una línea única no corresponde a la realidad. De lo dicho se ve que en la práctica tenemos dos líneas. Una línea es la línea general del partido, la línea revolucionaria leninista de nuestro partido. La otra línea es la línea del grupo de Bujarin. Esa segunda línea no está aún del todo formada, en parte porque en las filas del grupo de Bujarin hay una confusión inimaginable de opiniones, en parte porque ella, esa segunda línea, siendo débil por su peso específico en el partido, intenta enmascararse de una u otra manera. Pero esa línea existe de todas formas, como ven, y existe como línea distinta de la línea del partido, como línea que se contrapone a la línea general del partido en casi todas las cuestiones de nuestra política. Esa segunda línea es la línea de la desviación de derecha.

Pasemos ahora a las cuestiones de dirección del partido.

### a) Sobre la fraccionalidad del grupo de Bujarin

Bujarin decía que entre nosotros no hay oposición en el partido, que el grupo de Bujarin no representa una oposición. Eso es falso, camaradas. De las discusiones en el pleno se puso de manifiesto con plena evidencia que en el grupo de Bujarin tenemos una nueva oposición. El trabajo oposicionista de ese grupo consiste en que intenta revisar la línea del partido, intenta reconsiderar la línea del partido y prepara el terreno para sustituirla, la línea del partido, por otra línea, la línea de la oposición, que no puede ser otra cosa que la línea de la desviación de derecha.

Bujarin decía que el trío no representa un grupo fraccional. Eso es falso, camaradas. El grupo de Bujarin contiene todos los elementos de fraccionalidad. Aquí hay plataforma, aquí hay hermetismo fraccional, aquí hay política de dimisiones, aquí hay lucha organizada contra el CC. ¿Qué más se necesita? ¿Para qué ocultar la verdad sobre la fraccionalidad del grupo de Bujarin cuando es evidente por sí misma? Para eso se ha reunido el pleno del CC y de la CCC, para decir aquí toda la verdad sobre nuestras divergencias. Y la verdad consiste en que el grupo de Bujarin es un grupo fraccional. Y no es simplemente un grupo fraccional, sino que yo diría que es el más desagradable y el más mezquino de todos los grupos fraccionales que hemos tenido en el partido.

Eso se ve al menos en que intenta ahora utilizar con fines fraccionales algo tan insignificante como los disturbios en Adzharia. En efecto, ¿qué representa ese llamado "levantamiento" en Adzharia en comparación con levantamientos como el de Kronstadt? Creo que en comparación con ese levantamiento el llamado "levantamiento" en Adzharia no representa ni una gota en el mar. ¿Hubo casos en que los trotskistas o los zinovievistas intentasen usar ese serio levantamiento en Kronstadt contra el CC, contra el partido? Hay que reconocer, camaradas, que esos casos no se dieron. Al contrario, los grupos de oposición que había en nuestro partido en el período de ese serio levantamiento ayudaban al partido a aplastarlo, sin atreverse a usarlo contra el partido.

¿Y cómo actúa ahora el grupo de Bujarin? Ya han tenido ocasión de ver que intenta usar contra el partido ese levantamiento microscópico en Adzharia de la manera más mezquina y más indecorosa. ¿Qué es eso sino el grado extremo de ceguera fraccional y de empequeñecimiento fraccional?

Se nos exige, al parecer, que entre nosotros no haya casos de disturbios en las fronteras que lindan con los Estados capitalistas. Se nos exige, evidentemente, una política tal que satisfaga a todas las clases de nuestra sociedad, tanto a los ricos como a los pobres, tanto a los obreros como a los capitalistas. Se nos exige, evidentemente, que entre nosotros no haya elementos descontentos. ¿Se han vuelto locos esos camaradas del grupo de Bujarin?

¿Cómo se nos puede exigir a nosotros, los hombres de la dictadura proletaria, que libramos la batalla con el mundo capitalista tanto dentro como fuera de nuestro país, que entre nosotros no haya descontentos en el país y que no haya a veces casos de disturbios en algunas fronteras que lindan con los estados que nos son hostiles? ¿Para qué existe entonces el cerco capitalista, si no para que el capital internacional haga todos los esfuerzos por organizar en nosotros, en los distritos fronterizos, acciones de los elementos descontentos de nuestro país contra el Poder Soviético? ¿Quién, fuera de los vacuos liberales, puede formularnos semejantes exigencias? ¿No es evidente que la mezquindad fraccional puede llevar a veces a las personas a la ceguera y la estrechez liberales?

### b) Sobre la lealtad y la dirección colectiva

Rykov aseguraba aquí que Bujarin es uno de los miembros más "irreprochables" y "leales" del partido en relación con el CC de nuestro partido.

Permítanme dudarlo. No podemos creer a Rykov de palabra. Exigimos hechos. Y Rykov no tiene hechos.

Tomen, por ejemplo, un hecho como las negociaciones entre bastidores de Bujarin con el grupo de Kamenev, vinculado a los trotskistas, negociaciones para organizar un bloque fraccional, para cambiar la política del CC, para cambiar la composición del Politburó, para utilizar la crisis de las requisas de granos como medio de presión contra el CC. Pregunta: ¿dónde está aquí la "lealtad", la "irreprochabilidad" de Bujarin respecto a su CC?

¿No es eso, al contrario, una violación de cualquier lealtad por parte de uno de los miembros del Politburó respecto a su CC, respecto a su partido? Si a eso se le llama lealtad respecto al CC, ¿cómo se llama entonces la traición a su CC?

A Bujarin le gusta hablar de lealtad, de honestidad, pero ¿por qué no intenta mirarse a sí mismo y preguntarse: ¿no viola acaso de la manera más deshonesta los requisitos elementales de la lealtad respecto a su CC, llevando negociaciones entre bastidores con los trotskistas contra su CC y traicionando de ese modo a su CC?

Bujarin hablaba aquí de la ausencia de dirección colectiva en el CC del partido, asegurándonos que los requisitos de la dirección colectiva son violados por la mayoría del Politburó del CC.

Naturalmente, nuestro pleno lo aguanta todo. Puede aguantar también esa declaración desvergonzada e hipócrita de Bujarin. Pero hay que haber perdido verdaderamente el sentido de la vergüenza para tener la audacia de salir ante el pleno en ese espíritu contra la mayoría del CC.

En efecto, ¿de qué dirección colectiva puede haber aquí hablar, si la mayoría del CC, uncida al carro del Estado, lo arrastra hacia adelante con la tensión de todas sus fuerzas, pidiendo al grupo de Bujarin que le ayude en ese difícil trabajo, y el grupo de Bujarin no solo no ayuda a su CC, sino que al contrario, le estorba en todo, le mete palos en las ruedas, amenaza con dimitir y se conchaba con los enemigos del partido, con los trotskistas, contra el CC de nuestro partido?

¿Quién, fuera de los hipócritas, puede negar que Bujarin, que organiza un bloque con los trotskistas contra el partido y traiciona a su CC, no quiere y no aplicará la dirección colectiva en el Comité Central de nuestro partido?

¿Quién, fuera de los ciegos, puede no ver que si Bujarin charla de todas formas sobre la dirección colectiva en el CC, señalando contra la mayoría del CC, lo hace para enmascarar así su posición traidora?

Hay que señalar que Bujarin no es la primera vez que viola los requisitos elementales de la lealtad y la dirección colectiva respecto al CC del partido. La historia de nuestro partido conoce ejemplos de cómo Bujarin en el período de la paz de Brest, con Lenin, quedando en minoría sobre la cuestión de la paz, corría a ver a los eseristas de izquierda, a los enemigos de nuestro partido, llevaba con ellos negociaciones entre bastidores, intentaba concluir con ellos un bloque contra Lenin y el CC. De qué trataba entonces con los eseristas de izquierda, —desgraciadamente aún lo ignoramos. Pero sabemos que los eseristas de izquierda tenían entonces la intención de arrestar a Lenin y llevar a cabo un golpe de Estado antisovético... Pero lo más sorprendente es que, corriendo a ver a los eseristas de izquierda y conspirando con ellos contra el CC, Bujarin seguía gritando, igual que ahora, sobre la necesidad de la dirección colectiva.

La historia de nuestro partido conoce además ejemplos de cómo Bujarin, con Lenin, teniendo mayoría en la Oficina Regional de Moscú de nuestro partido y contando con un grupo de "comunistas de izquierda", llamaba a todos los miembros del partido a que expresaran su desconfianza al CC del partido, se negaran a subordinarse a él y plantearan la cuestión de la escisión en nuestro partido. Eso ocurrió en el período de la paz de Brest, después de que el CC ya hubiera adoptado su resolución sobre la necesidad de aceptar las condiciones de la paz de Brest.

Tales son la lealtad y la dirección colectiva de Bujarin.

Rykov hablaba aquí de la necesidad del trabajo colegiado. Con ello apuntaba hacia la mayoría del Politburó, señalando que él y sus amigos más próximos están a favor del trabajo colegiado, y la mayoría del Politburó, por tanto, —en contra del trabajo colegiado. Con ello Rykov no adujo ni un solo hecho en confirmación de su declaración.

Para desenmascarar esa fábula de Rykov, permítanme aducir algunos hechos, algunos ejemplos, que indican cómo Rykov realiza el trabajo colegiado.

Primer ejemplo. Conocen la historia de la exportación de oro a América. Muchos de ustedes piensan quizá que el oro fue exportado a América por resolución del Consejo de Comisarios del Pueblo, o del CC, o con el consentimiento del CC, o con el conocimiento del CC. Pero eso es incorrecto, camaradas. El CC y el Consejo de Comisarios del Pueblo no tienen ninguna relación con ese asunto. Tenemos una resolución según la cual el oro no puede ser exportado sin la sanción del CC. Sin embargo esa resolución fue violada. ¿Quién autorizó entonces su exportación? Resulta que el oro fue exportado con el permiso de uno de los adjuntos de Rykov con el conocimiento y la venia de Rykov.

¿Es eso trabajo colegiado? Segundo ejemplo. Se trata de las negociaciones con uno de los grandes bancos privados de América, cuya propiedad fue nacionalizada después del golpe de Octubre y que exige ahora el resarcimiento de los perjuicios. El CC supo que con ese banco se llevaban negociaciones por un representante de nuestro Gosbank sobre las condiciones del resarcimiento de sus pérdidas.

La cuestión del resarcimiento de las reclamaciones privadas es, como saben, una de las más serias, que guarda relación directa con nuestra política exterior. Podría parecer que esas negociaciones se llevaban con el permiso del Consejo de Comisarios del Pueblo o del CC. Sin embargo eso es incorrecto, camaradas. El CC y el Consejo de Comisarios del Pueblo no tienen ninguna relación con ese asunto. Posteriormente, al saber de esas negociaciones, el CC resolvió interrumpirlas. Pero pregunta: ¿quién sancionó esas negociaciones? Resulta que las sancionó uno de los adjuntos de Rykov con el conocimiento y la venia de Rykov.

¿Es eso trabajo colegiado?

Tercer ejemplo. Se trata del abastecimiento de máquinas agrícolas a los kulakos y a los campesinos medios. Se trata de que el EKOSO de la RSFSR, donde preside uno de los adjuntos de Rykov para la RSFSR, resolvió disminuir el abastecimiento de máquinas agrícolas a los campesinos medios y aumentar el abastecimiento de máquinas a las capas superiores del campo, es decir, a los kulakos. He aquí el texto de esa resolución antipartidista y antisovética del EKOSO de la RSFSR:

"Para la RSSA de Kazajistán y la RSSA de Bashkiria, el territorio de Siberia y el del Bajo Volga, las regiones del Volga Medio y los Urales, los porcentajes indicados en el presente punto para la venta de máquinas e instrumentos agrícolas se elevan para las capas superiores del campo hasta el 20%, y para las capas medias se rebajan hasta el 30%."

Pues mire usted: el EKOSO de la RSFSR, en el período de la ofensiva reforzada del partido contra los kulakos y de la organización de las masas de los pobres y campesinos medios contra el kulakato, adopta una resolución sobre la reducción de la norma de abastecimiento de máquinas a los campesinos medios y la elevación de la norma de abastecimiento a las capas superiores del campo.

¡Y a eso se le llama política leninista y comunista!

Posteriormente el CC, al enterarse de ese caso, canceló la resolución del EKOSO. Pero ¿quién sancionó esa resolución antisovética? La sancionó uno de los adjuntos de Rykov con el conocimiento y la venia de Rykov. ¿Es eso trabajo colegiado? Creo que hay bastantes ejemplos para mostrar cómo Rykov y sus adjuntos realizan el trabajo colegiado.

### c) Sobre la lucha contra la desviación de derecha

Bujarin hablaba aquí del "fusilamiento civil" de tres miembros del Politburó, que están siendo "procesados", según sus palabras, por las organizaciones de nuestro partido. Decía que el partido ha sometido a tres miembros del Politburó, Bujarin, Rykov y Tomski, a un "fusilamiento civil", criticando sus errores en la prensa y en las asambleas, mientras que ellos, esos tres miembros del Politburó, se veían "obligados" a guardar silencio.

Todo eso son tonterías, camaradas. Son las falsas palabras de un comunista liberalizante que intenta aflojar el partido en su lucha contra la desviación de derecha. En la lógica de Bujarin resulta que si él y sus amigos se han enredado en errores de desviación de derecha, el partido no tiene derecho a denunciar esos errores, el partido debe interrumpir la lucha contra la desviación de derecha y esperar el momento en que a Bujarin y sus amigos les plazca renunciar a sus errores.

¿No pide demasiado de nosotros Bujarin? ¿No piensa que el partido existe para él, y no él para el partido? ¿Y quién le obliga a guardar silencio, a permanecer en estado de reposo, cuando todo el partido está movilizado contra la desviación de derecha y lanza ataques decisivos contra las dificultades? ¿Por qué no podría él, Bujarin, y sus amigos más próximos salir ahora y llevar la lucha decisiva contra la desviación de derecha y la conciliación con ella? ¿Acaso puede alguien dudar de que el partido recibiría bien a Bujarin y sus amigos más próximos si se decidieran a dar ese paso, no tan difícil después de todo? ¿Por qué no se deciden a dar ese paso, en el fondo obligatorio para ellos? ¿No es porque ponen los intereses de su grupo por encima de los intereses del partido y de su línea general? ¿Quién tiene la culpa de que en la lucha contra la desviación de derecha Bujarin, Rykov y Tomski se hayan quedado en la retaguardia? ¿No es evidente que las lamentaciones sobre el "fusilamiento civil" de tres miembros del Politburó son un intento mal enmascarado de tres miembros del Politburó de obligar al partido a callar y cesar la lucha contra la desviación de derecha?

La lucha contra la desviación de derecha no puede ser considerada como tarea secundaria de nuestro partido. La lucha contra la desviación de derecha es una de las tareas decisivas de nuestro partido. Si en nuestro propio seno, en nuestro propio partido, en el Estado Mayor político del proletariado que dirige el movimiento y lleva adelante al proletariado, —si en ese mismo Estado Mayor admitimos la libre existencia y el libre funcionamiento de los desviacionistas de derecha, que intentan desmovilizar al partido, descomponer a la clase obrera, adaptar nuestra política a los gustos de la burguesía "soviética" y sucumbir de ese modo ante las dificultades de nuestra construcción socialista, —si admitimos todo eso, ¿qué significará? ¿No significará que estamos dispuestos a frenar la revolución, a descomponer nuestra construcción socialista, a huir de las dificultades, a ceder posiciones a los elementos capitalistas?

¿Comprende el grupo de Bujarin que renunciar a la lucha contra la desviación de derecha significa traicionar a la clase obrera, traicionar la revolución?

¿Comprende el grupo de Bujarin que sin superar la desviación de derecha y la conciliación con ella es imposible superar las dificultades que se nos plantean, y que sin superar esas dificultades es imposible lograr éxitos decisivos de la construcción socialista?

¿Qué valen, después de todo eso, las lamentables palabras sobre el "fusilamiento civil" de tres miembros del Politburó?

No, camaradas, con la cháchara liberal sobre el "fusilamiento civil" no van a asustar los bujarinistas al partido. El partido les exige la lucha decisiva contra la desviación de derecha y la conciliación con ella en las mismas filas con todos los miembros del CC de nuestro partido. El partido se lo exige al grupo de Bujarin para facilitar la obra de movilización de la clase obrera, quebrar la resistencia de los enemigos de clase y organizar la superación decidida de las dificultades de nuestra construcción socialista.

O los bujarinistas cumplen esa exigencia del partido, y entonces el partido les recibirá bien, o no lo hacen, —pero entonces que se culpen a sí mismos.

## VI. Conclusiones

Paso a las conclusiones. Presento las siguientes propuestas:

1) Hay que, ante todo, condenar las opiniones del grupo de Bujarin. Hay que condenar las opiniones de ese grupo, expuestas en sus declaraciones y en los discursos de sus representantes, reconociendo que esas opiniones son incompatibles con la línea del partido y que coinciden plenamente con la posición de la desviación de derecha.

2) Hay que condenar las negociaciones entre bastidores de Bujarin con el grupo de Kamenev como la expresión más nítida de la deslealtad y fraccionalidad del grupo de Bujarin.

3) Hay que condenar la política de dimisiones practicada por Bujarin y Tomski como violación burda de los requisitos elementales de la disciplina del partido.

4) Hay que apartar a Bujarin y Tomski de los puestos que ocupan, advirtiéndoles que en caso del menor intento de incumplimiento de las resoluciones del CC, el CC se verá obligado a excluirles del Politburó.

5) Hay que tomar medidas para que en los discursos de cada uno de los miembros y candidatos del Politburó en las asambleas no se admita ninguna desviación de la línea del partido, de las resoluciones del CC y sus órganos.

6) Hay que tomar medidas para que en los órganos de prensa, tanto los del partido como los soviéticos, tanto en los periódicos como en las revistas, se realicen plenamente la línea del partido y las resoluciones de sus órganos dirigentes.

7) Hay que establecer medidas especiales, llegando hasta la expulsión del CC y del partido, contra aquellos que intenten violar la secretaría de las resoluciones del partido, de su CC, de su Politburó.

8) Hay que distribuir la resolución del pleno conjunto del CC y de la CCC sobre las cuestiones intrapartidistas a todas las organizaciones locales del partido y a los miembros de la XVI Conferencia, sin publicarla de momento en la prensa.

Tal es, a mi juicio, la salida de la situación.

Algunos camaradas insisten en la expulsión inmediata de Bujarin y Tomski del Politburó del CC. No estoy de acuerdo con esos camaradas. En mi opinión, actualmente se puede prescindir de esa medida extrema.

Se publica por primera vez en su integridad.