¡Tatka!
Recibí tu paquete. Te envío melocotones de nuestro árbol.
Estoy sano y me siento lo mejor posible. Es posible que Ujánov me viera precisamente el día en que Shapiro me limó ocho (¡8!) dientes de golpe, y mi estado de ánimo entonces, posiblemente, no era muy bueno. Pero ese episodio no tiene relación con mi salud, que considero fundamentalmente restablecida.
Reprocharte algo en cuanto a tu cuidado hacia mí solo pueden personas que no conocen el asunto. Y esas personas resultaron ser, en este caso, los Mólotov. Diles de mi parte a los Mólotov que se equivocaron respecto a ti y que cometieron una injusticia contigo. En cuanto a tu suposición sobre la inconveniencia de tu permanencia en Sochi, tus reproches son tan injustos como los reproches de los Mólotov hacia ti. Así es, Tatka.
Llegaré, por supuesto, no a finales de octubre, sino mucho antes, a mediados de octubre, como te dije en Sochi. Por razones de discreción, hice correr el rumor a través de Poskrebishev de que solo podría llegar a finales de octubre. Avel, por lo visto, fue víctima de ese rumor. Solo quisiera que no fueras contándolo por ahí. De la fecha de mi llegada saben Tatka, Mólotov y, creo, Sergo.
Bueno, que te vaya bien.
Te beso fuertemente, mucho.
Tu
Iósif.
24/IX-30
P.D. ¿Cómo está la salud de los niños?
Iósif Stalin en los brazos de la familia. Del archivo personal. Págs. 32-33.
AP RF. F. 45. Op. 1. D. 1550. L. 43-45.