Por la prensa se sabe que el artículo de Stalin “Los éxitos se nos suben a la cabeza”*. Y la conocida disposición del Comité Central “Sobre la lucha contra las deformaciones de la línea del Partido en el movimiento koljósiano” han tenido amplia repercusión entre los trabajadores prácticos de este movimiento. A este propósito, he recibido últimamente bastantes cartas de camaradas koljósianos pidiendo contestación a las preguntas que en ellas me hacen. Mi deber hubiera sido contestarlas particularmente. Pero eso era imposible, pues más de la mitad de las cartas vienen sin las señas del remitente (se olvidaron de indicar la dirección). De otra parte, las preguntas formuladas en estas cartas tienen un interés político inmenso para todos nuestros camaradas. También es evidente que yo no podía dejar sin respuesta a los camaradas que se olvidaron de indicar sus señas. Por todas estas razones, me veo en la necesidad de contestar públicamente, es decir, en la prensa, a las cartas de los camaradas koljósianos, tomando de ellas todas las preguntas importantes al particular. He seguido este procedimiento de tanto mejor grado por cuanto que haya este propósito una disposición precisa del Comité Central.

Primera pregunta. ¿Cuál es la raíz de los errores que se cometen en la cuestión campesina? Respuesta. La equivocada actitud ante el campesino medio. El admitir la violencia en las relaciones económicas con el campesino medio. El olvido de que la ligazón económica con las masas de campesinos medios no debe basarse en medidas de violencia, sino en el acuerdo con ellos, en la alianza con ellos. El olvido de que, en el momento actual, la base del movimiento koljósíano es la alianza de la clase obrera y de los campesinos pobres con los campesinos medios, contra el capitalismo en general, y contra los kulaks en particular. Mientras la ofensiva se libraba contra los kulaks en frente único con los campesinos medios, todo iba bien. Pero cuando algunos de nuestros camaradas, embriagados por los éxitos, comenzaron a deslizarse insensiblemente de la senda de la ofensiva contra los kulaks a la senda de la lucha contra el campesino medio, y cuando, en su celo por conseguir un elevado

* Véase el presente tomo. (*. de la Red.) porcentaje de colectivización, comenzaron a aplicar medidas de violencia contra el campesino medio, privándole de derechos electorales, “deskulakizándolo” y expropiándolo, la ofensiva empezó a deformarse, el frente único con el campesino medio empezó a quebrantarse, y, como es natural, el kulak pudo hacer intentos de volver a ponerse en pie. Se olvidó que la violencia, necesaria y beneficiosa en la lucha contra nuestros enemigos de clase, es inadmisible y funesta cuando se aplica al campesino medio, que es nuestro aliado. Se olvidó que las cargas de caballería, necesarias y beneficiosas para resolver problemas de carácter militar, son inútiles y funestas para resolver los problemas de la organización de los koljóses, tanto más que esa organización se hace en alianza con los campesinos medios. Ahí está la raíz de los errores cometidos en la cuestión campesina. He aquí lo que dice Lenin refiriéndose a las relaciones económicas con el campesino medio: “Debemos, ante todo, basarnos en la verdad de que en este problema no es posible, por la misma naturaleza del asunto, conseguir nada con los métodos de la violencia.

La tarea económica se plantea aquí de un modo completamente distinto. Aquí no hay esa cúspide que es posible derribar dejando en pie todos los cimientos, todo el edificio. Aquí no existe esa cúspide que eran los capitalistas de la ciudad. Actuar por la violencia significa, en este caso, echarlo todo a perder... No hay nada más necio que la idea misma de la violencia en lo que se refiere a las relaciones económicas del campesino medio” (t. XXIV, pág. 168). Y además: “La violencia para con el campesino medio es perjudicial en grado sumo. Se trata de una capa social numerosísima, de muchos millones de personas. Ni siquiera en Europa, donde jamás ha alcanzado el campesino medio tanta fuerza, donde se hallan desarrolladas en proporciones gigantescas la técnica y la cultura, la vida urbana y los ferrocarriles, y donde hubiera sido mucho más fácil pensar en esto, nadie, ni uno solo de los socialistas más revolucionarios ha llegado jamás a proponer la aplicación de medidas de violencia

contra los campesinos medios” (t. XXIV, pág. 167). Creo que está claro.

Segunda pregunta. ¿Cuáles son los principales errores en el movimiento koljósiano? Respuesta. Estos errores son, por lo menos, tres. 1) Se ha infringido el principio leninista de la voluntariedad en la organización de los koljóses. Se han infringido las indicaciones fundamentales del Partido, y el Estatuto modelo del artel agrícola sobre el carácter voluntario de la organización de los koljóses. El leninismo enseña que a los campesinos hay que pasarlos al cauce de la economía colectiva respetando el principio de la voluntariedad, convenciéndoles de las ventajas de la hacienda colectiva sobre la hacienda individual. El leninismo enseña que sólo se puede convencer a los campesinos de las ventajas de la economía colectiva siempre y cuando que se les muestre y demuestre en la práctica, sobre la experiencia, que los koljóses son mejores que las haciendas individuales, que son más ventajosos que las haciendas individuales, que ofrecen a los campesinos, al campesino pobre y al campesino medio, una salida que los libre de la indigencia y de la miseria. El leninismo enseña que, si no se observan estas condiciones, los koljóses no podrán ser sólidos.

El leninismo enseña que todo intento de imponer por la fuerza el régimen koljósiano, que todo intento de implantar koljóses mediante la coacción, sólo puede dar resultados contraproducentes, sólo puede apartar a los campesinos del movimiento koljósiano. En efecto, mientras fue observada esta regla fundamental, el movimiento koljósiano marchó de éxito en éxito. Pero algunos de nuestros camaradas, embriagados por los éxitos, comenzaron a despreciar esta regla, comenzaron a dar pruebas de una precipitación excesiva y, en su celo por lograr un elevado porcentaje de colectivización, comenzaron a implantar koljóses recurriendo a medidas coactivas. Y no tiene nada de sorprendente que los resultados negativos de esta “política” no se hiciesen esperar mucho tiempo. Los koljóses creados de prisa y corriendo empezaron a desmoronarse con la misma rapidez con que se habían formado, y una parte de los campesinos, que el día antes tenía aún en los koljóses una confianza inmensa, comenzó a apartarse de ellos. Tal es el primero y más importante error cometido en el movimiento koljósiano. He aquí lo que dice Lenin hablando del carácter voluntario de la organización de los koljóses: “Ahora, nuestra misión es pasar al cultivo en común de la tierra, pasar a la gran economía colectiva. Pero el Poder Soviético no puede emplear, en este sentido, medidas coactivas de ningún género; ninguna ley obliga a esto.

Las comunas agrícolas se crean voluntariamente, y el paso al cultivo en común de la tierra sólo puede ser voluntario, sin que en este punto el gobierno obrero y campesino pueda emplear, ni la ley lo consiente, la más pequeña coacción. Si alguno de vosotros advirtiese coacciones de esta especie, debe saber que se trata de abusos, que se trata de infracciones de la ley que nosotros nos esforzamos en corregir y corregiremos por todos los medios”* (t. XXIV, pág. 43). Y más adelante: “Sólo si se consigue hacer ver prácticamente a los campesinos las ventajas del cultivo en común, colectivo, en cooperativas y arteles; sólo si se logra ayudar al campesino por medio de la hacienda cooperativa, colectiva, sólo entonces la clase obrera, dueña del Poder del Estado, demostrará realmente al campesino que ella tiene razón y atraerá realmente a su lado, de un modo sólido y auténtico, a la masa de millones y millones de campesinos. Por eso, es inapreciable la importancia de las medidas de cualquier clase que tiendan a favorecer la agricultura colectiva, cooperativa. Tenemos millones de haciendas aisladas, diseminadas en el campo...

Sólo cuando se demuestra prácticamente, sobre la base de la experiencia, de un modo que lo comprendan los campesinos, que el paso a la agricultura cooperativa, a la agricultura colectiva, es necesario y posible, sólo entonces tendremos razón para decir que hemos dado un paso importante por la senda de la agricultura socialista en un país campesino tan inmenso como es Rusia”*. (t. XXIV, págs. 579-580). Y, finalmente, he aquí otro pasaje de las obras de Lenin: “Estimulando toda clase de cooperación, al igual que las comunas agrícolas de campesinos medios, los representantes del Poder Soviético no deben consentir ni la más pequeña coacción para la creación de esas haciendas. Sólo son valiosas las asociaciones que forman los mismos campesinos por su libre iniciativa y cuyas ventajas han comprobado ellos en la práctica. La excesiva precipitación en este asunto es perjudicial, pues lo único que se consigue es fomentar las prevenciones del campesino medio contra toda innovación. A los representantes del Poder Soviético que se permitan emplear la coacción, no ya directa, sino aunque sólo sea indirecta para incorporar a los campesinos a las comunas, se les deben exigir las más severas responsabilidades y deben ser apartados del trabajo en el campo”* (t. XXIV, pág. 174). Creo que está claro. No creo necesario demostrar que el Partido

* Subrayado por mí. J. St.

observará con todo rigor estas indicaciones de Lenin. 2) Se ha infringido el principio leninista de tener en cuenta, para la organización de los koljóses, la variedad de condiciones en las distintas zonas de la U.R.S.S. Se ha olvidado que en la U.R.S.S. existen las más diversas regiones con diferentes tipos de economía y con diferente nivel de cultura. Se ha olvidado que entre ellas hay regiones adelantadas, regiones medias y regiones atrasadas. Se ha olvidado que el ritmo del movimiento koljósiano y los métodos de organización de los koljóses no pueden ser idénticos para todas estas regiones, que distan mucho de ser idénticas. “Sería un error -dice Lenin- empezar a copiar simplemente, con arreglo a un modelo, decretos para todas las localidades de Rusia; que los comunistas bolcheviques, los funcionarios soviéticos de Ucrania y del Don, pretendiesen hacer los extensivos, sin selección alguna, en bloque, a las demás regiones, pues nosotros no nos sujetamos, en modo alguno, a modelos uniformes, ni decidimos de una vez para siempre que nuestra experiencia, la experiencia de la Rusia Central, puede ser aplicada íntegramente a toda la periferia” (t. XXIV, págs. 125-126). Lenin dice también que: “Querer ajustar a un mismo modelo, medir por el mismo rasero a la Rusia Central, a Ucrania y a Siberia, sería la mayor de las necedades” (t.

XXVI, pág. 243). Lenin invita, en fin, a los comunistas del Cáucaso a que “comprendan la peculiaridad de su situación, de la situación de sus repúblicas, a diferencia de la situación y de las condiciones de la R.S.P.S.R.; que comprendan la necesidad, no de copiar nuestra táctica, sino de modificarla juiciosamente y de acuerdo con la diversidad de las condiciones concretas” (t. XXVI, pág. 191). Creo que está claro. Tomando como base estas indicaciones de Lenin, el C.C. de nuestro Partido, en su disposición “Sobre el ritmo de la colectivización” (v. “Pravda” del 6 de enero de 193035), ha dividido las regiones de la U.R.S.S., desde el punto de vista del ritmo de colectivización, en tres grupos, de los cuales el Cáucaso del Norte, el Volga Medio y el Bajo Volga pueden, en líneas generales, dar cima a la colectivización en la primavera de 1931; las demás regiones cerealistas (Ucrania, la Zona Central de Tierras Negras, Siberia, los Urales, Kazajstán, etc.) podrán culminarla, en lo esencial, en la primavera de 1932; y las regiones restantes podrán prolongar la colectivización hasta fines del quinquenio, o sea, hasta 1933. Pero ¿qué ha sucedido en la práctica? Ha sucedido que algunos de nuestros camaradas, embriagados por los primeros éxitos del movimiento koljósiano, olvidaban alegremente las indicaciones de Lenin y la decisión del C.C.

La región de Moscú, en su celo febril por conseguir cifras exageradas de colectivización, comenzó a orientar a sus funcionarios en el sentido de terminar la colectivización en la primavera de 1930, aunque tenía por delante nada menos que tres años (hasta fines de 1932). La Zona Central de Tierras Negras, no queriendo “ser menos que los otros”, comenzó a orientar a sus funcionarios en el sentido de poner fin a la colectivización en la primera mitad de 1930, aunque tenía por delante nada menos que dos años (hasta fines de 1931). Y los transcaucasianos y turkestanos, en su afán de “alcanzar y sobrepasar” a las zonas más adelantadas, comenzaron a orientarse en el sentido de terminar la colectivización en “plazo brevísimo”, aunque disponían aún de cuatro años enteros (hasta fines de 1933). Y se comprende que, con ese “ritmo” desenfrenado de colectivización, las zonas menos preparadas para el movimiento koljósiano, en su afán de “sobrepasar” a las zonas más preparadas, hubieron de recurrir a una fuerte presión administrativa, intentando compensar con ese ardor administrativo los factores de que se carecía para un ritmo tan rápido del movimiento koljósiano. Los resultados ya se saben. Todos conocen el caos que se produjo en esas regiones, para deshacer el cual hubo de intervenir el C.C.

Tal es el segundo error cometido en el movimiento koljósiano. 3) Se ha infringido, en la organización de los koljóses, el principio leninista de la inadmisibilidad de saltar por encima de una forma del movimiento no acabada. Se ha infringido el principio leninista de no adelantarse al avance de las masas, de no imponer por decreto los movimientos de masas, de no desligarse de las masas, sino avanzar con ellas e impulsarlas, atrayéndolas a nuestras consignas y facilitándoles la oportunidad de convencerse, por su propia experiencia, de lo acertado de nuestras consignas. “Cuando el proletariado de Petrogrado y los soldados de la guarnición de Petrogrado tomaron el Poder -dice Lenin-, sabían perfectamente que, para construir en el campo, tropezarían con grandes dificultades; que ahí habría que proceder gradualmente; que el querer implantar por decretos y por leyes el cultivo en común de la tierra, sería el mayor de los absurdos; que por este camino podría marchar un puñado insignificante de campesinos conscientes, pero que la inmensa mayoría de los campesinos no se marcaba este objetivo. Por eso nos limitamos a hacer lo estrictamente necesario en interés del desarrollo de la revolución: no adelantarnos en modo alguno al avance de las masas, sino aguardar a que de la experiencia de éstas, de su

misma lucha, surgiese el movimiento de avance”* (t. XXIII, pág. 252). Partiendo de estas indicaciones de Lenin, el C.C., en su conocida disposición “Sobre el ritmo de la colectivización” (v. “Pravda” del 6 de enero de 1930), estimó: a) que la forma principal del movimiento koljósiano, en el momento presente, es el artel agrícola; b) que, por eso, era necesario redactar un Estatuto modelo del artel agrícola como forma principal del movimiento koljósiano; c) que no es posible tolerar en nuestra labor práctica que el movimiento koljósiano “se decrete” desde arriba ni que “se juegue a la colectivización”. Esto significa que hoy día no debemos orientarnos a la comuna, sino al artel agrícola como forma principal de organización de los koljóses, que es inadmisible que se salte a la comuna pasando por encima del artel agrícola y que no es posible tampoco suplantar el movimiento de masas de los campesinos hacia los koljóses “decretando” los koljóses, “jugando a los koljóses”. Creo que está claro. Pero ¿qué ha sucedido en la práctica? Ha sucedido que algunos de nuestros camaradas, embriagados por los primeros éxitos del movimiento koljósiano, olvidaron alegremente las indicaciones de Lenin y la decisión del C.C. En vez de organizar un movimiento de masas para la creación de arteles agrícolas, estos camaradas comenzaron a “hacer pasar” directamente a los campesinos individuales al Estatuto de la comuna. En vez de consolidar el artel como forma del movimiento, comenzaron a “socializar” por la fuerza el ganado menor, las aves, el ganado cuya leche se destina al consumo propio y las viviendas. Los resultados de esta precipitación, inadmisible en un leninista, están ahora a la vista de todos. Por regla general, no se han creado, naturalmente, comunas estables. Pero, en cambio, se han perdido bastantes arteles agrícolas. Es cierto que quedan en pie las “buenas” resoluciones. Pero ¿para qué sirven? Tal es el tercer error cometido en el movimiento koljósiano.

Tercera pregunta. ¿Cómo han podido producirse estos errores y cómo debe el Partido corregirlos? Respuesta. Estos errores se han producido sobre la base de nuestros rápidos éxitos en el movimiento koljósiano. A veces, los éxitos se suben a la cabeza y engendran a menudo una suficiencia y una presunción exageradas. Esto puede sucederles con la mayor facilidad a los representantes de un partido que está en el Poder. Sobre todo cuando se trata de un partido como el nuestro, cuya fuerza y cuyo prestigio son casi inconmensurables. En tal caso, son perfectamente posibles estos hechos de presunción

* Subrayado por mí. J. St. comunista contra los que luchaba encarnizadamente Lenin. En tal caso, es perfectamente posible la fe en la omnipotencia de los decretos, de las resoluciones y de las disposiciones. En tal caso, es muy real el peligro de que las medidas revolucionarias del Partido se conviertan, en algunos lugares de nuestro inmenso país, en vacías imposiciones burocráticas por decreto de ciertos militantes del Partido. Y al decir esto, no me refiero solamente a dirigentes locales, sino también a algunos miembros de comités regionales y a ciertos miembros del C.C. “La presunción comunista -dice Lenin- significa que una persona que está en el Partido Comunista y no ha sido todavía expulsada de él por la depuración, cree que puede resolver todos los problemas a fuerza de decretos comunistas” (t. XXVII, págs. 50-51). Tal es el terreno del que brotaron esos errores cometidos en el movimiento koljósiano, las deformaciones de la línea del Partido en cuanto a la organización de los koljóses. ¿Cuál es el peligro de estos errores y deformaciones, si continúan produciéndose, si no se acaba con ellos rápidamente y sin dejar rastro? El peligro consiste en que estos errores llevan derechos al descrédito del movimiento koljósiano, a la indisposición con el campesino medio, a la desorganización de los campesinos pobres, a la confusión dentro de nuestras filas, al debilitamiento de toda nuestra edificación socialista y a la restauración de los kulaks.

En pocas palabras: estos errores tienden a desviarnos del camino de la consolidación de la alianza con las grandes masas campesinas, del camino de la consolidación de la dictadura del proletariado, llevándonos al camino de la ruptura con dichas masas, al camino del quebrantamiento de la dictadura proletaria. Este peligro comenzó ya a perfilarse en la segunda mitad de febrero, en el momento mismo en que parte de nuestros camaradas, fascinada por los éxitos anteriores, se alejaba al galope de la senda leninista. El C.C. del Partido comprendió este peligro y tomó sin tardanza cartas en el asunto, encargando a Stalin que saliera al paso de esos camaradas desbocados en un artículo especial sobre el movimiento koljósiano. Hay quien piensa que el artículo “Los éxitos se nos suben a la cabeza” es fruto de la iniciativa personal de Stalin. Esto, naturalmente, son tonterías. El C.C. de nuestro Partido no existe para permitir que, en asuntos como estos, nadie, sea quien fuere, actúe por iniciativa personal. Eso era un sondeo a fondo del C.C. y cuando se vio la profundidad y las proporciones de los errores, el C.C. no tardó en descargar sobre ellos todo el peso de su autoridad, publicando su famosa decisión del 15 de marzo de 1930. Es difícil detener en su desenfrenada carrera y

volver al buen camino a quienes van lanzados hacia el abismo. Pero nuestro C.C. se llama precisamente Comité Central del Partido leninista porque es capaz de vencer dificultades mayores que éstas. Y las ha vencido ya en lo fundamental. Es difícil, en casos como éste, que destacamentos enteros del Partido detengan su carrera, que vuelvan a tiempo al buen camino y rehagan sus filas sobre la marcha. Pero nuestro Partido se llama Partido de Lenin precisamente porque tiene la flexibilidad necesaria para vencer tales dificultades. Y las ha vencido ya en lo fundamental. Lo más importante, en este caso, es tener la valentía de reconocer los propios errores y la fuerza necesaria para acabar con ellos lo antes posible. El miedo a reconocer los errores propios después de haberse dejado fascinar por éxitos recientes, el miedo a la autocrítica, el no querer corregir rápida y resueltamente los errores: tal es la principal dificultad. Basta vencer esta dificultad, basta acabar con las cifras hinchadas de los planes y con el maximalismo oficinesco-burocrático, basta centrar nuestra atención en las tareas organizativas y económicas de los koljóses, para que no quede ni rastro de esos errores. Y no hay razón alguna para dudar de que el Partido ha vencido ya, en lo fundamental, esta peligrosa dificultad. “Todos los partidos revolucionarios que se han hundido hasta ahora -dice Lenin-, han corrido esa suerte por haberse dejado llevar del engreimiento, por no haber sabido ver en qué consistía su fuerza, por miedo a hablar de sus debilidades. Pero nosotros no nos hundiremos, porque no tenemos miedo a hablar de nuestras debilidades y aprenderemos a vencerlas”* (t. XXVII, págs. 260- 261). Estas palabras de Lenin no deben olvidarse.

Cuarta pregunta. La lucha contra las deformaciones de la línea del Partido, ¿no supone una marcha atrás, una retirada? Respuesta. ¡Naturalmente que no! Sólo pueden hablar de retirada, en este caso, quienes consideren la persistencia en los errores y en las deformaciones como ofensiva y la lucha contra los errores como retirada. Bonita “ofensiva” ésa que consiste en acumular errores y deformaciones... Hemos presentado el artel agrícola como forma fundamental del movimiento koljósiano en estos momentos, dando el correspondiente Estatuto modelo como norma para quienes trabajan en la organización de koljóses. ¿Acaso nos retiramos de estas posiciones? ¡Naturalmente que no! Hemos señalado la necesidad de consolidar la ligazón de la clase obrera y los campesinos pobres con los campesinos medios en la esfera de la producción como base del movimiento koljósiano en

* Subrayado por mí J. St. estos momentos. ¿Acaso nos retiramos de estas posiciones? ¡Naturalmente que no! Hemos presentado la consigna de liquidación de los kulaks como clase en calidad de consigna fundamental de nuestra labor práctica en el campo, en estos momentos. ¿Acaso nos retiramos de estas posiciones? ¡Naturalmente que no! En enero de 1930 fijamos ya un determinado ritmo para la colectivización de la agricultura de la U.R.S.S., dividiendo sus zonas en determinados grupos y estableciendo un ritmo especial para cada uno de ellos. ¿Acaso nos retiramos de estas posiciones? ¡Naturalmente que no! ¿Dónde está, pues, la “retirada” del Partido? Queremos que los culpables de errores y deformaciones los rectifiquen. Queremos que los atolondrados abandonen su atolondramiento para volver a las posiciones leninistas. Esto es lo que queremos, pues sólo con esta condición podremos proseguir una verdadera ofensiva contra nuestros enemigos de clase. ¿Quiere decir esto que así damos marcha atrás? ¡Naturalmente que no! Esto quiere decir, pura y simplemente, que queremos mantener una ofensiva verdadera, y no jugar atolondradamente a la ofensiva. ¿No está claro que sólo gentes extravagantes y los extremistas de “izquierda” pueden interpretar esta posición del Partido como una retirada? Esos que charlan de retiradas no comprenden, por lo menos, dos cosas: a) No conocen las leyes de la ofensiva.

No comprenden que una ofensiva sin consolidar las posiciones conquistadas está condenada al fracaso. ¿Cuándo puede ser victoriosa una, ofensiva en la esfera militar, por ejemplo? Cuando la tropa no se limita a avanzar en masa, sino que, al tiempo que avanza, procura consolidar las posiciones conquistadas, reagrupar sus fuerzas con arreglo a la nueva situación, aproximar los servicios, acercar las reservas. ¿Para qué es necesario todo esto? Para prevenirse contra las sorpresas, para cerrar las brechas a que está expuesta toda ofensiva y para preparar, de este modo, el aplastamiento total del enemigo. El error de las tropas polacas en 1920 -si tomamos solamente el aspecto militar de la cuestión- consistió en no haber tenido en cuenta esta regla. Y así se explica, aparte de otras razones, que, después de avanzar en masa hasta Kiev, se viesen obligadas a retroceder también en masa hasta Varsovia. Y el error de las tropas soviéticas en 1920 -tomando también solamente el aspecto militar de la cuestión- consistió en que, en su ofensiva sobre Varsovia, repitieron el error de los polacos. Otro tanto cabe decir de las leyes de la ofensiva en el frente de la lucha de clases. No es posible mantener una ofensiva victoriosa, para acabar con el enemigo de clase, sin consolidar las posiciones conquistadas, sin reagrupar sus fuerzas, sin dotar al

frente de reservas, sin acercar los servicios, etc. Lo que ocurre es que los atolondrados no comprenden las leyes de la ofensiva. Pero el Partido sí que las comprende y las aplica. b) No comprenden el carácter de clase de la ofensiva. Alborotan acerca de la ofensiva. Pero ¿ofensiva contra qué clase y en alianza con cuál? Nuestra ofensiva va dirigida, en alianza con los campesinos medios, contra los elementos capitalistas del campo, pues sólo esta ofensiva puede darnos la victoria. Pero ¿qué hacer si, de resultas del ardor de ciertos destacamentos del Partido, empieza la ofensiva a desviarse de su buen camino y a volver los tiros contra nuestro aliado, contra el campesino medio? ¿Acaso necesitamos nosotros una ofensiva cualquiera, y no una ofensiva contra una determinada clase y en alianza con otra clase determinada? También Don Quijote creía acometer a sus enemigos al lanzarse contra los molinos de viento, y ya sabemos cómo se rompió la cabeza en esa ofensiva, si podemos llamarla así. Al parecer, a nuestros extremistas de “izquierda” les quitan el sueño los laureles de Don Quijote.

Quinta pregunta. ¿Cuál es nuestro mayor peligro: el de derecha o el de “izquierda”? Respuesta. Nuestro mayor peligro es ahora el de derecha. El peligro de derecha era y sigue siendo el más importante. ¿No se contradice esta afirmación con la conocida tesis de la decisión del Comité Central del 15 de marzo de 1930, de que los errores y las deformaciones de los extremistas de “izquierda” son ahora el principal freno del movimiento koljósiano? No, no se contradice. La verdad es que los errores de los extremistas de “izquierda” en lo que se refiere al movimiento koljósiano son de tal naturaleza, que abonan el terreno para que se refuerce y vigorice la desviación derechista dentro del Partido. ¿Por qué? Porque estos errores dan una imagen falsa de la línea del Partido; es decir, porque facilitan la obra de desacreditar al Partido y, por tanto, la lucha de los elementos derechistas contra la dirección del Partido. El descrédito de la dirección del Partido es, precisamente, el terreno elemental en el cual -y sólo en él- puede desenvolverse la lucha de los desviacionistas de derecha contra el Partido.

Y este terreno se lo ofrecen a los desviacionistas de derecha los extremistas de “izquierda”, sus errores y deformaciones. Por eso, para luchar con éxito contra el oportunismo de derecha, hay que vencer los errores de los oportunistas de “izquierda”. Los extremistas de “izquierda” son, objetivamente, aliados de los desviacionistas de derecha. Tal es el peculiar vínculo que une el oportunismo de “izquierda” y el desviacionismo de derecha. Este vínculo es lo que explica que algunos “izquierdistas” hablen bastante a menudo de un bloque con los derechistas. Y esto explica también el original fenómeno de que parte de los “izquierdistas”, que todavía ayer “desarrollaban” una ofensiva fulminante y querían colectivizar la U.R.S.S. en dos o tres semanas, adopten hoy una actitud pasiva, se crucen de brazos y cedan tranquilamente el campo de batalla, a los desviacionistas de derecha, manteniendo de este modo la línea de una verdadera retirada (¡sin comillas!) ante los kulaks. La peculiaridad del momento actual consiste en que la lucha contra los errores de los extremistas de “izquierda” es la condición y la forma específica de una lucha victoriosa contra el oportunismo de derecha.

Sexta pregunta. ¿Cómo debe valorarse el hecho de que una parte de los campesinos abandone los koljóses? Respuesta. El hecho de que una parte de los campesinos abandone los koljóses significa que últimamente se había creado en nuestro país cierto número de koljóses precarios, que ahora se están limpiando de elementos poco seguros. Significa que los koljóses ficticios desaparecerán, mientras que los sólidos permanecerán en pie y se fortalecerán. Yo entiendo que esto es un fenómeno muy normal. Algunos camaradas se entregan, ante estos hechos, a la desesperación, se dejan llevar del pánico y se aferran convulsivamente a porcentajes exagerados de colectivización. Otros se alegran malignamente y pronostican el “fracaso” del movimiento koljósiano. Unos y otros se equivocan de medio a medio. Unos y otros están muy lejos de tener una comprensión marxista de la esencia del movimiento koljósiano. Abandonan los koljóses, ante todo, las llamadas almas muertas. Esto no es ni retirada siquiera, sino una revelación del vacío. ¿Necesitamos almas muertas? ¡Naturalmente que no! Y me parece que los caucasianos del Norte y los ucranianos proceden perfectamente al disolver los koljóses integrados por almas muertas, para organizar koljóses de veras vivos y estables. Con esto, el movimiento koljósiano no hará sino ganar. Abandonan los koljóses, en segundo lugar, los elementos extraños, los elementos abiertamente hostiles a nuestra causa. Está claro que, cuanto antes sean eliminados estos elementos, tanto mejor será para el movimiento koljósiano. Abandonan los koljóses, en fin, los vacilantes, a quienes no se puede calificar ni de elementos extraños ni de almas muertas. Son esos mismos campesinos a quienes aun no hemos sido capaces de convencer hoy de que la nuestra es una causa justa, pero a quienes de seguro convenceremos mañana. La retirada de estos campesinos representa una pérdida importante, aunque pasajera, para el movimiento koljósiano. Por eso, la lucha por ganarse a estos

elementos vacilantes de los koljóses es hoy una de las tareas más urgentes del movimiento koljósiano. Llegamos, pues, a la conclusión de que el abandono de los koljóses por una parte de los campesinos no es un fenómeno únicamente negativo. Llegamos a la conclusión de que, por cuanto los koljóses se liberan así de almas muertas y de elementos francamente extraños, representa un proceso beneficioso de saneamiento y fortalecimiento de los koljóses. Hace un mes se calculaba que en las regiones cerealistas pasaban del 60% las haciendas colectivizadas. Hoy es evidente que, si tenemos en cuenta los koljóses verdaderos, más o menos estables, la cifra era exagerada a todas luces. Si el movimiento koljósiano, después de la retirada de una parte de los campesinos, se estabiliza sobre la cifra del 40% de haciendas colectivizadas en las regiones cerealistas -cosa que, sin duda, es factible-, ello será, en el momento actual, un éxito formidable del movimiento koljósiano, Tomo la cifra media para las regiones cerealistas, aunque sé perfectamente que hay ciertos distritos en que se ha llegado a la colectivización total, con cifras del 80 al 90%. El 40% de haciendas colectivizadas en las regiones cerealistas significa que para la primavera de 1930 hemos podido duplicar el primitivo plan quinquenal de colectivización. ¿Quién se atreverá a negar el carácter decisivo de esta realización histórica en el desarrollo socialista de la U.R.S.S.?

Séptima pregunta. ¿Hacen bien los campesinos vacilantes en salir de los koljóses? Respuesta. No, hacen mal. Saliendo de los koljóses van en contra de sus propios intereses, pues sólo el koljós permite a los campesinos acabar con la miseria y la ignorancia. Saliendo de los koljóses se colocan en una situación peor, pues se privan de las facilidades y las ventajas que el Poder Soviético concede a los koljóses. Los errores y las deformaciones que se cometan en los koljóses no son motivo para abandonarlos. Los errores deben corregirse con el esfuerzo de todos, quedándose en el koljós. Y eso es tanto más fácil por cuanto el Poder Soviético luchará contra esos errores con todas sus fuerzas. Lenin dice que: “El sistema de la pequeña hacienda, bajo el régimen de producción de mercancías, no está en condiciones de liberar a la humanidad de la miseria ni de la opresión de las masas”. (t. XX, pág. 122). Lenin dice que: “Con la pequeña hacienda no es posible librarse de la miseria” (t. XXIV, pág. 540). Lenin dice que: “Si seguimos con las pequeñas haciendas, como en el pasado, aun siendo ciudadanos libres en tierra libre, nos amenaza una catástrofe inevitable” (t. XX, pág. 417). Lenin dice que: “Sólo por medio del trabajo en común, en forma de arteles y cooperativas, es posible salir del atolladero a que nos ha llevado la guerra imperialista” (t. XXIV. pág. 537). Lenin dice que: “Es necesario pasar al cultivo en común de la tierra en grandes haciendas modelo”, pues “de otro modo no es posible salir de esa ruina, de esa situación sencillamente desesperada en que se encuentra Rusia” (t. XX, pág. 418). ¿Qué significa todo esto?

Significa que los koljóses son el único medio que permite a los campesinos salir de la miseria y la ignorancia. Es, pues, evidente que los campesinos hacen mal en abandonar los koljóses. Lenin dice: “Todos vosotros sabéis, naturalmente, por la actuación entera del Poder Soviético, qué importancia tan enorme concedemos nosotros a las comunas, a los arteles y, en general, a toda clase de organizaciones destinadas a convertir, que gradualmente contribuyen a convertir la pequeña hacienda campesina individual en una hacienda colectiva bajo la forma de cooperativa o de artel”. (t. XXIV, pág. 579). Lenin dice qué: “El Poder Soviético ha dado incuestionablemente la preferencia a las comunas y a las cooperativas, colocándolas en primer lugar*”. (t. XXIII, pág. 399). ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que el Poder Soviético concederá a los koljóses facilidades y ventajas respecto a las haciendas individuales. Esto quiere decir que concederá a los koljóses facilidades tanto en el sentido de poner tierras a su disposición, de proporcionarles maquinaria, tractores, simiente, etc., como en el sentido de rebajarles los impuestos y de concederles créditos. ¿Por qué concede el Poder Soviético facilidades y ventajas a los koljóses? Porque los koljóses son el único medio de salvar a los campesinos de la miseria. Porque la ayuda preferente a los koljóses es la forma más eficaz de ayudar a los campesinos pobres y medios. Hace unos días, el Poder Soviético ha decidido eximir de impuestos por dos años todo el ganado de labor socializado de los koljóses (caballos, bueyes, etc.) y todas las vacas, cerdos, ovejas y aves, tanto los que figuren en el fondo colectivo de los koljóses como los que sean de propiedad individual de los

* Subrayado por mí. J. St.

koljósianos. El Poder Soviético ha decidido, además, prorrogar hasta fines de año el plazo para el pago de las deudas relacionadas con los créditos abiertos a los koljósianos y condonar todas las multas y penas impuestas por los tribunales antes del 1 de abril a los campesinos agrupados en koljóses. Ha decidido, por último, en firme abrir este año créditos a los koljóses por un total de 500 millones de rublos. Estas ventajas serán una ayuda para los campesinos koljósianos. Estas ventajas favorecerán a los campesinos koljósianos que han sabido resistir al reflujo, que se han templado en la lucha contra los enemigos de los koljóses, que han defendido los koljóses y han mantenido en alto la gran bandera del movimiento koljósiano. Estas ventajas beneficiarán a los campesinos koljósianos pobres y medios, que forman hoy la médula de nuestros koljóses y que sabrán fortalecerlos y cristalizarlos y atraerán al campo del socialismo a millones y millones de campesinos. Estas ventajas beneficiarán a los campesinos koljósianos que son hoy los cuadros fundamentales de los koljóses y que merecen plenamente el calificativo de héroes del movimiento koljósiano. Estas ventajas no se extenderán a los campesinos que han salido de los koljóses. ¿No es, acaso, evidente que los campesinos cometen un error saliendo de los koljóses? ¿No es, acaso, claro que sólo volviendo a los koljóses pueden acogerse al disfrute de todas esas ventajas?

Octava pregunta. ¿Qué hacer de las comunas?, ¿no convendrá disolverlas? Respuesta. No, no conviene ni hay para qué disolverlas. Me refiero a las comunas de veras, y no a las que sólo existen sobre el papel. En las regiones cerealistas de la U.R.S.S. hay bastantes comunas magníficas, que merecen ser estimuladas y apoyadas. Me refiero a las viejas comunas, que han resistido los años de prueba y se han templado en la lucha, justificando enteramente su existencia. No conviene disolverlas, sino transformarlas en arteles. La formación y la dirección de las comunas es cosa complicada y difícil. Las comunas grandes y estables sólo pueden existir y desenvolverse si cuentan con cuadros expertos y con dirigentes probados. El paso precipitado del régimen del artel al régimen de la comuna sólo puede apartar a los campesinos del movimiento koljósiano. Por eso hay que abordar el problema con suma seriedad y no incurrir en precipitaciones de ningún género. El artel es algo más sencillo y más asequible a la conciencia de las grandes masas campesinas. Por eso, el artel es, en el momento actual, la forma más difundida del movimiento koljósiano. Sólo conforme vayan fortaleciéndose y consolidándose los arteles agrícolas, se podrán sentar las bases para un movimiento de masas de los campesinos hacia la comuna. Pero esto no ocurrirá pronto. Por eso, la comuna, que es la forma más elevada, no podrá ser más que en el futuro el eslabón fundamental del movimiento koljósiano.

*ovena pregunta. ¿Qué debe hacerse con los kulaks? Respuesta. Hasta ahora hemos venido hablando del campesino medio. El campesino medio es un aliado de la clase obrera, y la política que sigamos con él debe ser de amistad. No ocurre lo mismo con el kulak. El kulak es un enemigo del Poder Soviético. Con él no hay ni puede haber paz. Nuestra política respecto al kulak es la política de su liquidación como clase. Lo cual no quiere decir, naturalmente, que podamos liquidarlo de una vez. Pero sí quiere decir que hemos de tomar las medidas necesarias para cercado y liquidarlo. He aquí lo que dice Lenin del kulak: “Los kulaks son los más feroces, los más brutales y los más desenfrenados explotadores, los que, en la historia de otros países, han restaurado más de una vez el Poder de los terratenientes, de los reyes, de los curas y de los capitalistas. Hay más kulaks que terratenientes y capitalistas. Pero, a pesar de ello, los kulaks forman una minoría dentro del pueblo... Estos vampiros se aprovecharon de la miseria del pueblo durante la guerra y amasaron miles y cientos de miles de rublos, encareciendo el trigo y otros productos.

Estas arañas engordaron a costa de los campesinos, arruinados por la guerra, y a costa de los obreros hambrientos. Estas sanguijuelas chuparon la sangre de los trabajadores, aumentando sus riquezas a medida que aumentaba el hambre de los obreros en las ciudades y en las fábricas. Estos pulpos acumulaban y siguen acumulando en sus manos la tierra de los terratenientes, siguen sojuzgando a los campesinos pobres” (t. XXIII, págs. 206-207). Veníamos tolerando a estos vampiros, a estas arañas y sanguijuelas, aplicando una política de restricción de sus tendencias explotadoras. Los tolerábamos porque no teníamos nada para sustituir la hacienda de los kulaks, la producción de los kulaks. Pero ahora estamos ya en condiciones de sustituirla con ventaja por la hacienda de nuestros koljóses y sovjoses. No hay por qué seguir tolerando a estas arañas, a estos vampiros. Seguir tolerando a estas arañas, a estos vampiros que pegan fuego a los koljóses, que asesinan a los activistas koljósianos y tratan de hacer fracasar la siembra, sería atentar a los intereses de los obreros y de los campesinos. Por eso, la política de liquidación de los kulaks como clase debe mantenerse con toda la tenacidad y

consecuencia de que sólo son capaces los bolcheviques.

Décima pregunta. ¿Cuál es la tarea práctica inmediata de los koljóses? Respuesta. La tarea práctica inmediata de los koljóses consiste en luchar por la siembra, en luchar por extender todo lo posible las sementeras, en luchar por una buena organización de la siembra. A la tarea de la siembra deben adaptarse ahora todas las demás tareas de los koljóses. Al trabajo de organización de la siembra deben supeditarse ahora todos los demás trabajos de los koljóses. Esto quiere decir que la solidez de los koljóses y de sus activistas sin-partido, la capacidad de los dirigentes de los koljóses y de su núcleo bolchevique deberán contrastarse no con enfáticas resoluciones y con saludos grandilocuentes, sino en la realidad viva de una buena organización de la siembra. Mas, para poder cumplir dignamente esta tarea práctica, es necesario fijar la atención de los activistas del movimiento koljósiano en las cuestiones económicas de la organización de los koljóses, en las cuestiones de la organización interna del koljós.

Hasta últimamente, la preocupación principal de los activistas del movimiento koljósiano era el afán de conseguir un elevado porcentaje de colectivización, sin querer ver la diferencia entre la colectivización real y efectiva y la colectivización en el papel. Ahora hay que abandonar esa manía de las cifras altas. Ahora, los activistas del movimiento koljósiano deben poner su mayor empeño en la consolidación de los koljóses, en la formalización organizativa de los koljóses, en la organización del trabajo práctico en los koljóses. Hasta últimamente, la atención de los activistas del movimiento koljósiano giraba en torno a la organización de grandes unidades koljósianas, a la organización de las llamadas haciendas “gigantes”, las cuales no eran a menudo más que voluminosas oficinas absorbidas por el papeleo y sin raíces económicas en aldeas y pueblos. El trabajo de fachada se comía, pues, el trabajo real. Ahora hay que abandonar esa afición a los resultados de fachada. Ahora, la atención de los activistas del movimiento koljósiano debe girar en torno al trabajo de organización y económico de los koljóses en las aldeas y en los pueblos. Y cuando este trabajo dé sus frutos, ya vendrán de por sí solas las haciendas “gigantes”.

Hasta últimamente casi no se prestaba interés a la incorporación de los campesinos medios al trabajo de dirección dentro de los koljóses. Y, sin embargo, entre los campesinos medios hay magníficos agricultores, que podrían ser administradores excelentes de la hacienda koljósiana. Ahora hay que llenar esa laguna de nuestro trabajo. Ahora, la tarea consiste en incorporar al trabajo de dirección dentro de los koljóses a los mejores campesinos medios, permitiéndoles que desarrollen en este terreno su capacidad. Hasta últimamente no se concedía bastante atención al trabajo entre las campesinas. El período transcurrido muestra que el trabajo entre las campesinas es el punto más débil de nuestra actividad. Ahora es necesario llenar resuelta e irrevocablemente esta laguna. Hasta últimamente, los comunistas de bastantes zonas pensaban que podían resolver con sus propias fuerzas todos los problemas de la organización de los koljóses. Y, partiendo de esto, no se preocupaban lo bastante de incorporar a los sin-partido a los trabajos de responsabilidad dentro de los koljóses, de promover a los sin-partido a puestos de dirección dentro de los koljóses, de organizar en los koljóses un amplio núcleo de activistas sin-partido.

La historia de nuestro Partido demuestra, y el período del movimiento koljósiano que acaba de transcurrir lo confirma una vez más, que este punto de vista es falso en absoluto. Si los comunistas se encerrasen en su caparazón, aislándose con un muro de los sin- partido, lo echarían todo a perder. Si los comunistas lograron cubrirse de gloria en la lucha por el socialismo, y los enemigos del comunismo fueron aplastados, es, entre otras cosas, porque los comunistas supieron ganar para la causa a los mejores hombres sin-partido, porque supieron sacar fuerzas de las grandes masas de gente sin-partido, porque supieron rodear su Partido de una amplia capa de activistas sin-partido. Ahora es necesario llenar resuelta e irrevocablemente esta laguna de nuestro trabajo con los sin-partido. Corregir estos defectos de nuestro trabajo y extirparlos: eso es, precisamente, lo que significa encauzar el trabajo económico de los koljóses. Por tanto: 1) Organizar bien la siembra: tal es la tarea. 2) Concentrar la atención en las cuestiones económicas del movimiento koljósiano: tal es el medio necesario para cumplir esta tarea.

Publicado con la firma de J. Stalin el 3 de abril de 1930 en el núm. 92 de “Pravda”.