I. Preguntas de los sverdlovistas. 1. En las tesis que acerca de la táctica del P.C.(b) de Rusia se aprobaron en el III Congreso de la Internacional Comunista, Lenin decía que en la Rusia Soviética había dos clases fundamentales. Actualmente hablamos de la liquidación de los kulaks y de la nueva burguesía como clase. ¿Significa esto que durante la Nep se haya formado en nuestro país una tercera clase? 2. En su intervención ante el Congreso de los especialistas agrarios marxistas dijo usted: “Si mantenemos la Nep, es porque sirve a la causa del socialismo. Y cuando deje de cumplir esta misión, la mandaremos al diablo”. ¿Cómo entender eso de “mandarla al diablo” y de qué modo ocurrirá? 3. ¿Cómo deberá el Partido, a medida que obtenga éxitos decisivos en la colectivización y en la liquidación de los kulaks como clase, modificar la consigna que ahora determina las relaciones entre el proletariado y las distintas capas del campesinado: “Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin renunciar ni un instante a la lucha contra los kulaks y apoyándose firmemente sólo en los campesinos pobres” (Lenin)? 4. ¿Mediante qué métodos debe realizarse la liquidación de los kulaks como clase? 5.

¿No conducirá la realización simultánea de las dos consignas, una para las zonas de colectivización total -liquidación del kulak como clase- y otra para las zonas donde no hay colectivización total - restricción y desplazamiento del kulak-, a que en estas últimas zonas el kulak se autoelimine (dilapide los bienes y los medios de producción)? 6. ¿Qué influencia pueden tener en la duración de la “tregua” la liquidación de los kulaks como clase y la agudización de la lucha de clases en nuestro país, y la crisis económica y el ascenso de la oleada revolucionaria en los países capitalistas? 7. ¿Qué opina usted de la posibilidad de que el ascenso revolucionario existente ahora en los países capitalistas se convierta en una situación directamente revolucionaria? 8. ¿Cómo hay que valorar los nuevos cambios operados en el seno de la clase obrera, expresados en el acuerdo de talleres enteros de ingresar en el Partido, desde el punto de vista de las futuras relaciones entre el Partido y la clase obrera? 9. Atendida la enorme magnitud del movimiento koljósiano, pasa al orden del día el problema de ampliar las organizaciones del Partido en el campo. ¿Cuál debe ser nuestra política en cuanto a los límites de esa ampliación y al ingreso en el Partido de distintos grupos de koljósianos? 10. ¿Qué opina usted de las controversias mantenidas por los economistas en torno a importantísimos problemas de la Economía política?

II. Respuestas del camarada Stalin. A la primera pregunta. Lenin hablaba de dos clases fundamentales. Pero conocía, claro es, la existencia de una tercera, de la clase capitalista (kulaks y burguesía capitalista urbana). Naturalmente, los kulaks y la burguesía capitalista urbana no se “formaron” como clase sólo después de la implantación de la Nep. Existían también antes de la Nep, como clase secundaria. En las primeras fases de desarrollo, la Nep facilitó en cierto modo el crecimiento de esta clase, pero todavía ayudó más a crecer al sector socialista. El paso del Partido a la ofensiva en todo el frente cambia radicalmente el problema, en el sentido de quebrantar y suprimir la clase de los capitalistas rurales y, en parte, urbanos. En honor a la exactitud, se debe observar que el Partido no ha dado la indicación de extender la consigna de la liquidación de los kulaks como clase a la nueva burguesía urbana. Hay que advertir la diferencia entre los nepmanes, privados hace ya mucho, en lo fundamental, de base de producción y carentes, por ello, de peso apreciable en nuestra vida económica, y los kulaks, que hasta no hace mucho tenían un enorme peso económico en el campo y a quienes sólo ahora desposeemos de su base de producción. Me parece que algunas de nuestras organizaciones olvidan esa diferencia y cometen un error al tratar de “complementar” la consigna de liquidación de los kulaks como clase con la consigna de liquidación de la burguesía urbana. A la segunda pregunta. La frase en cuestión de mi discurso en el Congreso de los especialistas agrarios marxistas debe comprenderse en el sentido de que “mandaremos la Nep al diablo” cuando ya no sea necesario conceder cierta libertad al comercio privado, cuando esa libertad no dé sino resultados negativos, cuando estemos en condiciones de ordenar las relaciones económicas entre la ciudad y el campo a través de organismos comerciales nuestros, sin comercio privado con su giro privado y con su tolerancia de cierta reanimación del capitalismo. A la tercera pregunta. Se comprende que, conforme la colectivización vaya abarcando a la mayoría de las zonas de la U.R.S.S., los kulaks irán siendo liquidados; quiere decir que irá perdiendo valor esta parte de la fórmula de Ilich. Respecto de los campesinos medios y pobres en los koljóses, a medida que se proporcione a éstos máquinas y tractores, se fundirán en un destacamento único de trabajadores del campo colectivizado. De esta manera, en el futuro deberán desaparecer de nuestras consignas los conceptos de “campesino medio” y “campesino pobre”. A la cuarta pregunta. El método fundamental para la liquidación de los kulaks como clase es el de la colectivización en masa. Todas las demás medidas deben ser supeditadas a este método fundamental. Debe rechazarse todo cuanto se contradiga con él o le reste importancia. A la quinta pregunta. No hay que presentar las consignas de “liquidación de los kulaks como clase” y de “restricción de los kulaks” como dos consignas independientes y de igual valor.

Desde el paso a la política de liquidación de los kulaks como clase, ésta es la principal, mientras que la limitación de los kulaks en las zonas donde no hay colectivización total ha dejado de ser consigna independiente para convertirse en secundaria, en auxiliar con relación a la principal, en consigna que facilita en esas últimas zonas la preparación de las condiciones para el paso a la consigna principal. La situación de la consigna de “restricción de los kulaks”, como veis, ha cambiado radicalmente en las nuevas condiciones actuales, si la comparamos con la situación que ocupaba hace un año y antes. Debe observarse que algunos órganos de nuestra prensa no tienen, lamentablemente, en cuenta esta particularidad. Es posible y probable que, en las zonas donde no ha llegado la colectivización total, haya algunos kulaks que, antes de verse deskulakizados, se “autoeliminen”, “dilapiden los bienes y los medios de producción”. Eso hay que combatirlo, naturalmente. Pero de ello no se desprende en modo alguno que debamos permitir la deskulakización desligada de la colectivización, como medida independiente que pueda realizarse antes de la colectivización, sin ella. Permitirlo supondría suplantar la política de colectivización, en los koljóses, de los bienes confiscados a los kulaks por la política de reparto de esos bienes para el enriquecimiento personal de algunos campesinos. Ello sería un paso atrás, y no adelante.

Contra la “dilapidación” de los bienes de los kulaks no hay más que un recurso: acentuar el trabajo de colectivización en las zonas donde no se ha llegado a la colectivización total. A la sexta pregunta. Los medios y las condiciones que vosotros enumeráis pueden reducir bastante el plazo de la “tregua”, pero deben fortalecer y multiplicar indudablemente nuestros medios de defensa. Depende mucho de la situación internacional, del desarrollo de las contradicciones en el campo del capitalismo internacional, del avance de la crisis económica internacional. Pero eso es otra cosa. A la séptima pregunta. No se puede trazar una frontera infranqueable entre el “ascenso revolucionario” y la “situación directamente revolucionaria”. No se puede decir: “hasta esta raya hay ascenso revolucionario y más allá viene un salto a la situación directamente revolucionaria”. Sólo los escolásticos pueden plantear así el problema. Por lo general, lo primero se convierte “imperceptiblemente” en lo segundo. La tarea consiste en preparar ya ahora al proletariado para combates revolucionarios decisivos, sin esperar el momento en que “llegue” la llamada situación directamente revolucionaria. A la octava pregunta. El deseo de talleres enteros, e incluso de fábricas, de ingresar en el Partido es un indicio del grandioso entusiasmo revolucionario de las vastas masas de la clase obrera, un indicio de que la política del Partido es acertada, indicio de que las amplias masas de la clase obrera la aprueban públicamente.

Pero de ello no se deduce, ni mucho menos, que debamos admitir en el Partido a cuantos deseen ingresar en él. En los talleres y fábricas hay gentes de toda clase, incluso saboteadores. Por eso, el Partido debe mantener en vigor el probado método del criterio individual hacia cuantos soliciten el ingreso y de admisión individual en el Partido. No sólo necesitamos cantidad, sino también calidad. A la novena pregunta. Se comprende que las filas del Partido en los koljóses crecerán con más o menos rapidez. Sería de desear que los elementos del movimiento koljósiano más curtidos en la lucha contra los kulaks, sobre todo de los que fueron braceros y campesinos pobres, encontrasen aplicación a sus energías en el seno del Partido. Y se comprende que el criterio individual y la admisión individual deben aplicarse aquí con particular firmeza. A la décima pregunta. Me parece que en las controversias de los economistas hay mucho de escolástico y artificial. Si se prescinde de la paja, los principales errores de las partes en discusión consisten en lo siguiente: a) ninguna de las partes ha sabido aplicar debidamente el método de la lucha en los dos frentes: tanto contra el “rubinismo” como contra el “mecanicismo”; b) ambas partes han dado de lado los problemas

cardinales de la economía soviética y del imperialismo mundial, han caído en abstracciones talmudizadas, perdiendo así dos años de trabajo en temas abstractos, con la consiguiente satisfacción y provecho de nuestros enemigos. Con saludos comunistas, J. Stalin. 9 de febrero de 1930.

Publicado el 10 de febrero de 1930 en el núm. 40 de “Pravda”.