Copia al camarada Kolotílov, secretario del Buró Regional del C.C. de la región de Ivánovo- Voznesensk. Camarada Kon: He recibido el suelto de la camarada Rússova acerca del folleto de la camarada Mikúlina (“La emulación de las masas”). Mis observaciones al particular: 1) La nota crítica de la camarada Rússova produce la impresión de ser demasiado unilateral y apasionada. Admito que la hiladora Bárdina no exista y que en Zariadie no haya hilandería. Admito también que en la fábrica de Zariadie “se hace limpieza semanalmente”. Puede admitirse asimismo que la camarada Mikúlina, inducida acaso al error por alguno de sus informantes, haya incurrido en varias inexactitudes graves, cosa que, claro, está mal y es imperdonable. Pero ¿acaso lo importante es eso? ¿Acaso el valor del folleto se mide por algunas cuestiones de detalle, y no por su orientación general? El camarada Shólojov, famoso escritor de nuestros tiempos, incurrió, en “El Don apacible”, en varios errores de bulto y dijo cosas completamente inexactas acerca de Sirtsov, Podtiólkov, Krivoshlíkov, etc.; pero, ¿se deduce, acaso, de ello que “El Don apacible” sea una obra sin ningún valor digna de ser retirada de la venta?

¿Cuál es el mérito del folleto de la camarada Mikúlina? Que populariza la idea de la emulación y contagia al lector el espíritu de la emulación. Ahí está lo esencial, y no en ciertos errores de detalle. 2) Es posible que, influidos por mi prólogo al folleto de la camarada Mikúlina, los críticos esperasen de él demasiado, algo extraordinario, y ahora, al sentirse defraudados, hayan decidido castigar a la autora. Pero eso no es correcto ni justo. Claro que el folleto de la camarada Mikúlina no es una obra científica. Es un relato acerca de la emulación de las masas, de la emulación en la práctica. Nada más. La camarada Mikúlina no tiene la culpa de que el prólogo mío anticipase una impresión desmesurada de su trabajo, que, en realidad, es un folleto muy modesto. No se debe castigar por ello ni a la autora ni a los lectores, retirando el folleto de la venta. Esto únicamente puede hacerse con una obra de orientación antisoviética, con una obra antipartido, antiproletaria.

Y en el folleto de la camarada Mikúlina no hay nada contra el Partido y que no sea soviético. 3) Irrita sobre todo a la camarada Rússova que la camarada Mikúlina “haya inducido a error al camarada Stalin”. No se puede por menos de estimar la preocupación que por el camarada Stalin manifiesta en este caso la camarada Rússova. Pero me parece que no es necesaria. Primero, que no es tan fácil “inducir a error al camarada Stalin”. Segundo, que no me arrepiento lo más mínimo de haber escrito el prólogo de un folleto insignificante de una persona desconocida en el mundo literario, pues opino que el folleto de la camarada Mikúlina, con todos sus errores de detalle, puede que de bulto, será muy útil para las masas obreras. Tercero, que me manifiesto enérgicamente en contra de escribir prólogos sólo para los folletos y libros de los “grandes dignatarios” de la literatura, para los “nombres” literarios, para los “consagrados”, etc. Me parece que es ya hora de que abandonemos esa señorial costumbre de presentar a los “grandes dignatarios” de la literatura, que no necesitan presentación, y cuya “grandeza” hace gemir a nuestros jóvenes literatos, por nadie conocidos y de todos olvidados.

Hay cientos y miles de jóvenes capaces, que ponen todas sus energías en abrirse paso y quieren subir para hacer su aporte al tesoro general de nuestra edificación. Pero sus intentos son a menudo infructuosos, pues constantemente los acallan la presunción de los “nombres” literarios, el burocratismo, la insensibilidad de ciertas organizaciones nuestras y, finalmente, la envidia (que no ha pasado aún a la emulación) de sus coetáneos de ambos sexos. Una de nuestras tareas consiste en abrir brecha en ese recio muro para dar salida a las fuerzas jóvenes, que son legión. Mi prólogo a un folleto insignificante de una autora desconocida en el mundo literario es una tentativa en el cumplimiento de esta tarea. Y en adelante seguiré prologando solamente los folletos sencillos y nada sensacionales de jóvenes autores sencillos y desconocidos. Es posible que este proceder no agrade a ciertos admiradores de las figuras consagradas, pero ¿qué le vamos a hacer? No me atraen en absoluto los admiradores de las figuras consagradas...

4) Opino que los camaradas de Ivánovo- Voznesensk deberían llamar a la camarada Mikúlina a su ciudad y “tirarle de las orejas” por los errores cometidos. No soy, ni mucho menos, contrario a que se critique bien en la prensa los errores de la camarada Mikúlina. Pero me manifiesto enérgicamente en contra de que se hunda y se niegue a esta escritora, capaz sin duda alguna. En cuanto a eso de retirar de la venta el folleto de la camarada Mikúlina, a mi entender se debería dejar “sin consecuencias” esta absurda idea. Con saludos comunistas J. Stalin. 9 de julio de 1929.

Se publica por primera vez.