Con motivo de la carta a la redacción de la revista “Proletárskaia Revolutsia”. “Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo”

Al camarada Olejnóvich. He recibido su carta. Contesto con retraso por exceso de trabajo. No puedo estar de acuerdo en modo alguno con usted, camarada Olejnóvich. Y las razones son éstas. 1. No es cierto que “el trotskismo nunca ha sido una fracción del comunismo”. Si se tiene en cuenta que los trotskistas rompieron como organización - aunque fuese temporalmente- con el menchevismo, retiraron -aunque fuese temporalmente- sus opiniones antibolcheviques, fueron admitidos en el P.C.(b) de la U.R.S.S. y en la Internacional Comunista y acataron las decisiones de estos últimos, el trotskismo, indudablemente, fue una parte, una fracción del comunismo. El trotskismo ha sido una fracción del comunismo tanto en el sentido lato de la palabra, es decir, como parte del movimiento comunista mundial, conservando su individualidad de grupo, como en el sentido estricto de la palabra, es decir, como una fracción más o menos organizada en el seno del P.C.(b)de la U.R.S.S., fracción que luchaba por ganar influencia en el Partido. Sería ridículo negar hechos del dominio público acerca de los trotskistas como fracción en el P.C.(b) de la U.R.S.S., hechos registrados en las resoluciones de los Congresos y de las Conferencias del P.C.(b) de la U.R.S.S. ¿Que el P.C.(b) de la U.R.S.S. no tolera las fracciones y no puede admitir su legalización? En efecto, no las tolera ni puede admitir su legalización. Pero de eso no se desprende que los trotskistas no constituyeran en realidad una fracción. Precisamente porque los trotskistas componían en realidad una fracción, porque luchaban para conseguir su legalización, precisamente por eso -entre otras cosas, por eso- se vieron luego expulsados del Partido. Usted trata de salir del paso empeñándose en separar el trotskismo de los trotskistas, suponiendo que lo que concierne al trotskismo no puede concernir a los trotskistas. En otras palabras, usted quiere decir que el trotskismo no fue nunca una fracción del comunismo, en tanto que Trotski y los trotskistas fueron una fracción del comunismo. Eso es escolasticismo y ganas de engañarse, camarada Olejnóvich.

No puede existir el trotskismo sin portadores del trotskismo, es decir, sin trotskistas, igual que no pueden existir los trotskistas sin trotskismo -aunque adopte una forma velada y agazapada, no por eso dejará de ser trotskismo-, pues en caso contrario, dejarían de ser trotskistas. ¿Cuál era el rasgo característico de los trotskistas cuando constituían una fracción del comunismo? Sus vacilaciones “permanentes” entre el bolchevismo y el menchevismo, con la particularidad de que estas vacilaciones llegaban a su punto culminante en cada viraje del Partido y de la Internacional Comunista, y estallaban en una lucha fraccional contra el Partido. ¿Qué significa esto? Significa que los trotskistas no eran verdaderos bolcheviques, aunque pertenecieran al Partido y acataran sus decisiones; que tampoco se les podía llamar auténticos mencheviques, aunque a menudo se inclinasen hacia el menchevismo. Estas vacilaciones constituían, precisamente, la base de la lucha en el seno del Partido, la lucha entre los leninistas y los trotskistas en el período de permanencia de los trotskistas en nuestro Partido (1917-1927).

La base de las propias vacilaciones de los trotskistas consistía en que, después de retirar sus opiniones antibolcheviques y de entrar de tal modo en el Partido, no renunciaron pese a todo a esas opiniones, y, por esa razón, estas dejábanse sentir con particular fuerza en cada viraje del Partido y de la Internacional Comunista. Usted, por lo visto, no está de acuerdo con tal interpretación del problema del trotskismo. Pero, en ese caso, habrá de llegar a una de estas dos conclusiones erróneas. O bien a la conclusión de que Trotski y los trotskistas, al ingresar en el Partido, renunciaron definitivamente a sus opiniones y se convirtieron en verdaderos bolcheviques, cosa que no es cierta, pues aceptando tal suposición, sería incomprensible e inexplicable la incesante lucha de los trotskistas en el seno del Partido contra él, lucha que abarca todo el período de permanencia de los trotskistas en nuestro Partido. O bien debe llegar a la conclusión de que el trotskismo (los trotskistas) “fue siempre una fracción del menchevismo”, cosa que también es equivocada, ya que Lenin y el Partido leninista habrían cometido un error en el terreno de

los principios al admitir a mencheviques en el Partido Comunista aunque sólo fuera por un instante. 2. No es cierto que el trotskismo “fue siempre una fracción del menchevismo, una de las variedades de la penetración burguesa en el movimiento obrero”, del mismo modo que es erróneo su intento de establecer diferencias entre “la actitud del Partido hacia el trotskismo como teoría y práctica de la penetración burguesa en el movimiento obrero” y “la actitud del Partido durante determinado lapso histórico hacia Trotski y los trotskistas”. En primer lugar, como he dicho ya, usted comete el error, el error escolástico, de separar artificialmente el trotskismo de los trotskistas y, viceversa, a los trotskistas del trotskismo. La historia de nuestro Partido demuestra que tal diferenciación, cuando cayó en ella una parte u otra de nuestro Partido, favoreció siempre y por completo al trotskismo, permitiéndole tirar la piedra y esconder la mano en sus arremetidas contra el Partido. Puedo decirle en confianza que prestará un inmenso servicio a Trotski y a los contrabandistas trotskistas al poner en circulación en nuestra práctica política el método de separar artificialmente el problema del trotskismo del problema de los trotskistas. En segundo lugar, de la mano de este error cae usted en otro error, derivado de él, al suponer que “durante determinado lapso histórico” el Partido ha juzgado a Trotski y a los trotskistas verdaderos bolcheviques. Pero tal supuesto es completamente equivocado e incompatible por entero con los hechos de la historia de la lucha en el seno del Partido entre los trotskistas y los leninistas.

¿A qué obedece, entonces la constante lucha entre el Partido y los trotskistas durante todo el período en que los trotskistas pertenecieron a él? ¿Acaso cree usted que ha sido una trifulca, y no una lucha basada en los principios? Como ve, su “enmienda” a mi “carta a la redacción de “Proletárskaia Revolutsia”” conduce al absurdo. En realidad, el trotskismo fue una fracción del menchevismo hasta que los trotskistas entraron en nuestro Partido, pasó a ser temporalmente una fracción del comunismo después del ingreso de los trotskistas en nuestro Partido, volvió a ser una fracción del menchevismo con posterioridad a la expulsión de los trotskistas de nuestro Partido. “Volvióse el perro a comer lo que vomitó”. Por consiguiente: a) no puede afirmarse que “durante determinado lapso histórico” el Partido juzgara a Trotski y a los trotskistas verdaderos bolcheviques, puesto que tal suposición está reñida totalmente con los hechos de la historia de nuestro Partido en el período de 1917 a 1927; b) no puede considerarse que el trotskismo (los trotskistas) “fue siempre una fracción del menchevismo”, ya que tal supuesto conduciría a la afirmación de que nuestro Partido fue, de 1917 a 1927, un bloque de bolcheviques y mencheviques, y no un partido monolítico bolchevique, cosa completamente equivocada e incompatible con las bases del bolchevismo; c) no puede disociarse artificialmente el trotskismo de los trotskistas sin correr uno el riesgo de transformarse en un instrumento involuntario de las maquinaciones trotskistas. ¿Qué salida queda? Queda una sola: convenir en que “durante determinado lapso histórico” el trotskismo fue una fracción del comunismo, una fracción que vacilaba entre el bolchevismo y el menchevismo. J. Stalin. 15 de enero de 1932.

Al camarada Aristov. Se equivoca usted, camarada Aristov. No hay ninguna contradicción entre el artículo “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos” (1924) y la “carta a la redacción de “Proletárskaia Revolutsia”” (1931). Estos dos documentos marcan distintos aspectos del problema, y eso le ha parecido a usted una “contradicción”. Pero entre ellos no hay ninguna contradicción. En el artículo “La Revolución de Octubre” se dice que en 1905 no fue Rosa Luxemburgo, sino que fueron Parvus y Trotski quienes propugnaron, contra Lenin, la teoría de la revolución “permanente”. Esto corresponde por entero a la realidad histórica. Precisamente Parvus, llegado en 1905 a Rusia y entonces director de un periódico especial, donde, contra la “concepción” leninista, preconizaba con toda energía la revolución “permanente”, precisamente Parvus y, luego, en pos de Parvus y del brazo de él, Trotski, precisamente esta pareja bombardeaba entonces el esquema leninista de la revolución, oponiéndole la teoría de la revolución “permanente”. En cuanto a Rosa Luxemburgo, permanecía entonces entre bastidores, absteniéndose de sostener una lucha activa contra Lenin en este terreno. Por lo visto, prefería no mezclarse por el momento en la contienda. En la polémica contra Rádek, en el artículo “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos”, yo hice hincapié en Parvus porque Rádek, al hablar de 1905 y de la revolución “permanente”, silenciaba deliberadamente a Parvus. Y no hablaba de Parvus porque, después de 1905, Parvus se había convertido en un tipo repulsivo, se hizo millonario y pasó a ser un agente directo de los imperialistas alemanes, y Rádek no quería asociar la teoría de la revolución “permanente” al repulsivo nombre de Parvus, quería soslayar la historia. Y yo salí al paso y desbaraté la maniobra de Rádek, restableciendo la verdad histórica y haciendo justicia a Parvus.

Esto en cuanto al artículo “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos”. Respecto a la “carta a la redacción de “Proletárskaia Revolutsia””, en ella se habla ya de otro aspecto de la cuestión: que la teoría de la revolución “permanente” la inventaron Rosa Luxemburgo y Parvus. Y esto corresponde también a la verdad histórica. No fue Trotski, sino Rosa Luxemburgo y Parvus quienes inventaron la teoría de la revolución “permanente”. No fue Rosa Luxemburgo, sino Parvus y Trotski quienes propugnaron en 1905 la teoría de la revolución “permanente” y lucharon con toda energía por ella contra Lenin. Más tarde, Rosa Luxemburgo también luchó intensamente contra el esquema leninista de la revolución. Pero ya después de 1905. J. Stalin. 25 de enero de 1932.

Publicado el 30 de agosto de 1932 en el núm. 16 de “Bolshevik”.