Al camarada Demián Biedny.

Recibí su carta del 8.XII. Por lo visto, necesita usted mi respuesta. Pues bien, aquí la tiene.

Ante todo, sobre algunas de sus frases y alusiones mezquinas e insignificantes. Si esas desagradables "minucias" constituyeran un elemento casual, se podría pasar por alto. Pero son tantas y "brotan" con tanta viveza que determinan el tono de toda su carta. Y el tono, como es sabido, hace la música.

Usted valora la decisión de la Secretaría del CC como una "soga", como signo de que "ha llegado la hora de mi (es decir, de su) catástrofe". ¿Por qué, con qué fundamento? ¿Cómo llamar a un comunista que, en vez de reflexionar sobre la esencia de la decisión del órgano ejecutivo del CC y corregir sus errores, trata dicha decisión como una "soga"?

Decenas de veces elogió el CC a usted cuando había que elogiarlo. Decenas de veces le protegió el CC (¡no sin ciertas concesiones!) de los ataques de grupos e individuos de nuestro partido. A decenas de poetas y escritores les llamó la atención el CC cuando cometían errores aislados.

Usted consideraba todo esto normal y comprensible. Pero cuando el CC se vio obligado a someter a crítica sus errores, usted de pronto bufó y empezó a gritar sobre una "soga". ¿Por qué, con qué fundamento? ¿Acaso el CC no tiene derecho a criticar sus errores?

¿Acaso la decisión del CC no es obligatoria para usted? ¿Acaso sus poemas están por encima de toda crítica? ¿No le parece que ha contraído cierta enfermedad desagradable llamada engreimiento? Más modestia, camarada Demián.

Usted contrapone al camarada Yaroslavski a mí (por alguna razón a mí y no a la Secretaría del CC), aunque de su carta se desprende que el camarada Yaroslavski dudaba de la necesidad de publicar la primera parte del folletín "Sin piedad" y solo cediendo al efecto de su "rostro apenado" dio su consentimiento para la publicación.

Pero eso no es todo. Usted contrapone además al camarada Mólotov a mí, asegurando que él no encontró nada erróneo en su folletín "Bájate de la estufa" e incluso "lo elogió hasta la exageración". En primer lugar, permítame dudar de la veracidad de su información sobre el camarada Mólotov.

Tengo todos los motivos para creer más al camarada Mólotov que a usted. En segundo lugar, ¿no es extraño que en su carta no diga nada sobre la actitud del camarada Mólotov hacia su folletín "Sin piedad"? Y además, ¿qué sentido puede tener su intento de contraponer al camarada Mólotov a mí?

Solo un sentido: insinuar que la decisión de la Secretaría del CC no es en realidad una decisión de esta, sino la opinión personal de Stalin, que, evidentemente, hace pasar su opinión personal por decisión de la Secretaría del CC. Pero esto ya es demasiado, camarada Demián.

Esto es sencillamente deshonesto. ¿Acaso es necesario precisar especialmente que la resolución de la Secretaría del CC "Sobre los errores en los folletines de D. Biedny 'Bájate de la estufa' y 'Sin piedad'" fue aprobada por unanimidad de los miembros presentes de la Secretaría (Stalin, Mólotov, Kaganóvich)?

¿Y podría haber sido de otro modo? Recuerdo ahora cómo usted, hace unos meses, me dijo por teléfono: "resulta que entre Stalin y Mólotov hay desacuerdos. Mólotov socava a Stalin", etc. Debe usted recordar que entonces le corté groseramente y le pedí que dejara de dedicarse a chismorreos.

Entonces percibí esa "ocurrencia" suya como un episodio desagradable. Ahora veo que usted tenía la calculada intención de jugar con supuestas discrepancias y sacar provecho de ello. Más limpieza, camarada Demián...

"Ahora me he puesto — escribe usted — también a redactar una respuesta, pero mientras la escribía llegué a la firme convicción de que no la publicarán o bien, publicándola, continuarán con esa política hacia mí que solo curvará más mi gráfica y acercará mi punto final catastróficamente acabado. Quizás, en efecto, no se puede ser un gran poeta ruso sin acabar su camino catastróficamente".

Así que existe, al parecer, una política especial hacia Demián Biedny. ¿En qué consiste esta política? Consiste, resulta ser, en obligar a los "grandes poetas rusos" a "acabar su camino catastróficamente".

Existe, como es sabido, una "nueva" (completamente "nueva") "teoría" trotskista que afirma que en la Rusia soviética lo único real es la suciedad, lo único real es "Pererva". Evidentemente, usted intenta ahora aplicar esta "teoría" a la política del CC respecto a los "grandes poetas rusos".

Tal es la medida de su "confianza" en el CC. No creo que usted sea capaz, ni siquiera en estado de histeria, de llegar a semejantes vilezas antipartidistas. No en vano, al leer su carta, me acordé de Sosnovski...

Pero basta de "minucias" y salidas mezquinas. Hay tal cantidad de esas "minucias" en su carta ("el lector quisquilloso", "el informado Averbaj", etc., y demás delicias) y se parecen tanto unas a otras que no vale la pena seguir extendiéndose sobre ellas. Pasemos a la esencia del asunto.

La esencia de sus errores consiste en lo siguiente. La crítica, obligatoria y necesaria, que usted desarrolló al principio de manera bastante acertada y hábil, le arrastró más allá de toda medida y, habiéndole arrastrado, empezó a convertirse en sus obras en una calumnia contra la URSS, contra su pasado, contra su presente. Tales son su "Bájate de la estufa" y su "Sin piedad". Tal es su "Pererva", que leí hoy por consejo del camarada Mólotov.

Usted dice que el camarada Mólotov elogió el folletín "Bájate de la estufa". Es muy posible. Yo elogié ese folletín quizás no menos que el camarada Mólotov, porque allí (como en otros folletines) hay una serie de pasajes magníficos que dan justo en el blanco. Pero allí hay también una cucharada de alquitrán tal que estropea todo el cuadro y lo convierte en una completa "Pererva". He ahí la cuestión, y he ahí lo que hace la música en estos folletines.

Juzgue usted mismo.

El mundo entero reconoce ahora que el centro del movimiento revolucionario se ha trasladado de Europa Occidental a Rusia. Los revolucionarios de todos los países miran con esperanza a la URSS como al foco de la lucha liberadora de los trabajadores de todo el mundo, reconociendo en ella su única patria.

Los obreros revolucionarios de todos los países aplauden unánimemente a la clase obrera soviética y, ante todo, a la clase obrera rusa, vanguardia de los obreros soviéticos, como su reconocido líder, que lleva a cabo la política más revolucionaria y más activa que jamás soñaron realizar los proletarios de otros países.

Los dirigentes de los obreros revolucionarios de todos los países estudian con avidez la instructivísima historia de la clase obrera de Rusia, su pasado, el pasado de Rusia, sabiendo que además de la Rusia reaccionaria existió también la Rusia revolucionaria, la Rusia de los Radíshchev y los Chernyshevski, los Zheliábov y los Uliánov, los Jalturin y los Alekséyev.

Todo esto infunde (no puede dejar de infundir) en los corazones de los obreros rusos un sentimiento de orgullo nacional revolucionario, capaz de mover montañas, capaz de obrar milagros.

Y usted, en vez de comprender este proceso grandioso, el más grande en la historia de la revolución, y elevarse a la altura de las tareas del cantor del proletariado de vanguardia, se fue a algún barranco y, enredado entre aburridas citas de las obras de Karamzín y no menos aburridos dichos del "Domostroi", empezó a proclamar al mundo entero que Rusia en el pasado era un receptáculo de abominación y desolación, que la Rusia actual es una completa "Pererva", que la "pereza" y la tendencia a "sentarse en la estufa" son casi un rasgo nacional de los rusos en general, y por tanto también de los obreros rusos, que, habiendo hecho la Revolución de Octubre, por supuesto no dejaron de ser rusos.

¿Y a esto lo llama usted crítica bolchevique? No, estimadísimo camarada Demián, esto no es crítica bolchevique, sino una calumnia contra nuestro pueblo, un descrédito de la URSS, un descrédito del proletariado de la URSS, un descrédito del proletariado ruso.

¿Y después de esto quiere que el CC guarde silencio? ¿Por quién toma usted a nuestro CC?

¿Y quiere que yo guarde silencio solo porque usted, según resulta, profesa hacia mí una "ternura biográfica"? ¡Qué ingenuo es usted y qué poco conoce a los bolcheviques!

Quizás usted, como persona "culta", no se negará a escuchar las siguientes palabras de Lenin:

"¿Nos es ajeno a nosotros, los proletarios conscientes gran rusos, el sentimiento de orgullo nacional? ¡Por supuesto que no! Amamos nuestra lengua y nuestra patria, trabajamos más que nadie para elevar a sus masas trabajadoras (es decir, a 9/10 de su población) a la vida consciente de demócratas y socialistas.

Nos duele más que a nadie ver y sentir a qué violencias, opresión y vejaciones someten a nuestra hermosa patria los verdugos zaristas, los nobles y los capitalistas. Estamos orgullosos de que las violencias hayan suscitado resistencia en nuestro medio, en el medio de los gran rusos, de que ese medio haya producido a Radíshchev, a los decembristas, a los revolucionarios raznochintsi de los años 70, de que la clase obrera gran rusa haya creado en 1905 un poderoso partido revolucionario de masas, de que el campesino gran ruso haya empezado al mismo tiempo a hacerse demócrata, haya empezado a derribar al pope y al terrateniente.

Recordamos cómo hace medio siglo, el demócrata gran ruso Chernyshevski, que entregó su vida a la causa de la revolución, dijo: 'Nación lamentable, nación de esclavos, de arriba abajo, todos esclavos'. Los esclavos declarados y ocultos —gran rusos (esclavos respecto de la monarquía zarista)— no gustan de recordar estas palabras.

Pero a nuestro juicio, eran palabras de un verdadero amor a la patria, un amor que sufre por la ausencia de espíritu revolucionario en las masas de la población gran rusa. Entonces no existía. Ahora lo hay poco, pero ya existe. Estamos llenos de sentimiento de orgullo nacional, porque la nación gran rusa también ha creado una clase revolucionaria, también ha demostrado que es capaz de dar a la humanidad grandes ejemplos de lucha por la libertad y por el socialismo, y no solo grandes pogromos, filas de patíbulos, calabozos, grandes hambrunas y gran servilismo ante los popes, los zares, los terratenientes, los capitalistas" (véase Lenin, "Del orgullo nacional de los gran rusos").

Así sabía hablar Lenin, el más grande internacionalista del mundo, sobre el orgullo nacional de los gran rusos. Y hablaba así porque sabía que: "El interés (no entendido servilmente) del orgullo nacional de los gran rusos coincide con el interés socialista de los proletarios gran rusos (y de todos los demás)" (ibid.).

He ahí el claro y valiente "programa" de Lenin. Este "programa" es plenamente comprensible y natural para los revolucionarios vinculados por sangre a la clase obrera, a las masas populares.

Es incomprensible y antinatural para los degenerados del tipo de Lélievich, que no están vinculados ni pueden estarlo con la clase obrera, con las masas populares.

¿Es posible conciliar este "programa" revolucionario de Lenin con esa tendencia enfermiza que se manifiesta en sus últimos folletines?

Está claro que es imposible. Imposible, porque entre ellos no hay nada en común.

Esa es la cuestión, y eso es lo que usted no quiere comprender. Entonces hay que dar la vuelta hacia el viejo camino leninista, a pesar de todo. No hay otros caminos.

Esa es la esencia, y no las vacías lamentaciones de un intelectual asustado que en su pánico parlotea sobre cómo supuestamente quieren "aislar" a Demián, sobre cómo a Demián "no le publicarán más", etc. ¿Está claro?

Usted me exigía claridad. Espero haberle dado una respuesta suficientemente clara.

I. Stalin

El Poder y la intelectualidad artística. Documentos 1917-1953. Moscú, 1999. Págs. 134-137.

RGASPI. F. 558. Op. 1. D. 2939. L. 1-6.