Camarada Shatunovski: No recuerdo su primera carta (acerca de Liebknecht). He leído la segunda (acerca de la crítica). Naturalmente, la crítica es necesaria y obligatoria, pero con una condición: que no sea estéril. Por desgracia, su crítica sólo puede ser considerada así. La analizo por puntos: 1) No es cierto que antes de la revolución únicamente los kulaks compraban tierra. En realidad, la compraban los kulaks y los campesinos medios. Si se toma las haciendas campesinas que compraban tierra y se las clasifica en grupos sociales, tendremos a favor de los campesinos medios mayor número de haciendas que a favor de los kulaks; si miramos las cosas desde el punto de vista de la cantidad de tierras compradas, la ventaja será a favor de los kulaks. En mi discurso me referí, naturalmente, a los campesinos medios. 2) La frase acerca del retorno de los atolondrados a las posiciones leninistas es una forma alegórica de la idea de la renuncia de los atolondrados a sus errores. Me parece que la cosa está clara y es comprensible. Su observación “crítica” al particular es muy divertida. 3) Tampoco tiene razón en cuanto al empleo del centeno para cebar a los cerdos. Yo no me refiero a que el centeno sea o no útil también para los cerdos. Me refiero a la crisis de superproducción del centeno, que hace desventajosa la ampliación de la siembra de centeno y que obliga a los capitalistas (exigencias de la correlación de los precios) a echar a perder el centeno por un procedimiento químico especial que hace que sólo sirva para cebar a los cerdos (tal centeno no sirve para alimentar al hombre). ¿Cómo se le ha podido escapar esta “pequeñez”? 4) Menos razón tiene aún cuando dice que la descomposición del capitalismo excluye su desarrollo. Lea usted “El imperialismo” de Ilich y comprenderá que la descomposición del capitalismo en algunas ramas de la economía y en algunos países no descarta, sino que presupone el desarrollo del capitalismo en otras ramas de la economía y en otros países. ¿Cómo ha podido no advertir esta “pequeñez” en Lenin?

Critique, por favor, pero critique desde el punto de vista de Lenin, y sólo desde este punto de vista si quiere que su crítica sea constructiva. 5) Tampoco tiene usted razón al calificar a nuestro país de país “de tipo colonial”. Los países coloniales son países, en lo fundamental, precapitalistas. Nuestro país es un país postcapitalista. Los primeros no han llegado al capitalismo desarrollado. El segundo ha dejado atrás al capitalismo desarrollado. Son dos tipos distintos por principio. ¿Cómo puede olvidar esta “pequeñez”, camarada crítico? 6) Se asombra usted de que Stalin considere que los nuevos dirigentes de la economía deban ser más expertos, en el sentido técnico, que los viejos. ¿Por qué? ¿No es, acaso, cierto que los viejos dirigentes de la economía se formaron en el período de restablecimiento, en el período de utilización de la capacidad productiva de las viejas fábricas, atrasadas en el aspecto técnico y que, por ello, no proporcionaban gran experiencia técnica?

¿No es cierto, acaso, que en el período de reestructuración, cuando se pone en marcha una técnica nueva, moderna, los viejos dirigentes de la economía deben pasar por una nueva capacitación, cediendo frecuentemente el terreno a cuadros nuevos, mejor preparados en el aspecto técnico? ¿Negará usted, acaso, que los viejos dirigentes de la economía, que se formaron en el período de aprovechamiento de la capacidad productiva y de la puesta en marcha de las viejas fábricas, resultan con frecuencia impotentes no sólo ante la nueva técnica, sino también ante nuestro nuevo ritmo? 7) No me ocupo de otros puntos de su carta, más pequeños e insignificantes, aunque no menos erróneos. 8) Habla usted de su “fidelidad” a mí. Quizá se le haya escapado casualmente esta frase. Quizá... Pero si no es una frase casual, le aconsejaría que desechase el “principio” de la fidelidad a las personas. Eso no es propio de bolcheviques. Tenga usted fidelidad a la clase obrera, a su Partido, a su Estado. Esto es necesario y positivo. Pero no la confunda usted con la fidelidad a las personas, con ese vacío e innecesario cascabel de los intelectuales. Con saludos comunistas, J. Stalin. Agosto de 1930.

Se publica por primera vez.