27 de junio de 1930. I. La creciente crisis del capitalismo mundial y la situación internacional de la U.R.S.S. Camaradas: Han transcurrido dos años y medio desde el XV Congreso. Al parecer, no es un período muy largo. No obstante, en él se han producido cambios muy serios en la vida de los pueblos y de los Estados. Si quisiéramos definir en dos palabras ese período, podríamos llamarlo período de viraje. Ha sido un período de viraje no sólo para nosotros, para la U.R.S.S., sino también para los países capitalistas de todo el mundo. Pero entre estos dos virajes existe una diferencia radical. Mientras que para la U.R.S.S. ha sido un viraje hacia un nuevo auge económico, todavía más serio, para los países capitalistas ha sido un viraje hacia la decadencia económica. Aquí, en la U.R.S.S., auge creciente de la edificación socialista, tanto en la industria como en la agricultura. Allí, en el mundo de los capitalistas, crisis creciente de la economía, tanto en la industria como en la agricultura. Tal es, en dos palabras, el panorama de la situación actual. Recordad la situación de los países capitalistas hace dos años y medio. Aumento de la producción industrial y del comercio en casi todos los países del capitalismo. Aumento de la producción de materias primas y de víveres en casi todos los países agrarios. Los Estados Unidos, ensalzados como el país del capitalismo más pletórico. Himnos victoriosos a la “prosperidad”. Servilismo ante el dólar. Ditirambos en honor de la nueva técnica, en honor de la racionalización capitalista. Proclamación de la era de “saneamiento” del capitalismo y de la solidez inquebrantable de la estabilización capitalista. Clamor y alboroto “generales” a propósito del “naufragio ineluctable” del País de los Soviets, a propósito del “hundimiento ineluctable” de la U.R.S.S.

Así estaban las cosas ayer. ¿Cómo están hoy? Hoy vemos crisis económica en casi todos los países industriales del capitalismo. Hoy vemos crisis agraria en todos los países agrícolas. En vez de “prosperidad”, miseria de las masas y un aumento colosal del paro forzoso. En vez de un ascenso de la agricultura, la ruina de masas de millones de campesinos. Se desmoronan las ilusiones en la omnipotencia del capitalismo en general, y en la omnipotencia del capitalismo norteamericano en particular. Suenan cada día más apagados los himnos victoriosos en honor del dólar y de la racionalización capitalista. Suenan cada día con mayor fuerza los aullidos pesimistas acerca de los “errores” del capitalismo. Y al clamor “general” a propósito del “naufragio ineluctable” de la U.R.S.S. sucede un rencoroso cuchicheo “general” a propósito de la necesidad de castigar a “ese país”, que tiene el atrevimiento de desenvolver su economía cuando a su alrededor reina la crisis. Tal es la situación de hoy. Las cosas han ocurrido precisamente tal como decían los bolcheviques dos o tres años atrás. Los bolcheviques decían que el desarrollo de la técnica en los países capitalistas, el desarrollo de las fuerzas productivas y de la racionalización capitalista debían conducir inevitablemente -atendido los reducidos límites del nivel de vida de los millones de obreros y campesinos- a una grave crisis económica. La prensa burguesa ironizaba acerca de la “peregrina profecía” de los bolcheviques. Los desviacionistas de derecha se desentendían del pronóstico bolchevique, suplantando el análisis marxista por faramalla liberal acerca del “capitalismo organizado”. ¿Y qué ha sucedido en realidad? Ha sucedido tal como decían los bolcheviques. Tales son los hechos. Pasemos al examen de los datos relativos a la crisis económica en los países capitalistas.

1. La crisis económica mundial. a) Al analizar la crisis, saltan a la vista, ante todo, los hechos siguientes: 1. La crisis económica actual es una crisis de superproducción. Ello significa que se han producido más mercancías de las que puede absorber el mercado. Significa que se han producido más telas, combustible, artículos manufacturados y víveres de los que pueden comprar, con el dinero de que disponen, los consumidores fundamentales, es decir, las masas populares, cuyos ingresos permanecen a un bajo nivel. Y como la capacidad adquisitiva de las

masas populares bajo el capitalismo continúa siendo ínfima, los capitalistas amontonan las mercancías “sobrantes” -las telas, los cereales, etc.- en los almacenes o incluso las destruyen, a fin de mantener precios elevados; reducen la producción, despiden a los obreros, y las masas populares se ven condenadas a vivir miserablemente porque se han producido demasiadas mercancías. 2. La presente crisis es la primera crisis económica mundial que se registra después de la guerra. Es mundial, no sólo porque afecta a todos o casi todos los países industriales del mundo, con la particularidad de que hasta Francia, que va inyectando sistemáticamente en su organismo los miles de millones de marcos de las reparaciones alemanas, no ha podido evitar cierta depresión, que, según todos los síntomas, ha de convertirse en crisis. La crisis es mundial, además, en el sentido de que la crisis industrial ha coincidido con una crisis agraria que afecta a la producción de toda clase de materias primas y de víveres en los principales países agrarios del mundo. 3. La presente crisis mundial se desarrolla desigualmente, a pesar de su carácter general, afectando a tales o cuales países en distinto tiempo y con fuerza distinta. La crisis industrial comenzó primero en Polonia, en Rumania, en los Balcanes, desarrollándose allí en el transcurso de todo el año pasado. A fines de 1928 existían ya síntomas palmarios del comienzo de una crisis agraria en el Canadá, en los Estados Unidos, en la Argentina, en el Brasil y en Australia. Durante todo ese período, la industria de Estados Unidos va en ascenso.

A mediados de 1929, la producción industrial en ese país alcanza una altura casi record. Sólo a partir de la segunda mitad de 1929 se inicia un viraje, y después se desarrolla ya una crisis vertiginosa de la producción industrial, que ha retrotraído Norteamérica al nivel de 1927. Sigue la crisis industrial en el Canadá, en el Japón. Después vemos una racha de quiebras y la crisis en China y en las colonias, donde se ahonda todavía más debido a la baja de los precios de la plata, donde la crisis de superproducción va unida al desmoronamiento de la economía campesina, llevada al agotamiento completo por la explotación de los señores feudales y los impuestos agobiadores. En cuanto a la Europa Occidental, la crisis empieza a manifestarse de un modo sensible únicamente a principios de este año, y no en todas partes con la misma intensidad; en Francia, la producción industrial incluso sigue aumentando en este período. Creo que no es necesario detenerse mucho en las cifras demostrativas de la existencia de la crisis. Ahora nadie discute que la crisis existe. Por eso me limito a reproducir un estadillo, no muy extenso, pero característico, publicado recientemente por el “Instituto de Investigaciones de la Coyuntura” de Alemania. El estadillo muestra el desarrollo de la industria minera y de las ramas fundamentales de la gran industria transformativa en los Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Polonia, U.R.S.S., a partir de 1927. El nivel de la producción de 1928 se toma como 100. He aquí el estadillo en cuestión:

Años — U.R.S.S., EE.UU., Inglaterra, Alemania, Francia, Polonia (nivel de 1928 = 100):

1927: 82,4, 95,5, 105,5, 100,1, 86,6, 88,5

1928: 100, 100, 100, 100, 100, 100

1929: 123,5, 106,3, 107,9, 101,8, 109,4, 99,8

1930 (primer trimestre): 171,4, 95,5, 107,4, 93,4, 113,1, 84,6

¿Qué evidencian estas cifras? Evidencian, ante todo, que los Estados Unidos, Alemania y Polonia están pasando por una crisis muy acentuada de la gran producción industrial, con la particularidad de que durante el primer trimestre de 1930, después del auge experimentado en el primer semestre de 1929, el nivel de la producción en los Estados Unidos ha bajado, en comparación con 1929, en un 10,8%, descendiendo hasta el nivel de 1927; en Alemania, después de un estancamiento de tres años, el nivel de la producción se ha reducido, en comparación con el año pasado, en un 8,4%, quedando un 6,7% más bajo que el de 1927; en Polonia, después de la crisis del año pasado, el nivel de la producción ha disminuido, en comparación con el año último, en un 15,2%, quedando por debajo de 1927 en un 3,9%. Estas cifras evidencian, en segundo lugar, que Inglaterra lleva ya tres años sin moverse del sitio, alrededor del nivel de 1927, y atraviesa un grave estancamiento económico, con la particularidad de que en el primer trimestre de 1930 su nivel de producción ha descendido ya, en comparación con el año pasado, en un 0,5%, entrando, por consiguiente, en la fase inicial de la crisis. Estas cifras evidencian, en tercer lugar, que, entre los grandes países capitalistas, sólo en Francia existe cierto incremento de la gran industria, con la particularidad de que, si el volumen de ese incremento era, en 1928, de 13,4% y, en 1929, de 9,4%, en el primer trimestre de 1930, en comparación con 1929, representa sólo el 3,7%, ofreciendo, por lo tanto, el cuadro de una curva de incremento descendente de año en año. Estos datos evidencian, finalmente, que, entre todos los países del mundo, sólo en la U.R.S.S. se da un ascenso impetuoso de la gran industria, con la particularidad de que el nivel de la producción en el primer trimestre de 1930 duplica con creces el de 1927, y el incremento ha pasado del 17,6% en 1928

al 23,5% en 1929 y al 32% en el primer trimestre de 1930, ofreciendo, por lo tanto, el cuadro de una curva de incremento ascendente de año en año. Pueden decirnos que si las cosas iban así hasta fines del primer trimestre de este año, no está excluido que en el segundo trimestre hayan podido mejorar. Pero los datos de este segundo trimestre refutan categóricamente tal suposición. Al contrario, evidencian que, en este segundo trimestre, la situación ha empeorado aún más. Estos datos evidencian una nueva baja de las acciones en la Bolsa de Nueva York y nueva racha de quiebras en los Estados Unidos; nueva reducción de la producción, disminución de los salarios de los obreros y aumento del paro forzoso en los Estados Unidos, en Alemania, en Inglaterra, en Italia, en el Japón, en América del Sur, en Polonia, en Checoslovaquia, etc.; evidencian que, en Francia, varias ramas de la industria han entrado en una fase de estancamiento, lo que, en la situación económica internacional presente, constituye un síntoma de la crisis que se inicia. En los Estados Unidos hay actualmente más de 6.000.000 de parados; en Alemania, cerca de 5.000.000; en Inglaterra, más de 2.000.000; en Italia, América del Sur y el Japón, a razón de 1.000.000; en Polonia, Checoslovaquia y Austria, a razón de 500.000. No hablo ya de la agravación de la crisis agraria, que arruina a millones de granjeros y campesinos laboriosos.

La crisis de superproducción en la agricultura ha llegado a tal punto, que, para mantener altos los precios y los beneficios de la burguesía, en el Brasil han sido arrojados al mar 2.000.000 de sacos de café; en América se ha empezado a emplear como combustible, en vez de carbón, el maíz; en Alemania, millones de puds de centeno han sido convertidos en pitanza para los cerdos, y, por lo que respecta al algodón y al trigo, se toman todas las medidas para reducir las superficies de siembra de un 10 a un 15%. Tal es el panorama general de la crisis económica mundial que se está desarrollando. b) Ahora, cuando la crisis económica mundial despliega su acción destructiva, echando a pique a sectores enteros de capitalistas medios y pequeños, arruinando a grupos enteros de la aristocracia obrera y de granjeros y condenando al hambre a millones de obreros, todo el mundo se pregunta: ¿cuál es la causa de la crisis?, ¿a qué obedece?, ¿cómo luchar contra ella?, ¿cómo eliminarla? Se inventan las “teorías” más variadas de la crisis. Se ofrecen amplios proyectos de “suavización”, “prevención” y “eliminación” de la crisis. Las oposiciones burguesas reprochan a los gobiernos burgueses “no haber tomado”, según resulta, “todas las medidas” para prevenir la crisis. Los “demócratas” acusan a los “republicanos”, los “republicanos” a los “demócratas”; y todos juntos al grupo de Hoover con su “Sistema Federal de Reservas”, que no ha sabido “frenar” la crisis.

No faltan incluso sabihondos que ven la causa de la crisis económica en las “intrigas de los bolcheviques”. Me refiero al conocido “industrial” Rechberg, quien, a decir verdad, se parece poco a un industrial y más bien recuerda a un “industrial” entre los literatos y a un “literato” entre los industriales. (Risas.) Todas esas “teorías” y proyectos no tienen nada de común, claro está, con la ciencia. Hay que reconocer que, frente a la crisis, los economistas burgueses han quebrado por completo. Es más, incluso les ha faltado ese mínimo sentido de la realidad que no siempre se podía negar a sus antecesores. Esos señores olvidan que las crisis no pueden ser consideradas como un fenómeno casual en el sistema de la economía capitalista. Esos señores olvidan que las crisis económicas son un resultado inevitable del capitalismo. Esos señores olvidan que las crisis nacieron con la dominación del capitalismo. En el transcurso de más de cien años se producen crisis económicas periódicas, que se repiten cada doce, diez, ocho y menos años. Durante este período, los gobiernos burgueses de todas las categorías y matices, los políticos burgueses de todos los grados y aptitudes, todos sin excepción, han intentado probar sus fuerzas en la “prevención” y “eliminación” de las crisis. Pero todos ellos han fracasado. Han fracasado porque es imposible prevenir o eliminar las crisis económicas dentro del marco del capitalismo.

¿Qué tiene, pues, de sorprendente que los políticos burgueses de ahora fracasen también? ¿Qué tiene, pues, de sorprendente que las medidas de los gobiernos burgueses no conduzcan en la práctica a la atenuación de la crisis, al alivio de la situación de los millones de trabajadores, sino a nuevas rachas de quiebras, a una nueva ola de paro forzoso, a la absorción de las asociaciones capitalistas menos fuertes por las más poderosas? La base de las crisis económicas de superproducción, su causa, reside en el sistema mismo de la economía capitalista. La base de la crisis se halla en la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista de apropiarse los frutos de la producción. Esta contradicción fundamental del capitalismo se manifiesta en la contradicción entre el aumento gigantesco de la capacidad de producción del capitalismo, aumento cuyo fin es obtener el máximo de beneficios para los capitalistas, y la reducción relativa de la demanda solvente de los millones de trabajadores, cuyo nivel de vida los capitalistas se esfuerzan constantemente por mantener en los límites mínimos. Con objeto de vencer en la competencia y de exprimir los mayores beneficios posibles, los capitalistas se ven obligados a desarrollar la técnica, a practicar la racionalización, a intensificar la explotación de los obreros y a elevar al máximo la capacidad de producción de sus empresas. Para no quedar rezagados, todos los

capitalistas no tienen más remedio que seguir, sea como sea, este camino de desarrollo furioso de la capacidad de producción. Pero el mercado interior y el exterior, la capacidad adquisitiva de los millones de obreros y campesinos, que son, en fin de cuentas, los compradores fundamentales, permanecen a un bajo nivel. De ahí las crisis de superproducción. De ahí resultados conocidos, que se repiten más o menos periódicamente, y en virtud de los cuales las mercancías quedan sin vender, la producción se reduce, aumenta el paro forzoso, bajan los salarios y, con ello, se acentúa todavía más la contradicción entre el nivel de la producción y el de la demanda solvente. La crisis de superproducción es un exponente de esta contradicción en formas violentas y destructivas. Si el capitalismo pudiera adaptar la producción no a la obtención del máximo de beneficios, sino al mejoramiento sistemático de la situación material de las masas populares, si pudiera hacer que los beneficios no sirviesen para satisfacer los caprichos de las clases parasitarias, para perfeccionar los métodos de explotación y para exportar capitales, sino para elevar de manera sistemática la situación material de los obreros y campesinos, no habría crisis. Pero entonces el capitalismo dejaría de ser capitalismo. Para suprimir las crisis, hay que suprimir el capitalismo. Tal es la base de las crisis económicas de superproducción en general.

Pero no podemos limitarnos a esto al caracterizar la crisis actual. Esta no puede ser considerada como una simple repetición de las viejas crisis. La crisis presente se manifiesta y se desarrolla en unas condiciones nuevas, que es necesario poner de relieve para obtener un cuadro completo de ella. La crisis se complica y se ahonda debido a una serie de circunstancias especiales, sin cuyo esclarecimiento es imposible formarse una idea nítida de la crisis económica actual. ¿Cuáles son estas circunstancias especiales? Estas circunstancias especiales se agrupan en los siguientes hechos característicos: 1. La crisis ha atacado con la mayor fuerza al país principal del capitalismo, a su ciudadela, a los Estados Unidos, que concentran en sus manos, por lo menos, la mitad de la producción y del consumo de todos los países del mundo. Se comprende que esta circunstancia no puede por menos de conducir a una gigantesca extensión de la esfera de influencia de la crisis, a su profundización y a la acumulación de nuevas dificultades imprevistas para el capitalismo mundial. 2. En el curso del desenvolvimiento de la crisis económica, la crisis industrial de los países capitalistas principales no sólo ha coincidido, sino que se ha entrelazado con la crisis agrícola en los países agrarios, ahondando las dificultades y predeterminando la inevitabilidad de una decadencia general de la actividad económica.

Ni que decir tiene que la crisis industrial intensificará la agraria y que ésta prolongará la industrial, lo que no puede por menos de conducir a la acentuación de la crisis económica en su conjunto. 3. El capitalismo moderno, a diferencia del viejo, es un capitalismo monopolista, y ello predetermina la inevitabilidad de la lucha de las asociaciones capitalistas por mantener elevados precios monopolistas de las mercancías, a pesar de la superproducción. Claro que esta circunstancia da a la crisis un carácter en particular torturante y ruinoso para las masas populares, fundamentales consumidores de las mercancías; y no puede por menos de conducir a la prolongación de la crisis, no puede por menos de frenar su reabsorción. 4. La presente crisis económica se desarrolla sobre la base de la crisis general del capitalismo, surgida ya en el período de la guerra imperialista, que socava los cimientos del capitalismo y ha contribuido al advenimiento de la crisis económica. ¿Qué significa esto? Esto significa, ante todo, que la guerra imperialista y sus consecuencias han intensificado la putrefacción del capitalismo y alterado su equilibrio; que vivimos ahora en una época de guerras y revoluciones; que el capitalismo no representa ya un sistema único y omnímodo de la economía mundial; que, paralelamente al sistema capitalista de economía, existe el sistema socialista, el cual crece, progresa, se levanta frente al sistema capitalista y, por el hecho mismo de su existencia, pone de relieve la podredumbre del capitalismo y hace tambalear sus cimientos.

Esto significa, además, que la guerra imperialista y la victoria de la revolución en la U.R.S.S. han sacudido los pilotes del imperialismo en las colonias y países dependientes; que el imperialismo ve ya quebrantado su prestigio en dichos países y no está ya en condiciones de seguir mangoneando en ellos como lo venía haciendo hasta ahora. Esto significa, también, que, durante la guerra y después de ella, en las colonias y países dependientes ha aparecido y se ha desarrollado un joven capitalismo propio, que compite eficazmente en los mercados con los viejos países capitalistas, agudizando y complicando la lucha por los mercados de venta. Esto significa, finalmente, que la guerra ha dejado a la mayoría de los países capitalistas una herencia gravosa en forma de una insuficiente utilización crónica de las empresas y de la existencia de ejércitos de parados, que cuentan sus efectivos por millones y se han convertido, de ejércitos de reserva, en ejércitos permanentes de desocupados. Ello había creado al capitalismo multitud de dificultades ya antes de la crisis económica actual y debe complicar

todavía más la situación durante la crisis. Tales son las circunstancias que ahondan y agudizan la crisis económica mundial. Hay que reconocer que la crisis económica actual es la más seria y la más profunda de todas las crisis económicas mundiales registradas hasta ahora.

2. La agudización de las contradicciones del capitalismo. Consecuencia importantísima de la crisis económica mundial es la exteriorización y la agudización de las contradicciones propias del capitalismo mundial. a) Se exteriorizan y se agudizan las contradicciones entre los países imperialistas más importantes, la lucha por los mercados de venta, la lucha por las materias primas, la lucha por la exportación de capitales. A ninguno de los países capitalistas le satisface ya ahora el antiguo reparto de las esferas de influencia y de las colonias. Se dan cuenta de que ha cambiado la correlación de fuerzas y de que, en consonancia con ello es necesario proceder a un nuevo reparto de los mercados de venta, de las fuentes de materias primas, de las esferas de influencia, etc. La principal de esas contradicciones es la existente entre los Estados Unidos e Inglaterra. La lucha se desarrolla, sobre todo, entre estos dos países, tanto en el terreno de la exportación de mercancías como en el de la exportación de capitales. Basta con tomar un periódico cualquiera de economía, cualquier documento relativo a la exportación de mercancías y capitales, para persuadirse de ello. La principal arena de lucha la constituyen América del Sur, China, las colonias y los dominios de los viejos países imperialistas.

En esta lucha llevan ventaja -por cierto, una ventaja patente- los Estados Unidos. A la contradicción principal siguen contradicciones no principales, pero de bastante importancia, entre los Estados Unidos y el Japón, entre Alemania y Francia, entre Francia e Italia, entre Inglaterra y Francia, etc. No cabe la menor duda de que, en relación con la crisis que se está desarrollando, la lucha por los mercados de venta, por las materias primas y por la exportación de capitales irá intensificándose cada mes, cada día. Medios de lucha: política aduanera, mercancía barata, crédito barato, reagrupamiento de fuerzas y nuevas alianzas militares y políticas, aumento de los armamentos, preparación de nuevas guerras imperialistas y, finalmente, la guerra. He dicho que la crisis afecta a todas las ramas de la producción. Pero hay una industria que no se halla afectada por la crisis. Es la industria de guerra, en continuo crecimiento a pesar de la crisis. Los Estados burgueses se arman y rearman febrilmente. ¿Para qué? Claro está que no lo hacen para conversar, sino para lanzarse a la guerra. Y la guerra la necesitan los imperialistas, pues es el único medio para efectuar un nuevo reparto del mundo, un nuevo reparto de los mercados de venta, de las fuentes de materias primas y de las esferas de inversión de capitales.

Se comprende muy bien que, en estas condiciones, el llamado pacifismo esté dando las últimas boqueadas, que la Sociedad de Naciones se esté pudriendo en vida, que los “proyectos de desarme” se vengan abajo y que las conferencias para la reducción de los armamentos navales se conviertan en conferencias para la renovación y el aumento de las flotas de guerra. Esto significa que el peligro de guerra ha de ir aumentando a marchas forzadas. Los socialdemócratas pueden charlar a propósito del pacifismo, de la paz, del desarrollo pacífico del capitalismo, etc. La experiencia del paso de la socialdemocracia por el Poder en Alemania e Inglaterra muestra que el pacifismo no es para ellos más que una pantalla destinada a encubrir la preparación de nuevas guerras. b) Se exteriorizan y han de acentuarse las contradicciones entre los países vencedores y los países vencidos. Entre estos últimos me refiero principalmente a Alemania. Es indudable que, a consecuencia de la crisis y de la agravación del problema de los mercados, se intensificará la presión sobre Alemania, que no es sólo deudor, sino un importantísimo país exportador.

Las originales relaciones existentes hoy entre los países vencedores y Alemania se podrían representar bajo la forma de una pirámide, en cuyo vértice se han acomodado con aire señorial los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc., sosteniendo en las manos el plan Young con el letrero: “¡Paga!”, y abajo. Alemania, aplastada bajo el peso de la pirámide, agotándose, obligada a poner en juego todas sus fuerzas para cumplir la orden del pago de los miles de millones de las contribuciones de guerra. ¿Queréis saber lo que es esto? Es el “espíritu de Locarno”. Suponer que esta situación puede pasar sin hacer mella en el capitalismo mundial, significa no comprender nada de nada. Suponer que la burguesía alemana podrá pagar en los diez años próximos 20.000.000.000 de marcos, y que el proletariado alemán, que vive bajo el doble yugo de la burguesía “propia” y de la “ajena”, permitirá a la burguesía alemana extraer de sus venas esos 20.000.000.000 sin serios combates y sacudidas, significa haber perdido el juicio. Los políticos alemanes y franceses pueden fingir que creen en este milagro. Nosotros, los bolcheviques, no creemos en milagros. c) Se exteriorizan y acentúan las contradicciones entre los Estados imperialistas y las colonias y países dependientes. La crisis económica cada vez más profunda, no puede por menos de intensificar la presión de los imperialistas sobre las colonias y los

países dependientes, que son los principales mercados de venta y de materias primas. Y en efecto, la presión se intensifica al máximo. Es un hecho que la burguesía europea se halla actualmente en estado de guerra con “sus” colonias en la India, en Indochina, en Indonesia y en el Norte de África. Es un hecho que la China “independiente” se encuentra prácticamente ya dividida en esferas de influencia y que las camarillas de generales contrarrevolucionarios del Kuomintang, luchando entre sí y arruinando al pueblo chino, cumplen la voluntad de sus amos del campo imperialista. Hay que considerar definitivamente fracasado el infundió de que los funcionarios de las embajadas rusas en China son los culpables de la alteración de “la paz y la tranquilidad” en el país. Hace ya mucho que no hay embajadas rusas ni en la China del Sur ni en la Central. Pero, en cambio, existen embajadas inglesas, japonesas, alemanas, norteamericanas y de otros muchos países. Hace ya mucho que no hay embajadas rusas ni en la China del Sur ni en la Central. Pero, en cambio, hay consejeros militares alemanes, ingleses y japoneses cerca de los generales chinos beligerantes. Hace ya mucho que no hay allí embajadas rusas. Pero, en cambio, hay cañones, fusiles, aviones, tanques y gases asfixiantes ingleses, norteamericanos, alemanes, checoslovacos y de otros muchos países. ¿Y qué ocurre?

En vez de “paz y tranquilidad”, tenemos actualmente en la China del Sur y en la Central la más desenfrenada y ruinosa guerra de generales, financiada y dirigida por los Estados “civilizados” de Europa y América. Resulta un cuadro bastante picaresco de la labor “civilizadora” de los Estados capitalistas. Lo único que ignoramos es que tienen que ver con ello los bolcheviques rusos. Sería ridículo pensar que esos desmanes de los imperialistas van a quedar impunes. Los obreros y los campesinos de China han contestado ya a ellos con la constitución de los Soviets y del Ejército Rojo. Se dice que se ha formado ya en China un gobierno soviético. Yo pienso que, si es verdad, no tiene nada de sorprendente. No puede caber duda de que sólo los Soviets pueden salvar a China de la ruina y de la pauperización totales. En cuanto a la India, Indochina, Indonesia, África, etc., no ofrece la menor duda el ascenso del movimiento revolucionario en dichos países, que toma a veces la forma de guerra de liberación nacional. Los señores burgueses confían en anegar en sangre esos países y en el apoyo de las bayonetas de la policía, apelando a la ayuda de gentes como Gandhi. No puede caber duda de que las bayonetas policíacas son un mal apoyo. También el zarismo trató en tiempos de apoyarse en las bayonetas policíacas, pero todo el mundo sabe qué resultados le dio ese apoyo.

En cuanto a los auxiliares del tipo de Gandhi, el zarismo tenía verdaderas manadas en las personas de los conciliadores liberales de toda laya; sin embargo, no le sirvieron para nada. d) Se han exteriorizado y agudizado las contradicciones entre la burguesía y el proletariado en los países capitalistas. La crisis ha intensificado ya la presión de los capitalistas sobre la clase obrera. La crisis ha provocado ya una nueva oleada de la racionalización capitalista, un empeoramiento mayor aún de la situación de la clase obrera, el crecimiento del paro forzoso, el aumento del ejército permanente de desocupados y la reducción de los salarios. No tiene nada de sorprendente que estas circunstancias revolucionen la situación, acentúen la lucha de las clases y empujen a los obreros a nuevos combates de clase. Debido a ello, se deshacen y vienen abajo las ilusiones socialdemócratas entre las masas obreras. Después de la experiencia del paso por el Poder de los socialdemócratas, que han saboteado las huelgas, organizado lockouts y hecho uso de las armas contra los obreros, suenan a escarnio en los oídos de éstos las falsas promesas relativas a la “democracia de la producción”, la “paz industrial” y los “métodos pacíficos” de lucha. ¿Habrá ahora muchos obreros dispuestos a dar crédito a las falsas prédicas de los social-fascistas? Las célebres manifestaciones obreras del 1 de agosto de 1929 (contra el peligro de guerra) y del 6 de marzo de 1930 (contra el paro forzoso) muestran que los mejores elementos de la clase obrera han vuelto ya la espalda a los social- fascistas.

La crisis económica asestará un nuevo golpe a las ilusiones socialdemócratas entre los obreros. Ahora, después de las quiebras y de la ruina motivadas por la crisis, pocos obreros accederán a creer en la posibilidad de enriquecimiento de “cada obrero” mediante la participación en las sociedades anónimas “democratizadas”. Ni que decir tiene que la crisis asestará un golpe demoledor a todas estas ilusiones y otras análogas. Pero el hecho de que las masas obreras se aparten de la socialdemocracia implica la orientación de las mismas hacia el comunismo. Esto es lo que sucede en realidad. El incremento del movimiento sindical adherido a los Partidos Comunistas; los éxitos electorales de esos Partidos; la oleada de huelgas que transcurren bajo la dirección de los comunistas; la transformación de las huelgas económicas en protestas políticas organizadas por los comunistas; las manifestaciones de masas de los obreros simpatizantes con el comunismo, que hallan un eco vivísimo en la clase obrera: todo esto demuestra que las masas obreras ven en el Partido Comunista el único partido capaz de luchar contra el capitalismo; el único partido digno de la confianza de los obreros, el único partido tras del cual se puede y vale la pena de ir en la lucha para emanciparse del capitalismo. Este es un viraje de las masas hacia el comunismo. Esta es la garantía de que nuestros Partidos

Comunistas hermanos han de convertirse en grandes partidos de masas de la clase obrera. Únicamente hace falta que los comunistas sepan apreciar la situación y aprovechada como es debido. Los Partidos Comunistas, al desarrollar una lucha implacable contra la socialdemocracia, agencia del capital en la clase obrera, y al aniquilar todas y cada una de las desviaciones respecto del leninismo, que llevan el agua al molino de la socialdemocracia, han demostrado seguir un camino certero. Es necesario que se afirmen definitivamente en él. Porque sólo con esta condición pueden confiar en ganarse a la mayoría de la clase obrera y en preparar eficazmente al proletariado para futuros combates de clase. Porque sólo con esta condición es posible acrecer la influencia y el prestigio de la Internacional Comunista. Tal es el estado de las contradicciones fundamentales del capitalismo mundial, llegadas a una exacerbación extrema a causa de la crisis económica mundial. ¿Qué evidencian todos estos hechos? Que la estabilización del capitalismo toca a su fin. Que el auge del movimiento revolucionario de las masas proseguirá con fuerza creciente. Que, en algunos países, la crisis económica mundial se transformará en crisis política. Esto significa, en primer lugar, que la burguesía buscará una salida de la situación acentuando la fascistización en el terreno de la política interior, utilizando para ello todas las fuerzas reaccionarias, comprendida la socialdemocracia. Esto significa, en segundo lugar, que, en el terreno de la política exterior, la burguesía buscará la salida en una nueva guerra imperialista. Esto significa, finalmente, que el proletariado, al luchar contra la explotación capitalista y el peligro de guerra, buscará la salida en la revolución.

3. Las relaciones entre la U.R.S.S. y los estados capitalistas. a) He hablado antes de las contradicciones del capitalismo mundial. Pero, además de estas contradicciones, existe otra. Me refiero a la contradicción entre el mundo capitalista y la U.R.S.S. Cierto, ésta no puede ser considerada como una contradicción interna del capitalismo. Es una contradicción entre el capitalismo en su conjunto y el país del socialismo en construcción. Pero esto no es óbice para que descomponga y haga tambalear los cimientos mismos del capitalismo. Es más: pone al descubierto basta la raíz todas sus contradicciones y las condensa en un solo nudo, convirtiéndolas en una cuestión de vida o muerte para el propio régimen capitalista. Por eso, cada vez que las contradicciones capitalistas empiezan a agudizarse, la burguesía vuelve los ojos hacia la U.R.S.S.: ¿no será posible solucionar esta o aquella contradicción del capitalismo, o todas las contradicciones juntas, a costa de la U.R.S.S., ese País de los Soviets, esa ciudadela de la revolución, que, por el mero hecho de su existencia, revoluciona a la clase obrera y a las colonias, que obstaculiza la preparación de una nueva guerra, que impide un nuevo reparto del mundo, que impide a los capitalistas hacer mangas y capirotes de su amplio mercado interior, tan necesario para ellos, particularmente ahora, debido a la crisis económica? De aquí la tendencia a las agresiones aventureras contra la U.R.S.S. y a la intervención, tendencia que ha de intensificarse a causa de la crisis económica en desarrollo. El país que en el momento presente expresa de un modo más claro esta tendencia es la actual Francia burguesa, patria de la amorosa “Pan-Europa” y “cuna” del pacto Kellogg, el país más agresivo y militarista de todos los países agresivos y militaristas del mundo. Pero la intervención es un arma de dos filos.

La burguesía lo sabe muy bien. Las cosas irán perfectamente, piensa, si la intervención no sufre contratiempos y termina con la derrota de la U.R.S.S. Pero, ¿y si termina con la derrota de los capitalistas? ¿No hubo ya una intervención que desembocó en el fracaso? Si la primera intervención, cuando los bolcheviques eran débiles, concluyó en un fracaso, ¿qué garantía puede haber de que la segunda no termine del mismo modo? Todo el mundo ve que los bolcheviques son ahora mucho más fuertes, tanto económica y políticamente como desde el punto de vista de la capacidad de defensa del país. ¿Y qué hacer con los obreros de los países capitalistas, que no permitirán que se intervenga en la U.R.S.S., lucharán contra la intervención y, llegado el caso, pueden asestar un golpe a la retaguardia de los capitalistas? ¿No será mejor orientarse hacia el reforzamiento de las relaciones comerciales con la U.R.S.S., a lo cual los bolcheviques tampoco ponen ningún inconveniente? De aquí la tendencia a continuar las relaciones pacíficas con la U.R.S.S. Por consiguiente, nos hallamos en presencia de dos grupos de factores y de dos tendencias distintas, que obran en sentido contrario: 1. La política de socavamiento de las relaciones económicas de la U.R.S.S. con los países capitalistas, los ataques provocadores contra la U.R.S.S., la preparación manifiesta y oculta de la intervención contra la U.R.S.S. Estos son los factores que amenazan la situación internacional de la U.R.S.S. La acción de dichos factores explica hechos como la ruptura del gobierno conservador inglés con la U.R.S.S., la ocupación del Ferrocarril del Este de China por los militaristas chinos, el bloqueo financiero de la U.R.S.S., la “cruzada” de los clericales, con el papa a la cabeza, contra la U.R.S.S., el sabotaje que realizan nuestros técnicos, organizado por agentes de Estados extranjeros, la organización

de explosiones e incendios como los que fueron perpetrados por algunos empleados de la “Lena- Goldfields”, los atentados contra los representantes de la U.R.S.S. (Polonia), las trabas a nuestra exportación (Estados Unidos, Polonia). etc. 2. La simpatía y el apoyo a la U.R.S.S. de los obreros de los países capitalistas, la elevación del poderío económico y político y el aumento de la capacidad de defensa de la U.R.S.S., la política de paz que aplica invariablemente el Poder Soviético. Estos son los factores que refuerzan la situación internacional de la U.R.S.S. La acción de estos factores explica hechos como la feliz solución del conflicto del Ferrocarril del Este de China, la reanudación de las relaciones con la Gran Bretaña, el incremento de las relaciones económicas con los países capitalistas, etc. La lucha de estos factores determina la situación exterior de la U.R.S.S. b) Se dice que el obstáculo principal que impide mejorar las relaciones económicas de la U.R.S.S. con los. Estados burgueses es la cuestión de las deudas. Yo creo que esto no es un argumento en favor de su pago, sino un pretexto de los elementos agresivos para la propaganda intervencionista. Nuestra política en este terreno es bien clara y justa. Si se nos conceden créditos, estamos dispuestos a pagar una parte no muy grande de las deudas anteriores a la guerra, considerándolas como un interés suplementario a los créditos.

Sin esta condición, no podemos y no debemos pagar. ¿Se exige más de nosotros? ¿Con qué fundamento? ¿Acaso se ignora que esas deudas las contrajo el gobierno zarista, derribado por la revolución y de cuyos compromisos no puede hacerse responsable el Gobierno Soviético? Se habla de derecho internacional, de compromisos internacionales. Pero ¿en qué derecho internacional se basaron “los señores callados” para quitar a la U.R.S.S. Besarabia y entregarla en esclavitud a los boyardos rumanos? ¿Conforme a qué compromisos internacionales los capitalistas y los gobiernos de Francia, Inglaterra, los Estados Unidos y el Japón atacaron a la U.R.S.S., intervinieron en ella, la saquearon durante tres años seguidos y arruinaron a su población? Si esto se llama derecho internacional y compromiso internacional, ¿qué se denominará entonces saqueo? (Risas. Aplausos.) ¿No está claro que, al permitirse esos actos de bandidaje, los señores “aliados” se han privado de toda autoridad para invocar el derecho internacional y los compromisos internacionales? Se dice, además, que la propaganda de los bolcheviques rusos impide el establecimiento de relaciones “normales”. Con el fin de evitar la acción nociva de la propaganda, los señores burgueses suelen protegerse por medio de “cordones” y “alambradas”, concediendo graciosamente el honor de vigilar esas “barreras” a Polonia, Rumania, Finlandia, etc.

Se dice que Alemania se muerde las uñas de envidia porque no se quiere concederle la vigilancia de los “cordones” y “alambradas”. ¿Hará falta demostrar que las charlas sobre la propaganda no son un argumento contra el establecimiento de “relaciones normales”, sino un pretexto para la propaganda intervencionista? ¿Cómo pueden gentes que no quieran ponerse en ridículo “preservarse” de las ideas del bolchevismo, si en su país mismo hay terreno abonado para dichas ideas? El zarismo también se “preservaba” en tiempos del bolchevismo, pero, como es sabido, no consiguió “preservarse”. Y no lo consiguió, porque el bolchevismo surge en todas partes, no desde el exterior, sino desde el interior. Al parecer, no hay países que se hallen más “preservados” de los bolcheviques rusos que China, la India e Indochina. Y bien, el bolchevismo crece en esos países y crecerá a pesar de todos los “cordones” pues, por lo visto, existen allí condiciones favorables para el bolchevismo. ¿Qué tiene que ver con ello la propaganda de los bolcheviques rusos? Si los señores capitalistas pudieran “preservarse” en una forma u otra de la crisis económica, de la miseria de las masas, del paro forzoso, de los salarios bajos, de la explotación a que someten a los trabajadores, entonces sería otra cosa, entonces no tendrían que vérselas en sus países con un movimiento bolchevique.

Pero el quid de la cuestión está en que cualquier bellaco intenta justificar su flaqueza o su incapacidad alegando la propaganda de los bolcheviques rusos. Se dice también que el impedimento es nuestro régimen soviético, la colectivización, la lucha contra los kulaks, la propaganda antirreligiosa, la lucha contra los saboteadores y contrarrevolucionarios de los “medios científicos”, la expulsión de los Besedovski, los Solomón, los Dmítrievski y otros lacayos del capital. Pero esto empieza ya a ser francamente divertido. Por lo que se ve, no les gusta el régimen soviético. Tampoco a nosotros nos gusta el régimen capitalista. (Risas. Aplausos.) No nos gusta que decenas de millones de desocupados se vean condenados en los países capitalistas a sufrir hambre y miseria, mientras un puñado de capitalistas es dueño de riquezas que se cifran en miles de millones. Pero, puesto que hemos acordado no inmiscuirnos en los asuntos interiores de los demás países, ¿no está claro que no vale la pena volver sobre esta cuestión? La colectivización, la lucha contra los kulaks y contra los saboteadores, la propaganda antirreligiosa, etc. son un derecho inalienable, refrendado por nuestra Constitución, de los obreros y campesinos de la U.R.S.S. Debemos cumplir la Constitución de la U.R.S.S. y la cumpliremos con toda consecuencia. Se comprende, por lo tanto, que quien no quiera tener en cuenta nuestra Constitución, puede irse a paseo. Por lo que se refiere a los Besedovski, los Solomón, los

Dmítrievski y otros, seguiremos echando por la borda a tales gentes, como una mercancía averiada, inútil y perniciosa para la revolución. Que los levanten sobre el pavés quienes sientan una simpatía particular por los desechos. (Risas.) El molino de nuestra revolución trabaja bien: toma todo lo útil y lo da a los Soviets, y los desechos los expele. Se dice que en Francia, entre los burgueses parisinos, hay una gran demanda de esta mercancía averiada. Pues bien, que la importen y que les haga buen provecho. Es verdad que eso gravará un poco las partidas de importación del balance comercial de Francia, cosa contra la cual han protestado siempre los señores burgueses. Pero eso es cuestión suya. No nos metamos en los asuntos interiores de Francia. (Risas. Aplausos.) Tal es la situación en lo que se refiere a los “obstáculos” que impiden establecer relaciones “normales” entre la U.R.S.S. y los demás países. Resulta que dichos “obstáculos” son ficticios y que han sido puestos en juego a fin de encontrar un pretexto para la propaganda antisoviética.

Nuestra política es una política de paz y de robustecimiento de las relaciones comerciales con todos los países. El resultado de esta política es el mejoramiento de las relaciones con varios de ellos y la conclusión de una serie de tratados comerciales, de ayuda técnica, etc. El resultado de esta política es asimismo la adhesión de la U.R.S.S. al pacto Kellogg, la firma del conocido protocolo, en el marco del pacto Kellogg, con Polonia, Rumania, Lituania, etc., la firma del protocolo sobre la prórroga del tratado de amistad y neutralidad con Turquía. Finalmente, resultado de dicha política ha sido que hayamos conseguido mantener la paz, no dejando que los enemigos nos arrastrasen al conflicto, a pesar de bastantes actos de provocación y de ataques aventureros de los incendiarios de guerra. Esta política de paz la seguiremos aplicando con todas nuestras fuerzas, con todos nuestros medios. No deseamos ni un palmo de tierra ajena. Pero de nuestra tierra tampoco cederemos a nadie ni una sola pulgada. (Aplausos.) Tal es nuestra política exterior. La tarea consiste en continuar aplicando esta política con toda la tenacidad propia de los bolcheviques.

II. El creciente ascenso de la edificación socialista y la situación interior de la U.R.S.S. Pasemos a la situación interior de la U.R.S.S. En oposición a los países capitalistas, donde reinan ahora la crisis económica y un paro forzoso cada vez mayor, la situación interior de nuestro país ofrece el cuadro de un creciente ascenso de la economía nacional y de una reducción progresiva del paro forzoso. Ha crecido y ha acelerado el ritmo de su desarrollo la gran industria. Se ha fortalecido la industria pesada. El sector socialista de la industria ha avanzado mucho. Ha surgido una nueva fuerza en la agricultura: los sovjoses y los koljóses. Si hace cosa de dos años teníamos una crisis de producción de cereales y en nuestra labor de acopio nos apoyábamos, principalmente, en las haciendas individuales, ahora el centro de gravedad ha pasado a los koljóses y sovjoses, y, en lo fundamental, la crisis de cereales se puede considerar resuelta. Las masas fundamentales del campesinado han virado definitivamente hacia los koljóses. La resistencia de los kulaks ha sido vencida. La situación interior de la U.R.S.S. se ha consolidado toda vía más. Tal es el panorama general que ofrece la situación interior de la U.R.S.S. en el momento actual. Veamos los datos concretos.

1. El incremento de la economía nacional en su conjunto. a) Si en 1926-1927, esto es, cuando se reunió el XV Congreso del Partido, teníamos en toda la agricultura, incluidas la economía forestal, la pesca, etc., una producción global de 12.370.000.000 de rublos de anteguerra, es decir, el 106,6% del nivel de anteguerra, el año siguiente, o sea, en 1927-1928, teníamos el 107,2%, en 1928-1929, el 109, 1%, y en el año en curso, 1929-1930, a juzgar por la marcha del desarrollo de la agricultura, tendremos, por lo menos, del 113 al 114% del nivel de anteguerra. Nos hallamos ante un crecimiento indeclinable, aunque relativamente lento, de la producción de la agricultura en su conjunto. Si en 1926-1927, o sea, al reunirse el XV Congreso del 'Partido, teníamos en toda la industria, tanto pequeña como grande, incluida la industria harinera, una producción global de 8.641.000.000 de rublos de anteguerra, es decir, el 102,5% del nivel de anteguerra, el año siguiente, o sea, en 1927-1928, teníamos el 122%; en 1928-1929, el 142,5%, y en el año en curso, 1929-1930, a juzgar por la marcha del desarrollo de la industria, tendremos, por lo menos, el 180% del nivel anterior a la guerra. Nos hallamos ante un incremento inaudito, por su rapidez, de la industria en su conjunto. b) Si en 1926-1927, o sea, cuando se reunió el XV Congreso del Partido, el movimiento de cargas por toda nuestra red ferroviaria era de 81.700.000.000 de toneladas-kilómetro, es decir, el 127% del nivel de anteguerra, en el año siguiente, es decir, en 1927- 1928, teníamos el 134,2%; en 1928-1929, el 162,4%, y en el año en curso, 1929-1930, a juzgar por todos los datos, tendremos, por lo menos, el 193% del nivel de anteguerra. Por lo que se refiere a las nuevas líneas férreas construidas en el período que nos ocupa, es decir, arrancando de 1927-1928, la red ferroviaria va a pasar de 76.000 kilómetros a 80.000 kilómetros, lo que representa el 136, 7% del nivel de antes de la guerra. c) Si se toma como 100 la circulación mercantil

(al por mayor y al por menor) del país en 1926-1927 (31.000.000.000 de rublos), resulta que en 1927-1928 el volumen de las operaciones comerciales aumentó al 124,6%; en 1928-1929, al 160,4%, y en el año en curso, 1929-1930, a juzgar por todos los datos, llegará al 202%, es decir, será el doble que en 1926- 1927. d) Si se toman como 100 los balances generales de todas nuestras instituciones del sistema de crédito para el 1 de octubre de 1927 (9.173.000.000 de rublos), veremos que para el 1 de octubre de 1928 habían aumentado al 141%, y el 1 de octubre de 1929 eran el 201,1%, es decir, el doble que en 1927. e) Si se toma como 100 el presupuesto general del Estado para 1926-1927 (6.371.000.000 de rublos), resulta que en 1927-1928 había aumentado al 125,5%; en 1928-1929, al 146,7%, y en 1929-1930, al 204,4%, es decir, el doble que el presupuesto de 1926-1927 (12.605.000.000 de rublos). f) Si en 1926-1927 nuestro comercio exterior (exportación e importación) era el 47,9% del nivel de anteguerra, en 1927-1928 ascendía al 56,8%, y en 1928-1929, al 67,9%; en 1929-1930, según todos los datos, llegaremos, por lo menos, al 80% del nivel anterior a la guerra. g) En resumen, tenemos el siguiente cuadro de incremento de toda la renta nacional durante el período de que rendimos cuenta (en los precios invariables de 1926-1927): en 1926-1927, la renta nacional ascendía, según los datos de la Comisión Estatal de Planificación, a 23.127.000.000 de rublos; en 1927-1928, a 25.396.000.000 de rublos, es decir, aumentó en el 9,8%; en 1928-1929, a 28.596.000.000 de rublos, es decir, aumentó en el 12,6%; en 1929- 1930, según todos los datos, la renta nacional se elevará, por lo menos, a 34.000.000.000 de rublos, con un aumento, por consiguiente, de un 20% en el transcurso de un año. Por lo tanto, el incremento anual medio, durante los tres años de que rendimos cuenta, es superior al 15%. Si se toma en consideración que el aumento anual medio de la renta nacional en países como los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania no pasa del 3 al 8%, hay que reconocer que el ritmo del incremento de la renta nacional de la U.R.S.S. es verdaderamente un ritmo record.

2. Los progresos de la industrialización. La economía nacional no crece en nuestro país de un modo espontáneo, sino en una dirección determinada, en la de la industrialización, bajo el signo de la industrialización, bajo el signo del incremento del peso relativo de la industria dentro del sistema general de la economía nacional, bajo el signo de la transformación de nuestro país, de un país agrario, en un país industrial. a) La dinámica de la correlación entre toda la industria y toda la agricultura, desde el punto de vista del peso relativo de la primera en la producción global de la economía nacional en su conjunto, ofrece, en el período que nos ocupa, el aspecto siguiente: en la anteguerra, la parte de la industria en la producción global de la economía nacional representaba el 42,1%, y la de la agricultura, el 57,9%; en 1927-1928, la parte de la industria era de 45,2%, y la de la agricultura, de 54,8%; en 1928- 1929, la parte de la industria era de 48,7%, y la de la agricultura, de 51,3%; en 1929-1930, la parte de la industria, según todos los datos, deberá representar, cuando menos, el 53%, y la de la agricultura, todo lo más, el 47%. Eso significa que el peso relativo de la industria empieza ya a prevalecer sobre el de la agricultura en el sistema general de la economía nacional y que nos hallamos en vísperas de convertirnos, de país agrario, en país industrial. (Aplausos.) b) La balanza se inclina todavía más en favor de la industria desde el punto de vista de su peso relativo en la producción mercantil de la economía nacional.

Si en 1926-1927 la parte de la producción mercantil de la industria era, en el balance general de la producción mercantil de la economía nacional, del 68,8%, y la parte de la producción mercantil de la agricultura, del 31,2, en 1927-1928 teníamos para la industria el 71,2% y para la agricultura el 28,8%; en 1928-1929, el 72,4% para la industria y el 27,6% para la agricultura; en 1929-1930, según todos los datos, tendremos para la industria el 76% y para la agricultura el 24%. En esta situación particularmente desfavorable del agro se manifiesta, entre otras, el carácter de la agricultura, en la que predominan pequeñas haciendas campesinas de escasa producción mercantil. Se comprende que esta situación deberá modificarse hasta cierto punto, conforme se vayan constituyendo grandes haciendas agrícolas -sovjoses y koljóses-, conforme aumente la producción agrícola destinada al mercado. c) Pero el desarrollo de la industria en general no da todavía una idea completa del ritmo de la industrialización. Para obtener esta idea completa, es necesario fijar, además, la dinámica de la correlación entre la industria pesada y la industria ligera. Por esto, hay que considerar como índice más evidente del desarrollo de la industrialización el aumento progresivo del peso relativo de la producción de instrumentos y medios de producción (industria pesada) en la producción general de la industria. Si en 1927-1928 la parte de la producción de instrumentos y medios de producción representaba, dentro de la producción global de toda la industria, el 27,2%, y la de la producción de artículos de amplio consumo, el 72,8%, en 1928-1929 la parte de la producción de instrumentos y medios de producción es del 28,7% contra 71,3%, mientras que en 1929- 1930 la parte de la producción de instrumentos y

medios de producción, según todos los datos, será ya del 32,7% contra el 67,3%. Y si no se toma toda la industria, sino sólo la sujeta a planificación por el Consejo Supremo de la Economía Nacional, que comprende todas las ramas fundamentales, la correlación entre la producción de instrumentos y medios de producción y la de artículos de amplio consumo ofrece un aspecto todavía más halagüeño: en 1927-1928, la parte de la producción de instrumentos y medios de producción representaba el 42,7% contra el 57,3%; en 1928- 1929, el 44,6% contra el 55,4%, y en 1929-1930, según todos los datos, representará no menos del 48% contra el 52% de la producción de artículos de amplio consumo. El desarrollo de nuestra economía nacional se opera bajo el signo de la industrialización, del reforzamiento y del desarrollo de nuestra propia industria pesada. Esto significa que hemos elevado ya y seguimos desarrollando la industria pesada, base de nuestra independencia económica.

3. La situación dominante de la industria socialista y el ritmo de su incremento. El desarrollo de nuestra economía nacional se opera bajo el signo de la industrialización. Pero no es una industrialización cualquiera lo que necesitamos. Necesitamos una industrialización que garantice el predominio creciente de las formas socialistas de la industria sobre las formas de pequeña producción mercantil y, más aún, sobre las formas capitalistas. Lo característico de nuestra industrialización consiste en que es una industrialización socialista, una industrialización que garantiza la victoria del sector socializado de la industria sobre el sector privado, sobre el sector de pequeña producción mercantil y capitalista. He aquí algunos datos sobre el aumento de las inversiones básicas y de la producción global por sectores. a) Si se toma el incremento de las inversiones básicas en la industria por sectores, obtendremos el cuadro siguiente. Sector socializado: en 1926-1927, 1.270.000.000 de rublos; en 1927-1928, 1.614.000.000 de rublos; en 1928-1929, 2.046.000.000 de rublos; en 1929-1930, 4.275.000,000 de rublos. Sector privado y capitalista: en 1926-1927, 63.000.000 de rublos; en 1927-1928, 64.000.000 de rublos; en 1928-1929, 56.000.000 de rublos; en 1929-1930, 51.000.000 de rublos. Esto significa, en primer lugar, que las inversiones básicas en el sector socializado de la industria han aumentado en este período en más del triple (335%). Esto significa, en segundo lugar, que las inversiones básicas en el sector privado y capitalista han disminuido en este período en una quinta parte (81%). El sector privado y capitalista vive a costa del viejo capital y va hacia su hundimiento. b) Si se toma el aumento de la producción global de la industria por sectores, obtendremos los resultados siguientes. Sector socializado: en 1926- 1927, 11.999.000.000 de rublos; en 1927-1928, 15.389.000.000 de rublos; en 1928-1929, 18.903.000.000 de rublos; en 1929-1930, 24.740.000.000 de rublos.

Sector privado y capitalista: en 1926-1927, 4.043.000.000 de rublos; en 1927-1928, 3.704.000.000 de rublos; en 1928- 1929, 3.389.000.000 de rublos; en 1929-1930, 3.310.000.000 de rublos. Esto significa, en primer lugar, que la producción global del sector socializado de la industria ha aumentado en estos tres años en más del doble (206,2%). Esto significa, en segundo lugar, que la producción global de la industria del sector privado y capitalista ha disminuido en este período casi en una quinta parte (81,9%). Y si no se toma la producción de toda la industria, sino sólo de la gran industria (de la registrada) y la examinamos por sectores, obtendremos la siguiente correlación de los sectores socializado y privado. Peso relativo del sector socializado en la producción de la gran industria del país: 1926-1927, 97,7%; 1927-1928, 98,6%; 1928-1929, 99,1%; 1929-1930, 99,3%. Peso relativo del sector privado en la producción de la gran industria del país: 1926-1927, 2,3; 1927-1928, 1,4%; 1928-1929, 0,9%; 1929-1930, 0,7%. Como veis, los elementos capitalistas en la gran industria ya se han ido a pique. Es evidente que la cuestión de “quién vencerá a quién”, la cuestión de si el socialismo vencerá a los elementos capitalistas en la industria o sucederá lo contrario, ha sido ya resuelta en favor de las formas socialistas de la industria. Ha sido resuelta de una vez y para siempre. (Aplausos.) c) Son particularmente interesantes los datos del período que nos ocupa relativos al ritmo de desarrollo de la industria de Estado planeada por el Consejo Supremo de la Economía Nacional. Si tomamos como 100 la producción global de la industria socialista planeada por el Consejo Supremo de la Economía Nacional en 1926-1927, resulta que en 1927-1928 dicha producción aumentó al 127,4%; en 1928-1929, al 158,6%, y en 1929-1930 aumentará al 209,8%. Eso significa que la industria socialista planeada por el Consejo Supremo de la Economía Nacional, y que comprende todas las ramas fundamentales de la industria y toda la industria pesada, ha aumentado durante estos tres años en más del doble. No se puede por menos de reconocer que ningún

país del mundo posee tan impetuoso ritmo en el desarrollo de su gran industria. Esta circunstancia nos da fundamento para hablar de cumplir el plan quinquenal en cuatro años. d). Algunos camaradas se muestran escépticos respecto a la consigna de “cumplir el plan quinquenal en cuatro años”. Hasta hace muy poco, algunos camaradas consideraban una fantasía nuestro plan quinquenal, aprobado por el V Congreso de los Soviets. No hablo ya de los escritores burgueses, a quienes los ojos se les salen de las órbitas a las solas palabras de “plan quinquenal”. Pero ¿qué vemos en realidad, si examinamos el plan quinquenal desde el punto de vista de su cumplimiento durante los dos primeros años? ¿Qué nos demuestra la comprobación del cumplimiento práctico de dicho plan en su variante óptima? Demuestra no sólo que podemos cumplir el plan quinquenal en cuatro años, sino que en bastantes ramas de la industria lo podremos realizar en tres años y aun en dos años y medio. Esto puede parecer inverosímil a los escépticos del campo oportunista, pero es un hecho que sería estúpido y ridículo negar. Juzgad vosotros mismos. Según el plan quinquenal, la industria del petróleo debería dar, en 1932-1933, productos por valor de 977.000.000 de rublos. En realidad, ya en 1929-1930 da una producción de 809.000.000 de rublos, es decir, el 83% de lo que el plan quinquenal señala para 1932-1933.

Por consiguiente, estamos cumpliendo el plan quinquenal de la industria petrolera en unos dos años y medio. En la industria de la turba deberíamos obtener en 1932-1933, según el plan quinquenal, productos por valor de 122.000.000 de rubios. En realidad, en 1929-1930 da ya productos por más de 115.000.000 de rublos, es decir, el 96% de lo indicado por el plan quinquenal para 1932-1933. Por consiguiente, estamos cumpliendo el plan quinquenal en esta rama de la industria en dos años y medio a lo sumo. Según el plan quinquenal, la industria de maquinaria en general debería producir en 1932- 1933 por valor de 2.058.000.000 de rublos. En realidad, en 1929-1930 da ya producción por valor de 1.458.000.000 de rubios, es decir, el 70% de lo que estipula el plan quinquenal para 1932-1933. Por consiguiente, estamos cumpliendo el plan quinquenal de construcción de maquinaria en general en dos años y medio o tres años. Según el plan quinquenal, la industria de maquinaria agrícola debería dar en 1932-1933 una producción por valor de 610.000.000 de rublos. En realidad, en 1929-1930 da ya una producción por valor de 400.000.000 de rublos, es decir, más del 60% de lo que marca el plan quinquenal para 1932- 1933. Por consiguiente, estamos cumpliendo dicho plan, en lo que se refiere a la construcción de máquinas agrícolas, en tres años a lo sumo.

Según el plan quinquenal, la industria electrotécnica debería dar en 1932-1933 una producción por valor de 896.000.000 de rublos. En realidad, produce ya en 1929-1930 por valor de 503.000.000 de rublos, es decir, más del 56% de lo señalado en el plan quinquenal para 1932-1933. Por consiguiente, cumpliremos el plan quinquenal de la industria electrotécnica en tres años. Tal es el ritmo inaudito de desarrollo de nuestra industria socialista. Avanzamos a todo vapor, alcanzando, desde el punto de vista técnico-económico, a los países capitalistas avanzados. e) Esto no significa, naturalmente, que les hayamos dado alcance ya en cuanto al volumen de la producción, que nuestra industria haya conseguido ya el nivel de desarrollo de la industria de los países capitalistas avanzados. No, nos hallamos todavía lejos de ello. No se debe confundir el ritmo de desarrollo de la industria con el nivel de su desarrollo. Entre nosotros hay muchos que los confunden, suponiendo que, si hemos conseguido un ritmo inaudito de desarrollo de la industria, hemos alcanzado ya, con ello, el nivel de desarrollo de la industria de los países capitalistas avanzados. Pero esto es falso en absoluto. Tomemos, por ejemplo, la producción de energía eléctrica, en la cual hemos conseguido un ritmo de desarrollo muy alto.

Entre 1924 y 1929 la hemos elevado hasta casi el 600%, mientras que los Estados Unidos la elevaron en este período sólo hasta el 181%; el Canadá, hasta el 218%; Alemania, hasta el 241%, e Italia, hasta el 222%. Como veis, tenemos aquí un ritmo de desarrollo sencillamente inaudito, superior al de todos los demás países. Pero si tomamos el nivel de desarrollo de la producción de energía eléctrica en los países señalados en 1929, por ejemplo, y lo comparamos con el nivel de desarrollo en la U.R.S.S., obtendremos un cuadro muy poco consolador para ella. A pesar del ritmo inaudito de desarrollo de la producción de energía eléctrica, ésta era en la U.R.S.S., en 1929, únicamente de 6.465.000.000 de kilovatios-hora, mientras que los Estados Unidos tenían 126.000.000.000 de kilovatios-hora; el Canadá, 17.628.000.000 de kilovatios-hora; Alemania, 33.000.000.000 de kilovatios-hora, e Italia, 10.850.000.000 de kilovatios-hora. La diferencia, como veis, es gigantesca. Resulta que, en cuanto al nivel de desarrollo, marchamos a la zaga de todos esos países. Tomemos, por ejemplo, la producción de hierro colado en nuestro país. Si fijamos como 100 la producción de 1926-1927 (2.900.000 toneladas), durante estos últimos tres años, es decir, desde 1927- 1928 hasta 1929-1930, la producción de hierro colado se va a hacer en nuestro país casi el doble, llegando al 190% (5.500.000 toneladas). El ritmo de

desarrollo, como veis, es bastante elevado. Pero si se examinan las cosas desde el punto de vista del nivel de desarrollo de la producción de hierro colado en nuestro país y se compara el volumen de la producción del mismo en la U.R.S.S. con el de la producción de los países capitalistas avanzados, el cuadro no será muy consolador. Empecemos por señalar que sólo en el año actual (1929-1930) alcanzaremos y sobrepasaremos el nivel de producción de hierro colado de antes de la guerra. Esto basta ya para que lleguemos a la conclusión inexcusable de que, si no aceleramos más el ritmo de desarrollo de la metalurgia, corremos el riesgo de poner en peligro la suerte de toda nuestra producción industrial. Respecto al nivel de desarrollo de la producción de hierro colado en nuestro país y en el Occidente, tenemos los siguientes datos: la producción de hierro colado en los Estados Unidos era, en 1929, de 42.300.000 toneladas; en Alemania, de 13.400.000 toneladas; en Francia, de 10.450.000 toneladas, y en Inglaterra, de 7.700.000 toneladas; mientras que, en la U.R.S.S., la producción a fines de 1929-1930 será sólo de 5.500.000 toneladas. La diferencia, como veis, no es pequeña. Resulta, por lo tanto, que, desde el punto de vista del nivel de desarrollo de la producción de hierro colado, vamos a la zaga de todos esos países. ¿Qué evidencia todo eso? Eso evidencia: 1) que no se puede confundir el ritmo de desarrollo de la industria con el nivel de su desarrollo; 2) que, en cuanto al nivel de desarrollo de nuestra industria, estamos endiabladamente rezagados con respecto a los países capitalistas avanzados; 3) que sólo una mayor aceleración del ritmo de desarrollo de nuestra industria nos permitirá alcanzar y sobrepasar, desde el punto de vista técnico- económico, a los países capitalistas avanzados; 4) que los charlatanes que hablan de la necesidad de disminuir el ritmo de desarrollo de nuestra industria son enemigos del socialismo, agentes de nuestros enemigos de clase. (Aplausos.)

4. La agricultura y el problema de los cereales. Más arriba hablaba del estado de la agricultura en general, incluyendo en ella la economía forestal, la pesca, etc., sin dividir la agricultura en sus ramas fundamentales. Si destacamos de la agricultura en su conjunto las ramas fundamentales de la misma, como, por ejemplo, la producción de cereales, la ganadería y los cultivos industriales, la situación, según datos de la Comisión estatal de Planificación y del Comisariado del Pueblo de Agricultura de la U.R.S.S., es la siguiente: a) Si tomamos como 100 la superficie de siembra de cereales de 1913, obtendremos el siguiente cuadro de desarrollo por años: 1926-1927, 96,9%; 1927- 1928, 94,7%; 1928-1929, 98,2%, y este año, en 1929-1930, según todos los datos, tendremos el 105,1%, del nivel de antes de la guerra. Llama la atención que la superficie de siembra de cereales disminuyera en 1927-1928. Ello no ha ocurrido porque la producción cerealista decayese, como afirman los ignorantes del bando de los oportunistas de derecha, sino porque se perdieron las sementeras de otoño en una superficie de 7.700.000 hectáreas (el 20% de todas las sementeras de cereales de otoño de la U.R.S.S.). Si tomamos como 100 la producción global de cereales de 1913, obtendremos el cuadro siguiente: en 1927, el 91,9%; en 1928, el 90,8%; en 1929, el 94,4%, y en 1930, según todos los datos, llegaremos al 110% de la norma de antes de la guerra. Aquí llama también la atención que la producción global de cereales haya disminuido en 1928, debido a la pérdida de las siembras de otoño en Ucrania y en el Cáucaso del Norte.

Por lo que se refiere a la parte de la producción global de cereales destinada al mercado (comercio fuera del campo), el cuadro que ofrece es aun más aleccionador. Si tomamos como 100 la producción mercantil de cereales correspondiente a 1913, resulta que 1927 dio un 37% de producción mercantil; 1928, un 36,8%; 1929, un 58%, y este año, 1930, dará, según todos los datos, por lo menos el 73% del nivel de anteguerra. Resulta, pues, que, en cuanto a las superficies de siembra y a la producción global de cereales, únicamente en este año, en 1930, alcanzaremos la norma de antes de la guerra y la sobrepasaremos un poco. Resulta, además, que, en cuanto a la producción mercantil de cereales, no hemos alcanzado aún, ni mucho menos, la norma de antes de la guerra y que este año llevaremos todavía con respecto a ella un retraso aproximado del 25%. Este es el origen de nuestras dificultades en cuanto a los cereales, acentuadas particularmente en 1928. Este es también el origen del problema de los cereales. b) Un cuadro aproximado, pero con síntomas más alarmantes, nos ofrece la ganadería. Si se toma como 100 el número de cabezas de ganado de todas las clases en 1916, se obtiene, por años, el cuadro siguiente: en 1927 teníamos el 88,9% de caballos, el 114,3% de ganado bovino, el 119,3% de ganado lanar y cabrío y el 111,3% de ganado porcino del nivel de anteguerra; en 1928, el 94,6% de caballos, el 118,5% de ganado bovino, el 126% de ganado lanar y cabrío y el 126,1% de ganado porcino; en 1929, el 96,9% de caballos, el 115,6% de ganado bovino, el 127,8% de ganado lanar y cabrío y el 103% de ganado porcino; en 1930, el 88,6% de caballos, el 89,1% de ganado bovino, el 87,1% de

ganado lanar y cabrío y el 60,1% de ganado porcino de la norma de 1916. Como veis, si tomamos en consideración los datos del año último, tendremos síntomas evidentes de que se inicia un descenso de la ganadería. Es todavía menos halagüeño el cuadro desde el punto de vista de la producción mercantil de la ganadería, sobre todo en cuanto a la carne y las grasas. Si se toma como 100 la producción global de carne y grasas de cada año, la parte de la misma con destino al mercado es la siguiente: en 1926, el 33,4%; en 1927, el 32,9%; en 1928, el 30,4%; en 1929, el 29,2%. Existen, como vemos, síntomas evidentes de inestabilidad y de inconsistencia económica de las pequeñas haciendas, de escasa producción mercantil en lo que se refiere a la cría de ganado. Resulta que, en vez de sobrepasar el número de cabezas de ganado de 1916, en el curso de este último año observamos síntomas evidentes de un descenso con respecto a dicho nivel. Por lo tanto, después del problema de los cereales, que ya estamos resolviendo, en lo fundamental, con buen éxito, se nos plantea el problema de la carne, que se manifiesta ya con agudeza y espera solución. c) Otro cuadro distinto nos ofrece el desarrollo de los cultivos industriales, que suministran materias primas a nuestra industria ligera.

Si tomamos como 100 la superficie de siembra de cultivos industriales en 1913, tendremos: algodón, en 1927, el 107,1%; en 1928, el 131,4%; en 1929, el 151,4%; en 1930, el 217% del nivel de antes de la guerra; lino, en 1927, el 86,6%; en 1928, el 95,7%; en 1929, el 112,9%; en 1930, el 125% del nivel de antes de la guerra; remolacha azucarera, en 1927, el 106,6%; en 1928, el 124,2%; en 1929, el 125,8%; en 1930, el 169% del nivel de antes de la guerra; plantas oleaginosas, en 1927, el 179,4%; en 1928, el 230,9% y en 1929, el 219,7%; en 1930 tendremos, por lo menos, el 260% del nivel de antes de la guerra. La producción global de cultivos industriales ofrece, en lo fundamental, un cuadro igualmente satisfactorio. Si tomamos como 100 la producción global de 1913, tendremos: algodón, en 1928, el 110,5%, y en 1929, el 119%; en 1930 se llegará, según todos los datos, al 182,8% del nivel de anteguerra; lino, en 1928, el 71,6%, y en 1929, el 81,5%; en 1930 se alcanzará, según todos los datos, el 101,3% del nivel de anteguerra; remolacha azucarera, en 1928, el 93%, y en 1929, el 58%; en 1930 se llegará, según todos los datos, al 139,4% del nivel de anteguerra; plantas oleaginosas, en 1928, el 161,9%, y en 1929, el 149,8%; en 1930 se conseguirá, según todos los datos, el 220% del nivel de anteguerra. Así, pues, los cultivos industriales ofrecen un cuadro más favorable, excepción hecha de la remolacha en 1929, cuya cosecha fue dañada por los insectos.

Sin embargo, también aquí, en los cultivos industriales, son posibles y probables en el porvenir oscilaciones serias y manifestaciones de inestabilidad -debidas al predominio de las pequeñas haciendas- semejantes a las que señalan esas cifras con respecto al lino y a las plantas oleaginosas, las menos afectadas por la influencia de los koljóses y sovjoses. Por lo tanto, tenemos planteados los siguientes problemas de la agricultura: 1) consolidar la situación en cuanto a los cultivos industriales, asegurando a las zonas correspondientes pan y cereales baratos y en cantidad suficiente; 2) incrementar la ganadería y solucionar la cuestión de la carne, suministrando a las zonas correspondientes cereales y forrajes baratos y en cantidad suficiente; 3) solucionar definitivamente la cuestión de la producción de cereales como problema principal de la agricultura en el momento presente. Resulta que el problema de los cereales es el eslabón fundamental en el sistema de la agricultura y constituye la clave para la solución de todos los demás problemas del agro. Resulta que la solución del problema de los cereales es la tarea primordial entre todos los problemas de la agricultura. Pero solucionar el problema de los cereales y encauzar así la agricultura hacia un progreso serio, significa acabar radicalmente con su atraso, proveerla de tractores y máquinas agrícolas, equiparla de nuevo personal científico, elevar el rendimiento del trabajo, aumentar la producción mercantil.

Sin cumplir estas condiciones no se puede ni soñar siquiera con resolver el problema de los cereales. ¿Es posible lograr el cumplí miento de todas estas tareas sobre la base de las pequeñas haciendas campesinas individuales? No, no es posible. No es posible, porque la pequeña hacienda campesina no se halla en condiciones de adoptar y dominar la nueva técnica de elevar suficientemente el rendimiento del trabajo, de aumentar como es debido la producción mercantil de la agricultura. No queda más que un camino: el de la ampliación de las haciendas, el de organizar grandes haciendas agrícolas dotadas de maquinaria moderna. Pero el País Soviético no puede seguir el rumbo de la organización de grandes haciendas capitalistas, sino que puede y debe orientarse únicamente hacia la organización de grandes haciendas de tipo socialista dotadas de maquinaria moderna. Estas haciendas son, en nuestro país, los sovjoses y los koljóses. De aquí la tarea de organizar sovjoses y de agrupar las pequeñas haciendas campesinas individuales en grandes haciendas colectivas como único camino para la solución de los problemas de la agricultura en general, y del problema de los cereales en particular.

Este es el rumbo que sigue el Partido en su labor práctica cotidiana desde el XV Congreso, sobre todo después de las serias dificultades cerealistas descubiertas a principios de 1928. Conviene observar que este problema cardinal, como tarea práctica, fue ya puesto al orden del día por nuestro Partido en el XV Congreso, cuando no teníamos aún dificultades serias en los cereales. En la conocida resolución del XV Congreso “Sobre el trabajo en el campo” se dice claramente que: “En el período presente, la tarea de unir las pequeñas haciendas campesinas individuales y transformarlas en grandes haciendas colectivas debe ser planteada como tarea fundamental del Partido en el campo”. Quizá no esté de más citar también el pasaje correspondiente del informe del Comité Central ante el XV Congreso, en el cual, de un modo igualmente rotundo y concreto, se planteó el problema de acabar con el atraso de la agricultura basándose en la colectivización. He aquí lo que se dice en el informe mencionado: “¿Dónde está, pues, la solución? La solución está en el paso de las pequeñas haciendas campesinas dispersas a las grandes haciendas unificadas sobre la base del cultivo en común de la tierra, en el paso al cultivo colectivo de la tierra sobre la base de una técnica nueva y más elevada. La solución está en que las pequeñas y diminutas haciendas campesinas se agrupen paulatina, pero indefectiblemente, y no por medio de la presión, sino mediante el ejemplo y la persuasión, en grandes haciendas, sobre la base del cultivo en común, del cultivo cooperativo, colectivo, de la tierra, mediante el empleo de maquinaria agrícola y de tractores y la aplicación de métodos científicos encaminados a intensificar la agricultura. No hay otra solución”.

5. El viraje del campesinado hacia el socialismo y el ritmo de desarrollo de la organización de sovjoses y koljóses. El viraje de los campesinos hacia la colectivización no se inició de golpe ni podía iniciarse así. Es verdad que la consigna de la colectivización fue ya lanzada por el Partido en el XV Congreso. Mas, para que los campesinos viren en masa hacia el socialismo, no basta con la proclamación de la consigna. Para ello se requiere, al menos, otra circunstancia: que las mismas masas campesinas se convenzan de lo acertado de la consigna lanzada y la hagan suya. Por eso, el viraje fue preparándose paulatinamente. Lo venía preparando todo el proceso de nuestro desarrollo, todo el proceso de desarrollo de nuestra industria, y sobre todo de la industria que proporciona a la agricultura maquinaria y tractores. Lo venían preparando la política de lucha enérgica contra los kulaks y el proceso de los acopios de cereales, en las nuevas formas que tomó en 1928 y 1929, al ser puestas las haciendas de los kulaks bajo el control de los campesinos pobres y medios. Lo venía preparando el desarrollo de la cooperación agrícola, que educa al campesino individual para la explotación colectiva de la tierra. Lo venía preparando la red de koljóses, en los que el campesino pudo comprobar las ventajas de las formas colectivas de economía sobre la hacienda individual. Lo venía preparando, en fin, la red de sovjoses diseminados por toda la U.R.S.S. y dotados de nueva maquinaria, en los cuales los campesinos tenían la ocasión de convencerse de la fuerza y de las ventajas de los nuevos medios técnicos. Sería erróneo no ver en nuestros sovjoses más que una fuente de recursos cerealistas.

En realidad, los sovjoses, con su nueva maquinaria, con la ayuda que prestan a los campesinos de los contornos, con su inusitada potencia económica, han constituido la fuerza rectora que ha facilitado el viraje de las masas campesinas y las ha impulsado hacia la senda de la colectivización. He aquí sobre qué base surgió, en el segundo semestre de 1929, el movimiento masivo de millones de campesinos pobres y medios en pro de los koljóses, movimiento que ha abierto el período del gran viraje en la vida de nuestro país. ¿Qué medidas tomó el Comité Central para salir debidamente pertrechado al encuentro de este movimiento y colocarse a su frente? Las medidas del Comité Central se han orientado en tres sentidos: en el de la organización y financiamiento de los sovjoses, en el de la organización y financiamiento de los koljóses y, finalmente, en el de la organización de la industria de tractores y máquinas agrícolas, que se ponen al servicio del campo a través de las estaciones de máquinas y tractores, las columnas de tractores, etc. a) El Buró Político del C.C. tomó ya en abril de 1928 el acuerdo de organizar en tres o cuatro años nuevos sovjoses, de modo que éstos pudieran dar al final de dicho tiempo un mínimo de 100.000.000 de puds de grano con destino al mercado. Este acuerdo fue confirmado posteriormente por el Pleno del C.C. Se organizó el “Zernotrest”, al que se encomendó el cumplimiento de dicho acuerdo. Además, se decidió fortalecer los sovjoses ya existentes y aumentar las sementeras en ellos. Se organizó el “Sovjostsentr”, al que se encargó de poner en práctica este acuerdo. No podemos por menos de señalar que estos acuerdos fueron recibidos de uñas por los elementos oportunistas de nuestro Partido. Se decía que el dinero empleado en los sovjoses era dinero “tirado a la calle”. También algunos hombres de “ciencia”, con el apoyo de los elementos oportunistas del Partido, nos criticaron, diciendo que era imposible e

insensato organizar grandes sovjoses. No obstante, el C.C. mantuvo su línea y la aplicó íntegramente, sin reparar en nada. En 1927-1928 fueron consignados 65.700.000 rublos para financiar los sovjoses (sin contar los créditos a corto plazo para fondos circulantes). En 1928-1929 fueron destinados 185.800.000 rublos. Finalmente, este año se han asignado 856.200.000 rublos. Durante el período que nos ocupa han sido puestos a disposición de los sovjoses 18.000 tractores, con una potencia de 350.000 caballos. ¿Cuáles han sido los resultados de estas medidas? Las sementeras del “Zernotrest” sumaban, en 1928-1929, 150.000 hectáreas; en 1929-1930, 1.060.000 hectáreas; en 1930-1931, o sumarán 4.500.000 hectáreas; en 1931-1932 ocuparán 9.000.000 de hectáreas, y en 1932-1933, es decir, a fines del quinquenio, 14.000.000 de hectáreas. Las sementeras del “Sovjostsentr” tenían, en 1928-1929, 430.000 hectáreas; en 1929-1930, 860.000 hectáreas; en 1930-1931 ascenderán a 1.800.000 hectáreas; en 1931-1932, a 2.000.000 de hectáreas, y en 1932- 1933, a 2.500.000 hectáreas. La superficie de siembra de la Unión de Sovjoses de Ucrania era, en 1928-1929, de 170.000 hectáreas; en 1929-1930, de 280.000 hectáreas; en 1930-1931 será de 500.000 hectáreas, y en 1932-1933, de 720.000 hectáreas.

La superficie de siembra del “Soiuzsájar” (por lo que respecta a los cereales) era, en 1928-1929, de 780.000 hectáreas; en 1929-1930, de 820.000 hectáreas; en 1930-1931 será de 860.000 hectáreas; en 1931-1932, de 980.000 hectáreas, y en 1932-1933, de 990.000 hectáreas. Esto significa, en primer lugar, que el “Zernotrest”, solo, dispondrá a fines del quinquenio de una superficie de siembra de cereales igual a la que tiene actualmente toda la Argentina. (Aplausos.) Esto significa, en segundo lugar, que todos los sovjoses, juntos, tendrán a fines del quinquenio una superficie de siembra de cereales superior en 1.000.000 de hectáreas a la que ahora tiene todo el Canadá. (Aplausos.) En cuanto a la producción global y mercantil de cereales de los sovjoses, observamos el siguiente cuadro por años: en 1927-1928, todos los sovjoses dieron una producción global de 9.500.000 quintales, de ellos 6.400.000 de grano mercantil; en 1928-1929, 12.800.000 y 7.900.000 quintales respectivamente; en 1929-1930 tendremos, según todos los datos, 28.200.000 y 18.000.000 de quintales (108.000.000 de puds) respectivamente; en 1930-1931 tendremos, respectivamente, 71.700.000 y 61.000.000 de quintales (370.000.000 de puds), etc., etc. Tales son los resultados obtenidos y los que esperamos obtener de la política de nuestro Partido en lo que se refiere a los sovjoses.

Según el acuerdo adoptado por el Buró Político del C.C. en abril de 1928 respecto a la organización de nuevos sovjoses, debíamos recibir de ellos, en 1931-1932, un mínimo de 100.000.000 de puds de grano mercantil. En realidad, resulta que en 1931- 1932 obtendremos ya de los nuevos sovjoses, exclusivamente, más de 200.000.000 de puds. Es decir, duplicaremos el programa. Resulta que quienes se burlaban del acuerdo del Buró Político del C.C. han sido víctima de su propia burla. Según el plan quinquenal aprobado por el Congreso de los Soviets, al final del quinquenio debíamos tener en los sovjoses de todas las entidades una superficie de siembra de 5.000.000 de hectáreas. En realidad, este año tenemos ya 3.800.000 hectáreas, y el año próximo, es decir, en el tercer año del quinquenio, poseeremos 8.000.000 de hectáreas. Esto significa que estamos cumpliendo y sobrepasando en tres años el plan quinquenal por lo que respecta a la organización de sovjoses. Según el plan quinquenal, la producción global de cereales de los sovjoses debería ser, a fines del quinquenio, de 54.300.000 quintales. En realidad, dicha producción es ya este año de 28.000.000 quintales, y el año próximo será de 71.700.000 quintales. Esto significa que, por lo que respecta a la producción global de cereales, estamos cumpliendo y sobrepasando el plan quinquenal en tres años.

¡El plan quinquenal cumplido en tres años! Que charlen ahora los plumíferos burgueses y sus acólitos oportunistas acerca de que es imposible realizar y sobrepasar en tres años el plan quinquenal de organización de sovjoses. b) Por lo que respecta a la organización de los koljóses, la situación es aún más satisfactoria. El Pleno del Comité Central adoptó a este propósito ya en julio de 1928 el siguiente acuerdo: “Cumplir indeclinablemente la tarea marcada por el XV Congreso de “unir las pequeñas haciendas campesinas individuales y transformarlas en grandes haciendas colectivas”, como asociaciones voluntarias basadas en la nueva técnica y que representan una forma superior de haciendas cerealistas, tanto en el sentido de la transformación socialista de la agricultura como en el de garantizar la elevación radical de su rendimiento y de su producción mercantil. (v. la resolución del Pleno de julio del C.C. “Sobre la política de acopios de cereales en relación con la situación económica general”, 1928) Posteriormente, este acuerdo fue ratificado por las resoluciones de la XVI Conferencia del Partido y por la resolución especial del Pleno del C.C. de noviembre de 1929 sobre el movimiento koljósiano. En la segunda mitad de 1929, cuando se inició el viraje radical de los campesinos hacia los koljóses y cuando el campesino medio afluyó a ellos en masa, el

Buró Político del C.C. tomó la resolución especial del 5 de enero de 1930 “Sobre el ritmo de la colectivización y las medidas del Estado para ayudar a la organización de los koljóses”. En dicha resolución, el Comité Central: 1) consignó un viraje en masa de los campesinos hacia los koljóses y la posibilidad de sobrepasar en la primavera de 1930 el plan quinquenal de organización de los koljóses; 2) consignó la existencia de las premisas materiales y demás condiciones necesarias para sustituir la producción de los kulaks por la de los koljóses, en vista de lo cual declaró la necesidad de pasar de la política de limitación a la política de liquidación de los kulaks como clase; 3) señaló la perspectiva de que ya en la primavera de 1930 la superficie de siembra labrada colectivamente excediera en mucho de 30.000.000 de hectáreas; 4) dividió en tres grupos las zonas de la U.R.S.S., estableciendo en cada uno de ellos plazos aproximados para llevar a término, en lo fundamental, la colectivización; 5) revisó los métodos de distribución de los fondos de tierra en favor de los koljóses y las formas de financiamiento de la agricultura, fijando para los koljóses créditos por un mínimo de 500.000.000 de rublos para 1929-1930; 6) señaló que el artel, como forma del movimiento koljósiano, era el eslabón fundamental del sistema koljósiano en estos momentos; 7) dio merecida respuesta a los elementos oportunistas del Partido, que intentaban frenar el movimiento koljósiano alegando que no se tenía suficientes máquinas y tractores; 8) finalmente, puso en guardia a los funcionarios del Partido contra los posibles extremismos en el movimiento koljósiano y contra el peligro que representaba la organización de los koljóses por decretos dictados desde arriba, peligro que amenaza con suplantar el verdadero movimiento koljósiano de masas por un juego a la colectivización.

Conviene observar que esta resolución del C.C. no fue acogida nada favorablemente por los elementos oportunistas de nuestro Partido. Hubo habladurías y cuchicheos acerca de que el C.C. se dejaba llevar por la fantasía y “malgastaba” el dinero del pueblo en koljóses “inexistentes”. Los elementos de derecha se frotaban las manos de gusto presintiendo el fracaso “inevitable”. No obstante, el C.C. mantuvo su línea con toda tenacidad y la aplicó íntegramente a pesar de todo, a pesar de las risitas filisteas de los derechistas y de los extremismos y del vértigo de los elementos “izquierdistas”. En 1927-1928 fueron consignados para financiar los koljóses 76.000.000 de rublos; en 1928-1929, 170.000.000 de rublos; finalmente, este año han sido consignados 473.000.000 de rublos.

Además, se han destinado 65.000.000 de rublos al fondo de colectivización. Se han concedido a los koljóses ventajas, que han aumentado sus recursos financieros en 200.000.000 de rublos. Han sido transferidos a los koljóses los bienes de los kulaks expropiados, bienes cuyo valor se eleva a más de 400.000.000 de rublos. Disponemos, para su utilización en los koljóses, de 30.000 tractores por lo menos -con una potencia de más de 400.000 caballos-, sin contar los 7.000 del Centro de Tractores puestos al servicio de los koljóses ni los tractores con que les ayuda el sistema de los sovjoses. Este año se han facilitado a los koljóses 10.000.000 de quintales de grano (61.000.000 de puds) en concepto de préstamos y ayuda para la siembra. Finalmente, se ha prestado una ayuda directa organizativa a los koljóses para la formación de bases hipo-mecánicas, cuyo número pasa de 7.000 y en las que se utilizan, por lo menos, 1.300.000 caballos. ¿Cuáles han sido los resultados de estas medidas? La superficie de siembra de los koljóses era, en 1927, de 800.000 hectáreas; en 1928, de 1.400.000 hectáreas, y en 1929, de 4.300.000 hectáreas; en 1930 no bajará de 36.000.000 de hectáreas, contando las sementeras de otoño y las de primavera. Esto significa, en primer lugar, que, en los tres años, la superficie de siembra de los koljóses ha aumentado en más de 40 veces. (Aplausos.)

Esto significa, en segundo lugar; que nuestros koljóses poseen actualmente una superficie de siembra igual a la de Francia e Italia juntas. (Aplausos.) En cuanto a la producción global de cereales y a la parte mercantil de la misma, tenemos el cuadro siguiente. En 1927, los koljóses suministraron 4.900.000 quintales, de ellos 2.000.000 de grano mercantil; en 1928, 8.400.000 y 3.600.000 quintales respectivamente; en 1929, 29.100.000 y 12.700.000 quintales, y en 1930 tendremos, según todos los datos, 256.000.000 de quintales (1.550.000.000 de puds) y un mínimo de 82.000.000 de quintales (más de 500.000.000 de puds) respectivamente. Hay que reconocer que en ninguna rama de nuestra industria, que se desarrolla, en general, con bastante rapidez, hemos observado un ritmo de ascenso tan inusitado, como el que ofrece la organización de los koljóses. ¿Qué evidencian todas estas cifras? Evidencian, en primer lugar, que la producción global de cereales en los koljóses ha aumentado, en tres años, en más de 50 veces, y la parte mercantil de la misma, en más de 40. Evidencian, en segundo lugar, que estamos en condiciones de obtener este año de los koljóses más de la mitad de toda la producción mercantil de cereales del país. Evidencian, en tercer lugar, que el destino de la agricultura y de sus problemas fundamentales no lo

determinarán en adelante las haciendas campesinas individuales, sino los koljóses y los sovjoses. Evidencian, en cuarto lugar, que el proceso de liquidación de los kulaks como clase avanza a toda marcha en nuestro país. Evidencian, finalmente, que en el país se han operado ya progresos económicos que nos dan pleno fundamento para afirmar que hemos logrado elevar el campo a una nueva senda, a la senda de la colectivización, garantizando con ello el buen éxito de la edificación socialista no sólo en la ciudad, sino también en el agro. En su resolución del 5 de enero de 1930, el Buró Político del C.C. fijó que, para la primavera del mismo año, las superficies de siembra de los koljóses, labradas en común, debían alcanzar 30.000.000 de hectáreas. En realidad, tenemos hoy 36.000.000 de hectáreas. Resulta, pues, que la cifra que estableció el C.C. ha sido sobrepasada. Resulta que quienes se burlaban de la resolución del C.C. han sido víctima de su propia burla. De nada han servido a los charlatanes oportunistas de nuestro Partido ni la fuerza ciega del elemento pequeñoburgués ni los extremismos en el movimiento koljósiano. Según el plan quinquenal, a fines del quinquenio los koljóses deberían tener una superficie de siembra de 20.600.000 hectáreas. En realidad, este año poseemos ya 36.000.000 de hectáreas. Esto significa que en dos años hemos rebasado ya en más de un 50% el programa quinquenal de organización de los koljóses. (Aplausos.) Según el plan quinquenal, a fines del quinquenio los koljóses deberían producir, en total, 190.500.000 quintales de grano. En realidad, este año los koljóses producirán ya, en total, 256.000.000 de quintales. Esto significa que en dos años hemos rebasado ya en más del 30% el programa quinquenal de producción de cereales por los koljóses. ¡El plan quinquenal cumplido en dos años! (Aplausos.) Que charlen ahora las comadres oportunistas a propósito de que es imposible cumplir y rebasar en dos años el plan quinquenal de organización de los koljóses.

6. El mejoramiento de la situación material y cultural de los obreros y de los campesinos. Resulta, pues, que el desarrollo progresivo del sector socialista, tanto en la industria como en la agricultura, es un hecho que no deja lugar a dudas. ¿Qué puede significar eso desde el punto de vista de la situación material de los trabajadores? Eso significa que con ello han sido ya echados los cimientos para mejorar radicalmente la situación material y cultural de los obreros y los campesinos. ¿Por qué?, ¿de qué modo? En primer lugar, porque el desarrollo del sector socialista significa, ante todo, una reducción de los elementos explotadores de la ciudad y del campo, la disminución de su peso relativo en la economía nacional. Y eso implica que la parte de la renta nacional correspondiente a los obreros y los campesinos debe aumentar, sin falta, a costa de la reducción de la parte correspondiente a las clases explotadoras. En segundo lugar, porque, con el desarrollo del sector socializado (socialista), la parte de la renta nacional que hasta ahora consumían las clases explotadoras y sus servidores deberá quedarse en la producción misma, a fin de ampliarla, de construir nuevas fábricas, de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Y eso significa que la clase obrera debe crecer numéricamente y ver aumentada su fuerza, que el paro forzoso debe disminuir y reabsorberse. Finalmente, porque el desarrollo del sector socializado, en cuanto implica el mejoramiento de la situación material de la clase obrera, supone un aumento progresivo de la capacidad del mercado interior, de la demanda de artículos industriales por los obreros y campesinos.

Y esto significa que el crecimiento del mercado interior se adelantará al de la industria, empujándola adelante, hacia una constante ampliación. Todas estas circunstancias y otras análogas conducen al mejoramiento constante de la situación material y cultural de los obreros y campesinos. a) Empecemos por el aumento numérico de la clase obrera y la reducción del paro forzoso. Si el número de asalariados (sin los parados) era, en 1926-1927, de 10.990.000, en 1927-1928 teníamos 11.456.000; en 1928-1929, 11.997.000, y en 1929-1930, según todos los datos, llegarán, por lo menos, a 13.129.000. De ellos, el número de personas dedicadas al trabajo manual (comprendidos los obreros agrícolas y los temporeros) era, en 1926- 1927, de 7.069.000; en 1927-1928, de 7.404.000, y en 1928-1929, de 7.758.000; en 1929-1930 es de 8.533.000. De las cifras anteriores, el número de obreros de la gran industria (sin los empleados) era, en 1926-1927, de 2.439.000; en 1927-1928, de 2.632.000, y en 1928-1929, de 2.858.000; en 1929- 1930 es de 3.029.000. Ello significa que asistimos a un aumento numérico consecuente de la clase obrera, con la particularidad de que si el porcentaje de aumento de los asalariados representa en tres años el 19,5, y el de las personas dedicadas al trabajo manual, el 20,7, el porcentaje de aumento de los obreros industriales es del 24,2. Pasemos a la cuestión del paro forzoso. Hay que decir que en este terreno existe un gran desbarajuste, tanto en el Comisariado del Pueblo de Trabajo como en el Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos. De una parte, según los datos de las instituciones

mencionadas, resulta que hay cerca de 1.000.000 de desocupados, de los cuales sólo el 14,3% tiene una calificación mínima y cerca del 73% son personas dedicadas al trabajo llamado intelectual y trabajadores no calificados, con la particularidad de que la inmensa mayoría de estos últimos la componen mujeres y muchachos no relacionados con la producción industrial. De otra parte, según esos mismos datos, padecemos un hambre atroz de mano de obra calificada, las Bolsas de Trabajo no satisfacen la demanda de mano de obra de nuestras empresas en un 80%, y, por esto, nos vemos obligados a preparar de prisa y corriendo, lo que se dice sobre la marcha, a gente sin ninguna calificación y a hacer de ella obreros calificados, a fin de satisfacer aunque sólo sea las necesidades mínimas de nuestras empresas. Probad a orientaros en este laberinto. Lo claro, en todo caso, es que esos desocupados no representan ni un ejército de reserva ni, mucho menos, un ejército permanente de desocupados de nuestra industria. ¿Qué resulta entonces? Incluso según los datos del Comisariado del Pueblo de Trabajo, resulta que durante estos últimos tiempos el número de desocupados ha disminuido, en comparación con el año pasado, en más de 700.000. Eso significa que el 1 de mayo de este año el número de los desocupados había disminuido en más del 42%.

He ahí una consecuencia más del desarrollo del sector socialista de nuestra economía nacional. b) Es todavía más elocuente el resultado obtenido si enfocamos el problema teniendo en cuenta la distribución de la renta nacional por clases. La distribución de la renta nacional por clases es una cuestión de primer orden desde el punto de vista de la situación material y cultural de los obreros y campesinos. No en vano los economistas burgueses de Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos intentan embrollada en favor de la burguesía publicando a cada paso sus investigaciones “completamente objetivas” a este propósito. Según los datos de la Oficina de Estadística alemana, la parte correspondiente a los salarios en la renta nacional de Alemania era, en 1929, del 70%, y la correspondiente a la burguesía, del 30%. Según los datos de la Comisión Comercial Federal y de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas, la parte correspondiente a los obreros en la renta nacional de los Estados Unidos pasaba, en 1923, del 54%, y la de los capitalistas; era un poco más del 45%. Finalmente, según datos de los economistas Bowley y Stamp, la parte correspondiente a la clase obrera en la renta nacional de Inglaterra era, en 1924, algo menos del 50%, y la correspondiente a los capitalistas, algo más del 50%. Ni que decir tiene que no se puede dar crédito a los datos de estas investigaciones.

Y no se puede porque, además de defectos de orden puramente económico, hay en ellas otros, cuyo objetivo es, de una parte, ocultar los verdaderos ingresos de los capitalistas y hacer creer que son menores, y, de otra, exagerar los ingresos de la clase obrera, incluyendo en ella, con este fin, a funcionarios que perciben emolumentos muy elevados. No hablo ya de que en dichas investigaciones no se tienen a menudo en cuenta los ingresos de los granjeros y, en general, de los capitalistas rurales. El camarada Varga ha sometido a un análisis crítico estos datos. Y he aquí sus resultados. La parte correspondiente a los obreros y otros trabajadores de la ciudad y del campo que no explotan trabajo ajeno era, en Alemania, el 55% de la renta nacional; en los Estados Unidos, el 54%; en Inglaterra, el 45%; y la parte correspondiente a los capitalistas, el 45%, el 46% y el 55% respectivamente. Tal es, al particular, el estado de cosas en los países capitalistas más importantes. ¿Y en la U.R.S.S.? He aquí los datos de la Comisión Estatal de Planificación.

Resulta que: a) La parte correspondiente a los obreros y a los campesinos trabajadores que no explotan trabajo ajeno era, en 1927-1928, en nuestro país, el 75,2% de toda la renta nacional (incluida la parte correspondiente a los obreros urbanos y rurales: el 33,3%); en 1928-1929, el 76,5% (incluida la parte correspondiente a los obreros urbanos y rurales: el 33,2%); en 1929-1930 es el 77,1% (incluida la parte correspondiente a los obreros urbanos y rurales: el 33,5%). b) La parte correspondiente a los kulaks y a los capitalistas urbanos era, en 1927-1928, el 8,1%, y en 1928-1929, el 6,5%; en 1929-1930 es el 1,8%. c) La parte correspondiente a los artesanos, trabajadores en su mayoría, era, en 1927-1928, el 6,5%, y en 1928-1929, el 5,4%; en 1929-1930 es el 4,4%. d) La parte correspondiente al sector estatal, cuyos ingresos son ingresos de la clase obrera y de las masas trabajadoras en general, era, en 1927-1928, el 8,4%, y en 1928-1929, el 10%; en 1929-1930 es el 15,2%. e) Finalmente, la parte correspondiente a los llamados varios (refiérese a las pensiones) era, en 1927-1928, el 1,8%, y en 1928-1929, el 1,6%; en 1929-1930 es el 1,5%. Resulta, por lo tanto, que, mientras en los países capitalistas avanzados la parte correspondiente a las clases explotadoras en la renta nacional asciende casi al 50%, e incluso más, en nuestro país, en la U.R.S.S., la parte de la renta nacional correspondiente a las clases explotadoras no pasa del 2%. Esto es lo que explica el hecho sorprendente de que en los Estados Unidos, según el escritor burgués norteamericano Denny, en 1922, “el 1% de los

propietarios concentraba en sus manos el 59% de toda la riqueza nacional” y en Inglaterra, según ese mismo autor, en 1920-1921, “menos del 2% de los propietarios disponían del 64% de toda la riqueza nacional” (v. el libro de Denny “Norteamérica conquista la Gran Bretaña”). ¿Pueden ocurrir hechos análogos en la U.R.S.S., en el País de los Soviets? Claro está que no. En la U.R.S.S. hace ya tiempo que no hay y no puede haber tales “propietarios”. Pero si en la U.R.S.S., en 1929-1930, sólo va a parar a manos de las clases explotadoras alrededor del 2% de la renta nacional, ¿a dónde va a parar el resto? Claro está que va a parar a manos de los obreros y de los campesinos trabajadores. He ahí la razón de la fuerza y del prestigio del Poder Soviético entre los millones de obreros y campesinos. He ahí la base del aumento sistemático del bienestar material de los obreros y campesinos de la U.R.S.S. f) A la luz de estos hechos definitivos se comprende perfectamente por qué aumenta de manera sistemática el salario real de los obreros, se eleva el presupuesto del seguro social de los mismos, se intensifica la ayuda a las haciendas de los campesinos pobres y medios, se incrementan las asignaciones para la edificación de viviendas obreras, para el mejoramiento de las condiciones de vida de los obreros, para la maternidad y la infancia, todo lo cual determina el aumento constante de la población de la U.R.S.S. y la reducción de la mortalidad, sobre todo la infantil.

Es sabido, por ejemplo, que el salario real de los obreros -incluyendo el seguro social y el destino de parte de los beneficios al fondo para el mejoramiento de las condiciones de vida de los obreros- ha aumentado, con respecto al nivel de anteguerra, hasta el 167%. Sólo el presupuesto del seguro social de los obreros ha pasado, durante los tres años últimos, de 980.000.000 de rublos en 1927-1928, a 1.400.000.000 de rublos en 1929-1930. Durante estos últimos tres años (1927-1928 - 1929-1930) han sido invertidos en la protección de la maternidad y de la infancia 494.000.000 de rublos. En el mismo período se han destinado a la educación preescolar (jardines de la infancia, guarderías infantiles, etc.) 204.000.000 de rublos. Para la construcción de viviendas obreras se han destinado 1.880.000.000 de rublos. Eso no significa, naturalmente, que se haya hecho ya todo lo necesario para un aumento serio del salario real ni que éste no se hubiera podido elevar aun más. Y si ello no se ha logrado, la culpa la tiene el burocratismo de nuestro aparato de abastos en general y, ante todo y sobre todo, el burocratismo de las cooperativas de consumo. Según los datos de la Comisión Estatal de Planificación, el sector socializado del comercio interior comprende, en 1929-1930, más del 99% del comercio al por mayor y más del 89% del comercio al por menor.

Ello significa que las cooperativas van prevaleciendo de manera sistemática sobre el sector privado y van monopolizando el comercio. Esto, naturalmente, está bien; pero lo malo es que el monopolio redunda en algunos casos en perjuicio de los consumidores. Resulta que, a pesar de tener casi el monopolio del comercio, las cooperativas prefieren suministrar a los obreros los artículos más “ventajosos”, que dan mayores beneficios (mercería, etc.) y evitan proporcionarles artículos menos “ventajosos”, aunque más necesarios a los obreros (productos agrícolas). Debido a ello, los obreros se ven obligados a adquirir en el mercado privado cerca de un 25% de los productos agrícolas necesarios, pagándolos a precios excesivos. No hablo ya de que el aparato de las cooperativas se preocupa sobre todo del balance, razón por la cual le cuesta trabajo reducir los precios al por menor, pese a las indicaciones categóricas de los organismos dirigentes. Resulta que las cooperativas no proceden en este caso como sector socialista, sino como un sector sui generis, contagiado de cierto espíritu de nepman. ¿Qué falta, preguntamos, nos hacen tales cooperativas y qué provecho reporta a los obreros el monopolio de las mismas si no cumplen la misión de elevarles considerablemente el salario real?

Y si, a pesar de esta circunstancia, el salario real aumenta de manera ininterrumpida todos los años, ello significa que nuestro régimen, el sistema de distribución de la renta nacional y toda nuestra política de salarios son tales, que pueden anular y cubrir con creces todas las deficiencias de las cooperativas. Si se añade a esta circunstancia otro grupo de factores, como son el aumento del número de los comedores públicos, el abaratamiento de las viviendas para los obreros, la inmensa cantidad de becas para los obreros y sus hijos, los servicios culturales, etc., se puede afirmar rotundamente que la elevación del salario de los obreros representa un tanto por ciento mucho mayor del que señala la estadística de algunas de nuestras instituciones. A todo esto hay que añadir el paso de más de 830.000 obreros industriales (33,5%) a la jornada de siete horas, y el de más de un millón y medio de obreros industriales (63,4%) a la semana de 5 días, la existencia de una vasta red de casas de descanso, de sanatorios y balnearios para los obreros, por los cuales han pasado, durante estos últimos tres años, más de 1.700.000 obreros; todo ello crea unas condiciones de trabajo y de vida de la clase obrera que nos permiten educar a una nueva generación de obreros, pletóricos de salud y de optimismo, capaces de elevar el poderío del País Soviético a la altura

debida y defenderlo con su pecho frente a los ataques de los enemigos. (Aplausos.) En cuanto a la ayuda a los campesinos, tanto individuales como koljósianos, comprendida la ayuda a los campesinos pobres, arroja, en el curso de los últimos tres años (1927-1928 - 1929-1930), una suma que no baja de 4.000.000.000 de rublos, asignados en concepto de créditos y por el presupuesto del Estado. Es sabido que, sólo como ayuda en simientes, en el transcurso de los últimos tres años han sido entregados a los campesinos un mínimo de 154.000.000 de puds de grano. No tiene nada de asombroso que, en general, los obreros y campesinos de nuestro país no vivan malamente, que la mortalidad de la población, contra el período anterior a la guerra, haya disminuido en un 36% en general y en un 42,5% en lo que se refiere a la mortalidad infantil, y que el aumento anual de la población sea, en nuestro país, de unos 3.000.000. (Aplausos.) En cuanto a la situación cultural de los obreros y campesinos, también hemos logrado ciertos éxitos, aun que por su insignificancia no pueden satisfacernos en absoluto. Si se exceptúan los diversos clubs obreros, las salas rurales de lectura, las bibliotecas y los círculos de lucha contra el analfabetismo -a los que asisten este año diez millones y medio de personas-, la situación, desde el punto de vista cultural y educativo, es más o menos la siguiente.

Las escuelas de enseñanza primaria tienen este año 11.638.000 alumnos; las de segundo grado, 1.945.000; las escuelas industriales, del transporte y agrícolas, sumados los cursillos de oficios corrientes en las empresas, 333.100; las escuelas de enseñanza media especializada y las escuelas profesionales a ellas equiparadas, 238.700, y las escuelas superiores, 190.400. Todo eso nos ha permitido elevar el porcentaje de la población de la U.R.S.S. que sabe leer y escribir hasta el 62,6%, en vez del 33% del período anterior a la guerra. Lo principal, ahora, es pasar a la enseñanza primaria general obligatoria. Digo “lo principal”, porque este paso sería decisivo para la revolución en el terreno de la cultura. Es hora ya de sobra de que demos este paso, pues tenemos actualmente todo lo necesario para implantar la enseñanza primaria general obligatoria en todas las regiones de la U.R.S.S. Hasta ahora nos habíamos visto obligados a “economizar en todo, incluso en las escuelas”, para “salvar, para restablecer la industria pesada” (Lenin). Durante estos últimos tiempos, sin embargo, hemos levantado ya la industria pesada y seguimos impulsándola hacia adelante. Por lo tanto, ha llegado el momento de emprender a fondo la implantación de la enseñanza primaria general obligatoria. Creo que el Congreso procederá acertadamente si toma a este propósito una decisión definida y bien categórica. (Aplausos.)

7. Las dificultades derivadas del desarrollo, la lucha de clases y la ofensiva del socialismo en todo el frente. He hablado de nuestros éxitos en el desarrollo de la economía nacional, he hablado de los éxitos en la industria, en la agricultura, en la reestructuración de toda la economía nacional de acuerdo con los principios del socialismo. He hablado, finalmente, de los éxitos obtenidos en el mejoramiento de la situación material de los obreros y los campesinos. Pero sería erróneo creer que hemos obtenido estos éxitos “fácil y apaciblemente”, de un modo, por decirlo así, espontáneo, sin grandes esfuerzos, sin poner en tensión nuestra voluntad, sin lucha y sin sacudidas. Tales éxitos no vienen por sí solos. En realidad, los hemos conseguido en una lucha enérgica contra las dificultades, en una lucha seria y prolongada para vencerlas. Todo el mundo habla de dificultades. Pero no todos se dan cuenta del carácter de ellas. Y, sin embargo, el problema de las dificultades tiene para nosotros muchísima importancia. ¿Qué es lo característico de nuestras dificultades?, ¿qué fuerzas enemigas se ocultan tras ellas y cómo las vamos venciendo? a) Al examinar nuestras dificultades deben ser tomadas en consideración, por lo menos, las siguientes circunstancias.

Hay que tener en cuenta, ante todo, que nuestras dificultades del momento son las propias del período de reestructuración ¿Qué significa esto? Significa que se diferencian radicalmente de las del período de restauración de nuestra economía. Si durante este último período se trataba de asegurar el funcionamiento de las viejas fábricas y de prestar ayuda a la agricultura sobre su vieja base, ahora se trata de reorganizar radicalmente, de reestructurar tanto la industria como la agricultura, modificando su base técnica y dotándolas de maquinaria moderna. Esto quiere decir que tenemos planteada la tarea de transformar toda la base técnica de la economía nacional. Y ello exige nuevas y mayores inversiones en la economía nacional, cuadros nuevos, más expertos, capaces de dominar la nueva técnica y de impulsarla hacia adelante. Hay que tener en cuenta, en segundo lugar, que la reestructuración de la economía nacional no se limita en nuestro país a la transformación de su base técnica, sino que exige, al mismo tiempo, un cambio de las relaciones sociales y económicas. Me refiero principalmente a la agricultura. En la industria, ya unida y socializada, la reestructuración técnica cuenta, en lo fundamental, con una base social y económica formada. La reestructuración se propone aquí intensificar el proceso de desplazamiento de los elementos capitalistas en la industria. Las cosas no

son tan sencillas en la agricultura. La reestructuración de la base técnica en la agricultura persigue, naturalmente, los mismos objetivos. Pero la particularidad de nuestra agricultura consiste en que predominan todavía en ella las pequeñas hacienda campesinas, en que éstas no se encuentran en condiciones de dominar la nueva técnica, en que, por esta causa, la transformación de la base técnica de la agricultura es imposible sin la transformación simultánea del viejo tipo social y económico, sin el agrupamiento de las pequeñas haciendas individuales en grandes haciendas colectivas, sin la extirpación de las raíces del capitalismo en la agricultura. Se comprende que estas circunstancias no pueden por menos de agravar nuestras dificultades y complicar nuestra labor para vencerlas. Hay que tener en cuenta, en tercer lugar, que nuestra labor de reestructuración socialista de la economía nacional, labor que rompe los lazos económicos del capitalismo y arrolla todas las fuerzas del mundo viejo, no puede por menos de suscitar una resistencia desesperada de esas fuerzas. Así ocurre, como sabéis. El sabotaje premeditado de las capas altas de la intelectualidad burguesa en todas las ramas de nuestra industria, la lucha feroz de los kulaks contra las formas colectivas de la economía en el campo, el sabotaje de las medidas del Poder Soviético por parte de los elementos burocráticos del aparato administrativo, agentes del enemigo de clase: tales son, por ahora, las formas principales de resistencia de las clases agonizantes de nuestro país.

Claro está que estas circunstancias no pueden coadyuvar a nuestra labor de reestructuración de la economía nacional. Hay que tener en cuenta, en cuarto lugar, que la resistencia de las clases agonizantes de nuestro país no se produce aisladamente del mundo exterior, sino que tiene el apoyo del cerco capitalista. El cerco capitalista no se puede tomar como una simple noción geográfica. El cerco capitalista significa que alrededor de la U.R.S.S. hay fuerzas de clase enemigas, dispuestas a apoyar moral y materialmente a nuestros enemigos de clase en el interior de la U.R.S.S., a ayudarles por medio del bloqueo financiero y, llegado el caso, con la intervención armada. Está demostrado que el sabotaje de nuestros especialistas, las acciones antisoviéticas de los kulaks, los incendios y explosiones en nuestras empresas y obras son subsidiados y alentados desde el exterior. El mundo imperialista no tiene interés alguno en que la U.R.S.S. se consolide y pueda alcanzar y sobrepasar a los países capitalistas avanzados. De ahí su ayuda a las fuerzas del mundo viejo en la U.R.S.S. Se comprende que esta circunstancia tampoco pueda coadyuvar a nuestra labor de reestructuración. Pero la característica de nuestras dificultades no será completa si no tomamos en consideración otra circunstancia.

Se trata de la índole peculiar de nuestras dificultades, de que no son dificultades de decadencia o de estancamiento, sino dificultades derivadas de nuestro desarrollo, de nuestro ascenso, de nuestro avance. Esto significa que nuestras dificultades se diferencian radicalmente de las que se producen en los países capitalistas. Cuando en los Estados Unidos se habla de dificultades, se tienen en cuenta dificultades de decadencia, pues Norteamérica atraviesa actualmente una crisis, es decir, un período de decadencia de la economía. Cuando en Inglaterra se habla de dificultades, se tienen en cuenta dificultades de estancamiento, pues ese país está pasando hace ya algunos años por un período de estancamiento, es decir, por un período en el que no se observa ningún avance. En cambio, cuando hablamos de nuestras dificultades, no nos referimos ni a la decadencia ni al estancamiento en el desarrollo, sino al incremento de nuestras fuerzas, al auge de nuestras fuerzas, al movimiento de nuestra economía hacia adelante. Cuánto hay que avanzar en tal o cual plazo, qué tanto por ciento más de productos hay que fabricar, cuántos millones de hectáreas más hay que sembrar, cuántos meses antes hay que construir una fábrica, un ferrocarril: tales son las cuestiones que se tienen en cuenta en nuestro país cuando se habla de dificultades. Por consiguiente, nuestras dificultades, a diferencia de las de los Estados Unidos o Inglaterra, por ejemplo, dimanan de nuestro desarrollo, de nuestro avance.

¿Y qué significa esto? Significa que nuestras dificultades, por su propia índole, encierran en sí la posibilidad de vencerlas. Significa que el rasgo distintivo de nuestras dificultades consiste en que ellas mismas nos dan la base para vencerlas. ¿Qué se desprende de todo esto? De esto se desprende, ante todo, que nuestras dificultades no obedecen a “deficiencias” pequeñas y accidentales, sino a la lucha de clases. De esto se desprende, en segundo lugar, que tras de nuestras dificultades se ocultan nuestros enemigos de clase, que esas dificultades se complican debido a la resistencia desesperada de las clases agonizantes de nuestro país, al apoyo que desde fuera reciben estas clases, a la existencia de elementos burocráticos en nuestras propias instituciones, a la inseguridad y la rutina de algunos sectores de nuestro Partido. De esto se desprende, en tercer lugar, que para vencer las dificultades es necesario, ante todo, rechazar los ataques de los elementos capitalistas, aplastar su resistencia y despejar, de este modo, el camino para continuar avanzando rápidamente. De esto se desprende, por último, que el carácter mismo de nuestras dificultades, determinadas por nuestro desarrollo, nos brinda la posibilidad de aplastar a los enemigos de clase. Pero, para aprovechar esta posibilidad y convertirla en realidad, para aplastar la resistencia de

los enemigos de clase y vencer las dificultades, no existe más que un medio: organizar la ofensiva contra los elementos capitalistas en todo el frente y aislar a los elementos oportunistas de nuestras propias filas, que obstaculizan la ofensiva, se agitan despavoridos y siembran en el Partido la falta de confianza en la victoria. (Aplausos.) No hay otros medios. Sólo gente que haya perdido la cabeza puede buscar una salida en la fórmula infantil de Bujarin de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo. Las cosas no se han desarrollado en nuestro país ni siguen desarrollándose de acuerdo con la fórmula de Bujarin, sino con la de Lenin: “quién vencerá a quién”. O nosotros abatimos y aplastamos a los explotadores, o ellos nos abatirán y aplastarán a nosotros, a los obreros y campesinos de la U.R.S.S.: así está planteada la cuestión, camaradas. Por lo tanto, organización de la ofensiva del socialismo en todo el frente: ésa es la tarea que se nos plantea al desarrollar nuestra labor de reconstrucción de toda la economía nacional. Así es, precisamente, como el Partido ha comprendido su misión al organizar la ofensiva contra los elementos capitalistas de nuestro país. b) Pero ¿es posible la ofensiva, y, por añadidura, en todo el frente, cuando existe la Nep?

Algunos piensan que la ofensiva es incompatible con la Nep; que la Nep es, de hecho, una retirada; que la Nep debe ser abolida, puesto que ha terminado la retirada. Esto, naturalmente, es una necedad; una necedad cuyo origen radica en los trotskistas, que no han comprendido nada del leninismo y piensan “abolir” la Nep “en un dos por tres”, o en los oportunistas de derecha, que tampoco han comprendido nada del leninismo y piensan que, con su alboroto acerca del “peligro de la abolición de la Nep” pueden hacer que desistamos de la ofensiva. Si la Nep no fuera más que una retirada, Lenin no habría dicho en el XI Congreso del Partido, cuando la Nep se aplicaba con toda consecuencia en nuestro país, que “la retirada ha terminado”. ¿Acaso Lenin, al proclamar el fin de la retirada, no decía, al mismo tiempo, que pensábamos aplicar la Nep “en serio y para mucho tiempo”? Basta con formular esta pregunta para comprender todo lo absurdo de las habladurías a propósito de la incompatibilidad de la Nep con la ofensiva. En realidad, la Nep no sólo presupone la retirada y la tolerancia de la animación del comercio privado, de la animación del capitalismo, siempre que esté asegurado el papel regulador del Estado (fase inicial de la Nep).

En realidad, la Nep presupone también, al llegar a una fase determinada del desarrollo, la ofensiva del socialismo contra los elementos capitalistas, la reducción del campo de acción del comercio privado, la reducción relativa y absoluta del capitalismo, el predominio creciente del sector socializado sobre el sector no socializado, la victoria del socialismo sobre el capitalismo (fase actual de la Nep). La Nep fue establecida para asegurar la victoria del socialismo sobre los elementos capitalistas. Al pasar a la ofensiva en todo el frente, no abolimos aún la Nep, pues quedan todavía el comercio privado y los elementos capitalistas, queda el comercio “libre”, pero abolimos de fijo la fase inicial de la Nep, desarrollando la fase subsiguiente, la actual, que es su última fase. He aquí lo que decía Lenin en 1922, al año de haber sido implantada la Nep: “Ahora nos replegamos, parece que retrocedemos; pero lo hacemos para, después del repliegue inicial, tomar impulso y saltar adelante con mayor fuerza. Sólo bajo esta condición nos hemos replegado en la aplicación de nuestra nueva política económica. No sabemos aún dónde y cómo debemos reagruparnos, adaptarnos, reorganizarnos, para luego, después del repliegue, empezar con el mayor tesón la ofensiva. A fin de llevar a cabo debidamente todas estas acciones, es necesario, como dice el refrán, pensar las cosas no diez veces, sino cien, antes de decidir” (t.

XXVII, págs. 361-362). Parece que está claro. Pero surge otra pregunta: ¿ha llegado ya el momento de pasar a la ofensiva?, ¿están maduras las condiciones para ello? También en 1922, Lenin hablaba en otro pasaje de la necesidad de: “Compenetrarnos con la masa campesina, con los simples campesinos trabajadores, y comenzar a avanzar inmensa, infinitamente más despacio de lo que nosotros soñábamos, pero, en cambio; de forma que toda la masa avance efectivamente con nosotros”... y decía que “si obramos así, llegará un momento en que la aceleración de este movimiento alcanzará un ritmo con el que ahora no podemos ni soñar” (t. XXVII, págs. 231-232). Y volvemos a la misma pregunta: ¿ha llegado ya el momento para esa aceleración del movimiento, para la aceleración del ritmo de nuestro desarrollo?, ¿hemos elegido acertadamente el momento al pasar a la ofensiva decidida en todo el frente en la segunda mitad de 1929? El Partido ha dado ya una respuesta clara y definida a esta pregunta. Sí, ese momento ha llegado ya. Sí, el Partido ha elegido acertadamente el momento de pasar a la ofensiva en todo el frente. Así lo evidencian la actividad creciente de la clase obrera y la inusitada altura a que se ha elevado el prestigio del Partido entre las masas de millones de trabajadores. Así lo evidencian la actividad creciente de las masas de campesinos pobres y medios y su viraje

radical hacia la organización de koljóses. Así lo evidencian nuestros éxitos en el desarrollo de la industria y en la organización de sovjoses y koljóses. Así lo evidencia el que no sólo podamos ahora sustituir la producción de los kulaks por la de los koljóses y sovjoses, sino hacerla varias veces mayor. Así lo evidencia el que hayamos logrado ya solucionar, en lo fundamental, el problema de los cereales y acumular determinadas reservas de grano, desplazando el centro de gravedad de la producción mercantil de cereales de la esfera de la producción individual a la de la producción de los koljóses y sovjoses. He ahí la prueba de que el Partido ha elegido acertadamente el momento al pasar a la ofensiva en todo el frente y al lanzar la consigna de liquidación de los kulaks como clase. ¿Qué habría sucedido si hubiéramos prestado oído a los oportunistas de derecha del grupo de Bujarin, si hubiéramos renunciado a la ofensiva, atenuando el ritmo de fomento de la industria, conteniendo el desarrollo de los koljóses y sovjoses y basándonos en la hacienda campesina individual? Es seguro que habríamos llevado nuestra industria al fracaso, que habríamos hundido la reestructuración socialista de la agricultura, que nos habríamos quedado sin cereales y habríamos despejado el camino para la preponderancia de los kulaks.

Nos habría sucedido como a la lechera de la fábula. ¿Qué habría sucedido si hubiésemos hecho caso a los oportunistas de “izquierda” del grupo Trotski- Zinóviev e iniciado la ofensiva en 1926-1927, cuando no se tenía posibilidad alguna de sustituir la producción de los kulaks por la de los koljóses y sovjoses? Es seguro que habríamos fracasado, que habríamos demostrado nuestra debilidad, que habríamos reforzado las posiciones de los kulaks y de los elementos capitalistas en general, que habríamos empujado al campesino medio hacia los kulaks, que habríamos hecho fracasar nuestra edificación socialista y nos habríamos visto sin cereales. Nos habría sucedido como a la lechera de la fábula. Los resultados habrían sido los mismos. No en vano nuestros obreros dicen: “toma uno la “izquierda” y llega a la derecha”. (Aplausos.) Algunos camaradas suponen que lo principal en la ofensiva del socialismo son las medidas represivas y que, si éstas no cobran mayores proporciones, no puede hacer ofensiva. ¿Es cierto esto? Naturalmente que no. En la edificación del socialismo, las medidas represivas constituyen un elemento necesario de la ofensiva, pero un elemento auxiliar, y no principal.

En nuestras condiciones actuales, lo principal en la ofensiva del socialismo es intensificar el ritmo de desarrollo de nuestra industria, intensificar el ritmo de desarrollo de los sovjoses y koljóses, intensificar el ritmo del desplazamiento económico de los elementos capitalistas de la ciudad y el campo, movilizar a las masas en torno a la edificación socialista, movilizar a las masas contra el capitalismo. Se puede detener y deportar a decenas y a centenares de miles de kulaks, pero si, al mismo tiempo, no se hace todo lo necesario para acelerar la edificación de nuevas formas económicas, para sustituir por nuevas formas de economía las viejas formas capitalistas, para minar y destruir en la producción las fuentes de la existencia económica y del desarrollo de los elementos capitalistas del campo, es lo mismo, los kulaks resucitarán y crecerán. Otros suponen que la ofensiva del socialismo es un avance a tontas y a locas, sin la preparación correspondiente, sin reagrupar las fuerzas en el curso de la ofensiva, sin consolidar las posiciones conquistadas, sin utilizar las reservas para explotar los éxitos, y si aparecen, por ejemplo, síntomas de reflujo de una parte de los campesinos de los koljóses, eso significa que se produce ya un “reflujo de la revolución”, un descenso del movimiento, la paralización de la ofensiva. ¿Es cierto esto? Naturalmente que no. En primer lugar, ninguna ofensiva, por afortunada que sea, transcurre sin algunos fallos y tropiezos en determinados sectores del frente.

Hablar con tal motivo del cese o del fracaso de la ofensiva, significa no comprender su esencia. En segundo lugar, no ha habido ni puede haber una ofensiva eficaz sin un reagrupa miento de las fuerzas en el transcurso de la misma, sin consolidar las posiciones conquistadas, sin utilizar las reservas para explotar los éxitos obtenidos y llevar la ofensiva a buen término. Con un avance a tontas y a locas, es decir, sin observar estas condiciones, la ofensiva debe perder ímpetu, debe fracasar inevitablemente. El avance a tontas y a locas es la muerte de la ofensiva, como lo demuestra la rica experiencia de nuestra guerra civil. En tercer lugar, ¿cómo se puede equiparar el “reflujo de la revolución”, debido habitualmente a un descenso del movimiento, y el reflujo de una parte de los campesinos de los koljóses, en medio del ascenso continuo del movimiento, del ascenso continuo de toda nuestra edificación socialista, tanto en la industria como en los koljóses, del ascenso continuo de nuestra revolución? ¿Qué puede haber de común entre estos dos fenómenos completamente distintos? c) ¿En qué consiste la esencia de la ofensiva bolchevique en las condiciones actuales de nuestro país? La esencia de la ofensiva bolchevique consiste, en primer término, en movilizar la vigilancia de clase de las masas y su actividad revolucionaria contra los elementos capitalistas de nuestro país; en movilizar

la iniciativa creadora, la actividad de las propias masas contra el burocratismo de nuestras instituciones y organizaciones, que mantiene sujetas las colosales reservas latentes en las entrañas de nuestro régimen y nos permite aprovecharlas; en organizar la emulación y el entusiasmo de las masas en la lucha por la elevación del rendimiento del trabajo, por el desarrollo de la edificación socialista. La esencia de la ofensiva bolchevique consiste, en segundo término, en reorganizar toda la labor práctica de las organizaciones sindicales, cooperativas, soviéticas y demás organizaciones de masas, adaptándola a las necesidades del período de la reestructuración; en crear en ellas un núcleo con los funcionarios más activos y revolucionarios, desplazando y aislando a los elementos oportunistas, tradeunionistas y burocráticos; en expulsar de ellas a los elementos extraños y degenerados y promover a nuevos dirigentes salidos de la base. La esencia de la ofensiva bolchevique consiste, además, en movilizar el máximo de recursos para financiar nuestra industria, nuestros sovjoses y koljóses y en dedicar al desarrollo de esta labor a los mejores militantes de nuestro Partido.

La esencia de la ofensiva bolchevique consiste, por último, en movilizar el propio Partido para que organice todo lo relacionado con la ofensiva; en fortalecer y aguzar las organizaciones del Partido, eliminando por completo en ellas todo elemento de burocracia y degeneración; en aislar y desplazar a los portadores de las desviaciones de derecha y de “izquierda” respecto a la línea leninista, y promover a primer plano a leninistas auténticos y firmes. Tales son las bases de la ofensiva bolchevique en este momento. ¿Cómo ha realizado el Partido ese plan de ofensiva? Como sabéis, el Partido ha realizado ese plan con toda consecuencia. El Partido empezó por desplegar una vasta autocrítica, concentrando la atención de las masas en los defectos de nuestra edificación, en los defectos de nuestras organizaciones e instituciones. En el XV Congreso fue proclamada ya la necesidad de intensificar la autocrítica. El asunto de Shajti y el sabotaje en distintas ramas de la industria, que pusieron al descubierto la falta de sensibilidad revolucionaria en algunos eslabones del Partido, de una parte, y la lucha contra los kulaks y los defectos puestos al desnudo de nuestras organizaciones en el campo, de otra, dieron un nuevo impulso a la autocrítica. En su manifiesto del 2 de junio de 192849, el C.C. dio forma definitiva a la campaña por la autocrítica, llamando a todas las fuerzas del Partido y de la clase obrera a desarrollar la autocrítica “de arriba abajo y de abajo arriba”, “sin reparar en personas”.

Repudiando la “crítica” trotskista, que provenía del otro lado de las barricadas y perseguía como fin desacreditar y debilitar el Poder Soviético, el Partido declaró que el objetivo de la autocrítica era denunciar implacablemente les defectos de nuestro trabajo, a fin de mejorar nuestra edificación y reforzar el Poder Soviético. Es sabido que el llamamiento del Partido encontró vivísima resonancia en las masas de la clase obrera y del campesinado. El Partido organizó, además, una vasta campaña por la lucha contra el burocratismo, lanzando la consigna de depurar de elementos extraños y burocratizados las organizaciones del Partido, sindicales, cooperativas y soviéticas. Continuación de esta campaña es la conocida resolución del C.C. y de la Comisión Central de Control del 16 de marzo de 1930 acerca de la promoción de obreros al aparato del Estado y el control obrero de masas sobre el aparato de los Soviets (apadrinamiento por las fábricas). Es sabido que esta campaña despertó un gran entusiasmo y actividad de las masas obreras. Resultado de esta campaña ha sido la enorme elevación del prestigio del Partido entre las masas trabajadoras, el aumento de la confianza de la clase obrera en él, el ingreso en el Partido de nuevos centenares de miles de obreros, las resoluciones de los obreros expresando el deseo de ingresar en el Partido por talleres y fábricas enteras.

Finalmente, esta campaña ha conducido a que de nuestras organizaciones ha sido separada una serie de elementos inertes y burocráticos, a que del Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos hayan sido separados los oportunistas que componían la antigua dirección. El Partido organizó, además, una vasta emulación socialista y despertó un gran entusiasmo por la producción entre las masas obreras de las fábricas. El manifiesto de la XVI Conferencia del Partido sobre la emulación la encauzó debidamente. Las brigadas de choque la impulsan adelante. El Komsomol leninista y la juventud obrera, dirigida por él, coronan de éxitos decisivos la emulación y el trabajo de choque. Hay que reconocer que nuestra juventud revolucionaria ha desempeñado en este aspecto un papel excepcional. Ahora no puede haber ya duda alguna de que uno de los hechos más importantes, si no el más importante de nuestra edificación, es, en el momento actual, la emulación socialista de las fábricas, el que centenares de miles de obreros proclamen los resultados obtenidos en la emulación, el vasto desarrollo del trabajo de choque. Sólo los ciegos no ven que en la psicología de las masas y en su actitud hacia el trabajo se ha producido un gran viraje, que ha transformado radicalmente la fisonomía de nuestras fábricas. No hace mucho resonaban todavía entre nosotros voces a propósito del carácter “artificial” y de la “inconsistencia” de la emulación y del trabajo de choque. Ahora, de esos “sabios” varones ni tan siquiera se ríe la gente, pues

son considerados como “sabihondos” caducos y nada más. Ahora, la emulación y el trabajo de choque son cosa conquistada y consolidada. Es un hecho que en la emulación socialista participan más de dos millones de obreros, y que en las brigadas de choque figuran, por lo menos, un millón. Lo más notable de la emulación es que transforma radicalmente la actitud del hombre hacia el trabajo, pues lo convierte, de un yugo odioso y pesado, como era considerado antes, en una cuestión de honor, de gloria, de valentía y de heroísmo. Nada semejante hay ni puede haber en los países capitalistas. Allí, entre los capitalistas, lo más apetecido, lo que merece la aprobación de la sociedad, es tener una renta, vivir de los intereses, estar libre del trabajo, considerado como una ocupación despreciable. En nuestro país, en la U.R.S.S., lo más apetecido, lo que merece la aprobación de la sociedad, empieza a ser, por el contrario, la posibilidad de convertirse en héroe del trabajo, en un héroe del trabajo de choque, aureola de honor entre los millones de trabajadores. Hay que considerar como algo no menos notable de la emulación el que ésta empiece a extenderse al campo y haya abarcado ya a nuestros sovjoses y koljóses. Todo el mundo conoce los numerosos ejemplos de verdadero entusiasmo por la producción entre las masas de millones de trabajadores de los sovjoses y de los koljóses. ¿Quién hubiera podido soñar hace un par de años con tales éxitos de la emulación y del trabajo de choque? El Partido ha movilizado también los recursos financieros del país para el desarrollo de los sovjoses y koljóses, ha enviado a los sovjoses los mejores organizadores, ha proporcionado a los koljóses para ayudarles 25.000 obreros de vanguardia, ha promovido a los mejores elementos de entre los campesinos koljósianos a la dirección de los koljóses, ha organizado para ellos una red de cursillos, echando, de este modo, los cimientos para la formación de cuadros firmes y probados del movimiento koljósiano.

Finalmente, el Partido ha reagrupado sus propias filas en orden de combate, ha proporcionado nuevas armas a la prensa, ha organizado la lucha en dos frentes, ha aniquilado los restos del trotskismo, ha infligido una derrota completa a los desviacionistas de derecha, ha aislado a los transigentes, asegurando así la unidad en sus propias filas sobre la base de la línea leninista, unidad indispensable para el éxito de la ofensiva, y ha dirigido ésta con acierto, zarandeando y poniendo en su sitio tanto a los gradualistas del campo de la derecha como a los extremistas de “izquierda” en la organización de los koljóses. Tales son las medidas fundamentales que el Partido ha aplicado para llevar a cabo la ofensiva en todo el frente. Todo el mundo sabe que esta ofensiva se ha visto coronada por el éxito en todas las esferas de nuestra actividad. He aquí la razón de que hayamos podido vencer las numerosas dificultades del período de reestructuración de nuestra economía nacional. He aquí la razón de que consigamos superar con éxito la mayor dificultad de nuestra edificación: la de hacer virar a las masas fundamentales del campesinado hacia el socialismo. Los extranjeros preguntan a veces por la situación interior de la U.R.S.S. Pero ¿puede haber duda alguna de que la situación interior de la U.R.S.S. es firme e inconmovible? Mirad los países capitalistas, el aumento de la crisis y del paro forzoso en ellos, las huelgas y los lockouts, las manifestaciones antigubernamentales; ¿qué comparación puede haber entre la situación interior de estos países y la de la U.R.S.S.? Hay que reconocer que el Poder Soviético es, en la actualidad, el más firme de cuantos existen en el mundo. (Aplausos.)

8. ¿Sistema capitalista o sistema socialista de economía? Tenemos, pues, un cuadro de la situación interior de la U.R.S.S. Tenemos también un cuadro de la situación interior de los países capitalistas más importantes. Se desprende la pregunta: ¿qué balance resulta si se comparan y contraponen estos dos cuadros? La pregunta es tanto más interesante por cuanto los políticos burgueses de todos los países, la prensa burguesa de todos los grados y categorías, desde la declaradamente capitalista hasta la menchevique- trotskista, proclaman al unísono la “prosperidad” de los países capitalistas, el “hundimiento” de la U.R.S.S., el “crac financiero y económico” de la U.R.S.S., etc., etc. Así, pues, ¿qué resulta del análisis de la situación aquí, en la U.R.S.S., y allí, en los países capitalistas? Señalaremos lo principal, lo que es público y notorio. Allí, en los países capitalistas, crisis económica y decadencia de la producción, tanto en la industria como en la agricultura. Aquí, en la U.R.S.S., auge económico y aumento de la producción en todas las ramas de la economía nacional. Allí, en los países capitalistas, empeoramiento de la situación material de los trabajadores, reducción de los salarios de los obreros y aumento del paro forzoso. Aquí, en la U.R.S.S., mejora de la situación material de los trabajadores, aumento de los salarios de los obreros y reducción del paro forzoso. Allí, en los países capitalistas, aumento de las huelgas y manifestaciones, que conducen a la

pérdida de millones de jornadas de trabajo. Aquí, en la U.R.S.S., ausencia de huelgas y aumento del entusiasmo de los obreros y campesinos por la producción, lo que proporciona a nuestro régimen millones de jornadas de trabajo suplementarias. Allí, en los países capitalistas, agravación de la situación interior e incremento del movimiento revolucionario de la clase obrera contra el régimen capitalista. Aquí, en la U.R.S.S., reforzamiento de la situación interior y unión de las masa de millones de hombres de la clase obrera alrededor del Poder Soviético. Allí, en los países capitalistas, agravación de la cuestión nacional e incremento del movimiento de liberación nacional en la India, en Indochina, en Indonesia, en las islas Filipinas, etc., movimiento que se transforma en guerra nacional. Aquí, en la U.R.S.S., fortalecimiento de las bases de fraternidad nacional, paz nacional asegurada y unión de las masas de los pueblos de la U.R.S.S. alrededor del Poder Soviético. Allí, en los países capitalistas, desconcierto y la perspectiva de un empeoramiento continúo de la situación. Aquí, en la U.R.S.S., confianza en nuestras fuerzas y la perspectiva de una mejora continúa de la situación. Se habla sin ton ni son acerca del “hundimiento” de la U.R.S.S., de la “prosperidad” de los países capitalistas, etc.

¿No será más acertado hablar del hundimiento inevitable de los que de un modo tan “inesperado” han caído en la vorágine de la crisis económica y no han conseguido salir aún del pantano de la decadencia? ¿Cuáles son las causas de ese fracaso tan serio producido allí, en los países capitalistas, y de los importantes éxitos obtenidos en nuestro país, en la U.R.S.S.? Se dice que la situación de la economía nacional depende en gran parte de la abundancia o la insuficiencia de capitales. ¡Esto, naturalmente, es verdad! ¿No se deberán la crisis de los países capitalistas y los progresos de la U.R.S.S. a la abundancia de capitales en nuestro país y su insuficiencia en los países capitalistas? ¡Naturalmente que no! Todo el mundo sabe que en la U.R.S.S. hay muchos menos capitales que en los países capitalistas. Si en este caso la cosa dependiera del estado de la acumulación, nosotros tendríamos crisis y los países capitalistas prosperidad. Se dice que la situación de la economía depende en gran parte de la preparación, desde el punto de vista técnico y organizativo, de los cuadros de la economía. Esto, naturalmente, es verdad. ¿No se deberán la crisis de los países capitalistas y los progresos de la U.R.S.S. a la insuficiencia de cuadros técnicos en aquéllos y la abundancia de los mismos aquí? Naturalmente que no.

Todo el mundo sabe que los países capitalistas cuentan con muchos más cuadros técnicamente preparados que nosotros, que la U.R.S.S. No hemos ocultado nunca ni tenemos intención de ocultar que, en el terreno de la técnica, somos discípulos de los alemanes, de los ingleses, de los franceses, de los italianos y, ante todo y sobre todo, de los norteamericanos. Pero la cosa no depende de la abundancia o la insuficiencia de cuadros técnicos, si bien el problema de los cuadros tiene seria importancia para el desarrollo de la economía nacional. ¿Quizá la clave del enigma consista en que el nivel cultural de nuestro país es superior al de los países capitalistas? Tampoco es esto. Todo el mundo sabe que el nivel cultural de las masas es, en nuestro país, inferior al de los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. No, no se trata de la cultura de las masas, aunque ésta tenga una inmensa importancia para el desarrollo de la economía nacional. ¿Quizá la causa resida en las cualidades personales de los dirigentes de los países capitalistas? Tampoco es esto. Las crisis nacieron con la dominación del capitalismo. Hace ya más de un siglo que se desarrollan periódicamente crisis económicas del capitalismo, cada 12, 10, 8 y menos años.

Todos los partidos capitalistas, todos los políticos capitalistas de cierto renombre, desde los más “geniales” hasta los más mediocres, probaron sus fuerzas en lo que se refiere a la “prevención” o “eliminación” de las crisis. Pero todos ellos fracasaron. ¿Tiene, pues, nada de sorprendente que Hoover y su grupo hayan fracasado también? No, no se trata de los dirigentes o de los partidos capitalistas, aunque tanto los unos como los otros tienen en este sentido no poca importancia. ¿Cuál es, pues, la explicación? ¿A qué obedece que la U.R.S.S., a pesar de su atraso cultural, de su insuficiencia de capitales, de la falta de cuadros de la economía con una buena preparación técnica, se halle en un estado de ascenso económico creciente y obtenga éxitos decisivos en el frente de la edificación económica, mientras que los países capitalistas avanzados, a pesar de la abundancia de capitales y de cuadros técnicos, a pesar de su nivel cultural más elevado, atraviesen por un estado de crisis económica creciente y sufran, en el terreno del desarrollo económico, derrota tras derrota? La causa es la diferencia entre el sistema económico de nuestro país y el sistema de los países capitalistas. La causa es la inconsistencia del sistema capitalista de economía. La causa es la superioridad del sistema soviético de economía sobre el sistema capitalista. ¿Qué es el sistema soviético de economía?

El sistema soviético de economía significa que: 1) el Poder de la clase de los capitalistas y de los terratenientes ha sido derrocado y sustituido por el Poder de la clase obrera y de los trabajadores del campo; 2) los instrumentos y medios de producción, la tierra, las fábricas, etc. han sido arrebatados a los capitalistas y transferidos en propiedad a la clase obrera y a las masas trabajadoras del campesinado; 3) el desarrollo de la producción no se halla subordinado al principio de la competencia y de la garantía del beneficio capitalista, sino al principio de la dirección planificada y de la elevación sistemática del nivel material y cultural de los trabajadores; 4) la renta nacional no se distribuye con vistas al enriquecimiento de las clases explotadoras y de su numeroso séquito parasitario, sino con vistas a la elevación sistemática de la situación material de los obreros y campesinos y a la ampliación de la producción socialista en la ciudad y en el campo; 5) el mejoramiento sistemático de la situación material de los trabajadores y el aumento ininterrumpido de su consumo (capacidad adquisitiva), por ser una fuente, en constante aumento, de ampliación de la producción, preserva a los trabajadores de las crisis de superproducción, del aumento del paro forzoso y la miseria; 6) la clase obrera y los trabajadores del campo son los dueños del país y no producen para los capitalistas, sino para ellos mismos.

¿Qué es el sistema capitalista de economía? El sistema capitalista de economía significa que: 1) el Poder pertenece en el país a los capitalistas; 2) los instrumentos y medios de producción se hallan concentrados en manos de los explotadores; 3) la producción no se subordina al principio de mejorar la situación material de las masas trabajadoras, sino al de garantizar un beneficio capitalista elevado; 4) la renta nacional no se distribuye con vistas a mejorar la situación material de los trabajadores, sino con vistas a garantizar el máximo de beneficio a los explotadores; 5) la racionalización capitalista y el aumento rápido de la producción, que persiguen como fin proporcionar beneficios elevados a los capitalistas, chocan, como con un obstáculo, con la situación miserable y la disminución del nivel de vida de las masas de millones de trabajadores, que no siempre pueden satisfacer sus necesidades ni siquiera en lo más mínimo, lo cual abona ineluctablemente el terreno para crisis inevitables de superproducción, para el aumento del paro forzoso y para la miseria de las masas: 6) la clase obrera y los trabajadores del campo son explotados y no trabajan para sí, sino para una clase ajena, para la clase de los explotadores.

Tales son las ventajas del sistema soviético de economía sobre el sistema capitalista. Tales son las ventajas de la organización socialista de la economía sobre la organización capitalista. He ahí la causa de que en nuestro país, en la U.R.S.S., asistamos a un ascenso económico creciente, mientras que allí, en el mundo capitalista, se desarrolla, por el contrario, una crisis económica creciente. He ahí la causa de que en nuestro país, en la U.R.S.S., el aumento del consumo (capacidad adquisitiva) de las masas aventaje siempre al aumento de la producción, empujándola hacia adelante, y de que allí, en el mundo capitalista, por el contrario, el aumento del consumo de las masas (capacidad adquisitiva) no alcance nunca el aumento de la producción y se halle siempre por debajo de ella, condenándola frecuentemente a las crisis. He ahí la causa de que allí, en los países capitalistas, se considere lo más normal del mundo destruir durante las crisis los “excedentes” de mercancías y quemar los productos agrícolas “superfluos” para mantener altos los precios y garantizar beneficios elevados, mientras que en nuestro país, en la U.R.S.S., a los culpables de tales crímenes se les mandaría a un manicomio. (Aplausos.)

Esta es la causa de que allí, en los países capitalistas, los obreros vayan a la huelga y celebren manifestaciones, organizando la lucha revolucionaria contra el Poder capitalista existente, mientras que en nuestro país, en la U.R.S.S., asistimos al espectáculo de una grandiosa emulación de trabajo de millones de obreros y campesinos, dispuestos a defender con su pecho el Poder Soviético. He ahí la causa de la solidez y consistencia de la situación interior de la U.R.S.S., de la debilidad y la inconsistencia de la situación interior de los países capitalistas. Hay que reconocer que un sistema de economía que no sabe qué hacer con los “excedentes” de su producción, y que se ve obligado a quemarlos cuando entre las masas reinan la miseria y el paro forzoso, el hambre y la ruina, tal sistema de economía pronuncia su propia sentencia de muerte. Estos últimos años han sido un período de comprobación en la práctica, un período de examen de los dos sistemas de economía opuestos: el sistema soviético y el sistema capitalista. Durante estos años hemos oído no pocas profecías sobre el “hundimiento” y el “crac” del sistema soviético. Las alharacas y loas a propósito de la “prosperidad” del capitalismo han sido todavía más abundantes. ¿Y qué? Estos años han demostrado una vez más que el sistema capitalista de economía es inconsistente, que el sistema soviético de economía posee ventajas con las que no puede ni siquiera soñar ningún Estado burgués, aunque sea el más “democrático”,

“popular”, etc. En mayo de 1921, en su discurso en la Conferencia del P.C.(b) de Rusia, Lenin decía: “Ahora, como más influimos en la revolución internacional es con nuestra política económica. Puede decirse sin exagerar lo más mínimo que todos miran a la República Soviética de Rusia, todos los trabajadores del mundo, sin excepción alguna. Esto se ha conseguido. Los capitalistas no pueden silenciar, no pueden ocultar nada; por esto se dedican, sobre todo, a pescar nuestros errores económicos y nuestras debilidades. En este terreno, la lucha se lleva ya en escala mundial. Si cumplimos esta tarea, ganaremos en escala internacional de seguro y definitivamente” (t. XXVI, págs. 410-411). Hay que reconocer que nuestro Partido está cumpliendo con buen éxito la tarea que Lenin planteó.

9. Tareas inmediatas. a) Generales. 1) Ante todo, el problema de la distribución acertada de la industria por toda la U.R.S.S. Por más que desenvolvamos la economía nacional, no podremos eludir la cuestión de cómo distribuir con acierto la industria, rama rectora de la economía nacional. Hoy, nuestra industria, como toda nuestra economía nacional, se apoya fundamentalmente en la base hullera y metalúrgica de Ucrania. Se comprende que, sin una base como ésa, es inconcebible la industrialización del país. Y esta base, como hemos dicho, es la base hullera y metalúrgica ucraniana. Pero ¿puede en lo sucesivo esta base sola dar satisfacción completa a las necesidades del Sur, de la parte central de la U.R.S.S., del Norte, del Nordeste, del Extremo Oriente y del Turkestán? Todos los datos evidencian que no. Lo nuevo en el desarrollo de nuestra economía nacional consiste, entre otras cosas, en que esta base es ya insuficiente para nosotros. Lo nuevo consiste en que es necesario emprender en el acto, sin dejar de seguir desarrollando por todos los medios dicha base, la creación de una segunda base hullera y metalúrgica.

Esta base debe ser el combinado Ural-Kuznietsk, la unión del carbón coquificable de Kuznietsk con el mineral de hierro de los Urales. (Aplausos.) La construcción de una fábrica de automóviles en Nizhni-Nóvgorod, de una fábrica de tractores en Cheliábinsk, de una fábrica de máquinas en Sverdlovsk, de fábricas de segadoras-trilladoras en Sarátov y Novosibirsk; la existencia de una industria de metales no ferrosos cada vez más potente en Siberia y Kazajstán, que requiere la construcción de una red de talleres de reparación y varias fábricas metalúrgicas importantes en el Este; por último, la decisión de construir fábricas textiles en Novosibirsk y en el Turkestán: todo esto exige imperiosamente que se acometa sin la menor demora la creación de una segunda base hullera y metalúrgica en los Urales. Como sabéis, el C.C. de nuestro Partido se pronunció precisamente en este sentido en su resolución sobre el “Uralmet”. 2) Además, el problema de la distribución acertada de las ramas fundamentales de la agricultura por toda la U.R.S.S., el problema de la especialización de nuestras regiones en cultivos y ramas agrícolas.

Se comprende que con la pequeña hacienda campesina es imposible llevar a cabo la especialización de un modo serio. Es imposible, porque la pequeña hacienda, por su carácter inestable y por carecer de las reservas necesarias, se ve obligada a dedicarse a toda clase de cultivos, a fin de que, si fallan unos, puedan sacarla a flote los otros. Se comprende también que, si el Estado no dispone de ciertas reservas de cereales, es imposible organizar la especialización. Ahora, cuando hemos pasado a la agricultura basada en las grandes haciendas y el Estado dispone de reservas de cereales, podemos y debemos plantearnos la tarea de organizar acertadamente la especialización en cultivos y ramas. Ahora bien, el punto de partida para ello es la solución definitiva del problema de los cereales. Digo “punto de partida”, porque sin solucionar dicho problema, sin organizar una gran red de depósitos de cereales en las zonas ganaderas, algodoneras, remolacheras, del lino y tabaqueras, es imposible impulsar la ganadería y el cultivo de las plantas industriales, es imposible organizar la especialización de nuestras regiones en cultivos y ramas.

La tarea consiste en aprovechar las posibilidades que se nos ofrecen y en impulsar esta obra. 3) Sigue el problema de los cuadros, tanto en la industria como en la agricultura. Todo el mundo conoce la escasa preparación técnica de los cuadros de nuestra economía, de nuestros especialistas, técnicos y personal administrativo. La cosa se complica porque se ha visto que algunos especialistas, relacionados con los antiguos propietarios y estimulados desde el extranjero, encabezaban el sabotaje. La cosa se complica todavía más por la circunstancia de que bastantes de nuestros comunistas que trabajan en la dirección de la economía no han mostrado la suficiente vigilancia revolucionaria y a menudo se han dejado influenciar por los elementos saboteadores. Mientras tanto, ante nosotros se alza la ingente tarea de reestructurar toda la economía nacional, lo que requiere gran número de nuevos cuadros, capaces de dominar la nueva técnica. Por este motivo, el problema de los cuadros se ha convertido, en nuestro país, en un problema apremiante de veras. Estamos solucionando este problema con las siguientes medidas: 1) lucha decidida contra los saboteadores; 2) atención y solicitud máximas con respecto a la

inmensa mayoría de los especialistas y técnicos que se han apartado de los saboteadores (no me refiero a los charlatanes y comediantes del tipo de Ustriálov, sino a los verdaderos trabajadores científicos que colaboran sin reservas con la clase obrera); 3) organización de la ayuda técnica del extranjero; 4) envío de dirigentes de nuestra economía al extranjero, para que aprendan y adquieran experiencia técnica; 5) transferencia de los establecimientos de enseñanza técnica a los organismos económicos correspondientes, con el fin de preparar sin dilación el número suficiente de peritos y especialistas salidos de la clase obrera y del campesinado. La tarea consiste en desarrollar nuestra actividad con vistas al cumplimiento de estas medidas. 4) Problema de la lucha contra el burocratismo. El peligro del burocratismo consiste, ante todo, en que mantiene sujetas las colosales reservas latentes en las entrañas de nuestro régimen, impide que sean utilizadas, se afana por reducir a cero la iniciativa creadora de las masas, encadenándola mediante el papeleo, y trata de que cada nueva iniciativa del Partido se vea convertida en una cosa insignificante y estéril. El peligro del burocratismo consiste, en segundo término, en que no tolera el control de la ejecución práctica e intenta convertir las indicaciones fundamentales de las organizaciones directivas en papel mojado, al margen de la realidad viva.

No sólo -y no tanto- representan un peligro los viejos burócratas que han quedado en nuestras instituciones. Lo representan también, sobre todo, los nuevos burócratas, los burócratas soviéticos, entre los cuales los “comunistas” burócratas no desempeñan, ni mucho menos, el último papel. Me refiero a esos “comunistas” que tratan de suplantar con disposiciones oficinescas y “decretos”, en cuya fuerza creen como en un fetiche, la iniciativa creadora y la actividad de las propias masas, de los millones de obreros y campesinos. La tarea consiste en destruir el burocratismo en nuestras instituciones y organizaciones, en acabar con las “costumbres” y los “hábitos” burocráticos, y desbrozar el terreno para utilizar las reservas que encierra nuestro régimen, para dar ancho campo a la iniciativa creadora y la actividad de las propias masas. Esta tarea no es fácil. No es posible cumplirla “en un dos por tres”. Pero hay que cumplirla a toda costa, si queremos realmente transformar nuestro país según los principios del socialismo. La lucha contra el burocratismo la mantiene el Partido trabajando en cuatro direcciones: desarrollando la autocrítica, organizando el control de la ejecución práctica, depurando el aparato administrativo y, finalmente, elevando a él a hombres leales salidos de la clase obrera.

La tarea consiste en dedicar todos los esfuerzos a la aplicación de estas medidas. 5) Problema del aumento de la productividad del trabajo. Sin el aumento sistemático de la productividad del trabajo, tanto en el terreno de la industria como en el de la agricultura, no podemos cumplir las tareas que nos impone la reestructuración, no podemos, no ya alcanzar y sobrepasar a los países capitalistas avanzados, sino ni siquiera salvaguardar nuestra existencia independiente. Por esto, el aumento de la productividad del trabajo tiene para nosotros una importancia primordial. Las medidas del Partido para solucionar este problema siguen tres direcciones: mejorar sistemáticamente la situación material de los trabajadores, implantar una disciplina de trabajo basada en el compañerismo en las empresas industriales y en la agricultura y, finalmente, organizar la emulación socialista y el trabajo de choque. Todo esto sobre la base de la técnica moderna y de la organización racional del trabajo. La tarea consiste en seguir desplegando la campaña de masas para la realización de estas medidas. 6) Problema del abastecimiento. Entran aquí el suministro suficiente de los productos que necesitan los trabajadores de la ciudad y del campo, la adaptación del aparato cooperativo a las necesidades de los obreros y campesinos, el aumento sistemático del salario real de los obreros y la rebaja de los precios de los artículos industriales y de los productos agrícolas.

De los defectos de las cooperativas de consumo he hablado ya. Es necesario acabar con estos defectos y conseguir que se aplique una política de rebaja de los precios. Por lo que se refiere a la insuficiencia de mercancías (al “hambre de mercancías”), ahora tenemos la posibilidad de ensanchar la base de materias primas de la industria ligera e impulsar en las ciudades la producción de artículos de amplio consumo. El abastecimiento de pan se puede considerar ya garantizado. Peor están las cosas en cuanto al abastecimiento de carne, productos lácteos y legumbres. Desgraciadamente, esta dificultad no puede ser resuelta en unos meses. Para vencerla es necesario, por lo menos, un año. Dentro de un año podremos garantizar plenamente, gracias, ante todo, a los sovjoses y los koljóses organizados con este fin, el abastecimiento de carne, productos lácteos y legumbres. Y ¿qué significa dominar el abastecimiento de dichos productos cuando tenemos ya en nuestras manos reservas de cereales y artículos textiles, cuando se ha intensificado la edificación de viviendas para los obreros y disponemos de servicios públicos económicos? Eso significa dominar todos los factores fundamentales que de terminan el presupuesto del obrero y su salario real. Eso significa garantizar de un modo seguro y definitivo el aumento rápido del

salario real de los obreros. La tarea consiste en hacer que todas nuestras organizaciones desplieguen su labor en este sentido. 7) Problema del crédito y de la circulación monetaria. La organización racional del crédito y el manejo acertado de las reservas monetarias tienen seria importancia para el desarrollo de la economía nacional. Las medidas del Partido para solucionar este problema siguen dos direcciones: la concentración de todo el crédito a corto plazo en el Banco del Estado y la organización de las operaciones con cargo a la cuenta corriente en el sector socializado. Con ello lograremos, en primer lugar, que el Banco del Estado se convierta en el aparato que lleva la contabilidad de la producción y distribución de los productos en todo el país, y, en segundo lugar, que enormes sumas puedan ser retiradas de la circulación. No puede haber duda alguna de que estas medidas determinarán (y de terminan ya) la regulación de todo el sistema de crédito y el reforzamiento de nuestro chervonets. 8) Problema de las reservas. Se ha dicho ya varias veces, y huelga repetirlo, que un Estado en general, y el nuestro en particular, no puede pasarse sin reservas. Tenemos algunas reservas de grano, de mercancías y de moneda extranjera. Nuestros camaradas han podido notar en estos últimos tiempos la acción beneficiosa de dichas reservas. Pero no nos basta con tener “algunas” reservas. Necesitamos reservas más sólidas en todas las ramas de la economía. De ahí la tarea de acumular reservas.

b) En la industria. 1) El problema principal es el desarrollo de la siderurgia a marchas forzadas. Tened en cuenta que acabamos de alcanzar el nivel de producción de hierro colado de antes de la guerra y que sólo lo rebasaremos este año, en 1929-1930. Eso constituye un gran peligro para toda nuestra economía nacional. Para conjurarlo, hay que organizar el desarrollo de la siderurgia a marchas forzadas. Necesitamos producir a fines del quinquenio, no 10 millones de toneladas de hierro colado, como dice el plan quinquenal, sino de 15 a 17 millones de toneladas. Esta tarea hemos de cumplirla a toda costa, si queremos desenvolver como es debido la industrialización de nuestro país. Los bolcheviques deben mostrar que son capaces de cumplir esta tarea. Esto no significa, naturalmente, que debamos abandonar la industria ligera. No, no significa tal cosa. Hasta ahora hemos economizado en todo, incluida la industria ligera, para restablecer la industria pesada. Pero ésta la hemos restablecido ya. Lo único que hace falta es seguir desarrollándola. Ahora podemos dedicar nuestra atención a la industria ligera e impulsarla a ritmo acelerado. Lo nuevo en el desarrollo de nuestra industria consiste, entre otras cosas, en que ahora estamos en condiciones de fomentar a toda marcha tanto la industria pesada como la ligera.

La circunstancia de que este año hayamos rebasado los planes de siembra de algodón, lino y remolacha y resuelto con éxito el problema del kendir y de la seda artificial, todo esto evidencia que podemos realmente impulsar la industria ligera. 2) Problema de la racionalización, de la disminución del coste de la producción y del mejoramiento de su calidad. No se pueden tolerar por más tiempo las fallas en el terreno de la racionalización, el incumplimiento del plan de reducción del coste de la producción y la escandalosa calidad de la misma en algunas de nuestras empresas. Estas fallas y defectos gravitan sobre toda nuestra economía nacional y no le permiten marchar adelante. Ya va siendo hora de que terminemos con este baldón; hace ya mucho que debíamos haber terminado con él. Los bolcheviques deben mostrar que son capaces de cumplir esta tarea. 3) Problema de la dirección unipersonal. Se hace también intolerable la infracción del principio de la dirección unipersonal en las empresas. Los obreros se lamentan a menudo: “en la fábrica no hay una cabeza que responda de todo”, “no hay orden en el trabajo”. No se puede tolerar por más tiempo que nuestras empresas se conviertan, de organismos de producción, en parlamentos. Es necesario, finalmente, que las organizaciones de nuestro Partido y de los sindicatos comprendan que, sin asegurar la dirección unipersonal, sin establecer una responsabilidad rigurosa por la marcha del trabajo, no podremos dar cumplimiento a las tareas que nos impone la reestructuración de la industria.

c) En la agricultura. 1) Problema de la ganadería y de los cultivos industriales. Ahora, cuando en lo fundamental hemos resuelto ya el problema cerealista, podemos abarcar simultáneamente la solución del problema de la ganadería, que es en este momento un problema apremiante, y la de la cuestión de los cultivos industriales. Al resolver estos problemas, debemos seguir el mismo camino que seguimos para solucionar el problema cerealista. Es decir, valiéndonos de la organización de sovjoses y koljóses, puntales de nuestra política, debemos transformar paulatinamente la base técnica y económica de la ganadería y de los cultivos industriales, constituida hoy por las pequeñas haciendas campesinas. Las agrupaciones “Skotovod”, “Ovtsevod”, “Svinovod” y “Masliano-Molochni” y los koljóses ganaderos, y los sovjoses y koljóses existentes dedicados a cultivos industriales, son los puntos de partida para la solución de los problemas que tenemos planteados.

2) Problema del desarrollo sucesivo de la organización de sovjoses y koljóses. No creemos que sea necesario extenderse mucho, para demostrar que éste es, para nosotros, el problema primordial de toda nuestra edificación socialista en el campo. Ahora hasta los ciegos ven que en los campesinos se ha operado un viraje enorme, radical, de lo viejo a lo nuevo, de la vida sujeta a la opresión de los kulaks a la libre vida koljósiana. Los viejos tiempos no pueden volver. Los kulaks están condenados a desaparecer y serán liquidados. No queda más que un camino: el de los koljóses. Y ese camino no es ya, para nosotros, una ruta ignorada y sin explorar, Ese camino ha sido explorado y comprobado de mil modos por las mismas masas campesinas. Ha sido explorado y apreciado como algo nuevo, que emancipa a los campesinos de la opresión del kulak, de la miseria y de la ignorancia. En esto consiste la base de nuestros éxitos. ¿Cómo seguirá desarrollándose el nuevo movimiento en el campo? Marcharán al frente los sovjoses, espina dorsal de la transformación del antiguo tipo de economía en el agro. Tras de ellos irán los numerosos koljóses, puntales del nuevo movimiento en el campo. La labor conjunta de estos dos sistemas crea las condiciones para la colectivización completa de todas las regiones de la U.R.S.S.

Una de las conquistas más notables del movimiento koljósiano consiste en que ha logrado ya destacar de entre los mismos campesinos a millares de organizadores y a decenas de millares de agitadores en favor de la causa koljósiana. Ahora no seremos nosotros solos, los bolcheviques calificados, sino los campesinos mismos de los koljóses, las decenas de millares de campesinos organizadores y agitadores de la causa koljósiana, quienes llevarán adelante la bandera de la colectivización. Y esos campesinos agitadores son unos magníficos propagandistas del movimiento koljósiano, pues sus argumentos en pro de los koljóses serán tan comprensibles y aceptables para la masa restante de los campesinos, que nosotros, los bolcheviques calificados, no podemos siquiera soñar con nada parecido. Suenan algunas que otras voces diciendo que es necesario abandonar la política de colectivización total. Es sabido que incluso en nuestro Partido hay adeptos de esta “idea”. Pero así sólo pueden hablar quienes, voluntaria o involuntariamente, se han identificado con los enemigos del comunismo. El método de la colectivización total es un método imprescindible, sin el que no es posible cumplir el plan quinquenal de colectivización de todas las regiones de la U.R.S.S. ¿Cómo puede renunciarse a ese método sin traicionar al comunismo, sin traicionar los intereses de la clase obrera y de los campesinos?

Esto no significa, naturalmente, que en la esfera del movimiento koljósiano todo marchará “a pedir de boca” y “normalmente”. Habrá todavía oscilaciones en el interior de los koljóses, habrá todavía, flujos y reflujos. Pero esto no puede ni debe inmutar a los organizadores del movimiento koljósiano, y, con tanto mayor motivo, no puede ser un obstáculo serio para que adquiera un poderoso desarrollo. Un movimiento de tanta vitalidad, como es, indudablemente, el movimiento koljósiano, conseguirá, a pesar de todo, el fin que persigue, a pesar de algún que otro obstáculo o dificultad. La tarea consiste en preparar las fuerzas y organizar las cosas para seguir desarrollando el movimiento koljósiano. 3) Problema del mayor acercamiento del aparato de dirección a los distritos y aldeas. No cabe duda alguna de que no habríamos podido realizar nuestra enorme labor de transformación de la agricultura y de desarrollo del movimiento koljósiano si no hubiéramos procedido a la nueva división territorial. La reunión de subdistritos y su transformación en distritos, la supresión de las provincias y su transformación en unidades menos grandes (comarcas) y, finalmente, la creación de las regiones como puntos directos de apoyo del C.C.: tal es, en sus rasgos generales, la división territorial.

El objetivo de esta transformación consiste en acercar el aparato del Partido, soviético, económico y cooperativo al distrito y la aldea, con el fin de poder solucionar a su debido tiempo las cuestiones candentes de la agricultura, de su ascenso, de su reestructuración. En este sentido, repito, la división territorial ha sido enormemente beneficiosa para toda nuestra obra de edificación. Pero ¿se ha hecho todo lo necesario para acercar realmente, como es debido, ese aparato a los distritos y a las aldeas? No, no se ha hecho. Ahora, el centro de gravedad de la organización de los koljóses se ha desplazado a las organizaciones de distrito. Allí confluyen los hilos de la organización de los koljóses y de toda otra labor económica en el campo, tanto en lo que se refiere a la cooperación como a los Soviets, al crédito y al acopio de productos agrícolas. ¿Cuentan las organizaciones de distrito con todo el personal preciso para llevar a cabo esta labor tan variada? No cabe la menor duda de que este personal es en extremo insuficiente. ¿Dónde está la salida? ¿Qué es necesario hacer para corregir esa falla y asegurar a las organizaciones de distrito, en todas las ramas de nuestra labor, el personal preciso? Para esto hay que hacer, por lo menos, dos cosas: 1) suprimir las comarcas (aplausos), que están convirtiéndose en un innecesario tabique entre la región y los distritos, y, con el personal de las comarcas que quede libre, reforzar las organizaciones de distrito; 2) enlazar directamente las organizaciones de

distrito con las de región (comité de territorio, Comité Central de república). De esta manera, serán culminadas la división territorial y el acercamiento del aparato de dirección a los distritos y a las aldeas. . La perspectiva de la supresión de las comarcas ha sido acogida con aplausos. Naturalmente, la comarca debe ser suprimida. Pero sería un error pensar que esta circunstancia nos autoriza a hablar de la comarca tan despectivamente, como se lo permiten algunos compañeros en las páginas de “Pravda”. No hay que olvidar que las comarcas han llevado sobre sus espaldas el peso de una labor enorme y han desempeñado en su tiempo un gran papel histórico. (Aplausos.) Creo también que sería erróneo manifestar precipitación excesiva en la supresión de las comarcas. El Comité Central ha adoptado una resolución en este sentido, pero no cree, ni mucho menos, que deba realizarse inmediatamente. Es evidente que se habrá de llevar a cabo la labor preparatoria necesaria antes de suprimir las comarcas.

d) En el transporte. Finalmente, el problema del transporte. No es necesario extenderse sobre la inmensa importancia del transporte para toda la economía nacional. Y no sólo para ella. Como es sabido, el transporte tiene asimismo enorme importancia para la defensa del país. Ahora bien, a pesar de la inmensa importancia del transporte, todo su sistema, su reestructuración, va todavía a la zaga del ritmo general de desarrollo. ¿Será necesario demostrar aún que, con tal situación, corremos el riesgo de convertir el transporte en el “punto débil” de la economía nacional, susceptible de frenar nuestro avance? ¿No es hora ya de poner término a esta situación? La situación es particularmente mala en el transporte fluvial. Es un hecho que los servicios de navegación por el Volga y por el Dniéper apenas si han llegado, respectivamente, al 60 y al 40% del nivel de anteguerra. El 60 y el 40% del nivel de anteguerra: eso es todo lo que puede inscribir el transporte fluvial en la lista de sus “éxitos”. ¡Valiente “éxito”! ¿No es hora ya de acabar con esta vergüenza? (Voces: “¡Ya es hora!”.) La tarea consiste en ocuparse, por fin, a la manera bolchevique del transporte y hacerlo avanzar. *** Tales son las tareas inmediatas del Partido. ¿Qué se requiere para cumplirlas? Para ello se requiere, ante todo y principalmente, continuar la vasta ofensiva contra los elementos capitalistas en todo el frente y llevar esa ofensiva hasta el fin. Este es el punto central y la base de nuestra política en el momento presente. (Aplausos.)

III. El partido. Paso a la cuestión del Partido. He hablado más arriba de las ventajas del sistema soviético de economía sobre el sistema capitalista. He hablado de las posibilidades colosales que nos proporciona nuestro régimen en la lucha por la victoria completa del socialismo. He dicho que sin estas posibilidades, sin su utilización, no hubiéramos podido conseguir los éxitos logrados durante el período que abarca el informe. Pero he aquí una cuestión: ¿ha sabido el Partido utilizar acertadamente las posibilidades que nos proporciona el régimen soviético?, ¿no ha mantenido estas posibilidades sujetas, impidiendo, de este modo, a la clase obrera desarrollar hasta el fin toda su potencia revolucionaria?, ¿ha sabido exprimir de estas posibilidades cuanto era posible para impulsar en todo el frente la edificación socialista? El régimen soviético da posibilidades colosales para la victoria completa del socialismo. Pero posibilidad no es aún realidad. Para convertir la posibilidad en realidad, son precisas varias condiciones, entre las cuales la línea del Partido y su acertada aplicación no desempeñan, ni mucho menos, el último papel. Algunos ejemplos. Los oportunistas de derecha afirman que la Nep nos garantiza la victoria del socialismo; por consiguiente, no hay motivo para intranquilizarse en cuanto al ritmo de la industrialización, al desarrollo de los sovjoses y koljóses, etc., puesto que la victoria está, pase lo que pase, asegurada, por decirlo así, de modo espontáneo.

Esto, naturalmente, es erróneo y estúpido. Hablar de ese modo significa negar el papel del Partido en la edificación del socialismo, negar la responsabilidad del Partido en esa obra. Lenin no decía, ni mucho menos, que la Nep nos aseguraría la victoria del socialismo. Lenin decía sólo que, “económica y políticamente, la Nep nos asegura por completo la posibilidad de sentar los fundamentos de la economía socialista”. Pero la posibilidad no es aún realidad. Para transformar la posibilidad en realidad, hay, ante todo, que desechar la teoría oportunista de la espontaneidad, hay que transformar (reestructurar) la economía nacional y llevar a cabo una ofensiva decisiva contra los elementos capitalistas de la ciudad y del campo. Los oportunistas de derecha afirman, además, que en nuestro régimen no hay base para la escisión entre la clase obrera y los campesinos; por consiguiente, no hay por qué preocuparse por adoptar una política acertada con respecto a los grupos sociales del campo, puesto que el kulak, de todos modos, se integrará en el socialismo, y la alianza de los obreros y campesinos quedará garantizada, por decirlo así, espontáneamente. Esto también es erróneo y estúpido. De ese modo sólo puede hablar gente que

no comprenda que la política del Partido -de un partido que, por añadidura, está en el Poder-, constituye en este problema el factor fundamental, que decide la suerte de la alianza de los obreros y campesinos. Lenin no consideraba en modo alguno excluido el peligro de la escisión entre la clase obrera y el campesinado. Lenin decía que “en nuestro régimen social no hay, necesariamente, base para tal escisión”, pero que “si surgen serias divergencias de clase entre los obreros y los campesinos, la escisión será inevitable”. En relación con ello, Lenin consideraba que: “La misión principal de nuestro C.C. y de nuestra Comisión Central de Control, así como de todo nuestro Partido, consiste en observar atentamente las circunstancias que pueden originar la escisión y prevenirlas; pues, en fin de cuentas, la suerte de nuestra república dependerá de que la masa campesina vaya con la clase obrera, manteniéndose fiel a la alianza con ella, o de que permita a los “nepmanes”, es decir, a la nueva burguesía, que la aparten de los obreros y provoquen la escisión con éstos”. Por consiguiente, la escisión entre la clase obrera y los campesinos no está excluida; pero no es en modo alguno obligatoria, pues en nuestro régimen existe la posibilidad de evitar esta escisión y de consolidar la alianza de la clase obrera y los campesinos. Pero ¿qué es necesario para convertir en realidad esa posibilidad? Para convertir en realidad la posibilidad de evitar la escisión, es necesario, ante todo, enterrar la teoría oportunista de la espontaneidad, extirpar las raíces del capitalismo, organizando koljóses y sovjoses, y pasar de la política de restricción de las tendencias explotadoras de los kulaks a la política de su liquidación como clase.

Resulta, por consiguiente, que hay que establecer una distinción rigurosa entre las posibilidades que existen en nuestro régimen y su utilización, su transformación en realidad. Resulta que puede haber muy bien casos en que las posibilidades para la victoria existan y el Partido no las vea o no sepa utilizarlas acertadamente, en vista de lo cual en vez de una victoria se puede cosechar una derrota. Y surge de nuevo la misma cuestión: ¿ha sabido el Partido utilizar acertadamente las posibilidades y las ventajas que nos proporciona el régimen soviético?, ¿ha hecho todo lo necesario para convertir dichas posibilidades en realidad y garantizar, de este modo, el máximo de éxitos en nuestra edificación? En otros términos: ¿han dirigido acertadamente el Partido y su C.C. la edificación del socialismo en el período transcurrido? ¿Qué se requiere para que el Partido lleve una dirección acertada en las condiciones actuales? Para que el Partido lleve una dirección acertada, es necesario, además de otras condiciones, que su línea sea acertada, que las masas comprendan que la línea del Partido es acertada y la sostengan activamente. Es necesario que el Partido no se limite a la elaboración de la línea general, sino que día tras día dirija su aplicación práctica, que libre una lucha decidida contra las desviaciones respecto de la línea general y contra la actitud conciliadora con ellas, que en la lucha contra dichas desviaciones el Partido forje la unidad de sus filas y una disciplina férrea. ¿Qué han hecho el Partido y su C.C. para asegurar esas condiciones?

1. Cuestiones de dirección de la edificación socialista. a) La orientación fundamental del Partido en el momento actual consiste en el paso de la ofensiva del socialismo en algunos sectores del frente económico a la ofensiva en todo el frente, tanto en la industria como en la agricultura. El XIV Congreso fue, ante todo, el Congreso de la industrialización. El XV Congreso fue, ante todo, el Congreso de la colectivización. Fue esto la preparación de la ofensiva general. A diferencia de las etapas anteriores, el período que ha precedido al XVI Congreso es un período de ofensiva general del socialismo, de ofensiva en todo el frente, un período de edificación del socialismo a marchas forzadas, tanto en la industria como en la agricultura. El XVI Congreso del Partido es el Congreso de la amplia ofensiva del socialismo, de la ofensiva en todo el frente, de la liquidación de los kulaks como clase y de la realización de la colectivización total. He ahí, en dos palabras, la esencia de la línea general de nuestro Partido. ¿Es acertada esta línea? Sí, lo es. Los hechos demuestran que la línea general de nuestro Partido es la única línea acertada. (Aplausos.) Así lo atestiguan las realizaciones y los éxitos logrados en el frente de la edificación socialista. La victoria decisiva del Partido en este período en el frente de la edificación socialista en la ciudad y en el campo no ha sido. Y no puede ser fruto de una política errónea. Sólo una línea general acertada podía proporcionarnos tal victoria. Así lo atestigua el furioso clamor que contra la política de nuestra Partido han levantado en los últimos tiempos nuestros enemigos de clase, los capitalistas y su prensa, el papa y los obispos de toda laya, los socialdemócratas y los mencheviques “rusos” del tipo de Abramóvich y Dan. Si los capitalistas y sus lacayos difaman a nuestro Partido, es porque la línea general de éste es acertada. (Aplausos.)

Así lo atestigua la suerte, conocida ahora de todo el mundo, del trotskismo. Los señores del campo de los trotskistas peroraban a propósito de la “degeneración” del Poder Soviético, del “termidor”, de la “victoria inevitable” del trotskismo, etc. ¿Y qué ha resultado en realidad? Ha resultado la descomposición, el fin del trotskismo. Parte de los trotskistas, como es sabido, ha roto con el trotskismo y en numerosas declaraciones de sus representantes ha reconocido que el Partido tenía razón y ha confirmado el carácter contrarrevolucionario del trotskismo. Otra parte de ellos ha degenerado, realmente, en contrarrevolucionarios pequeñoburgueses típicos y se ha convertido de hecho en una oficina de espionaje al servicio de la prensa capitalista por lo que respecta a los asuntos del P.C.(b) de la U.R.S.S. Y el Poder Soviético, que debía “degenerar” (o que “ha degenerado ya”), sigue viviendo y edificando el socialismo, destrozando con buen éxito a los elementos capitalistas de nuestro país y a sus acólitos pequeñoburgueses. Así lo atestigua la suerte, conocida ahora de todo el mundo, de los desviacionistas de derecha. Estos charlaban y vociferaban a propósito del carácter “funesto” de la línea del Partido, de una “probable catástrofe” de la U.R.S.S., de la necesidad de “salvar” al país del Partido y de su dirección, etc.

¿Y qué ha resultado en realidad? Ha resultado que el Partido ha obtenido enormes éxitos en todos los frentes de la edificación del socialismo, y el grupo de los desviacionistas de derecha, que deseaba “salvar” al país, pero que reconoció después lo erróneo de sus concepciones, se encuentra ahora en un atolladero. Así lo atestiguan la creciente actividad revolucionaria de la clase obrera y de los campesinos, el activo apoyo de masas de millones de trabajadores a la política del Partido y, finalmente, el entusiasmo sin igual de los obreros y de los campesinos koljósianos en la producción, entusiasmo que, por su grandiosidad, asombra a los enemigos y a los amigos de nuestro país. No hablo ya de indicios del aumento de la confianza hacia el Partido como son las solicitudes de ingreso en él, que presentan los obreros por talleres y fábricas enteras, como el incremento numérico del Partido, al cual, en el intervalo comprendido entre el XV Congreso y el XVI, se han adherido más de 600.000 miembros, como el ingreso en el Partido, sólo en el primer trimestre de este año, de 200.000 nuevos militantes. ¿Qué demuestra todo esto sino que millones de trabajadores tienen conciencia de que la política de nuestro Partido es acertada y están dispuestos a sostenerla?

Hay que reconocer que nada de esto habría sucedido si la línea general de nuestro Partido no fuera la única acertada. b) Pero el Partido no puede limitarse a trazar la línea general, sino que debe, día tras día, comprobar su aplicación práctica, debe dirigir esta aplicación, mejorando y perfeccionando en el proceso de su trabajo los planes de edificación económica adoptados, corrigiendo y previniendo los errores. ¿Cómo ha realizado esta labor el C.C. de nuestro Partido? La labor del C.C. en este terreno ha consistido, principalmente, en enmendar y precisar el plan quinquenal desde el punto de vista del aumento del ritmo y de la reducción de los plazos, en comprobar el cumplimiento de las tareas encomendadas a las entidades económicas. He aquí algunos acuerdos fundamentales del C.C. que enmiendan el plan quinquenal, acelerando el ritmo de edificación y reduciendo los plazos para ello. Siderurgia: el plan quinquenal fija para el último año del quinquenio una producción de hierro colado de 10.000.000 de toneladas; la resolución del C.C. considera insuficiente esta cantidad y estima que la producción de hierro colado en el último año del quinquenio debe ser elevada hasta 17.000.000 de toneladas. Producción de tractores: según el plan quinquenal, la producción de tractores en el último año del quinquenio deberá ser de 55.000 unidades; la resolución del C.C. considera que esta producción es insuficiente y que en el último año del quinquenio debe ser elevada hasta 110.000 unidades.

Lo mismo hay que decir de la industria del automóvil, en la cual, en vez de producir 100.000 automóviles (camiones y coches ligeros) en el último año del quinquenio -como establece el plan-, se ha resuelto producir 200.000. Lo mismo ocurre con la metalurgia no ferrosa, en la cual las cifras del plan quinquenal han sido aumentadas en más del 100%. Y con la construcción de máquinas agrícolas, donde las cifras han sido elevadas, asimismo, en más del 100%. No hablo ya de la fabricación de segadoras- trilladoras, que no se tenía para nada en cuenta en el plan quinquenal y que debe ascender en el último año del quinquenio a 40.000 unidades como mínimo. Organización de sovjoses: el plan quinquenal fija el aumento de la superficie de siembra a finales del quinquenio hasta 5.000.000 de hectáreas; la resolución del C.C. lo considera insuficiente y estima que la superficie de siembra de los sovjoses debe ser elevada hasta 18.000.000 de hectáreas al final del quinquenio. Organización de koljóses: el plan quinquenal estipula el aumento de la superficie de siembra hasta 20.000.000 de hectáreas a finales del quinquenio; la resolución del C.C. considera que esto es insuficiente a todas luces (ha sido ya sobrepasado este año) y estima que a fines del quinquenio la colectivización de la U.R.S.S. deberá estar, en lo fundamental, terminada y que en esa fecha la superficie de siembra

de los koljóses deberá cubrir las nueve décimas partes de toda la superficie de siembra de la U.R.S.S. que se labra hasta ahora de un modo individual. (Aplausos.) Y así sucesivamente. Así es, a grandes rasgos, como el Comité Central ha dirigido la aplicación de la línea general del Partido y la planificación de la edificación socialista. Quizá alguien objete que, al introducir modificaciones tan importantes en las cifras iniciales del plan quinquenal, el C.C. infringe los principios de la planificación y atenta al prestigio de los organismos de planificación. Pero sólo burócratas impenitentes pueden hablar así. Para nosotros, para los bolcheviques, el plan quinquenal no es algo definitivo y fijado de una vez para siempre. Para nosotros, el plan quinquenal, como todo plan, no es más que un programa inicial aproximado, que hay que concretar, modificar y perfeccionar sobre la base de la experiencia de los lugares donde se aplica, de la experiencia de su ejecución. Ningún plan quinquenal puede prevenir todas las posibilidades latentes en el seno de nuestro régimen, y que se revelan únicamente en el curso del trabajo, del cumplimiento del plan en las fábricas, en los koljóses, en los sovjoses, en los distritos, etc. Sólo los burócratas pueden imaginarse que la planificación termina al quedar trazado el plan.

La confección del plan no es más que el principio de la planificación. La verdadera dirección planificada se desarrolla únicamente después de la confección del plan, después de su comprobación allí donde se aplica; en el curso de su cumplimiento, conforme va corrigiéndose y concretándose. Por eso, el C.C. y la Comisión Central de Control, con los organismos de planificación del país, juzgaron necesario corregir y mejorar el plan quinquenal, a base de los datos de la experiencia, con vistas a acelerar el ritmo de la edificación y reducir los plazos de su cumplimiento. Veamos lo que decía Lenin refiriéndose al principio de la planificación y de la dirección planificada en el VIII Congreso de los Soviets, cuando se discutía, el plan decenal GOELRO: “El programa de nuestro Partido no puede limitarse a tal, sino que debe convertirse en el programa de nuestra edificación económica, pues, de lo contrario, no sirve ni como programa del Partido; debe completarse con un segundo programa del Partido, con un plan de trabajos para la restauración de toda la economía nacional y su elevación a la altura de la técnica moderna… Es necesario que adoptemos un plan determinado. Naturalmente, será un plan inicial aproximado. Este programa del Partido no será tan invariable como nuestro verdadero programa, que sólo puede ser modificado en los Congresos del Partido.

No, este programa será mejorado, elaborado, perfeccionado y modificado cada día, en cada taller, en cada subdistrito... Siguiendo las enseñanzas de la ciencia y de la práctica, en cada lugar hay que esforzarse continuamente para que el plan sea realizado con antelación, a fin de que las masas vean que la experiencia puede reducir el largo período que nos separa de la plena restauración de la industria. Esto depende de nosotros. Mejoremos, pues, nuestra economía en cada taller, en cada depósito de locomotoras, en cada región, y entonces reduciremos el plazo; por cierto que ya lo estamos reduciendo” (t. XXVI, págs. 45, 46, 43). Como veis, el C.C. ha seguido la senda indicada por Lenin, modificando y mejorando el plan quinquenal, reduciendo los plazos y acelerando el ritmo de la edificación. ¿En qué posibilidades se apoyaba el C.C. al acelerar el ritmo de la edificación y reducir los plazos de cumplimiento del plan quinquenal? En las reservas latentes en el seno de nuestro régimen y descubiertas sólo en el curso del trabajo, en las posibilidades que nos brinda el período de reestructuración. El C.C. considera que la transformación de la base técnica de la industria y de la agricultura, existiendo, como existe, la organización socialista de la producción, abre unas posibilidades de acelerar el ritmo con las que ni siquiera puede soñar ningún país capitalista.

Sólo estas circunstancias explican que en el curso de los tres últimos años nuestra industria socialista haya duplicado con creces su producción y que en 1930-1931 su incremento deba ser, en comparación con el año actual, de un 47%; y este incremento solo será igual al volumen de la producción de toda la gran industria de antes de la guerra. Sólo estas circunstancias explican que en la organización de sovjoses se cumpla con creces el plan quinquenal en tres años y en la de los koljóses se haya sobrepasado ya en dos. Existe una teoría, según la cual un elevado ritmo de desarrollo sólo es admisible en el período de restauración y debe disminuir sensiblemente cada año al pasar al período de reestructuración. Esta teoría, que lleva el nombre de teoría de la “curva descendente”, es la teoría de la justificación de nuestro atraso y no tiene nada de común con el marxismo, con el leninismo; es una teoría burguesa, destinada a perpetuar el atraso de nuestro país. Entre las gentes que han tenido o tienen relación con nuestro Partido, esta teoría la defienden y predican únicamente los trotskistas y los desviacionistas de derecha. Existe la opinión de que los trotskistas son unos superindustrialistas. Pero esa opinión es justa sólo en parte. Es justa si se refiere a fines del período de la restauración, cuando los trotskistas, realmente, se dedicaban a exponer fantasías superindustrialistas.

Por lo que se refiere al período de reestructuración, los trotskistas, desde el punto de vista del ritmo, son los minimalistas más extremos y los capituladores más viles. (Risas. Aplausos.) En sus plataformas y declaraciones, los trotskistas no daban cifras sobre el ritmo, limitándose únicamente a charlar de él en términos generales. Pero hay un documento, en el cual expresaron en cifras su concepción del ritmo de desarrollo de la industria del Estado. Me refiero a la memoria de la “Conferencia especial para la restauración del capital fijo” de la industria del Estado (OSVOK), basada en los principios del trotskismo. Es interesante dedicar dos palabras a este documento, que data de 1925- 1926. Es interesante, porque refleja por entero el esquema trotskista de la curva descendente. El documento mencionado proponía invertir en la industria estatal, en 1926-1927, 1.543.000.000 de rublos; en 1927-1928, 1.490.000.000; en 1928-1929, 1.320.000.000; en 1929-1930, 1.060.000.000 (según los precios de 1926-1927). Tal es el cuadro que ofrece la curva descendente trotskista. ¿Cuánto hemos invertido en realidad? En realidad, hemos invertido en la industria del Estado, en 1926-1927, 1.065.000.000 de rublos; en 1927- 1928, 1.304.000.000; en 1928-1929, 1.819.000.000; en 1929-1930, 4.775.000.000 (según los precios de 1926-1927). Tal es el cuadro que ofrece la curva ascendente bolchevique. Según este documento, la producción de la industria estatal debía aumentar, en 1926-1927, un 31,6%; en 1927-1928, un 22,9%; en 1928-1929, un 15,5%; en 1930, un 15%. Tal es el cuadro que ofrece la curva descendente trotskista. ¿Qué ha sucedido en realidad? En realidad, el aumento de la producción de la industria estatal fue, en 1926-1927, del 19,7%; en 1927-1928, del 26,3%; en 1928-1929, del 24,3%; en 1929-1930, del 32%, y en 1930-1931 será del 47%.

Tal es el cuadro que ofrece la curva ascendente bolchevique. Como es sabido, Trotski defiende especialmente esta teoría, propia de capituladores, de la curva descendente, en su libro “¿Hacia el socialismo o hacia el capitalismo?”. En él dice sin rodeos que, como “antes de la guerra la ampliación de la industria consistía, en lo fundamental, en la construcción de nuevas fábricas”, mientras que “en nuestro tiempo la ampliación consiste, en mucho mayor grado, en la utilización de las viejas fábricas y del empleo del viejo utillaje”, “es natural, por consiguiente, que, al terminar el proceso de la restauración, el coeficiente de aumento deba reducirse considerablemente”, y propone “elevar, en los años próximos, el coeficiente de desarrollo de la industria no sólo al doble, sino al triple, o quizá más, del 6% de antes de la guerra”. Así, pues, tres veces el 6% de aumento anual de la industria. ¿Cuánto representa esto? En total, el 18% de aumento al año. Por lo tanto, el 18% de aumento anual de la producción de la industria del Estado es, según los trotskistas, el nivel más alto, al que hay que aspirar como ideal al planificar el ritmo de desarrollo acelerado en el período de reestructuración. Comparad ahora esta mezquina sabiduría de los trotskistas con el aumento real de la producción en estos últimos tres años (en 1927-1928, 26,3%; en 1928-1929, 24,3%; 1929-1930, 32%); comparad esta filosofía de capitulación de los trotskistas con el proyecto de las cifras control de la Comisión Estatal de Planificación para 1930-1931, que dan un 47% de aumento, tanto por ciento que supera el ritmo más elevado de aumento de la producción en el período de restauración, y comprenderéis todo cuanto hay de reaccionario en la teoría trotskista de la “curva descendente”, hasta qué punto los trotskistas no creen en las posibilidades del período de reestructuración.

He aquí la causa de que los trotskistas gimoteen ahora acerca del ritmo “excesivo” impreso por los bolcheviques al desarrollo de la industria y de la organización de los koljóses. He aquí la causa de que ahora no se pueda distinguir a los trotskistas de nuestros desviacionistas de derecha. Se comprende que, sin destruir la teoría de la “curva descendente”, teoría de los trotskistas y desviacionistas de derecha, no hubiéramos podido desplegar una planificación efectiva, ni acelerar el ritmo, ni reducir los plazos de edificación. Para dirigir la aplicación de la línea general del Partido, para corregir y mejorar el plan quinquenal de edificación, para acelerar su ritmo y evitar los errores, era necesario, ante todo, destruir y aniquilar la teoría reaccionaria de la “curva descendente”. Así procedió el Comité Central, como he dicho ya más arriba.

2. Cuestiones de dirección de los asuntos interiores del partido. Podría pensarse que la labor de dirección de la edificación socialista, que la aplicación de la línea general del Partido han transcurrido dentro de él de un modo tranquilo y apacible, sin lucha, sin esfuerzos de voluntad. Pero esto no es cierto, camaradas. En realidad, esta labor se ha llevado a cabo luchando con las dificultades interiores del Partido, con toda clase de desviaciones respecto del leninismo, tanto en el terreno de la política general como en el de la cuestión nacional. Nuestro Partido no vive ni actúa en el éter, sino en la vida misma, y se halla sujeto a la influencia del medio que le rodea. Y nuestro medio, como es sabido, lo forman clases y grupos sociales

distintos. Hemos emprendido una amplia ofensiva contra los elementos capitalistas, hemos dado un gran impulso a nuestra industria socialista, hemos desarrollado la organización de sovjoses y koljóses. Pero tales fenómenos no pueden ocurrir sin consecuencias para las clases explotadoras. Estos fenómenos van habitualmente acompañados de la ruina de las clases agonizantes, de la ruina de los kulaks en el campo, de un estrechamiento del radio de acción de las capas pequeñoburguesas de la ciudad. Se comprende que todo esto no puede por menos de agudizar la lucha de clases, la resistencia de las clases agonizantes contra la política del Poder Soviético. Sería ridículo pensar que la resistencia de estas clases no va a reflejarse de uno u otro modo en las filas de nuestro Partido. Y, en efecto, encuentra reflejo en él. Todas las desviaciones respecto a la línea leninista, existentes en las filas de nuestro Partido, reflejan la resistencia de las clases agonizantes. ¿Se puede sostener una lucha eficaz contra los enemigos de clase sin luchar al mismo tiempo contra las desviaciones en nuestro Partido, sin vencerlas? No, no se puede. No se puede, porque es imposible desarrollar una lucha verdadera contra los enemigos de clase teniendo en la retaguardia a sus agentes, dejando en la retaguardia a quienes no creen en nuestra causa y tratan por todos los medios en contener nuestro avance.

De aquí la lucha implacable contra las desviaciones respecto a la línea leninista como tarea inmediata del Partido. ¿Por qué hoy la desviación de derecha constituye el peligro principal en el Partido? Porque refleja el peligro kulakista, y este peligro es el fundamental en el país en el momento presente, cuando desarrollamos la amplia ofensiva contra el capitalismo y estamos extirpando sus raíces. ¿Qué debía hacer el C.C. para vencer la desviación de derecha, dar el golpe de gracia a la desviación de “izquierda” y desbrozar el camino para la máxima cohesión del Partido en torno a la línea leninista? a) Era necesario, ante todo, terminar con los restos del trotskismo en el Partido, con las supervivencias de la teoría trotskista. Al grupo trotskista, como oposición, hace ya tiempo que lo hemos destrozado y barrido. Ese grupo representa ahora un grupo contrarrevolucionario antiproletario y antisoviético, que informa celosamente a la burguesía de los asuntos de nuestro Partido. Pero éste aun no se ha depurado por completo de los restos de la teoría trotskista y de las supervivencias del trotskismo. Por lo tanto, era necesario ante todo terminar con estas supervivencias. ¿En qué consiste la esencia del trotskismo? La esencia del trotskismo consiste, ante todo, en que niega que con las fuerzas de la clase obrera y de los campesinos de nuestro país sea posible llevar a cabo la edificación del socialismo en la U.R.S.S. ¿Qué significa esto? Significa que, si en un futuro próximo no viene en nuestro auxilio la revolución mundial victoriosa, deberemos capitular ante la burguesía y despejar el camino para la república democrático-burguesa. Por lo tanto, nos hallamos en presencia de la negación burguesa de la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país, negación encubierta con frases “revolucionarias” acerca de la victoria de la revolución mundial. ¿Se puede, con una concepción de este género, encender en las grandes masas de la clase obrera el entusiasmo por la producción, alzarlas a la emulación socialista, al trabajo de choque en masa, a la amplia ofensiva contra los elementos capitalistas?

Claro está que no. Sería estúpido creer que nuestra clase obrera, que ha hecho tres revoluciones, se entregaría con entusiasmo a la producción y al trabajo de choque en masa con el fin de abonar el terreno para el capitalismo. Nuestra clase obrera rebosa entusiasmo por la producción no en bien del capitalismo, sino para enterrarlo definitivamente y edificar el socialismo en la U.R.S.S. Quitadle la confianza en la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo y destruiréis toda base para la emulación, para el entusiasmo en la producción, para el trabajo de choque. De ahí la conclusión: para despertar en la clase obrera el entusiasmo por el trabajo, llevarla a la emulación y organizar la amplia ofensiva, era necesario, ante todo, enterrar la teoría burguesa del trotskismo sobre la imposibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país. La esencia del trotskismo consiste, en segundo lugar, en que niega la posibilidad de incorporar a las masas campesinas fundamentales a la edificación socialista en el campo. ¿Qué significa esto? Significa que la clase obrera es incapaz de arrastrar tras de sí a los campesinos en la obra de encauzar las haciendas campesinas individuales hacia el colectivismo; que si en un futuro próximo no acude en ayuda de la clase obrera la victoria de la revolución mundial, los campesinos restaurarán el antiguo régimen burgués. Por lo tanto, nos hallamos en presencia de la negación burguesa de las fuerzas y posibilidades de la dictadura proletaria para llevar a los campesinos al socialismo, negación encubierta con la máscara de frases “revolucionarias” sobre la victoria de la revolución mundial. ¿Se puede, con tales concepciones, llevar a las masas campesinas al movimiento koljósiano, organizar un movimiento koljósiano de masas, organizar la liquidación de los kulaks como clase? Claro está que no. De ahí la conclusión: para organizar el movimiento kúljosiano de masas entre los

campesinos y liquidar a los kulaks, era necesario, ante todo, enterrar la teoría burguesa del trotskismo sobre la imposibilidad de incorporar las masas campesinas trabajadoras al socialismo. La esencia del trotskismo consiste, finalmente, en que niega la necesidad de una férrea disciplina en el Partido, en que admite en él la libertad de grupos fraccionalistas, en que estima necesario la formación de un partido trotskista. Para el trotskismo, el P.C.(b) de la U.R.S.S. no debe ser un partido unido, combativo y monolítico, sino un conglomerado de grupos y fracciones con sus propios centros, su disciplina, su prensa, etc. ¿Y qué significa esto? Esto significa proclamar la libertad de fracciones políticas en el Partido. Esto significa que a la libertad de grupos políticos en el seno del Partido debe seguir la libertad de partidos políticos en el país, esto es, la democracia burguesa. Por consiguiente, nos hallamos en presencia del reconocimiento de la libertad de grupos fraccionales en el Partido, llegando hasta la admisión de partidos políticos en el país de la dictadura del proletariado, cosa que se encubre con frases sobre la “democracia interna del Partido” y sobre el “mejoramiento del régimen” en el Partido.

El trotskismo no puede comprender que la libertad del chismorreo fraccional de grupos de intelectuales no es aún la democracia interna de Partido, que la vasta autocrítica desarrollada por el Partido y la actividad ingente de sus masas son expresión de una democracia interna del Partido efectiva y auténtica. ¿Se puede, con tales concepciones sobre el Partido, garantizar en él la disciplina férrea, la unidad férrea necesaria para luchar eficazmente contra los enemigos de clase? Claro está que no. De ahí la conclusión: para garantizar la unidad férrea y la disciplina proletaria en el Partido, era necesario, ante todo, enterrar la teoría del trotskismo en cuanto a la organización. Espíritu de capitulación en la práctica como contenido, frases “izquierdistas” y aspavientos “revolucionarios” aventureros como forma para encubrir y propagar el contenido de capitulación: tal es la esencia del trotskismo. Esta dualidad del trotskismo refleja la posición ambigua de la pequeña burguesía urbana, que está arruinándose, no puede soportar el “régimen” de la dictadura del proletariado y se esfuerza, bien en llegar “de un salto” al socialismo, para librarse de la ruina (de aquí el aventurerismo y la histeria en política), o bien, si ello es imposible, en hacer no importa qué concesión al capitalismo (de aquí el espíritu de capitulación en política). Esta dualidad del trotskismo explica que sus “furiosos” ataques contra los desviacionistas de derecha acaben habitualmente en un bloque con ellos, como capituladores sin máscara.

¿Qué representan los extremismos “izquierdistas” que se han manifestado en el Partido en cuanto al movimiento koljósiano? Representan una tentativa, cierto que inconsciente, de resucitar entre nosotros las tradiciones del trotskismo en la práctica, de resucitar la actitud trotskista con respecto al campesino medio. Dichos extremismos son el resultado de ese error en política que Lenin calificó de “celo ultraadministrativo”. Esto significa que algunos de nuestros camaradas, entusiasmados por los éxitos del movimiento koljósiano, empezaron a enfocar el problema de la organización de los koljóses no como organizadores, sino, principalmente, como administradores, cometiendo, a consecuencia de ello, una serie de burdísimos errores. En nuestro Partido hay quienes opinan que no se debía haber puesto coto a los extremistas de “izquierda”. Consideran que no había por qué meterse con nuestros funcionarios y oponer resistencia a su entusiasmo, aun en el caso de que éste condujese a errores. Esto es absurdo, camaradas. Así sólo pueden hablar los que gustan dejarse llevar por la corriente. Son los mismos que no podrán comprender nunca la línea leninista: ir contra la corriente cuando lo exige la situación, cuando lo exigen los intereses del Partido. Son seguidistas, y no leninistas. El Partido ha conseguido volver a la verdadera senda a grupos enteros de camaradas nuestros, el Partido ha logrado corregir los errores y conseguir éxitos porque ha ido con energía contra la corriente, ya que así lo exigía la aplicación de la línea general.

Esto es, precisamente, leninismo en la práctica, leninismo en la dirección. Por eso creo que, sin eliminar los extremismos de “izquierda”, no hubiéramos podido conseguir los éxitos que hemos alcanzado ahora en el movimiento koljósiano. Así están las cosas en cuanto a la lucha contra los restos del trotskismo y sus supervivencias en la práctica. El asunto cambia un poco en lo que se refiere al oportunismo de derecha, a cuyo frente se hallaban o se hallan Bujarin, Rykov y Tomski. De los desviacionistas de derecha no se puede decir que no admiten la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en la U.R.S.S. No, la admiten, y en esto se diferencian de los trotskistas. Pero su desgracia consiste en que, si bien aceptan formalmente la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en un solo país, no quieren reconocer las vías y los medios de lucha sin los cuales dicha edificación es imposible. No quieren admitir que el desarrollo máximo de la industria es la clave de la transformación de toda la economía nacional según los principios del socialismo. No quieren admitir la lucha de clases implacable contra los elementos capitalistas y la amplia ofensiva del socialismo contra el capitalismo. No comprenden que todas esas vías y medios constituyen el sistema de

medidas sin las cuales es imposible sostener la dictadura del proletariado y llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país. Suponen que el socialismo se puede edificar a la chita callando, de un modo espontáneo, sin lucha de clases, sin ofensiva contra los elementos capitalistas. Creen que éstos desaparecerán insensiblemente por sí solos o se integrarán en el socialismo. Pero como estos milagros no se producen en la historia, resulta que los desviacionistas de derecha se deslizan, en la práctica, hasta la negación de la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo en nuestro país. De esos elementos tampoco se puede decir que nieguen la posibilidad de incorporar a las masas campesinas fundamentales a la obra de la edificación del socialismo en el campo. No, la reconocen, y en esto se diferencian de los trotskistas. Pero, al mismo tiempo que la aceptan formalmente, niegan las vías y los medios sin los cuales es imposible incorporar a los campesinos a la edificación del socialismo. No quieren reconocer que los sovjoses y los koljóses son el medio básico y el “camino real” que conduce a las masas campesinas fundamentales a la edificación del socialismo. No quieren reconocer que, sin llevar a la práctica la política de liquidación de los kulaks como clase, es imposible conseguir la transformación del campo según los principios del socialismo.

Creen que se puede encauzar el campo hacia el socialismo a la chita callando, de un modo espontáneo, sin lucha de clases, únicamente por medio de cooperativas de consumo y venta, pues están persuadidos de que el propio kulak se integrará en el socialismo. Creen que lo principal no consiste ahora en el ritmo elevado del desarrollo de la industria y en los koljóses y sovjoses, sino en “desatar” las fuerzas ciegas del mercado, “liberar” el mercado y “quitar los grilletes” a las haciendas individuales, sin excluir a los elementos capitalistas del campo. Pero como el kulak no puede integrarse en el socialismo y la “liberación” del mercado implica armar a los kulaks y desarmar a la clase obrera, resulta que los desviacionistas de derecha se deslizan, en la práctica, hasta la negación de la posibilidad de incorporar las masas campesinas fundamentales a la edificación del socialismo. Esto explica, en realidad, que los desviacionistas de derecha suelen terminar sus riñas de gallos contra los trotskistas en negociaciones entre bastidores con vistas a un bloque con ellos. El mal fundamental del oportunismo de derecha consiste en que rompe con la noción leninista de la lucha de clases y se desliza hasta el punto de vista del liberalismo pequeñoburgués. No cabe duda de que la victoria de la desviación de derecha en nuestro Partido significaría desarmar por completo a la clase obrera, armar a los elementos capitalistas en el campo y aumentar las posibilidades de restauración del capitalismo en la U.R.S.S.

Los desviacionistas de derecha no comparten el punto de vista de la formación de otro partido, y en esto se distinguen también de los trotskistas. Los líderes de los desviacionistas de derecha han reconocido públicamente sus errores y capitulado ante el Partido. Pero sería estúpido creer, fundándose en ello, que la desviación de derecha está ya enterrada. La fuerza del oportunismo de derecha no se mide por esta circunstancia. La fuerza del oportunismo de derecha es la del elemento pequeñoburgués, es la presión que sobre el Partido ejercen los elementos capitalistas en general, y los kulaks en particular. Y precisamente porque la desviación de derecha refleja la resistencia de los elementos principales de las clases agonizantes, la desviación de derecha es hoy el peligro principal en el seno del Partido. He ahí por qué el Partido ha juzgado necesario llevar a cabo una lucha decidida e implacable contra dicha desviación. No cabe la menor duda de que, sin una lucha decidida contra la desviación de derecha, sin aislar a sus elementos dirigentes, no hubiéramos podido conseguir la movilización de las fuerzas del Partido y de la clase obrera, de las masas de los campesinos pobres y medios para la amplia ofensiva del socialismo, para la organización de los sovjoses y koljóses, para la restauración de nuestra industria pesada, para la liquidación de los kulaks como clase.

Así están las cosas en cuanto a las desviaciones de “izquierda” y de derecha en el Partido. La tarea es proseguir esa lucha implacable en dos frentes, tanto contra los “izquierdistas”, que representan el radicalismo pequeñoburgués, como contra los derechistas, que representan el liberalismo pequeñoburgués. La tarea es proseguir la lucha implacable contra los elementos conciliadores del Partido que no comprenden o fingen no comprender la necesidad de la lucha enérgica en dos frentes. b) El cuadro que hemos trazado de la lucha contra las desviaciones en el Partido sería incompleto si no nos ocupáramos de las desviaciones existentes en el Partido en el terreno de la cuestión nacional. Me refiero, en primer lugar, a la desviación hacia el chovinismo gran ruso y, en segundo lugar, a la desviación hacia el nacionalismo local. Estas desviaciones no son tan visibles ni enérgicas como la desviación de “izquierda” o la de derecha. Se les podría calificar de desviaciones subrepticias. Pero esto no significa que no existan. No, existen y, lo que es más importante, crecen. De esto no puede haber la menor duda. Y no puede haberla, porque la atmósfera general de exacerbación de la lucha de clases tiene por fuerza que determinar cierta exacerbación do los roces nacionales, lo cual se refleja en el Partido. Por ello, conviene poner al descubierto y sacar a la luz

del día la fisonomía de estas desviaciones. ¿Qué es, en el fondo, la desviación hacia el chovinismo gran ruso en la situación actual? La desviación hacia el chovinismo gran ruso es, en el fondo, la tendencia a pasar por alto las diferencias nacionales de lengua, de cultura, de modo de vida; es la tendencia a preparar la supresión de las república y regiones nacionales; es la tendencia a vulnerar el principio de la igualdad de derechos de las nacionalidades y a desacreditar la política del Partido en lo que se refiere a dar un carácter nacional al aparato administrativo, la prensa, las escuelas y otras instituciones estatales y sociales. Los desviacionistas de este tipo parten de la hipótesis de que, como con la victoria del socialismo las naciones deberán fundirse en un todo único y sus idiomas nacionales convertirse en un idioma único común, ha llegado el momento de borrar las diferencias nacionales y abandonar la política de fomento de la cultura nacional de los pueblos antes oprimidos. Para ello invocan a Lenin, citándolo erróneamente y a veces falsificándolo y calumniándolo sin rodeos. Lenin decía que, en el socialismo, los intereses de las nacionalidades se fundirían en un todo único; ¿no se desprende de esto que es hora de terminar con las repúblicas y regiones nacionales en interés... del internacionalismo?

Lenin decía en 1913, en su polémica con los bundistas, que la consigna de la cultura nacional era una consigna burguesa; ¿no se deduce de esto que es hora de terminar con la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. en interés... del internacionalismo? Lenin decía que la opresión nacional y las barreras nacionales quedarían suprimidas con el socialismo; ¿no se desprende de esto que es hora de terminar con la política consistente en tener en cuenta las particularidades nacionales de los pueblos de la U.R.S.S. y pasar a la política de asimilación en interés... del internacionalismo? Y así sucesivamente. No cabe duda de que esta desviación en la cuestión nacional, encubierta, por añadidura, con la máscara del internacionalismo y con el nombre de Lenin, es la variedad más sutil y, por consiguiente, más peligrosa del nacionalismo gran ruso. En primer lugar, Lenin no dijo nunca que las diferencias nacionales deban desaparecer y que los idiomas nacionales deban fundirse en un idioma común en los límites de un Estado antes de la victoria universal del socialismo. Lenin, por el contrario, decía algo completamente distinto: que las “diferencias nacionales y estatales entre los pueblos y los países... subsistirán incluso mucho tiempo después de la instauración universal de la dictadura del proletariado”* (t. XXV, pág. 227). ¿Cómo se puede invocar a Lenin y olvidar esta

* Subrayado por mí. J. St. indicación fundamental suya? Es verdad que un ex marxista, ahora renegado y reformista, el señor Kautsky, afirma algo diametralmente opuesto a lo que nos enseñó Lenin. Afirma, en contraposición a Lenin, que la victoria de la revolución proletaria en un Estado austro-alemán unido, a mediados del siglo pasado, habría conducido a la formación de un solo idioma alemán común y a la germanización de los checos, puesto que “la sola fuerza del intercambio libre de trabas, la sola fuerza de la cultura moderna aportada por los alemanes, sin ninguna germanización forzada, hubiera convertido en alemanes a los atrasados pequeñoburgueses, campesinos y proletarios checos, a los que no podía dar nada su nacionalidad venida a menos” (v. el prefacio a la edición alemana de “Revolución y contrarrevolución”). Se comprende que la “concepción” citada responde por entero al social-chovinismo de Kautsky. En el discurso que pronuncié en 1925 en la Universidad de los Pueblos del Oriente combatí, precisamente, esa concepción de Kautsky. Pero ¿acaso para nosotros, para los marxistas que deseamos ser consecuentemente internacionalistas, puede tener algún valor esta palabrería antimarxista de un social-chovinista alemán desbocado? ¿Quién tiene razón, Kautsky o Lenin?

Si tiene razón Kautsky, ¿cómo explicar entonces que nacionalidades relativamente atrasadas, como los bielorrusos y los ucranianos, más próximos a los grandes rusos que los checos a los alemanes, no se hayan rusificado a consecuencia de la victoria de la revolución proletaria en la U.R.S.S., sino que, por el contrario, hayan resurgido y se hayan desarrollado como naciones independientes? ¿A qué se debe que nacionalidades como los turcomanos, los kirguises, los uzbekos, los tadzhikos (sin hablar ya de los georgianos, armenios, azerbaidzhanos, etc.), a pesar de su atraso, lejos de rusificarse como consecuencia de la victoria del socialismo en la U.R.S.S., por el contrario, hayan resurgido y se hayan desarrollado en naciones independientes? ¿No está claro que nuestros respetables desviacionistas, en su afán de deslumbrar como internacionalistas, han caído en las garras del social-chovinismo kautskiano? ¿No está claro que, al propugnar un idioma común único dentro de un Estado, dentro de la U.R.S.S., persiguen, en esencia, el restablecimiento de los privilegios del idioma antes dominante, es decir, del idioma ruso? ¿Dónde está aquí el internacionalismo? En segundo lugar, Lenin no dijo nunca que la supresión del yugo nacional y la fusión de los intereses de las nacionalidades en un todo único equivalieran a la eliminación de las diferencias nacionales. Hemos destruido la opresión nacional, hemos destruido los privilegios nacionales e instaurado la igualdad de derechos de las nacionalidades. Hemos destruido las fronteras de

Estado en el antiguo sentido de la palabra, los postes fronterizos y las barreras aduaneras entre las nacionalidades de la U.R.S.S. Hemos establecido la unidad de intereses económicos y políticos de los pueblos de la U.R.S.S. Pero ¿significa esto que hayamos destruido con ello las diferencias nacionales, las lenguas, la cultura, el modo de vida, etc.? Claro está que no. Pero si las diferencias nacionales, la lengua, la cultura, el modo de vida, etc. siguen en pie, ¿no está claro que la reivindicación de que las repúblicas y regiones nacionales sean suprimidas en el período histórico actual es una reivindicación reaccionaria, contraria a los intereses de la dictadura del proletariado? ¿Comprenden nuestros desviacionistas que suprimir ahora las repúblicas y las regiones nacionales significa impedir a los millones que componen los pueblos de la U.R.S.S. recibir instrucción en su lengua materna, privarles de la escuela, los tribunales, la administración, las organizaciones e instituciones sociales y otras en su lengua materna, impedirles sumarse a la edificación socialista? ¿No está claro que, con sus afanes de un internacionalismo de relumbrón, nuestros desviacionistas han caído en las garras de los reaccionarios chovinistas grandes rusos y han olvidado, han olvidado por completo, la consigna de la revolución cultural en el período de la dictadura del proletariado, consigna que tiene la misma importancia para todos los pueblos de la U.R.S.S., tanto para los grandes rusos como para los que no lo son?

En tercer lugar, Lenin no dijo nunca que la consigna del desarrollo de la cultura nacional con la dictadura del proletariado fuera reaccionaria. Al revés, Lenin fue siempre partidario de que se ayudara a los pueblos de la U.R.S.S. a desarrollar su cultura nacional. Precisamente bajo la dirección de Lenin fue redactada y adoptada en el X Congreso del Partido una resolución sobre la cuestión nacional, en la que se dice de un modo inequívoco: “La misión del Partido consiste en ayudar a las masas trabajadoras de los pueblos no grandes rusos a alcanzar a la Rusia Central, más adelantada; su misión consiste en ayudarles: a) a desarrollar y fortalecer en su territorio la organización estatal soviética bajo formas que estén en consonancia con las condiciones nacionales y el modo de vida de estos pueblos; b) a desarrollar y fortalecer en su territorio los tribunales, la administración, los organismos económicos y los órganos de Poder, que funcionen en la lengua materna y estén integrados por naturales del país que conozcan el modo de vida y la psicología de la población local; c) a desarrollar en su territorio la prensa, la escuela, el teatro, los clubs y, en general, las instituciones educativo-culturales en la lengua materna; d) a organizar y desarrollar una vasta red de cursillos y escuelas, tanto de instrucción general como de carácter profesional y técnico, en la lengua materna”.

¿No está claro que Lenin propugnaba enteramente la consigna del desarrollo de la cultura nacional con la dictadura del proletariado? ¿Acaso no está claro que negar la consigna de la cultura nacional con la dictadura del proletariado implica negar la necesidad del progreso cultural de los pueblos no grandes rusos de la U.R.S.S., negar la necesidad de la instrucción general obligatoria para dichos pueblos y entregarlos a la esclavitud intelectual de los nacionalistas reaccionarios? Lenin, en efecto, calificaba de reaccionario el lema de la cultura nacional bajo la dominación de la burguesía. Pero ¿acaso podía ser de otro modo? ¿Qué es la cultura nacional bajo la dominación de la burguesía nacional? Una cultura burguesa por su contenido y nacional por su forma, cuya finalidad es intoxicar a las masas con el veneno del nacionalismo y reforzar la dominación de la burguesía. ¿Qué es la cultura nacional con la dictadura del proletariado? Una cultura socialista por su contenido y nacional por su forma, cuya finalidad es educar a las masas en el espíritu del socialismo y del internacionalismo. ¿Cómo se pueden confundir, sin romper con el marxismo, estos dos fenómenos distintos por su principio?

¿Acaso no está claro que, al combatir la consigna de la cultura nacional bajo el régimen burgués, Lenin atacaba el contenido burgués de la cultura nacional, y no su forma nacional? Sería necio suponer que Lenin consideraba la cultura socialista como una cultura a-nacional, sin una u otra forma nacional. Hubo un tiempo, cierto, en que los bundistas atribuyeron a Lenin esta idea absurda. Pero por las obras de Lenin se sabe que él protestó vivamente contra esta calumnia, desentendiéndose con toda energía de esta idea absurda. ¿Será posible que nuestros respetables desviacionistas hayan seguido, realmente, las huellas de los bundistas? ¿Qué queda, pues, de los argumentos de nuestros desviacionistas después de todo lo dicho? Nada, si exceptuamos sus juegos malabares con la bandera del internacionalismo y su calumnia contra Lenin. Los elementos que se desvían hacia el chovinismo gran ruso se equivocan de medio a medio al suponer que el período de edificación del socialismo en la U.R.S.S. significa el desmoronamiento y la supresión de las culturas nacionales. Sucede, precisamente, todo lo contrario. En realidad, el período de la dictadura del proletariado y de la edificación del socialismo en la U.R.S.S. es un período de florecimiento de las culturas nacionales, socialistas por su contenido y nacionales por su forma, pues con

el régimen soviético las propias naciones no son naciones “modernas” corrientes, sino naciones socialistas, del mismo modo que sus culturas nacionales no son, por el contenido, culturas burguesas, corrientes, sino culturas socialistas. Esos elementos no comprenden, por lo visto, que las culturas nacionales deben desenvolverse con fuerza mayor, gracias a la implantación y el fortalecimiento de la enseñanza primaria, con carácter general y obligatorio, en la lengua materna. No comprenden que sólo a condición de que se desarrollen las culturas nacionales será posible incorporar debidamente las nacionalidades atrasadas a la obra de la edificación socialista. Esos elementos no comprenden que precisamente en esto consiste la base de la política leninista de ayuda y apoyo al desarrollo de las culturas nacionales de los pueblos de la U.R.S.S. Puede parecer raro que nosotros, partidarios de la fusión, en el porvenir, de las culturas nacionales en una cultura común única (por la forma y por el contenido), con una lengua común única, seamos, al mismo tiempo, partidarios del florecimiento de las culturas nacionales en el momento actual, en el período de la dictadura del proletariado. Pero en esto no hay nada de extraño. Hay que poner a las culturas nacionales en condiciones de desenvolverse y florecer, permitiéndoles revelar toda su fuerza latente, a fin de crear las condiciones para su fusión en una cultura común única, con un idioma común único, en el período de la victoria del socialismo en todo el mundo.

El florecimiento de las culturas, nacionales por la forma y socialistas por el contenido, con la dictadura del proletariado en un solo país, para su fusión en una cultura socialista común única (por la forma y por el contenido), con un idioma común único, cuando el proletariado triunfe en todo el mundo y el socialismo haya tomado carta de naturaleza en la vida: tal es, precisamente, el modo dialéctico como Lenin plantea la cuestión de la cultura nacional. Pueden decirnos que este modo de plantear la cuestión es “contradictorio”. Pero ¿acaso no se puede decir lo mismo de la cuestión del Estado? Somos partidarios de la extinción del Estado. Mas, al mismo tiempo, somos partidarios del reforzamiento de la dictadura del proletariado, que es el Poder estatal más vigoroso y pujante de todos los existentes hasta ahora. Desarrollo máximo del Poder estatal con el fin de preparar las condiciones para la extinción del Poder estatal: tal es la fórmula marxista. ¿Es esto “contradictorio”? Sí, lo es. Pero esta contradicción procede de la vida misma y refleja enteramente la dialéctica de Marx. O tomemos, por ejemplo, el modo como plantea Lenin la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación, hasta la separación inclusive.

Lenin presentaba a veces la tesis de la autodeterminación nacional bajo el aspecto de una simple fórmula: “separarse para unirse”. ¿Qué os parece?: separarse para unirse. Eso tiene incluso las trazas de una paradoja. Y, sin embargo, esta fórmula “contradictoria” refleja la verdad vital de la dialéctica de Marx, que permite a los bolcheviques tomar las fortalezas más inexpugnables en el terreno de la cuestión nacional. Lo mismo hay que decir de la fórmula relativa a la cultura nacional: florecimiento de las culturas (y lenguas) nacionales en el período de la dictadura del proletariado en un solo país, con el fin de preparar las condiciones para su extinción y su fusión en una sola cultura socialista común (y en una lengua común única) en el período de la victoria del socialismo en todo el mundo. Quien no haya comprendido este carácter peculiar y “contradictorio” de nuestra época de transición, quien no haya comprendido esta dialéctica de los procesos históricos, está perdido para el marxismo. La desgracia de nuestros desviacionistas consiste en que no comprenden ni quieren comprender la dialéctica de Marx. Así están las cosas en lo que se refiere a la desviación hacia el chovinismo gran ruso. No es difícil comprender que esta desviación refleja la aspiración de las clases agonizantes de la nación gran rusa, antes dominante, a recobrar los privilegios perdidos.

De ahí el peligro del chovinismo gran ruso como el más importante en el Partido en el terreno de la cuestión nacional. ¿En qué consiste la esencia de la desviación hacia el nacionalismo local? La esencia de esta desviación consiste en la tendencia a particularizarse y a encerrarse en el propio caparazón nacional, en la tendencia a velar las contradicciones de clase dentro de la propia nación, en la tendencia a defenderse contra el chovinismo gran ruso apartándose del cauce general de la edificación socialista, en la tendencia a no ver lo que acerca y une a las masas trabajadoras de las naciones de la U.R.S.S. y a ver únicamente lo que puede alejar a unas de otras. La desviación hacia el nacionalismo local refleja el descontento de las clases agonizantes de las naciones antes oprimidas con el régimen de la dictadura del proletariado, su tendencia a encerrarse en su Estado nacional burgués e instaurar allí su dominación de clase. El peligro de esta desviación consiste en que cultiva el nacionalismo burgués, debilita la unidad de los trabajadores de los pueblos de la U.R.S.S. y hace el juego a los intervencionistas. Tal es la esencia de la desviación hacia el nacionalismo local. La tarea del Partido consiste en sostener una lucha decidida contra esta desviación y garantizar las

condiciones necesarias para la educación internacionalista de las masas trabajadoras de los pueblos de la U.R.S.S. Así están las cosas en lo que se refiere a las desviaciones en nuestro Partido, a las desviaciones de “izquierda” y de derecha en el terreno de la política general y a las desviaciones en el terreno de la cuestión nacional. Tal es la situación interior de nuestro Partido. Ahora, cuando el Partido ha triunfado en la lucha por la línea general, cuando la línea leninista de nuestro Partido triunfa en todo el frente, muchos propenden a olvidar las dificultades que nos crearon en nuestro trabajo los desviacionistas de toda laya. Es más: algunos camaradas de espíritu filisteo siguen todavía creyendo que no hubiera sido necesario luchar contra dichos elementos. Ni que decir tiene que estos camarada; están profundamente equivocados. Basta volver la vista atrás y recordar las fechorías de los trotskistas y de los desviacionistas de derecha, basta recordar la historia de la lucha contra las desviaciones en el período que abarca el informe, para comprender la vaciedad y la mezquilldad de ese filisteísmo en el Partido. Está fuera de duda de que, sin meter en cintura a los desviacionistas, sin vencerlos en lucha abierta, no hubiéramos podido obtener los éxitos de los cuales se enorgullece ahora con razón nuestro Partido. Nuestro Partido se ha desarrollado y robustecido en la lucha contra las desviaciones respecto a la línea leninista. En la lucha contra las desviaciones ha forjado la unidad leninista de sus filas.

Nadie niega ahora el hecho indiscutible de que el Partido nunca ha estado tan unido en torno a su Comité Central como ahora. Todo el mundo tiene ahora que reconocer que el Partido es hoy, como nunca, un partido unido y monolítico, que el XVI Congreso es uno de los pocos congresos de nuestro Partido en que no hay ya una oposición organizada y compacta, capaz de oponer su línea particular a la línea general del Partido. ¿A qué debe el Partido este éxito decisivo? Lo debe a que, en su lucha contra las desviaciones, ha practicado siempre una política de principios, sin descender nunca a las combinaciones entre bastidores y a los trapicheos diplomáticos. Lenin decía que la política de principios es la única política justa. Hemos salido victoriosos de la lucha contra las desviaciones porque, honrada y consecuentemente, hemos seguido este legado de Lenin. (Aplausos.) * * * Voy a terminar, camaradas. ¿Qué conclusión general puede sacarse? En el período transcurrido hemos logrado éxitos decisivos en todos los frentes de la edificación socialista. Hemos logrado estos éxitos porque hemos sabido enarbolar la gran bandera de Lenin. Si queremos vencer, debemos seguir enarbolando la bandera de Lenin, preservando su pureza inmaculada. (Aplausos.) Tal es la conclusión general. Con la bandera de Lenin triunfamos en los combates de la Revolución de Octubre. Con la bandera de Lenin hemos conseguido éxitos decisivos en la lucha por la victoria de la edificación socialista. Con esta misma bandera triunfaremos en la revolución proletaria en todo el mundo. ¡Viva el leninismo! (Grandes y prolongados aplausos. Ovación de toda la sala.)

Publicado el 29 de junio de 1930 en el núm. 177 de “Pravda”.