¡Saludos, c. Kaganóvich!

1) He recibido la carta del día 7. No debemos reconocer de jure el Estado de Manchuria. Al insistir en que lo reconozcamos, los japoneses cuentan con enemistarnos con China o con Manchuria: si reconocemos Manchuria, nos enemistaremos con China; si nos negamos a reconocerla, nos enemistaremos con el gobierno manchú.

Así razonan los japoneses con su mente no muy profunda, aunque astuta. Pero este juego no brilla por su gran inteligencia. Si el reconocimiento es tan necesario y razonable, ¿por qué los propios japoneses no se apresuran a reconocer a su propia criatura?

Debemos responder a los japoneses que estamos estudiando la cuestión del reconocimiento formal, así como la cuestión de por qué los propios japoneses no se apresuran a reconocer al Estado de Manchuria.

Tras estudiar estas cuestiones, cuyo estudio, lamentablemente, se ve algo retrasado por la partida de vacaciones de los miembros de la sesión del CEC, sin los cuales no se puede resolver la cuestión del reconocimiento, comunicaremos a los japoneses los resultados. Esto hay que comunicarlo no solo a Hayashi (comandante del Ejército Japonés de Corea. — Red.), sino también, simultánea y obligatoriamente, a los propios manchúes. Para tranquilizar a los japoneses y manchúes, hay que declararles simultáneamente que nosotros en principio nunca hemos rechazado ni rechazamos el reconocimiento de jure, pero que en la práctica tales cuestiones no se resuelven de un solo golpe y necesitan estudio. Que esto es cierto lo demuestra el hecho de que hemos aceptado recibir cónsules del gobierno manchú, no hemos permitido el paso de Lytton (Lord Lytton, presidente de la comisión de la Liga de Naciones creada para estudiar las discrepancias entre China y Japón. — Red.) hacia Ma (Manchukuo. — Red.) y mantenemos una línea de estricta neutralidad. Etcétera, en este sentido.

2) Al parecer, el BP no tiene en cuenta los grandes cambios ocurridos recientemente en el mundo internacional. El más importante de estos cambios consiste en que la influencia de los EE.UU. ha comenzado a caer tanto en China — en favor de Japón, como en Europa (especialmente tras la llegada al poder de Von Papen) — en favor de Francia.

Esta es una circunstancia muy importante. En relación con ello, los EE.UU. buscarán vínculos con la URSS. Y ya los están buscando. Una de las pruebas es la llegada de Lancaster, representante de uno de los bancos más poderosos de América. Tengan en cuenta esta nueva circunstancia.

Saludos.

I. Stalin.

Stalin y Kaganóvich. Correspondencia. 1931–1936. Pp. 158–159.

RGASPI, F. 81. Op. 3. D. 100. L. 142–145.

NOTA

El 16 de junio de 1932, el BP encomendó al cónsul general de la URSS en Harbín, M.M. Slavutski, dar a Ohashi (ministro de Asuntos Exteriores de Manchukuo) la siguiente respuesta: "El Gobierno Soviético estudia actualmente la cuestión del reconocimiento formal de Manchukuo, así como, en relación con ello, el hecho del no reconocimiento de Manchukuo por parte de Japón.

Tras el estudio de la cuestión, cuyo estudio, lamentablemente, se ve retrasado por la partida de vacaciones en verano de los miembros del CEC, sin los cuales no se puede tomar una decisión sobre esta cuestión, comunicaremos los resultados. El Gobierno Soviético en principio nunca ha rechazado ni rechaza el reconocimiento de Manchukuo de jure, pero en la práctica tales cuestiones no se resuelven de una vez.

Que esto es así lo demuestra la actitud del Gobierno Soviético hacia Manchukuo. Manchukuo puede juzgar sobre ello por la política del Gobierno Soviético en el FCE, por el hecho de nuestro acuerdo al nombramiento de cónsules manchúes en la URSS y por nuestra línea de estricta neutralidad, que encontró su expresión, en particular, en la actitud del Gobierno Soviético hacia la comisión de Lytton, que deseaba pasar hacia Ma a través del territorio soviético."

A Slavutski se le encomendó comunicar simultáneamente esta respuesta directamente a los manchúes, y a A.A. Troyánovski (embajador soviético en Japón. — Red.) al gobierno japonés.